Introducción. Una noticia inesperada*
A principios de 2019 diversas instituciones mexicanas y españolas iniciaron los preparativos de distintos encuentros científicos, proyectos editoriales y ciclos de conferencias que tenían como objetivo analizar el proceso de reconocimiento, conquista y colonización desarrollado a lo largo del bienio 1519-1521 del territorio que sería denominado por Hernán Cortés como Nueva España. Conmemorar un proceso y reconocer a un personaje tan controvertido no era una tarea sencilla, en particular en México, donde la educación nacionalista perpetuada durante el siglo xx, de un evidente carácter indigenista, ha generado una visión sumamente negativa sobre los expedicionarios castellanos.1
La reflexión sobre la “conquista de México” trascendió el ámbito académico y se convirtió en un tema de actualidad en el seno de las sociedades española y mexicana debido a las declaraciones emitidas por el entonces presidente de México, Andrés Manuel López Obrador (AMLO). El lunes 25 de marzo de 2019, el mandatario compartió en sus redes sociales un video grabado en Comalcalco en el que informaba que en los primeros días de aquel mes había dirigido dos cartas, respectivamente, al rey de España, Felipe VI, y al papa Francisco, en la que les conminaba, en tanto jefes de Estado, a que se hiciera “un relato de agravios y se pida perdón a los pueblos originarios por las violaciones a lo que ahora se conocen como derechos humanos”. López Obrador añadía:
La llamada conquista se hizo con la espada y con la cruz. Se edificaron las iglesias arriba de los templos. […] Entonces es el tiempo de decir “vamos a reconciliarnos”. Pero primero pidamos perdón. Yo lo voy a hacer también porque después de la Colonia, hubo mucha represión a los pueblos originarios. […] Entonces, tenemos que pedir perdón y que el año 2021 sea el año de la reconciliación histórica.2
El martes 26 de marzo los periodistas del diario español El País, Javier Lafuente y Lucía Abellán, firmaron un texto intitulado “España rechaza con firmeza la exigencia de México de pedir perdón por los abusos de la conquista”. Tras señalar que México había lanzado “un desafío diplomático contra España por la conquista del país norteamericano hace 500 años”, los corresponsales aseguraban que, en su carta, el presidente mexicano “instaba” al monarca español “a reconocer los atropellos que las autoridades mexicanas consideran que se cometieron durante la Conquista y a pedir disculpas por ellos”. Los reporteros añadían que el gobierno español había reaccionado “a la divulgación del contenido de la misiva, adelantado por El País…”, mediante un comunicado oficial en el que el Ministerio de Asuntos Exteriores lamentaba “profundamente” la filtración de la carta y rechazaba “con firmeza” su contenido.3
Lejos de ser “un desafío diplomático” o una “exigencia” para que “España pidiese perdón por los abusos de la conquista”, como afirmaron los columnistas de El País, los mensajes del mandatario mexicano buscaban una reconciliación con el pasado. No obstante, la noticia fue replicada por periódicos mexicanos y españoles de diversos signos ideológicos, aunque en el caso español el denominador común fue la indignación.4 El mandatario mexicano y su equipo fueron objeto de escarnio por parte de líderes de opinión, periodistas y políticos de distinto signo y la iniciativa fue calificada como “ocurrencia”, “aberración”, “insensatez” o “frivolidad”. Los historiadores de ambas naciones fueron cautos y subrayaron el hecho de que no se conocía la carta completa, por lo que era necesario acceder al texto para formarse una opinión razonada, aunque la mayoría descartó, por distintos motivos, que hubiera que pedir perdón. Sólo algunos, como Carlos Martínez Shaw o Carmen Sanz Ayán, consideraron el asunto como “ridículo”.5
La pandemia por covid-19 declarada en marzo de 2020 relegó el debate público sobre la conquista del siglo XVI a un segundo plano, dado que la atención mediática se centró en la emergencia sanitaria y sus múltiples consecuencias. La conmemoración de los 500 años de la caída de México-Tenochtitlan, el 13 de agosto de 2021, sirvió al presidente mexicano para reafirmarse en su propuesta en torno al perdón que debía ofrecerse a los pueblos originarios, aunque ello en realidad tuvo poco eco en España y sólo Santiago Abascal, dirigente del partido ultraderechista Vox, llegó a escribir: “España logró liberar a millones de personas del régimen sanguinario y de terror de los aztecas. Orgullosos de nuestra historia”.6
La toma de posesión de la presidenta Claudia Sheinbaum, el 1 de octubre de 2024, reavivó el debate, puesto que la nueva mandataria mexicana no invitó al monarca español a la ceremonia de investidura argumentando que Felipe VI no sólo no se había disculpado en nombre de España, sino que ni siquiera había contestado la carta enviada por su antecesor. Aunque México invitó al presidente del gobierno español, Pedro Sánchez, el Ministerio de Asuntos Exteriores respondió que el jefe del Estado era Felipe VI, por lo que España no envió a ningún representante.7
Mucho se ha escrito en la prensa sobre la petición del gobierno de México, pero existen pocos trabajos que hayan abordado el problema con perspectiva histórica y con la atención, profundidad y desapasionamiento que amerita. Entre éstos pueden citarse los de Félix Hinz,8 Gabriel Martínez Saldívar,9 Martín Ríos Saloma10 y, de manera tangencial, el de Otto von Feigenblatt.11 Algunos artículos de opinión, como los firmados por los historiadores Tomás Pérez Vejo,12 Carlos Martínez Shaw,13 Enrique Krauze14 o la escritora Berna González Harbour15 han vuelto sobre la polémica desapasionadamente, pero la naturaleza periodística de sus textos ha impedido a sus autores desarrollar puntos que resultan importantes en el análisis de las ideas que nutrieron tanto el mensaje presidencial como la polémica generada en la opinión pública.
El presente trabajo tiene como objetivo estudiar el debate desarrollado en la prensa y las redes sociales con el fin de analizar las visiones que permanecen sobre la Conquista y la historia compartida entre España y México. Para ello se parte de una serie de preguntas que pueden revelar entramados discursivos e identitarios sumamente complejos, vinculados con el cruce entre las reivindicaciones históricas de los pueblos originarios, el ideario político de la izquierda mexicana y la derecha española, la crítica impulsada por los estudios poscoloniales a los discursos hegemónicos, los usos del pasado y, finalmente, la redefinición de las identidades colectivas -incluyendo las nacionales- en las sociedades contemporáneas:16¿Cómo se desarrolló en la prensa mexicana y española el debate en torno a la carta enviada por el gobierno de México al gobierno de España en los últimos días de marzo de 2019? ¿Cuáles fueron los usos políticos e ideológicos del pasado? ¿Cuál es la visión que permea sobre la conquista del siglo XVI en cada país fuera de los ámbitos académicos?
Para realizar la investigación se revisaron los periódicos españoles El País, ABC,El Mundo y La Vanguardia, mientras que en el caso mexicano se analizaron La Jornada, Milenio, Reforma y El Universal. En los ocho casos se trata de diarios de circulación nacional, con una trayectoria consolidada y representativos de distintas posturas ideológicas que son bien conocidas por los especialistas y la opinión pública que, en función de su adscripción al conservadurismo o el progresismo, han resaltado uno u otro elemento de la carta del presidente de México o las posturas de determinados políticos afines. A estas fuentes hemerográficas se han añadido los videos del presidente mexicano y los tuits de políticos y líderes de opinión. La cantidad de materiales disponibles propició que el estudio se ciñera a los primeros días de la polémica. Dado que la información y las posturas fueron repetidas en numerosas ocasiones sin apenas variación por los distintos diarios, se optó por reproducir algunos de los mensajes que pueden ser considerados representativos de una corriente de opinión.17
El texto se articula en cuatro apartados: en el primero se analiza el anuncio del presidente mexicano en Comalcalco; en el segundo se estudian la carta y su argumentario; en el tercero se examinan las reacciones en España, mientras que en el cuarto se abordan las reacciones en México para ofrecer, finalmente, unas conclusiones.
De Comalcalco para el mundo
En los primeros momentos de la polémica pareció que la noticia sobre la carta del presidente de México al rey de España publicada por El País el 26 de marzo de 2019 era la respuesta a la publicación del video divulgado el día anterior desde la Zona Arqueológica de Comalcalco por el mandatario mexicano. Sin embargo, puede afirmarse que el periódico español recibió la misiva en cuestión el lunes 25 de marzo a primera hora de la mañana, corroboró la información con el Ministerio de Asuntos Exteriores en Madrid y con Palacio Nacional en Ciudad de México a lo largo de la jornada, y que la inminente publicación de una nota en El País mediante la cual se informaba del envío de la carta fue lo que obligó a López Obrador a dar su mensaje en Comalcalco a las 14:16 horas de México, con el fin de controlar los efectos mediáticos de la noticia.18 El video, empero, generó el efecto contrario en el gobierno español, que mostró su malestar y rechazo a través del comunicado oficial del 25 de marzo ya referido.19
Resulta pertinente señalar que la misiva del mandatario mexicano no fue dada a conocer a la opinión pública de ninguno de los dos países el lunes 25 de marzo de 2019. Hubo que esperar a la tarde del día siguiente, cuando fue reproducida por el diario mexicano Reforma20 y hasta el 11 de enero de 2021 para que López Obrador la diese a conocer oficialmente durante su conferencia matutina.21 Quién y por qué filtró una carta oficial a El País es un asunto que deberá ser analizado en otra ocasión. En todo caso, el presidente de México negó reiteradamente su responsabilidad en la filtración.22
En el video del 25 de marzo, grabado en Comalcalco en su camino a Centla,23 López Obrador y su esposa, Beatriz Gutiérrez Müller, se hallaban frente al basamento piramidal y parecían mantener una charla distendida entre el jefe del Estado y su asesora histórica, puesto que a Gutiérrez se le había asignado en noviembre de 2018 un papel protagónico en la redefinición de un discurso histórico legitimador al nombrarla coordinadora del Consejo Asesor Honorario de la iniciativa “Memoria Histórica y Cultural de México”.24
En esa clase de historia improvisada, el presidente anunciaba que se encontraba camino a Centla con el fin de
[conmemorar] la batalla que tuvo Cortés con los mayas chontales, la primera batalla de la llamada conquista o descubrimiento, o encuentro de dos mundos, o de dos culturas. Lo cierto es que fue una invasión y se cometieron muchas arbitrariedades. Se sometió a los pueblos que habitaban lo que ahora conocemos como nuestra América, todo el continente nuevo, recién descubierto. Fue una invasión.25
Gutiérrez Müller, por su parte, señaló que con ese viaje iniciaban las conmemoraciones del quinto centenario: “Vamos a ir recordando los diferentes sucesos de esa llamada conquista. Otro importante es la matanza de Cholula, la Noche Triste también, y finalmente la caída de la ciudad de Tenochtitlan”. En ese momento, el presidente interrumpió a su cónyuge para señalar en tono jocoso que la Noche Triste también podía llamarse “la Noche Alegre”, para reconocer que el tema de la conquista era “muy polémico” y adelantar que “había ya enviado al rey de España” la misiva objeto de estas páginas.26
López Obrador inició su mandato el 1 de diciembre de 2018 tras una elección en la que obtuvo 53 % del voto.27 Por ello resulta significativo que una de sus primeras acciones de gobierno fuese reivindicar el pasado indígena de manera explícita. En su toma de posesión realizó una ceremonia en el zócalo capitalino en la que recibió el bastón de mando de los pueblos originarios, comprometiéndose a hacerles justicia tras 500 años de oprobio, abandono y vejaciones.28 En este sentido, la carta al rey de España, el mensaje de Comalcalco y el discurso en Centla podrían entenderse como la afirmación de la visión que López Obrador, en tanto histórico luchador social, tenía de un país en el que los pueblos originarios habían sido negados sistemáticamente por los diversos regímenes políticos. Analizadas en perspectiva, resulta evidente que las palabras pronunciadas en Comalcalco y Centla no sólo fueron la proclamación del inicio de las conmemoraciones oficiales con motivo de los 500 años de la conquista, sino el lanzamiento de un ideario político que buscaba repensar el pasado y construir un discurso que legitimara el acceso al poder de la llamada “4 T”.29
Aunque la intención del mandatario mexicano era loable, el mensaje de Comalcalco resultó polémico por tres motivos. Primero, porque López Obrador se arrogó la capacidad de disertar sobre la historia de su país, cosa que en principio, según una opinión pública muy extendida, sólo corresponde a los profesionales de la Historia; sin embargo, existen múltiples ejemplos de manipulación histórica por parte de los poderes establecidos y el propio Hobsbawm señaló que una de las funciones del discurso histórico es, precisamente, legitimar instituciones y poderes.30
Asimismo, porque al definir el proceso como una “invasión” y no como una “conquista”, cuestionaba el relato hegemónico sobre los sucesos del siglo XVI que había legitimado la posición de dominio político, económico y social tanto de los peninsulares en el periodo virreinal como de las élites criollas en los siglos XIX y XX. Al desestimar términos que han sido caros a la historiografía como “conquista”, “descubrimiento” o “encuentro de dos mundos”, López Obrador eliminaba los eufemismos y ponía sobre la mesa un asunto que muchos mexicanos consideran importante: el significado de los acontecimientos del siglo XVI, que ha formado parte sustantiva de los mitos nacionales y los discursos historiográficos que contribuyeron a construir una “comunidad imaginada” particular.31
Finalmente, porque en un evidente anacronismo, pretendía juzgar a los hombres y las mujeres del siglo XVI con base en los principios y marcos propios del siglo XXI, empleando, por ejemplo, el concepto de derechos humanos, y negaba la historicidad al identificar a los mexicanos y españoles actuales con los indígenas y castellanos del siglo XVI.
No obstante las objeciones que desde la perspectiva histórica pueden hacerse al mensaje, no debe perderse de vista, para comprender su sentido profundo, que se trataba de un discurso político en el que se planteaba una nueva relación del Estado mexicano con los pueblos originarios que hacía del ofrecimiento del perdón un punto de inflexión en esa compleja relación histórica.
La carta y su contenido. Entre la explicación histórica y el ideario político
El presidente mexicano inició la misiva dirigida a Felipe VI, fechada el 1 de marzo de 2019, señalando que con motivo del quinto centenario de la conquista de México-Tenochtitlan “resulta[aba] ineludible la reflexión ante los hechos que marcaron de manera decisiva la historia de nuestras naciones y que aún generan encendidas polémicas a ambos lados del Océano”.32 López Obrador reconocía enseguida que la expedición cortesiana “fue sin duda un acontecimiento fundacional de la actual nación mexicana, sí pero tremendamente violento, doloroso y transgresor”. Desgranaba a continuación los “hechos” que sustentaban este argumento, insistiendo en la destrucción de los templos indígenas, la imposición del castellano, la desarticulación de las comunidades indígenas, su reducción a la esclavitud y la explotación a través del régimen de la encomienda.33
El mandatario subrayaba que si bien en los primeros años de la conquista aquellos hechos habían sido fruto de iniciativas personales, por el contrario, “los actos de autoridad durante el largo periodo colonial fueron consecuencia de la aplicación de políticas de Estado: las instituciones virreinales fueron parte de la Corona española, pese a que en todo ese periodo ningún monarca peninsular visitó la Nueva España”. En consecuencia, el Estado mexicano, no solicitaba “un resarcimiento del daño en pecuniario de los agravios que le fueron causados por España”, sino, por el contrario, “que el Estado español admita su responsabilidad histórica por esas ofensas y ofrezca las disculpas o resarcimientos políticos que convengan”.34
Tras indicar que el 21 de septiembre de 2021, fecha de la conmemoración del bicentenario de la proclamación de la Independencia, “el Estado mexicano [pediría] perdón a los pueblos originarios por haber porfiado, una vez consumada la independencia, en la agresión, la discriminación y el expolio a las comunidades indígenas que caracterizaron el periodo colonial”, el presidente de México invitaba “al Estado español” a participar “de esta reconciliación histórica, tanto por su función principalísima en la formación de la nacionalidad mexicana como por la gran relevancia e intensidad de los vínculos políticos, culturales, sociales y económicos que hoy entrelazan a nuestros dos países”.35
El jefe del Estado mexicano concluía exhortando al gobierno de España a crear una comisión bilateral para preparar, entre los representantes de ambas naciones, “una ceremonia conjunta al más alto nivel”, que debía celebrarse en 2021, y a que expresara
de manera pública y oficial el reconocimiento de los agravios causados y a que ambos países acuerden y redacten un relato compartido, público y socializado de su historia común, a fin de iniciar en nuestras relaciones una etapa plenamente apegada a los principios que orientan en la actualidad a nuestros respectivos estados y brindar a las próximas generaciones de ambas orillas del Atlántico una convivencia más estrecha, más fluida y más fraternal.36
La misiva, redactada en un tono respetuoso, no se centra únicamente en el reconocimiento de la responsabilidad histórica de España, sino también en la reconciliación con base en el pasado compartido y en la posibilidad de construir una relación más “estrecha” y “fraternal” entre ambas naciones de cara al futuro. En este sentido, apelar a la responsabilidad histórica y plantear la solicitud de perdón no eran sino los primeros pasos de un proceso de reconciliación con el pasado de más altas miras, siguiendo la lógica de los procesos de reconciliación y construcción de la paz desarrollados en países que han sufrido profundos desgarros internos en la época contemporánea -como Colombia o Argentina, por poner ejemplos latinoamericanos- y cuyos planteamientos y dinámicas se resumen en los conceptos de verdad, perdón, reconciliación y justicia.
Si el tono de la carta es respetuoso y su sentido propositivo, ¿qué elementos resultan cuestionables? Una primera crítica que puede hacerse desde el ámbito de la historia es el anacronismo que la impregna, pues a principios del siglo XVI ni España ni México existían como naciones soberanas. De igual manera, en el actual territorio mexicano no viven únicamente descendientes de los pueblos indígenas, sino que también habitan descendientes de los conquistadores y colonos castellanos que a lo largo de tres siglos de dominio hispano, incluso después, llegaron a la Nueva España en busca de oportunidades y que, por la fuerza o por amor, engendraron a su propia prole, así como numerosos descendientes de las poblaciones africanas esclavizadas.
Asimismo, la carta ignora el contexto histórico y el horizonte cultural de los aventureros castellanos y los principios militares, religiosos y políticos bajo los que actuaron, juzgándoseles según los parámetros del siglo XXI. Por otra parte, aunque el documento parece decir lo contrario al reconocer la conquista como un “acontecimiento fundacional”, desconoce que la cultura mexicana contemporánea es resultado de ese intercambio cultural -violento en ocasiones, pacífico y silencioso en otras- en el que la lengua castellana, el catolicismo, la onomástica, la concepción cristiana del tiempo y la articulación del territorio no son meras herencias del medievo, sino elementos estructurales de América Latina en general y México en particular.37
Finalmente, puede criticarse la propuesta de elaborar un “relato oficial” de la Conquista, por más que sea “compartido”, pues si algo caracteriza al discurso histórico es su complejidad y pluralidad de interpretaciones. Bajo esta óptica, resulta revelador que en la misiva presidencial no se subraye la importante y activa participación de numerosos grupos indígenas en la conquista de la capital tenochca y diversas regiones del actual territorio nacional, a quienes la historiografía ha definido como “indios conquistadores”.38
En suma, es posible afirmar que, a pesar de la loable intencionalidad política de promover “la reconciliación histórica” entre ambas naciones y de que España reflexionase sobre su “responsabilidad histórica”, la carta, a fin de cuentas, reproducía la visión maniquea y simplista sobre la conquista castellana del siglo XVI, consagrada por el relato nacionalista de los siglos XIX y XX. Sin embargo, no debe perderse de vista que es bajo la lente de su dimensión y sentido político que el texto debe interpretarse y valorarse.
Las reacciones en España. Del menosprecio a la negación
A inicios de 2019 las buenas relaciones entre México y España estaban fuera de toda duda. Así lo demostraban la asistencia de Felipe VI a la toma de posesión de López Obrador en 2018 o la visita de Estado que en enero de 2019 el presidente del gobierno español, Pedro Sánchez, había realizado a nuestro país, refirmando la amistad entre las dos naciones.39
En ese contexto de normalidad diplomática, el martes 26 de marzo de 2019, España se despertó con los titulares acerca de la “exigencia” de disculpas publicada por El País. Tal fue el revuelo causado que el propio diario consideró que la polémica generada en aquella nación constituía en sí misma una noticia.40 Sin duda, el orgullo nacional herido y la pervivencia del legado franquista sobre la misión civilizadora de España en América contribuyeron a ello.
Uno de los primeros en reaccionar fue el escritor Arturo Pérez Reverte, quien en un tuit escribió: “Que se disculpe él, que tiene apellidos españoles y vive allí. Si este individuo se cree de verdad lo que dice, es un imbécil. Si no se lo cree, es un sinvergüenza”.41 Además del tono descortés, sorprende la falta de argumento: ¿el hecho de poseer apellidos de origen hispano y vivir en México, o en cualquier país de América Latina, descalifica a alguien a priori para proponer una reflexión sobre el pasado de España y sobre las relaciones entre España y América?42 Y el menosprecio, ¿no esconde acaso una postura de superioridad que cierra la posibilidad, ya no digamos a la crítica, sino al diálogo? En todo caso, Pérez Reverte distinguía entre los españoles del siglo XVI que emigraron a América y los del siglo XXI, que eran diferentes a los primeros tan sólo por el hecho de no haber salido de su tierra y, por lo tanto, no debían disculparse por nada. Aquí cabría una pregunta retórica, casi ontológica, pero con un trasfondo historiográfico: ¿un pueblo puede ser y no ser al mismo tiempo? Es decir, ¿las filiaciones históricas de los pueblos construidas por la historiografía nacionalista sólo valen para adjudicarse glorias pasadas, pero no para asumir responsabilidades históricas?
Más llamativo resultó el mensaje de Rafel Hernando, portavoz en aquel entonces del Partido Popular en el Congreso de los Diputados, pues no sólo se sumó al rechazo generalizado en el mismo tono despectivo, sino que reivindicó la conquista en términos que resultan cuanto menos pedestres:
Habrá q recordarle a este Sr. q los españoles fuimos allí y acabamos con el poder de tribus q asesinaban con crueldad y saña a sus vecinos, y q por eso unos pocos ayudados por los q eran perseguidos y esclavizados, se conquistó y civilizó esa tierra. Q estudie un poco. ¡Anda ya! [sic]43
Si bien no sorprende el menosprecio hacia “este señor”, que hubiese merecido el respeto debido a cualquier jefe de Estado, sí resulta llamativa la línea de continuidad que trazaba el popular, exactamente en sentido contrario que Pérez Reverte, entre la monarquía hispánica del siglo XVI y la España contemporánea al decir “los españoles fuimos allí”, asumiendo con el plural el pasado imperial, pero no los elementos negativos, es decir, la conquista y sus múltiples formas de violencia, sino sólo los aspectos que considera positivos, como la sujeción de las tierras y la “civilización” llevada por “los españoles” a las “tribus” de nativos americanos.
Más elaborada, pero no por ello menos endeble desde la perspectiva histórica, fue la respuesta del entonces dirigente del Partido Popular, Pablo Casado.44 El líder conservador llamó al mandatario mexicano “amigo izquierdista de Pedro Sánchez” y consideró la misiva en cuestión como “una afrenta para España”. “Que venga a decir que España hizo toda clases de barbaridades en ese país hermano es algo que yo no voy a permitir”, añadía, autoproclamándose así el defensor del honor de su país. En línea con las posturas ideológicas de Elvira Roca Barea,45 Casado negaba “la leyenda negra” y se afirmaba en lo que podríamos denominar, en contraposición, en “la leyenda rosa” de la conquista:
España contribuyó decisivamente desde hace cinco siglos a la prosperidad de América. A diferencia de otros imperios los españoles que fueron allí se quedaron allí y el mestizaje, que nos llamen la madre patria, que compartamos costumbres, lengua y religión lo vamos a reivindicar [...]. Nosotros estamos con los españoles de los dos hemisferios, porque así entiendo yo la Hispanidad.46
Al hablar de “Hispanidad” y de la “madre patria”, Casado no hacía sino vincularse con el discurso franquista que hundía sus raíces en el pensamiento de autores conservadores como el propio Ramiro de Maeztu, cuya Defensa de la Hispanidad había visto la luz en 1934.47
A Albert Rivera, líder del partido conservador moderado Ciudadanos, hoy extinto, pero en aquel entonces capaz de disputar un porcentaje no menor del electorado a los populares, la carta de López Obrador le pareció “una ofensa intolerable al pueblo español” y resultado de las “políticas populistas” de izquierda, habría que precisar. Confiado en el futuro inmediato, y sin olvidar el contexto electoral, Rivera auguraba que cuando gobernase el partido Ciudadanos, “liderar[ían] la unión y colaboración entre las naciones hermanas de Latinoamérica”. La indignación al menos no le impedía mostrar empatía por las repúblicas americanas, ni dejar de subrayar los vínculos históricos, de nuevo bajo la metáfora del parentesco.
Por su parte, Santiago Abascal consideraba que el mandatario mexicano estaba “contagiado de socialismo indigenista” y que al pedir disculpas a España “en realidad est[aba] insultando a Méjico” [sic]48 y se limitaba a reproducir el tuit de Pérez Reverte. La forma de escribir el nombre de la nación americana era en sí misma una declaración de principios, aunque en ellos se mezclasen el socialismo y el indigenismo, del cual, con toda probabilidad, no tendría un conocimiento cierto, al menos no en la manera que en su día lo formuló Luis Villoro, para quien el indigenismo era “el conjunto de concepciones teóricas y de procesos concienciales que, a lo largo de las épocas, han manifestado lo indígena”.49
Lo que tienen en común todas estas reacciones es el hecho de menospreciar, incluso con el insulto, al presidente de México, ridiculizar la petición -se insiste en el hecho de que ninguno conocía la carta completa-, desconocer la historia de la conquista y, en fin, la negativa ya no digamos a ofrecer disculpas, sino tan sólo a reflexionar sobre el pasado y la responsabilidad histórica de España y su pasado colonial. Resulta interesante asimismo subrayar la visceralidad de las distintas respuestas y comentarios, los cuales reflejaban, a su vez, un orgullo patrio herido y, en última instancia, la pervivencia de un discurso histórico de marcado signo franquista que hacía del reinado de los Reyes Católicos y de los siglos XVI y XVII los tiempos de esplendor del Imperio español. También resulta interesante constatar que los actores en cuestión no sólo negaron las violencias de la conquista -a veces con el simple silencio sobre el particular-, sino que, de una u otra manera, reivindicaron el papel “civilizador” de España y la “deuda” que México en particular y las naciones latinoamericanas en general tienen con España al insistir en la metáfora del parentesco.
Sería incorrecto pensar que no hubo en el país europeo posturas favorables a la petición del presidente mexicano. Ione Belarra, portavoz del partido de izquierda Podemos escribió en un tuir el mismo 26 de marzo: “López Obrador es el digno Presidente de México. Tiene mucha razón en exigirle al Rey que pida perdón por los abusos en la Conquista”. Si gobierna Podemos habrá un proceso de recuperación de la memoria democrática y colonial que restaure a las víctimas”.50 No debe extrañar esta postura, no sólo porque la formación de izquierda se define como “una fuerza política republicana”,51 sino porque desde su fundación ha estado implicada en los procesos de reconocimiento, justicia y reparación a las víctimas de la dictadura franquista y, por lo tanto, comparte hasta cierto punto el discurso empleado por el presidente de México. Con todo, no fue la postura mayoritaria.
Huelga decir que la Casa Real no dio respuesta a la carta ni se pronunció sobre el particular en los meses sucesivos pues, como es sabido, la política exterior del reino de España es asunto que compete exclusivamente al gobierno a través del Ministerio de Asuntos Exteriores, Unión Europea y Cooperación.52 Fue su entonces titular, Josep Borrell, quien el 27 de marzo reiteró que “obviamente” su país no iba a “pedir extemporáneas disculpas” y de nuevo lamentó el contenido de la carta y argumentó que España no se iba a disculpar como tampoco “iba a pedir a la República francesa que presente disculpas por lo que hicieron los soldados de Napoleón cuando invadieron España”.53
Hubo que esperar a enero de 2022 para que, en el marco de la visita de Estado de Felipe VI a Puerto Rico, el monarca español se pronunciara abiertamente sobre tan peliagudo asunto como la conquista del siglo XVI.54 El rey reivindicó “la presencia española en América”, los siglos de historia compartida, la herencia dejada por España, como la lengua, las instituciones, la cultura y el credo y los múltiples vínculos que unían a España con las naciones latinoamericanas, al tiempo que agradecía la acogida dada a los exiliados españoles y llamaba a todos, españoles y latinoamericanos, a sentirse “orgullosos […] del pasado común”, pero se cuidó de llamar al “contexto histórico” en el que se había llevado a cabo el desembarco de Cristóbal Colón en San Juan de Puerto Rico como “conquista” y, sobre todas las cosas, de pedir “perdón”.55 Sin duda, a Felipe VI le asistía la razón en casi todo lo que dijo en aquella ocasión y ese discurso se convirtió, finalmente, en la respuesta oficial del monarca español sobre el asunto y con la cual pretendía zanjarlo definitivamente. Pero cabría preguntarse: ¿por qué resultó tan difícil para la sociedad española realizar una revisión sobre su pasado colonial?
Las reacciones en México. De la indignación a la risa
Las reacciones en la nación americana fueron menos viscerales que las españolas, pero no por ello menos indignadas. El diario El País se dio a la tarea de recabar algunas de ellas aprovechando las notas publicadas por periódicos mexicanos, como Milenio, con el objetivo de reafirmar su visión negativa sobre la propuesta presidencial.56
Citó, por ejemplo, las palabras del otrora candidato presidencial del Partido Acción Nacional, Diego Fernández de Cevallos, para quien la iniciativa era una “tontería” y una “sandez”. En el video que completaba la nota, el panista señalaba que López Obrador no había sino replicado lo que había hecho el presidente de Venezuela, Hugo Chávez, dos años antes y que no se podía esperar una respuesta distinta por parte del gobierno español.
Además de suscribir las palabras de Pérez Reverte y las del gobierno de España en el sentido de que no se podían juzgar los hechos pasados con los criterios de hoy, el Jefe Diego añadía que “habría que conocer la historia” y no olvidar que “purépechas, otomíes y tlaxcaltecas […] eran sacrificados por los aztecas”, para concluir que si la conquista se había logrado no había sido por “el puñado de españoles”, sino porque “se aliaron con los tlaxcaltecas”.57 A Fernández de Cevallos le parecía indignante que “este señor” es decir, el presidente de México, buscara “en los sucesos del pasado qué agravios son los que hay que traer a valor presente para tener una Mañanera, de canta-mañanas, una noticia más” y que, precisamente, a través de sus conferencias matutinas, López Obrador pusiera “en la agenda de México “cualquier ocurrencia”.58 El dirigente panista no tenía empacho en reconocer “todos los abusos que hubo en esa conquista”, pero añadía que así ocurre “en todas las conquistas” y que, en todo caso, “fueron muy inferiores esos abusos a como hicieron los ingleses con los Estados Unidos que ahí sí era masacrar todo lo aborigen y aquí no fue así”.59 Concluyó señalando que
más que estar hablando de ese pasado, como lo dice el gobierno español [debemos] estar atentos al mundo de hoy para apoyarse como pueblos hermanos y buscar un futuro mejor para ambas naciones. Pero esa tontería de revisar el pasado para encontrar culpas, a mí me parece que es […] una tontería más, hay que superarla.60
Menos exaltadas fueron las palabras de la senadora y dirigente histórica de la izquierda mexicana Ifigenia Martínez, quien señaló que “desde el punto de vista de la historia ahí está viva la cicatriz, pero ya no tiene remedio. Ya nosotros superamos esa etapa y a mucho orgullo. No cabe la disculpa”.61 El video que acompaña la nota muestra que la senadora fue interpelada por los reporteros de Milenio en los pasillos de la Cámara Alta y que la pregunta la tomó por sorpresa, de tal suerte que cuando comprendió el sentido de la interrogante, echó a reír.62 Fue esa respuesta la que subrayó El País al escribir: “Ifigenia Martínez, una histórica dirigente de la izquierda mexicana, se rio de la petición de López Obrador al ser preguntada”.63 Más allá de la risa, cabría preguntarse cómo es posible que se haya superado “aquella etapa”, cuando “está viva la cicatriz”.
La respuesta quizá puede encontrarse en las palabras de María de Jesús Patricio Martínez, vocera de los pueblos indígenas y aspirante a la candidatura presidencial en la contienda electoral de 2018. Popularmente conocida como Marichuy, la portavoz indígena respondió al preguntársele por la carta de López Obrador a Felipe VI: “ha pasado tanto tiempo de eso que mejor la autoridad debe dejar de despojar las tierras y dejar de darle en la torre a los pueblos”.64 Para Francisco Reyes, integrante del Consejo Nacional Indígena, “la solicitud de disculpas del presidente de la república resulta un engaño para la población en general pues los pueblos indígenas no ganan nada con una disculpa de España”, 65de donde se colige que tal maniobra podría sumarse al largo memorial de agravios históricos infligidos por el Estado mexicano, pues lo que buscan los pueblos indígenas -como lo habían expresado claramente los zapatistas en 1994- es el respeto de sus comunidades, usos, costumbres, formas de organización, territorios y recursos naturales. Ello se corrobora con las palabras del líder yaqui, Mario Luna, quien aseguraba que “la carta es sólo una estrategia política y que su comunidad sigue siendo despojada”, por lo que, en su opinión, se requerían
acciones puntuales, no disculpas […]. Para los pueblos originarios no importa quién sea el opresor, sea España o el gobierno de México, la usurpación a nuestros recursos es un hecho y sigue hoy en día […]. No queremos que se disculpen, queremos que paren el despojo sistemático.66
A modo de conclusión. México y España ante su historia e identidades compartidas
En el marco de las consultas que El País realizó a historiadores de ambos lados del Atlántico para pedir su opinión sobre la solicitud de perdón del presidente mexicano, Jesús Bustamante, investigador del Instituto de Historia del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, respondió a la pregunta hecha por el diario sobre “si se podría pedir perdón, como se hizo con los sefardíes”, en sentido negativo con este argumento:
¿Es que les hemos pedido cuentas a los romanos? No es lo mismo, a los judíos se les expulsó por su religión, mientras que estamos hablando de la expansión territorial de Europa, un fenómeno que comenzó en el siglo xv y cambió el mundo. Claro que se mató a mansalva, ellos también, era un mundo cruel.67
La respuesta del académico, en particular la expresión: “ellos también”, refleja nítidamente la manera en la que el discurso histórico decimonónico contribuyó de manera efectiva a generar una identidad colectiva que diferenciaba a España, “nosotros”, de las jóvenes repúblicas latinoamericanas, “ellos”, con las que compartía tantos elementos, como bien puso de manifiesto Felipe VI en Puerto Rico.
En este sentido, puede afirmarse que la incomodidad generada por la carta del mandatario mexicano en la sociedad española muestra que ésta no ha alcanzado aún la madurez política necesaria para hacer un trabajo de introspección y revisión histórica de su propio pasado o, con palabras de López Obrador, acerca de su “responsabilidad histórica” y sobre su pasado colonial.
Ciertamente no se pueden proyectar sobre el lejano ayer los valores de las sociedades contemporáneas, pero no debería ser tan difícil repensar el pasado y asumir la responsabilidad sobre las consecuencias negativas de la expansión europea, como tampoco debería ser tan difícil el que las naciones latinoamericanas asumieran su herencia hispana y las maneras en que ésta define y moldea a las sociedades contemporáneas. Felix Hinz ha hecho un recuento de algunos actos recientes en los que se han ofrecido disculpas por hechos pasados, entre los que sobresalen los del presidente francés Emanuel Macron por las atrocidades cometidas durante la guerra de Argelia (2018) o los del rey Felipe de Bélgica por la violencia ejercida en África durante el periodo colonial (2020).68
A la luz de los discursos analizados y su virulencia, consideramos que la dificultad radica en que, aunque en España conviven numerosas identidades -locales, regionales, lingüísticas, etcétera-, en la práctica y en términos generales, pervive la identidad sustentada en la idea imperial, de donde se desprende el racismo, el menosprecio y la indignación expresada por los representantes políticos ante la propuesta del exmandatario mexicano. En el caso mexicano, es innegable que los aportes realizados por los especialistas acerca de los acontecimientos del siglo XVI no han llegado al conjunto de la sociedad y los mensajes del titular del Ejecutivo reflejan claramente la pervivencia del discurso nacionalista acuñado en la década de 1940 y reforzado a través de la educación básica, al mismo tiempo que muestran la imperiosa necesidad no sólo de que el Estado mexicano reconozca los agravios cometidos contra los pueblos originarios, sino de que la sociedad mexicana reflexione sobre los discursos historiográficos que han marcado su identidad, se cuestione acerca de su vigencia en pleno siglo XXI y transforme su relación con los pueblos originarios.
Debe señalarse, finalmente, el papel que desempeñó la prensa al tergiversar el mensaje del presidente mexicano, que nunca “exigió” una disculpa a Felipe VI, sino que lo invitó a construir una reflexión compartida con un horizonte de futuro y a que España “ofreciera” disculpas a los pueblos originarios tras asumir la responsabilidad histórica. De igual manera, puede constatarse que la prensa agrandó de forma artificial la polémica, al punto de que el secretario de Relaciones Exteriores de México subrayó que la misiva “[era] una propuesta de reconciliación histórica”69 en tanto que López Obrador señaló reiteradamente que no buscaba una confrontación.70
A pesar de las intenciones del expresidente mexicano, es evidente que la carta y sus ecos generaron un momento de tensión entre dos naciones con múltiples intereses compartidos y profundas relaciones de distinto signo. No se trata, por lo tanto, de pedir perdón, sino de asumir el pasado con sus consecuencias inmediatas -como descolonizar los museos y dejar de hablar de “la madre patria” o de la “hispanidad” por sus reminiscencias franquistas- y aquellas de mayor calado que nos permitan comprender que la España y la América Latina contemporáneas no se entienden sin su historia compartida a lo largo de cinco siglos.















