69Los desafíos de financiar la instrucción de primeras letras en Oaxaca La contribución de los 6 ¼ centavos, 1867-1889Clarence Horace Montgomery y Agramonte. Editor, hombre de negocios, socialité y decano de la colonia estadounidense en México (1877-1929) 
Home Page  

  • SciELO

  • SciELO


Estudios de historia moderna y contemporánea de México

 ISSN 0185-2620

Estud. hist. mod. contemp. Mex  no.69 Ciudad de México ene./jun. 2025   29--2025

https://doi.org/10.22201/iih.24485004e.2025.69.77950 

Artículos

Católicos, ¿monárquicos? El Segundo Imperio Mexicano juzgado por La Voz de México y El Tiempo, 1876-1888

Monarchical(?) Catholics. The Mexican Second Empire Judged by La Voz de México and El Tiempo, 1876-1888

Adán Rodríguez Ávila* 
http://orcid.org/0000-0003-2917-5448

* Universidad Nacional Autónoma de México (México), Programa de Posgrado en Historia, adancliodriguez@gmail.com


Resumen

En este artículo se ahonda en el juicio de dos periódicos católicos sobre las ideas monárquicas y el Segundo Imperio Mexicano, desde la historia política. La Voz de México y El Tiempo se fundaron tres y dieciséis años después del triunfo de 1867, respectivamente; vivieron sus secuelas mientras elaboraban sus propuestas políticas frente al nuevo régimen. El texto tiene como principales objetivos establecer si hubo entre los católicos posteriores al Imperio una supervivencia del monarquismo -como aseguraban los liberales- e identificar el juicio que realizaron sobre el gobierno de Maximiliano. La hipótesis sugiere que estos temas contribuyeron a la formación de las posturas políticas de estos diarios. Analizar las formas de gobierno y separarse de los imperiales fueron estrategias para consolidar su presencia en el escenario político. Las conclusiones apuntan a que el monarquismo no fue una parte importante del ideario de los periódicos, que formaron una postura política “católica”, separada de los partidos tradicionales.

Palabras clave: prensa; Iglesia; católicos; monarquía; Porfiriato

Abstract

This article delves into the judgment of two catholic newspapers on monarchical ideas and the Mexican Second Empire, from the viewpoint of political history. La Voz de México and El Tiempo were founded three years -the former- and sixteen years -the latter- after the triumph of 1867; they lived its aftermath while enhancing their political proposals against the new regime. The hypothesis suggests that these subjects contributed to the formation of the political positions of these newspapers. Analyzing the forms of government and distancing themselves from the imperialists were strategies to consolidate their presence on the political scene. The conclusions point out that monarchism played no important role in the newspapers’ ideology. They carved a “catholic” political position, separated from the traditional parties.

Keywords: newspapers; Church; catholics; monarchy; Porfiriato

Introducción

El Segundo Imperio Mexicano tuvo una administración heterogénea, conformada por conservadores y liberales moderados -no necesariamente doctrinarios-, sobre las ideas monárquicas o las relaciones Estado-Iglesia. No obstante, la historiografía tradicional y la memoria colectiva de los mexicanos han desdibujado los matices entre los grupos políticos opuestos al discurso oficial, para identificarlos bajo la categoría estigmatizada de “partido conservador”.1 De manera particular, el catolicismo estuvo asociado a este bando como elemento fundamental en su formación ideológica y un deseo fervoroso por restaurar el sistema monárquico.

La relación entre la Iglesia y el Imperio ha sido estudiada en las últimas décadas con resultados que cuestionan seriamente aquella visión y esclarecen aspectos en un campo de estudio marginado durante años.2 Sin embargo, el presente texto no se centra en las conjunciones y desencuentros de los católicos con la monarquía durante los años que ésta duró; en cambio, analiza el parecer de La Voz de México y El Tiempo, diarios confesionales posteriores al Imperio, cuando el recuerdo sobre Maximiliano seguía fresco.

La intención primaria de este artículo es contribuir al esclarecimiento de las relaciones entre las ideas monárquicas y los católicos de fin de siglo, en cuanto que grupo político. Estos sujetos eran religiosos organizados, predominantemente laicos, descalificados como traidores a la patria y acusados de mantenerse leales a una corona extinta; experimentaron las secuelas del triunfo liberal de 1867 y buscaban la puesta en marcha de un proyecto político basado en su religión. El texto contempla, además de su introducción y conclusiones, tres apartados. Primero, trata las características de los periódicos seleccionados; luego, aborda el análisis del pensamiento de los católicos sobre la monarquía como forma de gobierno; después, su parecer acerca del gobierno de Maximiliano. Si bien, La Voz de México y El Tiempo publicaron hasta 1908 y 1912, respectivamente; el estudio sólo se centra en sus primeros años. Las dos décadas después del triunfo de 1867 comprenden la presentación y la cristalización de sus posturas; dan cuenta de la vigencia del tema y la importancia que tuvo en las principales coyunturas políticas de fin de siglo.

Los objetivos principales fueron identificar si existía entre los católicos una supervivencia del monarquismo y determinar cómo juzgaron al Imperio los católicos posteriores a su desaparición. Esto, visto como una expresión de la postura política que construían los católicos. La hipótesis es que el desarrollo de esta temática contribuyó a la formación de dicha postura. Ellos buscaban aumentar su presencia en la esfera política y lo hicieron al escribir sobre formas de gobierno y renegar de los señalamientos sobre traición. Como propósito secundario, espero precisar las diferencias entre los actores estudiados, porque identifico en la Iglesia un cuerpo heterogéneo.

Respecto al universo de historias sobre la monarquía, Érika Pani planteó tres grupos: los escritos producidos por testigos (1862-1917), la construcción de una versión oficial (1867-1906) y los textos del siglo XX.3 Del primero, destacan las Revistas históricas..., de José María Iglesias, un “instrumento de propaganda” caracterizado por un tono combativo y pasional, que niega la mexicanidad del Imperio y el patriotismo de sus seguidores.4

La prensa liberal del Porfiriato adoptó este discurso y vio en los católicos contemporáneos a los enemigos imperiales. Bajo el esquema de Pani, en el período que me ocupa, los vencedores escribían su historia y los derrotados se pronunciaron poco.

En el siglo XX, destacan Edmundo O’Gorman y Martín Quirarte.5 El primero escribió un ensayo que invita a reconocer al Imperio como parte de la historia de México y contiene un análisis de los argumentos que justificaron su implantación en el país; el segundo realiza un extenso registro de autores, con las explicaciones de los derrotados ante su fracaso. Pani cuenta que la percepción del Imperio como extraño a la historia nacional repercutió seriamente en la producción historiográfica; solamente José Valadés y Gastón García escribieron obras minuciosas, no separadas del discurso triunfalista.6 Finalmente, trabajos como el de Tomás Pérez contestaron a la historiografía tradicional; los imperiales cargaban con un fuerte componente utilitario en su propuesta: más que abanderar al Antiguo Régimen, veían en la corona un medio para llevar al país hacia la modernidad.7

La vida de los periódicos estuvo marcada por el triunfo de 1867. En adelante, el liberalismo pasó de ser la ideología de un partido a identificarse con la defensa de la nación, el gobierno y sus principios. En 1870, bajo el gobierno de Benito Juárez, fue decretada una amnistía general; Jorge Adame cuenta que los católicos derrotados restringieron sus actividades políticas y se concentraron en labores académicas y religiosas.8

La Voz de México surgió en ese contexto, pero el arribo de Sebastián Lerdo de Tejada y sus medidas anticlericales la volvieron una publicación más contestataria. La caída del presidente fue celebrada por los católicos, sin respaldar al tuxtepecanismo. Porfirio Díaz se adhirió al discurso de sus predecesores, aunque la intención reformista de descatolizar los espacios públicos y las conciencias “se fue diluyendo”.9

Los años subsecuentes han destacado en la historiografía como procesos fundamentales tanto para el desarrollo del liberalismo como del catolicismo. En 1878, apareció La Libertad, periódico de una nueva generación de intelectuales, cuyo programa cuestionó el dogmatismo reformista y propuso una administración basada en las ciencias positivas. Charles Hale y Ambrosio Velasco enfatizaron que el diario escribió en favor de un ejecutivo fuerte que garantizara el orden y la paz, antes que los derechos, enaltecidos sobre el papel, pero ausentes en la práctica.10 Este periodo culminó con el surgimiento de la política científica, dentro del liberalismo, que ya planteaba supuestos como la supremacía del Estado laico, la libertad individual y el republicanismo como inherente al gobierno liberal. Hale agregó que el desarrollo de esta nueva postura no puede entenderse sin mirar a los sucesos en Europa; el volumen de noticias sobre el viejo continente aumentó, justo cuando España y Francia eran “campos de batalla entre republicanos y monárquicos”.11

En 1878, además, hubo cambio de papado. León XIII refrendó las condenas de Pío IX y el estrechamiento de las diócesis del mundo con Roma, pero también dirigió la recuperación de espacios públicos en los países gobernados por liberales, a través de textos pontificios. En México, la relajación en la aplicación de la Leyes de Reforma permitió a la Iglesia reorganizarse a través de la prensa, los colegios y las asociaciones. Si bien, la situación no dejó conformes a los católicos, pues se sentían hostigados por la prensa subvencionada y veían los límites de su campo de acción no como parte de un marco legal imparcial, sino como producto de la buena voluntad del presidente. Estos años comprenden una concertación entre el gobierno y el clero, con el laicado en un rol primordial.12

Los diarios en el proscenio

Los periódicos son la fuente principal de la investigación, debido a la importancia que adquirieron cuando la alta jerarquía eclesiástica no estaba presente o había adoptado una postura política cauta.13 A través de la prensa, el laicado impulsó la reorganización de la Iglesia tras las secuelas de la guerra. Las publicaciones adquirieron protagonismo en un ambiente delicado; éstas permitieron desarrollar un pensamiento más crítico hacia el gobierno, ante el cual, el alto clero promovía obediencia. La prensa confesional no se limitó a la reproducción de sermones; escribió sobre el papel de la Iglesia en el mundo contemporáneo, la ciencia, la literatura, las festividades religiosas y cuestionó al liberalismo. Los diarios sirvieron como vehículo para difundir lo que se pensaba sobre las formas de gobierno y su aplicación en el país; manifestarse sobre el Imperio contribuyó a definir una postura original y diferenciarse de sus rivales.

Considero a La Voz de México y El Tiempo como actores políticos en vista de sus aspiraciones para alterar la toma de decisiones en la esfera pública. Éste es un enfoque basado en el análisis de las implicaciones políticas de sus publicaciones, que se nutre de una renovada Historia Política.14 Los periodistas decimonónicos no quedaban conformes con el quehacer noticioso; antes bien, la interpretación era de mayor importancia que la descripción de los hechos. Los diarios dedicaban extensos espacios a las secciones de opinión, porque buscaban fortalecer la presencia de sus ideales en sectores específicos de la sociedad; participaban en el sistema político al designar y jerarquizar los temas, al desempeñar el triple rol de narrador, comentarista y participante de lo político.15

Los periódicos se constituyeron como órganos de grupos políticos e instituciones, soportes para manifestar propuestas, entablar polémicas y ordenar la esfera pública a través de las representaciones que construían en sus discursos. La prensa subvencionada respaldaba el proyecto de la administración; mientras, la prensa independiente buscaba poner en tela de juicio la legitimidad de las élites políticas y culturales.16 Uno de los cimientos que sustentaba la validez de un gobierno era la presunta genealogía que lo relacionaba con hechos o procesos clave de la historia. Y precisamente, las primeras historias nacionales modernas se registraron en las publicaciones periódicas.17

La Voz de México y El Tiempo fueron los periódicos católicos más importantes de su época; ambos ganaron fama como independientes y opositores al régimen. No constituyen la única visión del catolicismo en México durante el último cuarto del siglo XIX, pero sí comprenden las expresiones políticas mejor concertadas por el laicado. Su estudio es pertinente porque se complementan al articular una explicación sobre las posturas políticas que los católicos desarrollaron tras la caída del Imperio. Señalar el tono y las actitudes de los artículos católicos cobra relevancia en este tema, en vista de que incursionaron en un escenario político con animadversión hacia ellos. Ambos aparecen con frecuencia en estudios sobre la sociedad porfiriana, aunque pocos los han tratado en un rol protagónico.

Lilia Vieyra abordó La Voz de México en su primer lustro de vida, cuando era portavoz oficial de la Sociedad Católica.18 Su intención fue rastrear los derroteros que transitaron los conservadores una vez restaurada la república; el periódico sirvió como bastión de los conservadores que optaron por reorganizarse, a diferencia de los que adoptaron una actitud conciliadora con el nuevo régimen. Por otra parte, Valeria Cortés resaltó la capacidad del diario para sostener un discurso alternativo al proyecto de educación que impulsaron Benito Juárez y Gabino Barreda.19 Ambas autoras evidenciaron la necesidad de los católicos por hacerse presentes, en cuanto que grupo político, dentro de una sociedad regida por un gobierno que les era hostil.

Respecto a El Tiempo, en los primeros acercamientos de los investigadores dedujeron que éste funcionaba como una extensión más del vencido partido conservador.20 No obstante, una tendencia subsecuente se ha referido a las ideas y actividades del diario como católicas, en lugar de conservadoras. Así, Pani abordó los diarios El Tiempo y La Voz de México en un trabajo que ha inspirado la realización del presente. Su búsqueda esclareció aspectos sobre la visión de los católicos en cuanto a la legitimidad y los sistemas de gobierno, a partir de las categorías de democracia y representación política; sus resultados dan cuenta de la pluralidad de ideas entre el laicado.21 En esa misma línea, en otro espacio analicé la participación política de El Tiempo a partir de los textos que escribió sobre la usura.22

Las publicaciones periódicas conformaron la primera línea de los discursos históricos en el siglo XIX. Los católicos buscaban fortalecer su doctrina en los espacios públicos; mientras, los liberales los descalificaban por considerarlos el gran enemigo de la nación. El último cuarto de siglo se revistió de incertidumbre para la Iglesia. La grey vio a sus obispos partir y volver del exilio y fue hostigada bajo el lerdismo, cuando las Leyes de Reforma adquirieron rango constitucional; además, atravesaron un periodo de reorganización durante el Porfiriato. Estos últimos años supusieron un reto para el laicado, pues se propuso recuperar la influencia que la Iglesia había perdido a partir de 1867; sus esfuerzos periodísticos durante el tuxtepecanismo se dividen en dos caminos: uno desaprobaba la separación Iglesia-Estado y otro buscaba la presencia de los católicos en cargos públicos relevantes.23La Voz de México y El Tiempo comparten rasgos con la primera y segunda tendencia, respectivamente.

La Voz de México apareció en 1870, en medio de persecuciones a las órdenes religiosas y el arzobispo en el exilio; fue un periódico contestatario y pasional, que se veía a sí mismo entre la espada y la pared, apremiado por recuperar ciertas directrices de una causa política recién derrotada. Sus redactores provenían de la Sociedad Católica, fundada en 1868.24 Las páginas del periódico acogieron a antiguos empleados del Imperio como José María Roa Bárcena, Ignacio Aguilar y Marocho, Tirso Rafael Córdoba y Miguel Martínez; los últimos tres tuvieron gran injerencia en la dirección del diario.

Fundado por Victoriano Agüeros, El Tiempo arribó trece años después, cuando el liberalismo estaba ya consolidado como partido de gobierno y Manuel González era presidente. Los obispos exiliados habían vuelto y todavía se pensaba en recuperar la influencia de la Iglesia, pero de maneras diferentes. El diario contó entre sus colaboradores a miembros destacados de La Voz de México. Sin embargo, estos escritores tuvieron una participación, más bien, simbólica; incluso, sus nombres dejaron de aparecer en la portada a partir de 1884.

El Tiempo fue redactado por otro grupo. Ahondar en el perfil de estos escritores es una tarea complicada, debido a que la gran mayoría no firmaba con su nombre y algunas veces ni con pseudónimo, esto a causa de la censura. Sin embargo, el propio diario revela algunos datos que señalan o sugieren las siguientes características: la mayoría eran laicos, con amplia instrucción en la doctrina católica, la jurisprudencia y los idiomas. En términos generales, a diferencia del equipo de La Voz de México, las plumas de El Tiempo eran jóvenes -rondaban los treinta años- por lo que mostraban mayor apertura en su círculo intelectual, no tenían experiencia en cargos políticos, ni grandes negocios fuera del diario o fama nacional por sus textos literarios.

Los diarios caracterizaron vertientes diferenciadas de un mismo pensamiento católico, según el momento en que surgieron y la composición de sus redactores.25La Voz de México es una proyección del pensamiento de los viejos católicos, una generación que participó en la Reforma y el Imperio, que vivió las hostilidades de la Reforma y vio caer el poder temporal del papa. Por otra parte, El Tiempo es una expresión de los nuevos católicos, jóvenes intelectuales educados en buena parte por los viejos católicos, pero con experiencias de vida significativamente distintas que desembocaron en un proyecto político diferente. Esto no significa que un grupo sucedió al otro; La Voz de México empezó antes, pero ambos publicaron de manera sincrónica durante décadas.

La monarquía como forma de gobierno

La base romana común posibilitó que los dos periódicos compartieran una misma opinión. Sin embargo, los diferentes momentos de aparición dieron paso a una serie de matices: la frecuencia con que el tema se mencionó, los atributos de los escritos y el panorama político. Estas variables señalan la manera en que las publicaciones establecieron su relación con el monarquismo. En primer lugar, La Voz de México marcó postura desde su número inicial: la fundación del diario atendía al combate de las herejías; no escribían “para combatir por formas de gobierno”.26 Si bien, la discusión en torno a éstas fue innegablemente recurrente.

Aquellos católicos viejos se denominaron a sí mismos conservadores, ya no como miembros del famoso partido, que consideraban terminado; sino porque recuperaron ciertas ideas de los derrotados, como el respeto a la autoridad y la defensa de la religión. No obstante, el uso de la categoría trajo malentendidos y acusaciones de la prensa liberal. La Voz… se esforzó por aclarar su posición: fiel a su primer número, sostuvo que no apoyaba a ninguna forma de gobierno, sino que estaba a favor de cualquiera que aplicara los principios católicos.

La Voz de México centró sus esfuerzos en la publicación de artículos que explicaban las formas de gobierno; quería demostrar que ninguna era buena o mala per se, ni era inherente al catolicismo. Los redactores aclaraban que su participación en el diario no significaba el retorno de la monarquía.27 Las tres formas de gobierno que reconocieron-aristocracia, democracia y monarquía- podían ser apoyadas o rechazadas por los católicos, en función de si promovían la moral o no. La potestad política no residía de manera exclusiva en los reyes, sino que podía ser ejercida por una o diversas personas según la organización de cada sociedad.28

Los textos de La Voz de México de esta temática dan cuenta de las dificultades que tuvieron los católicos para hacerse escuchar en el escenario político dominado por los liberales. La mayoría comparte tres principales características: pertenecen al Editorial; son contestaciones a las acusaciones que la prensa liberal lanzaba y se dedican a esclarecer las relaciones de la religión con las formas de gobierno. Los redactores identificaron como primera necesidad desmentir las incriminaciones impuestas por sus enemigos; luego, debatirían sobre los principios bajo los que la república gobernaría.

La Voz de México aseguró que no aspiraba a la “suprema potestad civil”;29 más bien, esperaba que el gobierno aceptara la cooperación que extendía la Iglesia.30 Asimismo, se aproximaron a la monarquía de una manera en que se le restaba importancia a su naturaleza polémica, para poder asumirla como parte de la historia nacional y empezar a discutir otros temas. Por ejemplo, refirieron que la corona no era extraña a los mexicanos como se hacía creer, pues había estado presente en la época prehispánica y en las ideas independentistas; aseguraron que la monarquía no volvería porque fuera un modelo esencialmente maligno, sino porque Estados Unidos no lo permitiría.31

Los católicos esperaban superar el discurso liberal triunfalista, para discutir las directrices del nuevo gobierno y dar a conocer sus propuestas; aceptaban a la república democrática y respetaban la autoridad de sus mandatarios. Los redactores abogaban por la comprensión de conceptos políticos estigmatizados; combatían la idea de que la democracia republicana y el liberalismo eran inseparables.32

Sin embargo, a la prensa liberal no le interesaba coprotagonizar debates, sino acusar de monárquicos a los católicos; así los desacreditaba. Por esto, en La Voz de México son raros los diálogos con las publicaciones liberales y es común encontrar una respuesta predeterminada para las constantes imputaciones: “Ya se ha dicho varias veces [...] el remedio de las necesidades nacionales no está en las formas políticas”;33 “Ya hemos dicho que nosotros no repugnamos ninguna forma de gobierno”.34 Ante oídos sordos, la participación política en esta línea temática se estancó en un bucle.35

De manera paralela a aquellos esfuerzos, La Voz de México emprendió otra estrategia para abrirse paso en el entorno político e invitar a repensar las categorías políticas dominadas por el discurso liberal. Los artículos de esta segunda línea temática equiparaban irónicamente a Lerdo con un monarca absoluto; sus medidas fueron interpretadas como el atropello de las garantías individuales, acciones tiránicas de un déspota.36 Con esta campaña de desprestigio, el periódico operaba en la política mexicana, cuestionaba la legitimidad del presidente para limitar su credibilidad en la población. Esta estrategia siguió durante el Porfiriato, aunque en menor medida.37 A través de estas prácticas, tanto La Voz… como El Tiempo intervenían como actores políticos en la forma en la que señala Elías Palti: a partir de la palabra escrita, ejercían presión para incidir en los grupos políticos y construían la opinión pública.38

Por otra parte, en las páginas de El Tiempo, poco se puede encontrar sobre la cuestión. Las referencias halladas tienen dos características en común: la monarquía no es el tema principal de los escritos y la república es sometida a revisión. A diferencia de La Voz de México, el diario de los católicos jóvenes nunca se autodenominó conservador y tendió a evitar el tema monárquico en general. Coincidió con La Voz… en mantenerse indiferente hacia las formas de gobierno en general, pero difirió en que sus escritos fueron pocos, variados y no comprendían una contestación sistemática y repetitiva.

Apenas dos meses después de comenzar a publicar, El Tiempo contestó a una frase recogida en la prensa liberal: “La monarquía es el abuso y la infamia; la república es el derecho y la igualdad”.39 El motivo del editorial era denunciar el desfase entre los valores enaltecidos por el gobierno y la realidad en su aplicación; se decía que la república trataba a los hombres por igual y les otorgaba los mismos derechos, pero los católicos eran segregados de los cargos públicos. En esta primera manifestación de ideas, la república se presentó como un modelo con beneficios que la monarquía no poseía, pero cuya aplicación estaba a cargo de un grupo que no respetaba los deseos y las necesidades del resto de la sociedad.

Al igual que La Voz de México, su correligionario hacía énfasis en que primero se reconociera la ley divina, mientras que, “la forma exterior, la personificación [...] de la autoridad” podía variar.40 Según El Tiempo, el derecho divino podía ejercerse efectivamente por medio de una dictadura, monarquía o república. Si debía decantarse por algún sendero, elegía la república; centralista, para establecer un poder fuerte, dar sustento legal a las tendencias centralizadoras de los últimos presidentes y reducir la costosa burocracia del federalismo.41 Sin embargo, las razones de su elección eran tanto prácticas como católicas: era la forma que entonces regía, con una autoridad que respetar y cuyo cambio traería desorden. Esto no evitaba que se mostraran en contra específicamente de la república liberal instaurada en 1867.

La forma monárquica fue juzgada por El Tiempo como una realización imposible, cuyo último proyecto había encontrado condiciones muy peculiares y favorecedoras, sobre todo porque los estadounidenses estaban en guerra y no podían obstaculizarla. El diario confesó que, de haber triunfado Maximiliano, la nación hubiera sido “rica, activa, fuerte y respetada”, pero el contexto ya no era propicio. Se pinta, entonces, un panorama político mexicano condicionado por los intereses de Estados Unidos.42

A pesar de todo, El Tiempo no se desentendió completamente del monarquismo. La publicación mostró afinidad con un aspecto asociado al ideario monárquico y opuesto a los principios de la Constitución de 1857: “la unidad del poder”. En un artículo publicado en 1884, los redactores refrendaron su apego a la idea de que un solo representante ostentara todo el poder de un gobierno. Según el diario, esta cuestión era vista por rivales como un “equivalente á la tiranía”, pero se trataba de un elemento fundamental en la conformación de la Iglesia.43

El Tiempo entendió que presentarse como conservador y mencionar a la monarquía recurrentemente era un suicidio político. Los católicos jóvenes aprendieron de los errores de La Voz de México y se manifestaron con mesura. De ahí se entiende que el diario comenzara rechazando a la monarquía, luego fuera indiferente y finalmente aceptara algunos de sus elementos. Después de todo, los desaparecidos Estados Pontificios todavía se manifestaban en el imaginario católico como un ejemplo de monarquía sostenida en la religión. Ambos periódicos coincidieron en que la monarquía podía ser aceptada, si promovía los principios católicos, pero el contexto lo impedía.

El monarquismo en aquella época era un tabú. Las particularidades del escenario político imposibilitaron que el tema fuera ampliamente debatido, según quería La Voz de México; El Tiempo, en cambio, declinó tales aspiraciones. Independientemente de las diferencias entre los diarios, la idea central compartida fue ratificada por la Santa Sede. En 1885, cuando la temática ya no era frecuentada por los católicos mexicanos, León XIII enunció la encíclica Immortale Dei. El texto planteó una comparación entre los principios cristianos y la constitución del Estado que proponían las ideologías modernas. Si bien, algunos aspectos ya habían sido desarrollados en textos pontificios anteriores, la encíclica destaca por aceptar cualquier forma de gobierno, siempre que garantizara “el bien común y la utilidad de todos”.44 El papa insistió en que la autoridad era indispensable dentro de una sociedad y su poder ejercido provenía de Dios, pero que “el derecho de mandar” no era exclusivo de alguna forma de gobierno. La difusión de Immortale Dei contribuyó de manera decisiva en el acallamiento del tema.

La monarquía como experiencia

Sobre la construcción del relato en torno al Imperio, ambos diarios escribieron con la meta de contrarrestar las “mentiras” del discurso oficial. Así, una gran cantidad de textos tiene la cualidad de ser contestaciones a artículos previos, impresos por los liberales. La Voz de México destaca, además, por otras estrategias como la publicación de textos que no necesariamente “corregían” a sus rivales; publicó algunas notas que hacían revisión histórica por iniciativa propia y otras, cuya intención era mantener vivo el recuerdo sobre el Imperio. En cambio, El Tiempo se distinguió por sus intercambios directos con la prensa liberal, incisivos y sistemáticos.

La Voz de México se valió de diversas estrategias sincrónicas para articular una campaña en favor de la memoria histórica del Imperio. Encontró en los aniversarios una suerte de permiso para la nostalgia, un espacio seguro para desarrollar sus ideas sobre el pasado reciente. En parte desahogo, en parte sentencias con aspiraciones críticas, este grupo de textos permitió a los redactores reflexionar sobre su propia situación. Las conmemoraciones del fusilamiento de Maximiliano dan cuenta de la formación de la postura política del periódico; se expresaba con constancia en tono solemne acerca de un tema usualmente reprobado. El diario esperó hasta su tercer año para dedicar páginas a la memoria del Imperio un 19 de junio, en una coyuntura política: en medio de revueltas comandadas por Porfirio Díaz que acusaban fraude electoral y con un presidente delicado de salud. Aún en tal contexto, los católicos titubearon: “Dejadnos expresar hoy nuestros recuerdos; es lo único que nos queda de una época que ya no puede volver”.45

Los primeros aniversarios conmemorados por La Voz de México hicieron énfasis en dos aspectos: la legitimidad del Imperio y su carácter nacional. Además, el diario pintaba un escenario idealizado, en el que México había tenido la oportunidad de prosperar. Los gobernantes fueron rodeados por un halo de grandeza, con amor hacia el país. Si la monarquía había fracasado, se debía a factores externos, como los intereses estadounidenses y la deslealtad de los franceses; no a los mexicanos. La Voz… no quería restaurar la monarquía, sino que se reconociera como experiencia mexicana.

En 1873, los viejos católicos aseguraron que el recibimiento hecho a Maximiliano había sido grandioso. El texto cobra mayor importancia debido a las constantes puyas lanzadas hacia Lerdo sobre su poca popularidad. A Maximiliano, según La Voz de México, lo habían respaldado firmas y manifestaciones públicas, y lo llamaron “Emperador electo”.46 Al año siguiente, el diario agregó que no escribían un mero recuerdo solemne, sino que involucraba “una protesta de los sentimientos justos y generosos de un pueblo”.47 Así, La Voz… hacía de la memoria sobre el Imperio un arma política; también al utilizar palabras como “crueldad”, “venganza” y “humillar”, para referirse al proceso que culminó en el fusilamiento de Maximiliano.48

Los redactores se esmeraron en “demostrar el origen enteramente nacional del imperio”, coherente con el Plan de Iguala y la tradición monárquica previa a la independencia. El apoyo europeo no se percibía como imposición extranjera, sino como un contrapeso ante la influencia estadounidense. Los acusados como traidores eran, según el diario, hombres de “lógica sana y recta, y con un sentimiento noble y patriótico”, que buscaban terminar con la guerra.49 Además, el emperador no podía ser calificado como usurpador, pues era descendiente de Carlos V y el pueblo deseaba su coronación.50 Los errores habían sido de François Bazaine y Napoleón III.

En los años subsecuentes, La Voz de México adoptó una postura cautelosa. En un par de ocasiones, publicó artículos más bien discretos, centrados en mostrar que los católicos no veían la mejora de condiciones que los gobiernos triunfantes proclamaban.51 Luego, la publicación guardó silencio, probablemente por la incertidumbre y el estado de agitación provocado por los tuxtepecanos. Después, siguieron cuatro años dominados por una nueva estrategia: la publicación de remitidos, todos firmados por la misma persona, caracterizados por exaltar la memoria de Maximiliano, al grado de compararlo con Jesucristo crucificado. Bajo esa misma línea, Miguel López era Judas.52 Los artículos permitieron retomar la energía y el sentimiento de sus primeras conmemoraciones, sin comprometer demasiado al periódico, pues eran remitidos. Las siguientes líneas muestran del tono visceral del autor: “Hace quince años, que el architraidor M. L. (puesto que ya no quiero pronunciar su nombre, para no enlodar mi boca y para que su memoria desaparezca de la historia […]) vendió a su Emperador, a su bienhechor, a su quer…. (¡blasfemo!) Compadre por la cantidad de once reales, cual borrego […] ¡Pobre Max!”53

A partir de 1883, La Voz de México retornó a su cautela y se enfocó en la actitud de Maximiliano frente a su derrota: leal. El diario se mostró preocupado por la reacción que suscitaría en sus rivales políticos: “no venimos a despertar odios políticos casi extinguidos, ni a remover la losa de un sepulcro para avivar rencores que en nosotros no existen”.54 Luego de un silencio de dos años, continuó con ese mismo tono. Además, una idea recurrente planteaba que el tiempo haría justicia a los caídos del 19 de junio; nuevas historias se escribirían, lejos de la parcialidad promovida por los liberales.55

La serie de conmemoraciones muestra el inestable camino que los periodistas católicos transitaron; algunas veces, era posible expresar sus sentimientos políticos, como su admiración por Maximiliano y tristeza por el desenlace del Imperio; mientras que en otras, la incertidumbre sobre el rumbo del gobierno les impedía publicar su recuerdo. Sin embargo, los viejos católicos no agotaron en estos artículos su repertorio de ideas. A la par, desarrollaron una segunda estrategia para reforzar su postura: contestar directamente a los periódicos que se pronunciaban sobre el Imperio. Estas polémicas solían durar pocos números, salvo casos notables, y tienen como temas principales la legitimidad del gobierno monárquico y el honor de Maximiliano. Los redactores se percibían como defensores de la memoria histórica.

Los primeros artículos defendieron al Imperio de las acusaciones del gobierno espurio. Al contrario, La Voz de México reconocía una administración verdadera, fundamentada en un “plebiscito”.56 El recuerdo de los viejos católicos contaba con millones de votantes; una visión embellecida que fue usada conscientemente para criticar aspectos achacados a las elecciones bajo los gobiernos triunfantes: boletas falsas, escasos votantes y predominio de las pasiones entre facciones de un mismo partido.57 La idea principal era que la voluntad del pueblo podía manifestarse en una monarquía, tanto como podía obstaculizarse en una república democrática. Además, el diario remarcaba que el Imperio era mexicano y no un brazo de Napoleón III.58

La Voz de México atribuyó a Maximiliano honor, lealtad, gallardía y sabiduría. Su defensa más vehemente estuvo relacionada con la toma de Querétaro, pues aseguraba que Miguel López lo había traicionado; la prensa liberal, en cambio, sostenía que el emperador se había rendido ante las tropas republicanas. Así, corregían al que designaba a Mariano Escobedo como “vencedor de Maximiliano”; Querétaro no había caído por el genio militar de los liberales, sino por una traición interna.59 El diario ponía énfasis en el uso de las palabras: algunas de éstas suponían respaldar o reproducir el discurso oficial; rechazarlas y anteponer las propias eran formas de definir su política y cuestionar los cimientos de la administración. En 1874, se mofó de sus opositores, diciendo que les “ardía” mucho la palabra “emperador” seguida de “Maximiliano”;60 también caracterizó el fusilamiento en el Cerro de las Campanas como el acto de “matar a un prisionero de guerra”, con lo que despojaba a la retórica liberal de su tono heroico, civilizado y bondadoso.61

En reiteradas ocasiones, los católicos viejos quisieron generar debates a partir de las páginas escritas por sus rivales. Sin embargo, no lograron mucho. En un artículo de 1885, el periódico se limitó a reproducir una frase que El Diario del Hogar le dedicó: “No hay lugar al debate”, para evidenciar la dificultad para intercambiar escritos con quienes los descalificaban sin derecho a réplica.62 Años antes, ya había denunciado que la prensa subvencionada -en específico, El Diario Oficial- les contestaba “desde lo alto de su pupitre oficial, y con cierto desdén de superioridad”.63 Quizá por esto el diario católico se expresó sobre el Imperio, de cuando en cuando, sin la necesidad de contestar artículos previos, cuando no se vivían coyunturas políticas. Así, fue ganando confianza para publicar fuera de fechas conmemorativas. Por iniciativa propia, La Voz de México expresó que Maximiliano era mexicano y más patriota que los gobernantes subsecuentes.64

En lo que respecta a El Tiempo, una de las características más llamativas es que no se refirió a estos años como “Imperio Mexicano”, cuya fórmula reservaron para los gobiernos mexicas y de Agustín de Iturbide. Los redactores solían utilizar “imperio de Maximiliano”, que daba a entender que éste que no era del país, sino de un particular. Si bien, el juicio sobre el emperador fue positivo, compuesto por calificativos indulgentes como “desdichado” e “infortunado”. Inicialmente, el diario evitó el tema, porque estaba en “estado todavía candente” y no querían con tribuir al ambiente embravecido.65 Sin embargo, su postura duró poco. Puede pensarse que los católicos jóvenes emplearon una estrategia cautelosa por temor a ser desautorizados; los primeros números de su publicación eran cruciales para su consolidación. Ellos se veían como algo diferente del partido derrotado en 1867; compartían un “sentimiento católico” con sus predecesores, pero no constituían un partido político, ni esperaban restablecer una monarquía.66

A partir de entonces, El Tiempo empleó tres estrategias sincrónicas: por una parte, marcó una brecha entre los actores del Imperio y los católicos porfirianos; también, desarrolló una crítica hacia el régimen liberal basada en sacar los trapos sucios a relucir, es decir, evidenciar el pasado monárquico de funcionarios contemporáneos; además, escribió en defensa de momentos o actores del Imperio cuando juzgaba que los liberales tergiversaban la historia con fines políticos.

El Tiempo respondía con ironía si sus adversarios lo asociaban a la causa imperial. En una contestación a La Época, los redactores aseguraron no conocer la vida sino bajo los gobiernos liberales;67 cuando El Monitor Republicano los acusó de entregar el país, replicaron que lo habían hecho en brazos de sus nodrizas.68 Dos años después, aclararon que aún no iban a la escuela cuando el emperador gobernaba.69 A El Pacto Federal le contestaron que estaban “casi en mantillas”70 y a El Partido Liberal, que no podían ser “secuaces” de Maximiliano sin conocerlo.71El Observador de Guanajuato los señaló como un partido villanesco que, desde la independencia, quería entregar el país a los extranjeros; el diario, en tono cansado, respondió que había aclarado su postura ya “como mil veces”.72

La segunda estrategia identificada, más incisiva, se proyecta en las siguientes palabras:

Los liberales en sus ataques a los católicos, sobre todo, a los que en la prensa sostenemos las ideas religiosas, acostumbran a echarnos en cara, venga o no a cuento, las denigrantes palabras que arriba hemos subrayado [traidores, renegados, vendedores de patria]; sin acordarse de que muchos de los que ellos adoran y reputan inmaculados, fueron más partidarios del imperio.73

El escrito iba dirigido a La Libertad, La Patria, El Monitor Republicano y El Correo de las Doce. Este último, elogiador de Miguel T. de la Peña, entonces encargado de Hacienda y otrora partidario del Imperio. El Tiempo cuestionó que no le dedicaran al político los mismos “piropos” que a ellos; luego, insistió con notas biográficas en las que se le veía como compañero de Tomás Mejía;74 también, publicó un artículo escrito por Peña para El Monitor de la Frontera, que daba cuenta de la “misión benéfica” imperial.75 El siguiente señalado fue Rafael Cravioto, tenido en buena estima por El Socialista. El periódico se había referido a El Tiempo como “mocho”, “traidor” e “imperialista”, por lo que éste transcribió un documento, en el que Cravioto prestaba “sumisión y obediencia” a Maximiliano I.76 Después tocó el turno a El Pacto Federal, que tenía en sus filas a Juan A. Mateos, antes empleado el Ayuntamiento Imperial.77

Las réplicas solían referir documentos de la prensa del Imperio. Puede intuirse que los números pertenecían a la hemeroteca personal de Victoriano Agüeros o a la de su suegro, Anselmo de la Portilla, antiguo director de El Diario del Imperio. La relación entre ellos sugiere que El Tiempo realmente quería derrumbar un estigma. Los católicos jóvenes fueron “discípulos” de los viejos y presenciaron cómo éstos eran discriminados y los liberales no; querían mostrar que los antiguos monárquicos no podían ser repelidos sistemáticamente, porque se entraba en contradicciones y en el rechazo de un pasado construido por mexicanos que desconocían su funesto desenlace. Esto se le reprochó a La Patria.78 Según El Tiempo, además de defenderse de las calumnias, su táctica de ventilar el pasado de los políticos buscaba que se repensara el uso de las palabras “imperialista” y “traidor”; quería que dejaran de ser insultos y armas políticas.

La tercera y última estrategia es la que mejor da cuenta de la construcción de una historia sobre el Imperio opuesta a la visión triunfalista. El Tiempo se pronunció en reiteradas ocasiones ante lo que consideró como intentos de la prensa liberal por ofuscar los acontecimientos históricos. La mayoría de estas publicaciones tienen como objeto a Maximiliano o la toma de Querétaro. Al escribir en defensa del pasado reciente, el diario esperaba minar el mito que legitimaba al liberalismo como partido de gobierno; mientras, se identificaba a sí mismo como el portador de la verdad histórica para fortalecer su propuesta política.

Menos idealizado que en La Voz de México, para El Tiempo, el emperador era el símbolo de la excomunión lanzada a los católicos; su trato representaba la discriminación de todo lo contrario a los vencedores. Su ejecución se extendía a la de los siguientes opositores del gobierno liberal. Abogar por un mejor pasado para Maximiliano era demandar un mejor presente para los católicos, en cuanto que ambos representaban grupos marginados y desacreditados por el discurso oficial.

El Tiempo afianzó su postura respecto al Imperio como una manera de manifestarse en contra del liberalismo triunfante. Su posición se ejercitó por medio de la polémica sobre la caída de Querétaro, que La Voz de México había abordado.79 En ese ambiente combativo, la postura reservada y defensiva se convirtió en una aceptación abierta de la superioridad de muchas características del Imperio sobre los gobiernos liberales. A pesar de esto, los redactores nunca aceptaron ser monárquicos, ni partidarios del emperador; mantuvieron, incluso, un juicio negativo en general.

Al Imperio le reconocieron dos aspectos: legitimidad basada en la voluntad del pueblo mexicano e independencia ante Estados Unidos. Según El Tiempo, los gobiernos liberales adolecían de lo primero al ser contrarios al catolicismo, religión de la mayoría. En vista de que su rival político usaba un discurso histórico como arma política, el diario reclamó el mismo derecho a estudiar, elogiar y censurar las acciones del pasado80 Para 1887, la postura del diario ya se había consolidado:

No somos partidarios del Imperio; lo juzgamos, en sus circunstancias, como un disparate político [...] Pero bien, no por ser adversos al Imperio puede nuestro corazón [...] ni nuestra misión de periodistas tolerar el villano, el infame proceder de quienes no saciados con la sangre del Emperador derramada en Querétaro, pretenden también beberse su honra, manchar su nombre y desgarrar su honor de caballero como desgarraron sus entrañas.81

Conclusiones

La aparición de La Voz de México y El Tiempo en la política mexicana inauguró un proceso de introspección por parte del laicado. Desvincularse del Imperio permitió a los diarios desarrollar una postura política católica no asociada a los partidos políticos tradicionales; se replantearon como actores políticos con proyectos propios, católicos. Esto contribuyó a que se presentaran como una oposición renovada, aunque la prensa subvencionada los descalificara como los mismos monárquicos vencidos en Querétaro. El proceder de las publicaciones atendió a fines prácticos. Por una parte, alejarse del Imperio significó proyectar una postura sumisa ante la autoridad, cercana a los deseos de la jerarquía eclesiástica y prudente en un país en vías de pacificación. Por otra, escribir sobre éste como algo ajeno a su ideario, los legitimaba como grupo neutral, receptáculo de la verdad.

La participación de los antiguos imperiales fue mínima en los periódicos, al menos, en este tema. Roa Bárcena se enfocó en cuestiones literarias, muchas de ellas fuera de la prensa periódica; Aguilar, Córdoba y Martínez se turnaron el cargo de redactor en jefe, semejante al de director de la publicación; escribían, pero eran más importantes como figuras organizadoras. Aquellos redactores de pasado monárquico habían sufrido penas de reclusión y confiscación de bienes; era lógico que no quisieran involucrar sus firmas en artículos en favor del Imperio.

La postura que los diarios tomaron sobre la monarquía fue una carta de presentación en el escenario político; su incursión fue cautelosa. Los católicos buscaron reemplazar el debate sobre las formas de gobierno, por uno sobre los principios que la nueva democracia debía seguir. La Voz de México se distinguió al pintar un pasado más idealizado. Sin embargo, los repetitivos anatemas de la prensa subvencionada hicieron desistir al diario de su entusiasmo. El Tiempo aprendió de la experiencia de su correligionario: rechazó la monarquía de manera más contundente y evitó el tema.

No se puede sostener la supervivencia del monarquismo como elemento fundamental en el ideario de aquellos católicos organizados en política, aunque sí presentaron una fuerte convicción por resguardar su memoria. Su abierta oposición al régimen se basaba en el rechazo a la doctrina liberal, pero esto no quiere decir que fueran contrarios al republicanismo. Otro aspecto en común es que, en los artículos sobre monarquismo, el conservadurismo brilló por su ausencia; para los católicos, no eran el mismo tema, a diferencia de lo que acusaban los liberales.

La segunda gran omisión fue la simpatía de Maximiliano respecto a las leyes liberales; los diarios eligieron sobre qué aspectos vociferar y en cuáles mantener silencio. No les interesaba destacar a un liberal europeo simpatizante de los concordatos, sino a un enemigo de los liberales mexicanos injustamente menospreciado. Al generar relatos históricos, también generaron hechos políticos. Definían sus puntos de encuentro como católicos interesados en lo político, pero también querían desarticular el discurso que mantenía unidos a los liberales. Así actuaban los periódicos en el teatro político.

La Voz de México, por su temporalidad y composición de sus redactores, atravesó un proceso de “desencanto” con el Imperio; aceptó que éste no retornaría y prescindió de él en la construcción de su programa político. Por otra parte, El Tiempo nunca se sintió identificado con la bandera de Maximiliano; vivieron en épocas distintas. Los derroteros que cada publicación tomó son un ejemplo de la diversidad de ideas e intenciones políticas entre el laicado mexicano de fin de siglo. Los católicos organizados se mantuvieron cercanos al pensamiento de León XIII, pero no poseyeron una sola expresión política. Retomo aquí el célebre título de Pani: La Voz… sí hizo un esfuerzo “para mexicanizar el Segundo Imperio”, quiso demostrar que los imperiales actuaron con patriotismo. El Tiempo no fue tan lejos, más bien, se acercó al tema como recurso para desprestigiar a los liberales.

FUENTES CONSULTADAS

Fuentes de archivo

Hemeroteca Nacional Digital de México (HNDM), Ciudad de México, México. [ Links ]

Hemerografía

La Voz de México. Diario Político, Religioso, Científico y Literario. Ciudad de México, Distrito Federal. México. [ Links ]

El Tiempo. Diario Católico. Ciudad de México, Distrito Federal. México. [ Links ]

Referencias

Adame Goddard, Jorge. El pensamiento político y social de los católicos mexicanos 1867-1914. México: Universidad Nacional Autónoma de México, Instituto de Investigaciones Históricas, 1981. [ Links ]

Bautista García, Cecilia Adriana. Las disyuntivas del Estado y de la Iglesia en la consolidación del orden liberal. México, 1856-1910. México: El Colegio de México, Centro de Estudios Históricos/Fideicomiso Historia de las Américas; Morelia: Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, 2021. [ Links ]

Borrat, Héctor. El periódico, actor político. Barcelona: Gustavo Gili, 1989. [ Links ]

Cortés Hernández, Valeria. “La Voz de México. Prensa católica para la modernidad laica de la República Restaurada (1870-1872)”. En El papel de la prensa en la construcción de un proyecto de nación. Coordinación de Luis Felipe Estrada Carreón, 99-109. México: Universidad Nacional Autónoma de México, Facultad de Estudios Superiores Acatlán, 2012. [ Links ]

Díaz Patiño, Gabriela. Católicos, liberales y protestantes. El debate por las imágenes religiosas en la formación de una cultura nacional (1848-1908). México: El Colegio de México, Centro de Estudios Históricos , 2016. [ Links ]

Dumas, Claude. “El discurso de oposición en la prensa clerical conservadora de México en la época de Porfirio Díaz (1876-1910)”. Historia Mexicana 39, núm. 1 (julio-septiembre 1989): 243-256. [ Links ]

Fowler, William, y Humberto Morales. “Introducción: una (re)definición del conservadurismo mexicano del siglo diecinueve”. En El conservadurismo mexicano en el siglo XIX. Coordinación de William Fowler yHumberto Morales , 11-36. Puebla: Benemérita Universidad Autónoma de Puebla/Gobierno del Estado de Puebla; St Andrews: University of St Andrews, 1999. [ Links ]

Glave, Luis Miguel. “‘Epílogo’. Entrevista con François-Xavier Guerra: ‘Considerar el periódico mismo como un actor’”. Debate y Perspectivas, núm. 3 (enero 2003): 189-202. [ Links ]

Hale Charles A. La transformación del liberalismo en México a fines del siglo XIX. Traducción de Purificación Jiménez, México: Vuelta, 1991. [ Links ]

Kircher, Mirta. “La prensa escrita. Actor social y político, espacio de producción cultural y fuente de información histórica”. Revista de Historia, núm. 10 (julio 2005): 115-122. [ Links ]

Labastida y Dávalos, Pelagio Antonio de, José Ignacio Arciga y Pedro Loza. Instruccion pastoral que los illmos. sres. arzobispos de México, Michoacan y Guadalajara dirigen a su Venerable Clero y á sus Fieles con ocasion de la ley organica expedida por el Soberano Congreso Nacional en 10 de diciembre del año proximo pasado y sancionada por el Supremo Gobierno en 14 del mismo mes. México: Imprenta de José Mariano Lara, 1875. [ Links ]

O’Gorman, Edmundo. La supervivencia política novohispana. Reflexiones sobre el monarquismo mexicano. México: Universidad Iberoamericana, Departamento de Historia, 1986. [ Links ]

Palti, Elías. “Los diarios y el sistema político mexicano en tiempos de la República Restaurada (1867-1876)”. En Construcciones impresas. Panfletos, diarios y revistas en la formación de los estados nacionales en América Latina, 1820-1920. Compilación de Paula Alonso, 167-181. Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica, 2003. [ Links ]

Pani, Érika. “Democracia y representación política. La visión de dos periódicos católicos de fin de siglo, 1880-1890”. En Modernidad, tradición y alteridad. La ciudad de México en el cambio de siglo (XIX-XX). Edición de Claudia Agostoni y Elisa Speckman Guerra, 143-160. México: Universidad Nacional Autónoma de México, Instituto de Investigaciones Históricas , 2001. [ Links ]

Pani, Érika. “‘Las fuerzas oscuras”. El problema del conservadurismo en la historia de México”. En Conservadurismo y derechas en la historia de México. T. 1. Coordinación de Érika Pani, 11-42. México: Fondo de Cultura Económica/Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, 2009. [ Links ]

Pani, Érika. Para mexicanizar el Segundo Imperio: el imaginario político de los imperialistas. México: El Colegio de México, Centro de Estudios Históricos /Instituto de Investigaciones Dr. José María Luis Mora, 2001. [ Links ]

Pani, Érika. El Segundo Imperio. Pasados de usos múltiples. México: Centro de Investigación y Docencia Económicas. México: Fondo de Cultura Económica , 2018 [2004]. EPUB. [ Links ]

Pérez Vejo, Tomás. “Las encrucijadas ideológicas del monarquismo mexicano en la primera mitad del siglo XIX”. En Experiencias republicanas y monárquicas en México, América Latina y España. Siglos XIX y XX. Coordinación de Marco Antonio Landavazo y Agustín Sánchez Andrés, 327-347. Morelia: Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo , Instituto de Investigaciones Históricas, 2008. [ Links ]

Quirarte, Martín. Historiografía sobre el Imperio de Maximiliano. México: Universidad Nacional Autónoma de México, Instituto de Investigaciones Históricas , 1970. [ Links ]

Rémond, René. “I. Una Historia presente”. En Pensar la modernidad política. Propuestas desde la nueva historia política. Edición de Alicia Salmerón y Cecilia Noriega, 51-69. México: Instituto de Investigaciones Dr. José María Luis Mora, 2016. [ Links ]

Rodríguez Ávila, Adán. “El problema usurario según El Tiempo. Crítica católica contra el régimen liberal, 1883-1891”. Estudios de Historia Moderna y Contemporánea de México, núm. 65 (enero-junio 2023): 121-148. https://doi.org/10.22201/iih.24485004e.2023.65.77807. [ Links ]

Toussaint Alcaraz, Florence. Escenario de la prensa en el Porfiriato. México: Elementum, 2018. [ Links ]

Velasco Gómez, Ambrosio. “Crisis del liberalismo, dictadura y Revolución”. En Humanidades y crisis del liberalismo. Del Porfiriato al Estado posrevolucionario. Coordinación de Ambrosio Velasco Gómez, 47-59. México: Universidad Nacional Autónoma de México, 2009. [ Links ]

Vieyra Sánchez, Lilia. La Voz de México (1870-1875), la prensa católica y la reorganización conservadora. México: Universidad Nacional Autónoma de México, Instituto de Investigaciones Bibliográficas/Instituto Nacional de Antropología e Historia, 2008. [ Links ]

Villegas Revueltas, Silvestre. El liberalismo moderado en México, 1852-1864. México: Universidad Nacional Autónoma de México, Instituto de Investigaciones Históricas , 2015. [ Links ]

Sitios web

León XIII. “Carta encíclica Immortale Dei sobre la Constitución cristiana del Estado”. Acceso 11 de diciembre de 2023. https://www.vatican.va/content/leo-xiii/es/encyclicals/documents/hf_l-xiii_enc_01111885_immortale-dei.html . [ Links ]

1El tema del conservadurismo se mantuvo lejos de los focos de la historiografía mexicana durante décadas. En el ocaso del siglo XX, en una obra se cuestionó la definición de “conservadurismo mexicano” y se reconoció y abogó en favor de la diversidad de sus integrantes, muchos de los cuales, incluso, no entraban en la categoría; además, se agregaron las directrices del proyecto político conservador, en las que no se incluía explícitamente el sistema monárquico. En 2009, en otra obra colectiva se revisitó la preocupación por analizar la dinámica entre grupos políticos antagónicos en la historia del país, en lugar de imponer las tradicionales etiquetas que enaltecen y descalifican cuando se emplean en la historia oficial. Por otra parte, la heterogeneidad de los liberales fue estudiada por Silvestre Villegas, a través de los “moderados”, una expresión pragmática que escapa del arquetipo radical envuelto en la bandera de las Leyes de Reforma. William Fowler y Humberto Morales, “Introducción. Una (re)definición del conservadurismo mexicano del siglo diecinueve”, en El conservadurismo mexicano en el siglo XIX, coord. de William Fowler y Humberto Morales (Puebla: Benemérita Universidad Autónoma de Puebla; St Andrews: University of St Andrews, 1999); Érika Pani, coord., Conservadurismo y derechas en la historia de México (México: Fondo de Cultura Económica/Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, 2009); Silvestre Villegas Revueltas, El liberalismo moderado en México, 1852-1864 (México: Universidad Nacional Autónoma de México, Instituto de Investigaciones Históricas, 2015).

2Éste cobró relevancia tras el estudio de Érika Pani, que invitó a repensar el Imperio como una experiencia genuinamente mexicana, en lugar de la visión historiográfica tradicional que lo consideraba una imposición extranjera. Su trabajo contribuyó a la renovación de los estudios sobre el tema. Para mexicanizar el Segundo Imperio. El imaginario político de los imperialistas (México: El Colegio de México, Centro de Estudios Históricos/Instituto de Investigaciones Dr. José María Luis Mora, 2001).

13El arzobispo de México volvió en 1871. Cuatro años después, dio a conocer un documento elaborado junto con sus semejantes de Michoacán y Guadalajara. Su objetivo era marcar postura frente a la Ley orgánica de las adiciones y reformas constitucionales. Los arzobispos advirtieron que la grey debía mantenerse humilde, paciente y resignada, a pesar de que las disposiciones gubernamentales fueran contrarias a la Iglesia. A la vuelta del exilio, el clero cuidó de que no se le relacionara, ni al laicado, con insubordinaciones; instó a los políticos y periodistas católicos a que no avivaran pasiones partidistas, ni cometieran injurias. Pelagio Antonio de Labastida y Dávalos, José Ignacio Arciga y Pedro Loza, Instruccion pastoral que los illmos. sres. arzobispos de México, Michoacan y Guadalajara dirigen a su Venerable Clero y á sus Fieles con ocasion de la ley organica expedida por el Soberano Congreso Nacional en 10 de diciembre del año proximo pasado y sancionada por el Supremo Gobierno en 14 del mismo mes (México: Imprenta de José Mariano Lara, 1875).

14Caracterizada por un repertorio de actores más amplio en el análisis del juego político, periodizaciones alternativas a las tradicionales y la concepción de las acciones políticas como parte de las prácticas sociales; el juego político tratado dentro de la esfera social y no recluido en un espacio aparte. René Rémond, “I. Una Historia presente”, en Pensar la modernidad política. Propuestas desde la nueva historia política, ed. de Alicia Salmerón y Cecilia Noriega (México: Instituto de Investigaciones Dr. José María Luis Mora, 2016).

21Mientras que la autora estudió las actitudes de los católicos frente a los principios liberales, este texto se centra en el pensamiento respecto a un elemento que los liberales achacaron a los católicos. Así, espero enfatizar el proceso introspectivo que llevó a los católicos a desarrollar sus posturas políticas. Érika Pani, “Democracia y representación política. La visión de dos periódicos católicos de fin de siglo, 1880-1890”, en Modernidad, tradición y alteridad. La ciudad de México en el cambio de siglo (XIX-XX), ed. de Claudia Agostoni y Elisa Speckman Guerra (México: Universidad Nacional Autónoma de México, Instituto de Investigaciones Históricas, 2001).

24Este organismo fue una respuesta de los derrotados para mantener la importancia de la Iglesia en la República Restaurada; buscaba fomentar la religión, mantener la cohesión social, desarrollar el conocimiento y promover la beneficencia en el nuevo régimen. Se valió de periódicos para aumentar su esfera de influencia en la población mexicana. Sin embargo, se desvinculó de La Voz de México en 1875, pues el diario aspiraba a tener mayor presencia en la esfera política, lo que no se compaginaba con las intenciones originales de la organización. Vieyra, La Voz

25Recupero aquí la propuesta de Jorge Adame para clasificar a los intelectuales católicos, entre viejos y nuevos. Si bien da la impresión de que su división trata generaciones consecutivas y rígidas entre sí; además de que, en su percepción, los nuevos católicos cobraron relevancia hasta 1892. Considero que los diarios sí presentan características esenciales que los separan como grupos intelectuales diferentes; de ahí la pertinencia de retomar al autor. Sin embargo, las páginas del presente artículo dialogan con la propuesta de Adame; muestran que los grupos se relacionaron más de lo que aparentan. Asimismo, hago manifiesta la relevancia de los católicos jóvenes mucho antes de 1892. Adame, El pensamiento...

26“La Voz de México”, La Voz de México, 17 de abril de 1870, 1.

27J. L., “La política”, La Voz de México, 21 de abril de 1871, 1.

28“Soberanía popular”, La Voz de México, 5 de octubre de 1871, 1.

29“El ‘Diario Oficial’ I”, La Voz de México, 20 de diciembre de 1871, 1.

30“Cuarta carta del cura de la Sierra”, La Voz de México, 27 de marzo de 1871, 1.

31“¡Cuántos dementes!”, La Voz de México, 30 de julio de 1871, 3.

32“Los principios y las formas de gobierno”, La Voz de México, 20 de febrero de 1877, 1.

33“Salvarse ó perderse”, La Voz de México, 13 de febrero de 1874, 1.

34“Siempre el doctor del ‘Siglo’”, La Voz de México, 19 de mayo de 1875, 1.

35“Las formas de gobierno”, La Voz de México, 28 de febrero de 1879, 1; “La verdadera política”, La Voz de México, 30 de octubre de 1879, 1; “División de partidos”, La Voz de México, 3 de diciembre de 1879, 1; “Presente y porvenir de México”, La Voz de México, 22 de octubre de 1882, 1; M. y M., “Los gobiernos y sus formas I”, La Voz de México, 4 de enero de 1883, 1; “Realidades y apariencias”, La Voz de México, 29 de noviembre de 1883, 1; “Cuestión de palabras”, La Voz de México, 9 de julio de 1884, 1; “El ‘Diario del Hogar’, La Voz de México, 28 de mayo de 1885, 1; “Los partidos”, La Voz de México, 24 de julio de 1885, 1; G. Naro, “De aquí y de allá”, La Voz de México, 6 de agosto de 1885, 1; Latinus, “Nuestra bandera”, La Voz de México, 26 de enero de 1886, 1; “El partido conservador”, La Voz de México, 5 de junio de 1886, 1; “Las formas de gobierno”, La Voz de México, 6 de octubre de 1887, 1.

36“Un proyecto tiránico”, La Voz de México, 14 de mayo de 1873, 1; “Absolutismo presidencial”, La Voz de México, 25 de junio de 1873, 1; “Es monarquía y ¡no lo ven!”, La Voz de México, 13 de junio de 1875, 1; “El imperio de la ley”, La Voz de México, 30 de julio de 1875, 1; “La reelección”, La Voz de México, 24 de noviembre de 1875, 1.

37“El liberalismo y la monarquía”, La Voz de México, 9 de noviembre de 1884, 1.

39“La república liberal”, El Tiempo, 6 de septiembre de 1883, 1.

40“El Derecho Divino”, El Tiempo, 16 de octubre de 1883, 1.

41“Artículo sin fondo”, El Tiempo, 26 de junio de 1884, 1.

42“Artículo sin fondo”, El Tiempo, 26 de junio de 1884, 1.

43“La Iglesia y el liberalismo”, El Tiempo, 12 de noviembre de 1884, 1.

45“Dos aniversarios”, La Voz de México, 19 de junio de 1872, 1.

46“Aniversario”, La Voz de México, 19 de junio de 1873, 1.

47“El 19 de junio de 1867”, La Voz de México, 19 de junio de 1874, 1.

48“El 19 de junio de 1867”, La Voz…, 1.

49“El 19 de junio de 1867”, La Voz…, 1.

50“El 19 de junio de 1867”, La Voz…, 2.

51“Aniversario”, La Voz de México, 19 de junio de 1875, 1; “Tristes reflexiones”, La Voz de México, 19 de junio de 1877, 1 y 2.

52El autor aparece escrito de manera diferente en varias ocasiones. No se tiene más información de su persona que la mencionada por él mismo: catedrático del Colegio Civil de Querétaro e ingeniero en 1879. Antes trabajó como traductor y teniente zapador para el bando imperial. Pavet Primer, “Doce años de después de una fecha memorable”, La Voz de México, 19 de junio de 1879, 1 y 2; Pablo Primer, “13 años después”, La Voz de México, 19 de junio de 1880, 1 y 2; Pawel Primer, “Catorce años después” La Voz de México, 19 de junio de 1881, 2 y 3; Pawel Primer, “Quince años después”, La Voz de México, 20 de junio de 1882, 1 y 2.

53Pawel Primer, “Quince años despues”, La Voz…, 1.

54“19 de junio de 1867”, La Voz de México, 19 de junio de 1883, 1.

55“19 de junio de 1867”, La Voz…, 1; “In Memoriam”, La Voz de México, 19 de junio de 1886, 1; “19 de junio de 1887”, La Voz de México, 19 de junio de 1887, 1; “¡El 19 de junio de 1867!”, La Voz de México, 19 de junio de 1888, 2.

56“A la ‘Orquesta’”, La Voz de México, 21 de enero de 1870, 3.

57“Al ‘Diario Oficial’”, La Voz de México, 8 de mayo de 1872, 1.

58“Una respuesta a Juvenal”, La Voz de México, 23 de junio de 1872, 2; “Toca su vez al ‘Porvenir’”, La Voz de México, 12 de julio de 1874, 1.

59“El ‘Pájaro verde’”, La Voz de México, 4 de enero de 1874, 3; “Escobedo”, La Voz de México, 13 de mayo de 1880, 3.

60“Arde mucho”, La Voz de México, 25 de junio de 1874, 3.

61“Dos grandes hechos”, La Voz de México, 13 de agosto de 1874, 3; “¡Qué ferocidad!”, La Voz de México, 22 de junio de 1875, 2.

62G. Naro, “De aquí y de allá”, La Voz de México, 1 de agosto de 1885, 1.

63“¿Quien dice la verdad?”, La Voz de México, 16 de mayo de 1873, 2.

64Antonio de P. Moreno, “Comparaciones. El Imperio y la República”, La Voz de México, 10 de enero de 1885, 2.

65“Liberal y reaccionarios”, El Tiempo, 15 de agosto de 1883, 1.

66“Liberal y reaccionarios”, El Tiempo, 1.

67Gentilis, “A ‘la época’”, El Tiempo, 1 de julio de 1884, 2.

68“El ‘Monitor’”, El Tiempo, 15 de enero de 1885, 2.

69“El catolicismo (?) de ‘El Monitor’”, El Tiempo, 12 de marzo de 1887, 2.

70“Política masónica”, El Tiempo, 15 de febrero de 1885, 1.

71Guerrillas, El Tiempo, 10 de mayo de 1885, 4.

72“Los traidores hablando de dignidad nacional”, El Tiempo, 2 de septiembre de 1886, 2.

73“D. Miguel de la Peña, imperialista”, El Tiempo, 20 de agosto de 1884, 2.

74“D. Miguel de la Peña, imperialista”, El Tiempo, 2.

75“Un artículo de D. Miguel de la Peña”, El Tiempo, 2 de octubre de 1884, 2.

76“D. Rafael Cravioto, imperialista”, El Tiempo, 2 de septiembre de 1884, 2; “El general D. Rafael Cravioto y sus defensores”, El Tiempo, 26 de septiembre de 1884, 3.

77“Política masónica”, El Tiempo, 15 de febrero de 1885, 1.

78R. A., “Como se escribe la historia”, El Tiempo, 30 de septiembre de 1884, 2.

79Más allá de que la plaza de Querétaro cayera en cualquiera de las versiones, reconocer o no una traición de Miguel López hacia Maximiliano significaba rechazar o abrazar la versión del partido oficial. Los católicos tomaron una posición tan inflexible sobre el honor del emperador, porque así confirmaban su postura política opuesta a la de los liberales. Pani cuenta que el pleito incluso llevó a Victoriano Agüeros a los puños contra el periodista Ángel Pola. Pani, El Segundo Imperio...

80“Los traidores hablando…”, 2.

81“Maximiliano traidor a su partido”, El Tiempo, 30 de agosto de 1887, 2.

Recibido: 18 de Enero de 2024; Aprobado: 25 de Septiembre de 2024; Publicado: 11 de Diciembre de 2024

SOBRE EL AUTOR: Adán Rodríguez Ávila es licenciado en historia por la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México; maestro en historia y doctorando en el Programa de Posgrado de la misma institución. Sus líneas de investigación principales son la historia política y la historia de la Iglesia. Autor de “El problema usurario según El Tiempo. Crítica católica contra el régimen liberal, 1883-1891”, Estudios de Historia Moderna y Contemporánea de México, núm. 65 (enero-junio 2023): 121-148; y “Recuerdos y usos políticos de la guerra de 47 en la prensa del Porfiriato”, Bibliographica 6, núm. 2 (julio-diciembre 2023): 93-130.

Creative Commons License Este es un artículo publicado en acceso abierto bajo una licencia Creative Commons