En el libro No es normal. El juego oculto que alimenta la desigualdad mexicana y cómo cambiarlo,1 Viridiana Ríos, licenciada en Ciencia Política por el Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM) y maestra y doctora en Gobierno por la Universidad de Harvard, entrelaza un amplio conocimiento académico con el uso de metodologías y de herramientas al análisis de datos cuantitativos a gran escala. A ello se suma el uso de unas dosis notables, próximas al periodismo de investigación. El resultado es un texto fácil de leer, pero con la capacidad de remover conciencias y de crear opinión entre quien lo ha leído o vaya a leerlo y transmitirla. De hecho, gran parte del trabajo en este libro se ha ido destilando en columnas semanales en diarios del ámbito nacional como Milenio o El País donde la doctora Ríos escribe asiduamente.
Se trata de un texto dramático, que a ratos provoca enojo, pero que es propositivo al ofrecer soluciones a los problemas estructurales más apremiantes de México relatados con detalle en el libro.
Inicia la introducción de este libro con un párrafo que nos advierte del grave problema de México en relación con su estructura económico-política, en cuanto a sus políticas públicas, el uso de sus recursos públicos, el peso del Estado como institución, a su fiscalidad y la discriminación y la desigualdad estructural. Ese párrafo dice lo siguiente:
México debería ser un país rico, tenemos todo para serlo. Somos la 15ª economía más grande del mundo y el decimoprimer país con el mercado potencial más extenso. Además, tenemos la fortuna de ser el primer socio comercial de la principal potencia económica global con una exportación de 742 millones de dólares diarios a Estados Unidos. Por si lo anterior fuera poco, el mexicano es muy trabajador. El 77% de nuestra gente está en edad productiva y somos el país de la OCDE que más horas labora solo superado por Colombia. Nuestro país es geográfica, demográfica y culturalmente privilegiado, sin embargo, los mexicanos vivimos menos bien de lo que deberíamos y con ello no me refiero solo a que en el país haya mucha pobreza (la hay), sino a que incluso personas que trabajan tiempo completo que tienen títulos universitarios o que son dueños de un negocio viven en condiciones precarias con demasiada frecuencia.
En esa introducción se adelanta la temática y estructura de este libro. Una muestra de los problemas y de las soluciones para conseguir un mejor país donde se viva bien y donde no haya la desigualdad tan flagrante que existe.
Libro que está estructurado, y esto conviene decirlo, para poderse leer de corrido o poderse leer desordenadamente. El libro tiene varias secciones. La primera sección se llama COMPETIR y tiene que ver con los procesos de competencia y consumo que existen en México en relación con otros países y dentro de México. El segundo apartado, que titula TRABAJAR, claramente muestra a un México como un exportador de mano de obra en condiciones muy precarias, de la esclavitud en algunos colectivos de trabajadores y sus aportaciones vía las remesas, cacareadas por los políticos como logros cuando son fruto de una desigualdad flagrante. El tercer apartado se titula CONTRIBUIR; a mi modesto parecer, apartado absolutamente medular porque en él se está atacando uno de los más graves, invisibles e ignorados problemas mexicanos que urge resolver, que es el de la baja fiscalización y recaudación de impuestos de este país. En el cuarto apartado, titulado GOBERNAR, se detallan las formas de gobernar, mejor dicho, las malas formas de gobernar y, finalmente, en el último apartado, titulado SER, con abundantes datos se documentan las condiciones de clasismo, de racismo, la pigmentocracia como fenómeno sociológico de profunda raíz histórica y en especial el alto desprecio a la mujer, lo que lo convierte en un país agresivo y violento hacia las mujeres, con altas tasas de feminicidios.
También en la Introducción se menciona que se han usado gran cantidad de datos para documentar las aseveraciones del libro. De hecho, la autora creó un GitHub para volcar todos los datos que manejó para hacer el libro. El uso de un análisis con «big data», entre otras cosas, ha permitido que en cada capítulo haya una gráfica sobre la temática que se está tratando. Una gráfica que es explicada y que está sacada del uso de una buena cantidad de datos. Creo que es un valor añadido que da relevancia al libro y justifica sus contundentes, a veces, dramáticas aseveraciones. Igualmente, ese uso de abundantes datos lo pone en relación con otros libros como, por ejemplo, por citar algunos, El gran escape. Salud, riqueza y los orígenes de la desigualdad de Angus Deaton, premio Nobel de Economía, editado por el FCE en 2015 y que, a través del también uso de abundantes datos, saca conclusiones contundentes sobre la desigualdad y sus efectos en la salud y el bienestar de poblaciones enteras en países concretos, en especial de Estados Unidos. O La creciente desigualdad en México de Isabel Rueda Peiró, editado por el Instituto de Investigaciones Económicas de la Universidad Nacional Autónoma de México en 2009, donde se retrata la pobreza estructural mexicana.
En cuanto al libro, y atendiendo a una mínima reseña de este, pienso que hay varios capítulos que apuntan a problemas estructurales de una profundidad tan arraigada que parecieran ya no ser problema. Citemos algunos:
En el capítulo 5, «Empresa chica, infierno grande», se detalla con una terrible contundencia la estructura empresarial subyacente que hay en México, donde los pequeños y medianos empresarios tienen enormes dificultades para salir adelante frente a los grandes oligopolios o las grandes empresas. De alguna manera, en este capítulo la autora nos empieza a dar muestras de que los bajos salarios en México tienen una explicación a causa de las condiciones de la estructura empresarial. Los abusos son continuos y sistemáticos tanto en el pago a proveedores y en el tiempo de pago de insumos, productos y servicios que son contratados por las grandes empresas a las pequeñas. Algo que no está regulado en México y sí en otros países. Otro abuso del que nos habla ese capítulo gira en torno al pago del IVA, mucho más notable en una empresa pequeña. El capítulo se ilustra con una gráfica sobre la proporción real de pago de impuestos de 20 años de 47 grandes empresas. El uso de datos y de su análisis mostrado en la gráfica prueba que las grandes empresas, especialmente los bancos y otras como Megacable, PINFRA o Comercial Mexicana, etc., han pagado mucho menos impuestos de los que deberían haber pagado. En ese capítulo, además, se explica la injusticia de una reforma laboral que condena o castiga a los empresarios pequeños, no así a los grandes. Se menciona el sobrecosto de la inseguridad con gastos de seguridad que son abusivos para un pequeño empresario. Se concluye, leyendo el capítulo, que ser empresario pequeño es ser un héroe y un luchador tenaz ante tanta injusticia. Todo ello es grave, pues socava los cimientos de la estructura económica del país teniendo en cuenta que las pymes aportan el 42% del Producto Interno Bruto (PIB) y generan el 78% del empleo nacional. Y que el porcentaje de las mipymes en México es cercano al 98%, siendo microempresas la mayoría.
En el capítulo 13, «Los políticos son sus empleados», se relata una realidad que se intuye y que Ríos documenta perfectamente. El primer apartado de esa realidad es el serio problema de recaudación de impuestos de este país que, como bien se dice, es pobre. Un problema que ya ha sido tratado y analizado en otros trabajos, algunos ya añejos como, por ejemplo, en el libro La capacidad de recaudar impuestos del gobierno mexicano, de Marcelo Bergman y publicado por el CIDE en 2000. Siguiendo el relato de Viridiana Ríos, México es uno de los países que menos impuestos recauda en proporción a su población y que lo sitúa en unos niveles muy bajos de recaudación de impuestos en proporción con economías más desfavorecidas. No solo eso, sino que además los más ricos son los que menos impuestos pagan. Además, se ha hecho creer a los más pobres de que pagar pocos impuestos es lo que debe ser. Se contrapone todo ello a una idea muy general entre la población de que el Estado mexicano tiene mucho dinero o, peor aún, que se pagan muchos impuestos en México (hay varios periodistas que vociferan sistemáticamente al respecto en los medios de comunicación), cosa que no es cierta y que se documenta perfectamente en el libro. Todo ello conlleva un gran problema: no hay dinero suficiente para las grandes y crecientes necesidades que tiene el país y no va a haberlo, a no ser que esto cambie y que alguien se atreva a hacer una verdadera reforma fiscal y empezar a construir un México más igualitario desde la fiscalidad. En este sentido, lo que se explica en ese capítulo no solo tiene que ver con la necesidad de crear política fiscal adecuada, sino que tiene que ver con desterrar de la psicología comunitaria o grupal ideas erróneas y perniciosas para el progreso de México y que tristemente se han asumido sin cuestionamiento por la población.
A mi entender, el capítulo 15, «Más igualitario que Finlandia», es uno de los más importantes del libro. En él se menciona cómo llegó a ser Finlandia el país más igualitario del mundo para a continuación situar en contexto la realidad del gasto público mexicano en relación con la construcción de una igualdad socioeconómica real. Un párrafo ilustra la dramática situación mexicana, ampliamente desconocida por la población:
El estado mexicano tiene muy poco dinero para darle servicios públicos y oportunidades a su gente. Es un estado flaco en términos económicos con menos dinero en puntos del PIB que el promedio de los países del África subsahariana y la mitad de lo que en promedio se gasta en el mundo. Parece increíble, pero es así. El promedio de gasto de Latinoamérica en su gente es de 28 puntos de su PIB; el de los gobiernos de África Subsahariana es de 26 puntos del PIB. México solo gasta 20 puntos. Así pues, el gobierno de México es del tamaño de Mozambique, Ruanda y Senegal.
El uso de los datos descubre que el Estado mexicano es pobre y está entre los más pobres del planeta. Es un Estado que a pesar de todo el esfuerzo que se haga no puede cumplir las promesas que haga cualquiera que gobierne. Es un Estado que acumula una debilidad estructural que inhibe cualquier posibilidad de desarrollo incentivada desde el Estado. Se trata de una circunstancia que ya había sido documentada por otros autores, quizás no con el apabullante uso de datos de Ríos como, por ejemplo, José Antonio Aguilar Rivera y su libro México: crónicas de un país posible, editado por el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes en 2005.
El capítulo 16, «La otra corrupción», es uno de los más demoledores del libro. Nos ilustra sobre cómo funciona la corrupción en general, cómo es la estructura de la corrupción y donde hay más corrupción. Algo que ya habían sido estudiado en otros libros como ¿Podemos reducir la corrupción en México?, o La resbaladilla de la corrupción, ambos de David Arellano Gault y publicados por el CIDE.
Pero gracias al libro No es normal descubrimos que donde hay más corrupción no es en la obra pública, como se pudiera creer, sino que es en los presupuestos de educación, de salud o de desarrollo social, y también en las participaciones federales que se entregan a los gobiernos estatales y locales. Igualmente, en ese capítulo se enseña una gráfica de los recursos dinerarios no justificados según la ASF. Coincidiendo con la temática de la corrupción, en el capítulo 18, «Gobierno de cuates», se documenta cómo la asignación de los recursos públicos para determinados servicios va a parar a amistades y familiares de cargos políticos que ocupan cargos de gobernador o de presidente municipal. De hecho, Ríos analiza 1.9 millones de contratos estatales entre los años 2010 y 2020, lo que supone más o menos unos 4.3 billones de pesos y miles de empresas operando. Así, la autora llega a la conclusión de que, si el gobernador cambia, el 83% de las empresas pierde los contratos públicos más grandes que tenía. Es decir, la probabilidad de mantenerse como contratista del gobierno se reduce significativamente cuando inicia una nueva administración. En este capítulo se nos explica que hay una cultura de asignación presupuestal y de desarrollo de proyectos basada en la cultura de cuates. Además, hay que añadir la sobredimensión de muchos de sus contratos: su sobrecosto. Se da una solución, ciertamente drástica, para componer este dislate estructural: refundar cómo se hacen las compras públicas, que se cambien las reglas de contratación, que no haya contratos a modo y que deje de haber esta suerte de asignación que no es directa, pero que lo parece. Siguiendo el hilo que proponen los dos capítulos señalados, el capítulo 20, «Democracia desigual», se explica, a través de muchos datos, que tal parece que el gobierno representa más y mejor a los ricos y que lo hace con bastante frecuencia. En las democracias actuales parece que esto es un hecho que se resuelve como de los más graves que afectan a las democracias vigentes en la actualidad, tal como, por ejemplo, nos lo relata Moisés Naím en La revancha de los poderosos. Cómo los autócratas están reinventando la política en el siglo XXI, publicado por Penguin Random House en 2022, o para el caso mexicano, Carlos Elizondo Mayer-Serra en Los de adelante corren mucho: desigualdad, privilegios y democracia, editado por Penguin Random House en 2018. Ríos en su libro corrobora lo que ya es sabido: el poder económico de los más ricos incide en las decisiones gubernamentales, en las políticas que se implementan y cuando no es así usan instrumentos como la justicia a modo. Ello perpetua, como bien se dice en el capítulo, la desigualdad y la pobreza, un régimen de clasismo y extralimitación de una élite frente a la mayoría.
Otro capítulo relevante es el número 24, titulado «Resbaladilla de cristal». En este se ilustra cómo a partir de las distintas crisis que han sucedido en México se ha perdido la presencia laboral de las mujeres con notables porcentajes. Se documentan a lo largo del capítulo las enormes diferencias salariales que hay en dependencias federales, como la Secretaría de Turismo o la Secretaría de Relaciones Exteriores, en cuanto a los salarios entre hombres y mujeres. Un aspecto que de forma general ya tratan otros textos, tan recientes como, por ejemplo, Rompe la brecha. Un feminismo que nos falta: la igualdad de género en el trabajo de Norma Cerros, editado por Penguin Random House en 2022.
También se menciona cómo a partir de 2018 se empezaron a pervertir los datos oficiales sobre apoyo a las mujeres e introduciendo elementos distorsionadores en ese cálculo, como los apoyos en general que iban dirigidos, entre otros muchos beneficiarios, a mujeres. Una suerte de ejercicio donde de fondo se dejaba claro que lo que menos importaba era una real política de igualdad de género, sobre todo en términos salariales económicos y de prevención de la pobreza. Un aspecto que se menciona en el capítulo, que recuerda las aseveraciones de Thomas Piketty en Capital e ideología (Grano De Sal, 2020), es que es mucho más probable que una mujer acabe siendo pobre que un hombre al final de su vida o como consecuencia de cualquier crisis.
En conclusión, se puede afirmar que el libro No es normal. El juego oculto que alimenta la desigualdad mexicana y cómo cambiarlo, es un texto tan necesario como contundente. Necesario porque descubre con un lenguaje claro y comprensible la realidad estructural de México, misma que es detallada, centrada en el papel del Estado como inhibidor de la desigualdad y la pobreza, pero que para México se revela como un Estado no solo muy débil, sino regido por graves incoherencias y anomalías y que no tiene la fuerza ni las herramientas para acometer cambios de trascendencia. Ese Estado debilitado por las voluntades y connivencias de unos pocos, que prolonga la desigualdad estructural y la imposibilidad de crear un país más justo, igualitario y democrático.













