En un texto breve e inusitadamente claro y perspicaz, el historiador argentino Ernesto Bohoslavsky nos ofrece herramientas fundamentales para entender el pasado, presente y posibles futuros de ese objeto escurridizo que llamamos “las derechas”. El proyecto de una “historia mínima” sobre un tema tan extenso parecería inasible, además del carácter inevitablemente polémico de las discusiones en torno a las derechas como ideologías, movimientos, sensibilidades y visiones del mundo. Sin embargo, a lo largo del texto el lector se topa con un análisis riguroso y accesible que gira alrededor de aspectos conceptuales e historiográficos clave en el estudio de las derechas, los cuales permiten liberar o al menos manejar esa dimensión polémica, y entenderla como parte del quehacer de historización de dichas fuerzas, actores, proyectos y aspiraciones. No es, en ese sentido, un libro que relativice el binario “izquierda-derecha” hasta volverlo inservible, sino que sitúa a la derecha como un campo plural y en constante evolución donde conviven distintas formas de concebir y transformar el mundo, partiendo de algunas premisas fundamentales de su filosofía política, como la adhesión a nociones de orden, jerarquía y la desigualdad natural. Esa misma pluralidad interna del objeto de estudio se equilibra con la pluralidad de perspectivas disciplinarias que aborda el autor, fundamentadas en el trabajo de académicos de todo el mundo, mayoritariamente latinoamericanos, que en la última década han impulsado estudios sobre el tema. No se trata, claro está, de un “manual”, sino de una suerte de mapa que provee algunas coordenadas para el estudio, interpretación y comprensión de las derechas de la región y su contexto global.
Resalto tres contribuciones fundamentales que recorren el libro de principio a fin. La primera es el énfasis en la pluralización del sujeto en cuestión (“las derechas”) y la expansión de su análisis en función de su capacidad para articular posturas más o menos coherentes frente a los retos del cambio social, político y cultural. El segundo punto es la disposición a tratar a estas derechas situándolas en sus respectivos contextos, tomando en cuenta que sus discursos y prácticas son históricamente contingentes, y sus posturas y plataformas definidas en función de entornos locales y globales cambiantes. De ello surgen algunas tipologías útiles para el análisis histórico como es, por ejemplo, la distinción entre derechas dominantes, residuales y emergentes, la cual ayuda a pensar la posicionalidad de las distintas fuerzas de derecha en escenarios determinados y con relación a otros actores políticos. Una tercera contribución es la atención que pone el autor a la mirada comparativa y a los actores, discursos y prácticas que trascienden el Estado-nación como unidad de análisis, paso necesario para generar perspectivas genuinamente latinoamericanistas.
Bohoslavsky se atiene a una definición de derechas como proyectos emanados de las élites, definidas éstas en términos de sus intereses de clase y el mantenimiento del statu quo. Este punto es debatible, aunque matizado por el reconocimiento de las derechas también como movimientos y, apelando al punto anterior sobre lo contextual y lo contingente, contemplando la posibilidad de que capas más amplias de la población adopten sus discursos y se apropien de sensibilidades normalmente atribuidas a élites conservadoras minoritarias. La pregunta de si existe un pueblo de derecha o una articulación de lo nacional-popular en las derechas se antoja historiográficamente necesaria, aun si contradice el sentido común interpretativo formado durante décadas de estudios académicos que desdeñaron las bases de apoyo social de los proyectos derechistas. Sobre este punto, el autor reconoce la movilización de derechas como problema de interpretación (el porqué y el cómo de ella), llamando de manera provocativa a pensar en los actores populares que han constituido y sostenido esos proyectos.
Además de estas contribuciones de orden metodológico y conceptual, el texto proporciona un análisis claro y sintético, organizado cronológicamente, que muestra las transformaciones, continuidades y el mosaico de posibilidades contenidas históricamente por el mote “las derechas”. El recorrido comienza en la segunda mitad del siglo XIX, al abordar la disputa entre liberales y conservadores, la cuestión de la secu la ri za ción, y el desarrollo de un modelo de liberalismo que se enfocó en las libertades económicas y la ideología del “orden y progreso”. El recuento que hace el autor sobre el temprano siglo XX es sumamente útil al abordar el tema de la pluralidad interna de las derechas. Con mucho cuidado y aludiendo a distintos casos se explica, por ejemplo, el impacto del fascismo en América Latina y la relación que con él tuvieron intelectuales, partidos y movimientos de derecha en el continente. La circulación y retroalimentación de ideas entre América y Europa, el auge de soluciones autoritarias y corporativistas a la crisis del liberalismo, y los esbozos tempranos del antirradicalismo y anticomunismo que marcarían más tarde la Guerra Fría destacan en la síntesis de Bohoslavsky como elementos contextuales y a la vez constitutivos de la pluralización de las derechas continentales. Con base en ejemplos concretos, el autor propone diferenciaciones tipológicas entre derechas radicales (a las cuales vincula más cercanamente con el fascismo, sin equipararlas a éste), reaccionarias (herederas del antimodernismo decimonónico) y algunas otras que abrevaron de la doctrina social católica, el ordoliberalismo y, más tarde, el neoliberalismo.
Sobre el periodo 1945-1989 Bohoslavsky modifica de manera convincente dos de los parámetros del sentido común historiográfico sobre la Guerra Fría latinoamericana. Primero, el autor matiza, sin negar, el papel del poder estadounidense en la configuración de los proyectos de derecha durante el periodo; y segundo, adopta el año 1964 y el golpe militar en Brasil como parteaguas histórico en lugar del énfasis tradicional en la revolución cubana de 1959. Según el autor, la revolución cubana es insuficiente para explicar el giro hacia los autoritarismos burocráticos y el militarismo modernizante. En cambio, 1964 es el momento en que convergieron las diversas dinámicas que puso en juego el anticomunismo de los años veinte y treinta, la segunda Guerra Mundial, la predilección por la modernización desarrollista autoritaria y la percepción de las Fuerzas Armadas como únicos guardianes de la patria frente a la amenaza comunista. El análisis sobre las dictaduras militares de los setenta provee también cierta revisión del sentido común historiográfico, aludiendo al desarrollo de la doctrina y prácticas de la “seguridad nacional” como resultado de la influencia innegable de Estados Unidos en conjunto con las tradiciones militaristas latinoamericanas y la formulación de paradigmas “criollos” sobre la lucha contrainsurgente o antisubversiva, algunas de ellas en clave nacionalista y católica, por ejemplo. El abordaje no es en tono de revisionismo chato, pues no diluye el peso estadounidense en la Guerra Fría latinoamericana, sino que busca esclarecer, en el caso de las dictaduras de seguridad nacional, las lógicas y genealogías de la represión y el terrorismo de Estado en términos que eviten su exteriorización (la represión como idea impuesta desde afuera) y su excepcionalización (la represión como accidente, exceso o “error”). Estos gestos se sostienen del ímpetu interpretativo del libro, el cual invita a entender no sólo los imaginarios y plataformas de las derechas, sino también la especificidad de sus tiempos y “ritmos” políticos, las convergencias y divergencias entre proyectos anticomunistas “civiles” y “de Estado” y la dimensión trasnacional de éstos.
El tratamiento del período de transiciones democráticas y la implementación extendida del neoliberalismo es, de igual manera, contextualizado y matizado respecto a las lecturas y adaptaciones hechas desde las derechas. El neoliberalismo aparece como producto de intercambios e historias entrecruzadas que involucraron, por ejemplo, a entidades académicas en Estados Unidos y el Cono Sur, a movimientos como el gremialismo chileno, y elementos de contingencia histórica, como la urgencia pinochetista por sacar a flote la economía de su país. Ese mismo lente anima la caracterización de las derechas durante y después de la llamada “marea rosa” y el tendido de amplias redes trasnacionales donde los discursos y prácticas del antipopulismo hacían eco del anticomunismo de la Guerra Fría en su construcción del chavismo como amenaza continental. En esta llegada al pasado reciente, el lector se preguntará sobre algunas tendencias que parecerían novedosas en los proyectos de derecha: la llamada “batalla cultural”, el rechazo a la diversidad sexual y la condena al feminismo y a los derechos reproductivos bajo el rubro de “la ideología de género”. Éstos son temas que, sin ser desarrollados a profundidad debido a las limitaciones de espacio, se articulan también a lo largo del texto, en tanto la cultura y la política de masas han sido ya por varias décadas una arena decisiva para el crecimiento, debate y sostenimiento de los proyectos de derechas.
En suma, esta Historia mínima de las derechas es tal sólo por lo acotado del texto. Con gran éxito, Bohoslavsky ofrece al lector una síntesis asequible y un marco interpretativo útil para fines pedagógicos y de investigación, en tanto que evita respuestas fáciles y enfatiza, a modo de agenda, la pluralidad interna, la autonomía relativa y la conectividad global de nuestras derechas latinoamericanas.










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