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Polis

 ISSN 2594-0686 ISSN 1870-2333

Polis vol.20 no.1 México ene./jun. 2024   30--2025

https://doi.org/10.24275/uam/izt/dcsh/polis/2024v20n1/rosas 

Reseñas

De juegos, emociones, violencia y otras fraternidades: abordajes feministas sobre la experiencia genérica de ser hombre

Rodolfo Rosas-Martínez1 

1Facultad de Ciencias Políticas y Sociales (FCPyS/UNAM)

Olivos, L.; Gutiérrez, L. F.; Huerta, F.. 2024. De juegos, emociones, violencia y otras fraternidades: abordajes feministas sobre la experiencia genérica de ser hombre. UNAM/CEIICH, México: 328p.


¿Cuál es el papel de las emociones en la construcción genérica de los varones? ¿Existe un marco político que condicione la manera en que experimentamos y expresamos ciertas emociones como hombres? ¿La masculinidad es un trabajo grupal, una especie de empresa fraterna? ¿En qué dimensiones de la vida cotidiana nosotros los varones podemos observar dicha fraternidad de lo masculino? Estas, y otras interrogantes, están presentes en el libro De juegos, emociones, violencias y otras fraternidades: abordajes feministas sobre la experiencia genérica de ser hombre que coordinan Leonardo Olivos Santoyo, Luis Fernando Gutiérrez Domínguez y Fernando Huerta Rojas desde el sello editorial del Centro de Investigaciones Interdisciplinarios en Ciencias y Humanidades (CEIICH) de la UNAM.

Este documento académico es resultado de un trabajo conjunto de investigadoras e investigadores que desde el espacio reflexivo del Seminario Interinstitucional: Los hombres, miradas críticas desde el feminismo, fundado en junio de 2018 y albergado en el CEIICH, han podido desarrollar un proyecto colectivo que, desde el trabajo académico, la rigurosidad científica y la potencialidad interdisciplinaria ha podido arrojar nuevas perspectivas sobre la condición genérica de los hombres.

De este trabajo asociativo, que reúne los resultados de procesos investigativos de algunos de los miembros de dicho grupo de trabajo es de suma importancia destacar dos aspectos: El primero se refiere al abordaje teórico metodológico en el cual se suscriben dichas reflexiones, y el segundo, el compromiso ético-político que los autores asumen con respecto al trabajo académico con y desde la experiencia de los varones.

Con respecto a la perspectiva teórico-metodológica es interesante destacar el carácter genérico de las experiencias de los varones. Para los autores abordar con lentes de género la situación de los hombres es observarlos desde su dinámica como “sujetos sujetados” al orden del género. Esto es, que los hombres no se ven como la representación por excelencia de lo humano, sino que se analizan desde su situación relacional con las simbolizaciones del género que diferencian lo masculino de lo femenino. De aquí que los autores se interesen por los varones en tanto productos de relaciones significativas de un orden de género, y no en los hombres en sí mismos.

Esto produce que el acercamiento metodológico sea fundamentalmente cualitativo, pues sugiere aproximarse al sentido de los sujetos, a sus experiencias y a la manera en que estos las dotan de sentido. Es por ello, que dar cuenta de lo que en palabras de Guillermo Núñez Noriega es el “drama de la masculinidad” requiera escuchar mediante entrevistas, cuestionarios, grupos de enfoque, entre otras técnicas de investigación social, lo que los varones significan de su ser hombre.

El segundo aspecto es la posición ético-política que desde el propio espacio del seminario tanto autoras como autores asumen respecto al trabajo con y desde los varones. Al partir de la deuda epistémica que los estudios de género sobre los hombre tienen con respecto a las diversas tradiciones feministas, tanto en las herramientas conceptuales sobre el género como de los análisis de las diversas dinámicas de lo social en que este se expresa como es la sexualidad, la familia, el trabajo, la ciencia, entre otras, las y los que se suscriben a este proyecto académico asumen el compromiso feminista de transformación social; esto es, de tránsito hacia una sociedad más equitativa e igualitaria entre hombres y mujeres, así como de las diversas expresiones de género.

Adentrándonos en el contenido del libro podemos encontrar tres principales ejes que organizan los ensayos presentados. El primero es el relativo a las emociones y su vínculo político, en el cual, se presenta un análisis de la dimensión emotiva de los hombres dentro del campo político y cómo estos movilizan proyectos políticos cargados de contenidos emotivos. El segundo eje es el referido a las fraternidades masculinas. En este encontramos el trabajo de Francisco Ávila Coronel titulado: Masculinidades contrahegemónicas guerrilleras y la violencia de género. Una mirada a la cotidianidad en el Partido de los Pobres (Atoyac, Guerrero) (1967-1974).

El texto indaga la dimensión genérica que condiciona la experiencia militante de los hombres y las mujeres pertenecientes a la asociación político-combativa del Partido de los Pobres en Guerrero. El autor destaca la existencia de una tensión entre los contenidos de una masculinidad hegemónica y una contrahegemónica en la propia construcción del ser hombre de estos varones. Desde esta lectura la masculinidad se puede entender como una yuxtaposición de contenidos y una tensión entre lo hegemónico y contenidos alternativos de devenir hombre.

Un segundo trabajo de este eje es el presentado por Oscar Montiel Torres titulado Los peligros de la masculinidad. Experiencias masculinas de poder (des)control y violencias, en el cual el autor analiza la formación de fraternidades masculinas en tres grupos de hombres: una comunidad de los Altos de Chiapas, un grupo de policías en la Ciudad de México y un conjunto de proxenetas en la zona sur del estado de Tlaxcala. Lo que subraya Montiel Torres es la puesta en marcha de una serie de prácticas que expresan una especie de juramentación hacia la cofradía masculina. Desde este análisis se puede observar a la masculinidad como un trabajo de grupo, de reconocimiento práctico entre pares. Al recuperar lo dicho por Celia Amorós podemos rescatar la noción de pactos patriarcales y su anclaje práctico al reconocimiento de los pares, esto es, a la asociación simbólica e imaginaria con respecto al grupo que detenta algún tipo de poder y dominio dentro del sistema patriarcal.

El juego: una práctica cultural de género para el divertimento de los hombres de Fernando Huerta Rojas es el último trabajo que podemos ubicar en este segundo eje. En dicho capitulo el autor destaca el papel del juego como espacio de socialización masculina para la construcción del ser hombre. Las actividades lúdicas se convierten en prácticas sociales que estructuran la condición genérica de la masculinidad dominante, siendo el reconocimiento de los pares un elemento fundamental. Con ello podemos señalar, junto con el autor, que el juego y la constitución de la fraternidad masculina que posibilitan estas actividades hacen que estas se transformen en espacios fundantes del sentido del hombre, así como lugares de reproducción de los valores y atributos de una masculinidad hegemónica. El último eje está dedicado al tema de la violencia. El texto titulado Hombres silentes y violencia de género contra las mujeres en tiempos actuales: ¿cómplices, opositores…o qué? de Luis Fernando Gutiérrez Domínguez indaga la violencia masculinidad dirigida hacia las mujeres como el principal problema de la condición genérica de los varones. Al analizar en la dimensión explicativa de dicho fenómeno, Gutiérrez Domínguez destaca dos aspectos fundamentales en el acontecer de la violencia: el silencio y la memoria histórica. Ambas dinámicas, el no acallar la condición violenta de cierta masculinidad dominante hace que esta forma se posicione dentro de la memoria colectiva. La violencia y su eco es transforma entonces en la naturalización de una forma particular de ser hombre.

De igual manera en este eje sobre la violencia, pero ahora centrada en el campo de la sexualidad encontramos el trabajo de Jafet Guerrero Gutiérrez titulado Los chacales son atractivos y medio vulgares: homoerotismo y relaciones de poder en internet. En este texto, el autor observa las interacciones homo - eróticas en el ciberespacio a partir del análisis de la figura del “chacal”. Para Guerrero Gutiérrez la carga simbólica del “chacal”, encarnado en varones de clase popular, como representación de un tipo particular de masculinidad hace que su incorporación en la dinámica del deseo homo - erótico respalde los propios mandatos y atributos del campo sexual de dominio patriarcal. Desde esta dinámica el “jugueteo” erótico que acontece a partir de la figura del “chacal” se convierte en una reproducción de la simbolización de la sexualidad masculina como un ejercicio de poder y dominio. El “chacal”, entonces, sería el acontecer de la erotización del dominio de la masculinidad hegemónica en el campo sexual que condiciona el propio deseo homo erótico.

Como puede constatarse el libro acoge una variedad de temáticas, dinámicas, espacios y prácticas donde se expresa la condición genérica de los varones. No obstante, desde nuestra lectura, existe una problemática que acompaña la mayoría de los textos presentados, y que se centra como la inquietud principal del trabajo con y desde la experiencia de los hombres. Los coordinadores lo expresan de la siguiente manera:

“Los estudios críticos de los hombres han tenido en la violencia uno de sus núcleos de problematización por excelencia, y el presente libro no ha sido la excepción. Aquí la violencia es comprendida y estudiada como fantasma que motoriza la política, pese a que la política se asume como el mecanismo para contenerla, aparece como materia prima de los pactos salientes que forjan complicidades entre los hombres para nunca asumir responsabilidades y posibilitar la reproducción al infinito del poder masculino” (pág. 30).

Pareciera que ese fantasma que es la violencia inevitablemente acompaña las experiencias genéricas de los varones. Se presenta como la sombra de su devenir hombres, tanto en su yo interno como en su relación con los otros: tanto con las mujeres como otros varones. De aquí que observar los diversos niveles y los diferentes espacios en que la violencia se hace presente en la cotidianidad de los varones se convierta en una tarea fundamental para elaborar una política que busque la igualdad entre los géneros. Coincidimos con los autores en buscar una mirada crítica a dicho fenómeno para evitar posturas esencialistas que pretendan naturalizar ciertas conductas o actitudes dentro de un modelo de masculinidad que ha mostrado sus peligros tanto para mujeres, hombres y las demás diversidades sexo genéricas.

En suma, el libro en cuestión constituye valiosa aportación académica que aborda interesantes líneas de investigación en torno a las cuales profundizar en el necesario porvenir del campo de estudios sobre la condición genérica de los varones. Estoy convencido de que, es desde la perspectiva crítica que asume a los varones como sujetos de género, desde donde pueden comprenderse las diversas problemáticas que radican en la manera en que los hombres aprendemos y ponemos en práctica nuestra masculinidad. De igual manera, asumimos que es desde este enfoque desde el cual puede elaborarse una política eficaz que posibilite transitar hacia una sociedad más equitativa entre los géneros. Aquella que permita hacer visibles tanto a los hombres como a las mujeres los peligros de alinearse a un sistema patriarcal que hace del género una experiencia marcada por la violencia. Con ello, nosotros los hombres podremos entender lo mucho que perdemos al ignorar las relaciones de género que condicionan nuestras vidas.

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