Introducción
Por el volumen de su flujo y la importancia económica y social para ambos países, la emigración de mexicanos a Estados Unidos ha sido ampliamente estudiada. En los últimos años, numerosos estudios también han examinado el retorno de mexicanos provenientes de Estados Unidos, quienes regresan a México ya sea de manera voluntaria o porque fueron deportados por autoridades estadounidenses. De manera contraria, la inmigración de estadounidenses a México es un fenómeno que ha sido poco analizado. Los escasos estudios que se centran en la población estadounidense en México se han enfocado por lo general en personas de la tercera edad que llegan al país a jubilarse o, más recientemente, en los hijos nacidos en Estados Unidos de los migrantes de retorno provenientes de dicho país.
Este trabajo tiene como objetivo contribuir a la literatura que estudia a la población estadounidense en México, y analiza las características socioeconómicas y laborales de los inmigrantes nacidos en Estados Unidos que han elegido a México como su país de destino. Se presta particular atención a la evolución de las diferencias salariales entre los trabajadores estadounidenses y mexicanos.
La importancia de analizar a los estadounidenses en México radica en parte en el hecho de que representan, por mucho, el grupo inmigrante más grande e importante del país. Se estima que, en el año 2020, la población extranjera en México ascendió a aproximadamente 1 200 000 personas. Entre esta población, el contingente constituido por los estadounidenses ascendió a un poco más de 797 000, y representan el 65.8 por ciento de la población extranjera (INEGI, 2020).
El estudio muestra que el número de estadounidenses en México se ha incrementado sustancialmente en los últimos años. Se observa que, por lo general, se trata de una población joven constituida en mayor parte por personas menores de veinticinco años. Además, los estadounidenses tienen mayores niveles de escolaridad y perciben mayores salarios que los mexicanos; no obstante, la brecha salarial entre los dos grupos ha disminuido durante las últimas décadas. Descomposiciones salariales sugieren que los estadounidenses reciben mayores salarios que los mexicanos en parte porque reciben un trato preferencial en el mercado de trabajo nacional.
El texto se estructura de la siguiente manera: la segunda sección describe a la población estadounidense en México; la siguiente presenta una revisión de la literatura relevante; la cuarta sección describe los datos y presenta las características socioeconómicas y laborales de las poblaciones de interés; la quinta, describe la metodología; la sexta, muestra y discute los resultados, y la séptima sección presenta las conclusiones.
Estadounidenses en México
La población estadounidense en México está compuesta por un grupo heterogéneo de personas. Schafran y Monkkonen (2011) muestran que se trata de un flujo diverso constituido por individuos que migran a México de manera temporal o permanente a distintos puntos del territorio nacional, y que no está limitado a la interpretación general de este colectivo que se ha conceptualizado como compuesto principalmente por adultos de edad avanzada jubilados que se instalan en centros turísticos exclusivos en ciudades costeras. Topmiller, Conway y Gerber (2011: 46) argumentan que el aumento en la migración de Estados Unidos a México es en parte producto de la creciente integración económica entre ambos países y el incremento en el número de adultos mayores estadounidenses que no cuentan con los ahorros suficientes para retirarse en su país de origen con una calidad de vida elevada. Masferrer, Hamilton y Denier (2019) observan que a partir del año 2000 llegaron a México, junto a los adultos mexicanos migrantes de retorno, un número sin precedentes de menores nacidos en Estados Unidos. En los años subsecuentes, este grupo de menores se estabilizó y envejeció, convirtiéndose en residentes mexicanos de largo plazo ubicados en todo el país, pero sobre todo en la región fronteriza norte y en la región migrante tradicional del oeste de México.
Otro grupo de estadounidenses surge a partir de la dinámica binacional que se vive en la región fronteriza norte, donde mujeres que residen en México y que cuentan con la documentación requerida para cruzar legalmente a Estados Unidos, ya sea porque tienen la ciudadanía o residencia estadounidense o visa de turista, optan por dar a luz en dicho país con el objetivo de que sus hijos obtengan la ciudadanía estadounidense y así mejoren sus perspectivas económicas de largo plazo (Vargas-Valle et al, 2024).
El cuadro 1 muestra cómo la población estadounidense en México ha crecido durante las últimas dos décadas. En el 2000 residían en México 92 358 estadounidenses entre quince y sesenta y cuatro años, mientras que en el 2020 esta cifra ascendió a 326 057, un incremento del 253 por ciento. Si bien el crecimiento de esta población ha sido relativamente constante, dado que aumentó el 116.1 por ciento entre 2000 y 2010 y el 63.3 por ciento entre 2010 y 2020, únicamente se incrementó un 10.7 por ciento entre los años 2010 y 2015. Esto sugiere que en el periodo posterior a la crisis económica mundial pocos estadounidenses migraron a México. Al analizar a esta población por sexo, se observa que en 2020 aproximadamente 160 218 (el 49.1 por ciento) eran hombres y 165 839 (el 50.9 por ciento) eran mujeres. Por rangos de edad, tanto en el caso de los hombres como en el de las mujeres, el grupo etario que más creció durante el periodo 2000-2020 es el constituido por las personas de quince a veinticuatro años.
Cuadro 1 POBLACIÓN ESTADOUNIDENSE EN MÉXICO
| Grupo | 2000 | 2010 | 2015 | 2020 | Δ% 2000-2020 |
|---|---|---|---|---|---|
| Hombres | 44 777 | 100 322 | 109 404 | 160 218 | 257.8 |
| 15 a 24 | 20 760 | 54 112 | 62 756 | 97 580 | 370.0 |
| 25 a 39 | 12 452 | 26 154 | 29 910 | 38 181 | 206.6 |
| 40 a 64 | 11 565 | 20 056 | 19 738 | 24 457 | 111.5 |
| Mujeres | 47 581 | 99 293 | 111 641 | 165 839 | 248.5 |
| 15 a 24 | 23 673 | 56 914 | 68 731 | 103 865 | 338.8 |
| 25 a 39 | 12 232 | 24 265 | 25 572 | 41 296 | 237.6 |
| 40 a 64 | 11 676 | 18 114 | 17 338 | 20 678 | 77.1 |
| Total | 92 358 | 199 615 | 221 045 | 326 057 | 253.0 |
Fuente: Elaboración propia con base en los Censos de Población 2000, 2010 y 2020 y la Encuesta Intercensal 2015 (INEGI, 2000, 2010, 2015, 2020). El cuadro incluye a la población nacida en Estados Unidos de quince a sesenta y cuatro años.
En términos relativos, respecto a la población extranjera en México, el tamaño del contingente estadounidense también ha aumentado durante las últimas décadas. Mientras que en el año 2000 los migrantes estadounidenses representaban el 43 por ciento de los 214 908 extranjeros que residían en el país, esta cifra ascendió al 49.4 por ciento en 2020, cuando el número de extranjeros en México se situó en 659 977. Por un lado, lo anterior muestra que entre la población extranjera en México la nacida en Estados Unidos es sin duda la más numerosa. Por otro lado, refleja el incremento considerable de la población inmigrante o extranjera en México, la cual durante el periodo 2000-2020 creció un 207.1 por ciento, mientras que si se excluye a los estadounidenses esta cifra se sitúa en un 172.5 por ciento.
Revisión de la literatura
La literatura que se centra en la población estadounidense en México no es amplia. Algunos estudios analizan la composición de los flujos migratorios de Estados Unidos a México y sus impactos en las localidades receptoras (Schafran y Monkkonen, 2011; Topmiller et al., 2011); otros investigan la inserción en el mercado de trabajo de los jóvenes nacidos en Estados Unidos en México (Meza González y Orraca Romano, 2022); algunos se centran en los estadounidenses que llegan al país para retirarse una vez que ha terminado su vida laboral (Sunil et al., 2007; Rojas et al., 2013; Lardiés-Bosque et al., 2016), y otros investigan la inserción en el sistema escolar mexicano de los niños, niñas y adolescentes estadounidenses que llegaron al país junto con sus padres retornados (Medina y Menjivar, 2015; Vargas-Valle y Aguilar-Zepeda, 2020), así como las decisiones de estos jóvenes de volver a migrar a Estados Unidos (Cuecuecha-Mendoza et al., 2017).
Entre los estudios que se enfocan en la migración Estados Unidos-México, destaca el trabajo llevado a cabo por Topmiller et al. (2011), quienes en una primera instancia explican la dificultad en determinar con precisión el número de estadounidenses en México. Esto surge debido a que los ciudadanos de Estados Unidos transitan con facilidad y frecuencia entre ambos países, producto de la proximidad geográfica y sus altos ingresos, lo cual los convierte en una población más fluida y con mayores niveles de movilidad a los que normalmente presentan otros tipos de migrantes internacionales. Utilizando información censal y a través de decenas de entrevistas a estadounidenses y mexicanos, se muestra que, al igual que la población local, un porcentaje importante de estadounidenses en México son dueños de propiedades, empleadores y consumidores en los negocios locales que demandan una amplia gama de servicios. Por un lado, esto trae consigo efectos positivos al estimular la actividad económica. Por otro lado, genera externalidades negativas al intensificar desigualdades, degradar el medio ambiente e incrementar los precios de ciertos bienes y servicios como, por ejemplo, la vivienda (Gerber, 2007; Truly, 2006).
Schafran y Monkkonen (2011) analizan las características y efectos de la migración Estados Unidos-México. Respecto a las discrepancias en las cifras de estadounidenses en México reportadas por el Departamento de Estado de Estados Unidos y los censos y conteos de México, los autores explican que esto surge porque cada una contabiliza a poblaciones distintas. Mientras que la fuente estadounidense incluye a mexicoamericanos que nacieron en México y que posteriormente migraron y residieron en Estados Unidos un número suficiente de años para obtener la ciudadanía y luego regresaron a su país de origen, las fuentes mexicanas sólo contabilizan como estadounidenses a las personas que nacieron en Estados Unidos (Schafran y Monkkonen, 2011: 227). Referente a sus impactos en México, se argumenta que el principal beneficio que generan en las localidades donde se establecen es el capital que traen consigo, el cual, por ejemplo, incrementa el número de trabajos y los impuestos recolectados por las autoridades gubernamentales. No obstante, también se destacan los posibles impactos ambientales negativos que estos desarrollos pueden tener, a consecuencia de un marco normativo de desarrollo urbano débil.
Enfocándose en las características socioeconómicas de las personas migrantes estadounidenses que llegan a México, Mindes (2015) analiza la selección, medida a través del nivel de escolaridad, de las y los estadounidenses que emigraron a México durante el periodo de 1990 a 2010. Con base en información proveniente de los censos de Estados Unidos y México se muestra que, durante los últimos años del siglo XX, los estadounidenses que emigraron fueron negativa y positivamente seleccionados en términos educativos; sin embargo, en la década siguiente éstos únicamente fueron negativamente seleccionados. Los resultados indican que los migrantes estadounidenses que han llegado a México durante los últimos años presentan un nivel de escolaridad bajo, y el hecho de contar con educación universitaria los hace menos propensos a emigrar al país.
Estudios que analizan la inserción en el mercado de trabajo de las y los estadounidenses en México incluyen a Meza González y Orraca Romano (2022), quienes hacen uso de información censal de 2000 a 2015 y se enfocan en jóvenes de quince a veintinueve años. Los autores muestran que el ingreso laboral percibido por las y los jóvenes estadounidenses es por lo general más alto que el obtenido por trabajadores mexicanos del mismo grupo etario; no obstante, estos diferenciales salariales han disminuido en los últimos años, al pasar del 45.2 por ciento en el año 2000 al 7.5 por ciento en 2015. Además, mediante la estimación de descomposiciones basadas en la metodología propuesta por Blinder (1973) y Oaxaca (1973) observan que esta brecha es principalmente producto de características no observables.
Respecto a la literatura que se enfoca en estadounidenses de edad avanzada que migran a México para retirarse, Sunil et al. (2007) examinan los motivos por los cuales optan por establecerse en el área del Lago de Chapala en Jalisco, en lugar de jubilarse en Estados Unidos. Se observa que esta decisión es producto de sus circunstancias económicas, donde el mudarse a México les permite obtener una mejor calidad de vida no sólo en términos económicos, sino también al otorgarles acceso a un ambiente natural agradable y un sentido de comunidad y amistad con otros expatriados. Rojas et al. (2013) analizan la adaptación cultural, identidad y las redes que forman los estadounidenses retirados en el área del Lago de Chapala y en San Miguel de Allende en Guanajuato. Entre los resultados destaca que las personas que deciden retirarse en México suelen tener un alto grado de familiaridad con el país, obtenido principalmente a través del turismo; además, se percibe un alto grado de heterogeneidad entre estos individuos respecto a sus niveles de ingreso, motivaciones y su nivel de integración con la población local, donde un número importante de ellos participa en servicio de voluntariado, normalmente financiado por organizaciones estadounidenses. Lardiés-Bosque et al. (2016) exploran el fenómeno de transnacionalismo entre los estadounidenses retirados en el norte de México y cómo es construido a través de distintas prácticas, relaciones e intercambios entre las dos culturas y países, como lo son las redes de amigos y familiares, las transferencias económicas, el acceso a servicios médicos y la cultura, entre otras. Asimismo, los autores argumentan que gran parte de estos estadounidenses viven en una burbuja de expatriados, la cual los aísla social y culturalmente y contribuye a su falta de integración en la sociedad receptora (Lardiés-Bosque et al., 2016: 14).
Finalmente, diversos estudios analizan a los niños, niñas y adolescentes estadounidenses que llegaron a México junto con sus padres mexicanos provenientes de Estados Unidos. Esta literatura se ha enfocado en la inserción escolar de estos jóvenes, incluyendo cómo este proceso se ve afectado por la condición de ciudadanía y el estatus legal en México de los diferentes miembros del hogar (Medina y Menjívar, 2015); cómo son percibidos por sus compañeros y maestros y cómo esto se relaciona con su desempeño académico (Zúñiga y Hamann, 2009); sus gustos por estudiar en México, el cual en ocasiones se ve mermado por su bajo nivel de dominio del idioma español, la indiferencia por parte de los maestros y la falta de identificación cultural con México (Vargas-Valle y Aguilar-Zepeda, 2020), y en sus decisiones de regresar a Estados Unidos, con el objetivo de incorporarse al sistema educativo estadounidense (Cuecuecha-Mendoza et al., 2017).
Datos y estadística descriptiva
El presente estudio hace uso de distintas fuentes de información. De manera específica, se presentan hallazgos con base en la muestra censal del Censo General de Población y Vivienda 2000, Censo de Población y Vivienda 2010, Encuesta Intercensal 2015 y Censo de Población y Vivienda 2020 (INEGI, 2000, 2010, 2015, 2020). Se analiza a personas de ambos sexos nacidas en Estados Unidos o México, de entre quince y seenta y cuatro años. Asimismo, en todos los cálculos presentados fueron utilizados factores de expansión.
En primaria instancia, se describen las características socioeconómicas y laborales de la población estadounidense en México y cómo han evolucionado durante el periodo 2000-2020. Posteriormente, se hace un comparativo de distintas variables de interés entre tres grupos de personas: estadounidenses, mexicanos y extranjeros provenientes de otros países. Los cuadros 2 y 3 muestran las características de los hombres y las mujeres estadounidenses en México, respectivamente. Se presentan las medias de las variables para cada uno de los periodos incluidos en el estudio.1
Cuadro 2 CARACTERÍSTICAS DE LOS ESTADOUNIDENSES EN MÉXICO: HOMBRES
| Variable | 2000 | 2010 | 2015 | 2020 |
|---|---|---|---|---|
| Edad | 30.49 | 28.38 | 27.61 | 26.05 |
| Años de escolaridad (%): | 10.98 | 11.18 | 11.42 | 11.14 |
| 0 a 9 | 41.02 | 36.10 | 34.01 | 35.89 |
| 10 a 12 | 31.51 | 39.24 | 38.37 | 42.18 |
| 13 a 15 | 8.61 | 9.48 | 11.96 | 8.53 |
| 16 o más | 18.86 | 15.18 | 15.67 | 13.40 |
| Salario medio mensual | 17 832.95 | 14 235.97 | 12 989.92 | 15 755.81 |
| Posición en el hogar (%): | ||||
| Jefe | 46.41 | 35.73 | 32.99 | 27.28 |
| Cónyuge | 3.49 | 3.58 | 4.73 | 5.14 |
| Hijo | 38.80 | 47.37 | 49.20 | 53.75 |
| Casado o unido | 49.53 | 37.67 | 37.04 | 30.85 |
| Reciente | 23.71 | 22.94 | 17.05 | 14.65 |
| Localidad (%): | ||||
| Rural | 12.50 | 12.99 | 12.44 | 15.40 |
| Altamente urbana | 68.76 | 62.69 | 63.55 | 59.36 |
| Región de residencia (%): | ||||
| Tradicional | 24.05 | 23.99 | 25.82 | 26.50 |
| Norte | 62.55 | 58.81 | 55.05 | 51.58 |
| Sur-sureste | 4.78 | 5.33 | 8.02 | 7.89 |
| Centro (%) | 8.61 | 11.86 | 11.11 | 14.03 |
Fuente: Elaboración propia con base en los Censos de Población 2000, 2010 y 2020 y la Encuesta Intercensal 2015 (INEGI, 2000, 2010, 2015, 2020). El cuadro incluye a la población nacida en Estados Unidos de quince a sesenta y cuatro años. La variable "Reciente" denota al porcentaje de la población que reporta que cinco años previo a ser encuestada residía en Estados Unidos. Salario medio mensual calculado con base en personas que reportan ingresos positivos. Cifras monetarias en pesos de 2015.
Cuadro 3 CARACTERÍSTICAS DE LAS ESTADOUNIDENSES EN MÉXICO: MUJERES
| Variable | 2000 | 2010 | 2015 | 2020 |
|---|---|---|---|---|
| Edad | 29.87 | 27.46 | 26.46 | 25.21 |
| Años de escolaridad (%): | 11.05 | 11.28 | 11.62 | 11.47 |
| 0 a 9 | 38.69 | 35.43 | 31.25 | 30.81 |
| 10 a 12 | 34.73 | 37.67 | 39.56 | 43.89 |
| 13 a 15 | 9.29 | 10.43 | 12.54 | 10.21 |
| 16 o más | 17.30 | 16.47 | 16.65 | 15.09 |
| Salario medio mensual | 12 969.10 | 10 878.32 | 9 842.87 | 10 129.57 |
| Posición en el hogar: (%) | ||||
| Jefa | 10.01 | 8.64 | 9.62 | 9.52 |
| Cónyuge | 40.81 | 33.35 | 29.80 | 24.00 |
| Hija | 35.84 | 44.03 | 45.75 | 51.28 |
| Casada o unida | 52.34 | 44.82 | 43.06 | 36.83 |
| Reciente | 24.72 | 22.66 | 17.90 | 12.93 |
| Localidad: (%) | ||||
| Rural | 15.11 | 13.94 | 13.64 | 16.29 |
| Altamente urbana | 64.11 | 60.03 | 59.59 | 57.21 |
| Región de residencia: (%) | ||||
| Tradicional (%) | 28.23 | 27.41 | 27.90 | 29.45 |
| Norte (%) | 55.84 | 53.10 | 53.97 | 45.06 |
| Sur-Sureste (%) | 3.86 | 5.72 | 5.59 | 8.64 |
| Centro (%) | 12.07 | 13.76 | 12.54 | 16.84 |
Fuente: Elaboración propia con base en los Censos de Población 2000, 2010 y 2020 y la Encuesta Intercensal 2015 (INEGI, 2000, 2010, 2015, 2020). El cuadro incluye a la población nacida en Estados Unidos de quince a 64 años. La variable "Reciente" denota al porcentaje de la población que reporta que cinco años previo a ser encuestada residía en Estados Unidos. Salario medio mensual calculado con base en personas que reportan ingresos positivos. Cifras monetarias en pesos de 2015.
El cuadro 2 muestra que los hombres estadounidenses en México son en promedio una población joven, cuya edad media ha disminuido en los últimos años al pasar de 30.5 años en el 2000 a 26.1 años en 2020. Los años de escolaridad se han mantenido relativamente constantes al pasar de 10.9 a 11.1 años entre 2000 y 2020; sin embargo, destaca el incremento en el porcentaje de la población que tiene entre 10 y 12 años de estudio (del 31.5 al 42.2 por ciento) y el decremento entre los que tienen 16 o más años (del 18.9 al 13.4 por ciento). Respecto al ingreso laboral o salario medio, éste se redujo de manera importante entre el 2000 y 2015 al pasar de 17 832.9 a 12 989.9 pesos, una contracción del 27.2 por ciento; no obstante, en 2020 ascendió a 15 755.8 pesos, lo que representó un incremento del 21.3 por ciento respecto a 2015. Entre 2000 y 2020, el salario mensual de los hombres estadounidenses descendió un 11.7 por ciento. Por un lado, el porcentaje de estadounidenses que reporta ser jefe del hogar se redujo de manera considerable en los últimos años, al pasar del 46.4 por ciento en el 2000 al 27.3 por ciento en 2020. Por otro lado, cada vez son más las personas que reportan ser hijo del jefe del hogar, donde esta cifra se incrementó del 38.8 por ciento en el 2000 al 53.8 por ciento en 2020. En cuanto a la vida en pareja, disminuyó el porcentaje que está casado o unido, al pasar del 49.5 por ciento en el 2000 al 30.9 por ciento en 2020. De manera conjunta, lo anterior refleja una fuerte contracción en el porcentaje de hombres estadounidenses que son el sustento económico de su hogar o que tienen dependientes económicos a su cargo. Al examinar su migración reciente se observa que mientras en el año 2000 el 23.7 por ciento de la población reportaba que cinco años previo a ser encuestada residía en el extranjero, en el 2020 esta cifra descendió al 14.7 por ciento; esto indica que, por lo general, no se trata de una población de recién arribo a México.
El cuadro 3 presenta las características de las mujeres estadounidenses en México. Al igual que en el caso de los hombres, es una población joven con una edad promedio que pasó de 29.9 años en el 2000 a 25.2 años en 2020. De manera contraria, los años de escolaridad presentan un ligero incremento al pasar de 11.1 a 11.5 años entre el 2000 y 2020. Además, mientras que el porcentaje de la población que tiene entre 0 y 9 años de estudios disminuyó del 38.7 al 30.8 por ciento, la que tiene entre 10 y 12 años se incrementó del 34.7 al 43.9 por ciento. Al examinar el salario medio mensual se observa que este se redujo entre el 2000 y 2015 al pasar de 12 969.1 pesos a 9 842.9 pesos, una contracción del 24.1 por ciento; no obstante, en 2020 ascendió a 10129.6 pesos, lo que representa un incremento del 2.9 por ciento respecto a 2015. De manera conjunta, lo anterior implica que el salario mensual de las estadounidenses en México descendió un 21.9 por ciento entre 2000 y 2020. Si bien en todos los periodos pocas mujeres reportan ser la jefa del hogar, se observa una caída sustancial en el porcentaje que reporta ser la cónyuge (del 40.8 por ciento en el 2000 a un 24.0 por ciento en 2020) y un incremento importante en las que reportan ser la hija (del 35.8 por ciento en el 2000 al 51.3 por ciento en 2020). Respecto a las mujeres que están casadas o unidas, esta cifra se redujo del 40.8 por ciento en el 2000 al 24.0 por ciento en 2020. En cuanto a la migración reciente, el porcentaje de las estadounidenses que reporta que cinco años antes residía en el extranjero disminuyó del 24.7 por ciento en el 2000 al 12.9 por ciento en 2020.
Tanto en el caso de los hombres como en el de las mujeres, se observa que la población estadounidense suele ubicarse en localidades altamente urbanas o con más de cien mil habitantes. De manera contraria, únicamente alrededor de un 15 por ciento reside en localidades rurales o con menos de dos mil quinientos habitantes. Asimismo, se concentran principalmente en el norte de México o en los estados pertenecientes a la región migratoria tradicional del oeste del país.
La gráfica 1 presenta los años de escolaridad promedio para los distintos grupos de interés separado por sexo y por periodo del año 2000 al 2020. La escolaridad, al igual que la experiencia laboral, capta parte del capital humano de los trabajadores y está fuertemente asociada con sus niveles de productividad y percepciones salariales. Al analizar a los hombres, se puede ver que en todos los años el grupo con los mayores niveles de escolaridad son los extranjeros provenientes de otros países, seguidos por los estadounidenses y luego los mexicanos. Además, destaca que mientras los niveles de escolaridad entre los extranjeros de otros países y los estadounidenses se han mantenido relativamente constantes, entre los mexicanos se ha presentado un incremento importante al pasar de 8.1 años en el 2000 a 10.3 años en 2020; lo anterior indica que la brecha entre estos tres grupos en términos de su capital humano es cada vez menor. Al examinar a las mujeres se observa el mismo patrón, donde el grupo con los mayores niveles de escolaridad es el constituido por las extranjeras de otros países, seguidas de las estadounidenses y por última las mexicanas. Se observa que los niveles de escolaridad de las mexicanas han aumentado de manera considerable al pasar de 9.0 años en el 2000 a 11.2 años en 2020, lo cual también ha reducido la brecha en los niveles de capital humano entre los tres grupos. También se aprecia un aumento generalizado en los años de escolaridad promedio de los tres grupos y destaca que, para todos los grupos y periodos, siempre son superiores los niveles de escolaridad de las mujeres.

Fuente: Elaboración propia con base en los Censos de Población 2000, 2010 y 2020 y la Encuesta Intercensal 2015 (INEGI, 2000, 2010, 2015, 2020). La gráfica incluye a la población de quince a sesenta y cuatro años que reporta ingresos positivos.
Gráfica 1 AÑOS DE ESCOLARIDAD POR PAÍS DE NACIMIENTO, 2000-2020
La gráfica 2 presenta el salario mensual para cada uno de los grupos separado por sexo y periodo. En el caso de los hombres, de 2000 a 2015 las mayores percepciones salariales las obtuvieron los inmigrantes de otros países; sin embargo, en 2020 los estadounidenses obtuvieron los mayores salarios donde esta cifra ascendió a 15 755.8 pesos, seguido por los extranjeros de otros países (14 667.3 pesos) y los mexicanos (6 579.6 pesos). Los salarios de los mexicanos siempre son sustancialmente menores que el de los otros dos grupos; no obstante, mientras que el salario promedio de los mexicanos creció 9.5 por ciento del año 2000 a 2020, el de los extranjeros de otros países cayó 29.1 por ciento y el de los estadounidenses se contrajo 11.7 por ciento. Por tanto, al igual que lo ocurrido con los años de escolaridad y en parte por ello, la brecha salarial entre los estadounidenses y extranjeros de otros países y los mexicanos se redujo considerablemente en los últimos años.

Fuente: Elaboración propia con base en los Censos de Población 2000, 2010 y 2020 y la Encuesta Intercensal 2015 (INEGI, 2000, 2010, 2015, 2020). La gráfica incluye a la población de quince a sesenta y cuatro años que reporta ingresos positivos. Cifras monetarias en pesos de 2015.
Gráfica 2 SALARIO MENSUAL POR PAÍS DE NACIMIENTO, 2000-2020
Al examinar a las mujeres, se observa que en el 2000 los mayores salarios los obtuvieron las estadounidenses; sin embargo, en el resto de los periodos han sido las extranjeras de otros países, mientras que las mexicanas siempre han percibido los menores ingresos laborales. De manera específica, en el 2020 el salario medio de las extranjeras se situó en 13 006.7 pesos, el de las estadounidenses en 10 129.6 pesos, y el de las mexicanas en 5 369.0 pesos. A pesar de esto, el salario medio de las mexicanas fue el que más creció durante el periodo analizado (el 16.5 por ciento), seguido por el de las extranjeras de otros países (un 2.8 por ciento), mientras que el de las estadounidenses se redujo 21.9 por ciento.
A pesar del incremento generalizado en los niveles de escolaridad en México durante los últimos veinte años, llama la atención cómo los salarios han crecido a un ritmo mucho menor e incluso para algunos grupos se han contraído. Lo anterior sugiere que la educación formal cada vez se valora menos en el mercado laboral mexicano, y que el aumento en el número de trabajadores cualificados no ha estado acompañado de un aumento en la demanda de empleos cualificados de igual o mayor magnitud.
Respecto al sector de empleo, la gráfica 3 muestra que los hombres estadounidenses se ocupan principalmente en los sectores servicios o público (el 45.1 por ciento), seguido del industrial (el 27.3 por ciento), el comercial (el 11.4 por ciento) y por último el primario (el 7.6 por ciento). De manera contraria, los mexicanos tienen una distribución más equitativa entre los distintos sectores con una mayor participación que los estadounidenses en el sector primario (el 14.4 por ciento) y en el industrial (un 30.6 por ciento), un nivel similar en el comercial (el 16.2 por ciento) y una menor participación en los sectores servicios o público (el 38.6 por ciento), aunque éste es el sector donde más se ocupan. En el caso de las mujeres, tanto estadounidenses como mexicanas se concentran en mayor medida en los sectores servicios o público (el 63.5 y el 55.4 por ciento), seguido del comercial (el 23.7 y el 25.1 por ciento), el industrial (el 10.3 y el 16.5 por ciento) y el primario (el 2.6 y el 3.0 por ciento), donde tienen poca participación.

Fuente: Elaboración propia con base en el Censo de Población y Vivienda 2020 (INEGI, 2020). La gráfica incluye a la población de quince a sesenta y cuaro años que reporta ingresos positivos.
Gráfica 3 SECTOR DE EMPLEO POR PAÍS DE NACIMIENTO, 2020
Finalmente, sobre el tipo de trabajador, la gráfica 4 muestra que los estadounidenses trabajan en mayor medida como asalariados formales (el 45.0 por ciento), seguido de asalariados informales (el 31.4 por ciento) y autoempleados (el 19.2 por ciento). Los mexicanos trabajan principalmente como asalariados informales (el 46.1 por ciento), asalariados formales (el 28.3 por ciento) y como autoempleados (el 22.6 por ciento). En el caso de las mujeres, tanto las estadounidenses como las mexicanas laboran en mayor medida como asalariadas informales (el 40.2 y el 51.2 por ciento), asalariadas formales (el 36.1 y el 21.9 por ciento) y autoempleadas (el 19.8 y el 23.8 por ciento).

Fuente: Elaboración propia con base en el Censo de Población y Vivienda 2020 (INEGI, 2020). La gráfica incluye a la población de quince a sesenta y cuatro años que reporta ingresos positivos.
Gráfica 4 TIPO DE TRABAJADOR POR PAÍS DE NACIMIENTO, 2020
Metodologia
Se examinarán las diferencias salariales entre los trabajadores estadounidenses y mexicanos. Para ello, en una primera etapa se estiman una serie de regresiones por el método de mínimos cuadrados ordinarios para identificar cómo las distintas variables influyen sobre el salario mensual. Los modelos se estiman para cada uno de los periodos y de manera separada por sexo, y se definen de la siguiente manera:
donde γi denota al logaritmo natural del salario mensual de la persona trabajadora i; Xi es un vector de características individuales, locales y regionales que afectan al salario; estadunidensei es una variable binaria que toma el valor de 1 si la persona nació en Estados Unidos y 0 si nació en México; y εi es el término de error.2 El vector Xi incluye una serie de variables de control como la edad, la edad al cuadrado, los años de escolaridad, y una variable binaria que indica si la persona está casada o unida; también incluye una variable binaria que toma el valor de 1 si la persona vivía en el extranjero cinco años previo a ser encuestada y la interacción entre esta variable y la que indica si la persona nació en Estados Unidos. Estas dos variables permiten captar si los salarios de los estadounidenses y mexicanos recién llegados a México difieren de los obtenidos por aquellos que tienen más tiempo en el país o que incluso nunca han vivido en el extranjero. Por último, también se introducen una serie de variables dicotómicas que captan el tipo de trabajo, el sector de empleo, el tamaño y grado de marginalidad de la localidad de residencia, y la región de México donde habita la persona.
Posteriormente, para profundizar en los factores detrás de las diferencias salariales entre estadounidenses y mexicanos se llevan a cabo una serie de descomposiciones basadas en el método propuesto por Blinder (1973) y Oaxaca (1973). Para ello, se vuelve a estimar la ecuación (1) pero ahora de manera separada para cada uno de los grupos. Por lo tanto, la descomposición Blinder-Oaxaca queda definida de la siguiente manera:
donde es la media del logaritmo natural del salario mensual de los estadounidenses () y de los mexicanos (), respectivamente; y representa un vector que contiene las medias de las variables incluidas en . El primer componente del lado derecho de la ecuación (2) capta el componente de la brecha salarial que surge de las diferencias en las características observables medias. Este término constituye el efecto dotación o componente explicado. El segundo componente capta las diferencias en los rendimientos de las características observables. Este término constituye el efecto coeficiente o componente no explicado, y se usa comúnmente en la literatura como una medida de discriminación.
Por último, en la descomposición Blinder-Oaxaca los resultados dependen del grupo de referencia (lo cual es conocido como el problema del número índice), el cual normalmente se asume que refleja la verdadera estructura salarial o la que se observaría en ausencia de discriminación. En el análisis presentado en la siguiente sección se utiliza la estructura salarial de los trabajadores mexicanos como el grupo de referencia.3
Resultados
Primeramente, se discuten los resultados de las regresiones del logaritmo natural del salario mensual para los hombres y las mujeres, respectivamente, y para cada uno de los años examinados. Asimismo, haciendo uso de los coeficientes obtenidos a través de la estimación de la ecuación (1), la gráfica 5 presenta la evolución de la prima salarial asociada a ser trabajador estadounidense en México, donde el grupo de referencia está constituido por las y los trabajadores mexicanos.

Fuente: Elaboración propia con base en los Censos de Población 2000, 2010 y 2020 y la Encuesta Intercensal 2015 (INEGI, 2000, 2010, 2015, 2020). La gráfica incluye a la población nacida en Estados Unidos o México de quince a sesenta y cuatro años que reporta ingresos positivos. El grupo de referencia está constituido por las personas nacidas en México. Cifras calculadas con base en la estimación de la ecuación (1).
Gráfica 5 PRIMA SALARIAL ASOCIADA A SER ESTADOUNIDENSE, 2000-2000
En el caso de los hombres, en el año 2000 el ser un trabajador estadounidense en México se asociaba con un salario mensual un 51.8 por ciento mayor que el de los mexicanos; no obstante, esta cifra se redujo en los próximos años, pues se situó en el 41.8 por ciento en el 2020. Respecto a los otros controles incluidos en los modelos, el haber residido hace cinco años en el extranjero se asocia con un incremento del salario mensual. En el caso de los estadounidenses, esto indica que en promedio 1los recién llegados a México reciben mayores salarios que los que perciben aquellos que tienen más tiempo en el país. Por un lado, dado que este coeficiente es estadísticamente significativo (p<0.01) para todos los años a excepción del año 2000, lo anterior implica que los resultados de la gráfica 5 pueden ser interpretados como la prima salarial asociada a ser estadounidense entre los trabajadores que han vivido en México por lo menos cinco años. Por otro lado, sugiere que la prima salarial asociada a ser estadounidense disminuye a medida que se incrementa su tiempo de estancia en México o que los estadounidenses con mayores percepciones salariales emigran del país al poco tiempo de su arribo. En cuanto a la edad, la cual capta en parte los efectos de la experiencia laboral, se asocia de manera positiva pero decreciente con el salario mensual. Respecto a los años de escolaridad, si bien son positivos en todos los periodos e indican que en promedio a mayor educación mayor ingreso laboral, los retornos a la educación disminuyeron gradualmente durante el periodo de análisis. El estar casado se asocia con un mayor salario, lo cual puede estar captando que al casarse y tener dependientes económicos los hombres se ven obligados a aumentar su oferta laboral o el número de horas que trabajan. Por un lado, las variables relacionadas con el tipo de trabajador, donde el grupo de referencia son los asalariados formales, muestran que el laborar en el autoempleo o como asalariado informal se asocia con un mayor ingreso. Por otro lado, las variables que capten el sector de empleo muestran que, respecto al sector de referencia que es el agrícola, laborar en los sectores industrial, comercial y servicios o público se asocia con un mayor salario mensual.
Al examinar a las mujeres, la gráfica 5 muestra que en el 2000 el ser una trabajadora estadounidense en México se asociaba con un salario mensual un 47.6 por ciento mayor que el de sus contrapartes mexicanas; sin embargo, al igual a lo observado en el caso de los hombres, esta cifra se redujo gradualmente durante el periodo de estudio hasta ubicarse en el 30.8 por ciento en 2020. También, el haber residido hace cinco años en el extranjero se relaciona con un mayor ingreso laboral, tanto entre mexicanas como estadounidenses, mientras que la edad tiene un efecto positivo pero decreciente sobre el salario.
Respecto a los años de escolaridad, en el 2000 un año adicional de estudio se asociaba con un aumento del salario del 8.5 por ciento; no obstante, para el 2020 esta cifra había disminuido al 6.2 por ciento. A pesar de esto, en todos los periodos son mayores los retornos a la educación presentados por las mujeres que por los hombres. Respecto al estar casada o unida, esto se asocia de manera negativa con el salario en 2015 y 2020, lo cual puede estar reflejando el hecho de que al vivir en pareja un número importante de mujeres se especializan en las actividades del hogar lo cual merma sus niveles de ingreso en el mercado de trabajo. El ser asalariada formal o informal se asocia con un mayor ingreso que trabajar en el autoempleo.4 Finalmente, las variables de sector de empleo muestran que, respecto al sector de referencia que es el primario o agrícola, laborar en los sectores industrial, comercial y servicios o público se relacionan con un menor salario.
Para ambos sexos, al examinar a las variables relacionadas con el tamaño de la localidad de residencia se observa que vivir en zonas altamente urbanas se asocia con mayores salarios que habitar en zonas rurales. Adicionalmente, las variables referentes a la región de residencia muestran que vivir en la zona centro, migrante tradicional o norte de México se relaciona con mayores salarios respecto a los que residen en la región sur. A pesar de lo anterior, estas brechas se redujeron de manera considerable durante las últimas décadas, lo que alude a una disminución en las diferencias salariales regionales.
Ante los mayores salarios de los trabajadores estadounidenses, surge la interrogante si esto es producto de sus características observables como, por ejemplo, sus niveles de educación o su edad, o si se deriva del hecho de que reciben un trato preferente por parte de los empleadores nacionales debido a sus características no observables como, por ejemplo, el que hayan adquirido parte de su educación en Estados Unidos, su nivel de conocimiento del idioma inglés o incluso su apariencia física, entre otras.
El cuadro 4 presenta los resultados de las descomposiciones. Primero, la brecha total hace referencia a lo mostrado en la gráfica 2, donde se observa que el diferencial salarial total entre estadounidenses y mexicanos ha disminuido de manera importante durante el periodo de análisis. En el caso de los hombres la brecha salarial fue del 176.1 por ciento en el 2000 y del 35.8 por ciento en 2020. En el 2000, las diferencias en las características observables de los trabajadores estadounidenses y mexicanos explicaron únicamente el 32.4 por ciento de la brecha salarial total entre los dos grupos. En 2015, esta cifra descendió al 15.4 por ciento y en 2020 fue negativa al situarse en un -8.7 por ciento. Lo anterior indica que, con base en las características observables incluidas en las regresiones, de 2000 a 2015 la brecha salarial total entre estadounidenses y mexicanos tuvo que haber sido menor a la observada, y que en 2020 el salario medio de los mexicanos tuvo que haber sido mayor que el de los estadounidenses.
Cuadro 4 DESCOMPOSICIONES BLINDER-OAXACA DE LAS DIFERENCIAS SALARIALES ENTRE LOS ESTADOUNIDENSES Y MEXICANOS, 2000-2020
| Componente | 2000 | 2010 | 2015 | 2020 |
|---|---|---|---|---|
| Hombres | ||||
| Total | 1.0156 | 0.5338 | 0.5089 | 0.3060 |
| Explicado | 0.3285 | 0.1082 | 0.0781 | -0.0266 |
| (%) | (32.4) | (20.3) | (15.4) | (-8.7) |
| No explicado | 0.6872 | 0.4255 | 0.4307 | 0.3326 |
| (%) | (67.7) | (79.7) | (84.6) | (108.7) |
| Mujeres | ||||
| Total | 0.9049 | 0.5436 | 0.4790 | 0.2941 |
| Explicado | 0.3603 | 0.1952 | 0.1285 | 0.0638 |
| (%) | (39.8) | (35.9) | (26.8) | (21.7) |
| No explicado | 0.5446 | 0.3484 | 0.3505 | 0.2304 |
| (%) | (60.2) | (64.1) | (73.2) | (78.3) |
Fuente: Todos los coeficientes son estadísticamente significativos (p<0.01). El cuadro incluye a la población nacida en Estados Unidos o México de quince a sesenta y cuatro años que reporta ingresos positivos. Descomposiciones basadas en regresiones que incluyen como controles la edad, edad al cuadrado, años de escolaridad y variables dicotómicas que indican si la persona está casada o unidad y si es jefe del hogar. Coeficientes de trabajadores mexicanos utilizados como grupo de referencia. Cifras entre paréntesis representan la contribución de cada componente a la brecha salarial total.
En el caso de las mujeres la brecha salarial total entre estadounidenses y mexicanas fue del 147.2 por ciento en el 2000 y del 34.2 por ciento en 2020. En todos los periodos, el componente explicado representa menos del 40.0 por ciento de la brecha salarial total. Esta cifra se situó en el 39.8 por ciento en el 2000, el 35.9 por ciento en 2010, el 26.8 por ciento en 2015 y el 21.7 por ciento en 2020. Que la aportación del componente explicado a la brecha total sea cada vez menor indica que en términos de sus características observables las estadounidenses y mexicanas se asemejan más y más, aunque estas continúan favoreciendo a las trabajadoras estadounidenses. Asimismo, el hecho de que la aportación del componente explicado sea menor al 100.0 por ciento (o que la del no explicado sea mayor al 0.0 por ciento) de la brecha salarial total sugiere que, respecto a sus contrapartes mexicanas, las estadounidenses son un grupo privilegiado que reciben un trato preferente en el mercado laboral de México.
Por último, es importante recordar el hecho de que parte del diferencial salarial entre estadounidenses y mexicanos se explique por el componente no explicado refleja también disimilitudes en las características no observables de los dos grupos que incluyen, por ejemplo, diferencias en la calidad de la educación que recibieron, en sus niveles de conocimiento del idioma inglés o en las habilidades productivas que poseen.
Conclusiones
Este estudio analizó las características socioeconómicas y laborales de las personas migrantes estadounidenses en México. Se observó que, además de ser el contingente más numeroso de extranjeros en el país, el tamaño de esta población se incrementó más del 250.0 por ciento del año 2000 a 2020. Además, se trata de una población joven con una edad promedio menor a los veintiséis años y que está constituida principalmente por personas de quince a veinticuatro años. Pese al incremento en los años de escolaridad entre la población mexicana durante los últimos veinte años, sus niveles de escolaridad siguen siendo menores que los de los estadounidenses. En parte por lo anterior, los trabajadores estadounidenses perciben mayores salarios que los mexicanos; no obstante, el diferencial salarial entre estos dos grupos se redujo sustancialmente durante las últimas dos décadas. El hecho de que parte del diferencial salarial entre estadounidenses y mexicanos se explique por sus características no observables sugiere que los estadounidenses reciben un trato preferente por parte de los empleadores en México.
Al examinar a la población extranjera o inmigrante internacional, lo que usualmente ha mostrado la evidencia empírica es que su desempeño mejora de acuerdo con su tiempo en el país de destino, donde suelen alcanzar niveles de empleo e ingreso similares (aunque por lo general menores) a los presentados por la población nativa (Chiswick, 1978; Borjas, 1994). Esto suele suceder porque al momento de arribar al país de destino los migrantes poseen información limitada sobre el mercado de trabajo local y su dinámica y por la transferencia imperfecta de su capital humano y habilidades al trasladarse de un país a otro. Al pasar el tiempo, los migrantes hacen inversiones que complementan las habilidades que traen consigo, de manera que incrementan su transferibilidad e invierten en adquirir habilidades adicionales con el propósito de aumentar sus salarios (Chiswick et al., 2005: 335); sin embargo, esta literatura se ha enfocado principalmente en casos de migración internacional de países en vías de desarrollo a países de desarrollados.
En el caso de los migrantes estadounidenses en México, quienes se mudan de un país de ingreso alto a uno de ingreso medio, es de esperarse que tengan un buen desempeño en el mercado laboral nacional. Por lo tanto, no sorprende el hecho de que sus salarios sean superiores a los obtenidos por los mexicanos. Lo anterior se explica no sólo por sus mayores niveles de escolaridad, sino también por su formación en un sistema educativo de buen nivel (suponiendo que parte de su formación escolar la adquirieron en la Unión Americana); su dominio del idioma inglés, el cual se espera les otorgue mayores oportunidades laborales; y por su conocimiento de México, consecuencia de la proximidad geográfica entre los dos países y el hecho de que un segmento importante tiene ascendencia mexicana. También, debido a los amplios diferenciales salariales que existen entre Estados Unidos y México y la posibilidad que tienen los estadounidenses de mudarse a su país de origen cuando así lo deseen, se esperaría que muchos de los que están en México tengan acceso a ingresos laborales relativamente altos. Esto también sugiere que, para una parte importante de la población estadounidense en México, su estadía en el país será temporal. Evidencia de esto es presentada en Cuecuecha-Mendoza et al. (2017), quienes encuentran que un porcentaje importante de los niños, niñas y adolescentes estadounidenses que viven en México regresan a su país de origen en alguna etapa de su vida. Esto puede explicar en parte por qué los estadounidenses que residen en México son tan jóvenes.
Por último, es importante reconocer las limitaciones del estudio, particularmente en el análisis de los diferenciales salariales entre las y los trabajadores estadounidenses y mexicanos. Primero, el salario mensual, el cual fue utilizado en las regresiones salariales, es endógeno al número de horas trabajadas. Esto implica que los hallazgos están captando diferencias en la oferta laboral o en el número de horas trabajadas entre los dos grupos. Segundo, no se excluyeron del análisis a personas que residen en México y trabajan en Estados Unidos. Orraca, Rocha y Vargas (2017) muestran que, en los municipios de la frontera norte, esto es muy común entre los estadounidenses y poco común entre los mexicanos; lo anterior sugiere que se están sobreestimando las ventajas salariales de los estadounidenses respecto a los mexicanos en el mercado laboral nacional. Tercero, con base en la información incluida en los censos, no es posible examinar si las características y el desempeño económico de los estadounidenses en México difiere de acuerdo con su ascendencia; no obstante, es probable que existan diferencias en sus habilidades y redes sociales dependiendo si: a) son hijos de uno o dos padres nacidos en Estados Unidos; b) son hijos de padres mexicanos migrantes internacionales de retorno; o c) son hijos de padres mexicanos que nunca sido migrantes internacionales, pero que optaron por dar a luz en Estados Unidos. Cuarto, dado que en el análisis también se incluyeron a personas autoempleadas, es posible que entre este grupo los estadounidenses presenten mayores ingresos laborales que los mexicanos porque los primeros tienen acceso a mayores niveles de capital y por tanto pueden incurrir en emprendimientos más productivos. Quinto, es posible que los estadounidenses y los mexicanos sigan procesos distintos de autoselección al momento de decidir si participan en el mercado de trabajo mexicano. El hecho de que no se haya controlado por esto puede estar introduciendo un sesgo adicional en los resultados, donde la estimación de regresiones salariales basadas en Heckman (1979) ayudarían a reducir estos sesgos.














