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Historia mexicana

versão On-line ISSN 2448-6531versão impressa ISSN 0185-0172

Hist. mex. vol.74 no.1 Ciudad de México Jul./Set. 2024  Epub 23-Ago-2024

https://doi.org/10.24201/hm.v74i1.4554 

Reseñas

Sobre Paula Bruno, Alexandra Pita y Marina Alvarado, Embajadoras culturales. Mujeres latinoamericanas y vida diplomática, 1860-1960

Verónica Oikión Solano1 

1El Colegio de Michoacán

Bruno, Paula; Pita, Alexandra; Alvarado, Marina. Embajadoras culturales. Mujeres latinoamericanas y vida diplomática, 1860-1960. Rosario: Prohistoria Ediciones, México: Instituto Panamericano de Geografía e Historia, 2021. 168p. ISBN: 978-987-809-015-3.


Esta obra escrita a seis manos abre puertas y ventanas historiográficas para descubrir inusitadamente el accionar de mujeres que condujeron sus vidas por los caminos azarosos de la diplomacia con tintes políticos, sociales y culturales. La riqueza de la obra se concentra precisamente en poner luz en féminas latinoamericanas que alcanzaron no to rie dad en asuntos dominados tradicionalmente por el género masculino en los escenarios de política exterior y las relaciones entre naciones a lo largo nada menos que de un siglo.

En lo que toca a la estructura formal del libro, vale decir que cuenta con un estudio preliminar denominado “Mujeres y vida diplomática: propuestas y claves de lectura”, a cargo de Paula Bruno, que pone en valor la nueva historia diplomática con enfoque transnacional para dilucidar la actuación y las experiencias de mujeres que incursionaron con gran enjundia en las atmósferas de la diplomacia y las relaciones exteriores. En seguida, la misma autora aborda en la primera parte los casos de Eduarda Mansilla, Guillermina Oliveira Cézar y Ángela Oliveira Cézar: “Entre ámbitos diplomáticos y circuitos transnacionales”, que se extiende a lo largo de más de sesenta páginas. La segunda parte es presentada por Marina Alvarado con el título “Carmen Bascuñán, Emilia Herrera y Amanda Labarca. Entre vínculos familiares, mediaciones y responsabilidades internacionales”, y su contenido se concentra en 31 páginas. La tercera parte es de la autoría de Alexandra Pita, quien nos ilustra sobre “Gabriela Mistral, Palma Guillén y Concha Romero. Entre amistades, redes intelectuales y organismos de cooperación”; esta última sección también se desarrolla en poco más de treinta páginas. Me refiero a este desequilibrio en el número de páginas entre la primera parte y las otras dos no por un simple prurito, sino para llamar la atención sobre las dificultades que las mismas autoras han señalado para el acopio de fuentes y la hechura de estudios centrados en las mujeres de la diplomacia. Estos obstáculos metodológicos han impedido, en buena medida, dar a conocer a mujeres tradicionalmente invisibilizadas en una historiografía con predominancia masculina centrada en figuras varoniles de relieve en sus destacadas carreras diplomáticas dedicadas al servicio de la política exterior de sus países. Por ello, esta obra tiene un mérito valioso al deconstruir la historia diplomática clásica y mostrarnos su cara femenina. Con acierto, además, las autoras, para subsanar aquel desequilibrio, seleccionaron a tres protagonistas para cada uno de los capítulos de la obra.

Desde mi punto de vista, hubiese sido conveniente cerrar las páginas del libro sobre los circuitos diplomáticos femeninos con una reflexión final conjunta entre las tres autoras, para anudar las conexiones y los encuentros físicos y simbólicos entre las nueve mujeres abordadas, y bajo los ejes de las experiencias diplomáticas. Pero a la vez para reiterar las disparidades y las divergencias, no sólo por sus distintas posiciones sociales y sus diversos ciclos de vida en contextos sociopolíticos entre dos siglos, sino para reafirmar que estas mujeres (y otras más que eventualmente puedan ser rescatadas) trascendieron con diligencias sus espacios locales y regionales, se desprendieron de sus modelos domésticos tradicionales de género y lograron imprimir una huella indeleble en el concierto entre naciones.

También el ejercicio final a tres voces hubiese implicado reiterar la estatura de cada una de las nueve mujeres protagonistas de estas historias. Aunque no ciertamente con un tono de “historia de bronce” sino con una dimensión multifacética y peculiar (que desde luego se trasluce en la obra) en la cual subyacen conglomerados de mujeres (madres de familia, hermanas, primas, tías, amigas, confidentes, profesoras, compañeras de vida, asistentes, secretarias) que abonaron (sembrando una semilla o retroalimentándola) a los atrevidos accionares y las interconexiones y desenvolturas en el mundo de las relaciones diplomáticas emprendidos por las nueve mujeres latinoamericanas rescatadas por esta obra. Esta dimensión, por ende, revitaliza “los estudios de los espacios diplomáticos y de los actores [actoras] que los transitaron” (p. 10): Eduarda Mansilla (“dama y escritora diplomática”, p. 29); Guillermina Oliveira Cézar (“De dama diplomática a promotora de la acción social”, p. 49); Ángela Oliveira Cézar (“De ‘respetabilísima matrona’ a candidata al Premio Nobel de la Paz”, p. 67); Carmen Bascuñán (“De modelo de Monvoisin a ghost writer”, p. 98); Emilia Herrera y Martínez (“De hija de Chile a ‘madre de los argentinos’”, p. 108); Amanda Labarca (“De profesora universitaria a embajadora educativa y funcionaria”, p. 116); Gabriela Mistral (“Una servidora chilena en México”, p. 134); Palma Guillén (“viajando de pueblo en pueblo con Palma Guillén”, p. 135), y Concha Romero (“Una mediadora cultural en Nueva York”, p. 130).

La obra se constituye entonces en una pasarela insospechada con un enfoque de género en donde prevalecen creencias y posturas vitales de nueve mujeres (de clase media o media alta, y algunas de ellas relacionadas con la aristocracia) con la intención de incursionar en el ámbito público y descubrir sus vocaciones abiertas a la interacción intelectual, artística, cultural, social y política -nacional e internacional- con altos dignatarios de la realeza, presidentes de las repúblicas, hombres poderosos y políticos de alcurnia, y, por ende, con sus esposas, sus familias y sus entornos y círculos de poder. Aquéllos se vieron muchas veces sorprendidos por la disposición de relacionarse y comprometer acuerdos, las capacidades de negociación y gestión política, el manejo de lenguas extranjeras, el acopio, el cruce y la transmisión de información, y el bagaje sociocultural e intelectual de que hicieron gala estas mujeres, convirtiéndose en hábiles publicistas y propagandistas y, sobre todo, cosmopolitas. Con un talante y una personalidad inusitados para sugerir y articular intercambios y concertaciones entre naciones; para ofrecer mediaciones beneficiosas en los pactos y convenios internacionales, y para lanzar propuestas de solución y arbitraje en conflictos de talla planetaria y la reconciliación entre países. De igual manera, establecieron fuertes vínculos, redes y sociabilidades sociopolíticas, culturales, artísticas, literarias y educativas con otras mujeres de su misma estirpe; y lograron replicar a los hombres del poder con sustento de ideas y claridad de pensamiento.

Todo ello redundó en el intercambio de narrativas literarias, textos epistolares y escrituras personales para la transmisión de ideas pacifistas, así como para acoger y aprovechar las oportunidades políticas y llevar a buen término sus programas y planes internacionales. La prensa de sus países y de otros confines de las Américas y del contexto europeo se refirió a ellas en sus columnas periodísticas. De tal manera que sus acciones en los ambientes diplomáticos tuvieron impacto en la opinión pública.

Además, sus actuaciones les dieron cierta autonomía e independencia con respecto a los hombres de su entorno (siendo varios de ellos sus esposos con cargos como ministros plenipotenciarios, cónsules y embajadores). Ellas tomaron decisiones que hoy, en pleno siglo XXI, nos sorprenden por su liderazgo y valentía en los distintos terrenos en los que se desenvolvieron. Se transformaron así en embajadoras de pleno derecho por encima de estigmas y estereotipos de género. Aunque la mayoría se atuvo a su rol tradicional como esposas y madres de familia.

De esta manera, la obra se proyecta como un aporte de la nueva historia diplomática, especialmente para el caso latinoamericano. A la vez, este libro se constituye como un estudio que rescata la polifonía de la desconocida diplomacia femenil. Y abre sus páginas a las y los lectores para dar a conocer que estas mujeres se instituyeron finalmente como influyentes ciudadanas del mundo al interconectar sus realidades nacionales latinoamericanas con los recovecos del servicio exterior de la potencia estadounidense y con los variados artilugios y argucias de la diplomacia europea.

Se ha dicho que el siglo XX es la centuria del despertar de las mujeres, pero esta obra muestra que las libertades enunciadas por las banderas liberales del XIX también se colaron en las intimidades de las habitaciones de respetables diplomáticos para encender la llama de la acción política y cultural de sus compañeras de vida, mostrando siempre una cara femenina amable que sabía manejarse públicamente en los espacios y misiones diplomáticas, y potenciando no sólo el buen cauce de las trayectorias de sus maridos sino aplicándose en las prácticas de los entramados relacionales. Incluso, para heredar a sus vástagos la profesión diplomática y constituir familias inmersas en las relaciones internacionales.

Por tanto, las autoras de la obra reivindican en su título el concepto de embajadoras culturales

[…] para dar cuenta del rol que estas mujeres ejercieron en tanto ‘hijas’ de sus países en otros territorios: oficiaron como articuladoras de relaciones y lazos de afinidad en el mundo diplomático; fueron percibidas como figuras con potencial para mediar en la esfera política; generaron imágenes, información y novedades que circularon en distintos escenarios a escala transnacional (p. 15).

Sus trayectorias vitales no fueron fáciles y tersas (aunque en algunos casos se exhibieran lujos, vestimentas de alta costura, viajes y estancias por el mundo, glamur y reuniones y bailes de sociedad). En muchos sentidos, todas ellas debieron utilizar estrategias para superar la indiferencia y las desigualdades en contextos de dominación patriarcal. En la medida de lo posible -debido a la carencia y desbalances en los indicios documentales-, Paula Bruno, Marina Alvarado y Alexandra Pita nos acercaron a estas nueve mujeres para constatar que lograron penetrar en los espacios con dominancia masculina y ser reconocidas por sus méritos en las prácticas diplomáticas. Sus vidas más íntimas fueron mostradas con atingencia hasta donde las fuentes localizadas lo permitieron.

Historizar su subjetivación personal e íntima agrega otros elementos analíticos para intentar descifrar el caudal emotivo que les da fuerza a su acción individual y colectiva en los menesteres de la diplomacia. Entonces la exégesis puede complejizarse insertando repertorios de amor, amistad, fortaleza, intuición, audacia, versatilidad, creatividad, disciplina, solidaridad, desesperación, introspección, euforia, delirio, desilusión, tristeza, agobio, sufrimiento, etc. Al dilucidar sentimientos personales y colectivos es posible también ensanchar el espectro heurístico del campo de la nueva historia diplomática en femenino, pues “la presencia de la dimensión afectiva en las relaciones sociales”1 nos ofrece una gradación de registros que enfatizan y ponen de relieve las pulsiones, las pasiones y los lazos amorosos en las vidas humanas.

Por último, debo expresar que el contenido magnífico de este libro impulsa de manera natural, y en un sentido metafórico catapulta a sondear a las féminas que se formaron e instituyeron diplomáticas, embajadoras y miembros del servicio exterior de los países latinoamericanos de la segunda mitad del siglo XX. Aquí está una extensa y enorme labor por realizarse, pero el ejemplo ya está enunciado desde la nueva historia diplomática, siguiendo los pasos de Embajadoras culturales. Mujeres latinoamericanas y vida diplomática, 1860-1960.

Al final, una sugerencia: recomiendo enfáticamente a los editores una segunda edición debido a la calidad excepcional de la obra. Aunque sería deseable que se corrigiesen numerosos detalles de edición y que se modificase el tipo de letra a uno más grande y con un interlineado más amplio. La lectura se haría mucho más placentera.

1María Bjerg, “Una genealogía de las emociones”, en Quinto Sol. Revista de Historia, 23: 1 (2019) [4]. Disponible en www.redalyc.org/articulo.oa?id=23157271001. Consultado el 11 de febrero de 2020.

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