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Revista de historia de América

versão On-line ISSN 2663-371X

Rev. hist. Am.  no.169 Cuidad de México Set./Dez. 2024  Epub 02-Maio-2025

https://doi.org/10.35424/rha.169.2024.5811 

Artículos

Narrarse desde el género para configurar la memoria: la trayectoria de vida como herramienta investigativa

Narrating from gender to configure memory: The life trajectory as a research tool

Juan Manuel Ruiz Barrera* 
http://orcid.org/0000-0003-3207-5261

*Universidad del Valle, Cali, Colombia. Correo electrónico: juan.ruiz.barrera@correounivalle.edu.co.


Resumen

El presente escrito tiene como objetivo reflexionar sobre el lugar de la memoria en la investigación social a partir de una experiencia investigativa doctoral basada en la construcción, con perspectiva de género, de trayectorias de vida de reincorporados/as de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia-Ejército del Pueblo (FARC-EP). Dentro de las principales reflexiones se observa cómo la memoria y las narrativas que la conforman deben ser estudiadas y abordadas no desde la veracidad de sus datos, sino desde el sentido, las lecciones y las interpretaciones que desean trasmitir quienes las producen. También se señala que, dentro de la memoria colectiva o social, encontramos memorias de subgrupos que componen esa colectividad. Algunos de estos subgrupos no cuentan con un relato o son marginalizados/as de la memoria colectiva o social, como puede suceder con las mujeres y los/as reincorporados/as. Las trayectorias de vida con perspectiva de género permiten la construcción de una memoria social al permitir reconocernos con el otro/a desde los lugares comunes y las diferencias que tenemos al habitar un mismo territorio, que en el caso colombiano ha sido atravesado por unas dinámicas particulares, el conflicto armado. El trabajo se destaca porque no sólo se reflexiona sobre el lugar de la memoria en la investigación social desde las perspectivas decolonial y feminista, sino además brinda un ejemplo de cómo se puede llevar a cabo en el marco de una investigación. Las fuentes usadas se centraron en textos teóricos y metodológicos sobre la memoria y a partir de cuatro trayectorias de vida de reincorporados/as de las FARC-EP que formaron parte de la investigación doctoral.

Palabras claves: memoria, trayectoria de vida, género; conflicto armado colombiano

Abstract

The objective of this paper is to reflect on the place of memory in social research based on a doctoral research experience based on the construction of life trajectories of reincorporated members of the FARC-EP with a gender perspective. Among the main reflections, it is observed how memory and the narratives that make it up must be studied and approached not from the veracity of their data, but from the meaning, lessons and interpretations that those who produce them wish to transmit. It is also noted that, within the collective or social memory, we find memories of subgroups that make up that community. Some of these subgroups do not have a story or are marginalized from the collective or social memory, as can happen with women and the reincorporated. Life trajectories with a gender perspective allow the construction of a social memory by allowing us to recognize ourselves with the other from the common places and the differences that we have when inhabiting the same territory, which in the Colombian case has been crossed by particular dynamics, the armed conflict. The work stands out because it not only reflects on the place of memory in social research from a de-colonial and feminist perspective, but also provides an example of how it can be carried out within the framework of an investigation. The sources used focused on theoretical and methodological texts on memory and life trajectories, as well as on four life trajectories of reincorporated members of the FFARC-EP, these trajectories were part of the doctoral research.

Key words: memory; life trajectory; gender; colombian armed conflict

Introducción

Las reflexiones que giran actualmente sobre la investigación social son cada vez más críticas sobre el modo en el que nos relacionamos con el objeto de estudio. Las epistemologías alternativas que emergieron desde mediados del siglo xx hasta nuestros días han dado lugar a las perspectivas de la Investigación Acción Participativa (iap), decoloniales y feministas, las cuales ven problemático el lugar del científico/a social que trata de tomar distancia y “extraer” la mayor información posible para su provecho sin tratar de vincularse en los procesos sociales que demanda su objeto de investigación.

A partir de este cuestionamiento, se han venido consolidando metodologías y herramientas metodológicas orientadas a involucrar políticamente al investigador/a con la población de estudio para construir de manera conjunta saberes y conocimientos que sirvan a su vez como dinamizadores que atiendan, a partir de la acción social y política, a esos problemas de investigación con los que partimos muchas veces en los proyectos.

Una de estas herramientas metodológicas es la trayectoria de vida que se puede construir con base en las narrativas biográficas y las etnografías feministas. A partir de ésta se le permite a la persona configurar y dar cuenta de la memoria individual y colectiva, a la vez que desarrolla un ejercicio de retroinspección sobre sus vivencias. Esto lleva a comprender su presente y apostarle a procesos de transformación que cuestionen aquellas cosas que puede identificar como problemáticas.

Partiendo de algunos de los resultados de la investigación que realicé sobre la configuración de las representaciones e identidades de género en reincorporados/as de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia- Ejército del Pueblo (FARC-EP) para la tesis doctoral,1 este artículo busca reflexionar sobre las narraciones y la memoria en la investigación social y exponer, a partir de las cuatro trayectorias de vida de reincorporados/as de las FARC-EP, la memoria individual y colectiva que tienen sobre un acontecimiento particular: la transición de la guerrilla a la vida civil. Esto, con el fin de comprender cómo en esa memoria se configuran unos recuerdos, comunitarios e individuales, a partir de los cuales se toma un sentido, se forja una identidad, una postura política y social, se dan aprendizajes, lecciones y se construye una interpretación del pasado para el presente.

El artículo está organizado en cinco partes: en la primera se reflexiona sobre cómo las narrativas configuran la memoria social y colectiva; en un segundo momento se expone el lugar de la memoria en la investigación social; seguidamente, se hace una presentación corta de la investigación doctoral en la que se inscriben las trayectorias de vida; continúa con un apartado sobre la memoria de la reincorporación y se cierra con unas reflexiones.

La configuración de la memoria a través de la trayectoria de vida

La memoria es fundamental, en referencia a ella nos definimos, construimos un relato de lo que hemos sido y de lo que somos, articulándonos con un grupo y una sociedad, por lo que es la memoria la que nos convierte en seres colectivos y nos da un sentido dentro de éstos. La memoria no siempre está acorde al discurso de la historia, algunas veces van de la mano y coinciden; otras veces se cuestionan mutuamente. La memoria es un producto de la construcción social que sitúa a las personas en un contexto y lo justifica. Además, es importante señalar que una sociedad puede estar compuesta por distintas memorias, cada una de ellas anclada a una colectividad que comprende su pasado desde un lugar particular que es compartido por varias personas.

Así, en relación con el conflicto armado en Colombia podemos ver que hay diferentes memorias, por ejemplo, la memoria de las mujeres que han sido víctimas (incluso, se podría hablar de la memoria de las mujeres negras que han sido víctimas), la memoria de las mujeres combatientes de un grupo guerrillero, la memoria de las comunidades negras del pacífico o las memorias de las personas reincorporadas, entre muchas más. Las memorias están atravesadas por los contextos y a su vez por las diferentes intersecciones que habitan los cuerpos, como: el color de piel, la clase social, el género, la procedencia, el grupo etario, etcétera.

Estas memorias se pueden construir a partir de narraciones autobiográficas en las que se acude a las representaciones sociales que el sujeto ha incorporado al estar inmerso en un grupo social o una comunidad en particular. Además, al compartirse esa narración con las demás personas se lleva a cabo un proceso de conocimiento cultural compartido con base en el cual se tiene una visión del pasado, como nos lo menciona Juan Carlos Vélez.2 Cuando este acto narrativo empieza a compartirse por las personas de una misma comunidad, se da lugar a la memoria, por ello, la literatura testimonial aporta a su construcción.3

En relación con la narrativa testimonial, Piedad Ortega indica que:

tiene una apuesta por el vínculo. Este es un accionar colectivo que despliega prácticas de solidaridad en torno a proyectos pedagógicos, sociales, políticos y culturales. Tiene resonancia como producción de lo múltiple, de la diversidad, de la interculturalidad, recreando la necesidad permanente de construir comunidades emocionales, políticas y comunidades de memoria.4

Se puede señalar que los relatos autobiográficos y las trayectorias de vida son construcciones subjetivas realizadas por personas sobre su historia. En su narración pueden existir resignificaciones a partir de las cuales se trata de explicar su pasado con base en su presente; además, esa historia narrada pasa por varios filtros para poder armar una lógica narrativa con sentido. Sin embargo, lo cierto es que esas narraciones y la memoria dan cuenta del sentido que le atribuye el sujeto a los acontecimientos y no al dato real del acontecimiento.5

De esta manera, y siguiendo la lectura que hace Chartier de Ricoeur encontramos:

la fenomenología y la pragmática de la memoria en una doble articulación: por una parte, entre el regreso del recuerdo y la búsqueda de memoria o, dicho de otra manera, entre el surgimiento del pasado y el trabajo de la anamnesis; por otra parte, entre la memoria individual, relacionada con la interioridad, con la conciencia, con la identidad, con el conocimiento íntimo, y la memoria colectiva, identificada con las representaciones compartidas.6

Las narraciones autobiográficas, a pesar de centrarse en un relato individual en el que el mismo sujeto es quien reinterpreta cada acontecimiento de su vida, están permeadas constantemente por la memoria social y se debe entender como una memoria individual vivida. Únicamente, aquellos sentidos otorgados a ciertos acontecimientos que son compartidos con otras narraciones biográficas de personas de la misma colectividad, son los que permiten identificar y dar cuenta de una memoria colectiva o social.

Con base en Juan Carlos Vélez, podemos definir la memoria social o colectiva como “el recuerdo que una comunidad tiene de sí misma”, así como de “las lecciones y aprendizajes que, más o menos conscientemente, extrae de la misma”.7

Es por ello que la tarea de recuperar la memoria del conflicto armado es tan importante, porque es a partir de allí que logramos extraer una identidad, aprender lecciones de nuestro pasado, tomar consciencia de las experiencias, cuestionarnos, sanarnos y superar de esta forma los problemas a los que nos hemos enfrentado como sociedad.

La construcción de la memoria del conflicto armado colombiano tiene unos antecedentes oficiales expuestos por Jefferson Jaramillo en tres grandes manifestaciones de la violencia, que responden a acuerdos de paz o negociaciones con los actores armados del conflicto y a una búsqueda de la verdad sobre lo sucedido en dichos periodos. Entre los que se encuentra la Comisión Investigadora de 1958, que surge de las negociaciones en el gobierno de Rojas Pinilla con los bandolero/as liberales y conservadores alzados/as en armas en el período de La Violencia; la Comisión de Expertos de 1987, dada tras los intentos de negociación con las FARC-EP en 1984 en La Uribe-Meta y la Subcomisión de Memoria Histórica entre 2007 y el 2011,8 que surge tras las negociaciones con el grupo paramilitar de las Autodefensas Unidas de Colombia (auc) en el 2005; a la que podríamos sumar recientemente la Comisión de la Verdad entre 2017 y 2022, como parte de los Acuerdos de Paz de 2016 entre el gobierno y la guerrilla de las FARC-EP. En este contexto, se hace necesario desde la investigación social, los movimientos sociales y los colectivos construir una memoria no oficial en la que se puedan expresar otras voces.

Una forma de narrar para construir esa memoria social es a través de las trayectorias de vida. A través de éstas podemos construir una identidad del sujeto y de los colectivos. En Colombia puede ser difícil pensar en una forma hegemónica de construir esa memoria:

Cada región, particularmente en las áreas rurales, ha experimentado la violencia de diferentes maneras y, como resultado de ello tiene diferentes percepciones de dichos actores. Tales percepciones tienen una influencia directa en su interpretación de la violencia, y son las que van a moldear la manera cómo aceptan cualquier proyecto de construcción de paz.9

En este sentido, es importante resaltar el esfuerzo que desde la Comisión de la Verdad se desarrolló con el fin recoger narrativas de las diferentes regiones del país. Como parte de este ejercicio se publicó en uno de los capítulos (Colombia adentro) el relato de la guerra en 11 regiones del país.

Ahora, ¿cómo pensar la construcción de una memoria social común si los actores que participan en el conflicto pertenecen a esferas culturales distintas? La respuesta a esta pregunta la podemos encontrar en Arfuch Leonor quien nos dice que “Si el interés por las vidas ajenas es un viejo mecanismo identificatorio cuyo despliegue público provee modelos de conducta y hasta una pedagogía de las pasiones, también parece ser, en nuestro conflicto presente, un motor de cohesión social”.10

El conflicto armado colombiano nos toca de una u otra forma a cada uno/a y la construcción de la memoria social que se haga en torno a ella debe ser una labor en la que todos/as estemos involucrados. De esta manera, a partir de las múltiples memorias colectivas, se pueden encontrar elementos que permitan la construcción de una memoria social del conflicto armado, construir lecciones para salir de éste y evitar su repetición.

La trayectoria de vida se convierte en una herramienta a través de la cual las víctimas y victimarios/as logran narrar una memoria individual del conflicto, desde su perspectiva. A partir de ésta se llega a configurar la memoria colectiva, que al entrelazarse con las demás memorias colectivas, pueden dar lugar a una nueva memoria social de la nación. Hablamos de una configuración de la memoria puesto que narrarse es una apuesta política para cuestionar una historia oficial de los sucesos, fracturarla y consolidar una en que las voces de los y las olvidadas se tengan en cuenta: “El narrarse se configura, entonces, como una forma de lucha contra la desmemoria, que es también una forma de violencia”.11

La trayectoria de vida puede ser comprendida como un testimonio, partiendo del punto de vista de Elizabeth Jelin, la podemos clasificar como “un género mediante el cual se sistematiza una memoria autobiográfica y se contribuye a la conformación de una memoria social”.12

La memoria en la investigación social

La memoria y la historia han sido dos elementos que han estado siempre relacionados, pero que a la vez presentan diferencias y desencuentros. La memoria, puede ser vista por los y las “científicas sociales” como un elemento carente de veracidad. Y como lo hemos señalado líneas atrás, el interés que encontramos en estudiar la memoria no es llegar a la veracidad de los datos o los acontecimientos (que incluso los puede tener); lo que interesa es ver el sentido que esos acontecimientos tiene sobre un colectivo y quienes lo conforman. Por su parte, la historia más tradicional se centra de manera especial en conocer la veracidad de los datos y los acontecimientos de la manera más objetiva y precisa.

Gonzalo Sánchez, en su libro Guerras, memoria e historia, señala que la historia tiene una pretensión objetivadora y distante del pasado que desea conocer. En su ejercicio, la historia resta atención a las memorias particulares y trata de fusionarlas en un relato común a partir de fuentes que constaten su veracidad. Por otra parte, señala que la memoria juega un papel diferente, su intención no es consolidar un relato en común, sino que está llena de contenido político y social. Es decir, que la memoria tiene un sesgo militante a partir del cual se resalta la pluralidad de los relatos. La memoria no busca construir los hechos de manera completa, puede incluso omitir partes en su relato: la memoria es “la presencia viva del pasado en el presente”.13

Si bien la memoria se apoya muchas veces sobre la historia y los acontecimientos, su principal objetivo no es reconstruirlos como un dato fijo e inalterable; por el contrario, busca dar un significado a su pasado para construir una identidad a partir del recuerdo de su experiencia vivida, del sentido que le otorga y de la marca que ha dejado en la sociedad:

La memoria es una nueva forma de representación del decurso del tiempo. Mientras los acontecimientos parecen ya fijos en el pasado, las huellas son susceptibles de reactivación, de políticas de la memoria. El pasado se vuelve memoria cuando podemos actuar sobre él en perspectiva de futuro.14

Rioux y Sirinelli ayudan también a pensar de manera más acertada aquella relación que hila a la memoria con la historia. Si bien una aparece más subjetiva y centrada en interpretaciones de los sucesos, la otra aparece más en el campo de la ciencia y la objetivación;15 para ellos, la relación entre una y otra es que ambas forman un ángulo recto que parte de un punto en común: acontecimientos en el pasado. La memoria tiene la función de regresar en el tiempo hacía adentro, “recuperar lo que quedó atrás, invocar la herencia de un paganismo imperturbable”; la historia, por su lado es la parte culta, académica, encargada de descifrar, contar y comprender.16

Asimismo, Rioux y Sirinelli postulan que el tratamiento que debe hacer la o el historiador en relación con la memoria es “confirmar la fábula, pero sin hacer trampa. Y, antes que nada, desenredando este viejo idilio, pues historia y memoria se oponen. La historia es un pensamiento del pasado y no una rememoración”.17 Al decir que es un pensamiento del pasado, decimos entonces que hay un análisis de los hechos a partir de una lectura que puede ser teórica; no es únicamente un ejercicio para recuperar un recuerdo.

La memoria se ve enfrentada muchas veces en la investigación social por el método científico, que al estudiarla como una fuente la somete a la verificación de los hechos y termina invalidando muchas veces su función, la de dar sentido a los acontecimientos:

A la estructura fiduciaria del testimonio se opone la naturaleza indiciaría del documento. La aceptación (o el rechazo) de la credibilidad de la palabra que atestigua el hecho es sustituida por la sumisión al régimen de lo verdadero y de lo falso, de lo refutable y de lo verificable, de la huella archivada.18

Esto trae consigo una serie de problemáticas que son señaladas por Ricoeur y discutidas por Chartier, ya que la aceptación o rechazo de la credibilidad de la palabra sobre la que reposa la memoria termina siendo sustituida por un régimen de veracidad que tiende a poner su balanza sobre la huella archivada.19 De esta manera, la memoria y la historia pueden llegar muchas veces a choques y enfrentamientos:

El documento en contra del testimonio, la construcción explicativa en contra de la reminiscencia inmediata, la representación del pasado en contra de su reconocimiento: cada “fase” de la operación historiográfica se distingue, así, claramente, del procedimiento de la memoria.20

Muchas veces, precisa Ricoeur, el historiador/a cae en el error de tratar de reducir a la memoria al estatus de objeto de investigación histórica y hacen análisis de sus contenidos ideológicos, las formas en que se transmiten, los lugares en que se inscriben, su uso social y político.21 Al hacerlo puede llegar a encontrarse con discontinuidades, saltos en el tiempo, omisiones, subjetividades políticas y algunos datos que no son precisos o que no coinciden de manera “fidedigna” con la historia, por lo que pronto desechan su importancia y ponen en duda su información.

Es importante recordar que la memoria debe ser tomada en un sentido metafórico, porque se basa en el uso de las representaciones que circulan en un territorio y en un lenguaje que toma significados que se relacionan con esas representaciones y acontecimientos, y no porque lo que contiene sea fantasioso o porque los recuerdos puedan tener alteraciones o nuevas lecturas en el presente que modifique su narrativa; sino porque su finalidad está orientada de una manera diferente, su intención es construir un sentido, tomar una lección, y con base a ese sentido forjar una identidad, una postura política y social, una demanda, un lugar de pertenencia: La memoria “está gobernada por las exigencias existenciales de comunidades para quienes la presencia del pasado en el presente es un elemento esencial de la construcción de su ser colectivo”22 y desde allí debe ser estudiada.

Sin embargo, la memoria no sólo tiene choques con la historia. Al ser variada, al encontrarnos con varias memorias en un mismo espacio, en la que cada una tenga una interpretación, un sentido o una lección diferente del pasado, se pueden presentar disputas entre sí. Es allí, en este espacio, donde la investigación social puede aportar a la construcción de la memoria para que juegue un papel de resistencia y transformación a partir del cual llevar a cabo las agencias sociales23 con base a unas lecciones aprendidas y a un sentido otorgado a su comunidad.

Juan Carlos Vélez explica, por ejemplo, cómo la memoria dominante (aquélla que es pública y es representada en los medios de comunicación), se diferencia de la memoria hegemónica que es la que tiende a prevalecer en las sociedades o colectivos aún cuando tomen distancia de la memoria dominante y disponga de otras posibilidades de divulgación.24

Es por eso que la memoria también juega un papel dinamizador en las sociedades y colectivos, trabajar sobre ellas en el marco de la investigación puede construir de manera conjunta (entre el investigador/a y su objeto de estudio) procesos de agencia que permitan resolver las problemáticas sociales que se logran reconocer dentro de esa memoria narrada.

En contextos de conflictos armados, o en momentos en que se presentan gobiernos o regímenes totalitarios en las sociedades, como ha sucedido a lo largo de la historia del siglo xx en Latinoamérica, se pueden presentar una “fabricación y manipulación de los imaginarios sociales por parte del poder”.25 En estas circunstancias, las memorias colectivas y sociales se convierten en una forma de lucha contra el olvido y de resistencia a imposiciones de una memoria oficial que se busca imponer con el fin de anular las diferencias que no se desean dentro de estos sistemas, de aquello de lo cual no se quiere que se hable.

En contextos así, las sociedades y colectivos ven la necesidad de recuperar sus voces, sus narraciones, su memoria y, con ello, su identidad y el sentido que se ha tratado de borrar, de aniquilar:

Ese presentimiento de una falla de trasmisión, y quizá incluso de un hiato final, explica la fiebre de los grupos sociales y de los individuos que acumulan recuerdos antes de que sea demasiado tarde, moraliza la obligación íntima de reencontrar raíces.26

Jaume Peris afirma que la creciente producción de testimonios en Latinoamérica durante y después de los regímenes militares obedecen a una forma de acción política directa sobre aquello que se quería callar y aniquilar, incluso dejar en el olvido, como si no hubiese existido: “Frente a la violencia represiva del régimen, los supervivientes y exiliados podían oponer una lucha simbólica, basada en la denuncia y en la visibilización internacional de la brutalidad del gobierno militar”.27

Los testimonios y narraciones a partir de la década de los noventa empiezan a tener una transición por parte de los y las sobrevivientes, quienes pasan de contar sus relatos con tintes combativos sobre los regímenes militares, a narraciones más poéticas, en el sentido que se desmarcan más de una postura política colectiva a reivindicar y se centran en sentimientos personales que emergen de las distintas experiencias vividas en las que la reflexión de la violencia, la represión, la cotidianidad y la vida familiar tienen lugar. Así, éstas se convierten en una memoria que se empieza a consolidar desde un lugar diferente,28 en el que cada cual tiene un mayor protagonismo, lo que significa que esa memoria colectiva se empieza a construir más desde las experiencias personales, que desde un discurso institucionalizado.

Las narraciones en Latinoamérica empezaron a convertirse en voces que construían una memoria social y colectiva en la que se dejó de exigir el fin de una situación (los totalitarismos) y se convirtieron en un conjuro a la amenaza del olvido, lo que permitió la construcción de una memoria que integraba la representación de emociones y experiencias vividas asociadas a los recuerdos que se habían provocado a partir de allí.29

Estas narraciones, a diferencia de la memoria oficial (dominante) y de las investigaciones históricas o de otras ciencias sociales, conservan un lenguaje propio de los espacios sociales que permite que las personas vinculadas a éstos se identifiquen y forjen una memoria común con significaciones propias capaces de producir sentidos muy diferentes que no sólo forja una identidad, sino que instaura una postura política de los acontecimientos del pasado, lo que permite a su vez procesos dinamizadores de la sociedad y los colectivos.

En estas circunstancias donde los acontecimientos pasados no permiten vislumbrar un porvenir, las sociedades y colectivos ven en la memoria un agente dinámico y una promesa de continuidad.30 El pasado se rememora no para ver las derrotas, sino para tomar lecciones, para forjar discursos de sanación, el fortalecimiento de colectividades, evitar los olvidos y resaltar los logros alcanzados en esas luchas.

En el caso particular de Colombia, donde el conflicto armado se ha prolongado desde hace más de sesenta años y aún no ha llegado a su fin, los procesos de construcción de memoria en torno al conflicto han sido diferentes, ya que aún estamos inmersos en él y no se ha podido tomar una distancia prudente para su lectura.

A pesar de que hace seis años, en el 2016, se firmó el Acuerdo de Paz con gran parte de la guerrilla de las FARC-EP y que actualmente los y las firmantes de ese acuerdo se encuentran hoy en un proceso de reincorporación, hay otros actores que aún se encuentran vigentes y no han permitido dar fin a éste.

Hoy en día el gobierno ha venido trabajando en su proyecto de “Paz Total” para llegar a nuevos acuerdos con los actores que aún se mantienen activos en el conflicto armado y sigue desarrollando los puntos acordados con la guerrilla de las FARC-EP en el acuerdo de paz, entre los que es importante recalcar el trabajo que desde la Comisión de la Verdad y la Justicia Especial para la Paz (jep) ha venido desarrollando para alcanzar la verdad del conflicto y la reparación de las víctimas, punto de crucial importancia para lograr una reconciliación nacional.

En estos contextos de conflicto armado, las narrativas de las personas involucradas, “actúan como testimonios, documentos y denuncias que permiten la diversidad de verdades y de puntos de vista, tonos y modos de recordar”.31 Las narraciones en medio del conflicto también se convierten en una herramienta que permite la reconciliación nacional, al construir una memoria social compartida en la que se logra reconocer al otro como parte de la misma sociedad o colectivo, con unas experiencias compartidas que dignifican a cada persona para así alcanzar la paz.

Las narrativas, entre las que se encuentran las trayectorias de vida, pueden llegar a articularse con la memoria social del conflicto armado. A partir de éstas, como investigadores/as sociales que nos involucramos en los procesos sociales, podemos encontrar “estrategias para elaborar duelos y traumas, afirmar el trabajo íntimo y colectivo de trabajar con las autobiografías y biografías, de recrear talleres conversacionales y terapéuticos, en suma, de reconocer los tejidos de un proyecto en formación”.32

Una experiencia investigativa

Para el desarrollo de la investigación doctoral, acudí a las trayectorias de vida con el fin de responder la pregunta: ¿Cómo se configuran las representaciones sociales y las identidades de género en la trayectoria de vida de reincorporados/ as de las FARC-EP que participaron en el Acuerdo Final de Paz firmado entre el Estado colombiano y la guerrilla de las FARC-EP en 2016 y que hicieron el tránsito a la vida civil en el Antiguo Espacio Territorial de Capacitación y Reincorporación (aETCR) Antonio Nariño ubicado en el municipio de Icononzo-Tolima?33

En este sentido, se indagó el antes, durante y después de su participación en esta guerrilla. La idea era conocer el modo en que esas representaciones sociales de la feminidad y la masculinidad influyeron en sus actos, en sus relaciones con otros/as, en sus prácticas y, de ese modo, cómo contribuyeron a las construcciones y adscripciones de identidades de género normativas o en descomposición.34

La investigación35 se desarrolló en el aETCR Antonio Nariño ubicado en Icononzo-Tolima. El periodo de tiempo en el que se centró la investigación estuvo dado por la edad de cada uno de los y las participantes. El participante con mayor edad nació en 1978, por lo que nuestro período de investigación partió desde ahí hasta octubre de 2022, al concluir los talleres y las entrevistas.

Las experiencias de vida de reincorporados/as han estado atravesadas por eventos significativos en las distintas etapas de su vida que les han llevado a una configuración constante. Estos eventos significativos son producto de distintos tipos de violencia, muerte o desaparición de sus seres queridos, la presencia en eventos violentos y traumáticos, cambios en su fisionomía corporal y en sus prácticas corporales, transiciones en sus imaginarios, rupturas amorosas y emocionales con otros/as, etc., que se convierten en rupturas o turning point en sus trayectorias de vida.

El objetivo general que surgió de allí para la investigación fue: comprender las configuraciones de las representaciones y las identidades de género en las trayectorias de vida de reincorporados/as de las FARC-EP que viven en el aETCR Antonio Nariño ubicado en Icononzo-Tolima.36

De esta manera se hizo necesario comprender cómo las representaciones, prácticas e identidades de género se configuran durante el conflicto armado a través de las narrativas de personas que ingresaron en un momento dado a un grupo armado ilegal y que ahora se encuentran en un proceso de reincorporación a la vida civil, lo cual nos permitió no sólo evidenciar cambios, transformaciones y continuidades; sino conformar también una memoria social con perspectiva de género que develara las relaciones de género.

Así, la investigación tuvo la intención de construir una memoria viva colectiva con perspectiva de género a partir de las trayectorias de vida de las personas que pertenecieron a la guerrilla de las FARC-EP y se encuentran en un proceso de reincorporación y construcción de paz en organizaciones sociales, en las que se evidencian las distintas violencias, en especial las de género, a las que estuvieron expuestos/as, así como las diversas prácticas de resistencia pacífica y apoyo a la implementación del Acuerdo de Paz que han desarrollado en las distintas etapas de su vida.

Estas memorias vivas conservan su experiencia antes-durante-después de su participación en la guerrilla para aprender reflexivamente de la historia y el papel que jugaron en el territorio y con la población, fortaleciendo procesos emancipatorios, de legitimidad y asentamiento territorial como el reconocimiento del pueblo en movimiento, permitiendo a partir de sus historias colectivas conformar procesos organizacionales que se articulen con las comunidades en los territorios donde se encuentran establecidos.

Para comprender estas configuraciones de género, se construyeron cuatro trayectorias de vida de personas reincorporadas: Dayana, Elizabeth, Jhonson y Jean Carlos. Previas a éstas, se realizó una serie de siete Talleres de Género y Memoria en la que participaron alrededor de 20 personas entre hombres y mujeres reincorporados/as de las FARC-EP, lo cual les permitió identificar y reflexionar cómo el género ha atravesados sus vidas y reconstruir una memoria a partir de la evocación de sus relatos.

Para el presente artículo, he decidido volver a esas cuatro trayectorias de vida con perspectiva de género para identificar una memoria individual y colectiva sobre un acontecimiento particular: El momento de transición de la guerrilla de las FARC-EP a la vida civil en los ETCR.

Se hace referencia a tres momentos: en el primero se exponen los recuerdos del periodo en el que se dan los diálogos entre las FARC-EP y el Gobierno colombiano, luego se hace alusión a los recuerdos del traslado desde la zona en que operaban hasta el ETCR Antonio Nariño ubicado en Icononzo-Tolima, y se termina con las lecciones, aprendizajes y resignificaciones que surgen de un esfuerzo por superar las dificultades presentadas en este proceso y las lecturas que hacen de sí tras ello.

De esta manera, podemos ver el sentido que ellos y ellas le dan a ese momento y la interpretación que tuvieron de ese suceso particular que significó un cambio trascendental en sus vidas.

La memoria de la reincorporación

El proceso de paz entre el Gobierno colombiano y la Guerrilla de las FARC-EP inició de manera formal en 2012, durante este tiempo se llevaron a cabo distintas negociaciones que culminaron con la firma del Acuerdo Final de Paz el 24 de noviembre de 2016. A partir de entonces, distintas unidades de las FARC-EP empiezan su traslado a las entonces llamadas Zonas Veredales Transitorias de Normalización (zvtn), después denominadas Espacios Territoriales de Capacitación y Reincorporación (ETCR) y ahora reconocidas como aETCR.

Nuestra investigación37 se centró en el ETCR Antonio Nariño ubicado en Icononzo-Tolima. En este espacio fueron llegando a partir del 6 de diciembre de 2016 las cuatro personas con las cuales construimos las trayectorias de vida, y a partir del 27 de junio de 2017 se llevó a cabo, en este lugar, la dejación formal de armas.

La memoria que ellos y ellas construyen de ese momento la podemos ver en las trayectorias de vida de Jhonson, Jean Carlos, Dayana y Elizabeth, quienes en la tercera parte de sus relatos narran lo que para cada cual significó ese acontecimiento particular.

En la primera parte de este texto, veíamos cómo las narraciones a partir de las cuales se construyen las trayectorias de vida son construcciones subjetivas que realizan sobre su propia historia y que es resignificada según el momento vital en que se encuentren. Por ello, es preciso señalar, que las trayectorias de vida fueron construidas en el 2022, seis años después de la firma del Acuerdo Final de Paz, cuando ellos y ellas ya se encuentran organizados/as de manera más estable en el ETCR. Podemos señalar entonces que es una memoria a partir de la cual explican su pasado con base en ese presente.

También debemos recordar que lo significativo del estudio de las memorias, no es centrarnos en el dato real del acontecimiento, sino en el sentido que le otorgan, para luego buscar concordancia y ver qué de allí hace parte de una memoria individual, qué hace parte de una memoria colectiva y cuáles son los significados que para ellos y ellas tiene ese momento en particular.

Lo primero que encontramos es el recuerdo que tienen del periodo de las negociaciones que inician en 2012. En este primer momento, percibimos inicialmente una postura política de desconfianza ante los antecedentes históricos producto de una memoria colectiva que les recordaba las distintas situaciones en la historia en que el Gobierno y las FARC-EP habían tenido acercamientos sin ningún éxito.

Al respecto, Elizabeth recuerda esos días como una época de desconfianza:

Cuando ya estaban iniciando los acuerdos de paz yo estaba desde Mesetas en el Meta, eso venía ya desde mucho antes, pero es que uno decía que esos no se daban, porque como se dieron varios acercamientos de diálogos cuando estábamos en las farc y nunca funcionaron, entonces nosotros decíamos “eso otra vez está perdido, ese hijueputa Estado no hace ningún proceso” y de repente empezaron a llegar documentos sobre los procesos ¡los diálogos ya están empezando! y van por buen camino, qué tal.38

Jean Carlos también siente gran incertidumbre. Él menciona que sabía que en algún momento tendría que llegar a hacerse una negociación, ya que para él, la guerra nunca iba a acabar a través de un enfrentamiento directo. Sin embargo, cuando le informan que se iniciaron las negociaciones lo primero que llegó a su recuerdo fue esa memoria colectiva de negociaciones fallidas:

porque pues con lo que había pasado en el Cagüan, y lo que pasó primero en el 84, después lo del tratado en México, ya después lo de Venezuela en Caracas, tantos que incumplieron… yo dije: “bueno, pues puede que ahorita llegue la definitiva” y empezó, en esos tiempos nos avisaban cómo estaba el proceso exploratorio y esperaban resultados, a ver cómo arrancaba la vaina.39

Aunado a esos recuerdos y lecciones del pasado, vemos también una desconfianza latente por lo que el Ejército pueda hacer durante aquellos momentos de cese al fuego que se acordaban en medio de las negociaciones:

Y lo que yo pensaba mientras iba avanzando el proceso era que nos tocaba cuidarnos. Cuidarnos porque aquí nos van a buscar a aniquilar. Si queremos llegar allá, salvaguardemos la vida ¿cómo? Pues tratando de no dar papaya, como decimos nosotros, eso fue lo primero que pensamos creo que en su mayoría lo pensábamos.40

Asimismo, están las interpretaciones de las negociaciones como algo en el que no sólo participaron y decidieron las cúpulas militares de las FARC-EP, sino que fue algo consensuado con cada uno de los y las integrantes de la guerrilla:

Y yo creo que la decisión fue consensuada porque hay muchas personas que dicen “es que los comandantes nos trajeron acá”, pero eso no es así, porque que uno dijera que de pronto no tuviéramos la capacidad de opinar, pero a nosotros desde el principio que empezaron a dialogar con el gobierno, desde ese día empezaron a enviarnos documentos y a informarnos cada paso: que hablamos con fulano, que para acá vamos.41

Lo cual también se repite en las narraciones de Jean Carlos, quien señala en su relato que: “eso era una decisión en la que todos estuvimos de acuerdo y de verdad que íbamos para el proceso de paz”.42

Además, Jhonson y Jean Carlos hacen alusión a las enseñanzas que en su momento Manuel Marulanda, quien había sido jefe de las FARC-EP, les señalaba e inculcaba, diciéndoles que la salida al conflicto no se daría por la vía militar, sino que tendría que ser por la vía política. En uno de los relatos se precisa:

No era que de pronto estuviera mamado yo de la guerra, porque eso era una forma de vida, usted ya estaba acostumbrado a eso, pero más allá decíamos “es lo mejor que podemos hacer para arreglar el país” y a las nuevas generaciones ¿no?43

Estas narraciones, permiten ver cómo ellos se posicionan desde un lugar particular y toman una interpretación que podríamos pensar forman parte de una memoria colectiva de algunos hombres guerrilleros de las FARC-EP, y es que ellos, en las trayectorias de vida, no se enuncian como personas que estuviesen cansadas de la guerra o inconformes con ésta, sino que lo hacen como una apuesta más política.

Para Dayana, dejar las armas era un momento de gran felicidad, ella no se sentía muy cómoda portando una, y aunque le daba temor no tener con qué defenderse en caso de un ataque, recuerda ese periodo como un momento lleno de alegría y temor:

Y uno recibe la noticia como con miedo, pero uno tiene dos visiones: una de miedo y otra de alegría. Miedo porque uno ya conocía de antemano el caso del M-19, todos estos grupos que intentaron un acuerdo de paz, una dejación de armas, vincularse a la vida civil, pero lo que hicieron fue acribillarlos. Entonces uno pensaba que de pronto confiáramos en eso y nos maten. Obviamente que eso si está sucediendo, no igual que como en el M-19 que los mataron a todos, pero que si poco a poco nos estaban matando. Pero que en ese momento también uno sentía alegría de dejar las armas, yo no tanto era de reencontrarme a mi familia porque pues yo no sentía, digamos, ese apego y ese extrañamiento a mi propia familia, sino que dejar un arma a un lado era una alegría porque eso en las manos genera mucho odio, mucha desolación, tristeza, víctimas… todo lo peor que uno pueda pensar en la vida frente a un arma.44

En la historia de Elizabeth, cuenta cómo ese momento previo de alistamiento, en el que las incertidumbres atraviesan sus vidas y cuando aún no sabían cómo sería el proceso de reincorporación, ella estaba muy feliz porque podría reunirse de nuevo con su hijo, quien había nacido durante su participación en la guerrilla, pero de quien se había tenido que separar por las dinámicas de la guerra. En una situación en que ella dialoga con su compañero, le dice: “Uy, amor, ojalá ¿cierto? ojalá se dé esto porque esto está muy duro y pues amor pa’ nosotros recoger el niño”.45

Ella pensaba, apenas “les dieran salida” de la guerrilla, organizarse con su compañero, recoger a su hijo e irse a un lugar donde no les conocieran: “Recogemos el niño, nos ponemos a trabajar y ya nunca decimos que fuimos guerrilleros”.46 Sin embargo, en su relato, ella precisa que la lectura que hacía su compañero en ese momento era diferente. Él, al igual que Jhonson y Jean Carlos, se sentía bien con la vida militar y, al igual que la mayoría de los combatientes, sentía desconfianza del Estado: “ entonces él decía: Pues sí, mami, pero yo no me entrego, eso nos matan como el M-19, como la up. Yo le decía que no fuera tan pesimista, que las cosas se nos podían dar”.47

Jhonson también hace alusión al mismo temor y lo expresa de una manera conjunta de todo el grupo: “digamos que eso fue uno de los temores de todos, desde el comandante hasta el último hombre raso, o mujer rasa, de que nos iban a aniquilar”.48

Estas narraciones están atravesadas por unas memorias colectivas que hacían que ellos y ellas tuvieran ese sentimiento de desconfianza. En la memoria colectiva estaba el genocidio contra las personas reincorporadas de las farc en 1984 cuando dejaron las armas, se reincorporaron a la vida civil y conformaron la Unión Patriótica; así como también el genocidio de los y las reincorporadas del M-19 en 1990.

Aquí también podemos identificar que hay un acto narrativo que se comparte en cuatro personas de una misma comunidad, lo cual, retomando a Martha Herrera y a Carol Pertuz,49 dan lugar a la memoria colectiva. Una memoria colectiva anclada en la interpretación de los y las farianas sobre los procesos de paz y negociaciones previas que han hecho con el Estado y sobre la cual hay unas lecciones y aprendizajes. Por eso hay un temor y una desconfianza general.

Además, podemos ver que hay una memoria colectiva fragmentada por el género. El significado que tiene en ese momento la noticia de las negociaciones es diferente en los relatos de las trayectorias de vida de los dos hombres y las dos mujeres. Dayana y Elizabeth lo significan como una oportunidad de dejar las armas y salirse de la guerra, mostrando un cansancio de la misma; para Jean Carlos y Jhonson, es una apuesta política que se infunda en una decisión colectiva, pero dejan claro que no es por cansancio a la guerra o un rechazo por las armas.

Jean Carlos también recuerda cómo en las negociaciones, cuando se hace el plebiscito por la Paz, hay una tensión colectiva que vive el grupo. Recordemos que el 2 de octubre de 2016, el presidente hizo un plebiscito para saber si la ciudadanía estaba a favor de los Acuerdos de Paz y en esa ocasión ganó el “no”. En ese momento, cuando ya muchos/as guerrilleras de las FARC-EP se iban mentalizando para hacer la transición, esa noticia fue de gran incertidumbre:

cuando sucede lo del plebiscito ya nosotros dijimos: “no pues perdimos”, ya no esperábamos nada, pensamos: “ya nos toca regresarnos para la montaña” porque sentíamos el fracaso de no tener el apoyo del país. Pero igual siempre esperábamos la voz del jefe, el camarada. Pero ahí fueron las movilizaciones de los estudiantes y la firma en el Teatro Colón, nosotros mandábamos mensajes en esos escenarios y fuimos recuperando un poco la esperanza. Ya luego de eso empezaron a hablar de las Zonas Veredales Transitorias de Normalización y fue donde nos preguntaron que para dónde nos queríamos ir.50

Una vez firmado el Acuerdo Final de Paz entre la guerrilla de las FARC-EP y el Gobierno Nacional en noviembre de 2016 se inicia todo un traslado de los distintos frentes de las FARC-EP a los 26 ETCR que se habían distribuido en 13 departamentos del país. El más cercano de estos espacios a la ciudad de Bogotá, la capital del país, es el que fue objeto de nuestra investigación,51el ETCR Antonio Nariño.

En un principio, este sitio albergó principalmente a las personas provenientes de los frentes 17, 25, 51, 53 y la Compañía José María Carbonell. La gran mayoría de esta población era de origen campesino que provenían de los departamentos de Meta, Guaviare y Caquetá. A comienzos del 2017 se registraban poco más de 270 reincorporados/as de las FARC-EP que se habían concentrado en ese territorio.52

No todo el grupo llegó al mismo tiempo al espacio, primero llegó una comitiva a partir del 6 de diciembre de 2016 en la que se encontraba Elizabeth. Ella cuenta que inicialmente hubo mucha tensión en la organización y logística para la asignación de estos espacios y luego para su adecuamiento para habitarlos. En su relato, Elizabeth cuenta cómo, antes de los resultados del plebiscito por la Paz, el municipio que se había pensado para localizar el ETCR Antonio Nariño era en Villarrica-Tolima, lugar que había sido muy influyente en los primeros años de la guerrilla y a lo largo de su historia. Allí habían contado con el apoyo de sus habitantes hasta la década de 1990 cuando el conflicto se fue recrudeciendo y la población se vio fuertemente afectada.53

Sin embargo, a causa de los resultados del plebiscito, en el que una gran parte de la población de este territorio votó por el no, el Gobierno decidió trasladar este espacio a otro municipio, quedando finalmente ubicado en Icononzo-Tolima. Para Elizabeth, esto fue “un tema de ego de la fuerza militares, porque ellos no permitían que nosotros nos hiciéramos aquí porque eso era darnos un logro, darnos un triunfo más de lo que nos estaban dando”.54

Los días que transcurrieron entre la firma y la instalación de reincorporados/ as de las FARC-EP en los ETCR fue también de gran tensión. Ellos y ellas durante esos días tuvieron que hacer el traslado, el cual en muchas circunstancias significó pasar por territorios en los que no se sentían tan seguros/as. Elizabeth nos cuenta en parte como fue ese proceso:

Pues nos vinimos, nosotros siempre nos daba miedo pasar por San Vicente de Rivas porque el alcalde era un hijueputa paraco, o sea, ese tipo era enemigo total de la paz. Todos veníamos uniformados, antes nos dijeron: “bueno camaradas, hay sitios donde nos vamos a bajar, saludar la población, pero los fusiles no los van a bajar del bus. Se bajan uniformados”. Llegamos a quedarnos en Florencia. Y eso fueron muchísimas experiencias que vivimos solo en el camino, en la primera noche llenamos el hotel en el que nos quedamos y bueno, siempre tratando de dar ejemplo y de ser nosotros mismos, de reflejar todo lo que habíamos aprendiendo estando a dentro de la guerrilla. Eso hubo gente que nos sacaron fotos y salió por rcn, por Caracol donde decía que “se viene esa gente del monte, esos guerrilleros que no saben comer” que no sé qué más. Eso hubo hartas especulaciones, pero en últimas pues de malas.55

La narración anterior, permite ver cómo hay un discurso manejado en los medios de comunicación del país, en el que se expone una narrativa en torno a cómo son vistos los y las guerrilleras como personas salvajes que llegan del monte a traer caos. Esta narrativa, hace parte también de una apuesta de estos medios, con unos intereses particulares, de construir una lectura de lo que está pasando a partir de una deshumanización de los y las guerrilleras. Pero también vemos como hay una necesidad por parte de Elizabeth, una resistencia a esa memoria oficial que se busca imponer, como nos lo señala Bronislaw.56

Elizabeth, al estar en ese primer grupo que llega al espacio, cuenta cómo se encontraron con un terreno ubicado adentro de la montaña, sin casi vías de acceso, totalmente lleno de maleza, sin un lugar donde establecerse, sentía que habían salido del monte para llegar de nuevo al monte, a un lugar con peores condiciones de las que venían:

No, yo esa noche yo pensaba “¿esto es el proceso de paz? que se muera porque ya está maricada yo no estoy de acuerdo” nosotros echábamos madre, nos preguntábamos ¿a dónde nos trajeron? Nosotros estábamos que nos íbamos.57

Es un recuerdo lleno de frustración y desilusión. Sin embargo, recuerda que en ese momento, llegó un camarada que era un comandante y les hizo una charla para subirles los ánimos, a partir de ese momento empezaron a adecuar entre ellos y ellas el terreno, hicieron caletas, tumbaron las malezas y se organizaron como en los antiguos campamentos. En eso nos cuenta que tardaron alrededor de 5 días, después de tener todo listo, ya las demás personas empezaron a llegar. Ella recuerda que para ese 24 de diciembre invitaron a la población civil y se organizó una gran fiesta.

Cuando ya estaban en medio del licor, recuerda que: Hubo compañeros que se emborracharon y lloraban por su fusil y diciendo que al final nos iban a matar, eso ahora ya nos reímos todos de los comentarios que se hacían, estoy segura que hasta debo de tener fotos de esos tiempos.58

Las dificultades se dieron inicialmente en el último año de gobierno del presidente Juan Manuel Santos, en el que se empezaron a presentar una serie de problemas por los desembolsos de los dineros destinados para estos espacios. Esto, les llevó a tener que resolver por cuenta propia los problemas iniciales a los que se enfrentaban, especialmente aquellos relacionados con las necesidades básicas como tener una vivienda, alimentación, condiciones sanitarias, entre otras.

En el Gobierno de Iván Duque (2018-2022) esta situación se tornó aún más difícil. El país se encontraba bajo la dirección del partido Centro Democrático que había sido y es el partido político que más se ha opuesto al proceso de paz y la ruta de implementación que allí se propuso, lo cual se vio reflejado en incumplimientos, trabas, modificaciones y desvíos de los programas y recursos destinados para la población reincorporada y la población civil, especialmente el campesinado.

Finalmente, vemos en sus recuerdos cómo enfrentaron estas situaciones y se construye una memoria que revisa el pasado no para ver las derrotas, sino para resignificarlo y crear discursos de sanación y fortalecimiento de la comunidad, en el cual también se busca evitar un olvido de lo que ha significado ese momento para ellos y ellas.

En el relato de Jhonson, observamos cómo ellos recuerdan esas circunstancias que tuvieron que afrontar:

De ahí para allá comienza el proceso de darnos a conocer, de que el gobierno empezara a cumplir porque en muchas ocasiones hubo como un forcejeo bastante duro porque decían “no, eso se va a demorar un poco de tiempo, mire que no han aprobado la plata” y un montón de cosas, nosotros sabiendo que la plata de los países internacionales ya estaba en el país. Nos decían que tocaba esperar que lo aprobaran en el gobierno porque todo eso pasaba primero por ahí, pero bueno, a pesar de todo eso, nosotros seguíamos apostándole, creyendo en los acuerdos y en un país mejor, decíamos como que “si esto aquí no se cumple pues tocará volver a tomar las armas” si ya se miraba que no se estaba cumpliendo, otros decían que como nos tenían ahí nos iban a coger y nos iban a matar, bueno… miles de dificultades, pero creo que logramos que esto sucediera y mientras eso pasaba, nosotros nos fuimos formando, fuimos haciendo el bachillerato, fuimos trabajando comunicación, trabajando organización, haciendo relaciones con demás personas, hicimos las viviendas y fuimos creando relaciones con la gente, ir hablando para que ellos nos conocieran.59

En los recuerdos de Dayana también están muy presentes esos primeros días en el ETCR, recuerdos que están atravesados por miedos y temores producto de una memoria colectiva que evoca la traición por parte del Estado en estos procesos:

Los primeros meses sentía un miedo que casi no me dejaba ni dormir. Uno porque estábamos todos amontonados y que un bombardeo acaba hasta con el nido del perro. Y dos, porque uno decía: “nos trajeron de cabeza a esto acá, nos trajeron al matadero”, pero uno decía también que tenía uno el arma en la mano y por lo menos tenía algo con qué defenderse, pero ya en el momento de la dejación ya quedó uno maniatado, con mano cruzada, y eso me hacía sentir insegura, porque llega a suceder algo y uno ya no tiene con qué responder a un ataque, ya le toca es dejarse matar arrodillado como dice el cuento. Era como ese miedo, ese temor, pero yo creo que al igual lo que más nos sacó fue las ganas de seguir adelante en el proceso de paz, porque hubo muchos que les ganó ese empuje y decidieron irse a la guerrilla nuevamente.60

En este recuerdo también hay una lectura de su pasado que les motiva a justificar su presente, Dayana recalca que en ellos y ellas había un sentimiento y compromiso por construir la paz, que con base a ese sentimiento, no quedaba otra opción más que continuar el camino que habían decidido tomar en un principio. En este relato es claro el sentimiento de abandono y desconfianza del Estado, y cómo ellos y ellas relatan su compromiso político por la construcción de paz.

Jean Carlos también cuenta cómo fue este proceso en esos primeros días y cómo en un compromiso con la sociedad han logrado ir superando esas dificultades para continuar con el proceso de construcción de paz:

Los primeros días fueron duros porque todos estábamos acostumbrados a otras cosas y nos sentíamos vulnerados, por ejemplo, cuando ya dejamos las armas, se sentía como si no tuviéramos con qué defendernos. Esto ha sido un proceso largo de mucha fe y confianza, pienso yo, también de paciencia porque todavía sentimos mucho temor, pero si se alcanza a mirar otra realidad a partir de relacionarse con la comunidad, con la gente, organizaciones, de todo.61

La memoria que configuran sobre este momento construye una identidad y los y las posiciona en un lugar político en la sociedad. Por ello hay una necesidad de narrarse, de contar la lectura que ellos y ellas hacen de sus experiencias en la guerra y del momento actual de reincorporación. Para Dayana, al igual que para muchos y muchas firmantes de la paz, este paso fue una forma de transformar su lucha y no una derrota. Por esta razón hay un discurso que recorre sus memorias en las que cuestionan algunos términos con los que se les nombra, como es el de desmovilizados/as, el cual rechazan por el contenido que en sí puede tener esa palabra. Dayana nos dice al respecto:

Yo diría más que desmovilización lo que hicimos fue un tránsito, porque yo creo que decir “desmovilización” genera una concepción hacia nosotros que no es la correcta, porque nosotros nunca nos desmovilizamos, los que hicieron eso fueron los que se salieron de la guerrilla y se entregaron al Ejército. Mientras que nosotros nos movilizamos haciendo consciencia de que en el proceso de paz íbamos a encontrarnos con víctimas, que íbamos a un espacio a sanar heridas que igualmente nosotros también tenemos, porque no es fácil perder compañeros, y que ellos, el Ejército, nos causó tanto daño como nosotros a ellos.62

La memoria colectiva que tiene el grupo de esos primeros días empieza a llenarse de lecciones que quieren tomar del pasado y de momentos que no quieren olvidar, a pesar de las dificultades que en su momento les significó. Para ellos y ellas, haber salido adelante en el ETCR cuando las condiciones que llegaron eran totalmente desalentadoras, es un recuerdo que les llena de felicidad y orgullo.

En ello, hay como señala Chartier,63 una construcción de la memoria con un sentido a partir del cual la presencia del pasado se hace presente para configurar elementos esenciales comunitarios, en este caso, mostrar y resaltar una fuerza para sobreponerse a las situaciones difíciles que enfrentan por culpa del Estado.

Reflexiones finales

Las narrativas biográficas, entre ellas las trayectorias de vida, son una herramienta metodológica que permiten acercar al investigador/a a una realidad subjetiva y social a partir de las representaciones que los sujetos tienen del mundo. También son una forma de acercarnos a explorar el mundo de lo simbólico a partir de una memoria que se desea trasmitir y sobre la cual se puede trabajar conjuntamente entre investigador/a y sujeto para construir lecciones, aprendizajes, identidades e hilar tejido social con futuros lectores.

Trabajar las trayectorias de vida a partir de lentes o perspectivas de género permite visibilizar elementos sobre los cuales no siempre tomamos consciencia, las formas en que el género atraviesa nuestras vidas y da forma a memorias diferenciadas. El recuerdo y la interpretación que se hace sobre situaciones del pasado, se ven marcadas por las experiencias vividas, las cuales varían según las posiciones que se tienen en las relaciones de poder y que se ven atravesadas por el género.

Dentro de una memoria colectiva, encontramos memorias de los subgrupos que componen esa colectividad, como es el caso de una memoria de las mujeres reincorporadas y una memoria de los hombres reincorporados, en las cuales confluyen puntos en común, pero también algunas diferencias. Así, la memoria colectiva se configura de distintas memorias, las trayectorias de vida con perspectiva de género pueden permitir ver esa configuración de la memoria de manera diferenciada; sin embargo, es importante ampliar su ejercicio a otras interseccionalidades, ejercicio que no se hace en esta ocasión.

De ahí la importancia de recuperar las voces de las personas que se han visto marginalizadas en la sociedad y los colectivos para poder configurar una memoria en la que ellos y ellas hagan parte.

En el caso de la investigación aquí expuesta, se observa cómo los y las reincorporadas de las FARC-EP configuran una memoria de la reincorporación a partir de unos recuerdos y lecciones del pasado, como colectividad de las FARC-EP (como la postura política de desconfianza de los acuerdos de paz de generaciones previas), que al ser atravesada por nuevas vivencias (la experiencia personal de ellos/ellas de participar en el proceso de reincorporación) da lugar a una configuración de la memoria colectiva que les permite posicionarse desde un lugar diferente, con unos nuevos aprendizajes, unas lecciones y unas identidades.

Esta memoria construida, se cimienta principalmente en el sentido que le otorgan a los hechos que vivenciaron y a su interpretación, más que en una recopilación de datos y explicaciones teóricas de esos hechos.

Además, vemos que en esa construcción de la memoria, a partir de las trayectorias de vida, hay una rememoración del pasado que no se queda únicamente en ver las derrotas, como sucede en las narraciones que hacen de esos primeros día en que llegan al ETCR, se encuentran con un terreno que es sólo monte y con incumplimientos por parte del Estado; sino que a partir de allí, de la lectura que en el presente hacen de ese pasado, empiezan a forjar unos discursos de reivindicación de sus compromisos con la construcción de paz que los y las fortalece como colectividad en el nuevo espacio que habitan. De esta manera, se resaltan los logros alcanzados, como fue convertir el lugar en un espacio más habitable en el que se sintieran más a gusto y así demostrarle a la sociedad que a pesar de las trabas y dificultades que tuvieron, para ellos y ellas priman los intereses de construir una sociedad mejor. Lo que a su vez forja sus identidades dentro del aETCR “Antonio Nariño”.

La memoria es una forma de lucha contra el olvido y de resistencia a una memoria oficial que se busca imponer. Las voces de los y las reincorporadas no tuvieron lugar en algunas noticias que se reprodujeron en los medios de comunicación en los cuales fueron deshumanizados/as, y han venido disputando su lugar en una memoria social del conflicto armado colombiano, en el que las voces de las mujeres han sido poco escuchadas. De ahí la importancia de narrarse desde el género para configurar una memoria más completa en la que todos y todas sean escuchados/as.

En este tipo de investigaciones, se debe dar un lugar especial a considerar las emociones y las experiencias que traen los recuerdos para una persona o una colectividad, ya que considero, se convierten en puntos clave en la forma de interpretarnos y leer nuestro lugar en el presente.

Las memorias estudiadas en relación con el momento de la reincorporación, permiten ver como el miedo, el temor, la desconfianza, pero también la esperanza y la fe tienen un lugar especial al sentido que le damos a nuestros recuerdos y las formas en que construimos la memoria individual y colectiva.

Finalmente, es necesario mencionar que las narraciones individuales que construimos a partir del ejercicio de las trayectorias de vida permiten a las personas compartir las lecturas que desde sus vivencias y conocimientos hacen del pasado. Estas narraciones, al ser compartidas con personas -coincidan o no con sus puntos de vista-, posibilita ampliar y compartir las lecturas que se hacen del pasado para extraer de allí aprendizajes y lecciones para el presente.

Asimismo, se da un lugar a la construcción de identidades desde el reconocimiento de similitudes y diferencias. Esto posibilita el reconocimiento en el otro/a de una historia común o de unos sentimientos compartidos, a partir de los cuales se logra no sólo crear un sentimiento de empatía, sino también de tolerancia y respeto hacia la diferencia, hacia aquello que también conforma y constituye a la sociedad, permitiendo así la configuración de una memoria social que sea incluyente de muchas voces.

Trayectorias de Vida

Dayana (2022). Entrevista de J. M. Ruiz Barrera. aETCR Antonio Nariño - Icononzo.

Elizabeth (2022). Entrevista de J. M. Ruiz Barrera. aETCR Antonio Nariño - Icononzo.

Jean Carlos (2022). Entrevista de J. M. Ruiz Barrera. aETCR Antonio Nariño - Icononzo.

Jhonson (2022). Entrevista de J. M. Ruiz Barrera. aETCR Antonio Nariño - Icononzo.

Referencias

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1 Ruiz Barrera, “Representaciones e identidades de género en la trayectoria de vida de reincorporados/as de las farc-ep: Cambios, transformaciones y continuidades”.

2Vélez Rendón, “Violencia, memoria y literatura testimonial en Colombia: entre las memorias literales y las memorias ejemplares”.

3 Herrera y Pertuz, “Narrativas femeninas del conflicto armado y la violencia política en Colombia: contar para rehacerse”.

4 Ortega Valencia, “Narrativas testimoniales: Talleres de Memoria (S)”.

5 Kornblit, “Historias y relatos de vida: una herramienta clave en metodologías cualitativas”.

6 Chartier, El presente del pasado: escritura de la historia, historia de lo escrito, p. 71.

7 Vélez Rendón, “Violencia, memoria y literatura testimonial en Colombia”, p. 33.

8 Jaramillo Marín, “Las comisiones de estudios sobre la violencia en Colombia: un examen a los dispositivos y narrativas oficiales sobre el pasado y el presente de la violencia”.

9Franco, Tácticas y estrategias para contar: historias de la gente sobre conflicto y reconciliación en Colombia, p. 69.

10 Arfuch, “El espacio teórico de la narrativa: un desafío ético y político”, p. 136.

11Herrera y Pertuz, “Narrativas femeninas del conflicto armado y la violencia política en Colombia: contar para rehacerse”, p. 157.

12Vélez Rendón, “Violencia, memoria y literatura testimonial en Colombia”, p. 33.

13 Sánchez G., Guerras, memoria e historia.

14Ibídem.

15 Rioux y Sirinelli, Para una historia cultural, p. 343.

16Ibídem.

17Ibídem, p. 342.

18Chartier, El presente del pasado, p. 73.

19Ibídem.

20Ibídem, p. 79.

21Ibídem.

22Ibídem, p. 80.

23Cuando hablamos de agencia social nos referimos a las capacidades que tiene una persona o comunidad para resistir procesos de estructuración, así como también su capacidad de tomar decisiones por cuenta propia y las posibilidades que tiene de influir en cambios y transformaciones de esa estructura en la que se encuentra.

24Vélez Rendón, “Violencia, memoria y literatura testimonial en Colombia,” p. 33.

25Baczko, Los imaginarios sociales: memorias y esperanzas colectivas, p. 9.

26Rioux y Sirinelli, Para una historia cultural, p. 349.

27 Peris Blanes, “Usos del testimonio y políticas de las memorias: El caso chileno”, p. 147.

28Ibídem, p. 159.

29Ibídem, p. 156.

30Rioux y Sirinelli, Para una historia cultural, p. 348.

31 Franco, Tácticas y estrategias para contar, p. 34.

32Ortega Valencia, “Narrativas testimoniales”.

33Ruiz Barrera, “Representaciones e identidades de género en la trayectoria de vida de reincorporados/as de las farc-ep”.

34Hablar de descomposición de masculinidades y feminidades tradicionales nos permite pensar en un proceso gradual a través del cual se van desintegrando los imaginarios y representaciones de género que ha consolidado el patriarcado a partir de dos procesos: por un lado, la fragmentación de éstas hasta que sus componentes estructurales ya no sean reconocibles; y por otra parte su catabolismo, es decir, extraer de este proceso la energía útil para la creación de nuevas formas.

35Ruiz Barrera, “Representaciones e identidades de género en la trayectoria de vida de reincorporados/as de las farc-ep”.

36Ibídem.

37Ruiz Barrera, “Representaciones e identidades de género en la trayectoria de vida de reincorporados/as de las farc-ep”.

38Elizabeth, entrevista con Juan Manuel Ruiz Barrera, 2022, aetcr Antonio Nariño - Icononzo.

39Jean Carlos, entrevista con Juan Manuel Ruiz Barrera, 2022, aetcr Antonio Nariño - Icononzo.

40Jhonson, entrevista con Juan Manuel Ruiz Barrera, 2022, aetcr Antonio Nariño - Icononzo.

41Jhonson, ibídem.

42Jean Carlos, ibídem.

43Jhonson, ibídem.

44Dayana, entrevista con Juan Manuel Ruiz Barrera, 2022, aetcr Antonio Nariño - Icononzo.

45Elizabeth, ibídem.

46Elizabeth, ibídem.

47Elizabeth, ibídem.

48Jhonson, ibídem.

49Herrera y Pertuz Bedoya, “Narrativas femeninas del conflicto armado y la violencia política en Colombia: contar para rehacerse”.

50Jean Carlos, ibídem.

51Ruiz Barrera, “Representaciones e identidades de género en la trayectoria de vida de reincorporados/as de las farc-ep”.

52Verdad Abierta, “Icononzo, testigo del origen y del fin de las farc”, https://verdadabierta.com/icononzo-testigo-del-origen-y-del-fin-de-las-farc/

53 Díaz Cuevas, “Transformaciones en los modos de habitar en el marco de la construcción de Paz en Colombia: Aportes para la configuración de un centro poblado”.

54Elizabeth, ibídem.

55Ibídem.

56 Baczko, Los imaginarios sociales.

57Elizabeth, ibídem.

58Ibídem.

59Jhonson, ibídem.

60Dayana, ibídem.

61Jean Carlos, ibídem.

62Dayana, ibídem.

63Chartier, El presente del pasado.

Recibido: 19 de Mayo de 2024; Revisado: 20 de Junio de 2024; Aprobado: 04 de Julio de 2024

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