Reseñar cualquier trabajo del profesor Pappé resulta siempre un profundo ejercicio de reflexión histórica al tiempo que un consciente y meditado compromiso por parte del lector para encarar amargos descubrimientos sobre la enquistada naturaleza del conflicto palestino-israelí y sus implicaciones a múltiples niveles.
El 7 de octubre de 2023 dio comienzo otro terrible capítulo del agotador relato que compone este inacabable conflicto. Un nuevo fragmento episódico de esa guerra endémica, hostigada por confabulaciones políticas, soportada por inocentes poblaciones civiles, y enfocada en la segregación, en la separación, en la dicotomía y en la diferencia. Un conflicto imposible de analizar holísticamente sea cual sea la disciplina o el énfasis intelectual del autor que se lo proponga; una pugna que se remonta a la historia, pero también a lo divino, a lo intangible; una desgarradora animadversión que resquebraja la tierra y esquilma la vida, y de la que, empero su carácter inabarcable, algunos pocos autores, investidos de una suerte de erudita urdimbre que hace las veces de escudo legitimador frente al escrutinio mediático, logran afanosamente extraer subcapas que componen relatos inherentemente capaces de traslucir concreciones que, analizadas en conjunto, admiten una comprensión más amplia y más certera de esa crónica global que es, en definitiva, la historia de una guerra alimentada por un odio viejo y persistente.
Este episodio de violencia, que nutre de nuevo la curiosidad por la problemática palestino-israelí en las postrimerías de 2023, invita a cualquier lector, aficionado o experto, a rescatar obras de referencia que apriorísticamente procuren una somera comprensión de lo que a todas luces resulta incomprensible. La obra de Pappé (2017), publicada originalmente en el 50 aniversario de la guerra de los Seis Días de 1967, resulta un trabajo de exhaustiva exploración de una parte concreta del conflicto y, por lo tanto, un análisis de imprescindible consulta para los valientes propósitos de un foro que busca entendimiento y reflexión. Lo que el autor propone con esta obra es un acerado retrato de la realidad histórica de dos regiones: la Franja de Gaza y Cisjordania, cuyo destino quedó formalmente prefigurado a partir de 1967, si bien, tal y como el libro minuciosamente desgrana, a resultas de un proceso de “búsqueda de oportunidad” que comenzaría en 1948 y que acabaría presentando la “ocupación” más como el resultado de una honda premeditación que como la espontánea resolución coyuntural a una conflictualidad determinada (para ilustrar este particular, véase Gazit 1995, 20-27; asimismo, sobre la “oportunidad” política que culminó en la campaña de 1967, véase Chomsky y Pappé 2010).
La mirada de Pappé es, en esencia, profundamente subjetiva. El historiador construye su relato a partir de un abundante corpus fáctico, integrado por un caudal de documentación y archivos recientemente desclasificados de los diferentes gobiernos israelíes que se sucedieron durante los periodos cronológicos examinados (Archivos del Estado de Israel), así como de informes de organizaciones no gubernamentales, publicaciones de diarios y noticieros de importante calado, en particular de Haaretz, amén de un sólido y nutrido corpus bibliográfico de literatura de referencia -la mayoría en inglés- sobre el conflicto palestino-israelí, de obligatoria consulta para el lector ávido de una comprensión incisiva de los engranajes que se ocultan tras la problemática. Sin embargo, este riguroso y exquisito trabajo referencial no obsta para que el autor despliegue a través del texto su particular mirada del conflicto; una mirada que, más allá de la sensibilidad ante la crueldad que bulle tras la guerra, y ante la realidad de la opresión que vive gran parte de la población en el territorio de la Palestina histórica, acomoda una concepción apriorista sobre la naturaleza misma del conflicto. Dicho esto y sin perjuicio de ello, esta “historia de los territorios ocupados” plantea, a través de un estructurado cuerpo conformado por 12 capítulos -más un esclarecedor prefacio y una oportuna introducción-, una relectura del fenómeno -inaudito en el paradigma del derecho y de la historia internacionales- de la “ocupación” de la Franja de Gaza y de Cisjordania que, en palabras del propio Pappé, se adecua sobremanera a “los presupuestos ideológicos del sionismo” que han vertebrado la formulación de las políticas expansionistas de Israel desde 1948 y que llegaron a su cenit en 1967, cuando el Estado de reciente creación alcanzó un tamaño tres veces superior al originariamente planteado. Estos presupuestos, a los que Pappé vuelve una y otra vez para ilustrar los hechos, son básicamente dos: el control de la mayor parte posible del territorio de la Palestina histórica y la creación de una mayoría judía en dicho territorio; una mayoría demográfica absoluta y, en la medida de lo posible, “exclusiva” (véase también Pappé 2011). Expansión y control étnico-demográfico, por tanto, son los dos basamentos que vertebran la postura israelí que es objeto de análisis en la obra; dos conceptos que el lector habrá de estar prontamente dispuesto a concebir como explicación cuasi teleológica de toda la construcción historiográfica que, poco a poco, el autor va introduciendo.
Los primeros cuatro capítulos componen una descripción minuciosa del contexto histórico en el que lo ocurrido en 1967 sólo puede ser concebido como consecuencia racional y lógica de los aproximadamente veinte años de cocción lenta de una idea enquistada y supurante: la necesidad de expandir las fronteras ganadas en 1948 a los territorios colindantes de Cisjordania y Gaza. Pappé expone muy prontamente el concepto de “megaprisión”, y lo emplea para referirse a la formulación político-estratégica que se ha utilizado para gestionar los territorios -y, por supuesto, a sus habitantes- de la Franja de Gaza y de Cisjordania a lo largo de su prolongada “ocupación”. En efecto, el primer capítulo ahonda en este contexto y lo inserta en una suerte de preludio general de una guerra -la de 1967- y de una política extensiva que ha permanecido prácticamente invariable desde entonces (Pappé 2011, 50-52). Esta especie de demarcación geodemográfica, que sirve consustancialmente para encuadrar el concepto de “megaprisión”, viene seguida de una sostenida articulación de lo que ha sido la “infraestructura jurídica”, el aparato legalista que ha respaldado la maquinaria burocrática empleada para gestionar sendos territorios. En la revisión de esta infraestructura, el autor se toma su tiempo en un ejercicio de inmersión en las pretensiones políticas de los, en mayor o menor medida, convencidos sionistas y en su enfático empeño de legitimar sus abigarrados proyectos ideológicos en formulaciones político-jurídicas de encaje difícilmente asimilable. En ese ejercicio inmersivo, Pappé explora en profundidad el proyecto “colonialista” y la estrategia de la partición de los territorios, que garantiza una suerte de continuidad geográfica para las zonas judías y que a su vez resulta útil para asegurar la discontinuidad de las tierras palestinas, separadas en lo que ha sido un incesante ciclo de expropiaciones, demoliciones y consecuentes construcciones de los llamados “asentamientos judíos”.
Pappé es plenamente consciente de que la terminología que emplea para la construcción de las distintas categorías es conflictiva; todos y cada uno de los términos han sido ampliamente discutidos, de modo que, mientras representan una verdad incontestable para un sector de la historiografía, para otro se reducen más bien a parámetros especulativos de honda resonancia mediática.1 A continuación se aborda en la obra una categoría de la problemática que hoy resuena más vivamente que nunca, habida cuenta de la densa y disonante gama de implicaciones subyacente. Se trata de la condición legal, del estatus jurídico que el Gobierno israelí ha procurado dar a la población de sendos territorios ocupados. Es aquí donde Israel se ha mostrado, quizá, más inflexible a lo largo de su política de gestión del conflicto desde 1967 y hasta nuestros días. En la negación de una condición básica, un estatus y unos derechos esenciales, Israel -nos dice Pappé- ha cimentado sin muchos miramientos esas estructuras inhumanas a las que se ha confiado la gestión y el devenir de las poblaciones de Gaza y Cisjordania: las prisiones, que privan a los palestinos confinados en ellas de toda entidad, de toda noción que lleve aparejado un vital y mínimo reconocimiento; un estatus. Es aquí donde tradicionalmente se ha excluido de toda negociación el derecho de retorno, y donde con más nitidez se ha puesto de manifiesto el sustrato étnico que nutre los presupuestos ideológicos de los que bebe el conflicto. Un sustrato que ha derivado en un obstinado ejercicio de “limpieza étnica”, que el autor expone con minuciosidad a lo largo de la mayor parte del texto, tanto en lo tocante a sus manifestaciones concretas como en lo concerniente a la especulación política que las circunda (rescatada predominantemente de ese rico material archivístico que al autor maneja), y que, sin descaro, ha tratado de formular soluciones ad hoc para abordar con éxito el ejercicio “internacionalmente admisible” de esa “limpieza segregacionista” (la noción de “limpieza étnica” es densamente explorada en Pappé 2006).
A partir de aquí, escudriñado de forma meticulosa ese tenaz proceso de demarcación geográfica y étnica, el autor plantea, con el preciso detenimiento exploratorio, y en particular desde el capítulo quinto y hasta la culminación de la obra, una aproximación cronológica a la realidad de la gestión de los territorios ocupados desde 1967, y siempre desde el particular prisma de la categoría de “megaprisión” como parte de un proyecto de política de “palo y zanahoria”,2 es decir, como una alternativa miserable ofrecida en términos compensatorios ante la expectativa de una posibilidad peor.3 Este modelo de aproximación trae consigo no pocas implicaciones. Pappé llama la atención sobre esta distinción -respecto a otras obras de referencia- ya desde la introducción, al ejemplificar que diversas categorías manejadas a lo largo del texto, como los asentamientos, los colonos, cierta infraestructura legal y burocrática, o incluso las estrategias diplomáticas implementadas por Israel, han sido, más que un producto ideológico del sionismo, un instrumental efectista para promover la cohesión de los “territorios judíos” a lo largo de la Palestina histórica, controlar enfáticamente a la población palestina y renunciar en todo momento a su asimilación.4 Es precisamente a la luz de ese proyecto de estrategia política, basado en la retribución o la compensación, como Pappé confecciona los dos modelos de gestión “carcelaria” implementados en los territorios ocupados -la “cárcel a cielo abierto” y la “prisión de máxima seguridad”-, y hace alusión a uno y a otro para ir tejiendo un entramado histórico de causa-efecto, analizado más desde la perspectiva de la reacción de los “ocupantes” que de las implicaciones en dicho proceso histórico de los “ocupados”.
En efecto, resulta esclarecedor contemplar, según los hechos relatados, cómo un modelo sucede al otro ante la concurrencia de determinadas circunstancias fácticas, y en función de si resultan en puridad más o menos favorables a los intereses históricos de Israel, del Estado judío y del proyecto ideológico sionista. En este marco tienen lugar consecuentes alzamientos de resistencia significativa por parte de la población ocupada, ante los cuales el Estado de Israel pone en marcha todo su aparato represivo, que adopta la forma del modelo de “prisión de máxima seguridad”. Esto ocurrió, por ejemplo, tras el estallido de la primera intifada en 1987 y la subsiguiente política ultrarrepresiva israelí desplegada hasta 1993, momento en que la presión internacional acabó por obligar a la cúpula política a desarticular el modelo y proponer una “alternativa más benévola”. Paradójicamente, en periodos de menor agitación, la alternativa “más benévola”, el modelo de “cárcel a cielo abierto”, ha sido habitualmente presentada por la política israelí a la comunidad internacional como un “proceso de paz”, y ello sin perjuicio de que a ojos de Pappé resulte inequívocamente igual de opresivo e incluso aún más desalmado, pues su operatividad queda velada por un engañoso revestimiento de inocuidad que sólo pretende asegurar la sumisión de la población palestina, al tiempo que garantiza un lavado de cara internacional en lo relativo a las aspiraciones de paz del Estado judío.
Pappé abunda en las entrañas de ese “proceso de paz” y desenmascara los entramados de un complejo mecanismo diplomático informado por una multiplicidad de actores investidos muchas veces de intereses particulares, en franca oposición al interés mayor del proceso general. El relato brinda al lector una relación exhaustiva de estos actores, en particular de los que conforman el cuerpo político del Estado de Israel, y del papel que desempeñaron en la consecución infructuosa de un proceso de connotaciones históricas relativas. El autor maneja con solvencia un nutrido torrente archivístico gracias al cual desgrana no sólo las posturas oficiales de estos actores, sino también, más contundentemente, el cariz subyacente a sus manifestaciones públicas o a los actos adoptados: en definitiva, el libro ofrece una minuciosa introspección al cuerpo oficial que durante años se ha arrogado la gestión -inoperante- de un conflicto que no ha encontrado, en ningún caso, una firme voluntad o una sólida determinación de ser llevado a su culminación. Pappé se refiere a este proceso como una “farsa”, argumentando precisamente que en ningún momento las élites político-militares en las que ha recaído la gestión de la paz o de la guerra han renunciado a suscribir los idénticos presupuestos que desembocaron en una ocupación sin vocación de provisionalidad. De este modo, aquellos parámetros ideológicos que presuntamente debían ser abandonados como conditio sine qua non para la definitiva reversión del statu quo de esos territorios, continúan hoy plenamente vigentes.
La trayectoria histórica que sigue el libro deja al descubierto la empresa sionista que está detrás de la articulación del conflicto y que bebe de los presupuestos ideológicos gestados a finales del XIX, y desarrollados más intensamente a partir de 1967, momento en que tuvieron lugar reuniones gubernamentales que pusieron en evidencia las más elevadas propensiones sionistas de las cúpulas políticas israelíes.5 Lo que se discutió en ellas y lo que aconteció después vertebran este estremecedor relato de, reitero, una de las partes del conflicto; una contienda que hunde sus raíces en el tiempo y que toca las sensibilidades de un mundo contemporáneo que tristemente se muestra aún lo bastante impasible como para no presagiar -ni siquiera promover- un desenlace sumario. En el último capítulo de la obra, que acaso merece una mención especial por ajustarse a la coyuntura actual, el autor explora de un modo más enérgico el contexto de la Franja de Gaza al tratar de pintar una impresión que muestre sin distorsiones la realidad contemporánea de quienes la pueblan. Para ello introduce el discurso justificativo que Israel ha esgrimido para legitimar el asedio al que ha sometido a esta diminuta región de la Palestina histórica, en definitiva, la mitología particular que ha confeccionado el gobierno israelí y que muestra a la totalidad de los gazatíes como una amenaza para su seguridad, un conglomerado terrorista al que Israel ofrece la posibilidad de una vida mejor -desprovista de derechos humanos o ciudadanía, pero mejor- a cambio de suscribir una postura de sumisión absoluta ante el espectro sionista que mantiene sus tierras ocupadas y a su pueblo cautivo.
En conclusión, la obra de Pappé (2017) brinda una útil panorámica del proceso histórico de ocupación de dos territorios a partir de una aproximación apriorista respecto de cada una de las partes implicadas, y enriquece el relato historiográfico con un abundante material que pretende reconstruir el entramado oculto de lo que hoy constituye una realidad manifiesta. Estamos, sin duda, ante una publicación de obligada lectura para comprender con precisión la coyuntura palestino-israelí, bien estructurada y con un excelente manejo de las diversas fuentes que permiten contrastar la veracidad del relato en sus términos fácticos. No obstante, se requiere complementar la lectura de esta obra con otros trabajos que partan de aproximaciones diametralmente opuestas para enriquecer el debate historiográfico y alcanzar una comprensión más desprovista de esa notable subjetividad que perniciosamente pudiera contribuir a empañar un conocimiento holístico de la problemática.
A todas luces, la coyuntura tratada reviste una complejidad tan densa, nacida de las infinitas y poliédricas imbricaciones histórico-políticas, que el lector encontrará sumamente ardua la tarea de hallar una obra desprovista de ese carácter “versional”, de esa mirada apriorística que se aleja sutilmente de la objetividad. Como señala el propio Pappé (2007, 22) en otra de sus obras: “Una historia […] de Israel y Palestina ha de tener en cuenta estos relatos, pero no puede aceptarlos -sin más- como verdad histórica, aunque sólo sea porque cada uno de ellos es la imagen reflejada en el espejo del otro”. Y quizá sea así porque la propia historia no se muestra objetiva en esta tierra. Porque las aspiraciones de uno y otro pueblo difieren, convergen, se alejan, se encuentran. Porque la comunidad internacional no ha sabido -o no ha querido- asumir una postura, una voz, un lugar, dentro del conflicto. La referida ausencia de pronunciamientos unívocos aconseja la lectura de la obra reseñada, absolutamente necesaria para aprehender la realidad contextual de la ocupación, pero también exige su diligente contrastación, un ejercicio de crítica reflexiva, de comparación. Hay que escuchar todas las voces, explorar Palestina e Israel de una forma panorámica, porque sólo así formaremos nuestra propia voz.
Resulta abrumadora -por divergente- la pretensión apriorista con que Pappé emprende la confección de una y otra obra. En la segunda que refiero -Historia de la Palestina moderna (2007, publicada originalmente en 2004)-, si bien acaba por no desprenderse en absoluto de su particular y siempre subjetiva visión de los acontecimientos históricos que subyugan a los dos pueblos a una tierra común, el autor parte de una premisa algo diferente, pues, tal como lo manifiesta textualmente, la obra se construye en torno a la idea de exponer una respetuosa narración conjunta del pasado y del presente de la tierra palestina, sin omitir la legitimidad de ambas posturas (2007, 400). Dejemos que sea el lector el que valore si el texto logra la eventual consecución de tan compleja premisa. En todo caso, tal vez sea la distancia temporal entre una y otra obra, y la incesante sucesión de funestos acontecimientos que se incluyen en tal cronología, la que haya coadyuvado a la rotundidad del relato, aun cuando ya en la obra de 2004 el autor refirió, si bien con mayor cautela, el carácter “carcelario” de las políticas de ocupación.
A pesar de lo expresado, llama la atención una circunstancia geográfica sutil y brevemente invocada en la última obra mencionada porque marca una notoria contraposición -que no contradicción- respecto a la funesta realidad -también geográfica- que resulta de la exhaustiva exploración en el libro reseñado (Pappé 2017), relativo casi en exclusiva a los territorios ocupados. Y es preciso introducir tal divergencia porque permite exponer una mirada más benévola del propio autor respecto a una parte del territorio palestino, una mirada que entrevé una oportunidad, una germinación, un punto de partida. Resulta interesante, pues, destacar esta noción, primeramente como contraposición al desesperanzado relato que arroja luz sobre la miseria existencial de los ocupados, y en segunda instancia, porque permite prefigurar una modelización práctica de lo que Pappé considera un prototipo de coexistencia, una solución neonata para la convivencia pacífica de dos pueblos sempiternamente sumergidos en el odio. Este posible “modelo de vida común” acontece en los inicios del siglo XXI en las tierras de Galilea y Wadi Ara’, donde la excepcional realidad demográfica trae consigo “los más fascinantes proyectos de coexistencia”. El autor no excluye de su examen que los palestinos, aun en el marco de estos territorios, son habitualmente sometidos a prácticas discriminatorias (véase Pappé 2011, 90-100), pero, por supuesto, las considera infinitamente más laxas que las ejercidas contra las poblaciones ocupadas y “encerradas”, lo que deriva en una mayor propensión a la “cohabitación”. Para ilustrar este contexto mucho más esperanzador, Pappé enriquece el texto con gráciles ejemplos cuya lectura es ciertamente refrescante, dado el luctuoso prejuicio que normalmente acompaña a todo examen sobre esta coyuntura. Así, la inauguración de escuelas árabe-judías, la narrativa histórica conjunta que se imparte en ellas, el bilingüismo, las manifestaciones y las acciones políticas conjuntas que aúnan a la población para reivindicar públicamente preocupaciones comunes, la celebración de conferencias en las que se tratan abiertamente cuestiones inherentes a sendos relatos “nacionales” y, en fin, la evocación de una cohabitación que se remonta en la historia a los tiempos del Mandato, conforman en su conjunto un lienzo de las tierras norteñas que acaso ofrezca la perspectiva de un modelo alternativo a la segregación, la alteridad, la opresión. Resulta sumamente ilustrativo comparar la realidad existencial experimentada en unas y otras regiones, quizá simplemente con el objeto de emprender un camino reflexivo que conduzca a una pregunta inevitable: ¿será algún día posible la convivencia? Que sea el lector el que navegue a través de los textos y extraiga sus propias conclusiones.










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