82Langebaek, Carl Henrik, Conquistadores e indios. La historia no contada, Bogotá, Penguin Random House Grupo Editorial, 2023, 428 pp.Medina, Cristián, Ángel Soto y Erna Ulloa (Editores), La política exterior chilena en la transición a la democracia, Santiago de Chile, Universidad Católica de la Santísima Concepción, Universidad San Sebastián, Ril Editores, 2022, 241 pp. 
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Tzintzun. Revista de estudios históricos

 ISSN 2007-963X ISSN 1870-719X

Tzintzun. Rev. estud. históricos  no.82 Michoacán jul./dic. 2025   30--2025

https://doi.org/10.35830/97a67p20 

Reseñas

Orduña Carson, Miguel y Alejandro de la Torre Hernández (Coordinadores y Editores), Educación primero al hijo del obrero: propuestas y experiencias educativas para los sectores populares en México, siglos XIX y XX, México, Secretaría de Cultura, Instituto Nacional de Antropología en Historia, 2024, 200 pp.

María Dolores Lorenzo Río1 
http://orcid.org/0000-0002-8972-7956

1Instituto de Investigaciones Históricas Universidad Nacional Autónoma de México

Orduña Carson, Miguel; de la Torre Hernández, Alejandro. Educación primero al hijo del obrero: propuestas y experiencias educativas para los sectores populares en México, siglos XIX y XX. 2024. Secretaría de Cultura, Instituto Nacional de Antropología en Historia, México: 200p.


Las pesquisas de largo aliento suelen convertirse en historias originales y este es el caso del libro que coordinaron Miguel Orduña y Alejandro de la Torre. Es un libro corto y bien escrito producto de años de investigación. Los autores y las autoras de esta obra han trabajado juntos para que la rigurosa investigación de estos seis ensayos llegue a ustedes en un formato ameno y ágil. Las páginas de esta compilación son el resultado de las discusiones del Taller de Cultura Obrera de la Dirección de Estudios Históricos del INAH. La narración nos conduce por una historia que revisa lo que ha sido la trayectoria de la experiencia pedagógica y la manera en que la educación se ha convertido en un derecho, una demanda y una obligación. Nos muestra la forma como, desde finales del siglo XVIII, los grupos populares la percibieron como un medio para ascender socialmente y ocupar un lugar digno en la sociedad. Así, Miguel Orduña Carson y Alejandro de la Torre Hernández incitan a reflexionar con un espíritu crítico sobre los esfuerzos, las ideas y los proyectos históricos relacionados con la educación entendida como una forma de justicia social destinada a los sectores más desfavorecidos.

Los textos cuentan historias entretenidas y llenas de acción. Están organizados de manera cronológica, lo que permite al lector ubicar la evolución de las perspectivas pedagógicas en el país. Los capítulos se articulan en torno a ejes que los autores han identificado, enfocándose principalmente en proyectos localizados en la Ciudad de México y sus alrededores, sin dejar de lado ejemplos emblemáticos de la educación racionalista en Yucatán.

Aunque los casos de estudio están basados en México, reflejan una sociedad estrechamente relacionada con los ideales educativos ilustrados que surgieron a principios del siglo XIX y que fueron cambiando al olor de las transformaciones de la economía y la política del mundo occidental. Los contextos conectados por el problema de la educación son la vía para que los autores del libro exploren diferentes enfoques sobre aquello que debía ser formativo para la clase trabajadora. Algunos proyectos dan cuenta del fracaso o del éxito efímero, pero los historiadores y las historiadoras reconocen las hazañas de los sujetos sociales en los proyectos que realizaron, según sus circunstancias, como metodistas o anarquistas, desde su carácter de empresarios y católicos o como parte del Estado o sus detractores. Siguiendo las propuestas de cada autor, los promotores de los proyectos educativos utilizan sus recursos para disciplinar y emancipar a los sectores populares en México y para dar respuesta a los valores y a las necesidades de cada contexto. De esta manera, vemos que, ante las carencias y las necesidades de un amplio sector de la población, emergen propuestas caritativas y progresistas, así como caminos permeados del triunfante pensamiento liberal.

Otro mérito que nos acerca al libro es que sus contenidos nos ayudan a entender los múltiples significados de la educación. A la par de los cambios políticos y económicos del siglo XIX, el libro señala como estas impactaron en los proyectos educativos pensados para los sectores sociales desfavorecidos. A diferencia de la perspectiva oficialista que a menudo glorifica el papel del Estado, los autores y las autoras presentan una realidad más plural y diversificada de lo que realmente fueron las experiencias pedagógicas. Esta viveza en las historias es lo que nos impulsa a querer seguir leyendo capítulo tras capítulo.

El panorama del libro es extenso, diría yo que trata temas tradicionales como el del proyecto nacional, la secularización y la relación entre formación y empleo; pero también hallamos diferentes versiones de la secularización porque se consideran las disidencias de los metodistas y sus proyectos, los anticlericales y los librepensadores; con esto, podemos ubicar la idea del bien común conectada a los proyectos pedagógicos en sus versiones radicales, conservadoras y moderadas. A lo largo del texto, vamos apreciando de qué manera los hombres y las mujeres de los siglos XIX y XX concibieron la difícil tarea de educar al ciudadano ideal, remediar la pobreza de los individuos o inculcar hábitos como el ahorro y la disciplina de trabajo para el mercado. Por supuesto está presente la lucha por los derechos individuales y la construcción de una identidad de género y de clase. Los textos desatan el significado de la emancipación intelectual y la formación de valores, que fueron respaldadas por diversos actores, incluyendo al Estado, la Iglesia y a los particulares. También se exploran enfoques autodidactas en contraste con aquellos que enfatizan el control y la disciplina.

Pese al variopinto panorama que exploran quienes escriben el libro, la educación indígena está apenas señalada, con lo cual quedan a deber algo a la investigación sobre los proyectos que centraron su atención en los grupos indígenas, pero la crítica vale como propuesta para futuras investigaciones que interpelen las miradas triunfalistas o victimizadoras de estos grupos de la población en México y sus proyectos educativos.

En mi opinión, el espíritu crítico que muestran los capítulos en sus interpretaciones sobre la experiencia pedagógica es otra motivación para leer el libro. Urdir opiniones críticas en la narración histórica no siempre es fácil, más bien, lo contrario. Muchos libros de historia describen el pasado, pero desaprovechan los contextos y las experiencias de las personas y los grupos para explicar, cuestionar y repensar nuestro presente. En cambio, el libro que nos convoca quiere mostrar cómo la gente actúa y reelabora las formas ilustradas de la pedagogía a lo largo del siglo XIX. Asimismo, se acerca a la manera en que se construyeron los hitos pedagógicos del siglo XX. Y en el devenir de la historia, el libro va perfilando cuestionamientos tales como si el Estado debe ser el único interventor en la educación de las familias o bien se pregunta si la formación de los grupos populares tiene implícito una impronta clasista o reflexiona sobre el tema de cómo la sociedad se enriquece de la diversidad de experiencias pedagógicas.

Las respuestas que encontrarán al leer cada capítulo surgen de un análisis riguroso del pasado y propician reflexiones sobre el presente con lo cual confirmamos que la historia de la educación obrera está en constante renovación. Las autoras y los autores se comprometen a examinar las ambivalencias de una sociedad que busca respuestas frente a la explotación, la miseria y la ignorancia. Los hallazgos son diversos, entre otros, destacamos que el Estado no tiene el monopolio de la educación y frente a las versiones de una historia unívoca, el libro da cuenta de que existen múltiples proyectos educativos que interpretan la modernización a través del orden, la moral y la decencia. Los trabajos no están desprovistos de conceptos y categorías, a lo largo del texto se desarrollan binomios conceptuales como el de educación y libertad, educación y conciencia de clase, educación y emancipación o bien, con mayor complejidad, se analizan las relaciones entre la educación, el bienestar, la movilidad social y el control ejercido sobre los grupos populares en el marco de las culturas liberales y las sociedades capitalistas.

Es un libro cargado de datos interesantes sobre la historia social de la educación en México. El primer capítulo introduce la influencia de dos ideas fundamentales en los proyectos educativos dirigidos a la clase trabajadora: la emancipación intelectual y la disciplina moral. De este se encargan Miguel Orduña y Alejandro de la Torre. Por su parte, Erika Iliana Sánchez Rojano presenta un estudio sobre dos iniciativas educativas en el Estado de México, específicamente en Tlalmanalco. Estos proyectos surgieron para atender las necesidades vinculadas a dos importantes industrias locales: una fábrica de papel y una de textiles en Miraflores. La particularidad de estos proyectos radica en que están inspirados en el metodismo y fueron patrocinados por los empresarios de dichas fábricas en pleno contexto de las discusiones de la libertad de culto.

Delia Salazar Anaya analiza el éxito de las escuelas de contabilidad a mediados del siglo XIX, las cuales ofrecían a sus estudiantes garantías de inserción en el mercado laboral, preparándolos para desempeñarse en papeles como tenedores de libros bancarios y comerciales. Los proyectos educativos, impulsados por profesores españoles, franceses, ingleses y antiguos comerciantes, respondieron a la expansión comercial y a la codificación del comercio, el desarrollo de las finanzas y el surgimiento de nuevos oficios. El texto es un delicado recorrido por locales y pequeñas escuelas de maestros-comerciantes.

Ana Rivera Carbó examina la influencia del pedagogo catalán Francisco Ferrer en México y muestra cómo sus ideas anarquistas impactaron los congresos pedagógicos en Yucatán. El texto nos habla de esta recepción entre los reformistas americanos que buscaban una educación emancipadora y libre de influencias eclesiásticas. Un espléndido artículo que explora el arraigo de las ideas progresistas del anarquismo en México.

Imelda Paola Ugalde aborda un aspecto poco tratado en la historiografía de México, quizá, porque como ella señala no se considera parte de la educación formal, pero es un aspecto significativo en las demandas de las clases trabajadoras: el derecho a la pereza, en palabras del yerno de Marx, Paul Lafrage es un hito en la búsqueda de esparcimiento y cultura para los trabajadores que se incorporó como parte de una educación integral y construyó la agenda de la burocracia asistencial en los años treinta en México. La educación ha servido como un medio para el control social y la exclusión de las clases populares, María Eugenia Sánchez Calleja, analiza la lógica de la formación en las correccionales, como lo ha venido haciendo a lo largo de sus investigaciones; en este ensayo, la autora muestra como el Estado interviene para detener la delincuencia infantil y revela los prejuicios que han forjado la sujeción de los desfavorecidos so pretexto de moralizar y transformar los destinos de los jóvenes en México.

En el último capítulo, Gabriela Riquelme Alcántar y Leticia Fuentes Vera estudian el internado mixto de Coyoacán durante el cardenismo. Este experimento educativo se enfocó en la formación de jóvenes campesinos y evidencia tensiones de clase y género. Una aguda mirada muestra los enfrentamientos sociales entre los verdaderos internos y los hijos de las personas que llegaban por recomendación e influencias para dar cuenta de la vida material de las internas y los internos, hacinados en cuartos y talleres en los que, si bien pululaba la precariedad, también se brindaba una manera de subsistencia y una expectativa de incorporación al trabajo.

A partir de esta breve mirada, espero haber mostrado que es un libro con varios niveles de lectura y muchos referentes históricos, entre ellos, la tragedia del incendio del internado de Coyoacán en el que fallecieron muchas mujeres que permanecieron encerradas porque las autoridades aseguraron la separación de los sexos, pero no lograron sacarlas del edificio en llamas; también están presentes las voces de los defensores de la escuela racionalista que se suscribieron a la obra pedagógica de Ferrer, el martir de Monjuic, y enardecen la crítica a cualquier imposición autoritaria, a las injusticias derivadas del capitalismo industrial y la enajenación religiosa, así como su constante elogio a la libertad y a la razón como medios para la emancipación de la humanidad.

Todos los niveles de lectura nos vinculan irremediablemente al significativo título “Educación primero al hijo del obrero” que evoca un reclamo social que desafía la opresión y la desigualdad en el acceso a la educación. En fin, por su sencilla complejidad este es un libro que invita a la lectura. Es un libro corto y sencillo de leer, su lenguaje no es pretencioso ni su estructura es intrincada, y sin embargo guarda, una gran historia llena de personajes y sociedades que, de forma atractiva, entreveran las historias del pasado con los problemas de un presente que demanda urgentemente una versión crítica de la pedagogía y la educación

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