La obra que se reseña contiene experiencias y orientaciones valiosas para lograr el bienestar de las y los estudiantes1 en la escuela del siglo XXI. Su contenido resulta fundamental en una época de pospandemia, donde la salud socioemocional de los estudiantes se vuelve un imperativo que requiere atención por parte del profesorado y las autoridades educativas. Los autores cuentan con un vasto conocimiento de la temática y un prestigio internacional como expertos en cambio e innovación en el campo educativo.
El libro tiene como objetivo estimular una nueva forma de pensar y desafiar las ideas existentes sobre el bienestar y el aprendizaje socioemocional, y lo hace desde una perspectiva amplia. Contiene ejemplos inspiradores de iniciativas llevadas a cabo en diferentes países en las que se analiza la relación entre el bienestar y el éxito académico. Esta obra también hace una revisión crítica sobre la agenda del bienestar para fundamentarla mejor. Durante el recorrido del libro se señala que el bienestar y el aprendizaje socioemocional no solo son asuntos psicológicos y se muestra cómo las instituciones y sociedades mejoran u obstaculizan el bienestar de todos.
Se destaca que el bienestar, la felicidad y la realización no son solamente la cereza del pastel del aprendizaje y del éxito, sino que son esenciales para lograr cualquier objetivo académico. Resulta difícil tener éxito cuando se está cansado, preocupado, hambriento, asustado o triste. Por el contrario, lograr el progreso y dominio de una materia puede aumentar la autosatisfacción y la confianza en sí mismo.
Además de su contribución al aprendizaje, el bienestar y la realización también tienen un valor intrínseco enorme. Existen datos sobre la salud mental recopilados durante la pandemia de covid-19 que revelan que los adolescentes fueron el grupo más afectado en su bienestar. La separación y el aislamiento involuntarios fue algo que les aquejó en una etapa en la que gran parte de su desarrollo pasa por estar con amigos y adquirir un sentimiento de identidad y esperanza para el futuro. El bienestar es una parte esencial de la educación y de hacerse mayor. Ignorarlo es arriesgado, afirman los autores. Un aprendizaje intelectualmente exigente y el bienestar de los estudiantes pueden y deben ir de la mano. El bienestar es tanto una responsabilidad social como un estilo de vida individual o una elección positiva para la salud.
La obra consta de ocho capítulos cuya lectura es amena e interesante. Los autores nos introducen en la temática en el primero, donde ofrecen una explicación de lo que significa el bienestar para la mayoría de la gente. Vinculan las interpretaciones psicológicas del bienestar con la comprensión del papel que cumple en el mundo. El capítulo se cierra con la descripción de tres programas y reformas que abordan conjuntamente los aspectos micro y macro del bienestar.
El segundo capítulo aborda las seis teorías más empleadas del bienestar y el aprendizaje socioemocional, basadas en la psicología, que han influido a nivel mundial el quehacer de los docentes. El tercer capítulo se centra en las creencias sobre el valor del bienestar y analiza las posibles deficiencias del concepto. Al respecto, los autores afirman: “En educación, cuanto más nos aferramos a algo -al currículum o a una estrategia-, más deberíamos examinarlo para encontrar posibles fallos” (Hargreaves y Shirley, 2023:17).
El cuarto capítulo analiza qué fue lo que impulsó el interés por el bienestar en la educación durante la segunda década del siglo XXI. Según los autores, la necesidad que tienen los educadores de prestar más atención al bienestar surgió por la presión mezclada de dos grandes movimientos en la educación y en la sociedad: uno caótico e incierto que surge del futuro inminente y otro controlador y limitador por la evaluación y la estandarización, proveniente de un pasado obsoleto. La pandemia de la covid-19 ha sido un agregado a dichas presiones e incertidumbres y ha propiciado que el bienestar siga colocado en la cima de las prioridades educativas para los años por venir. “La COVID-19 cambió por completo nuestra percepción de lo que es importante en la escuela y en la sociedad” (Hargreaves y Shirley, 2023:12).
Los tres capítulos siguientes brindan una visión más extensa del bienestar y el aprendizaje socioemocional en la sociedad. Relatan tres fuerzas poderosas que están cambiando la norma y la práctica del bienestar: la primera es una búsqueda de la prosperidad personal y social; la segunda es un impulso hacia un uso más ético de las nuevas tecnologías de la educación; y la tercera es un llamado a renovar nuestra relación con la naturaleza. El quinto capítulo describe el objetivo de la prosperidad para todos, que se aparta de las obsesiones económicas de crecimiento y austeridad y de las preocupaciones educativas por los objetivos de rendimiento, para crear una mejor calidad de vida para toda la población. El sexto capítulo se centra en un uso ético de las nuevas tecnologías que aparta el uso excesivo de los dispositivos tecnológicos, híbridos o asimilados, para dar paso a unas estrategias de aprendizaje digital que tienen un impacto único y valioso, y que toman en consideración todos los peligros y riesgos asociados.
El séptimo capítulo se enfoca en el poder restaurativo de la naturaleza y propone incrementar el tiempo dedicado al aprendizaje en el exterior o fuera de la escuela para reconectar a los estudiantes con sus raíces indígenas, mejorar la salud física y mental de los jóvenes y establecer una relación temprana con la naturaleza que construya una base para la sostenibilidad medioambiental. Y, por último, el octavo capítulo expone evidencias recopiladas en 10 distritos escolares de Ontario, Canadá, donde los autores investigaron la relación entre el bienestar de los estudiantes y su éxito académico. Se afirma que este es un tema donde predominan las opiniones categóricas y se plantean interrogantes interesantes como las siguientes: ¿Es el bienestar una base esencial para el éxito académico? ¿O más bien tiene un papel secundario -o incluso distrae- en los serios estudios académicos? ¿Es el bienestar un resultado del éxito? ¿O puede, de hecho, el estrés constante por tener éxito en los estudios minar el bienestar de los estudiantes? Queda abierta la invitación para que los lectores examinen sus propios supuestos sobre el bienestar y el éxito y reconsideren cómo relacionar de forma más productiva ambos elementos.
Los autores hacen referencia a la obra coordinada por Jacques Delors (fallecido recientemente) La educación encierra un tesoro (Delors, 1996), la cual contiene los famosos cuatro pilares del aprendizaje (aprender a conocer, aprender a hacer, aprender a ser y aprender a vivir juntos) y centran su atención en dos de ellos: aprender a ser y aprender a vivir juntos. Al respecto señalan:
Aprender a ser y aprender a vivir juntos no son solo unos ideales abstractos. Se pueden lograr a través de programas y políticas reales que puedan ayudarnos a conectar nuestra propia salud a la del mundo. Aun así, las oportunidades para estar sano y bien no están repartidas de forma equitativa. El bienestar no significa lo mismo para todos, ni en todas las culturas (Hargreaves y Shirley, 2023:40).
El informe Delors nos enseñó -subrayan los autores- que el bienestar es algo más que sentirse sano, feliz, consciente o fuerte. Tampoco es sentirse a salvo o protegido. No es un mero asunto psicológico. El bienestar también es una condición social que implica los conceptos de inclusión, pertenencia, paz y derechos humanos. Es difícil estar sano si uno vive en una sociedad enferma (Hargreaves y Shirley, 2023:31).
Como es sabido, el objetivo principal de la educación no es el bienestar, sino el aprendizaje. Pero las escuelas no buscan sólo el aprendizaje académico de los estudiantes, sino que también promueven su desarrollo moral y emocional. Si solo damos importancia al aprendizaje y al éxito académico caeremos en la trampa de lo que el pedagogo neerlandés Gert Biesta (2023) denomina aprendificación. Esto significa que cualquier acción emprendida en la escuela debe ser justificada en función de su impacto en el aprendizaje.
En cuanto a las teorías del bienestar, en esta obra se destacan seis de los trabajos más populares y que han tenido un impacto mayor en cuanto a la investigación psicosocial del bienestar: a) La jerarquía de las necesidades de Abraham Maslow, b) el marco de la psicología positiva de Martin Seligman, c) la teoría de la inteligencia emocional de Daniel Goleman, d) la investigación de Carol Dweck sobre las mentalidades fijas y de crecimiento, e) las teorías del mindfulness y f) las teorías sobre el desarrollo integral del niño. Estas teorías sociopsicológicas del bienestar se están empleando ampliamente en las escuelas en la actualidad alrededor del mundo. Algunas de sus ideas principales están influyendo en las iniciativas de bienestar en las escuelas.
En esta obra el lector podrá encontrar un interesante análisis crítico sobre algunas nociones que se tienen sobre este tema en educación, en tal sentido, los autores afirman:
Un currículum diverso e inclusivo no debe solo abarcar el contenido literario o científico, ni solo las diferentes formas en que aprenden mejor los estudiantes. También debe ser sensible y receptivo a las diferencias culturales en las emociones de los estudiantes: habladores o callados, físicamente extrovertidos o inescrutablemente comedidos, tranquilos y deferentes o asertivos y audaces. Para que los profesores sean empáticos con la variedad de emociones de los alumnos, también deben ser conscientes de su propia emocionalidad, de que no es neutra, universal o superior, sino específica de sus propias identidades (Hargreaves y Shirley, 2023:115).
Más adelante se señala que el concepto de bienestar no está exento de reproches y se plantean cuatro preguntas sobre las formas en que puede ser -y a veces es- malinterpretado y mal empleado en las escuelas en la actualidad. Estas preguntas son:
La agenda del bienestar pretende erróneamente resolver los grandes problemas sociales con soluciones individualistas y psicológicas?
¿Pueden los defensores del bienestar acabar produciendo involuntariamente una generación de narcisistas egocéntricos?
¿Para qué tener iniciativas para el bienestar si otras partes del sistema escolar perpetran el malestar?
¿Están nuestras ideas sobre el bienestar culturalmente sesgadas?
Ante las diversas necesidades que presentan los alumnos, los autores afirman que existe una tendencia a confiar excesivamente en soluciones psicológicas individuales o exclusivamente educativas para resolver problemas sociales y económicos sistemáticos. Al respecto señalan:
Aunque tenemos que creer que podemos promover el bienestar de cualquier niño, sean cuales sean las circunstancias, no debemos renunciar a atacar la existencia y persistencia de la pobreza y otras causas de malestar fuera de la escuela. En Estados Unidos y en el Reino Unido, entre el 70% y el 80% de la explicación del rendimiento de los estudiantes reside en las familias o las sociedades y no en las escuelas. No tiene sentido esperar que los educadores protejan y promuevan el bienestar de los niños por sí solos, cuando no se invierte lo suficiente en otros servicios públicos (Hargreaves y Shirley, 2023:91).
En esta misma línea de pensamiento, se advierte que los grandes problemas sociales y políticos no deberían ser reducidos a soluciones psicológicas individualistas. Las respuestas psicológicas a los problemas no deben reemplazar la lucha contra las graves injusticias sociales, políticas y educativas de nuestra época, como el racismo, la desigualdad extrema, las amenazas a la democracia o la devastación del planeta. Tales actos de injustica no deben hacer que educadores y estudiantes se sientan impotentes, por el contrario, pueden ser una oportunidad para que el pensamiento crítico, el empoderamiento político y la resiliencia sean utilizados para cambiar el mundo, no solo para gestionarnos nosotros mismos.
Ahora que se alude frecuentemente a la “generación de cristal”, es importante considerar que los esfuerzos por promover el bienestar deben tratar a cada estudiante como único, pero no como alguien “especial”, con sus connotaciones de superioridad implícita. El enfoque del bienestar no debe degenerar en una búsqueda de la felicidad únicamente. Debe preservar su asociación con el esfuerzo, el sacrificio, la realización y el logro. Debemos ayudar a que los alumnos descubran la dignidad que conlleva trabajar duro, contribuir a la sociedad y volverse más sabio y perspicaz. Finalmente, valorarán mucho más este enfoque que si sólo intentamos hacerles sentir felices y especiales en todo momento. De lo contrario, el bienestar se puede convertir en una forma de narcicismo autoindulgente que produce lo que en Singapur se ha llamado “generaciones fresa” de jóvenes a menudo mimados, que se lastiman fácilmente, que se muestran “necesitados, frágiles y letárgicos”.
Si alguna vez pensamos que el bienestar tenía un lugar en las escuelas, pero era secundario en relación con el aprendizaje real, los logros y resultados de las pruebas, la covid-19 vino a echar por la borda esta noción. La fuerte experiencia de la pandemia nos obliga a repensar ciertas ideas o supuestos sobre lo que es importante en la escuela “El desempeño económico es una razón para tener buenas escuelas públicas, pero de ninguna manera es la única ni la principal. Hay más en la vida que ser económicamente productivo o ser capaz de sacar buenos resultados en las pruebas estandarizadas” (Hargreaves y Shirley, 2023:130). El bienestar es importante en todas las etapas de la vida, pero lo es especialmente durante el desarrollo de los jóvenes, debemos encontrar una mejor manera de conectar el cambio social y económico antes, durante y después de la pandemia con la protección y promoción del bienestar cotidiano y la calidad de vida de los jóvenes.
En esta obra los autores proponen un enfoque integral del bienestar de los estudiantes y maestros, que considere las dimensiones sociales y psicológicas. Se trata de una perspectiva interdisciplinaria que aborde las condiciones sociales, económicas y políticas de las sociedades y comunidades. Esto, requiere que se involucre a los estudiantes para que aprendan cómo contribuir a sus comunidades ahora y en el futuro, de modo que apoyen su propia salud física y mental, y la de los demás, junto con el éxito académico.
No obstante, las sociedades que tienen altos niveles de desigualdad económica -como la nuestra- suelen brindar protecciones limitadas, inclusión insuficiente y oportunidades mínimas para sus miembros más débiles y vulnerables. En cambio, en países con menor desigualdad económica y social el panorama es distinto:
[…] los sistemas de educación públicas de estas naciones son fuertes. Todos los profesores están bien capacitados y reciben altas calificaciones. La mayoría de los padres envían a sus hijos a su escuela pública local porque tienen la confianza de que su escuela local también es la mejor escuela para todos. Los sistemas escolares se basan en la cooperación y la confianza en la democracia y el profesionalismo en lugar de en la rendición de cuentas impuesta externamente y en modelos de competencia de mercado (Hargreaves y Shirley, 2023:154).
La segunda fuerza es un ímpetu hacia un empleo más ético de las nuevas tecnologías de la educación, sin duda un asunto relevante, dada la popularidad que estas han adquirido, especialmente durante y después de la pandemia en todo el mundo. Hargreaves y Shirley nos advierten de los peligros digitales y para apoyar sus argumentos citan a diversos autores que desde una visión crítica cuestionan su empleo excesivo:
[…] la especialista en la primera infancia Erika Christakis se quejó de que la pandemia no ha sido el primer momento en el que “parecemos cada vez más sumergidos en soluciones tecnológicas rápidas (matemáticas autocontroladas en iPads y similares) que alejan a los más pequeños de los adultos encargados de enseñarles” y de las conexiones emocionales y cara a cara que son esenciales en el desarrollo temprano del cerebro (Hargreaves y Shirley, 2023:170).
En este sentido, otros autores también coinciden en señalar los riesgos del empleo acrítico de las tecnologías de la información y la comunicación en educación:
Nos preocupa el uso perverso de las nuevas tecnologías tal como se están implementando en muchos casos y su inadecuación a las necesidades del estudiante. Añadimos la preocupación porque la evaluación cobre un papel dominante en los debates acerca de la mejora de la calidad de la enseñanza (Gimeno, 2018:14).
El uso excesivo de las pantallas puede ser perjudicial, en eso coinciden diversas investigaciones. Las revelaciones y las revoluciones propuestas en torno al aprendizaje digital dentro y fuera de las escuelas son tanto subestimadas como exageradas, sostienen los autores. Prometen un aprendizaje que puede estar disponible en cualquier momento y en cualquier lugar, lo que implica que el aprendizaje digital estará en todas partes todo el tiempo; o proponen acuerdos combinados o híbridos que implican algún tipo de compromiso mitad y mitad. Ambas posiciones tienen algún defecto, subrayan los autores.
El primer argumento significa que la dependencia de la tecnología digital durante la pandemia demuestra que el aprendizaje debe basarse en la metodología todo el tiempo. En el otro extremo, los defensores de la tecnología consideran que debe reemplazar a los docentes, hasta el punto de que los algoritmos de retroalimentación pueden y deben sustituir el juicio humano. Algunos incluso afirman que los edificios escolares deberían derrumbarse a favor de redes en línea vagamente definidas.
Los autores sostienen que este argumento es completamente erróneo. “Tanto cuando los niños regresan a la escuela, como durante y después de la pandemia, lo que necesitan no es más aprendizaje en todo momento y en todo lugar. Lo que necesitan principalmente es más apoyo cara a cara en el aquí y ahora” (Hargreaves y Shirley, 2023:175). Y en cuanto a los adolescentes, consideran que necesitan asistir a la escuela para estar con sus amigos, desarrollar el sentido de quiénes son, convertirse en ciudadanos responsables y bien informados, aprender a lidiar con el racismo y los prejuicios, entre otros. Necesitan menos tiempo en las pantallas, no más.
En educación, la tecnología se propone como una competencia fundamental e imprescindible en la formación de los futuros ciudadanos y, en segundo lugar, como un recurso didáctico casi milagroso para transformar el proceso de enseñanza-aprendizaje. Pero como afirma Adell (2018) los discursos sobre la tecnología necesitan considerar una perspectiva más ampliada y detallada de la naturaleza y los efectos de la tecnología en educación, desentrañar la relación entre supuestos educativos y tecnológicos previos no explicitados e intereses y agendas y superar la fascinación acrítica por los artefactos que está en el núcleo de muchas iniciativas y proyectos.
La tercera fuerza es una visión renovada de nuestra relación con la naturaleza. Los autores afirman que se necesita crear un sistema educativo a prueba de pandemias y que esto presenta una paradoja porque se necesita desarrollar más aprendizaje virtual y más aprendizaje al aire libre. Mencionan que Dinamarca hace más uso de la tecnología digital para los proyectos de los jóvenes que cualquier otro país, pero también fue líder en el aprendizaje al aire libre durante la pandemia. El aprendizaje de alta calidad puede ser más digital y natural o físico. Al respecto se menciona: “no hay ninguna razón educativa real por la que el aprendizaje fuera del aula no pueda integrarse en la vida escolar, incluso en países que tienen muchos menos recursos que Noruega” (Hargreaves y Shirley, 2023:183).
Se hace referencia a los beneficios que las experiencias al aire libre, en contacto con la naturaleza, aportan al bienestar y al aprendizaje de los educandos:
La actividad física, especialmente al aire libre, mejora la aptitud física, reduce la obesidad, ayuda a prevenir problemas de salud mental, como la depresión y la ansiedad, y a menudo es una alternativa más deseable para tratar los trastornos por déficit de atención que los medicamentos recetados en exceso o incluso las rutinas de calmantes autorreguladas. La actividad física al aire libre eleva el espíritu, aumenta la felicidad y aumenta la creatividad intelectual, así como los resultados de las mediciones convencionales de logros (Hargreaves y Shirley, 2023:191).
Por supuesto, estas ideas no son nuevas, hunden sus raíces en los planteamientos del filósofo de la educación estadounidense John Dewey, que a principios del siglo XX planteaba la importancia de que la escuela se conectara con el contexto real, es decir, que los niños experimentaran con la naturaleza.
Considerando que México tiene una de las tasas más altas de obesidad infantil en el mundo, la escuela debe permitir que todos los estudiantes aprendan y los profesores enseñen en un entorno natural como parte rutinaria y regular de la vida escolar. La solución de la gran tecnología nos empuja hacia lo virtual más que hacia el mundo natural. Ha llegado el momento de equilibrar ambos mundos. Diseñar libremente escuelas, clases y aprendizaje para que la naturaleza esté tan disponible en todas partes, debe ser una de nuestras mayores prioridades de bienestar en los próximos años, sostienen los autores.
La relación entre bienestar y rendimiento académico va en ambas direcciones. El bienestar puede apoyar el logro, y el logro también puede ser un catalizador para el bienestar. No obstante, tener un sentido de logro no consiste solo en obtener buenas calificaciones en los exámenes. El éxito puede reforzar el bienestar, en tanto que el fracaso puede destruirlo. Reducir lo que cuenta como éxito a las calificaciones de las pruebas aumenta la frecuencia de malos resultados. Por el contrario, ampliar lo que cuenta como éxito incluyendo las artes o el aprendizaje al aire libre, por ejemplo, reduce la posibilidad de fracaso. Ayudar a los estudiantes a tener más éxito no se trata solo de un enfoque en los resultados o logros, se trata de ampliar y profundizar las muchas formas en que sus aspiraciones de un sentido de logro real duramente ganado pueden ser posibles.
Para concluir, sólo diré que se trata de una obra importante, actual y pertinente para el campo educativo, en la que el lector podrá encontrar experiencias y orientaciones valiosas para diseñar e implementar programas y acciones orientadas a lograr el bienestar físico, mental y emocional de los niños y jóvenes, algo tan necesario en estos tiempos caracterizados por la incertidumbre y el cambio permanente.














