Introducción
A pesar de que las características ambientales son importantes, los factores personales también juegan un papel relevante, ya que determinan cómo responden los individuos a este entorno (Steinsbekk et al., 2018). Una característica personal que a menudo se ha asociado con comer en exceso es la “comida emocional”, que se puede definir como la tendencia a comer en exceso en respuesta a emociones negativas como la ansiedad o la irritabilidad (van Strien, 2018). El concepto de alimentación emocional se deriva de la teoría psicosomática, que establece que los comedores emocionales son incapaces de diferenciar el hambre del estado fisiológico que acompaña a las emociones negativas (Hutchinson et al., 2010). Como resultado, los comedores emocionales responden comiendo cuando experimentan emociones negativas, mientras que normalmente esto resultaría en pérdida de apetito ya que las emociones inducen cambios fisiológicos similares a los de la saciedad (Bakarman et al., 2022).
Un factor destacado de riesgo y mantenimiento que está emergiendo de investigaciones recientes es la insatisfacción corporal. La insatisfacción corporal se refiere a las valoraciones subjetivas negativas del propio cuerpo físico, como la figura, el peso, el vientre y las caderas. La insatisfacción corporal debe distinguirse de las distorsiones de la imagen corporal en las que el individuo percibe que su cuerpo es significativamente más grande de lo que realmente es, lo cual es un síntoma de anorexia nervosa (Steinsbekk et al., 2018). La insatisfacción corporal también debe diferenciarse del énfasis excesivo que se pone en el peso y la forma para determinar la autoestima, que es un síntoma tanto de la anorexia como de la bulimia nervosa (Losada y Rodríguez Eraña, 2019).
La imagen corporal ideal para las mujeres tal como se presenta en los medios de comunicación se ha vuelto poco realista en comparación con los ideales del pasado. Además, los modelos a seguir populares, como las estrellas de cine y televisión, las atletas y las modelos, solo sirven para confirmar este estándar poco realista. Sin embargo, es un estándar que es casi imposible de alcanzar para la mayoría de las mujeres y debido a que es idealizado por los medios de comunicación y otras instituciones sociales, puede influir negativamente en la forma en que muchas mujeres perciben sus cuerpos. Como las mujeres son propensas a comparar sus cuerpos con los de modelos profesionales, centran su atención particularmente en aspectos asociados con el peso y el atractivo sexual. En consecuencia, muchas mujeres pueden experimentar insatisfacción con la imagen corporal. Los efectos en la salud asociados a una autovaloración de la imagen corporal insatisfactoria han tenido una creciente atención en los últimos años. La insatisfacción corporal se incluye en la evaluación de las condiciones de salud mental de la población ya que se ha revelado como un buen indicador de diagnóstico en desórdenes alimenticios como la anorexia y la bulimia. Poseer una satisfacción corporal alta disminuye el riesgo de padecer patologías de la conducta alimentaria (Pan, 2022).
La insatisfacción corporal es definida como la discrepancia entre la imagen corporal auto percibida y el malestar que tiene una persona ante su apariencia física, por lo cual realiza conductas nocivas para su salud en un intento de modificar su imagen corporal. Diferentes autores la definen como la insatisfacción del individuo con la forma general de su cuerpo o con las de algunas partes que generan descontento; asimismo, se define como una preocupación exagerada que produce malestar hacia algún defecto imaginario extremado de la apariencia física, la insatisfacción corporal se deriva de una comparación entre los modelos sociales de belleza y el propio cuerpo, finalizando con una autovaloración negativa. Aunque ha habido un florecimiento de estudios longitudinales y experimentales sobre los precipitantes aparentes y las consecuencias de la insatisfacción corporal, esta literatura no ha sido sintetizada o revisada críticamente recientemente (Hutchinson et al., 2010). Actualmente se necesita una revisión de esta naturaleza porque serviría para comunicar estos hallazgos recientes a investigadores y profesionales (Quittkat et al., 2019).
En general, se reconoce que las emociones negativas pueden actuar como desencadenantes de la ingesta de alimentos y de comer en exceso (Steinsbekk et al., 2018). Por ejemplo, unas variedades de estudios de laboratorio han encontrado que el afecto negativo, entendido como el constructo que incluye la variabilidad en común de ansiedad, tristeza, miedo, ira, culpa, vergüenza e irritabilidad, entre otras emociones desagradables (Watson, 1988), inducido experimentalmente puede desencadenar un mayor consumo de refrigerios con alto contenido de grasa y azúcar, una preferencia por los bocadillos y una disminución del consumo de verduras. De manera similar, las encuestas transversales también muestran que las personas perciben que comen más porciones de alimentos con alto contenido de azúcar y grasas, y menos porciones de frutas y verduras cuando experimentan afecto negativo. Las asociaciones entre el estrés y la conducta alimentaria son similares a las que existen entre el afecto negativo y la conducta alimentaria, y se han estudiado más extensamente (Hutchinson et al., 2010). Sin embargo, relativamente pocos estudios han investigado la relación entre el afecto positivo y el consumo de alimentos, o la posible bidireccionalidad de las relaciones entre la ingesta de alimentos y las emociones.
Los malos hábitos de vida actuales son responsables de la mayor parte de las enfermedades que hoy nos afectan, por eso, una nueva corriente llamada mindfoodness o alimentación consciente intenta ayudar a mejorar la forma en que se come (Greeson y Chin, 2019). En las redes sociales este tipo de alimentación se conoce como mindfoodness, un término que deriva del mindfulness que es la capacidad de prestar atención plena al momento presente. Es decir, sería el mindfulness aplicado a la alimentación para lograr la capacidad de prestar atención a lo que comemos (Bakarman et al., 2022). El mindfoodnes implica la relación con los alimentos a través de mindfulness o conciencia plena (Duan et al., 2022). También implica una nueva relación con uno mismo, ya que debido al componente emocional que sustenta algunas formas de comer y que pueden llevar a problemas con la alimentación, el mindfulness puede ser una herramienta muy buena en el ámbito de la salud alimentaria (Bakarman et al., 2022). En definitiva, el mindfoodness o alimentación consciente busca mejorar la forma en que el individuo se relaciona con la comida trabajando en la esfera mental y emocional, sobre todo. No es una dieta en particular ni un recurso para perder peso, sino que es una forma de alimentación cuyo fin último es mejorar la forma en que se come (Rodgers et al., 2014).
La obesidad es una enfermedad crónica que afecta negativamente la calidad de vida y puede causar problemas psicológicos, sociales y médicos (Duan et al., 2022). Es uno de los problemas de salud más graves en los países desarrollados y en desarrollo. Existe evidencia de que la obesidad está relacionada con los hábitos alimentarios, la imagen corporal y el índice de masa corporal (IMC), las dietas yo-yo y los trastornos alimentarios, como los atracones, la anorexia nerviosa y la bulimia (Bakarman et al., 2022; Rodgers et al., 2014). El énfasis que las culturas occidentales modernas ponen en la delgadez, a menudo con humillación para quienes tienen sobrepeso, da como resultado que las formas corporales promovidas por los medios de comunicación sean tomadas como ideales, especialmente por los adolescentes (Duan et al., 2022). Esto puede hacer que las personas con sobrepeso/obesidad internalicen esos mensajes sociales y culturales y se sientan mal con su apariencia física, lo que resulta en imágenes corporales negativas. La imagen corporal está relacionada con la percepción y los sentimientos del individuo y sus pensamientos sobre su cuerpo y sus funciones. Aunque los cambios en la imagen corporal continúan a lo largo de la vida, los problemas de imagen corporal y nutrición son frecuentes durante el período adolescente, especialmente cuando los cambios físicos están ocurriendo rápidamente, así como durante la edad adulta joven, cuando termina la adolescencia (Bakarman et al., 2022; Duan et al., 2022; Rodges et al., 2014).
Según cifras del Gobierno de México (2016), 70% de los mexicanos presentan sobrepeso y obesidad; a nivel mundial las cifras señalan que 43% de los adultos mayores de 18 años los presentan y uno de cada cinco tiene obesidad (Organización Mundial de la Salud, 2024). La OMS (2024) identifica la presencia de ésta última con un IMC igual o superior a 30; si bien la obesidad está relacionada con la presencia de diabetes, enfermedades cardiovasculares, trastornos óseos, musculares y algunos tipos de cáncer, un IMC elevado, también se asocia con problemas emocionales y mayor insatisfacción con la imagen corporal (Delfabbro et al., 2011). Ahora bien, la literatura nacional e internacional describe a la insatisfacción corporal como predictor de TCA (Brytek-Matera, A. y Schiltz, 2011; Pineda-García, Ochoa-Ruíz, Gómez-Peresmitré y Platas-Acevedo, 2020). Si bien no existen cifras exactas de la prevalencia e incidencia de insatisfacción con el cuerpo en México y a nivel mundial, sí ha sido denominada como “descontento normativo” (Rodin, Silberstein, y Striegel-Moore, 1985), ya que, sólo por mencionar un ejemplo, en Estados Unidos, entre el 69% y el 93% de las mujeres están insatisfechas con su cuerpo o con partes de él (Runfola et al., 2013), es así como esta variable representa un problema para la salud pública (Rodgers, Laveway, Campos y de Carvalho, 2023). Con base en la revisión de la literatura y el planteamiento del problema, se propone una pregunta de investigación general: ¿El afecto negativo, la alimentación no consciente y el índice de masa corporal (IMC) son predictores significativos de la alimentación emocional y la insatisfacción corporal cuando se integran en un modelo que presente adecuados índices de bondad de ajuste?
En congruencia, se planteó el siguiente objetivo general: Evaluar un modelo que incorpora las variables predictoras de afecto negativo, alimentación no consciente e IMC mediante análisis estadístico de trayecto para explicar la presencia de alimentación emocional e insatisfacción corporal en una muestra de jóvenes en Tijuana, B.C., México. Los objetivos específicos fueron comparar: 1) el IMC por sexo, afecto negativo, alimentación no consciente y alimentación emocional; 2) la insatisfacción corporal por sexo, afecto negativo, alimentación no consciente y alimentación emocional; 3) la alimentación no consciente por afecto negativo y sexo; 4) la alimentación emocional por afecto negativo y sexo; y 5) el afecto negativo por sexo.
Método
Participantes
Se diseñó un estudio con enfoque cuantitativo, transversal y correlacional. Se trabajó con una muestra no probabilística por cuotas, de 225 estudiantes, hombres y mujeres de los semestres 1ro al 10mo, de las carreras de medicina, nutrición y psicología de una universidad pública de Tijuana, B.C. A través del software G*Power versión 3.1.9.7 para Windows se obtuvieron, de forma a posteriori, un tamaño del efecto f2=.422 y una potencia estadística (1 - β)=1.00 asociados a una R2=.297, mientras que considerando una R2=.525 y una N=225, el tamaño del efecto f2 fue igual 1.10 y la potencia estadística igual a 1.0. Se incluyeron a los participantes que respondieron la encuesta que fueran estudiantes activos entre 18 y 30 años, excluyeron a las mujeres que reportaron estar embarazadas. En la Tabla 1 se observan los porcentajes y las frecuencias de los participantes clasificados según el sexo y la edad. La edad promedio fue de 20.24 (D.E.=2.11). El 78 % eran mujeres, y el 22% hombres, con un promedio de edad de 20.72 (D.E.=2.08) para ellas y 21.22 (D.E.=2.09) para ellos.
Tabla 1 Características de la muestra agrupadas por sexo1
| Mujeres n = 175 |
Hombres n = 50 |
Total N = 225 |
|
|---|---|---|---|
| Datos Demográficos | |||
| Edad (M, DE) | 20.72 (2.08) | 21.22 (2.09) | 20.84 (2.11) |
|
Rango de
edad 18-24 |
163 (93%) | 45 (90%) | 208 (92.4%) |
| 25-29 | 12 (7%) | 5 (10%) | 17 (7.6 %) |
| Carrera | |||
| Psicología | 125 (71.4%) | 31 (62.0%) | 156 (69.3%) |
| Nutrición | 29 (16.6%) | 8 (16%) | 37 (16.4) |
| Medicina | 21 (12%) | 11 (22%) | 32 (14.2) |
| Estado Civil | |||
| Soltero | 164 (93.7%) | 48 (96%) | 212 (94.2%) |
| Unión Libre | 9 (5.1%) | 2 (4%) | 11 (4.9%) |
| Casado | 2 (1.1%) | N/A | 2 (.9%) |
| Semestre | |||
| 1-2 | 60 (34.3%) | 15 (30%) | 75 (13.3%) |
| 3-4 | 29 (16.6%) | 11 (22%) | 40 (17.8%) |
| 5-6 | 46 (26.3% | 13 (26%) | 59 (26.2%) |
| 7-8 | 33 (18.9%) | 4 (8%) | 37 (16.4%) |
| 9-10 | 7 (4%) | 7 (14%) | 14 (6.2%) |
| IMC | |||
| (Md, DE) | 23.12 (4.7) | 24.09 (4.06) | 23.44 (4.7) |
| Peso Bajo | 27 (15.4%) | 6 (12%) | 33 (14.7%) |
| Peso Normal | 96 (54.9%) | 26 (52%) | 122 (54.2%) |
| Sobrepeso | 35 (20%) | 15 (30%) | 50 (22.2%) |
| Obesidad | 17 (9.7%) | 3 (6%) | 20 (8.9%) |
| Imagen Corporal | |||
| (Md, DE) | 1.0 (1.67) | .00 (1.49) | 1.0 (1.67) |
| Insatisfacción (deseo de ser más delgado) | 124 (70.9%) | 25 (50%) | 149 (66.2%) |
| Insatisfacción (deseo de ser más grueso) | 24 (13.7%) | 17 (34% | 41 (18.2%) |
| Satisfacción corporal | 27 (15.4%) | 8 (16%) | 35 (15.6%) |
| Afecto negativo | |||
| (Md, D.E.) | 2.1 (0.79) | 1.7 (0.70) | 2.0 (0.79) |
| Bajo | 99 (39.5%) | 39 (66.1%) | 118 (45.6%) |
| Medio | 76 (38.0%) | 15 (25.4%) | 91 (35.1%) |
| Alto | 42 (21.0%) | 5 (8.5%) | 47 (18.1%) |
| Muy alto | 3 (1.5%) | --- | 3 (1.2%) |
| Alimentación sin Atención Plena | |||
| (Md, DE) | 2.0 (0.83) | 1.66 (0.65) | 1.83 (0.79) |
| Bajo | 51 (29.1%) | 21 (42%) | 72 (32%) |
| Medio | 52 (29.7%) | 19 (38%) | 71 (36%) |
| Alto | 72 (42.1%) | 10 (20%) | 82 (36.4%) |
| Alimentación Emocional | |||
| (Md, D.E.) | 2.0 (0.80) | 1.66 (0.63) | 1.66 (0.77) |
| Bajo | 49 (28%) | 24 (48%) | 73 (32.4%) |
| Medio | 57 (32.6%) | 16 (32%) | 73 (32.4%) |
| Alto | 69 (39.4%) | 10 (20%) | 79 (35.1%) |
1 Reportado como n (%), a menos que se especifique lo contrario.
Abreviaciones: M = Media DE=, desviación estándar, IMC, Índice de masa corporal, Md = Mediana.
Instrumentos
PANAS (Versión Corta en Castellano del Positive and Negative Affect Schedule, Watson et al., 1988). Para medir el afecto negativo se utilizó este instrumento auto aplicable que consta de dos apartados de veinte reactivos cada uno, diez de los cuales miden el afecto positivo y diez el afecto negativo. Se utilizó la subescala que mide el afecto negativo como rasgo, tipo Likert con cinco opciones de respuesta, desde “muy poco o nada” hasta 5 “extremadamente”. Los puntajes promediados ubicados en las categorías de respuesta “nada” y “algo” se consideraron en un nivel bajo, los valores en la categoría “moderadamente” se ubicaron en mediano, aquellos puntajes ubicados en “bastante” se consideraron altos y los valores en la categoría “extremadamente”, se consideraron con un nivel muy alto de afecto negativo. En los participantes de la muestra, se obtuvo un Alpha de Cronbach para la escala general de .777 y una solución rotada de tres factores que explican el 54% de la varianza.
Alimentación consciente (Olvera-Ruvalcaba et al., 2019). Escala de alimentacion sin atencion plena. Consta de nueve reactivos. El analisis factorial exploratorio con rotacion ortogonal arrojo dos dimensiones que explican el 59% de la varianza total: alimentacion sin consciencia y alimentacion emocional. El Alfa de confiabilidad para cada subescala fue de .82 y .84 respectivamente. Para la presente investigación, la escala general presentó un Alfa de Cronbach de .88, y un porcentaje de varianza explicada de 68.53%. Para el análisis de trayecto, estas variables se trabajaron de manera continua, mientras que para hacer comparaciones éstas se clasificaron en tres grupos: baja, media y alta, los puntajes promediados que se ubicaron en las categorías de respuesta “nunca” se consideraron como un nivel bajo, “a veces” y “frecuentemente” se consideraron como un nivel medio, mientras que las categorías de respuesta “muy frecuentemente” y “siempre” se etiquetaron como grado alto tanto de alimentación no consciente, como alimentación emocional. Los autores no proponen puntos de corte para clasificación.
Escala para la Medición de Imagen Corporal (Thompson & Gray, 1995). Presenta un coeficiente de validez concurrente de 0.71 con el peso corporal y de 0.51 con el IMC. Confiabilidad por el método de test re-test de una semana de diferencia de r = 0.78. Esta escala presenta nueve figuras del contorno de hombres y mujeres, cada una con un puntaje que va de 1 a 9 (de izquierda a derecha), el cual va del bajo peso 1, a la obesidad 9. Las siluetas se presentaron en dos momentos distintos, en la primera ocasión para conocer la figura ideal (“Observa con cuidado las siguientes siluetas y escoge la que más te gustaría tener”), en la segunda ocasión, para identificar la percepción de la figura actual en los participantes (“Observa con cuidado las siluetas y escoge la que más se parece a tu cuerpo”). El grado de insatisfacción con la imagen corporal se mide con la resta del valor entre la figura actual menos el número de la figura ideal, una diferencia igual a cero indica satisfacción, mientras que una diferencia positiva muestra insatisfacción por el deseo de una silueta más delgada y un valor negativo identifica insatisfacción por el deseo de ser más grueso o robusto.
Determinación del IMC. Se obtuvo por auto reporte de peso y estatura identificado por los participantes, el cálculo implica la división del peso en kilogramos entre el cuadrado de la estatura en metros y centímetros [IMC=peso/(estatura)2] para cada uno de los datos proporcionados. Se utilizaron las categorías de IMC propuestos por la Organización Mundial de la Salud (2021).
Cuestionario sociodemográfico. Además de las escalas descritas se obtuvieron preguntas referentes a: sexo, estado civil, edad, carrera y semestre de cursado.
Procedimiento
Debido a la contingencia mundial por COVID.19, y la suspensión de todas las actividades educativas de forma presencial, se optó por realizar una aplicación de formulario de manera digital. Conforme a los estatutos de la institución educativa, se incluyó un consentimiento informado, especificando la beneficencia y no maleficencia del presente estudio. Se solicitó la colaboración de los coordinadores encargados de las carreras de medicina, psicología y nutrición para hacer llegar el formulario a los estudiantes activos en el periodo 2020-2 y el 2021-1. Posteriormente, los alumnos que voluntariamente decidieron participar, daban su consentimiento para la participación de esta investigación, con lo cual se procedió a contestar los datos sociodemográficos del formulario, así como los instrumentos mencionados.
Análisis de datos
Para el análisis de los datos se utilizó el software IBM, SSPS versión 22 para Windows, que incluye estadísticas básicas para la descripción del estudio y variables sociodemográficas. Para obtener y probar el modelo, se llevó a cabo el Análisis de Trayecto con el uso del módulo AMOS. Se utilizó el método de máxima verosimilitud para estimar parámetros del modelo. Los valores de Chi cuadrado (X2), Error Cuadrático Medio (RMSEA), Análisis Factorial Confirmatorio (AFC), Índice de Ajuste Normativo Parsimonioso (PNFI) se reportaron como indicadores de ajuste del modelo. La variable sexo fue medida con una pregunta dicotómica, dummy donde se identificó a los hombres con el valor de 1 y las mujeres con el valor de cero, para poder realizar análisis de trayecto con esta variable.
Resultados
En función de los objetivos específicos, se decidió llevar a cabo pruebas estadísticas de Kruskall Wallis o U de Mann-Whitney, debido a la falta de normalidad en las distribuciones de las variables dependientes, de esta manera, en la Tabla 2 se pueden observar diferencias estadísticamente significativas en: 1) el IMC por alimentación sin consciencia (K=34.27, p=.000), 2) en la insatisfacción con la imagen corporal por sexo (U=41155, p=.000), afecto negativo (K=15.92, p=.001), alimentación sin consciencia (K=88.11, p=.000) y alimentación emocional (K=6.62, p=.036); 3) alimentación sin consciencia por sexo (U=4553, p=.008) y afecto negativo (K=38.52, p=.000); 4) alimentación emocional por sexo (U=4375, p=.002) y afecto negativo (K=57.57, p=.000); y 5) afecto negativo por sexo (U=3956, p=.005).
Tabla 2 Resultados de Kruskall Wallis o U de Mann-Whitney para la comparación de variables de estudio
| Variable dependiente | Variable de comparación | Valor Kruskall Wallis o U de Mann |
Significancia |
|---|---|---|---|
| IMC | Sexo | U= 5088 | p=.108 |
|
|
|||
| Afecto negativo | K=5.35 | p=.147 | |
| Alimentación sin consciencia | K=34.27 | p=.000 | |
| Alimentación emocional | K=.288 | p=.866 | |
| Insatisfacción corporal | Sexo | U= 4115.5 | p= .000 |
| Afecto negativo | K=15.92 | p= .001 | |
| Alimentación sin consciencia | K=88.11 | p=.000 | |
| Alimentación emocional | K=6.62 | p=.036 | |
| Alimentación sin consciencia | Sexo | U=4553 | p= .008 |
| Afecto negativo | K=38.52 | p= .000 | |
| Alimentación emocional | Sexo | U= 4375 | p= .002 |
| Afecto negativo | K=57.57 | p= .000 | |
| Afecto negativo | Sexo | U= 3956 | p= .005 |
El análisis de las medianas indica que: 1) el IMC se incrementa si aumenta la alimentación no consciente (MdBAJO=21.79 VAR=6.7, MdMEDIO=23.76 VAR=24.65, MdALTO=25.46 VAR=23.46); 2) las mujeres están más insatisfechas con su cuerpo (por el deseo de ser más delgadas Md=1.00, VAR=1.67) que los hombres (Md=.00, VAR=1.49) cuyo valor de la mediana indica satisfacción corporal; las personas con afecto negativo alto (Md=2, VAR= 3.95) y muy alto (Md=2, VAR=.33) presentan mayor insatisfacción corporal que aquellas con afecto negativo bajo (Md=1.0, VAR=2.22) y mediano (Md=1.0, VAR=2.61); la insatisfacción se incrementa si aumenta el grado de alimentación no consciente (MdBAJO=.00 VAR=1.72, MdMEDIO=1.0 VAR=1.88, MdALTO=2.0 VAR=1.93); los participantes con alimentación emocional alta (Md=2.0, VAR=3.28) presentaron los grados más altos de insatisfacción en comparación con los grupos baja (Md=1.0, VAR= 2.48) y mediana (Md=1.0, VAR=2.41); 3) las mujeres presentan mayor alimentación sin consciencia (Md=2.00, VAR=.67) que los hombres (Md=1.66, VAR=.42), la alimentación sin consciencia se incrementa a medida que aumenta el afecto negativo (MdBAJO=1.66 VAR=0.37, MdMEDIO=2.00 VAR=0.59, MdALTO=2.66 VAR=0.81, MdALTO=3.66 VAR=1.02); 4) las mujeres (Md=2.00, VAR=0.64) más que los hombres (Md=1.66, VAR=0.40) y los participantes con afecto negativo alto (Md=2.66 , VAR=0.82) y muy alto (Md=2.33 , VAR=0.48) presentan más alimentación emocional que aquellos con afecto bajo (Md=1.66, VAR=0.26) y medio (Md=1.66, VAR=0.47); y 5) las mujeres manifiestan mayor afecto negativo (Md=2.1, VAR=0.63) que los hombres (Md=1.7, VAR=0.49).
Las correlaciones estadísticamente significativas (Tabla 3) permitieron proponer y probar un modelo que resultó significativo con adecuados indicadores de bondad de ajuste (X2=4.83, p=.565, RMR=.068, NFI=.988, CFI=1.00, RMSEA=.000).
Tabla 3 Correlación de Pearson. Variables de estudio
| Afecto Negativo |
Alimentación no consciente |
Alimentación emocional |
IMC | Insatisfacción | ||
|---|---|---|---|---|---|---|
| Afecto negativo | Correlación | 1.000 | ||||
| Sig. (2-colas) | . | |||||
| N | 259 | |||||
| Alimentación
no consciente |
Correlación | .434** | 1.000 | |||
| Sig. (2-colas) | .000 | . | ||||
| N | 259 | 259 | ||||
| Alimentación emocional |
Correlación | .429** | .313** | 1.000 | ||
| Sig. (2-colas) | .000 | .000 | . | |||
| N | 259 | 259 | 259 | |||
| IMC | Correlación | .082 | .377** | .037 | 1.000 | |
| Sig. (2-colas) | .187 | .000 | .555 | . | ||
| N | 259 | 259 | 259 | 259 | ||
| Insatisfacción | Correlación | .257** | .602** | .169** | .657** | 1.000 |
| Sig. (colas) | .000 | .000 | .006 | .000 | . | |
| N | 259 | 259 | 259 | 259 | 259 |
Nota: Significancia <.001
En este modelo, representado en la Figura 1, el afecto negativo (Afecto negativo) influye de manera directa sobre la alimentación emocional (β=.408) y alimentación no consciente (Alimentación No consciente) (β=.467); la alimentación no consciente influye sobre el IMC (β=.335) y sobre la insatisfacción corporal (β=.403), mientras que el IMC influye sobre la insatisfacción corporal (β=.457). En este modelo llama la atención el efecto con signo negativo (β=-.224) del sexo sobre el afecto negativo y sobre la insatisfacción con la imagen corporal (β =-.174) indicando que si el sexo del participante es mujer el problema en dichas variables se incrementa, por otro lado, también se observa un efecto positivo del sexo sobre el IMC, indicando que si el sexo es hombre este último se incrementa (β=.109). En este sentido, en la misma Figura 1, se pueden observar direcciones con signo positivo del afecto negativo sobre la alimentación emocional (Alimentación emocional) y la alimentación sin consciencia, de ésta sobre IMC, insatisfacción con la IMC y alimentación emocional, indicando en todos los casos que si la variable exógena aumenta, la variable endógena también lo hace. Es importante mencionar que el 29.7% (R2=.297) de la variabilidad en la alimentación emocional y el 21.8% (R2=.218) de la variación en la alimentación no consciente es explicado por el afecto negativo; el 11.7% (R2=.117) de la variabilidad en el IMC es explicado por la alimentación no consciente y el sexo; finalmente el 52.5% (R2=.525) de la variación en la insatisfacción corporal es explicado por el IMC, la alimentación no consciente y el sexo del participante.

Nota: Los valores de cada flecha son pesos de regresión estandarizados; los de flechas dobles son correlaciones para el modelo. Las formas se definen de la siguiente manera: círculos pequeños son los residuos y los rectángulos variables medidas.
Figura 1 Modelo para alimentación emocional e insatisfacción corporal en función del afecto negativo, alimentación no consciente, sexo e IMC.
Discusión
La imagen corporal es un tema relevante en el estudio de los TCA, la insatisfacción con el cuerpo, específicamente, representa un factor de riesgo para la génesis de TCA (Romano et al., 2021). En la presente investigación, la insatisfacción corporal fue explicada a través de tres variables: el IMC, el sexo y la alimentación no consciente (relaciones entre variables poco reportadas en la literatura). Ahora bien, la alimentación emocional es una de las variables más estudiadas, entre otras cosas, por la presencia de conducta alimentaria para intentar reducir emociones negativas como la ansiedad y el afecto negativo en general (Evers et al., 2018).
En este sentido uno de los principales aportes del presente artículo fue el modelo ajustado que se reporta en el apartado de resultados y que integra a la alimentación emocional y a la satisfacción/insatisfacción con la imagen corporal como variables dependientes o endógenas principales y como variables independientes o exógenas al afecto negativo, alimentación no consciente, sexo e IMC, este modelo integrador de variables permite una explicación más holística de las variables que lo conforman.
En el modelo que se propone en el presente artículo, el afecto negativo tiene influencia directa sobre el incremento en la alimentación emocional, que como se definió en la introducción es la tendencia a comer en exceso en respuesta a emociones negativas como la ansiedad o la irritabilidad (Steinsbekk et al., 2018), por lo tanto, estas variables están relacionadas, si se considera que las personas con afectividad negativa manifiestan estados de ánimo aversivos, angustia y emociones negativas en general (Heller et al., 2019). Los hallazgos de la presente investigación coinciden con el modelo propuesto por Vázquez et al. (2022) donde la ansiedad, la regulación emocional deficiente, la impulsividad y el perfeccionismo desadaptativo fueron predictores directos de la alimentación emocional que resultó mediador de la composición corporal. Como se mencionó, se reconoce que las emociones negativas pueden actuar como desencadenantes de la ingesta de alimentos y de comer en exceso (Bilici et al., 2020), por ejemplo, se ha encontrado que el afecto negativo inducido experimentalmente puede desencadenar un mayor consumo de refrigerios con alto contenido de grasa y azúcar, una preferencia por los bocadillos y una disminución del consumo de verduras. En este mismo sentido, la medición del afecto negativo influyó de manera directa sobre la alimentación no consciente, lo contrario a mindfoodness o la capacidad de prestar atención a lo que comemos (Bakarman et al., 2022).
A su vez, la alimentación no consciente tiene efecto directo sobre el IMC y la insatisfacción con la imagen corporal, hallazgos especialmente interesantes señalan que al no prestar atención a lo que se come llevó a los participantes de la muestra a incrementar su IMC y también a la insatisfacción con el cuerpo. Si bien el objetivo principal de la alimentación consciente no es controlar el peso, algunas investigaciones indican que existe mayor consciencia al alimentarse en mujeres con peso normal en comparación con aquellas con sobrepeso y obesidad (Demirbas et al., 2021), en la presente investigación los resultados indican una relación significativa entre IMC y alimentación no consciente tanto en hombres como en mujeres. El efecto del mindfulness sobre la imagen corporal, específicamente sobre la reducción de la insatisfacción ha sido reportada en investigaciones previas (Tsai et al., 2017) sin embargo, la relación entre la alimentación consciente e imagen corporal ha sido menos investigada, en un reporte con adolescentes turcos (Yilmaz, & Gezmen Karadağ, 2022) no se encontró relación entre la percepción de la imagen y la consciencia alimentaria, sí encontrando asociación negativa entre esta variable e IMC como en los hallazgos de la presente investigación. Así, los hallazgos que se reportan en este estudio, permiten señalar que la alimentación no consciente está relacionada con el incremento en IMC, en la insatisfacción con el cuerpo y también con la alimentación emocional, en investigaciones previas se ha observado el efecto del mindfulness en la reducción de alimentación emocional y conductas alimentarias anómalas (Fuentes Artiles et al., 2019), si bien en el presente trabajo no se realizó intervención, el aumento en el nivel de alimentación no consciente aumentó la presencia de alimentación emocional en los participantes de la muestra.
Una variable relevante dentro del modelo es el sexo del participante que presentó influencia directa sobre el afecto negativo, IMC e insatisfacción corporal, estas dos últimas relaciones eran esperadas, ya que la literatura ha reportado que las mujeres presentan significativamente mayor insatisfacción (Fernández-Bustos et al., 2019) y afecto negativo (Çerkez et al., 2019) en comparación con los hombres, y estos presentan mayor grado de IMC (Fernández-Bustos et al., 2019).
El IMC también influyó significativamente en el grado de insatisfacción corporal, identificando una relación significativa directa entre las variables describiendo mayor insatisfacción a medida que se incrementa el IMC, tal como en investigaciones previas con adolescentes mexicanos (hombres y mujeres) con sobrepeso y obesidad quienes no sólo reportaron el deseo de ser más delgados, también se identificaron menos atractivos en comparación con sus contemporáneos con peso normal (Pineda-García et al., 2017).
Así, entre los principales aportes del presente artículo está el modelo integrador del afecto negativo, la alimentación no consciente y el sexo que explican manera directa casi el 30% de la varianza en la alimentación emocional, mientras que el IMC, así como el sexo y la alimentación no consciente explican el 52% de la variación en la insatisfacción con la imagen corporal. La identificación de las variables en el modelo son relevantes, ya que se subrayan elementos que permiten diseñar programas de intervención para promover la salud de estudiantes universitarios y en general de adultos que incluyan tópicos de mindfulness, gestión de emociones, alimentación consciente, apreciación corporal, autocompasión y género. Entre las fortalezas de la presente investigación, también se incluye las características de los participantes en los que se obtuvieron los resultados: de la frontera noroeste de México (tradicionalmente poco investigada) y población jóven, identificada con elevados factores de riesgo de TCA y obesidad. Si bien los porcentajes de varianza explicada para las principales variables en el modelo resultaron relativamente altos, sería pertinente, la realización de investigaciones futuras que incluyan la valoración de la influencia de los ideales de belleza actuales para explicar la insatisfacción corporal; así como las variables de ansiedad y depresión para conocer su efecto estadístico en la alimentación emocional.
Las limitaciones más importantes de la investigación son la falta de los pesos y estaturas reales de los participantes, obteniéndose el IMC con los pesos y estaturas autoreportadas, en este sentido algunas investigaciones sugieren diferencias no significativas (Sánchez-Álvarez et al., 2012) y correlaciones altas significativas (Osuna-Ramírez et al., 2006) entre los IMC obtenidos con los pesos reales y autoreportados; otra limitante importante es el carácter no probabilístico de la muestra que impide la generalización de los hallazgos a la población. La posibilidad de responder la encuesta a través de un dispositivo móvil o una computadora conectada a internet representó, así como en la mayoría de las investigaciones realizadas durante el período de confinamiento por COVID-19, una limitación importante para participar en el estudio, ya que la encuesta se respondió vía electrónica y únicamente personas con acceso a estas tecnologías pudieron acceder al formulario.














