Esfera civil y semántica de la disputa política es la última obra de Nelson Arteaga Botello, sociólogo mexicano adscrito a la FLACSO-México, reconocido no solo como uno de los principales exponentes de la Teoría de la Esfera Civil (TEC) en Latinoamérica, sino como un autor que ha logrado desprovincializar la teoría de esfera civil del contexto nacional donde emergió. Esta obra amplía la investigación que Arteaga lleva a cabo desde el campo de la sociología cultural orientada a la comprensión de los complejos procesos sociales y políticos en América Latina, particularmente aquellos relacionados con la significación de la violencia y su efecto en los procesos de transición democrática.
En esencia, este libro amplía la propuesta de análisis presentada por Arteaga en su libro Semantics of Violence: Revolt and Political Assassination en México (2022) centrado en un ejercicio de hermenéutica estructural con el fin de señalar que las categorizaciones que los integrantes de una sociedad se adscriben entre sí tienden a señalarse como individuos sagrados o profanos, o que permiten asignar atribuciones civiles o anticiviles a los actores sociales, al tiempo que permiten clasificar a las instituciones como democráticas o autoritarias. Estos atributos asignados forman las pautas de clasificación cultural en la organización de la vida colectiva, lo que genera estructuras institucionales que, en ocasiones, amplían y, en otras, limitan el ámbito de solidaridad e inclusión social.
Los principios de la TEC que retoma Arteaga -como parte del grupo de trabajo del Centro de Sociología Cultural de la Universidad de Yale- permiten arrojar luz sobre las tensas relaciones que existen en México entre la esfera civil -compuesta de un conjunto de instituciones comunicativas y regulativas propias de la democracia- y la esfera patrimonial -constituida por un conjunto de instituciones y referentes simbólicos que se consolidaron durante el periodo del partido hegemónico en México-. La TEC se ofrece como una alternativa a las teorías de la modernización que explican la expansión y dilatación de las formas de inclusión y solidaridad democrática a partir de, por un lado, los residuos de estructuras tradicionales y, por otro, como un producto disfuncional de la modernización neoliberal. Al mismo tiempo, la TEC, al examinar las interdependencias y los puntos de conexión entre diferentes esferas, ayuda a comprender cómo se mantienen procesos de inclusión social y solidaridad incluso en contextos de violencia o adversidad democrática.
El autor destaca que el verdadero protagonista de su libro no es el ahora expresidente Andrés Manuel López Obrador, ni sus seguidores o críticos, sino los posicionamientos y las acciones que estos despliegan, los cuales están arraigados en una estructura cultural profunda que solo puede entenderse al hacer un recorrido por la historia del país. Empíricamente, el estudio se centra en descubrir las estructuras culturales subyacentes a través de una etnografía de las narrativas presentes en las columnas políticas de los principales diarios del país. Esto facilita la observación de cómo se asignan responsabilidades a diversos actores sociales, ya sea por su respuesta ante intentos de restringir o ampliar los alcances democráticos, por su papel en la corrupción o legitimación de un movimiento social, por su apoyo o crítica a un sector del electorado, o, finalmente, por la gestión correcta o incorrecta de una crisis sanitaria.
De tal forma, Arteaga ofrece un análisis exhaustivo de las disputas simbólicas y culturales que configuran la política mexicana contemporánea. Utilizando la TEC el autor desentraña cómo las narrativas populistas -ancladas de igual forma en una discursividad e institucionalidad propia de la dinámica del régimen autoritario del pri durante más de 70 años- se conectan con las esferas patrimoniales y civiles simbólicas e institucionales del país. Así, este libro trasciende el análisis de los discursos y acciones del gobierno de López Obrador, porque las inscribe en una genealogía más amplia que conecta las dinámicas actuales con las estructuras culturales y políticas del pasado posrevolucionario.
El libro examina cómo el gobierno de López Obrador se inserta dentro de la tradición de los populismos de izquierda. Bajo la insignia de generar procesos de reparación civil para los grupos marginados y excluidos del desarrollo económico y social, al mismo tiempo que ampliar los mecanismos de participación democrática; López Obrador reforzó su legitimidad como líder indiscutible del pueblo e incluso con la posibilidad de imponer justicia por encima de los marcos jurídicos establecidos. Sin embargo, esta visión también generó una polarización profunda dentro de la sociedad, dividiendo a los actores políticos y sociales en categorías de moralidad pura y contaminada.
A lo largo de la obra, Arteaga subraya que las deficiencias que López Obrador identifica en la democracia mexicana no son un fenómeno aislado, sino que reflejan problemas comunes de cualquier sistema democrático. Lo relevante es cómo el expresidente utilizó estas fallas como base para articular un proyecto populista orientado a radicalizar la democracia, acercando el poder político al pueblo mediante su liderazgo. No obstante, este proceso viene acompañado de tensiones, ya que, al sustentar su liderazgo en estructuras culturales e institucionales no civiles, López Obrador reaviva prácticas patrimoniales de poder que limitan la rendición de cuentas y debilitan el control civil sobre el poder político, dando paso a un fenómeno de personalismo político.
El texto se divide en seis apartados, donde el autor expone cómo los códigos simbólicos del patrimonialismo, el populismo y la esfera civil han dado forma al panorama político mexicano. Esto lo hace desde el ascenso al poder de López Obrador, hasta los episodios críticos como la pandemia de covid-19, pasando por la gestión del colapso de la línea 12 del metro, el sistema de clasificación del electorado y las movilizaciones feministas. De este modo, la obra analiza cómo estas tensiones han reconfigurado los significados de las instituciones democráticas, los procesos electorales y las movilizaciones sociales.
El libro se organiza de manera que facilita la lectura y permite identificar un argumento unificado para el lector. En el primer apartado, el autor contextualiza la aparición de innovaciones semánticas relacionadas con el significado de la figura presidencial, las instituciones democráticas y las atribuciones de virtud y vicio civil que se asignan entre sí los actores sociales y políticos del país. Enfatiza que los medios de comunicación representan una forma de conocimiento contextualizado que refleja cómo las sociedades y las colectividades se perciben a sí mismas. Esta premisa justifica la relevancia de las columnas de opinión política como objeto de análisis, ya que en ellas se encuentran tensas relaciones y entrelazamientos de significado entre el campo civil y el campo patrimonial y sus instanciaciones populistas.
En el siguiente apartado, el autor presenta el marco conceptual de la TEC y la metodología de la obra, subrayando la importancia de la hermenéutica estructural como herramienta para desentrañar las estructuras culturales profundas que configuran las narrativas políticas. La TEC apuesta por comprender en cómo la esfera civil democrática y la esfera no civil patrimonial se reconfiguran cuando se confrontan y trenzan, al tiempo que pueden activarse horizontes de acción simbólica e institucional de carácter populista como modo formal de significación de la política en las sociedades democráticas. Su planteamiento es claro: es una aportación distinta a la que han hecho otros trabajos que abordan el modo de significación populista de López Obrador porque está interesado en dar cuenta de los “entrelazamientos tensos de sentido en torno a un modo de significación política de carácter populista y patrimonialista en el que se pone en marcha un proceso de creación de sentido sobre la institución presidencial, las votaciones y los aparatos de regulación democrática, así como los movimientos sociales”. De este modo, Arteaga señala cómo López Obrador revitalizó y dotó de nuevos significados a los referentes simbólicos e institucionales del patrimonialismo agotados, pero no suprimidos, del proceso de transición democrática.
Tras estos dos apartados, el autor lleva a cabo un análisis para demostrar cómo López Obrador reposicionó la figura presidencial como el núcleo de la unidad política y nacional, al servicio de la cohesión y el orden del país. Esta figura había comenzado a perder fuerza desde hacía cuatro décadas, debilitándose aún más durante los dos gobiernos del pan y el último del PRI. En este contexto, López Obrador activó los referentes carismáticos del antiguo caudillo revolucionario al presentarse como una figura capaz de atender las demandas de los sectores marginados a través de una gestión paternalista de la sociedad.
La segunda parte del libro incluye los capítulos principales en los que el autor analiza casos concretos, como el ascenso al poder de López Obrador y su respuesta al Paro Nacional de Mujeres, que representó la primera grieta en la legitimidad del populismo del presidente y a su intento de reactivar el sistema patrimonialista. A continuación, el autor analiza un tercer escenario de disputa simbólica, centrado en dos momentos clave del gobierno de López Obrador: la gestión de la pandemia de covid-19 y el colapso de un tramo de la línea 12 del metro en Ciudad de México en 2021. Estos estudios de caso no solo ejemplifican los argumentos teóricos del libro, sino que también proporcionan una visión detallada de los eventos que han marcado la política mexicana en los últimos años.
Según el análisis de estos eventos, Arteaga argumenta que alrededor de ellos se configuran diversas maneras de interpretar y representar la dinámica política del país. El autor señala que esto ha permitido la aparición de innovaciones semánticas vinculadas al significado de la figura presidencial, las instituciones democráticas y las nociones de pureza y corrupción de los actores políticos y sociales en México, y además, logra estudiar con éxito cómo esas innovaciones semánticas se activaron cuando el presidente buscaba controlar, a través de un enfoque político de carácter populista y patrimonialista, el significado de las instituciones y aparatos gubernamentales, los movimientos sociales y los procesos electorales. De esta forma, señala la forma en que se configuran las tensiones y entrelazamientos entre distintos horizontes de legitimidad política que proponen formas de inclusión y solidaridad social ampliadas o restringidas. En este contexto, Arteaga sostiene que tanto el campo civil como el patrimonial, con sus respectivas tendencias populistas, seguirán presentes en el sistema de referencia cultural de México en el futuro.
Es importante señalar que dentro de este trabajo el autor considera el populismo como una extensión de la TEC, trasladando el concepto desde la ciencia política hacia la sociología cultural. De tal forma, que esclarece los complejos y tensos vínculos de significado que giran en torno a un modelo de interpretación política con características populistas y patrimonialistas. A través de este enfoque, advierte sobre las formas en que se construyen significados alrededor de la figura presidencial, las elecciones, los mecanismos de regulación democrática y los movimientos sociales en contextos específicos.
Este análisis busca entender cómo los actores asignan mutuamente atributos que pertenecen a los ámbitos civil y patrimonial, mientras activan sistemas de clasificación característicos del populismo. Estos sistemas tienden a atribuir cualidades de “pureza” o “impureza” a los actores sociales y políticos; sin embargo, la tecno los interpreta como juicios morales para evaluar a los actores, sino como un enfoque analítico que permite explorar cómo los actores construyen atribuciones morales en diversas direcciones.
La esfera civil y la semántica de la disputa política cobran una importancia sociológica destacada en el contexto de la política mexicana. Uno de los principales logros del libro radica en su capacidad para replantear el populismo como una forma de significación política, en lugar de limitarlo a ser únicamente una ideología o una estrategia de movilización. Este enfoque permite comprender cómo el populismo actúa como un catalizador narrativo que legitima ciertos proyectos políticos, mientras polariza y fragmenta la esfera pública. Al situar el populismo dentro de la TEC, el autor amplía el análisis, incorporando dinámicas culturales, simbólicas y emocionales que juegan un papel crucial en la configuración del poder político.
El texto ofrece una reflexión crítica sobre el papel del liderazgo carismático en la política mexicana. Arteaga parte de la forma en que López Obrador se presentó como una figura que representaba la voluntad del pueblo, construyendo una narrativa que divide a la sociedad entre el “pueblo” y la “élite”. Este esquema binario no solo refuerza su legitimidad, sino que también agrava las tensiones entre los campos patrimonial y civil. No obstante, el autor no se limita a criticar el populismo, sino que también reconoce su capacidad para movilizar demandas de justicia social y reparación civil ante las fallas del sistema democrático.
Desde la TEC, Arteaga señala que el populismo de López Obrador tiene una doble dimensión simbólica e institucional. Por un lado, moviliza las sedimentaciones simbólicas del patrimonialismo posrevolucionario, utilizando figuras como el caudillo revolucionario para reforzar su imagen como líder moral y paternalista. Por otro lado, apela a los valores del campo civil, presentándose como el defensor de los sectores marginados y excluidos del desarrollo económico y social. Esta doble articulación le permite construir una narrativa inclusiva, pero también genera dinámicas de exclusión al categorizar a los actores sociales y políticos como “puros” o “corruptos”. Un ejemplo destacado de esta dinámica es el discurso de López Obrador durante las demandas y reclamos de grupos feministas. Mientras que sus críticos argumentaban que su gestión reflejaba un carácter autoritario y poco receptivo a la crítica, el presidente y su círculo cercano denunciaban que estas críticas provenían de grupos conservadores que buscaban sabotear su proyecto político. Así se muestra cómo se trenzan de forma tensa el populismo con las prácticas patrimoniales del régimen posrevolucionario. Arteaga argumenta que, aunque el populismo de López Obrador busca responder a las demandas de justicia social y reparación civil, su estrategia también activa códigos y prácticas del patrimonialismo que históricamente han marcado la vida política del país. Este cruce entre lo civil y lo patrimonial produce una tensión constante, ya que ambos campos, aunque parecen ser opuestos, se interrelacionan de forma conflictiva en su lucha por redefinir el sentido de las instituciones, los movimientos sociales y los procesos electorales.
El autor analiza cómo la lógica binaria que establece el populismo se ha manifestado en las disputas en torno al Instituto Nacional Electoral (INE). En este sentido, las reformas promovidas por el gobierno de López Obrador, argumenta, reflejaban un intento por reconfigurar las estructuras simbólicas de la democracia, trasladando el control del poder político hacia un modelo plebiscitario. Este proceso, aunque legítimo en términos democráticos, plantea riesgos significativos para la autonomía de las instituciones y el equilibrio entre los diferentes poderes del Estado. Al analizar estos eventos, Arteaga ilustra cómo las narrativas populistas pueden intensificar la polarización política, dificultando el diálogo entre los diferentes campos simbólicos.
Otra de las virtudes del libro es su capacidad para conectar las dinámicas actuales con las estructuras culturales del pasado. La metodología de hermenéutica estructural que utiliza el autor es particularmente efectiva para desentrañar las narrativas simbólicas que subyacen a las disputas políticas, ofreciendo una perspectiva rica y matizada sobre los procesos de inclusión y exclusión en el contexto democrático. Sin embargo, el análisis podría beneficiarse de una mayor atención a las voces de los sectores fuera del foco de los medios de comunicación, así como a las dinámicas internas de los movimientos sociales que han surgido en respuesta a las políticas del gobierno de López Obrador. Aunque el autor reconoce la importancia de estos actores, su participación en las disputas simbólicas no es explorada con la misma profundidad que la de los discursos oficiales y los medios de comunicación.
Finalmente, el autor demuestra cómo los intentos de López Obrador por imponer su visión populista han sido cuestionados tanto por los medios de comunicación como por asociaciones civiles, partidos políticos y órganos judiciales. Estos cuestionamientos han dado lugar a una resistencia que desafía los principios de la Cuarta Transformación, lo que ha permitido observar cómo el modo de significación populista desempeña un papel crucial en las luchas por el control de la democracia. Arteaga resalta que las disputas sobre el significado de las instituciones y los actores sociales no son procesos estáticos, sino que están en constante evolución, alimentados por los códigos simbólicos que atraviesan tanto lo civil como lo patrimonial. Estas tensiones reflejan la dificultad de construir un espacio común para el diálogo y la deliberación en una sociedad profundamente polarizada, donde las dinámicas de inclusión y solidaridad social continúan siendo un terreno de disputa constante.
Esfera civil y semántica de la disputa política es un texto imprescindible para quienes buscan entender las tensiones simbólicas y culturales que configuran la política mexicana contemporánea. Al combinar un análisis riguroso de las narrativas populistas con una reflexión crítica sobre las estructuras culturales profundas, el libro ofrece una perspectiva única sobre las dinámicas de inclusión y exclusión en las democracias contemporáneas. Muestra que la tensión que se vive en México no es entre la sociedad y el Estado, sino entre las esferas no civiles del patrimonialismo -que instancia lógicas populista- y la esfera civil. A decir del autor, se trata de una primera aproximación para entender lo que sucede en la actualidad y pensar en vertientes para ampliar la vida democrática desde la perspectiva de la esfera civil.
Esta obra ofrece una contribución valiosa al análisis de las tensiones políticas en México y América Latina, al proporcionar una perspectiva única sobre las interacciones entre los discursos democráticos y las dinámicas de poder. Asimismo enriquece el debate sobre el populismo, revelando cómo este se articula tanto con las estructuras democráticas emergentes como con las herencias autoritarias del pasado. Se destaca que en el contexto mexicano se puede identificar que amplios sectores del electorado perciben que la democracia existente no garantiza suficientes mecanismos de inclusión social. Esta percepción ha llevado a algunos a considerar que es necesario radicalizar la democracia, incluso adoptando enfoques iliberales, con el fin de alcanzar sus principios normativos.
La lectura de este libro es altamente recomendada para académicos, estudiantes y profesionales interesados en la sociología política, el análisis cultural y los estudios sobre democracia y populismo, ya que ofrece una valiosa perspectiva sobre la interacción entre los discursos democráticos y las dinámicas de poder que configuran el contexto político latinoamericano.
















