Introducción
Las sociedades atraviesan intensas dinámicas y disputas que generan transformaciones económicas, políticas, sociales y culturales. Estas dinámicas se ven impulsadas por tecnologías que integran cada vez más lo cotidiano y la constitución de los sujetos. Sin embargo, a pesar de los avances, persisten las vulnerabilidades que afectan a grupos históricamente marginalizados, como las poblaciones LGBTI+,1 negras y mujeres, excluidas de proyectos de nación y de la promoción de derechos básicos.
En este contexto, los espacios museológicos se configuran como herramientas pedagógicas no formales,2 promoviendo debates sobre ciudadanía, derechos humanos y democracia.3 Al articular memoria y resistencia, estos espacios pueden contribuir tanto al rescate y reconstrucción de la autoestima de poblaciones marginadas como a la problematización de narrativas oficializadas.
Este artículo analiza dos exposiciones que evidencian el papel de los espacios museológicos en este proceso: Duo Drag, de Paulo Vitale, en el Museu da Diversidade Sexual (Museo de la Diversidad Sexual, Brasil); y Cidade de Protesto (Ciudad de Protesta), de Luísa Fernandes, en la Livraria Aberta (Librería Abierta, Portugal). Desde un enfoque cualitativo y comparativo, discuto cómo las vulnerabilidades4 son enfrentadas y producidas en la construcción de la ciudadanía LGBTI+ en ambos países. Sostengo que los museos, en diálogo con la educación crítica y la revisión histórica, desempeñan un papel clave en la (re)construcción de narrativas que abarquen diversidad, autoestima, y resistencias a valores hegemónicos.
El texto se organiza en siete secciones: tras esta introducción, presento la metodología; en seguida, analizo los casos del Museu da Diversidade Sexual y la Livraria Aberta; luego, abordo las interfaces entre vulnerabilidad, ética y políticas públicas; finalmente, discuto la relación entre museología y educación crítica, antes de las conclusiones.
Metodología
Esta investigación se llevó a cabo mediante visitas, encuentros y afectaciones en las instituciones mencionadas. La primera visita al Museu da Diversidade Sexual ocurrió en 2019, mientras que la Livraria Aberta fue visitada en junio de 2024, durante mi estancia en la Universidad de Aveiro. Partiendo de la inmersión etnográfica en ambas exposiciones, realicé un análisis temático centrado en cómo los espacios museológicos acogen muestras que, mediante las artes visuales, abordan resistencias y vulnerabilidades de las poblaciones LGBTI+.
La selección de estas exposiciones respondió a criterios metodológicos específicos: visibilización de memorias LGBTI+ marginadas, uso de la fotografía como medio principal, articulación de memorias colectivas y una temporalidad reciente (2022-2024), que permite examinar respuestas a contextos actuales. El marco comparativo se estructuró en tres ejes: representación visual de experiencias LGBTI+, institucionalidad de los espacios, y estrategias de rearticulación de memorias oficiales.
Ambas instituciones destacan por la sensibilidad con que celebran manifestaciones de resistencia y existencia, disputando derechos. Las fotografías invitan a reflexionar sobre las fronteras -simbólicas y materiales- que configuran las estructuras sociales, incluidas las que rigen los museos. Además, retratan manifestaciones como la Marcha del Orgullo LGBTI+, protestas y el arte drag, activando memorias de lucha y desafiando narrativas oficializadas en la esfera pública.
Al redefinir los límites de los espacios, estas exposiciones también cuestionan los silenciamientos impuestos por la normatividad social. En este sentido, pueden entenderse como formas de “salir del armario” y romper con valores hegemónicos que marginan a las comunidades LGBTI+. Al promover narrativas disidentes, estas iniciativas transforman el miedo y la vergüenza en orgullo y resistencia, (re)articulando memorias colectivas e individuales.
El Museu da Diversidade Sexual y la Exposición Duo Drag
El 30 de abril de 2022, el Museu da Diversidade Sexual (MDS), en São Paulo, Brasil, tenía programada la inauguración de la exposición Duo Drag, con fotografías de Paulo Vitale.5 Sin embargo, el museo fue cerrado debido a presiones neoconservadoras en la Asamblea Legislativa de São Paulo (ALESP). La exhibición reunía imágenes de 50 drag queens, desde artistas icónicas de los años ochenta hasta nuevas generaciones. También incluía vídeos en los que compartían relatos sobre sus vidas y carreras. Tras su reapertura en septiembre de 2022, la muestra se volvió itinerante, presentándose en otros espacios culturales de São Paulo.
Históricamente, las drag queens han disputado su lugar en sociedades que rechazan expresiones de géneros disidentes. Figuras como Marsha P. Johnson y Sylvia Rivera, drag queens, mujeres trans negra y latina, respectivamente; fueron pioneras en la lucha por derechos LGBTI+, como Stonewall,6 fundando Street Transvestite Action Revoltuinaries (STAR), en los años setenta. En Brasil, artistas como Marcia Pantera, Suzy Brasil, Pabllo Vittar y Rita Von Hunty han cuestionado normas y reconfigurado imaginarios. Judith Butler destaca el potencial paródico y subversivo del drag, dependiendo de su relación con el público7, lo que define si una performance deconstruye o refuerza estereotipos. Harper Keenan y Lil Miss Hot Mess también subrayan cómo el arte drag desafía normas sociales y genera cuestionamientos sobre diversidad de género en un ambiente lúdico y performático.8
Desde esta perspectiva, la pedagogía del drag opera como una herramienta crítica en la interpretación de normas institucionalizadas. Megg Rayara Gomes de Oliveira resalta el papel de las imágenes en la construcción de significados, mostrando cómo la representación de cuerpos trans ha sido históricamente invisibilizada en las artes visuales. No obstante, sugiere que desde el Neolítico (5 000 a 3 000 a.C.) ya existían registros de figuras con características sexuales mixtas, lo que cuestiona a posteriori los discursos normativos sobre género.9
Las imágenes median y también subvierten relaciones de poder, especialmente cuando se consideran en relación con los discursos y las vivencias. Entender el arte como representación y tecnología permite la reconstrucción histórica de diferentes grupos sociales. De este modo, es posible desarrollar prácticas de (re)articulación, generando posibilidades para la construcción de otros futuros. Se vuelve un elemento implicado, también, en la invención y disputa de las memorias colectivas e individuales.
La colonialidad del poder,10 opera sobre cuerpos LGBTI+ en Brasil mediante la confluencia entre legado colonial, racismo estructural y cisheteropatriarcalidad. Mientras en Portugal la represión se manifestó principalmente por mecanismos dictatoriales, en Brasil la colonialidad ha infiltrado tanto instituciones formales como prácticas cotidianas. En Europa las luchas LGBTI+ enfrentaron principalmente barreras jurídico-políticas; en América Latina confrontan el entramado colonialidad que determina qué memorias merecen preservarse.
De esta forma, se plantea que algunas personas no poseen objetividad, sin capacidad para producir conocimiento. Aníbal Quijano también llama la atención sobre la forma como la colonialidad viene constituyendo un patrón mundial a través de la legitimación de una única racionalidad y como emblema de la modernidad.11 Para el sociólogo, el eurocentrismo no se limita a la perspectiva cognitiva de los europeos, pues se extiende también aquellos educados bajo esta lógica que establece aquello que es humano, lo que no lo es; y otras binariedades como, por ejemplo, inferiores y superiores, irracionales y racionales, primitivos y civilizados.
Así, la memoria, no es solo un ejercicio de imaginación, sino una capacidad de (re)significación que define nuestra existencia. (Re)articular el pasado permite disputar narrativas históricas y garantizar el derecho a la memoria como parte de la resistencia y la dignidad humana.
La Livraria Aberta y la Exposición Cidade de Protesto
Inaugurada el 28 de junio de 2021 en Oporto, Portugal, la Livraria Aberta se define como una librería Queer, un espacio que escapa a las normas y busca encuentros en los márgenes12, promoviendo también exposiciones, documentales y debates sobre género, sexualidad y memoria colectiva.13 En este sentido, la librería se ha convertido en un punto de reflexión y diálogos.
Una de sus iniciativas fue la exposición Cidade de Protesto,14 de Luísa Fernandes,15 inaugurada el 18 de mayo de 2024. A través de registros fotográficos de manifestaciones como la Marcha del Orgullo LGBTI+ de Oporto, la muestra visibiliza resistencias y disputas por derechos, evidenciando silenciamientos que atraviesan diversos sujetos.
En Portugal, las disputas sobre la memoria han sido intensificadas en los últimos años, reflejando tanto avances en derechos LGBTI+16 como la persistencia de estructuras cisheteropatriarcales17 y burguesas. La museología,18 antes relegada a narrativas hegemónicas, ha comenzado a acoger historias disidentes, desafiando la linealidad histórica e interpelando los paradigmas que sostienen concepciones normativas de sociedad.
Durante el régimen político dictatorial del Estado Nuevo, las políticas de represión apuntaban a quienes practicaban “vicios contra la naturaleza”, imponiendo penas como prisión correctiva, libertad vigilada, internación en casas de trabajo o colonias agrícolas. Estas acciones podían extenderse por tiempo indefinido, buscando controlar a quienes atentaban contra las normativas sociales, familiares y religiosas promovidas por la homofobia doctrinaria de la derecha política y la Iglesia Católica.19
Diferentes espacios seguros, expresiones de socialización, encuentros y desencuentros, como por ejemplo bares, prensa, literatura, cine y artes en general fueron objetivos de censura y tildados de pornografía. De esta forma, los valores y costumbres promovidos por el régimen de la época eran reforzados como normales, al igual que aquello que debía ser silenciado y marginado. Paralelamente, el uso de tiempos y espacios para la construcción de lugares de resistencia eran motivo de preocupación y miedo por parte del régimen -que también se sentía amenazado en su inteligibilidad y autoridad-,20 ya que estos representaban posibilidades, momentos y tiempos propicios para la (re)creación y encuentros de otros futuros y de aquellos frente a los contextos en los que se encontraban.
Esa represión, que se organizaba de manera continua y sistemática, también tenía como objetivo aislar los movimientos y las comunidades, despojándolos de representación política formal. Así, el miedo hacia los grupos resurgía, ya que las reuniones representaban (re)aproximaciones, (re)conocimientos, atravesamientos en el cotidiano y (re)articulaciones sobre las memorias oficializadas -aquellas narrativas hasta entonces mantenidas como naturales y sin cuestionamientos-. De esta forma, el control de las orientaciones sexuales e identidades de género no normativas -los supuestos traidores, considerados un atentado y peligro a la moral y estabilidad social- se vuelve fundamental en el mantenimiento de la naturalidad de la sociedad cisheteropatriarcal y burguesa.
Las representaciones de ambas exposiciones ponen en duda los paradigmas que, a su vez, invierten en normativizaciones y también destacan la importancia de rescatar, preservar, valorizar y divulgar memorias silenciadas. Así, percibimos la memoria como una disputa y también como una posibilidad humana de resignificación, algo fundamental para garantizar la existencia y dignidad humana, siendo, por lo tanto, un derecho humano.
Vulnerabilidad, ética y educación crítica: interfaces con políticas públicas y espacios museológicos
Al aproximarnos a las experiencias museológicas -el Museu da Diversidade Sexual y la Exposición Duo Drag, en Brasil, y la Livraria Aberta y la Exposición Cidade de Protesto, en Portugal- percibimos que la vulnerabilidad, la ética, las políticas públicas, la museología y la educación crítica constituyen potentes puntos de encuentro para la discusión. Estas experiencias nos llevan a enfoques que invierten en codificaciones sobre la construcción de narrativas y prácticas museológicas en diferentes contextos culturales y políticos. Podemos percibir un movimiento pendular donde tales políticas habitualmente se mantienen condicionadas hacia la continuidad y el mantenimiento de una sociedad cisheteropatriarcal y burguesa.
Judith Butler argumenta que nosotros, como sujetos, tenemos la capacidad de actuar contra nosotros mismos, para que otro ser pueda emerger. Este proceso de convertirse -sostiene la autora- está íntimamente ligado a la vulnerabilidad de nuestros cuerpos, ya que todos estamos sujetos a la “captura” de diferentes instancias que, a su vez, invierten en nuestras sujeciones. La filósofa explica:
Pero si la propia producción del sujeto y la formación de esa voluntad son las consecuencias de una subordinación primaria, es inevitable que el sujeto sea vulnerable a un poder que no creó. Esa vulnerabilidad califica al sujeto como un tipo de ser explotable. […] El hecho de que los sujetos sean constituidos en vulnerabilidad primaria no justifica los abusos que sufren; por el contrario, eso solo deja más claro cuán fundamental puede ser la vulnerabilidad.21
En Brasil, con su democratización discontinua, las tecnologías foucaultianas se materializan en un biopoder regulatorio oscilante. En Portugal, el legado dictatorial configuró una economía del poder con silenciamiento que fue sistemático hasta la consolidación democrática. La vulnerabilidad butleriana emerge como espacio de disputa: en Brasil inscrita en una colonialidad racializante, mientras en Portugal persisten los efectos del silenciamiento en la producción de subjetividades.
Tal comprensión sobre nuestra constitución nos lleva a reflexiones sobre los espacios museológicos y sus prácticas. Para convertirnos en sujetos, activamos nuestras memorias, los discursos y representaciones que codificamos como significantes. De esta forma, comenzamos a narrar nuestras historias, individuales y colectivas, a partir de discursos que nos interpelan, es decir, nunca nos elegimos por completo. Estos procesos nos llevan a comprender que nuestra constitución también está atravesada por la narración de nuestras historias, experiencias y vidas; y que “siempre somos interpelados, de una manera u otra, incluso cuando somos abandonados o sufrimos abuso, pues el vacío y la injuria nos convocan de maneras específicas”.22
Estas memorias, habitualmente silenciadas e invisibilizadas, se desdoblan en ausencias de saberes, espacios y territorios que buscan vaciar la autoestima y fortalecer sus vulnerabilidades sociales, políticas, económicas y culturares.23 Cuando nos acercamos a los espacios museológicos y sus prácticas, estas reflexiones se agregan e ilustran la vulnerabilidad de las poblaciones LGBTI+ en una sociedad ciesheteropatriarcal y burguesa. Tales contextos y discursos nos invitan, desde el cuestionamiento de diferentes normas y sus denuncias, a sospechar de categorías de inteligibilidad que invierten en quién es (des)legitimado como sujeto.
De esta forma, aquello que deseamos o queremos también es objeto de disputa en lo/del social, pues está implicado en la constitución de la vulnerabilidad. Es decir, la sujeción está atravesada por el deseo y por la identificación de aquello que representa la capacidad de amar y ser amado; pero también por los peligros que atraviesan esa vulnerabilidad. Algunas formas de amor pueden, así, resultar en la pérdida del objeto amado, ya que estos objetos no son vistos socialmente como dignos de amor, “asumen una marca de destrucción. En realidad, también pueden amenazar con la destrucción del propio sujeto: “Yo seré destruido si amo de esta manera’”.24
Estas disputas, que acompañan las resistencias y experiencias de las poblaciones LGBTI+, también se reflejan en las exposiciones Duo Drag y Cidade de Protesto, que abordan narrativas sobre represión, luchas sociales; así como la complejidad y dualidad de los géneros desde sus diversidades, recuerdos y homenaje25 a artistas que están en proceso de transición de género.26 De esta forma, la museología crítica consigue dimensionar realidades atravesadas por diferentes tensiones como las económicas, raciales y sociales.
En este proceso también se invierten frecuentemente la culpa y el miedo por estar fuera de una falaz frontera, la matriz heterosexual, y la naturalización de diferentes narrativas. Dicha matriz invierte en la falaz linealidad entre cuerpo/género/deseo.27 constituyendo, en consecuencia, la lógica de una sociedad cisheteropatriarcal y burguesa. En este modelo de sociedad ocurren producciones y regulaciones de ficticias fronteras, así como la producción de silencios, miedos y aislamientos. En estos procesos de exclusión y marginación sistemática estas fronteras buscan dificultar e impedir el acceso y ejercicio a los derechos humanos; así como al reconocimiento de sí mismo como persona de derechos. Judith Butler analiza que:
De hecho, existen zonas intermedias -regiones hibridas de legitimidad e ilegitimidad- que no tienen nombres claros y donde la propia nominación entra en crisis producida por las fronteras variables, a veces violentas, de las prácticas legitimadoras que entran en contacto incómodo y, a veces, conflictivo, unas con otras. Estos no son lugares bien delimitados donde alguien puede elegir pasar el tiempo u optar por ocupar posiciones de sujetos. Estos son no-lugares en los que nos encontramos casi casualmente; estos son no-lugares donde el reconocimiento, incluso el auto-reconocimiento, demuestra ser precario o incluso evasivo, a pesar de nuestros mejores esfuerzos de ser un sujeto reconocible de alguna manera. Estos son no-lugares de enunciación, pero cambian la topografía en la que una reivindicación cuestionablemente audible emerge, la reivindicación del “no-aún-sujeto” y del casi irreconocible.28
En esta dirección, diferentes poblaciones, como la LGBTI+, son constantemente objeto de repudio, vigilancia y regulación de esta sociedad cisheteropatriarcal y burguesa mientras idealizada. Así, esta regulación justifica, y enseña sobre, posibles prácticas de violencia sin el sentimiento de culpa, ya que lo que se encuentra frente a tal inteligibilidad no es visto como un ser humano, una vida pasible de duelo, pues en su proceso de constitución esto nunca fue reconocido, solo las vulnerabilidades naturalizadas. Como Butler expone:
Si la violencia se comete contra aquellos que son irreales, entonces, desde la perspectiva de la violencia, no hay violación o negación de esas vidas, ya que ya han sido negadas. Pero tienen una manera extraña de permanecer animadas y así deben ser negadas una y otra vez. No pueden ser objeto de duelo porque siempre estuvieron perdidas o, mejor dicho, nunca “fueron”, y deben ser asesinadas, ya que aparentemente continúan viviendo, tercamente, es ese estado de muerte. La violencia se renueva frente a la aparente inagotabilidad de su objeto. La desrealización del “Otro” significa que no está ni vivo ni muerto, sino interminablemente espectral.29
Las vulnerabilidades LGBTI+ requieren políticas públicas estructuradas que aborden: reparación histórica, garantía de derechos presentes y transformación de imaginarios.30 El Museu da Diversidade Sexual y Livraria Aberta funcionan como expresiones culturales con distintos niveles de respaldo institucional, evidenciando cómo la falta de reconocimiento refuerza la exclusión.
Sin embargo, para mantener la relevancia y continuidad de tal proyecto, es necesario que tales sujetos, desvinculados de esa sociedad, permanezcan vivos en el imaginario social y cultural. Estos mismos imaginarios invierten en las naturalizaciones de la violencia y la amenaza al supuesto equilibrio social. En este sentido, la violencia se vale del apego como “crucial para la supervivencia y que, cuando este se realiza, lo hace en relación con personas y condiciones institucionales que pueden muy bien ser violentas, empobrecedoras e inadecuadas”.31
En el contexto actual, los países analizados enfrentan desafíos en la formulación e implementación de políticas públicas para la población LGBTI+. Cabe señalar que, más allá de la implementación, tales obstáculos también se manifiestan en la disputa de la arena política. De esta forma, se destaca cómo los investimentos culturales buscan (re)articular aquello que se considera aceptable o deseable, reiterando o subvirtiendo normatividades.
De esta forma, exposiciones como Duo Drag y Cidade de Protesto, promueven diferentes perspectivas y desestabilizaciones de fronteras ficticias -tales como ciudadanías y narrativas oficializadas- y, por lo tanto, quién pertenece a la memoria supuestamente oficial. Al acoger tales experiencias, también subrayan la importancia del pensamiento crítico y de políticas públicas orientadas a la diversidad de las experiencias humanas32 que desestabilicen pilares cisheteropatriarcales y burgueses, productores de diferentes exclusiones.
Podemos aludir a ejemplos como el cierre de la exposición Queermuseu33 y la censura durante la Bienal del Libro34 en Río de Janeiro. Estos casos ilustran ejemplos de una sociedad en la que iniciativas que cuestionen normas naturalizadas de género y sexualidad son frecuentemente marginalizadas y silenciadas. Tales acciones invierten también en la promoción del miedo, haciendo que la legislación sobre género y sexualidad en áreas como educación y cultura aún enfrente diferentes objeciones. En esta dirección, la censura no es algo puntual, sino un acto performativo,35 es decir, la misma busca reproducir y naturalizar saberes y estructuras de poder. De esta forma, opera por la reiteración y la continuidad de diferentes jerarquías sociales, políticas y económicas a través de la ilusión de naturalidad.
Las deficiencias en políticas públicas agravan las vulnerabilidades de poblaciones LGBTI+ en múltiples dimensiones. Biroli señala cómo los procesos de desdemocratización debilitan instituciones de derechos humanos mientras los pánicos morales instrumentalizados deslegitiman políticas de equidad.36 La vulnerabilidad resulta así no de características inherente a ciertos cuerpos, sino de decisiones políticas que precarizan existencias.
Estos contextos nos permiten concluir que las ciudades, las memorias, las pedagogías, las políticas y las culturas oficializadas vienen siendo habitualmente, operadas a partir de la exclusión. Son proyectadas y alienadas a concepciones como naturaleza, pureza y homogeneidad. Es decir, sus formas que se pretenden hegemónicas no fueron pensadas por/para la diversidad, sino por/para un determinado tipo de sujeto. Lo que nos provoca a pensar en, y también cuestionar concepciones naturalizadas como diversidades, espacios seguros y libertades.
Como observa y propone Paula Deporte de Andrade estos puntos de encuentros y formas entre educación y cultura no son una mera representación de la realidad, pues “producen efectos en la constitución del sujeto”.37 (Re)conocer la correlación entre cultura y pedagogía se muestra un camino productivo para poner bajo sospecha diferente normatividades y, de esta forma, ampliar caminos, lecturas, futuros y posibilidades de (re)existencia.
Disputas culturales, memorias y duelo: la lucha por derechos
Los discursos proyectan representaciones sobre los marcadores sociales de la diferencia38 -tales como género, raza, clase social, condición física, generación, etc.- que, a su vez, pasan a atravesar y (re)construir los cuerpos, verdades y concurrir territorios en la producción de subjetividades. De esta forma, las memorias y las narrativas en este campo de disputas nos llevan a reflexionar sobre la relación entre cultura y pedagogía, así como sus efectos en la (re)construcción de sujetos.
Un marco ético para las prácticas museológicas comprometidas con las memorias LGBTI+ requiere: responsabilidad representacional, pluralidad testimonial, contextualización crítica, accesibilidad radical y compromiso transformativo.39 Estos principios enfatizan que la práctica museológica nunca es neutral, sino que inscrita en relaciones de poder.
Se hace necesario una profundización y una ampliación de aquello que pasa a ser invertido y comprendido como procesos y espacios pedagógicos; es decir, algo que está insertado en nuestro cotidiano, no limitado a los espacios escolares institucionalizados40. Así, la cultura actúa como una pedagogía del/en el cotidiano que nos moldea, pero también es moldeada por nosotros en sus contornos y atravesamientos.
Los (des)encantamientos construidos en medio de estas disputas nos provocan; nos llevan a reflexionar acerca de aquello que habitualmente se comprendía como natural; y nos desplazan hacia miradas sobre las inversiones y construcciones históricas, sociales, políticas y económicas.
Prácticas como las ocupaciones públicas, entre otras instancias, contestan naturalidades como las cisheteropatriarcales y burguesas; y posibilitan la (re)articulación de esas narrativas e imaginarios. Ellas contestan lugares, discursos y cuerpos establecidos como naturales, invirtiendo en contextos para (re)conocimientos y (des)encuentros para diferentes sujetos, a título de ejemplo la población LGBTI+. Ocupaciones de territorios públicos, traducidos en la exposición por la Marcha del Orgullo, otras diferentes protestas y las narrativas de artistas drags, actúan no solamente como momentos de resistencia, sino también como reivindicaciones de la dignidad, autoestima y ciudadanías de aquellos que vienen históricamente siendo silenciados, invisibilizados y excluidos.
“Pequeñas expresiones” del cotidiano, como caminar de la mano, el intercambio de besos, vestir o excluir determinadas vestimentas, pueden tener diferentes lecturas dependiendo de quién las ejerce. Entre sujetos LGBTI+, es común que sea leído como “exageración”, “falta de vergüenza”, “exhibición”, “ganas de llamar la atención”, mientras que la misma expresión de una pareja cisheteronormativa puede ser leída como normal o pruebas de amor.41 Estas percepciones nos permiten reflexionar cómo inversiones culturales y pedagógicas invierten en nuestra comprensión, inteligibilidad y performances42 de lo que sería supuestamente natural, deseable, parte de la cultura y de la sociedad. Así como aquello que debe ser “corregido”.
Michel Foucault problematiza la ética a partir de la sustitución de los sistemas de moral por un desplazamiento de la mirada hacia las prácticas de sí. La construcción de la ética en la sociedad estaría habitualmente relacionada al olvido del cuidado de sí. Pues existe una vinculación y naturalización a prácticas que serían mundanas, en contraposición con el equilibrio de la sociedad y, por lo tanto, a una ética supuestamente pura, natural y cristiana. Se percibe la “asociación entre la actividad sexual y el mal, la regla de una monogamia procreadora, la condenación de las relaciones de mismo sexo, la exaltación de la continencia”.43
Las artes de la existencia serían prácticas en las cuales nosotros, sujetos codificaríamos conductas a fin de buscar la transformación y modificación en nuestra singularidad. Así, se vuelve posible la construcción de la vida como “una obra que sea portadora de ciertos valores estéticos y que se corresponda a ciertos criterios de estilo”.44 Estas (re)articulaciones -vaciadas por diferentes acciones del cristianismo, prácticas pedagógicas, médicas y/o psicológicas- invertirían en diferentes colectivos e individuos.
En este sentido, las artes de la existencia y el cuidado de sí convergen con las prácticas pedagógicas y de resistencia que percibimos en los espacios y prácticas museológicas presentadas. Estos pueden ser traducidos como lugares seguros en que sujetos buscan y pasan por inversiones a fin de transformar sus experiencias y percepciones. Al distanciarse de concepciones como memoria y ciudadanías puras, naturales, se abre el camino para pensar las mismas como procesos en disputa y posibilidades de transformación.
La marcha del Orgullo LGBTI+ de Oporto, anteriormente llamada Marcha del Orgullo Gay, tuvo su primera edición realizada en 2006. Surge como una reivindicación y resistencia colectiva al brutal asesinato de Gisberta, mujer trans e inmigrante brasileña. Este episodio trajo a público diferentes precariedades vividas por poblaciones marginalizadas en Portugal, estableciendo un debate sobre derechos humanos, discriminación, así como la importancia y urgencia de políticas públicas para combatir tales desigualdades.
La vida de Gisberta fue brutalmente interrumpida después de haber sido agredida y violada por un grupo de 14 adolescentes, con edades entre los 12 y los 16 años, en la ciudad de Oporto. Después de tres días intensos de tortura y deshumanización, Gisberta falleció el día 22 de febrero de 2006. Su cuerpo fue encontrado en un pozo, dentro de un edificio abandonado conocido como Pão de Açúcar, en la zona de Campo de 24 de Agosto.
Maria Manuel Baptista, al analizar diferentes discursos acerca de la muerte de Gisberta -de los medios, tribunales, adolescentes involucrados en el crimen, activistas, entre otros- percibió cómo tales narrativas eran reproducidas a partir de normatizaciones que mantienen la naturalización de violencias.45 Algunos discursos trivializan lo ocurrido como un “momento de diversión” -mientras corroboran con el binarismo, es decir, una extrema contraposición entre femenino y masculino-. Sin embargo, una ruta de resistencia se presentaba: la expresión artística, fuera ella a través de la poesía, de la música y/o del teatro. De esta forma, se evidencian algunas potencias del arte: su carácter pedagógico; de (re)construcción individual y colectiva; así como de resistencia y denuncia.
La llegada de Gisberta a Portugal se dio en la década de 1980. En esa misma época, surgió la epidemia VIH/Sida y la intensificación del estigma sobre la población LGBTI+ que se ven como objetivos, chivos expiatorios. El caso de Gisberta ilustra exclusiones habitualmente enfrentadas por personas trans, inmigrantes y pertenecientes a otras minorías. Nos llevan a reflexionar cómo las vulnerabilidades -pobreza, exclusión social, estigma, entre otras violencias- son desdoblamientos de una sociedad binaria que marginaliza a aquello que enfrentan normas en una sociedad neoconservadora. El análisis de los discursos hechos por Baptista46 contribuyó para reflexionar sobre cómo esas exclusiones no son naturales, sino efectos de una sociedad que se organiza y es organizada también por las exclusiones.
El caso de Gisberta ilustra jerarquías poscoloniales persistentes. Como migrante brasileña, mujer trans y trabajadora sexual, encarnaba múltiples vulnerabilidades. La cobertura mediática contribuyó a su deshumanización, mientras sus memorias revelan cómo la lusofonía sigue reproduciendo jerarquías coloniales, aunque su muerte impulsó la Ley de Identidad de Género en 2011.47
La muerte de Gisberta acciona una ruptura en el asociacionismo LGBTI+ portugués. Una experiencia marcada por los duelos, indignaciones y violencias que cargan mensajes de pérdidas y fragilidades. Pero también un punto de encuentro para reivindicación de derechos, justicia y reconocimiento. Según Judith Butler, el duelo evidencia un carácter fundamental de nuestras existencias: nuestra coexistencia. Vivimos en relación con el colectivo, no existimos aisladamente. Nos (re)construimos por medio de vínculos, contextos y experiencias que, a su vez, nos (des)territorializan; “tal vez, cuando pasamos por lo que pasamos algo sobre quiénes somos es revelado, algo que delinea los lazos que tenemos con los otros, que nos muestra que esos lazos constituyen lo que somos, lazos o vínculos que nos componen”.48
Diego Galego propone el concepto de ‘Política Potenkin’ para explicar diferentes estrategias realizadas por elites políticas, que tienen como objetivo ofuscar problemas sociales, políticos, económicos y culturares.49 Son inversiones, como la manipulación de políticas y distorsión de realidades, que tienen como objetivo operar la percepción pública, haciendo parecer que demandas de poblaciones marginalizadas no son legítimas. En este escenario, tales demandas representan peligros y amenazas a la sociedad, sus habitantes, supuestas naturalidades y equilibrios.50
En Portugal, podemos aludir a diferentes políticas de promoción y mantenimiento de la ciudadanía como, por ejemplo, la Constituição da República Portuguesa;51 los Planos Nacionais Para Igualdade de Gênero, Cidadania e Não Discriminação; la Estratégia de Promoção da Acessibilidade e da Inclusão dos Museus, Monumentos e Palácios 2021-2025; la Educação Para a Cidadania e Diversidade nos Museus; la Ley nº 28/2015 que regula sobre la Identidad de género en el ámbito del derecho a la igualdad en el acceso al empleo y en el trabajo; entre otras. A pesar de reconocer la importancia de estos documentos también percibimos que su implementación práctica en la sociedad enfrenta diferentes obstáculos y fachadas, comandadas por una sociedad cisheteropoatriarcal y burguesa.
En el contexto brasileño, en 2019, el Supremo Tribunal Federal (STF) aprobó la equiparación de la homofobia y transfobia al crimen de racismo. De esta forma, quedó determinada la intensificación de las penas para conductas homofóbicas y transfóbicas, es decir, motivadas por el odio a la orientación sexual o identidad de género de la víctima, abarcando a la población LGBTI+. Sin embargo, Bruna Andrade Irineu, Brendhon Andrade Oliveira y Milena Carlos Lacerca llaman la atención sobre los retrocesos relacionados con la comunidad LGBTI+ en los dos primeros años del Gobierno de Jair Bolsonaro, siendo estos 2019 y 2020.
Los derechos sexuales y reproductivos se convirtieron en el foco más perceptible de estos retrocesos, destacando principalmente en las políticas sociales de educación y salud. Es importante hacer notar que tales ofensivas también contribuyeron al mantenimiento y reproducción de desigualdades étnico-raciales y de clase social. Entre los retrocesos destacados están: la prohibición del financiamiento, por la Agencia Nacional del Cine (Ancine), de películas con temática LGBTI; la extinción del Consejo Nacional de Combate a la Discriminación LGBT (CNCD); la cancelación del Vestibular con cuotas destinadas a personas trans en la Universidad de la Integración de la Lusofonía Afro-Brasileña (Unilab); y la solicitud de revocación, por la Abogacía General de la Unión (AGU), de la decisión del STF que equiparó la discriminación de la homofobia y transfobia al racismo, entre otros.52
Los retrocesos durante el gobierno de Bolsonaro forman parte de una ola conservadora transnacional latinoamericana que instrumentaliza el pánico moral en torno a la “ideología de género”. Esta alianza entre neoliberalismo y el neconservadurismo se refleja en políticas que atacan derechos LGBTI+ y promueven revisiones históricas y excluyentes.
Podemos aludir a la resistencia de sectores políticos, la promoción de políticas que enfrentan la falta de presupuesto, falta de conocimiento por parte de la población y/o instituciones locales, ataques por parte de sectores neoconservadores de la sociedad a la promoción de la diversidad y narrativas disidentes. Consideramos que dichas acciones fomentan la naturalización del neoconservadurismo como racionalidad,53 promoviendo la dispersión de los sujetos y dificultando los avances.
Tabla 1 Análisis comparativo de las políticas LGBTI+ en Brasil y Portugal
| Aspecto | Brasil | Portugal |
| Trayectoria histórica y marco político | Democratización discontinua con retrocesos, especialmente durante el gobierno Bolsonaro (2019-2022). La protección de derechos depende de interpretaciones judiciales, como la decisión del STF de 2019. | Proceso constante de institucionalización de derechos LGBTI+ desde la Revolución de los Claveles, incluyendo la inclusión de la orientación sexual en la Constitución (2004) y la aprobación del matrimonio igualitario (2010). |
| Marco legislativo y jurídico | Falta de legislación nacional específica contra la discriminación LGBTI+, dependencia de decisiones judiciales, lo que los hace vulnerables a cambios en el tribunal. | Marco legislativo completo, que incluye modificaciones constitucionales (2004), matrimonio igualitario (2010) y derecho a la adopción para parejas del mismo sexo (2016). |
| Institucionalidad y políticas públicas | Institucionalidad débil, con la extinción del Consejo Nacional de Combate a la Discriminación LGBT y la prohibición del financiamiento de películas LGBTI+. | Instituciones estables, como los Planos Nacionales para la Igualdad y la Estrategia de Promoción de la Accesibilidad en Museos, que incluyen la educación para la ciudadanía y diversidad. |
| Políticas culturales y espacios de memoria | Censura de exposiciones y tensiones en el ámbito cultural, como el cierre temporal del Museu da Diversidade Sexual y la exposición Duo Drag. | Espacios culturales más estables, como el Museu do Aljube y la exposición Adeus, Pátria e Família, con continuidad en proyectos relacionados con la memoria LGBTI+. |
| Casos emblemáticos e impacto social | Cierre de exposiciones e y movilizaciones, como la interpretación judicial de derechos en ausencia de legislación específica. | Casos como el asesinato de Gisberta (2006) contribuyeron a la creación de la Marcha del Orgullo LGBTI+ y cambios legislativos. |
| Vulnerabilidades diferenciadas | Alta incidencia de crímenes de odio, especialmente en contextos de intersección con racismo y desigualdad socioeconómica. | Desafíos con la población migrante LGBTI+ y la implementación desigual de políticas en diferentes regiones. |
| Perspectivas de futuro | Necesidad de institucionalizar derechos, garantizar la estabilidad de los espacios de memoria LGBTI+ frente a presiones políticas cambiantes. | Continuar con la implementación efectiva del marco legislativo y abordar las vulnerabilidades interseccionales. |
Fuente: Elaboración propia con base en Irineu et al. (2020); Cascais (2020); Santos (2016).
La cultura, así, se convierte en un territorio privilegiado para pensar sobre las diferentes inversiones pedagógicas que (re)emergen y se materializan en el cotidiano como deseos, relaciones y memorias. Espacios como el Museu da Diversidade Sexual, la Livraria Aberta y las representaciones allí encontradas nos indican que la memoria no es algo neutro, puro, sino objeto de disputas, negociaciones, pues la misma también está íntimamente relacionada a un proyecto de sociedad.
La misma -seleccionada, (re)construida y administrada por discursos- posibilita afectaciones y formación de nociones de realidad, así como la exclusión e inclusión de personas en nuestra sociedad. Al invertir en diferentes formas de narrar y vivenciar la sociedad, las comunidades y los individuos, estos espacios también nos invitan a un ejercicio de (re)imaginación y (re)construcción de futuros más inclusivos y diversos, prácticas de recordar y olvidar.
Observamos, por tanto, conexiones y continuidades en las exclusiones promovidas por un Estado que enseñó, y aún enseña, sobre determinados modelos normales como libertad, sujetos y ciudadanías. En esa dirección, aquellos que desean tener derechos deberían adecuarse a ese modelo de sociedad. El caso de Gisberta, aún presente en la memoria colectiva, e iniciativas como las exposiciones mencionadas nos proponen (re)articulaciones acerca de las diferentes existencias y vulnerabilidades. También enseñan sobre la necesidad de la inclusión y transformación de estructuras políticas, sociales, culturales y económicas al denunciar silenciamentos habitualmente (re)producidos por la sociedad.
Conclusión
La memoria no es algo dado sino un objeto de constante disputa, lo que hace posible su (re)articulación. En una sociedad atravesada por desigualdades y prejuicios, esto toma otros contornos cuando pensamos en los efectos causados a las diferentes poblaciones marginadas. Cuando pensamos en la población LGBTI+, esta disputa se manifiesta en los campos de lo simbólico y también de lo político, ya que la memoria oficializada habitualmente silencia y invisibiliza diferentes narrativas, experiencias y sujetos. Reflexionar y discutir sobre las memorias y los espacios museológicos puede desplazar miradas sobre las narrativas y la cultura que, a su vez, invierten en significados y futuros.
El contexto brasileño debe entenderse dentro de las dinámicas donde luchas LGBTI+ se entrelazan con resistencias anticoloniales y antirracistas y anticapitalistas. La evolución del movimiento LGBTI+ brasileño muestra distintas fases históricas mientras persiste la contradicción entre reconocimiento formal y violencia cotidiana.
El presente trabajo -cuyo objetivo es el análisis de las contribuciones de los espacios museológicos en la preservación, rescate y difusión de las memorias LGBTI+- defiende que prácticas y espacios museológicos como el Museu da Diversidade Sexual y la exposición Duo Drag; y la Livraria Aberta y la exposición Cidade de Protesto, nos presentan la necesidad de investigar y cuestionar las narrativas oficializadas. Al promover diferentes lecturas y posibilidades de futuro, estas prácticas también permiten suspensiones de paradigmas cisheteropatriarcales y burgueses. Invierten en espacios seguros, momentos de encuentros, desencuentros y reflexiones sobre cómo la cultura y la memoria también actúan de manera pedagógica, buscando construirnos.
Observamos su carácter interdisciplinario y multifacético, ya que contribuyen al rescate y la preservación de las memorias, pero también invierten en la construcción de miradas y pensamientos críticos sobre lo que está dado como natural. Al abordar diferentes contextos marginados, somos invitados a (re)articular posiciones -como ciudadanía, diversidad, democracia, pasado, entre otras-, reflexionar e imaginar futuros más inclusivos, donde la exclusión no sea algo natural.
Estos espacios museológicos destacan la importancia de las políticas públicas efectivas y éticas, capaces de promover narrativas inclusivas y diversas. Al rescatar, preservar, valorizar y divulgar estas memorias, los espacios museológicos posibilitan alternativas críticas a lo que se considera hegemónico, natural y puro. Tales espacios y prácticas promueven narrativas marginadas, subterráneas, pero también denuncian y ponen bajo sospecha discursos que invierten en la inferiorización. Exposiciones como Duo Drag y Cidade de Protesto son invitaciones culturales, herramientas pedagógicas y políticas que invierten en la transformación de futuros y sociedades más inclusivas. Contextos donde lo colectivo y lo individual convergen para generar tanto singularidades como nuevas formas de comunidad.
Este análisis tiene implicaciones prácticas urgentes: establecer marcos legales que protejan espacios culturales LGBTI+, adoptar enfoques interseccionales, implementar procesos de reparación histórica y fortalecer colaboración transnacional, especialmente en el eje-sur-sur.
Los museos pueden potenciar su rol como sitios de resistencia mediante: metodologías participativas, enfoques pedagógicos críticos, programas más allá de sus muros, archivos vivos de experiencias contemporáneas y articulación con movimientos sociales, evitando la estetización despolitizada de vulnerabilidades.















