introducción*
En 1978 Deng Xiaoping cambió el rumbo político de la República Popular China (RPC), llevándola hacia un camino en el que se combinaban la modernización del país y su reinserción en el sistema internacional, con el objetivo de reorientar a China dentro de la Gran Estrategia adoptada desde 1949.1 Dicho viraje conllevó a una profunda transformación en la agricultura, la industria, el ejército, la ciencia y educación, reformas que son conocidas ampliamente como las cuatro modernizaciones; mientras que en política exterior buscó la reinserción de la RPC en el sistema internacional, dinamizando las relaciones políticas y económicas con regiones como América Latina, con las que el contacto había sido prácticamente inexistente. En consecuencia, en China inició un periodo de crecimiento sin precedentes que modificaría las relaciones políticas y económicas globales.2
Dentro del proyecto dengxiaopinista estaban vinculados no solo los sectores estratégicos del estado, sino también algunas áreas aparentemente insignificantes por su escaso desarrollo —como la del turismo— fueron dotadas de un renovado interés. El impulso a esta industria fue anunciado en enero de 1978 durante una conferencia sobre el tema en Beijing, donde se señaló que desde este sector podían provenir las divisas necesarias para financiar las cuatro modernizaciones;3 el nuevo modelo turístico que de allí surgió lo podemos considerar como “de mercado” y reemplazó al “turismo político” que privilegiaba el uso diplomático e ideológico de los viajes, usual durante el maoísmo.
Si bien los objetivos económicos del turismo eran dominantes en una sociedad que iniciaba un proceso de apertura del mercado en algunas zonas, no se puede obviar que el desarrollo de esta industria también vino acompañado de un notable interés del gobierno por generar un impacto positivo en los visitantes. Este propósito se vio reflejado en la creación de una agenda para la promoción del sector por parte de la diplomacia pública china4 que se valió del turismo como un recurso de poder blando,5 capaz de repercutir en la opinión pública internacional.6 Es por la presencia de estos elementos que sugerimos acercarnos al turismo como un proyecto tanto económico como diplomático, pues es este vínculo acompañó el proceso de fortalecimiento de las relaciones de la RPC con distintos gobiernos —entre los que destaca el mexicano— por haber sido el primero en la región con el que China firmó acuerdos de cooperación turística y cultural en el marco de la visita oficial hecha a este país por el presidente José López Portillo (1976-1982) en octubre de 1978.7
El que fuera a través del turismo que se intentara fortalecer los vínculos entre China y México nos muestra los intereses que esta industria jugaba dentro de la Gran Estrategia de la RPC, en el éxito en la promoción de las cuatro modernizaciones y en el acercamiento a culturas prácticamente desconocidas hasta ese entonces.8
En esta lógica, consideramos que el establecimiento de acuerdos turísticos y culturales no son un hecho aislado, por el contrario, respondieron a una estrategia que le ayudaría eventualmente a China a fortalecer su presencia internacional al tiempo que le permitirían al país lograr las divisas necesarias para impulsar las cuatro modernizaciones. El acercamos a la industria del turismo más allá de la captación de capitales nos lleva a la relación entre la diplomacia pública y la reinserción de la RPC en el sistema internacional; sugerimos que a través de estudiar la relación sino-mexicana es posible comprender el papel que tuvo el turismo dentro de la Gran Estrategia china tras su relanzamiento de 1978.
A consecuencia de lo anterior, nos preguntamos si a partir de un enfoque deductivo como el que hemos desarrollado, es posible demostrar que la diplomacia pública china buscó impactar en la opinión pública de terceros países a través del turismo, bien sea por medio de la figura del viajero invitado por instancias gubernamentales o a través del visitante común. Nuestra hipótesis es que, indistintamente del perfil de los turistas, el gobierno chino buscó presentarles una imagen de la RPC acorde al espíritu de las reformas económicas y la apertura cultural de Deng, donde la diplomacia pública actuó para formar una imagen positiva del país entre los visitantes, quienes una vez de vuelta en sus países de origen ayudarían a crear un marco favorable a las relaciones con la RPC, tal y como se dio en el caso de México.9
Para sostener el anterior supuesto hemos reconstruido dos itinerarios de viaje realizados en la RPC en los albores de la apertura: uno, es el recorrido del director del diario ExcelsiorRegino Díaz Redondo, quien fue invitado por la agencia estatal de noticias Xinhua a realizar un viaje por varias ciudades chinas en compañía de su esposa durante la primavera de 1978. El segundo caso es el del profesor Raúl Arreola Cortés quien —junto a su esposa— compró un paquete turístico a China en el verano del mismo año, cuyas impresiones consignó en un diario de viajes. El contraste entre la mirada de estos dos visitantes, un invitado oficial y un turista convencional, nos permitirá explorar la forma en que el poder blando puede actuar a través del turismo para impactar en la opinión pública internacional en favor de las posiciones políticas y económicas chinas.
Los objetivos de la investigación son tres y su desarrollo se corresponde con las partes que conforman el presente artículo. El primero, es explicar el impulso dado por China a la industria del turismo como parte de una relación entre economía e ideología en el marco de las cuatro modernizaciones; el segundo, es explorar el impacto que tuvo la visita a la RPC en Díaz Redondo y en Arreola Cortés como parte de la diplomacia pública china; el tercero, es valorar la importancia que tuvo la diplomacia pública en la Gran Estrategia china y cómo ésta se reflejó en la agenda bilateral tratada en la visita a China de López Portillo.
Por último, para sostener los objetivos de esta investigación, además de la revisión bibliográfica y de la prensa de ambos países también hemos consultado los editoriales escritos por Díaz Redondo en Excélsior, cuyo tiraje está disponible en la Hemeroteca Nacional de México; la correspondencia de la Embajada de México en Beijing, depositada en el Archivo Histórico “Genaro Estrada” de la Secretaría de Relaciones Exteriores; y el Archivo Histórico Documental “Dr. Gerardo Sánchez Díaz” del Instituto de Investigaciones Históricas de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, donde está resguardado el diario de Arreola Cortés.
la modernización económica y la reinserción en el sistema internacional como parte de la gran estrategia china
En la década del setenta se fraguaron las circunstancias que decidirían el final de la Guerra Fría10 y entre las transformaciones de estos años se creó el marco para la reinserción de la RPC en el sistema internacional, mismo que fue acordado tras una serie de reuniones entre los gobiernos de Washington y Beijing.11 La alianza geopolítica que se formó entre ambos países comenzó con un levantamiento de las sanciones estadounidenses al comercio de bienes no estratégicos12 y terminó con el reconocimiento diplomático a China en 1979, que en últimas llevó a romper con la estructura del mundo de posguerra dando inicio a un sistema tripolar;13 las razones detrás de la asociación Sino-Estadounidense respondieron a una serie de factores.
Por una parte, en el momento del encuentro entre Kissinger y Zhou Enlai en 1971 la RPC se hallaba en el cénit de su aislamiento, pues, mientras seguía sin ser apenas reconocida por occidente, también se encontraba aislada del bloque socialista por los conflictos con la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) —que habían pasado de los diferendos ideológicos a las escaramuzas militares— con el riesgo latente de una escalada entre potencias nucleares tal y como demostró el incidente de la Isla de Zhenbao en 1969. La debilidad china en política internacional no era más que el reflejo de la tensa situación interna tras más de una década de agitaciones iniciadas con las políticas voluntaristas del Gran Salto Adelante (1958-1962) sucedidas por la Revolución Cultural (1966-1976), cuyo resultado más notable fue la debilidad económica y la crisis institucionalidad al sumir regiones enteras de la RPC en el desgobierno; la historiografía oficial china valora negativamente este periodo afirmando que durante estos años “el caos se apoderó del país”.14
Ahora bien, si fueron estas condiciones las que movieron a los chinos a favorecer el inicio de contactos con Washington, es necesario añadir que en esta coyuntura la potencia norteamericana también necesitaba con urgencia realizar un control de daños del descalabro sufrido en Vietnam; según Arrighi, el acercamiento a China fue el camino seguido por los estadounidenses para no mostrarse como una potencia derrotada en Asia.15 El anterior fue un movimiento estratégico, pues asociarse con la RPC no solo significaba establecer una alianza con la nación más populosa de la tierra sino también con el gobierno más decididamente antisoviético del mundo, quizá con la excepción de los propios Estados Unidos. Por tanto, la visita de Nixon a Mao en Beijing en febrero de 1972 fue vista como un triunfo para ambos líderes.
El acercamiento se dio en un contexto en que los aliados regionales de Washington en Asia comenzaban a experimentar un significativo crecimiento de su riqueza. Por citar solo los casos de Japón y Corea del Sur, cuyas economías también habían sido arrasadas por las guerras, entre 1961 y 1970 habían presentado crecimientos del PIB en torno al 10,17% y el 9,56% respectivamente; cifras que duplicaban el 4,96% de la RPC en el mismo periodo.16 La anterior es una diferencia que se agrava si consideramos la reprimarización sufrida en varios sectores de la economía china tras los fallidos experimentos sociales de la última década.17 Por último, vale la pena mencionar que por estar del lado estadounidense de la Guerra Fría —tanto los gobiernos de Tokio como de Seúl— tenían acceso al mercado norteamericano, así como a su capital financiero y a algunos avances tecnológicos.
Los sorprendentes logros económicos de estas economías, particularmente de la japonesa, incidieron para que la RPC viera en el nipón un modelo de desarrollo a imitar;18 esta fue una de las razones sopesadas por Beijing a la hora de iniciar negociaciones para la normalización de las relaciones diplomáticas entre Beijing y Tokio, mismas que se formalizaron el 29 de septiembre de 1972.19
Como hemos afirmado en otros espacios, la Gran Estrategia de la RPC desde su fundación buscó pasar la página del siglo de humillaciones20 a través de la modernización económica del país; es en este sentido que una eventual alianza con occidente –con Japón y, sobre todo, con los Estados Unidos– podía ayudar a conseguir este objetivo, pues la relación comercial con la dinámica economía norteamericana se había mostrado beneficiosa para los vecinos capitalistas de China.
Este proceso de acercamiento a occidente que había iniciado con Mao Zedong21 se aceleró tras su muerte el 9 de septiembre de 1976, lo que desencadenó una serie de pugnas por el poder entre los maoístas y los moderados que terminó con la cancelación de la Revolución Cultural, el arresto de la “Banda de los Cuatro” y el nombramiento de Hua Guofeng como presidente del Partido Comunista de China (PCCH). No obstante, durante los siguientes meses Hua sería gradualmente despojado de su poder real —para acabar siendo relegado a un papel simbólico— mientras que el poder real era ejercido de facto por el pragmático Deng Xiaoping, quien desde finales de 1977 ejercía una gran cuota de poder que acabaría por consolidar en diciembre de 1978.22 De forma deliberada Deng no buscó condenar el legado maoísta sino solamente a sus intérpretes más radicales, a los que se responsabilizó por los excesos de la revolución cultural;23 fue tras recuperar plenamente el control político del país en 1978 que iniciaron formalmente las cuatro modernizaciones.24
Para adelantar estas reformas era necesario promover transformaciones no solo en materia económica sino también de tipo ideológico que justificaran el acercamiento a Washington, lo que significó replantear la teoría de los tres mundos —paradigma hasta ese entonces dominante en las relaciones internacionales chinas— que dividía el planeta en tres esferas: la primera, conformada por la URSS y los EE.UU., que eran las potencias imperialistas; la segunda, los países de Europa occidental y Japón; y la tercera, los países en descolonización y los que se encontraban en condiciones de subdesarrollo. Dicho paradigma, de acuerdo con la lógica maoísta, se regía por la ley de la contradicción principal que marcaba a los EEUU como al mayor antagonista del orden y la paz mundial, y por tanto era en oposición a sus intereses que debía darse la estrategia del frente unido.
Es en la interpretación de la contradicción principal donde a nuestro parecer se presenta el cambio más significativo en las relaciones internacionales chinas del periodo, pues para justificar la cercanía con los EE.UU. desde la RPC se alteró el orden de la ecuación, pasando a considerar al “hegemonismo” (sic) de la URSS como la principal contradicción para la humanidad y con ello a constituir un frente amplio en su contra que incluía a Washington.25 Las razones para este cambio no están únicamente en la necesidad de Beijing de fortalecer sus lazos económicos con los EE.UU., sino también en la obligación de protegerse frente a lo que ellos percibían como la amenaza que el expansionismo ejercido en sus fronteras, al norte por medio del Ejército Rojo y al sur, a través de la República Socialista de Vietnam.26
La búsqueda de la paz, o lo que la diplomacia china llama del antihege- monismo, fue lo que allanó el camino para el establecimiento de acuerdos políticos y económicos entre la RPC y Japón. Estos mismos son los que sentarían un precedente para el fortalecimiento de las relaciones culturales y económicas de China con otros países occidentales y fue lo que llevó a que el país comenzara a prepararse para el contacto con otras sociedades y para la llegada masiva de visitantes.
Revisando con detenimiento los acuerdos firmados con Japón, después de 1972 podemos ver cómo dichos tratados bien podrían ser considerados como un piloto de los intereses en materia de turismo que traía la China de Deng. Así, por referir un ejemplo, desde el momento en que se normalizaron las relaciones entre ambos países se planteó la negociación de un convenio sobre la aviación civil para recibir vuelos desde Japón; pues, la aviación comercial china se encontraba en una fase rudimentaria tanto en materia de carga como de transporte de pasajeros. Fue esta necesidad la que llevó a que dicho acuerdo finalmente se estableciera en 1974.27
Si este acuerdo facilitó la llegada de la aviación comercial, tras la conferencia nacional de turismo en Beijing de 1978 se resolvió facilitar los trámites para los visitantes y permitir la existencia de agencias de viaje privadas. Así, cuando en febrero siguiente se dio la firma de un acuerdo comercial con Japón ya se contaba cuando menos con una serie de adecuaciones institucionales que facilitarían la recepción de pasajeros. Todas estas iniciativas prepararon a China, país históricamente receloso con la presencia de extranjeros, para que comenzara a recibir turistas.
Las cifras no dejan mentir, solamente en este año de 1978 se recibieron 530.000 turistas, la misma cantidad de visitantes que habían recibido en los 24 años anteriores. Lo anterior nos permite afirmar que el modelo turístico de mercado tuvo en poco tiempo una fuerte acogida, pues en menos de un lustro se pasó de que fueran unas pocas poblaciones a más de un centenar las ciudades habilitadas para recibir a los visitantes; lo anterior llevó a un rápido desarrollo de infraestructuras para el turismo en las regiones favorecidas por la apertura, principalmente del este de China. Estas cifras son, por decir lo menos, impresionantes para un país que no tenía ninguna experiencia con este tipo de industria;28 las guías de viaje comenzaron a circular en inglés y japonés mayoritariamente, y de forma simultanea aparecieron servicios de traducción en estos idiomas, así como rutas de autobuses y adecuación de trenes para los “amigos extranjeros”.29
Si bien el objetivo de captar divisas siempre estuvo ligado a la promoción del turismo 30 no podemos pasar por alto que su anuncio vino acompañado de una campaña que mostraba a la china como una sociedad que quería abrirse al mundo y no solo en términos económicos o de intercambio comercial, sino que extendía una invitación a quienes quisieran conocerla por dentro; esta situación habría sido impensable hace menos de un lustro.
Pese a las grandes posibilidades económicas que brindaba el desarrollo de este sector no todos los actores políticos del país estaban de acuerdo con la promoción del turismo, pues los reductos de “la banda de los cuatro”31 se oponían a la promoción de dicha industria alegando que “desarrollar el turismo era servir a la burguesía y denostaron la publicación de álbumes de lugares escénicos y monumentos culturales como restauración del antiguo orden”32 en alusión a los folletos y guías de viaje que comenzaban a ser promovidos fuera de China, pues según los ultraizquierdistas en ellas se promocionaban lugares de la época imperial que habían sido asociados hasta hace poco al espíritu confuciano de los “cuatro viejos”33 y que ahora se buscaban presentar como la imagen de la RPC.
La respuesta dada por el gobierno chino se hizo pública a través del Peking Review, donde se alegaba que la industria del turismo ya había sido establecida bajo el gobierno y el liderazgo de Mao con la esperanza de que se desarrollara en el futuro, pasando a señalar que en las últimas dos décadas se habían recibido turistas de más de sesenta países.34 Aunque es verdad que durante el gobierno de Mao hubo visitantes en la RPC es necesario matizar esta afirmación, pues la inmensa mayoría de los visitantes que llegaron a la RPC en esos veinte años fueron turistas políticos, personas que simpatizaban con el maoísmo y que llegaron al país ya fuera con el objetivo de aprender sus formas revolucionarias o porque hacían parte de la compleja red de la diplomacia cultural con la que Beijing mantenía cierta presencia informal en distintos países. Lo cierto es que el nuevo perfil del visitante buscado por Deng era uno muy distinto del de la época del “turismo político”, pues el interés que primaba ahora era el de traer divisas y dado que el visitante esperado no guardaba necesariamente simpatías con el régimen socialista, después de unos días por los lugares icónicos del país, pudiera llevarse una imagen distinta de China.
Como vemos, el desarrollo de este sector no solamente cambió políticas económicas o impulsó la modernización de infraestructuras, sino que también pasó a ser una herramienta usada por la diplomacia pública china en el marco de su estrategia de apertura internacional. Este juego fue evidente al establecer vuelos comerciales con ciudades de países con los que se buscaba fortalecer las relaciones35 o al facilitar la visita de la diáspora a sus familiares en la china continental, al tiempo que fue usada como un mecanismo para establecer canales de comunicación con Taipéi para fijar una política de visados36 con el doble objetivo —al igual que con Japón— de facilitar la inversión de empresas taiwanesas en la RPC. No obstante, el turismo también fue una herramienta de la diplomacia pública china para fortalecer las relaciones ya existentes, como lo demuestra el caso mexicano.
turismo y diplomacia pública: las visitas de Díaz Redondo y Arreola Cortés
Desde el establecimiento de relaciones entre ambos países el 14 de febrero de 1972 el tratamiento que el gobierno chino daba a México era amistoso y así se reflejaba en la prensa de este país. A decir del diplomático mexicano Jaime Soriano Bello, las noticias presentadas en los tres medios oficiales que circulaban en China “oscurecen cualquier referencia negativa a un país amigo como el nuestro”.37 Al margen de las visitas de alto nivel, el que en 1975 México hubiera recibido osos panda como parte de la buena voluntad en las relaciones entre ambos países, al tiempo que instalaba equipos para la proyección de cine en su embajada en Beijing,38 muestra que la simpatía era ciertamente compartida a altos niveles de gobierno.
Empero, para el año de 1978 la RPC tenía intereses que iban más allá de la búsqueda de la simpatía y que, como vimos con Japón, pasaban por la necesidad de fortalecer los lazos comerciales, la capitalización, el intercambio tecnológico y el apoyo a su postura política internacional. En este sentido debe leerse la invitación que el gobierno chino extendió a Regino Díaz Redondo (1934-2018) —director del Excelsior— pues su estadía en el país alternaba la visita a Beijing, Shanghái, Hangzhou y Guangzhou, con una serie de reuniones con sus anfitriones para tratar asuntos relacionados con las áreas de interés chinas. La elección de Díaz se debió a su influencia política, pues su periódico no solo era uno de los más importantes del país sino que tras un polémico giro editorial se convirtió en un diario cercano a los intereses del gobierno mexicano.39
La visita de Díaz comenzó el día 3 de abril de 1978 en Beijing y al día siguiente se ofreció una cena en su honor organizada por el subdirector de Xinhua, Mu Qing; también asistieron a cinco periodistas chinos que estaban próximos a visitar México, entre los que destacaba un representante del Rénmín Rìbào, periódico oficial del PCCH. Mientras que la delegación mexicana la completaron el ministro consejero y el embajador, Omar Martínez.
Al poco tiempo se dio otra reunión en el Gran Palacio del Pueblo, donde el director del Excelsior fue recibido por uno de los fundadores de la RPC: Geng Biao (1909-2000). El que un cuadro de su categoría oficiara la recepción deja clara la importancia que este encuentro tenía para la diplomacia del país, pues Geng después de servir largamente como embajador40 había regresado a China donde ayudó a consolidar el poder de los moderados. Como hombre de confianza de Deng fue nombrado como vicepremier encargado de varios sectores: las relaciones internacionales, la industria militar, las líneas aéreas civiles y el turismo; es decir, en las áreas estratégicas de la diplomacia pública china y del proyecto modernizador, tareas donde fue asistido por un joven Xi Jinping que comenzó junto a Geng su carrera política.41
La reunión trató sobre temas relacionados con la Gran Estrategia de China: modernización y antihegemonismo, en la que Geng se dispuso durante una hora a responder “las preguntas que le planteara el director general de Excelsior”. De los temas tratados en la reunión tenemos noticia gracias a la transcripción taquigráfica realizada por la embajada.42
Los argumentos dados por Geng para explicar los problemas para implementar las medidas modernizadoras se relacionaban con la herencia recibida de “la banda de los cuatro”, a la que acusó de no ocuparse de los problemas reales del país, pues a su parecer “ellos no se preocuparon en nada por la producción agrícola o industrial, o el transporte en el país. De lo que se preocupaban ellos en aquel entonces era en movilizar a los jóvenes estudiantes […] y luchar contra el partido” Para el vicepremier, el objetivo detrás de las acciones del ultraizquierdismo era restaurar el capitalismo en China y “para lograr este fin, lo primero que hacían era oponerse al desarrollo de la producción”.43 De este modo, Geng no solo justificaba la apertura y las reformas modernizadoras que se estaban adelantando, sino que además enfatizaba el rumbo que se quería tomar: para evitar la restauración del capitalismo, era necesario reforzar la producción.44
El segundo eje de la conversación fue sobre el hegemonismo, particularmente con la tensión latente entre la RPC y la URSS. Si bien Geng matiza la discusión excluyendo de ella al pueblo soviético, a sus gobernantes los acusa de practicar el imperialismo y cuestiona su credo comunista preguntándose “si la Unión Soviética fuera un país socialista ¿por qué deja durante largo tiempo tropas en países extranjeros?”. Esta crítica a la política exterior de la URSS la aterriza con varios ejemplos con los que pretende demostrarle a su interlocutor el interés expansionista soviético y le enumera una serie de países y regiones intervenidas militarmente por la URSS: Irán, Alemania, Hungría, Checoslovaquia, el “Cuerno de África” o Finlandia. El Vicepremier enfatiza la disputa que los soviéticos mantienen con Japón por una serie de islas del pacífico norte —las Kuriles— y opone su conducta con la de Beijing que no tiene “ninguna reclamación de territorio con ese país” lo que le lleva al tratado de paz negociado con Japón donde la única exigencia china es la firma de un acuerdo conjunto de oposición al hegemonismo, claramente enfocado a crear un frente antisoviético; de más está decir que detrás del establecimiento de una paz duradera está la esperanza de un mayor flujo de inversiones niponas hacia China.
La relación de atropellos de la URSS relatada por Geng, que incluía reproches desde su militarismo hasta embargos comerciales a China, fue interrumpida por Díaz quien le preguntó si los Estados Unidos no eran igualmente imperialistas y la respuesta de Geng se encaminó en el tránsito de la contradicción principal —que en esta coyuntura de 1978 está dejando de ser representada por Washington— señalando que “en los problemas internacionales, nosotros tenemos no pocos puntos de vista comunes” con los norteamericanos, en clara alusión a sus problemas conjuntos con la URSS. Finalmente señala el vicepremier que hay dos puntos que dificultan la normalización de relaciones entre China y los Estados Unidos: Taiwán y el embargo comercial que no ha sido totalmente levantado, para cerrar señalando que la solución a estos impases está “del lado norteamericano”.45
Las afirmaciones de Geng en la entrevista con el director del Excelsiortrazan en líneas generales los términos en que consistía la política internacional china en ese momento. Y en esta misma medida podemos deducir que el resultado esperado de esta reunión era que Díaz Redondo escuchara de primera mano las posturas chinas y su interés por acercse a occidente, lo que eventualmente podría llevar a que Díaz recogiera algunas de estas posturas en la línea editorial del Excelsior lo que eventualmente allanaría el camino entre la opinión pública mexicana para aceptar en buen grado una colaboración más estrecha con China.
Este trato más favorable se esperaba que se viera reflejado tanto en términos económicos y tecnológicos como políticos, particularmente en torno a la aceptación de la tesis china de que la primera contradicción de la humanidad era la Unión Soviética. México, por su tradición de liderazgo entre los países del tercer mundo, y por ser en aquel entonces no solo un cercano aliado de los Estados Unidos sino también la segunda economía más grande de América Latina, era visto como un país cuyo apoyo podría darle un mayor espacio a las tesis chinas en la región, además del interés que suponía incentivar las visitas de turistas mexicanos.46
Durante los meses siguientes a la visita de la familia Díaz Redondo aparecieron en el periódico Excelsior algunas notas alusivas a los intereses económicos de china comentados por Geng —como al interés chino en las semillas mexicanas para aumentar la producción de maíz— así como el atractivo que la tecnología petrolera mexicana despertaba en Beijing.47 Del mismo modo otros temas tratados en el Gran Palacio del Pueblo también ocuparon planos destacados dentro de la sección internacional del diario mexicano, donde la agudización de las disputas con Vietnam,48 el armamentismo de la URSS49 o de cómo su política exterior significaba un riesgo existencial para la RPC50 fueron temáticas que recibieron un importante cubrimiento dentro del periódico.
Estas posturas coincidían en mostrar a la RPC en cierta medida alineada con los intereses occidentales. Así mismo, en estos meses dentro del Excelsior comenzaron a aparecer noticias de interés cultural y turístico sobre China a través de notas como “Rehabilitan parques en Pekín” publicada en este periódico, que se centra en la restauración de parques y plazas del siglo XIV de los que comenta brevemente que “su cierre en 1970 se atribuyó a disimiles motivos. La versión oficial actual señala que la ‘banda de los cuatro’ lo utilizaba como lugar de recreación particular”; tras ser renovados estos espacios se invita a su visita.51
Estas notas sobre China y la recuperación de su patrimonio alternaban con avisos publicitarios de distintas agencias —como Rodríguez Viajes S.A. y Japan Travel Bureau— que publicitaban sus tures a oriente; la publicidad, como era de esperarse era particularmente positiva sobre las experiencias que otorgaría al viajero su visita a oriente. La primera de estas agencias describía el paquete turístico así: “26 días en la pintoresca, novedosa y progresista nación: Cantón, Shanghái y Pekín, incluyendo además lo mejor del Japón hospitalario. Enigmática China”.52 Adjetivos como “novedosa y progresista” hace solo unos meses habrían sido tan siquiera inimaginables para describir a China, indudablemente la diplomacia pública de este país había estado haciendo su trabajo.
En un contexto en el que, si bien ya se había descongelado la relación diplomática entre Beijing y Washington, todavía faltaban varios meses para su regularización situación que impedía que hubiera una gran afluencia de vuelos civiles hacia China, por lo que la presencia de aerolíneas que conectaban a China desde Japón seguía siendo durante el año de 1978 el principal medio de conexión para los turistas occidentales que deseaban visitar a la RPC. Las agencias de viajes anunciadas en el Excelsior hacen parte de aquellas que supieron aprovechar esta oportunidad de promocionar tures a China, anunciados en paquete junto a unos días en Japón; fue en uno de los viajes organizados por la agencia Japan Travel Bureau que la familia Arreola viajó a China en el verano de ese año.
El viaje de Raúl Arreola Cortés (1917- 2000) —historiador, profesor y rector de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo entre 1985- 1986—53 y su esposa Carmen Gaitán, a la que se refiere en el diario como Olán, se dio en los primeros meses de la apertura turística y fue durante los días del viaje que él escribió el diario donde relata su estancia en China.54
La visita se desarrolla en el periodo de transición entre el modelo maoísta y el de mercado donde los visitantes todavía cuentan durante su estadía de la compañía de un guía local, que al tiempo que hace de intérprete, les trae los documentos y el equipaje los acompaña en todo momento salvo cuando duermen, lo que hace que la experiencia esté fuertemente mediada por lo que el PCCH quiera mostrarles.55 El recorrido que los turistas toman lo hacen con una hoja de ruta, ya acordada de antemano entre el gobierno y la agencia de viajes, que lleva a los turistas a lugares icónicos de China—como la Muralla o los templos budistas— mismos que alternan con visitas a fábricas estatales y granjas colectivas.56 Los lugares visitados por la familia Arreola fueron los mismos visitados por Díaz Redondo y su esposa—Shanghái, Guangzhou, Hangzhou y Beijing—, sitios que buscaban mostrar la conexión entre la China vieja y la China nueva.
La China vieja sería lo anterior a la proclamación de la República Popular en 1949. Y allí encontramos sitios —como los templos budistas o los palacios imperiales— que se le presentan a los visitantes como anacrónicos, casi museísticos, donde los guías a la par de rescatar el valor artístico resaltan la gran cantidad de obreros que trabajaron en estas construcciones.57 De igual forma se resalta el papel de la “gran muralla china” como ejemplo de una obra colosal realizada por los chinos, su visita impacta a Arreola que llega a escribir en su diario que “No cabe duda que este pueblo sabe hacer las cosas en grande y la gran muralla representa el esfuerzo conjunto de la nación”. El mensaje que logra transmitir al visitante es claro, pues al resaltar el papel de los trabajadores dentro de la construcción de las grandes obras del pasado se habla de una grandeza histórica de la sociedad China, respaldada principalmente en sus trabajadores: las escasas menciones que Arreola hace a los emperadores contrastan con el énfasis puesto en los esfuerzos de los campesinos para adelantar las obras, percepción que coincide con la interpretación oficial del pasado chino del PCCH.
El recorrido también incluyó una visita al palacio de verano, destruido durante la Segunda Guerra del Opio en 1860, que es considerado en China como la representación simbólica de la barbarie en la que había caído el antiguo imperio y un recordatorio de la necesidad de un Estado fuerte y soberano, para evitar que esto vuelva a suceder.58
Un hecho que destaca dentro de los apuntes recogidos por Arreola es el lugar que ocupa la RPC dentro de desarrollo de China, que es la fase más avanzada de una larga tradición estatal. Esta idea pretende reforzarse en el Museo Nacional de China en Beijing, cuya exposición parte de los hallazgos del yacimiento de Zhoukoudian cuya pieza principal es el Hombre de Pekín59 y se cierra con una explicación de las fases por las que ha atravesado la humanidad que pasando de la caza-recolección culmina en el socialismo científico en proceso de construcción de comunismo, es decir: el presente de China.60
La construcción de esta historia rescata a su paso la figura de los líderes populares y las rebeliones campesinas, tan importantes en la historia nacional como la invención de la pólvora o la brújula; el cambio en la concepción de la historia pasa por rescatar este tipo de líderes campesinos para ubicar las bases populares de la RPC lo más lejos posible en el tiempo, cimentando su carácter social en el descontento con las administraciones del Celeste Imperio. Por último, dentro del relato que nos presenta Arreola Cortés sobre la museografía del Museo Nacional tampoco aparece mayor alusión a los emperadores.
Estas visitas tanto a los monumentos históricos como a las exposiciones museísticas sirven también como un puente que conecta con las obras pasado con las del presente, señala que cuando volvían de la Muralla China “llegamos a la zona de las tumbas de la dinastía Ming […] Entramos por un hermoso pórtico de mármol blanco, que da acceso a la zona de tumbas. Cerca de aquí Mao y Zhou Enlai trabajaron personalmente con los obreros para la construcción de una presa”.61
El esfuerzo por diferenciar entre el liderazgo de la China vieja y la nueva saltan a plena vista, para reforzar esta misma impresión están diseñadas las visitas a las escuelas populares, granjas comunitarias, hospitales y fábricas estatales en donde eran recibidos y atendidos por miembros del PCCH; lo interesante es que dentro de estas visitas a las comunas se intentaba mostrar a los turistas como complementarias el desarrollo de la producción y la educación siendo a su vez parte de un proyecto para lograr una mejor expectativa de vida para los campesinos. En el diario diario relata la visita a un barrio obrero del que destaca la organización de su sistema de salud, el papel de los médicos descalzos, el rol de las mujeres que “antes de la liberación” no tenían otro oficio que atender el hogar y ahora se organizaban en fábricas. 62 El proyecto de liberalización económica de Deng Xiaoping comienza ya a hacerse presente de a poco en algunos relatos de la vida cotidiana de los barrios de Shanghái visitados por Raúl Arreola y Carmen Gaitán:
Visitamos una vivienda. Estaba un matrimonio, la casa de ladrillos, pero el piso de lo que pudiera llamarse sala era de tierra apisonada, las divisiones de la vivienda eran de tabla, con papel común pegado, tiene 3 recámaras o sea pequeños cuartos con camas adosadas a un muro, con mosquiteros, las piezas son de cemento, en el momento que entramos el señor tenía en la lumbre unas semillas de girasol y les deba vuelta en una cazuela. Muy pobre todo. La señora nos dijo que tiene 5 hijos, uno de ellos en la universidad, 3 casados (nos mostró fotos de familia) y solo uno soltero. Salimos, afuera estaba un gato y unas gallinas, unos niños nos miraban con asombro, seguramente eran nietos de la señora. Sus calles se parecen a los callejones de nuestros ranchos.
Había una casa de dos pisos, de ladrillo, en construcción, y Chou dijo que ese campesino había ganado más este año y estaba construyendo su casa de mejores materiales. Nos despedimos de ella y regresamos a la ciudad. En el camino, durante el recorrido por la comuna vimos a toda la gente trabajando.63
Las referencias al hijo universitario que hablan de la restauración de los estudios superiores después de la Revolución Cultural, así como la descripción del campesino “que había ganado más ese año” habla del cambio en la estructura agrícola de la tierra, con lo que vemos dos de las cuatro modernizaciones actuando en una sola imagen. Y la comuna, en ella se entrevistan con Chou Siao-Sia que es la encargada de ésta “la más grande de las 120 que hay en Shanghái” y que con una metáfora expone el camino seguido desde el inicio de la República Popular China en 1949 hasta ese momento. Arreola transcribe lo que Chou le dice:
El camino que siguieron se caracterizó por un símil revelador de la sabiduría oriental, de un gran poder de síntesis: si para cruzar un río peligroso sólo se tiene un tronco de árbol para hacer un puente, el paso será inseguro y lleno de temores (eso hicieron los campesinos chinos en 1950, con su incipiente reforma agraria); si se cuenta con un puente de bambú, el camino es más seguro (eso fue el programa de ayuda mutua de 1952); si se construye uno de piedra hay más seguridad (el sistema cooperativista semisocialista, en que todos participaron en la distribución de los productos de 1954); si se hace el puente de cemento, mejor (el sistema cooperativista de tipo socialista superior); y mu- cho mejor si el puente se hace de oro (eso fue la comuna popular, de 1958). Ahora tienen como meta la elevación de la producción y la mecanización.64
Las loas a la modernización y al aumento de la producción reflejan fielmente lo que viene siendo el espíritu de las reformas de Deng que ya comienzan a impactar en la jerga de la población que, sin romper del todo con las etapas anteriores, se disponía en ese entonces a dar un salto que haría a China apenas reconocible cincuenta años después.
Creemos nosotros, que el recorrido turístico dado por la familia Arreola y cuyas principales paradas nosotros hemos presentado —mismas que coincidían con los lugares visitados por Díaz Redondo y su esposa— respondían al interés del PCCH por proyectar la imagen de una China en proceso de modernización, en una tensión constante entre pasado y presente pero en proceso de eyectarse hacia el futuro; además de la dinamización de la economía por el dinero invertido en el viaje y las compras realizadas por los turistas,65 queda una impresión que los viajeros se llevan de China y se espera que compartan entre los suyos, imagen que a juzgar por la experiencia de Arreola fue bastante positiva y que con seguridad comentaría con su círculo social perteneciente a la élite cultural de Michoacán; una idea semejante podemos hacernos de la experiencia de Díaz Redondo tras su viaje.
la visita de López Portillo ¿triunfo de la diplomacia pública?
Pocos meses después de la visita de Díaz Redondo y de Arreola Cortés el presidente mexicano José López Portillo anunció públicamente su viaje a oriente, específicamente a China y Japón. Los objetivos de la agenda a tratar en Beijing son descritos en el Excelsior como de corte eminentemente político, mientras que la visita a Tokio aparece enfocada a la economía.
Si hacemos caso de Villanueva, para quien la diplomacia pública se ubica “en el campo de la información internacional, las relaciones públicas, las comunicaciones entre diplomáticos y las sociedades exteriores, la promoción turístico-cultural y la proyección de una imagen-nación a otros países”.66 Lo que se dio en torno a la visita de López Portillo fue una puesta en escena de un gran despliegue diplomático con tintes propagandísticos que fue hábilmente utilizado por ambos gobiernos.
En términos de propaganda, dirigida a impactar favorablemente la opinión pública interna la visita de López Portillo contó con un despliegue inédito hasta ese entonces, pues fue la primera gira presidencial que contó con un cubrimiento televisivo por parte de la paraestatal Canal 13, dependiente de la Secretaría de Gobernación, que transmitía resúmenes diarios de la visita a los países de oriente por el noticiero del canal Notitrece. 67
La televisión pública no fue la única que cubrió el evento al que fueron invitados distintos periodistas y entre ellos, varios corresponsales del Excelsior, que escribieron notas extensas y reportajes sobre la cultura y tradición chinas —que iban desde la invención de la imprenta a las libertades que tímidamente se asomaban bajo el gobierno de Deng—68 pero donde destacamos las notas editoriales, dos específicamente que fueron escritas por Díaz Redondo donde se puede constatar que meses después de su visita a China el impacto que este viaje generó en el editor fue notable.
En estos editoriales, uno titulado “Ejemplo de China”, aparecido el miércoles 25 de octubre de 1978, no solo enaltece el proceso vivido en los últimos años donde China escapó del caos en el que la había sumido la administración imperial y del bando nacionalista gracias al “mando de Mao Tse Tung y tras el triunfo de la revolución socialista inició un acelerado despegue y en dos décadas ha recuperado dignidad, libertad y esperanza en un futuro mejor”, sino que desde el mismo espacio Díaz Redondo pidió que se estrecharan más los lazos entre China y México a los que los une la búsqueda de la paz y de oposición al hegemonismo, situación donde “México no puede contemplar con indiferencia la lucha del pueblo chino por recuperar valores y derechos”.69
Mientras que en el segundo editorial apareció dos días después titulado “Petróleo, tema fundamental” donde invita a estrechar lazos con el país asiático más allá de la coyuntura política y unirse a él invirtiendo en su sector energético y no solamente vendiéndole crudo, pues el editor de Excelsior ve que China tiene un futuro prometedor en la senda que ha iniciado. Señala Díaz Redondo que:
En el reportaje sobre la gira presidencial se deslizan datos que permiten avizorar en China una próxima gran potencia; inmensos recursos petroleros la colocan en tercer lugar mundial y una generalizada industrialización, incluyendo modernización agrícola, mueven a evaluar los resultados que puede arrojar el trabajo coordinado de novecientos millones de seres humanos con ansia de crecer y posibilidades reales de hacerlo hasta un nivel imprevisible. China apunta como posible primera potencia mundial en un futuro no remoto.70
De este modo, el establecimiento de un acuerdo de promoción cultural y turística firmado en el marco de la visita presidencial aparecía como una buena excusa para avivar el intercambio entre ambos gobiernos, en un plan de mediano o largo plazo que permitiría un intercambio económico y tecnológico más potente que se sentaba sobre la base de declaraciones antihegemonistas suscritas por los mandatarios de los dos países71 que eran semejantes a las suscritas unos años antes entre los gobiernos de Beijing y Tokio.
La firma del acuerdo cultural y del turístico se dio el día 27 de octubre de 1978 y mientras en el primero se estipulaba la voluntad de enviar libros, películas y facilitar los visados específicamente relacionados con el intercambio cultural y deportivo;72 el acuerdo turístico se enfocaba en cinco rubros: 1) facilitar información sobre los lugares a visitar;73 2) facilitar los trámites para los visitantes; 3) intercambio de becarios para capacitarse en servicios turísticos; 4) celebración de encuentros para estudiar la aplicación del presente convenio; 5) el inicio inmediato de la vigencia del acuerdo.74
Al ser México el primer país latinoamericano en establecer este tipo de acuerdos con la RPC le dio un papel importante en el plano simbólico en lo que refería a fortalecer las relaciones con un país considerado como “amigo de China” además de ser un importante aliado —además de vecino— de los Estados Unidos. Este acuerdo ciertamente facilitó en el corto plazo la visita de algunas personalidades mexicanas a la RPC, como la crotalista Sonia Amelio en octubre o el Ballet Folclórico de la Universidad Veracruzana en diciembre de ese año, así como una exposición de los grabados de José Guadalupe Posada.
Si la estrategia de la diplomacia pública china pasaba por construir esferas útiles a la propaganda, la mexicana —continuando con la definición de Villanueva— pareciera apostar por privilegiar una diplomacia cultural que crea “una esfera de acción que corresponde con la representación de la identidad nacional-cultural a públicos en el exterior […] esto se hace regular- mente a través de exposiciones y eventos culturales”75 y es en esta diferencia donde radica la actividad diplomática de México en China, donde si bien ambas buscan acercarse a la comprensión del otro, es notable la diferencia en el enfoque dado, pues es evidente que China busca consolidar su posición política internacional y sumar apoyos a su modelo modernizador para lograr un flujo de capitales y compra de tecnología, mientras que no quedan muy claros cuales son los intereses de México en este intercambio diplomático.
Lo anterior se refleja en que la actividad cultural mexicana se encontraba lejos de poder consolidar una esfera de acción dentro de la escena artística china, situación de la que se lamenta Antonio Dueñas Pulido, encargado de negocios en Beijing, quien afirma que pese a los esfuerzos de la Embajada de México como representante de Latinoamérica no puede ofrecer un contrapeso:
[…] a la ofensiva cultural de Japón, de los países europeos, de Estados Unidos y Canadá, al ver el intento de abandonar el español como idioma importante en China nos debe obligar a reaccionar y a tratar de revivir el interés tanto en México como en este país (la RPC) por difundir y conocer nuestra cultura y nuestro idioma.76
La relativa indiferencia de la región frente a China seguiría siendo una constante durante la siguiente década y dentro de ella, México pese a los acuerdos firmados no fue una excepción, lo que no quiere decir que el interés de los visitantes por conocer el país asiático decayera y por el contrario los flujos de visitantes hacia China continuaron en aumento durante las décadas siguientes —incluyendo, naturalmente, a aquellos provenientes de Latinoamérica— constituyendo de este modo un mecanismo de ejercer cierto poder blando por medio de sus visitantes que algunas décadas después reforzaría su agenda económica frente a la región.
consideraciones finales: el turismo, poder blando de la estrategia china
Las cuatro modernizaciones con las que inicia el salto económico de China requirieron para su éxito una serie de medidas y trasformaciones adicionales para su desarrollo, por el contexto en que iniciaron en 1978, las modernizaciones no pueden ser leídas al margen de la Gran Estrategia china que también involucraba la lucha contra el hegemonismo soviético. Fue en el proceso de consolidar alianzas que aseguraran la presencia de la RPC en el sistema internacional que Deng supo aprovechar al turismo en su doble disposición, tanto como un potencial capitalizador para la modernización económica, como en su capacidad para influir en la opinión pública de los países con los que China buscaba elevar sus relaciones políticas y diplomáticas.
La diplomacia pública en este punto jugó un papel fundamental a la hora de presentar a China como un socio de occidente, donde sus reclamos y peticiones tenían asidero tanto político —ante un escenario de confrontación y expansión militar liderado por la Unión Soviética— como validez económica, al presentarse como un socio interesado en la compra de tecnología y en el establecimiento comercial sobre la base de acuerdos de amistad y entendimiento compartidos.
El impacto en la opinión pública buscó construir un relato que presentara los intercambios entre China y México en términos de beneficio mútuo para ambos países; podemos afirmar que para lograr este fin el poder blando fue fundamental para el apoyo de las posiciones internacionales de Beijing, lo que se refleja en la influencia que la diplomacia pública china ejerció sobre actores clave de la escena mediática, como lo demuestra el caso de Díaz Redondo y los editoriales que a través del Excelsior presentaban los intereses chinos como benéficos para México, situación que hasta cierto punto era cierta; no obstante, pensamos que difícilmente habría sido posible conseguir una línea editorial tan afín a Beijing en un periódico del tiraje del Excelsior de no haber sido por el trabajo diplomático realizado por China.
El hecho de que la ruta realizada por la familia Díaz fuera igual a la que realizó semanas más tarde la familia Arreola nos puede invita a pensar que la idea a transmitir detrás de este recorrido era semejante para quienes lo realizaran; de los sitios visitados destacamos la convivencia de lo viejo con lo nuevo, la transición de un mundo que dejó atrás el feudalismo y se avecina a la modernización tecnológica, pero sin dejar atrás una tradición de miles de años. Este recorrido turístico, tan cuidadosamente trazado y acompañado por guías del PCCH, recuerda al turismo político maoísta en la necesidad de cuidar la impresión del país sobre la base de la afinidad ideológica, mismo que solo se relajaría cuando terminara la transición en la industria turística hasta la consolidación de su sistema de mercado, que duraría hasta la descentralización administrativa de dicha industria en 1981.77
El acercamiento que la diplomacia pública supuso hacia posiciones políticas compartidas aparece claramente en la visita realizada por José López Portillo a China durante el otoño de 1978 que se manifestó en la firma de documentos antihegemonistas y en el interés chino en tecnología mexicana del maíz y del petróleo, así como en la firma de acuerdos que facilitaran el flujo de visitantes. Por otro lado, el interés de China por obtener una imagen favorable entre la opinión pública mexicana que repercutiera en un mayor número de visitantes y capitales hacia este país, claramente se logró por medio de una mejor prensa; mientras que México ciertamente no podía influir en una opinión pública china, no solo porque esta era inexistente sino porque los únicos medios que había en circulación en ese entonces ya presentaban a sus lectores una imagen amistosa del país latinoamericano.
Es decir, podemos afirmar que la diplomacia pública china por medio del turismo influyó para que en el año de 1978 México suscribiera las posiciones chinas —políticas, económicas y tecnológicas—; sin embargo, a juzgar por los documentos de la embajada en Beijing, no queda claro cuál es la estrategia diplomática a seguir tras la visita de López Portillo, ni mucho menos cuáles son los intereses mexicanos en esta relación.
Finalmente, la historiografía largamente ha señalado que los intereses de China y América Latina, incluido México, no comenzaron a ser convergentes hasta que una vez la RPC fue incluída en la Organización Mundial del Comercio en 2001, cuando las fábricas orientales comenzaron a interesarse en las materias primas provenientes del continente. Sin embargo, la presente investigación nos permite encontrar que el gobierno de Beijing tuvo un claro interés en la región que se remonta a la década del setenta, donde las relaciones sino-mexicanas demuestran el interés chino por el país latinoamericano, tanto político —por lograr que México suscribiera sus declaraciones antihegemonistas— como por la compra de tecnología agrícola y energética mexicana; interés determinado por los objetivos de la Gran Estrategia china.














