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Desacatos

 ISSN 2448-5144 ISSN 1607-050X

Desacatos  no.65 Ciudad de México ene./abr. 2021   05--2025

 

Reseñas

Para pensar el México de hoy

To think about the Mexico of today

Diana Alejandra Silva Londoño1 

1Universidad Autónoma Metropolitana- Unidad Iztapalapa, Ciudad de México, Méxicodiana.alejandra.silva@gmail.com

Las grietas del neoliberalismo. Dimensiones de la desigualdad contemporánea en México. Bayón, María Cristina. 2019. Instituto de Investigaciones Sociales, Universidad Nacional Autónoma de México, México:


Este libro resulta indispensable para un país como México, que ha experimentado desde hace más de 30 años las políticas neoliberales, con efectos adversos e incluso violentos. Esta urgencia se hace mucho más vigente en estos momentos, en los que el gobierno federal ha prometido una profunda transformación del país, que incluye la finalización del neoliberalismo, aunque en los hechos éste se está reforzando con el recorte al presupuesto público, en particular el orientado a la salud y la educación, fundamentales para avanzar hacia políticas universales que garanticen el ejercicio de los derechos sociales de toda la población.

Esta compilación es una contribución actualizada que nos muestra las vinculaciones entre el neoliberalismo y la desigualdad, no tan evidentes debido al velo de la retórica neoliberal que pone en el centro el individualismo, el mérito, el esfuerzo, la elección y la libertad, lo cual termina por despolitizar la noción de desigualdad y ubicar a quienes se encuentran en los niveles inferiores de la escala social como responsables de su propia situación. En este sentido, en el capítulo introductorio, escrito por María Cristina Bayón, se nos explican los modos en los que el neoliberalismo va más allá de un conjunto de políticas económicas para constituirse en un proyecto de clase, en un proyecto político para restablecer las condiciones de la acumulación de capital y en un régimen disciplinario que busca gobernar a los grupos subordinados en una sociedad centrada en el mercado, que castiga a quienes no se adaptan a sus reglas.

Ver la desigualdad y su relación con el neoliberalismo desde esta perspectiva nos permite entender que las diferencias de acceso al poder económico y político son también diferencias simbólicas, en las que los privilegios se consideran justos y ganados de manera legítima. Los elementos ideológicos y simbólicos no pueden ser soslayados, en tanto que aseguran el desprecio, el temor e incluso el odio al otro, con lo que se refuerza la desigualdad y su naturalización.

Este último aspecto es una de las contribuciones más importantes de este libro, porque llama la atención acerca de la necesidad de enriquecer las investigaciones sobre la desigualdad, tradicionalmente centradas en la distribución del ingreso y la riqueza, con los debates en torno a la redistribución y el reconocimiento, así como con una serie de conceptos con una larga tradición en las ciencias sociales, como el respeto, la solidaridad, el estigma, los límites simbólicos y las fronteras morales, sólo para nombrar algunos. Sólo de este modo será posible avanzar en la desnaturalización de la desigualdad y de los supuestos en los que se sostiene.

Por ello no es casual la necesidad de introducir el concepto de interseccionalidad, proveniente de los estudios feministas, el cual explica las distintas fuentes de opresión que se constituyen en formas de exclusión que se interrelacionan entre sí. Para el feminismo interseccional, no es suficiente con denunciar la opresión del sistema sexo-género sobre las mujeres y otros cuerpos feminizados, sino que ésta debe considerarse en relación con otros marcadores de desigualdad, como la sexualidad, la clase, la raza, la etnicidad, el lugar de origen y la capacidad física, entre otros. De este modo, con el concepto de interseccionalidad se vuelve a poner en el centro la necesidad de considerar el carácter relacional de la desigualdad, en tanto que, para comprender la opresión, es necesario conectar sus distintas fuentes.

Pero además de las dimensiones culturales y simbólicas, para desmontar los supuestos y la naturalización en los que se fundamenta la desigualdad también es necesario incluir su expresión espacial. La segregación urbana y la fragmentación social no sólo se sostienen en las diferencias de ingresos, sino que también son el resultado de la construcción sociocultural del espacio, en la que participan las dimensiones materiales, sociales, culturales y subjetivas.

Pese a que en este diagnóstico las clases subalternas son las receptoras de la exclusión social, la desvalorización social y la discriminación, no podemos olvidar las formas de resistencia desde las cuales se busca contrarrestar la hegemonía de los discursos estigmatizantes. Esto nos habla de las distintas formas de habitar las grietas de la desigualdad y el neoliberalismo, en las que, pese a la creciente destitución de los derechos y la violencia directa, simbólica y estructural, existen luchas tanto cotidianas como de más largo alcance por mejorar las condiciones de vida, por el acceso a los derechos, por la diferencia y el reconocimiento. Son procesos de resistencia que nos hablan de la capacidad de agencia de los sujetos frente a las determinaciones estructurales que los excluyen y los discriminan. No podemos pasar por alto estas formas de resistencia, pero tampoco las podemos romantizar, pues a menudo surgen de manera coyuntural y con un alcance que no supera el espacio local del barrio, la escuela y la interacción cotidiana.

Otro de los méritos de este libro es que combina la reflexión teórica con la investigación empírica en diversos campos de las ciencias sociales, como la sociología, la antropología, la geografía, el urbanismo, la economía y la ciencia política, los cuales, desde diferentes referentes teórico-metodológicos, contribuyen a enriquecer las miradas que tenemos sobre la desigualdad y las políticas neoliberales aplicadas en el país en los últimos 30 años.

Las diez contribuciones que aquí se presentan se organizan en cuatro apartados. La primera parte, “Riqueza, trabajo e ingresos en tiempo de neoliberalismo”, consta de tres capítulos. El primero, titulado “El camino menos transitado. Políticas para la igualdad social”, de Juan Carlos Moreno Brid, Luis Ángel Monroy -Gómez-Franco y Nubia Pedraza, se plantea la necesidad de repensar las políticas necesarias para abatir los niveles de pobreza y desigualdad en el país, así como las políticas para reactivar el crecimiento económico, de manera que permitan la sostenibilidad de las políticas para reducir la pobreza y la desigualdad. Se propone la creación de sistemas de provisión de servicios de corte universal para tener un piso de oportunidades para todos los mexicanos -hombres y mujeres-, y políticas compensatorias orientadas a la focalización de la población objetivo. Esto implicaría la implementación de sistemas universales de salud y educación de calidad, eficientes y accesibles; reducir las asimetrías regionales; la implementación de políticas de desarrollo de la infancia temprana y las transferencias condicionadas a futuro. Todo lo anterior, con un sistema tributario progresivo que grave las herencias, la transmisión de bienes inmuebles, la riqueza y el ingreso.

El segundo, “Movilidad social intrageneracional en México. La herencia social del primer trabajo”, de Fiorella Mancini, es una contribución a los estudios sobre la estratificación y la movilidad social que se han centrado tradicionalmente en la movilidad intergeneracional -que examina la movilidad entre padres e hijos-, desde una perspectiva que parte de la movilidad intrageneracional y se refiere a la que experimenta un individuo durante su curso de vida entre el primer trabajo y el actual. Con este enfoque es posible revisar el modo en el que la posición actual de los trabajadores está determinada por su origen social y la herencia social dada por el primer trabajo que obtuvieron. En los cursos de vida analizados, se observan los modos en los que las diferencias de género, origen social, escolaridad y esquemas institucionales moldean las formas de inserción en el mercado laboral. Asimismo, se muestra la relevancia del primer trabajo como un aspecto que no sólo incide en los trabajos que se tendrán a futuro sino también en las oportunidades de bienestar social y la acumulación de ventajas o desventajas a lo largo de la vida. Esto tiene importantes repercusiones para la política pública, la cual debería orientarse a equilibrar las condiciones en las que los jóvenes acceden al mercado de trabajo para atenuar las desigualdades que pueden producirse en el curso de la vida.

El tercer capítulo, “Desigualdad en el trabajo y pragmatismo. El caso de los estudiantes universitarios”, de Ángela Giglia, se orienta a comprender las experiencias de desigualdad y precarización laboral en un grupo de estudiantes de una universidad pública, quienes para sostener sus estudios trabajan en el sector de servicios. En este trabajo se busca entender el modo en el que los jóvenes universitarios con un capital cultural superior a la media logran lidiar con una serie de trabajos precarios en el sector servicios, en particular como meseros, repartidores, demostradores y vendedores. A partir de una serie de entrevistas, se encuentra que los jóvenes se debaten constantemente entre la ambivalencia de un trabajo que no les satisface pero que necesitan, lo que les lleva a realizarlo de forma pragmática. Esta actitud frente al trabajo, paradójicamente, es lo que les permite sobrellevar el sufrimiento físico y emocional que implican las largas jornadas de trabajo que deben equilibrar con sus estudios.

La segunda parte del libro, “Política, Estado y ciudadanías: aumentando las brechas”, comienza con el capítulo “Desigualdad y regímenes de bienestar. Una mirada teórica”, de Carlos Barba. En este estudio se hace una revisión sobre las distintas perspectivas de la desigualdad, el surgimiento del Estado de bienestar y la emergencia del concepto de ciudadanía social en la sociedad industrial. Posteriormente, se abordan las distintas conceptualizaciones sobre la desigualdad que se han producido desde el liberalismo y la economía política en el contexto de las sociedades posindustriales. Asimismo, a partir de la teoría de los regímenes de bienestar, se explican los modos en los que las acciones estatales y sociales pueden contrarrestar las desigualdades en distintos contextos sociohistóricos. Con todos estos elementos, se plantea una reflexión sobre cómo estos enfoques pueden ser aplicados al contexto latinoamericano y se muestra que las desigualdades y la pobreza en la región pueden explicarse con base en las teorías de los regímenes de bienestar.

En el segundo capítulo de esta segunda parte, “Dinámicas históricas de la desigualdad en el régimen de bienestar mexicano”, de Enrique Valencia, se refieren las formas en las que las instituciones sociales, que en principio surgieron como mecanismos para el acceso a la seguridad social, han actuado como sistemas de estratificación reproductores de desigualdades. Esto se explica por la constitución de un régimen de bienestar dual, de corte corporativo-autoritario, que exacerbó el estatus, el privilegio y las jerarquías de los grupos que formaban parte del pacto corporativo, asociados con el partido hegemónico. Por medio de esta estratificación, el corporativismo de Estado logró la conquista de derechos sociales para las bases trabajadoras de las corporaciones incluidas en este esquema, a la par que otorgaba prebendas para sus líderes, por medio de las cuales el Estado lograba el control y la legitimidad de gran parte de la población. Este régimen de bienestar sufrirá varios cambios a partir de las crisis económicas de 1982 y 1994, con los cuales se implementa una serie de políticas para los sectores excluidos de la seguridad social, como las de transferencias monetarias -sucesivamente, Progresa, Oportunidades y Prospera-, que incluían un paquete mínimo de acceso a los servicios de salud, la pensión básica para personas de 65 años o más, con su respectivo paquete mínimo de servicios de salud, y el Seguro Popular. A partir de estos distintos esquemas aumenta la cobertura de seguridad social pero con evidentes limitaciones en los servicios sociales básicos, lo cual institucionaliza la dualidad del régimen de bienestar y la desigualdad social resultante.

La tercera parte de este libro, “La escuela: de la reproducción a la fragmentación social”, consta de dos trabajos que revisan el lugar de la escuela en la reproducción de las desigualdades. El primero, “Transición al nivel medio superior de educación en México. Desigualdades en perspectiva vertical y horizontal (1965-2010)”, de Emilio Blanco, es un capítulo que analiza la diferenciación institucional en la educación media superior, que puede caracterizarse como un sistema estratificado que reproduce las desigualdades. A la estratificación del sistema educativo en el nivel medio superior se suman otros aspectos que reproducen las desigualdades, como el origen social, el geográfico, el sexo y la condición étnica, que influyen en las distintas modalidades de acceso a la educación. Por medio de los datos proporcionados por el Módulo de Movilidad Social Intergeneracional del Instituto Nacional de Estadística y Geografía en 2016, en este trabajo se muestra que, a pesar del incremento de la cobertura en el nivel medio superior, éste no ha tenido repercusiones significativas en la reducción de las desigualdades sino que ha contribuido a reforzarlas.

El segundo, “Expansión educativa en México y nuevas desigualdades de clase”, de Gonzalo Saraví, es un capítulo orientado a enriquecer los estudios en torno a los circuitos escolares, como una manera de explicar los mecanismos de reproducción de la desigualdad en el nivel medio superior, a partir del estudio de las experiencias escolares que muestran un proceso de inclusión desigual. Teniendo en cuenta las diferencias entre escuelas públicas y privadas, se identifican dos circuitos paradigmáticos, en el primero de ellos, al que el autor ha denominado “escuela acotada”, se concentran las clases desfavorecidas, y en el segundo, denominado “escuela total”, se ubican las clases privilegiadas. En torno a estos dos circuitos se organizan experiencias escolares distintas, en relación con la pertenencia de clase, que limitan los puntos de encuentro y socialización entre diversos sectores sociales.

Por último, la cuarta parte de esta obra colectiva, “Espacio, cultura y relaciones sociales: segregaciones y otredades”, comienza con el capítulo “Desigualdad, suburbanización y gentrificación en ciudades capitales. Los casos de México y Washington D. C.”, de Martha Schteingart. En este trabajo comparativo entre dos metrópolis con diferentes grados de desarrollo, se analizan las diferencias en la distribución de los grupos sociales, con énfasis en la pobreza y la raza, para proceder a analizar los procesos de suburbanización y gentrificación que inciden en las desigualdades urbanas. Asimismo, se hace una revisión de la literatura que plantea las relaciones entre raza y clase para el caso estadounidense y se presentan algunas consideraciones en relación con la cuestión indígena en la Cuidad de México. En esta comparación, se destacan las diferencias en la distribución de la desigualdad en el espacio y las formas de suburbanización relacionadas con la presencia de grupos sociales y étnicos en estos lugares. Mientras que en la Ciudad de México estos sectores se ubican en las periferias, en Washington los sectores desfavorecidos habitan principalmente en las zonas centrales, pero con los procesos de gentrificación llevados a cabo en esa ciudad, se ha producido una suburbanización de la población afroamericana, a la que se está desplazando debido al interés renovado de los jóvenes blancos -contratados por el gobierno federal- en las viviendas ubicadas en las zonas céntricas.

En el segundo capítulo de esta parte, “Las desigualdades simbólicas en un sector de urbanizaciones cerradas en la zona metropolitana del Valle de México”, de Guénola Capron, a partir de un caso de estudio de urbanizaciones cerradas en la periferia, se indaga cómo se perciben los ricos residentes de este espacio en relación con los trabajadores que también residen allí, pero separados por un muro o por una reja. Con este estudio, se busca comprender el modo en el que las relaciones y representaciones sociales, tanto de la otredad como del territorio ajeno, son productoras de una desigualdad simbólica que emplea el espacio como forma de distanciamiento social y como amenaza a la cohesión social. Aquí, se entiende por desigualdad simbólica aquella que convierte al extraño en una amenaza, porque se le considera inferior y por ello es necesario mantenerlo alejado. Para el análisis de la relación entre empleadas domésticas y sus empleadoras, se utiliza la distinción entre los establecidos y los marginados de Norbert Elías, para exponer los procesos de estigmatización del otro y la construcción de fronteras sociales que se amparan en las calificaciones despectivas y el control corporal.

Por último, el libro finaliza con el capítulo “Neoliberalismo, desigualdad y renovación urbana en la Ciudad de México”, de Alejandra Leal. En este estudio se analizan los discursos y las políticas en torno al proceso de retiro del comercio callejero en el proyecto de renovación urbana del paradero de Chapultepec. Se argumenta que este caso ilustra cómo el triunfo de la ideología neoliberal ha hecho desaparecer, tanto en el discurso público como académico, el tema de la pobreza como problema colectivo para convertirlo en un asunto moral que debe ser resuelto de manera individual. En este sentido, los múltiples actores que se involucraron en el proyecto de renovación urbana consideraron que el comercio informal es el causante de los problemas urbanos, pero no un resultado de la reestructuración económica y la precarización laboral, sino la causa del desorden y la suciedad.

Estos trabajos nos ofrecen un abanico de lecturas que nos permite revisar el concepto de neoliberalismo, el cual ha sido vaciado de contenido por su uso indiscriminado, para vincularlo a las distintas expresiones de desigualdad en nuestro país. Que la lectura de este libro sirva de inspiración para más estudios en este campo, a fin de contar con una visión rigurosa y actualizada de los efectos de más de tres décadas de neoliberalismo en México.

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