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Connotas. Revista de crítica y teoría literarias

 ISSN 2448-6019 ISSN 1870-6630

Connotas. Rev. crit. teór. lit.  no.27 Hermosillo jul./dic. 2023   28--2024

https://doi.org/10.36798/critlit.v0i27.483 

Reseñas

Weinberg, Liliana. José Martí: entre el ensayo, la poesía y la crónica. Universidad Veracruzana, 2021.

Laura Yolanda Becerril1 
http://orcid.org/0009-0006-4315-4861

1Universidad de Sonora, México laurabs9@hotmail.com

Weinberg, Liliana. José Martí: entre el ensayo, la poesía y la crónica. Universidad Veracruzana, 2021.


Dentro de la amplia gama de estudios y trabajos dedicados a la obra y vida de José Martí, Liliana Weinberg se inserta para analizar de qué manera las distintas etapas del autor transformaron su obra. La autora estudia cómo el poeta cubano tomó los distintos géneros discursivos para otorgarles un punto de convergencia donde pudieran alimentarse entre sí y el impacto de su obra tuviera más fortaleza, propósito logrado que se muestra a través de la trascendencia de la que goza gran parte de su obra.

La profesora investigadora de la Universidad Veracruzana, Liliana Weinberg, reúne en este libro tres ensayos, cada uno dedicado a una obra distinta de José Martí, producto de las reflexiones formuladas en el curso “El nuevo mundo del ensayo, el ensayo del nuevo mundo”, el cual diseñó cuando ocupó la Cátedra José Martí, en la misma institución a la que pertenece. En él analiza, primeramente, la convergencia de los distintos géneros, así como la intención del autor de lograr una literatura “nuestroamericana”. Weinberg estudia las obras enfocada también en el contexto del poeta, el cual regía, en mayor grado, sus producciones literarias por su objetivo escritural, y también para entender el desarrollo de este como figura política, figura literaria y figura social. El primer ensayo se enfoca en “El presidio político”, texto escrito por Martí a los dieciséis años, del que Weinberg señala el exilio del poeta cubano como motivo y contexto de la obra y analiza la combinación de discurso político, ensayo, denuncia, poesía, crónica, escritura del cuerpo e imágenes. En el segundo ensayo, el enfoque está en “Nuestra América” y la autora estudia no solo la convergencia de géneros, sino también de tiempos: comienza a reconocer el patrón de un Martí que escribe en el presente mientras piensa en un futuro, resultado ambos del pasado. El tercer ensayo trata la faceta que el poeta tuvo de crítico de arte y la influencia de este quehacer en su producción literaria. Weinberg busca, en este libro, reflexionar, en José Martí, sobre la resolución simbólica de reunir distintos géneros discursivos para la salvación del poder de la lectura.

En el primer ensayo de este libro, Weinberg estudia El presidio político en Cuba, texto publicado en 1871, del que resalta el trabajo escritural de Martí como un trabajo humanitario, pues toma el papel de sujeto que escribe no desde una posición superior ni solitaria, sino de un sujeto cuya escritura parte del momento de encuentro con los dolientes. Weinberg destaca el carácter testimonial del texto, ya que Martí vivió y fue testigo de los diversos castigos y dolores experimentados en las Canteras de San Lázaro. Por ello, en esta obra, su voz se convierte al mismo tiempo en “protagonista, testigo y denunciante del horror” (19), de modo que narra su propia llegada al presidio para después, poner en el centro a otros sufrientes. Weinberg reconoce un lirismo intenso, así como la notable visión trascendente, visible y múltiple expuesta en el texto.

Así mismo, Weinberg analiza los tonos goyescos en El presidio político en Cuba, el cual estudia, primeramente, desde la vivencia personal del autor al acercarse a la obra de Goya en su primer viaje a España y en los destinos goyescos que visitó, donde, además, tuvo la oportunidad de recibir clases de pintura. Weinberg señala que, a partir de esta trayectoria, Martí se ve influenciado por Goya. Para ello, la autora se apoya en la estudiosa Ariela Schnirmajer, quien también ha realizado una lectura intersemiótica entre ambos artistas. Weinberg señala, entonces, que la sinestesia es un recurso importante en este texto martiano para alimentar la prosa con ricas representaciones de las diversas figuraciones del dolor, las cuales permitieron a Martí, según Weinberg, “desenterrar los cuadros de la infamia que el liberalismo pretendía dejar de ver” (22).

Weinberg estudia, además, la configuración de los esclavos en El presidio. Analiza, en primera instancia, la cercanía de Martí con las personas esclavizadas: en la niñez, como testigo, y más tarde, ya en la adolescencia, tratado él mismo como uno. Weinberg indica el alegato jurídico del autor para reclamar a España los malos tratos y opresión sobre las colonias, a pesar de que el gobierno español necesita de ellas. Se analiza también la labor de rehumanización por parte de Martí, quien restaura en su discurso la condición humana de los esclavos y dolientes al recuperar sus nombres propios y reconocerlos, mientras resalta la brutalidad de las autoridades. De esta manera, Weinberg ofrece un acercamiento a El presidio para reconocer la importancia de la configuración, no solo de los personajes, sino también de la voz que narra, escribe, vive y observa, para lograr una fuerte denuncia que toma elementos de la lírica y del arte pictórico, y que comienza a marcar el estilo de Martí.

Por su parte, el segundo ensayo de este libro, “Nuestra América: Martí, cronista del futuro”, estudia la faceta de José Martí caracterizada por la búsqueda de una identidad hispanoamericana. Weinberg valora Nuestra América como el texto que constituyó a los denominados “nuestroamericanos”, como “un clásico por esa infinita cantidad de razones que hacen de un texto un clásico, pero [que] además tiene la particularidad de que es un texto que nos funda a sus lectores, que nos da un espacio de posibilidades para leerlo… y para leernos” (37). A lo largo del ensayo, la autora insiste en la característica de los clásicos de ofrecer nuevos descubrimientos con cada relectura, razón por la cual los trabajos dedicados a Nuestra América, pese a ser abundantes, no han agotado los temas que de ella se pueden sustraer. De este texto publicado en 1891, Weinberg explica la conversación que entabla con discursos sarmientistas, racistas y expansionistas, e identifica el espacio en él como un espacio geopolítico y social que incluye a los indígenas y los afrodescendientes. La autora señala que el título escogido por Martí demuestra una afectividad y plasticidad que le permiten abarcar un espacio más amplio de naciones, experiencias históricas y zonas, así como sectores étnicos y sociales. La designación de la palabra “nuestra” al territorio americano sugiere, según Weinberg, una meditación sobre “nuestra historia y nuestra novedosa y diferencial formación” (45), además de un sentido de pertenencia que será necesario para varios de los objetivos que Martí busca lograr en su texto.

Weinberg señala que en Nuestra América es posible ver un intento de comenzar a nombrar las peculiaridades que conforman América y se trabaja la concepción de presente cargado de futuro y, a la vez, de pasado. La autora indica la presencia firme de una tensión entre los descubrimientos y las propuestas, así como entre lo que se dice y lo que se sugiere, y determina, entonces, que presente, futuro y pasado conviven en un proceso de retroalimentación constante, el cual considera el núcleo básico de Nuestra América. Esta afirmación se muestra como una posible respuesta a su pregunta inicial de si el texto estaba ubicado temporalmente en el pasado colonial, en el presente decimonónico en el que Martí escribe o en el futuro utópico que propone.

Weinberg reconoce en la obra de Martí una intención de resolver de manera literaria algunas de las contradicciones políticas y sociales, principalmente la realidad violenta, oculta bajo la superposición de una civilización ajena importada por las minorías ilustradas, quienes formaron la falsa idea de una cultura americana que no era realmente propia. La resolución literaria que más resalta de acuerdo con esta intención es el llamado a la unión y al sentimiento de solidaridad entre distintas naciones de un mismo continente. La autora señala que ese sentimiento y deber para los latinoamericanos no será consolidado por las tradiciones o la religión, sino por un futuro de ideales compartidos. La segunda problemática que, según la lectura de Weinberg, Martí desea resolver se expresa en el mensaje descolonizador y emancipatorio presente en Nuestra América y, finalmente, en la exhortación del ensayista cubano a comprender la necesidad de Hispanoamérica de establecer una relación de respeto con Estados Unidos. Weinberg señala, entonces, un movimiento de conciliación con el pasado cultural e histórico y de superación de la dominación cultural, política e ideológica española. A lo largo del ensayo, la autora analiza las metáforas utilizadas en Nuestra América relacionadas con la naturaleza, así como la constante presencia de la antítesis artificial-natural. La autora señala también la manera en que Martí demuestra que sus roles de político y de hombre de letras, lejos de ser personalidades inconciliables, se complementan, aspecto demostrado en el posicionamiento de su obra como un gran ejemplo de la posible relación entre crítica y creación, que él ejecuta brillantemente, puesto que procuraba, a través de su obra, construir un nuevo mundo superior a los anteriores. Weinberg concluye que Martí se sitúa en un presente donde se ubica el trabajo de autoconocimiento americano, mientras se convierte en un cronista del futuro por nombrar una realidad no existente más que como un proyecto que esperaría lograrse.

Finalmente, en el tercer ensayo, “Nueva exposición de los pintores impresionistas: Martí, cronista de lo invisible”, se explora al Martí crítico del arte, para estudiar cómo lograba mediar entre el acto de informar y del de interpretar, así como entre imagen y letra. Weinberg realiza un análisis del proceso en el que el autor cubano requería configurarse con una mirada neutra al momento de informar lo que observaba y, por otra parte, interpretar las obras como un fenómeno estético, social, económico y cultural de gran magnitud. Para lograr tal configuración, Weinberg percibe un tránsito entre la subjetividad y la transubjetividad, pues así sería posible poner en perspectiva la mirada propia. La autora se apoya en Ivan Schulman al explicar que el carácter visual del ensayo se debe a que Martí no solamente era un artista que utilizaba la palabra para traducir imágenes, sino que también, de manera inversa, utilizaba las artes plásticas aplicadas en valoraciones experimentales. Weinberg estima al poeta como el pionero de la valoración del impresionismo y del ejercicio de la crítica y reflexión sobre el valor moral del arte. Explica, además, que Martí comprendió que el impresionismo era un arte de ruptura con la academia y descubrió las líneas principales, así como las innovaciones en las técnicas, necesarias para establecer relación entre las obras. Martí descubre también la importante relación entre arte y mercado. Así mismo, Weinberg toma en cuenta que en la época en la que Martí escribía la “Nueva exposición de los pintores impresionistas” el ensayo como género se encontraba en medio de una transformación que requería la práctica del ejercicio crítico. La autora nota esta última característica en la obra de Martí, pues señala que debido a esta es posible entender la manera en que él excede las actividades de cronista y de crítico. Según Weinberg, la concurrencia de la perspectiva del cronista con la del escritor y del crítico presente en “Nueva exposición de los pintores impresionistas” debe ser entendida de forma relacional, para así identificar una “nueva forma de resolución simbólica en la prosa de Martí” (104).

En definitiva, el logro de Liliana Weinberg en este libro es que explica el trabajo de José Martí como un producto enriquecido por la multiplicidad de recursos utilizados magistralmente y demuestra de qué manera combinó distintos géneros. Esta combinación logra entenderse al considerar que la propia figura de José Martí representa una convergencia de distintos ámbitos por sus papeles de poeta, ensayista y político, que se encuentran para nutrirse entre sí y lograr enlazar realidad y literatura para demostrar la cualidad de las letras de mover a la sociedad, el poder de realizar un cambio a partir del impacto de la denuncia, del poema, del ensayo, de la crónica. Weinberg apunta la trascendencia del poeta cubano por el manejo que este hacía del tiempo, ya que, mediante la manipulación del pasado, el presente y el futuro, realizaba un trabajo de recuperación y propuestas que le permitieron permanecer en todo espacio temporal. Es precisamente ese rasgo de trascendencia lo que hace del estudio de Weinberg un gran aporte a la literatura cubana y latinoamericana. La autora demuestra una gran capacidad para volver a los clásicos que establecieron el estilo literario hispanoamericano con nuevas perspectivas y, en definitiva, logra el objetivo de exponer el poder de la lectura y la importancia del tiempo como elemento determinante en este ejercicio, para definir la relación entre autor, lector y forma artística.

Recibido: 27 de Marzo de 2023; Aprobado: 17 de Abril de 2023

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