Introducción
La cinesiofobia se definió como un miedo irracional, debilitante y excesivo al movimiento y la actividad, originado por la creencia en la fragilidad y la susceptibilidad a una nueva lesión.1 Además del miedo al dolor, la cinesiofobia también implica miedos tales como la fatiga o el agotamiento,2 todo lo cual puede llevar a los pacientes a evitar o limitar su movimiento.3
Se han publicado varios estudios que relacionan la cinesiofobia con otras enfermedades sistémicas, y su prevalencia varía según la población de estudio. En pacientes con lupus eritematoso, la prevalencia fue del 66,6%;4 en la esclerosis múltiple fue del 80,6%;5 e incluso en un estudio de casos y controles sobre la enfermedad de Parkinson, todos los participantes del grupo de casos exhibieron algún grado de cinesiofobia, según la medición del cuestionario de la escala de Tampa de Cinesiofobia (TSK-11).6
La espondilitis anquilosante (EA) se considera una enfermedad crónica e inflamatoria que afecta principalmente la columna vertebral y las articulaciones sacroilíacas. Se caracteriza por dolor crónico y rigidez progresiva, lo que puede conducir a una limitación significativa del movimiento.7 La actividad física dirigida por un terapeuta se considera el tratamiento no farmacológico más importante en la EA.8-10
Varios estudios han evaluado la cinesiofobia en individuos con EA. Un estudio analizó los niveles de cinesiofobia en individuos con EA (n = 163), y encontró que la cinesiofobia era un hallazgo habitual en el 66,6% de los casos.11 Otro estudio analizó la relación entre la cinesiofobia y la movilidad espinal en pacientes con EA, concluyendo que la cinesiofobia puede afectar negativamente el pronóstico de la EA al limitar la actividad física y el ejercicio.12
En este sentido, consideramos vital evaluar la cinesiofobia en pacientes con EA debido a la importancia del ejercicio como elemento esencial para el tratamiento, no solo para la mejora de sus síntomas, sino también para abordar el componente psicológico de la enfermedad. Tras una revisión de la literatura científica publicada, no se hallaron estudios que relacionaran el factor psicológico de la cinesiofobia en la EA frente a sujetos sanos. Nuestro objetivo fue llenar este vacío comparando una muestra de sujetos con EA con sujetos sanos, analizando los niveles de cinesiofobia.
Materiales y métodos
Diseño de la muestra
En esta investigación, se seleccionó a un total de 104 individuos como muestra. Los participantes se clasificaron en dos cohortes: un grupo que comprendía 52 individuos diagnosticados con EA y un grupo de control de 52 individuos sin EA. El período de reclutamiento abarcó desde diciembre de 2022 hasta junio de 2023, empleando un abordaje de muestreo consecutivo y no aleatorio. Los individuos con EA fueron seleccionados de asociaciones de pacientes en dos provincias con cobertura total para recibir atención médica relacionadas con la enfermedad, así como para la identificación de complicaciones que pudieran surgir durante el avance de la enfermedad, una de las cuales es la cinesiofobia. Por el contrario, el grupo de control estuvo compuesto por individuos de los departamentos de podología de dos centros médicos. Los criterios de inclusión del estudio requerían la mayoría de edad legal y una clara diferenciación entre sujetos con y sin EA. Los criterios de exclusión fueron no dar el consentimiento informado o ser incapaz de comprender y adherirse a las directrices del estudio. La investigación se llevó a cabo en consonancia con los principios descritos por el Strengthening the reporting of observational studies in epidemiology.13
Cálculo del tamaño de la muestra
Para determinar el tamaño de la muestra adecuado para este estudio de casos y controles, se empleó el software Epidat versión 4.2. Este software es un producto de la Consellería de Sanidade de la Xunta de Galicia, España, y fue desarrollado en colaboración con la Organización Panamericana de la Salud – Organización Mundial de la Salud y la Universidad CES de Colombia. El cálculo incorporó factores como el nivel de confianza, la potencia estadística y la necesidad de tamaños de grupo equivalentes. La determinación de este tamaño de muestra se basó en la suposición de un nivel de confianza del 75%, una potencia estadística de 0.80, un odds ratio anticipada de 2.0 y una tasa de exposición presunta del 50% en el grupo de casos y del 33,3% en el grupo de control. Así, se estableció un tamaño de muestra de 104 participantes, con una distribución equitativa de 52 individuos por grupo.
Procedimiento
Todos los participantes respondieron inicialmente a una serie de preguntas generales asociadas a variables antropométricas tales como la edad, el género, la altura, el peso y se calculó el índice de masa corporal (IMC). También se consultaron datos relacionados con la historia médica, incluidos los años de avance de la enfermedad, patologías de pie diagnosticadas y la frecuencia de las consultas podológicas. También se plantearon preguntas generales sobre la actividad ocupacional y el nivel educativo. Posteriormente, se administró la versión en español del TSK-11.14-15 Esta herramienta psicométrica se utiliza en la evaluación diagnóstica, la prognostificación, el seguimiento y la orientación clínica, con el objetivo de cuantificar el miedo de un paciente a experimentar una lesión recurrente debido al movimiento.16 La escala, estructurada en formato Likert, va de 1 (totalmente en desacuerdo) a 4 (totalmente de acuerdo), lo cual permite a los individuos expresar su nivel de acuerdo con cada afirmación. Se ha demostrado que esta edición de 11 ítems es la más efectiva para capturar estos dos factores y se presenta como una alternativa en el diagnóstico del dolor.
Las puntuaciones obtenidas en la TSK-11 fueron entre 11 y 44, donde una puntuación más alta indica un aumento en el miedo al dolor asociado con el movimiento. Las puntuaciones totales se clasificaron del siguiente modo: 11-17 puntos, lo cual indica una ausencia de miedo al movimiento; 18-24 puntos, un miedo leve; 25-31 puntos, un miedo moderado; 32-38 puntos, un miedo severo; y 39-44 puntos, el nivel más alto de miedo al movimiento.
La selección de la versión en español de la TSK-11 se basó en su validez, fiabilidad y uso generalizado probados en poblaciones con trastornos musculoesqueléticos crónicos, como se demostró previamente en estudios de investigación similares.5,6,15,17,18
Consideraciones éticas
El estudio recibió autorización del Comité de Ética para la Investigación Experimental de la Universidad de Málaga (Málaga, España) y se le asignó el número de identificación 122-2022-H. Todos los métodos y procedimientos utilizados en este estudio cumplieron estrictamente con los estándares éticos establecidos en la Declaración de Helsinki.17
Análisis estadístico
Para evaluar la normalidad de la muestra en nuestro estudio, empleamos la prueba de Shapiro-Wilk. Para las comparaciones entre grupos, se utilizó la prueba de la χ2. Para las variables que presentaron una distribución normal, se utilizó la prueba t de Student, y para aquellas que presentaron una distribución no normal, se aplicó la prueba U de Mann-Whitney.
Todos los análisis estadísticos se realizaron utilizando el software Statistical Packages for the Social Sciences v27.0.1.0 (IBM Corporation, Armonk, NY, EE.UU.).
Resultados
Descripción y datos comparativos
El estudio incluyó 104 participantes, divididos equitativamente entre individuos con (52 en el grupo de casos) y sin EA (52 en el grupo de control), garantizando la igualdad en términos de edad, sexo e IMC. Las variables descriptivas de Edad y Altura presentan una distribución normal (p > 0.05) mientras que las variables descriptivas de peso, altura y tiempo desde el diagnóstico presentan una distribución no normal (p < 0,05) y se detallan en la tabla 1.
Tabla 1 Datos descriptivos y comparativos
| Dato descriptivo | Media (DE) | p | ||
|---|---|---|---|---|
| Total (n = 104) | EA (n = 52) | Control (n = 52) | ||
| Edad (años) | 47 ± 10.6 (24-70) | 47,3 ± 11,3 (24-70) | 46.8 ± 9.9 (28-68) | 0.471† |
| Peso (kg) | 70.1 ± 14.7 (49.0-115.0) | 71.1 ± 16,3 (49.0-115.0) | 69.1 ± 12.9 (52.0-102.0) | 0.738‡ |
| Talla (m) | 1.7 ± 0,1 (1.5-1.9) | 1.7 ± 0.1 (1.5-1.86) | 1.7 ± 0.1 (1.52-1.88) | 0.780† |
| IMC (kg/m2) | 25.3 ± 4.8 (17-44.4) | 25.8 ± 5.4 (17-44.4) | 25.1 ± 4.3 (19.33-39.84) | 0.402‡ |
| Sexo | ||||
| Masculino | 30 (29.4%) | 15 (29.4%) | 15 (29.4%) | 1* |
| Femenino | 72 (70.6%) | 36 (70.6%) | 36 (70.6%) | |
| Tiempo desde el diagnóstico de EA (años) | ND | 11.4 ± 11.5 (0.3-50) | ND | < 0.01‡ |
En todos los análisis, se consideró estadísticamente significativa una p < 0.05 (con un intervalo de confianza del 95%).
Se utilizaron frecuencias (porcentajes) y la prueba de Chi-cuadrado (χ2).
†Se aplicó la prueba t de Student para muestras independientes.
‡Se aplicó la prueba U de Mann-Whitney para muestras independientes. IMC: Índice de masa corporal; M: masculino; F: femenino.
De la muestra, el 29,4% (n = 30) eran hombres y el 70,6% (n = 72) eran mujeres. La media de edad de los sujetos era 47 años (desviación estándar [DE]: 10.6), con edades que iban de los 24 a los 70 años. Según la tabla 1, no se observaron diferencias significativas (p > 0.01) en los datos demográficos y descriptivos de los participantes del estudio. La investigación también señaló que la duración promedio de la enfermedad fue de 11.4 años (DE = 11.5).
La tabla 2 contrasta los datos sociodemográficos entre individuos diagnosticados con EA y un grupo de control, derivados de una muestra total de 104 participantes. En cuanto al nivel educativo, una pequeña fracción de la muestra total dijo no haber acabado educación primaria (2.9%), mientras que la mayoría tenía formación educativa de tercer ciclo (36.5%) o formación superior (23.1%). En cuanto a la situación laboral, la mayoría estaban empleados (62.5%), otros eran desempleados (12.5%) y, por último, jubilados (13.5%). En cuanto al estado civil, la mayoría estaban casados (56.7%) y la minoría, solteros (12.5%) o separados/divorciados (11.5%). No se informaron diferencias estadísticamente significativas en los niveles educativos ni en las situaciones laborales y maritales entre los individuos con EA y el grupo de control, lo que indica composiciones sociodemográficas comparables en ambos grupos.
Tabla 2 Descripción y comparativa de datos sociodemográficos
| Datos sociodemográficos | Total (n = 104) (%) | EA (n = 52) (%) | Control (n = 52) (%) | p |
|---|---|---|---|---|
| Nivel educativo | ||||
| Educación primaria incompleta | 3 (2.9) | 1 (1.9) | 2 (3.8) | *0.925 |
| Educación primaria completa | 16 (15.4) | 9 (17.3) | 7 (13.5) | |
| Educación secundaria | 23 (22.1) | 11 (21.1) | 12 (23.1) | |
| Educación de tercer ciclo | 38 (36.5) | 20 (38.5) | 18 (34.6) | |
| Educación superior | 24 (23.1) | 11 (21.1) | 13 (25.0) | |
| Situación laboral | ||||
| Estudiante | 2 (1.9) | 1 (1.9) | 1 (1.9) | *0.174 |
| Trabajador autónomo | 10 (9.6) | 5 (9.6) | 5 (9.6) | |
| Empleado | 65 (62.5) | 33 (63.5) | 32 (61.5) | |
| Desempleado | 13 (12.5) | 3 (5.77) | 10 (19,2) | |
| Jubilado | 14 (13.5) | 10 (19.2) | 4 (7,7) | |
| Estado civil | ||||
| Soltero/a | 13 (12.5) | 10 (19,2) | 3 (5,8) | *0.149 |
| Separado/a o divorciado/a | 12 (11.5) | 7 (13,5) | 5 (9,6) | |
| Viudo/a | 0 (0) | 0 (0) | 0 (0) | |
| En convivencia | 20 (19.2) | 8 (15.4) | 12 (23.1) | |
| Casado/a | 59 (56.7) | 27 (51.9) | 32 (61.5) |
En todos los análisis, se consideró estadísticamente significativa una p < 0,05 (con un intervalo de confianza del 95%). Se utilizaron frecuencias (porcentajes) y la prueba de la χ2.
Medidas de resultado
La tabla 3 del estudio ofrece un análisis de las medidas de resultado relacionadas con los niveles de cinesiofobia, empleando el TSK-11, entre los casos (sujetos con EA) y los controles (sujetos sin EA). Se identificaron 5 categorías de cinesiofobia: sin miedo al movimiento, miedo leve, miedo moderado, miedo grave y miedo máximo. Los hallazgos revelan diferencias estadísticamente significativas entre los casos y los controles (p < 0.01), destacando una mayor prevalencia de niveles graves y máximos de cinesiofobia (TSK-11 > 32) en el 46.2% del grupo de casos. En cambio, el 76.9% de los controles mostraban niveles leves de cinesiofobia (TSK-11 < 24). Además, la puntuación media obtenida en la TSK-11 fue mucho mayor en los casos (30.6 ± 6.4) que en los controles (20.5 ± 5.1), lo cual pone de manifiesto la importante diferencia que existe en la percepción del miedo al movimiento.
Tabla 3 Medidas de resultado
| Medidas de resultado | Grupo total (n = 104) (%) | Casos media ± DE (n = 52) (%) | Controles media ± DE (n = 52) (%) | p (casos frente a controles) |
|---|---|---|---|---|
| Ninguno | 13 (12.5) | 0 (0) | 13 (25) | < 0.01* |
| Leve | 39 (37.5) | 12 (23.1) | 27 (51.9) | |
| Categoría TSK-11 · Miedo al movimiento | ||||
| Moderado | 27 (25.9) | 16 (30.8) | 11 (21.1) | |
| Grave | 21 (20.2) | 20 (38.5) | 1 (1.9) | |
| Máximo | 4 (3.8) | 4 (7.7) | 0 (0) | |
| Puntuaciones TSK | ND | 30.6 ± 6.4 (18-40) | 20.5 ± 5.1 (11-35) | < 0.01† |
Frecuencia, porcentaje (%), y se utilizaron pruebas de la χ2 (-2).
†Se aplicó la prueba U de Mann-Whitney para muestras independientes. En todos los análisis, se consideró estadísticamente significativo un valor de p < 0,05 (con un intervalo de confianza del 95%) (en negrita). Los niveles de cinesiofobia por miedo al movimiento incluyen: ningún miedo al movimiento (11-17 puntos), miedo leve al movimiento (18-24 puntos), miedo moderado al movimiento (25-31 puntos), miedo grave al movimiento (32-38 puntos) y miedo máximo al movimiento (39-44 puntos). TSK-11: Escala de Cinesiofobia de Tampa; ND: no disponible.
Discusión
El objetivo de este estudio fue evaluar y contrastar los niveles de seguridad y confianza auto-percibidos durante la realización de tareas de movimiento, según la medición del TSK-11, entre adultos con y sin EA, lo cual implicó una comparativa con una muestra de características similares (edad, sexo e IMC). La hipótesis al inicio de este estudio es que los individuos con EA sufren de cinesiofobia con más frecuencia que los individuos sanos.
Se compararon las puntuaciones de cinesiofobia de 52 sujetos con EA y 52 controles sanos. Los hallazgos indican que todos los sujetos con EA sufrieron de cinesiofobia en 1 de los 4 niveles (leve, moderado, grave y máximo). El 46,15% de los sujetos con EA experimentaron cinesiofobia en nivel grave o máximo (≥ 32).
Con los datos obtenidos, podemos sugerir que estos resultados avalan la hipótesis de que las puntuaciones de cinesiofobia entre individuos con EA podrían ser parecidas a las de los controles sanos. Nuestro estudio se destaca por proporcionar una comparación con un grupo de sujetos sin EA, de los cuales el 76,92% informó niveles leves o nulos de cinesiofobia.
De este modo, nuestros resultados se alinean con otros estudios que analizaron la cinesiofobia en la EA,11,12-18 los cuales demostraron una alta prevalencia. Oskay et al. hallaron una correlación positiva entre la cinesiofobia y el dolor, la calidad de vida y la depresión; sin embargo, no se observó una relación con la actividad de la enfermedad (BASDAI) ni con la movilidad (BASMI)11. Sari et al. analizaron la cinesiofobia en relación con la movilidad espinal, utilizando el BASMI, y concluyeron que la movilidad espinal limitada era el factor más significativo para una alta cinesiofobia12; no obstante, estos resultados no coinciden con los hallazgos del estudio de Oskay et al.
Además, Sari et al. añadieron una correlación positiva entre la cinesiofobia y variables tales como la edad o la duración del diagnóstico de la enfermedad y esto es algo que analizamos en nuestro estudio, si bien no hallamos diferencias estadísticamente significativas al comparar estas variables.
Otro estudio realizado por Goktug et al. evaluó la cinesiofobia en pacientes con EA y concluyó que esta podría influir negativamente la función respiratoria, ya que niveles elevados de cinesiofobia pueden impedir la práctica de actividad física18.
Aunque existen pocos estudios que analicen la cinesiofobia en personas con EA, aún no se ha establecido evidencia clara sobre los factores que podrían estar asociados a su alta incidencia en esta enfermedad.
En un estudio que investigó la cinesiofobia en pacientes con artritis reumatoide, evaluando también el dolor (escala visual analógica) y el índice de función del pie, se halló una correlación positiva. Asimismo, se concluyó que un menor nivel educativo se asocia con mayores niveles de cinesiofobia19. No obstante, en nuestro estudio no se hallaron diferencias significativas entre el nivel educativo y el grado de cinesiofobia.
Es un hallazgo constante que existe una alta prevalencia de cinesiofobia entre personas con enfermedades crónicas. Un estudio de casos y controles analizó los niveles de cinesiofobia en personas con enfermedad de Parkinson y encontró que hasta el 77,3 % de los pacientes con Parkinson presentaban altos niveles de cinesiofobia6. Otro estudio sobre esclerosis múltiple determinó que el 65,6 % de los afectados obtuvo puntuaciones entre 11 y 25 en la TSK-115, con resultados similares a los encontrados en investigaciones que mostraron que hasta el 66,6 % de los pacientes con lupus eritematoso presentaban altos niveles de cinesiofobia4.
La entesitis del tendón de Aquiles o de la fascia plantar es una de las manifestaciones periféricas más frecuentes en la EA20, lo cual puede llevar incluso a limitaciones en la actividad física21. No obstante, la práctica deportiva se considera el tratamiento no farmacológico más eficaz para la EA8, en este sentido, el tratamiento de la cinesiofobia en pacientes con EA debería considerarse una prioridad.
Teniendo en cuenta estos resultados, creemos que nuestro estudio es significativo, ya que es un estudio novedoso que evalúa los niveles de cinesiofobia en pacientes con EA frente a un grupo control. No obstante, este estudio presenta varias limitaciones que deben tenerse en cuenta. En primer lugar, sería beneficioso considerar la variabilidad en los niveles de actividad, el estado de remisión de la enfermedad y los criterios específicos de EA para mejorar la evaluación de las subcategorías. En segundo lugar, aunque se utilizó un muestreo consecutivo, futuros estudios podrían mejorar la aplicabilidad de los hallazgos empleando una estrategia de muestreo aleatorio simple para reforzar la validez del estudio. En tercer lugar, el papel del apoyo social en la cinesiofobia podría ser un factor crítico que influya en esta patología. Los estudios que se realicen en el futuro deberían explorar cómo el apoyo de la familia, colegas o profesionales sanitarios puede llegar a influir en el desarrollo o manejo de la cinesiofobia en personas con EA. Investigar estos factores puede ofrecer información valiosa sobre posibles intervenciones para mejorar los resultados en esta población de pacientes. Por último, una muestra más grande y diversa (individuos de varios países) habría sido beneficiosa para fortalecer el estudio y haber ayudado a identificar si existe alguna cultura donde esta asociación no se presenta e identificar los mecanismos involucrados.
Conclusiones
La cinesiofobia es mayor en individuos con EA que en un grupo de control sano, lo cual es indicativo de que los individuos con EA deben ser evaluados y vigilados para diagnosticar los niveles iniciales de cinesiofobia, lo cual facilitará la toma de medidas al respecto y planificación del tratamiento.














