Introducción
México enfrenta una de las crisis de derechos humanos más graves y prolongadas de su historia reciente, siendo la desaparición de personas sólo una de sus múltiples facetas (Anaya & Frey, 2019). En la última década esta problemática que ha afectado a más de ciento diez mil personas1 se ha posicionado como un tema de primer orden en la agenda pública, y, sin embargo, las respuestas estatales continúan siendo limitadas para “hacer justicia a las víctimas y a sus familiares, y para crear un marco de verdad, reparación y garantías de no-repetición de tales atrocidades” (Délano et al., 2023, p. 31). Frente a este escenario de violencia estructural e impunidad, familiares de personas desparecidas han transformado su dolor en movilización colectiva, asumiendo un papel protagónico en la búsqueda de sus seres queridos. Esta resistencia -que emerge frente a las ausencias estatalesno solo desafía las narrativas oficiales sobre el problema, sino que confronta las múltiples violencias que perpetúan su vulnerabilidad.
En ese sentido, el presente artículo examina el curso de las acciones que familiares de víctimas desaparecidas, personas voluntarias y organizaciones de la sociedad civil que les acompañan de manera solidaria, han impulsado en el marco de las Brigadas Nacionales de Búsqueda (BNB),2 un modelo integral de búsqueda y un ejercicio autónomo realizado entre 2016 y 2022 en siete ocasiones a través de la Red de Enlaces Nacionales (REN). Siguiendo a Falleti & Chávez (2022), el análisis de este caso en particular encuentra su justificación no sólo en las particularidades de este ejercicio, sino en el propósito de arrojar luz sobre el desarrollo de saberes y aprendizajes derivados del intercambio entre distintos actores sociales.
Si bien diversos estudios han examinado las dinámicas de organización y movilización de estos colectivos (Villarreal, 2014, 2016; Garza, 2017; Gallagher, 2023), la transformación de sus estrategias y prácticas a lo largo del tiempo en respuesta a factores tales como la acumulación de aprendizajes y saberes para la búsqueda, una mayor interlocución con las autoridades o el propio desarrollo sociopolítico de los colectivos sigue siendo un área que requiere mayor exploración. Por lo que, este estudio aporta evidencia empírica sobre las acciones de resistencia civil no violenta en el marco de la BNB, con el fin de profundizar en el análisis de las respuestas ciudadanas frente a la desaparición de personas.
El argumento central sostiene que el conjunto de acciones que impulsa la BNB, cristaliza una forma de resistencia civil no violenta que articula dos enfoques complementarios: la intervención humanitaria y la sensibilización frente a las desapariciones. En ese sentido, la búsqueda no se limita a la localización de las personas desaparecidas, sino que también pretende detonar procesos de transformación en las condiciones políticas y sociales que perpetúan la violencia e impunidad. En otras palabras, más allá de su objetivo inmediato, la búsqueda se convierte en una herramienta civil para desafiar las estructuras de poder que normalizan las desapariciones y el poder estatal que durante décadas ha negado o minimizado la existencia de esta problemática.
Por consiguiente, al tomar como referencia el marco analítico de la acción no violenta y la resistencia civil (Vinthagen, 2021; Chenoweth & Stephan, 2008), este estudio contribuye a comprender cómo las estrategias para resistir a la desaparición de personas se adaptan, replantean o pierden efectividad en contextos adversos, ofreciendo una perspectiva crítica sobre la capacidad de los actores civiles para desafiar la impunidad y construir alternativas de verdad, justicia y memoria. Asimismo, se analiza la relación entre los medios, métodos, estrategias y fines de la resistencia civil (Martínez, 2016) mediante el estudio particular de la BNB, a fin de examinar cómo las acciones de búsqueda trascienden la mera demanda de justicia para constituirse en una práctica política con profundas raíces morales. Al situar esta lucha en el marco propuesto, se pretende analizar los matices específicos de una colectividad que ha desafiado las estructuras que normalizan el ejercicio de la violencia.
La discusión se organiza en cinco apartados. En primer lugar, se presenta un breve estado de la cuestión sobre las respuestas ciudadanas y resistencias en los procesos de búsqueda, resaltando que esta agenda de investigación se ha consolidado recientemente. En segundo lugar, se describe el marco teórico-analítico que permite examinar las estrategias y objetivos que guían las acciones no violentas de la BNB. Posteriormente, se detalla la estrategia metodológica y las consideraciones éticas que sustentan la recolección de evidencia empírica. A continuación, se exponen los hallazgos y se discuten las implicaciones, alcances y desafíos de llevar a cabo la búsqueda bajo los principios de la no violencia y la resistencia civil. Finalmente, se presentan conclusiones que destacan la creciente diversificación de las acciones de búsqueda y especialización de los actores sociales como respuesta a la continua negligencia de las autoridades estatales para garantizar: verdad, memoria y justicia.
Respuestas ciudadanas y resistencias frente a las desapariciones en la literatura
El estudio sobre las resistencias frente a las desapariciones en México ha despertado gran interés en la última década (2014-2024). Algunas investigaciones, como la de Martos y Jaloma (2017), refieren que, si bien los familiares de personas desaparecidas han estado movilizándose desde finales de la década de los setenta para demandar al Estado la localización efectiva de sus seres queridos, el caso Ayotzinapa y la presión derivada de ese suceso confirieron un nuevo tinte y dirección a los procesos de búsqueda. Sin embargo, también hay quienes sostienen que esto ha sido el resultado de una amplia trayectoria de documentación y lucha social por parte de las familias y organizaciones de derechos humanos (Mandolessi, 2022). Más allá de estas diferencias, ambas perspectivas enriquecen el análisis de la transformación de estas luchas sociales, donde ha sido cada vez más común poner el acento en la centralidad de las familias y “sus demandas al exigir su derecho a conocer la verdad, reclamar el acceso a la justicia, apelar a los servicios de atención integral, así como buscar la reparación de los datos y el reconocimiento de una memoria colectiva” (Garza & Durán, 2024, p. 16).
Dentro de la agenda de investigación que ha priorizado el análisis de estas dinámicas, se identifican por lo menos cuatro líneas temáticas:
El reconocimiento de familiares y colectivos de búsqueda como actores políticos (Gallagher, 2023; Cepeda & Leetoy, 2021; Irazuzta, 2020; Garza, 2017;
La búsqueda ciudadana como práctica de resistencia frente a la violencia y la impunidad (Martínez & Díaz, 2021; Castro, 2021; Franco, 2019);
Los repertorios de interacción entre el Estado y la sociedad para llevar a cabo los procesos de búsqueda (Garza & Lomelí, 2024; Gallagher, 2023; Garza, 2021; Villarreal, 2020, 2016);
La producción y circulación de saberes en torno a la búsqueda de personas desaparecidas (Falleti & Chávez, 2022; Robledo, 2022; Martos & Jaloma, 2017).
Los estudios correspondientes a la primera línea de investigación han hecho referencia ya no sólo a la emergencia de nuevas formas de subjetividad política en el marco de la desaparición de personas, sino a la transformación de estos actores y al desarrollo de nuevas formas de agencia cívica que permiten trascender la condición de víctimas y empoderarse como colectivo (Cepeda & Leetoy, 2021). Esto ayuda a observar que con el paso del tiempo, las familias han pasado de impulsar acciones dirigidas a visibilizar y colocar la problemática dentro de la agenda pública (Villarreal, 2014) a desarrollar repertorios que les permiten: 1) confrontar al Estado; 2) aprovechar la presión social y política para vincularse con actores clave; 3) navegar estratégicamente el sistema judicial; 4) generar alianzas con las autoridades; y 5) participar activamente en la búsqueda de sus seres queridos (Gallagher, 2023). Además, se ha enfatizado que el devenir de esta agencia social y política solo puede entenderse a la luz de los procesos de búsqueda ciudadana, ya que es en estos espacios donde las familias resignifican las distintas tramas de poderes y saberes que giran en torno a las desapariciones (Irazuzta, 2020).
Por otro lado, las contribuciones centradas en los procesos de búsqueda ciudadana coinciden en señalar que asumir los costos y riesgos de la búsqueda representa una forma de resistencia y empoderamiento social frente a la inatención y negligencia del Estado, la prevalencia de la impunidad y la ineficacia del sistema de impartición de justicia (Castro, 2021). De acuerdo con Garza & Lomelí (2024), llevar a cabo estos procesos al margen de las instituciones ha demostrado que la mayoría de las familias no confían en los mecanismos institucionales como vía principal para alcanzar justicia, sin embargo, esto no significa que hayan dejado de exigir que el Estado reconozca el problema y asuma sus obligaciones. En esta misma línea, estudios como el de Martos & Jaloma (2017) han planteado que existen posturas encontradas respecto a si estas prácticas son un síntoma de desesperación y hartazgo ante la ineficacia de las autoridades o, por el contrario, una postura estratégica contra la impunidad. Más allá de los motivos particulares que llevan a las familias a emprender la búsqueda, lo cierto es que estas acciones responden a las ausencias del Estado y a la indiferencia de la sociedad, convirtiéndose en una forma de resistencia que desafía tanto la inacción institucional como a la normalización de la violencia.
Otros aspectos abordados dentro de esta literatura destacan cómo las distintas acciones de búsqueda, tanto en vida como en muerte, permiten desafiar las narrativas oficiales que niegan o minimizan la existencia de estos crímenes (Franco, 2019). Asimismo, se ha resaltado el protagonismo de las mujeres en las búsquedas de personas desaparecidas, quienes, en muchos casos, han asumido roles de liderazgo dentro de los colectivos, transformando su dolor en impulso para la acción colectiva (Martínez & Díaz, 2021). Por último, se ha subrayado cómo la solidaridad se ha convertido en una herramienta clave para erosionar la impunidad, ya que, a través de redes de apoyo mutuo y colaboración, las familias y colectivos han logrado sostener sus esfuerzos de búsqueda y mantener viva la demanda de justicia (Gallagher, 2023).
Una línea de investigación diferente se ha centrado en los repertorios de interacción entre el Estado y la sociedad. Aunque la búsqueda ciudadana se perfila principalmente como una práctica extrainstitucional, es decir, impulsada por colectivos y familias al margen de las instituciones estatales, la interacción con el Estado sigue siendo un elemento indispensable para emprender diversas estrategias y mecanismos de búsqueda (Garza, 2021). Estas relaciones, aunque suelen ser complejas, han demostrado ser fundamentales para avanzar en la localización de las personas desaparecidas y en la exigencia de justicia. Al respecto, Villarreal (2020, 2016) sugiere que la interlocución con las autoridades ha permitido dar seguimiento puntual a casos concretos de desaparición, labores de vigilancia y contraloría social, e impulsar la rendición de cuentas en la materia. Además, estos acercamientos han abierto oportunidades políticas para la acción colectiva y han fortalecido la capacidad de incidencia de las familias. Con esto se ha demostrado que la participación activa de las familias y su colaboración con las autoridades son clave para mejorar los procesos institucionalizados de búsqueda, localizar a las personas desaparecidas y brindar una atención integral a las víctimas (Garza & Lomelí, 2024).
En última instancia, los estudios que abordan la producción y circulación de saberes dentro de los procesos de búsqueda han colocado en el centro de la discusión la diversificación y especialización de estas prácticas, las cuales son resultado de un intercambio constante y un aprendizaje colectivo que se ha ido consolidando a lo largo de los años. De acuerdo con Robledo (2022, p. 181), al internalizar la experiencia de la búsqueda y la desaparición, y posteriormente transmitirla a través de la práctica y la vivencia directa, es posible construir una ecología de saberes que “hace visible lo invisible, teje la memoria contra el olvido y hace aparecer a los desaparecidos”. Este proceso no solo implica la acumulación de conocimientos técnicos, sino también la creación de un saber situado que surge desde las experiencias y necesidades concretas de estos actores. Por último, estudios como el de Falleti & Chávez (2022) destacan la diversidad del acervo de saberes que las familias han desarrollado, incluyendo conocimientos forenses, legales, antropológicos y psicoemocionales, para mostrar que la búsqueda no se limita a la localización de las víctimas, sino también a contribuir a la creación de mundos más justos y habitables, donde la memoria y la dignidad de las personas desaparecidas ocupan un lugar central.
Esta breve revisión de la literatura muestra que, si bien se ha documentado el desarrollo de la movilización de familiares de personas desaparecidas, el papel de la resistencia civil y la no violencia como estrategia política ha recibido menor atención. Por lo tanto, se sabe poco sobre cómo estos enfoques han sido claves para sostener estas luchas, construir legitimidad moral y desafiar la impunidad a través de la construcción de paz, sobre todo en contextos marcados por la intersección y persistencia de diferentes tipos de violencias. A continuación, se precisa el marco analítico de la resistencia civil y la no violencia para comprender cómo las familias y colectivos han logrado reivindicar su autonomía, fortalecer su capacidad de incidencia sociopolítica y tejer redes de solidaridad que desafían la indiferencia social y la negligencia estatal.
Marco teórico-analítico: la resistencia civil y no violencia
El concepto de resistencia ha sido un pilar analítico en el estudio de los movimientos sociales y la política contenciosa (Hollander & Einwohner, 2004, p. 535). No obstante, estos estudios han tendido a privilegiar el análisis de revoluciones y protestas a gran escala, formas de resistencia convencionales y altamente visibles en la esfera pública. Esta aproximación, aunque es valiosa, suele pasar por alto otras manifestaciones de resistencia que son más sutiles o discrecionales, pero igualmente disruptivas y transformadoras. Con esto se hace referencia a otros tipos de resistencia de distinto perfil, particularmente a aquellas que operan en los márgenes institucionales pero que derivado de su persistencia y consolidación, han sido cruciales para sostener la búsqueda de las personas desaparecidas, la construcción de memoria y la exigencia de verdad frente a las estructuras de poder que perpetúan la violencia y la impunidad.
En términos generales, la resistencia civil es una forma de acción política sustentada en el principio de no violencia, la cual se compone de “un conjunto de estrategias y procedimientos de contención, lucha y presión sociopolítica” (López, 2015, p. 64) que buscan persuadir al público para que no continúe depositando su obediencia y cooperación en un poder coercitivo por cuanto ejerce arbitrariamente distintas formas de dominación que vulneran la dignidad humana. De esta manera, las acciones no violentas han sido un componente central de las políticas de defensa que no sólo denuncian el carácter injusto de la violencia sino también se orientan a transformarla mediante cambios sociales y políticos (Quiñones, 2008).
Autoras como Butler (2021) han señalado que la acción no violenta además de ser una postura moral y ética, es una respuesta política estratégica frente a la distribución desigual del valor de la vida en las sociedades contemporáneas. Butler argumenta que históricamente, algunas vidas han sido reconocidas como dignas de protección y duelo, mientras que otras se consideran prescindibles. Al llevar esta discusión a nuestro objeto de estudio, se observa que esta lógica de marginalidad se refleja en las formas bajo las cuales las personas son desaparecidas y sus familias revictimizadas por el Estado e incluso por la sociedad. Además, dado que “las desapariciones son consistentes con los regímenes de violencia en los que se insertan” (Ansolabehere, 2024, p. 14), no es fortuito que esta práctica tienda a normalizarse en contextos donde ciertas vidas han sido sistemáticamente devaluadas.
Chenoweth & Stephan (2008) han sostenido que los métodos de resistencia no violenta tienen mayores probabilidades de éxito que los violentos para alcanzar objetivos estratégicos, a causa de diversos factores. En primer lugar, el compromiso con la no violencia refuerza la legitimidad y la fuerza moral del grupo o movimiento, lo que promueve una participación más amplia en la resistencia. En segundo lugar, aunque los gobiernos suelen justificar la represión violenta contra movimientos no violentos, los costos políticos de este tipo de respuestas son más altos, ya que tienden a generar una reacción mayormente negativa en la opinión pública. Además, el deterioro de la legitimidad del régimen refuerza la solidaridad con la campaña no violenta, motivando que estos actores puedan generar mayor presión en torno a sus objetivos. En tercer lugar, las campañas no violentas suelen estar abiertas al diálogo y la negociación, lo que hace que sean no solo más atractivas para el público sino también más tolerables para las autoridades en comparación con las acciones violentas.
Esta eficacia estratégica de la no violencia basada en su legitimidad moral, capacidad de movilización y apertura al diálogo, adquiere pleno sentido cuando los actores logran ejercer su autonomía. Es decir, cuando preservan su capacidad de autodeterminación frente a los poderes que buscan imponer marcos de acción restrictivos. En términos generales, la autonomía constituye una forma de resistencia frente a modelos de opresión y dominación, orientada a reivindicar la agencia y el reconocimiento moral de los individuos. Desde una perspectiva teórica, se trata de una expresión de libertad y creatividad colectivas que emerge cuando los sujetos irrumpen en la esfera pública (Quiñones, 2008).
En el contexto de la búsqueda de personas desaparecidas, esta centralidad se ubica en el entramado normativo que enmarca estas prácticas y al cual, a su vez, contribuyen a transformar. Como señala Bravo (2024), la autonomía opera aquí como una herramienta para fracturar la imagen de la víctima pasiva privada de agencia política que predomina en la gestión institucional del sufrimiento de las y los familiares de personas desaparecidas. Más allá de su dimensión contestataria, este concepto implica no solo desafiar las estructuras de poder, sino también subvertir la negación sistemática de la capacidad de agencia, condenar el ejercicio de la violencia y definir cursos de acción que son considerados tanto viables como legítimos.
Al profundizar en la investigación sociológica sobre la resistencia, Hollander &
Einwohner (2004) identifican cuatro de sus dimensiones fundamentales:
La escala se refiere al alcance geográfico, temporal y numérico de la resistencia. Esta puede variar desde acciones individuales o colectivas, locales y puntuales, hasta movilizaciones masivas de corta o larga duración.
El nivel de coordinación alude al grado de organización y estructuración de la resistencia. Incluye la existencia de liderazgos, redes de apoyo, división de tareas y mecanismos para la toma de decisiones.
Los objetivos son las metas específicas que busca alcanzar la resistencia. Estos pueden ser inmediatos o de largo plazo, y pueden orientarse hacia aspectos políticos, sociales o simbólicos.
La dirección se refiere al enfoque o rumbo que toman las acciones de resistencia. Aquí, la identificación de los actores -comúnmente denominados adversarioscontra los que se dirigen y la definición de estrategias para confrontarlos resultan fundamentales.
Como se discutirá más adelante, estos elementos adquieren pleno significado en el contexto de la búsqueda, donde las acciones de resistencia civil y lucha no violenta “se desarrollan a través de la experimentación con nuevas ideas prácticas que, luego, se trasladan a otros movimientos; y estos adaptan las formas a nuevos contextos” (Vinthagen, 2021, p. 33). Como demuestra Martínez (2016), el enfoque de no la violencia: 1) reposiciona a víctimas y sociedad civil como sujetos políticos centrales; 2) desnaturaliza la utilidad de la violencia como estrategia política; 3) valora estrategias simbólicas de resistencia que se desarrollan en los márgenes y; 4) concibe la paz como transformación radical de las estructuras que alimentan el conflicto. Con ello, resulta pertinente para evidenciar cómo la búsqueda de personas desaparecidas se configura simultáneamente como una forma de denuncia pacífica y como un proceso de construcción de alternativas frente a la omisión del Estado.
Metodología y consideraciones éticas
Este artículo recupera los hallazgos obtenidos en un proyecto de investigación más amplio (Ramírez, 2024), sustentado en un estudio de caso único (Stake, 1998) que integró la revisión de notas de prensa, informes de la sociedad civil, materiales audiovisuales y comunicados difundidos a través de las redes sociales de la BNB e información recabada en entrevistas en profundidad. No obstante, el presente análisis recupera un subconjunto de cinco entrevistas en profundidad con actores solidarios que han participado en distintas Brigadas y han acompañado de cerca el trabajo de la REN.3
La selección de las y los informantes clave se realizó por medio de un muestreo intencionado (Patton, 2015) en función de su experiencia como brigadistas, especialistas y activistas en el campo de las desapariciones. Esta decisión respondió a la necesidad de contar con voces cercanas al desarrollo de la BNB, el acompañamiento de las familias en búsqueda y la defensa de derechos humanos, pero, sobre todo, al objetivo de dar cuenta no sólo de las discusiones académicas sobre el tema sino también del curso de las prácticas de resistencia y los procesos organizativos del ejercicio en cuestión.
El instrumento de recolección de datos incluyó diez preguntas, agrupadas en los siguientes temas: a) dinámicas de organización y movilización colectiva; b) interlocución con las autoridades gubernamentales y respuesta estatal; c) alcances, obstáculos y expectativas sobre la evolución de los procesos de búsqueda. Las participantes dieron consentimiento verbal y escrito para que las conversaciones fueran grabadas, pero debido a la complejidad y la sensibilidad de los temas abordados, se planteó de mutuo acuerdo omitir los nombres y cualquier otro identificador para salvaguardar la integridad de las brigadistas.
En complemento de lo anterior, se analizaron otros materiales producidos y difundidos por la comisión de comunicación y medios de la BNB, entre ellos las Guías del buen brigadista que contienen información sobre la organización, las actividades, los protocolos de documentación y seguridad; los Informes Finales de las intervenciones, los cuales documentan el desarrollo de cada uno de los ejes de trabajo, sus logros, actividades pendientes y desafíos; y finalmente, el documental Así buscamos, así amamos, presentado en redes sociales (Facebook y YouTube) por primera vez el 29 de agosto de 2023 en el marco de las actividades por el Día internacional contra la Desaparición Forzada (Serapaj México, 2023).
Al tratarse de una investigación exploratoria, el análisis de la evidencia empírica se realizó mediante la codificación abierta de los datos, procurando identificar los medios, las estrategias y los objetivos particulares de cada una de las intervenciones. La discusión incorpora tres rubros: 1) búsqueda y localización de personas desaparecidas; 2) exigencias de verdad y justicia; y 3) acciones para la preservación de la memoria y construcción de paz. Estos rubros reflejan la escala, coordinación, objetivos y dirección de las acciones de resistencia (Hollander & Einwohner, 2004), al tiempo que se alinean con principios como la legitimidad moral, el diálogo con los adversarios, la autonomía y el fortalecimiento de vínculos sociales (Chenoweth & Stephan, 2008), ofreciendo un marco integral para analizar las dinámicas de resistencia civil frente a las desapariciones.
La elección de la BNB como caso de estudio se fundamenta principalmente en su carácter emblemático como ejercicio de resistencia civil y no violencia a gran escala, que integra la participación de un amplio espectro de actores, desde familiares de personas desaparecidas hasta especialistas en derechos humanos, artistas, comunidades de fe, entre otros. Como se presenta a continuación, su modelo de trabajo destaca por integrar acciones de búsqueda en terreno -tanto en vida como en muertecon estrategias de incidencia política, interlocución con las autoridades, sensibilización y articulación comunitaria orientada a la construcción de memoria y paz. A continuación, se expone la trayectoria de este ejercicio y se analizan los avances y limitaciones que han surgido durante estos procesos.
La trayectoria de las Brigadas Nacionales de Búsqueda
La Brigada Nacional de Búsqueda es el ejercicio autónomo de resistencia civil pacífica y modelo de búsqueda a cargo de la Red de Enlaces Nacionales (REN, 2021). Esta iniciativa surge en 2014 por convocatoria de un grupo de familiares que previamente habían coincidido en las caravanas convocadas por el Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad (MPJD),4 con el fin de generar un espacio de articulación nacional dedicado a encontrar y regresar a casa a todas las personas desaparecidas y con ello “generar un quiebre en las estrategias de búsqueda y producir un impacto sustantivo en la percepción del tema tanto en la sociedad, como en la opinión pública y el Estado” (Martos & Jaloma, 2017, p. 103).
Entre 2016 y 2022 la BNB ha llevado a cabo siete intervenciones en cuatro estados de la república tal como se muestra en la siguiente figura:
En comparación con otros ejercicios de búsqueda, la BNB se distingue por su identidad moral, sustentada en una estrategia de no violencia y lucha social orientada hacia la construcción de paz y la reivindicación de la dignidad humana. De acuerdo con Ameglio (2021), es también un acto de no cooperación frente a la simulación y negligencia de las autoridades que se ha llevado a cabo a pesar de las amenazas y presiones de actores estatales y no estatales para impedir su realización. Desde sus inicios el conjunto de acciones que despliega la BNB se ha conducido por un enfoque humanitario que no se limita a buscar y localizar a las víctimas o a exigir justicia por canales institucionales, sino también a crear espacios de diálogo y sensibilización dirigidas a la transformación de aquellas estructuras que permiten el ejercicio y reproducción de la violencia y la impunidad.
El modelo de búsqueda de la BNB se divide para su ejercicio como lo muestra la Tabla 1, en seis ejes de trabajo que articulan dos lógicas complementarias: la intervención humanitaria y la prevención y sensibilización frente a las desapariciones.
Tabla 1 Modelo de búsqueda de la BNB
| Lógica | Procesos | Objetivos | Ejes de trabajo | Actividades |
| Intervención humanitaria | Búsqueda, localización, identificación y restitución digna | Encontrar y regresar a sus familias a todas las personas desaparecidas | - Búsqueda en campo - Búsqueda en vida - Identificación forense | - Talleres de capacitación e intercambio de saberes |
| - Documentación de los casos | ||||
| - Análisis del contexto e identificación de riesgos | ||||
| - Rastreo en terreno y visitas a diferentes centros | ||||
| - Vigilancia y seguimiento de los hallazgos | ||||
| Prevención y sensibilización | Incidencia política | - Vinculación y diálogo con las autoridades para generar acuerdos | Interlocución y sensibilización | - Mesas de trabajo interinstitucionales |
| - Sensibilizar y humanizar a las autoridades | - Coordinación para la seguridad y acompañamiento en campo | |||
| - Capacitación a funcionarios de los tres niveles de gobierno | ||||
| Construcción de paz y preservación de la memoria | - Fortalecer los vínculos de solidaridad y empatía entre las comunidades | - Iglesias y comunidades de fe | - Celebraciones y actos públicos (ceremonias religiosas, bendiciones ecuménicas, caminatas de paz) | |
| - Dignificar social y políticamente la memoria de las personas desaparecidas | - Escuelas | - Presentación de testimonios de familiares | ||
| - Presentaciones y talleres artísticos para fomentar la paz |
Fuente: elaboración propia con base en los informes de la BNB (REN, 2020; 2022).
Como puede apreciarse, la BNB se orienta a fortalecer a distintas comunidades por medio de la resistencia, el intercambio colectivo y horizontal, y el trabajo en red. Para poder articular las actividades anteriormente señaladas el trabajo también se distribuye entre distintas comisiones, entre estas destacan la de comunicación y medios, de atención psicosocial y de seguridad, cada una de ellas centrada en atender las necesidades de las familias y colectivos locales.
Otra cualidad distintiva de este modelo de trabajo es la centralidad que otorga a las necesidades y desafíos específicos de cada contexto. En ese sentido, tanto la planeación como el diseño de las metodologías de trabajo se llevan a cabo con un enfoque comunitario. De esta manera, cada acción de búsqueda tiene como finalidad “potenciar y diagnosticar las capacidades de todas las formas de búsqueda realizadas por las familias locales” (REN, 2020, p. 6). Por ello la BNB más que irrumpir en las dinámicas de búsqueda locales, pretende acompañar, intercambiar conocimientos y aprender de manera colectiva, involucrando a diversos actores sociales en el proceso.
Asimismo, la planificación y el trabajo previo son fundamentales para identificar los riesgos y alcances de cada intervención. Estas discusiones tienen lugar en distintos momentos y espacios, entre los que destacan los Encuentros Nacionales de la REN y los trabajos de avanzada. Los encuentros son espacios de reflexión y sistematización de las experiencias colectivas (REN, 2020), donde se analizan y evalúan los avances y retrocesos de las intervenciones realizadas. Por su parte, los trabajos de avanzada incluyen actividades como la elaboración de protocolos de seguridad, la recopilación de información, la planificación de las salidas a campo, la realización de talleres de capacitación e intercambio de saberes para las brigadistas, entre otras. Estas acciones permiten “preparar el terreno” y garantizar las condiciones logísticas y operativas necesarias para llevar a cabo las búsquedas (Martos & Jaloma, 2017).
A pesar de que se trata de un ejercicio autónomo, la estrategia de interlocución política con las autoridades ha sido cada vez más indispensable, no solo para gestionar el acompañamiento y la protección de las brigadistas en campo, sino también para generar acuerdos y compromisos que prevengan que las autoridades evadan sus responsabilidades durante las intervenciones (REN, 2022). A lo largo de estos acercamientos entre ambos actores, se identificó la necesidad no solo de generar consensos, sino también de concientizar y capacitar a las autoridades, especialmente a nivel local. Esto se debe a que, por desconocimiento o negligencia, muchas de ellas se convertían en perpetradoras directas o indirectas de la desaparición. Fue así como, a partir de la quinta Brigada, comenzó a implementarse el eje de sensibilización dirigido a autoridades y fuerzas de seguridad locales.
En suma, la BNB ha consolidado un modelo de búsqueda innovador y complejo en respuesta a las desapariciones y la violencia en el país. A través de su aproximación sociopolítica por medio de la resistencia civil pacífica, la no violencia y la construcción de paz, ha logrado articular esfuerzos colectivos que combinan la intervención humanitaria con la sensibilización y la incidencia política. Su estructura interna, distribuida en ejes de trabajo y comisiones, refleja el compromiso con las necesidades de las familias y las comunidades locales, priorizando el intercambio de saberes y la colaboración horizontal. Además, como se discutirá más adelante, su capacidad para adaptar la búsqueda a contextos adversos, gestionar riesgos y establecer diálogos estratégicos con las autoridades -a pesar de las tensiones y limitaciones que estos acercamientos puedan producir-, pone en evidencia la trascendencia que ha sostenido como un espacio de empoderamiento colectivo y transformación social. Es igualmente importante destacar que, al desafiar las estructuras de impunidad y violencia, se reivindica la dignidad humana y se tejen redes de solidaridad que fortalecen la lucha por la justicia, la verdad y la memoria.
Avances y desafíos de la búsqueda bajo la resistencia civil
A partir del examen de las acciones impulsadas durante las intervenciones de la BNB, es posible identificar los alcances y limitaciones que han dado forma a este ejercicio autónomo de búsqueda. Siguiendo a Martos & Jaloma (2017), estos procesos no han seguido una trayectoria lineal sino más bien compleja, donde la acumulación de experiencias y el intercambio de saberes han sido moldeados por tensiones que afectan tanto el ritmo como la dirección de las búsquedas.
En primer lugar, la BNB se ha consolidado como un referente a nivel nacional e internacional en la búsqueda de personas desaparecidas, destacándose por su capacidad para responder de manera integral a un conflicto vigente. De acuerdo con los testimonios recabados, su principal estrategia radica en generar presión social y política, así como en la autoridad moral que tienen las familias como víctimas indirectas de la desaparición y defensoras de derechos humanos. Como señaló un participante, “la capacidad de hallazgo y localización ha generado procesos de formación de opinión pública, presionando a los gobiernos para que cumplan los acuerdos, apoyen y hagan parte del trabajo que les corresponde” (P1, comunicación personal, 28 de agosto de 2023). De esta manera, la búsqueda no se enfoca exclusivamente en localizar a las víctimas, sino también en visibilizar la problemática y obligar a las autoridades a responder ante las demandas ciudadanas. Esta orientación en las acciones se alinea con los principios de la resistencia civil, donde la presión moral y la visibilización de las injusticias configuran herramientas clave para desafiar las relaciones asimétricas de poder. Además, como se mencionó anteriormente, la no violencia también se manifiesta en la construcción de un discurso ético que interpela tanto a las autoridades como a la sociedad en su conjunto.
Del mismo modo, la BNB ha mostrado una notable capacidad para articular esfuerzos colectivos con actores clave en distintos niveles, desde comunidades locales hasta instituciones públicas. Una de las entrevistadas refirió por ejemplo que “las iglesias han sido aliadas importantes a nivel local porque brindan condiciones de seguridad y apoyo logístico para las búsquedas” (P2, comunicación personal, 28 de agosto de 2023). No obstante, esta estrategia no se limita a la vinculación con actores no estatales pues cada vez ha ido creciendo el acercamiento con funcionarios públicos, quienes en ocasiones se muestran dispuestos a facilitar el acceso a recursos o información. Así lo sostiene una de las entrevistadas:
“Al interior de las instituciones también hay actores que te abren la puerta, aunque son actores muy específicos que no representan a toda la institucionalidad pero que sí entienden y saben cómo activar ciertos botones. Aunque la mayoría de las veces es discrecional y yo creo que es un asunto que tiene que ver con la convicción ideológica y la trayectoria política de cada uno de estos funcionarios” (P5, comunicación personal, 23 de febrero de 2024).
Conforme a lo señalado en estudios anteriores (Falleti & Chávez, 2022; Martos & Jaloma, 2017), una de las mayores conquistas de la BNB ha sido el fortalecimiento de la agencia de las familias, lo que les ha permitido transformar el dolor y el agravio en movilización social y acciones colectivas. Como señaló una participante: “pasar del caso individual al plano colectivo ha sido un acto de empoderamiento y toma de conciencia política” (P3, comunicación personal, 15 de noviembre de 2023). De este modo, el acompañamiento integral articulado en torno a espacios de diálogo y apoyo mutuo también ha fortalecido la resiliencia y crecimiento personal, que después se comparte en colectivo.
En ese sentido, la BNB ha sido un espacio de escucha, de construcción de confianza y diálogo recíproco, dentro del cual las familias aprenden a interpelar a distintos actores para dar consecución a sus objetivos. Así “las intervenciones han permitido a las familias conocer y hacer valer sus derechos, al mismo tiempo que construyen paz y vinculación comunitaria” (P4, comunicación personal, 16 de febrero de 2024). Asimismo, la reafirmación constante de autonomía es un claro ejemplo de cómo la resistencia civil incentiva la transformación de los individuos en agentes de cambio social y político.
Por otro lado, desde sus inicios, la BNB se ha concebido como una escuela de búsqueda, donde las familias pueden intercambiar saberes, conocimientos técnicos y otras habilidades. Como destacó una de las participantes:
“La Brigada ha sido una escuela de la vida y del dolor […] el desarrollo de los ejes de trabajo también es resultado de esa identificación de necesidades, del impulso de acompañar y aprender basado en el diálogo, la construcción colectiva y del acompañamiento en distintos frentes […] vemos como las familias sin experiencia técnica de trabajo en campo o socialización política previa, han logrado romper el paradigma de la búsqueda ciudadana y desde ahí han ido creciendo esa grieta” (P3, comunicación personal, 15 de noviembre de 2023).
Además, la BNB ha integrado distintas formas y modalidades de búsqueda, consolidando con ello un enfoque de trabajo desde la horizontalidad. Tal como refiere la siguiente brigadista:
“Algo que socialmente pasa y es común, es que las personas tengan diferentes miradas sobre la búsqueda y en ese sentido, la BNB no es excluyente de otras formas de buscar, sino que procura incorporarlas a todas. Por eso antes de cada Brigada también hay que generar consensos. El trabajo previo tiene que ver en primer lugar, con poder generar condiciones organizativas entre los colectivos para que el ejercicio sea bien recibido y después también gestionar eso con las autoridades” (P1, comunicación personal, 28 de agosto de 2023).
Estos hallazgos reafirman lo que estudios previos habían señalado (Falleti & Chávez, 2022) ya que la flexibilidad frente a las necesidades de las familias y la adaptación a las características de cada contexto han sido piezas fundamentales en el avance de este ejercicio. En ese sentido, lo que se manifiesta es el esfuerzo creativo y estratégico por parte de las brigadistas para afrontar los condicionamientos y desafíos que se presentan en los diferentes contextos y discrepancias en cada una de las entidades, las cuales van desde las características geográficas del terreno hasta la disponibilidad de espacios para realizar diversas actividades como presentaciones artísticas, pláticas de sensibilización, celebraciones ecuménicas, entre otras.
Sin embargo, estos avances coexisten con desafíos significativos, como la persistencia de la impunidad, el desgaste psicoemocional y físico de las familias, y la rutinización del ejercicio de búsqueda. Estos retos no solo reflejan las fallas -absolutas o parcialesde las respuestas estatales, sino que también evidencian los dilemas inherentes a la resistencia civil, principalmente, la tensión entre mantener la autonomía y establecer proximidad con las autoridades, así como la contradicción entre la urgencia de impulsar un enfoque humanitario de búsqueda y las exigencias formales de las investigaciones judiciales.
Por un lado, el despliegue de un modelo de búsqueda con estas características requiere para su ejercicio, un conjunto de condiciones materiales, logísticas y administrativas que implican generar múltiples acuerdos con diferentes actores. Sin embargo, como relató una participante, “a veces logramos convencer a las autoridades, logramos romper el miedo, para después darnos cuenta de que en realidad el municipio o el Estado no tiene las herramientas ni el personal para responder a las solicitudes” (P2, comunicación personal, 28 de agosto de 2023). Con ello, la falta de recursos y capacidad de respuesta del gobierno no solo limita la eficacia de las iniciativas, también conduce a las brigadistas a implementar soluciones creativas que permitan hacer frente a estas barreras.
Al respecto, un testimonio declaró:
“No necesitamos firmar acuerdos en papel y esperar a los tiempos institucionales. Tenemos distintos niveles de disrupción. Sí hay un acercamiento con diálogo y se llegan a aceitar los canales de comunicación, pero también hay un tipo de diálogo que es más informal y que no es mediático, porque hemos aprendido a interpelar a las autoridades, a ganarnos su confianza y a reforzar nuestra legitimidad. Claro que cuando estos canales no están abiertos y las demandas no son atendidas, tenemos que recurrir a otras acciones más disruptivas. Por eso es por lo que tienden a fluctuar las acciones de la BNB según la respuesta de las autoridades y según el momento. Tenemos que evaluar qué podemos lograr con cada acción, cuáles son los riesgos y qué tipo de respuesta vamos a recibir. Es una ida y vuelta de interacciones” (P4, comunicación personal, 16 de febrero de 2024).
Como puede notarse, esta tensión también radica en la necesidad de colaborar con las autoridades sin depender exclusivamente de ellas; uno de los efectos “no planeados” de la institucionalización de estos procesos. Como se discutirá más adelante, la gestión de recursos, apoyo y coordinación con el Estado -en términos de provisión de insumos, transporte y acompañamiento de las fuerzas de seguridad en campose ha vuelto cada vez más indispensable para llevar a cabo un ejercicio que demanda capacidades operativas y logísticas cada vez mayores. Pese a esta interdependencia, la BNB salvaguarda su autonomía sustantiva: las familias conservan el control sobre las estrategias de búsqueda, los criterios de acción y la organización interna, evitando así que la colaboración institucional se traduzca en dependencia operativa o política.
Aunado a lo anterior, la interlocución con las instancias gubernamentales es un proceso complejo que, en ocasiones, requiere adaptarse de manera efectiva a los contextos, situaciones y desafíos que en estas gestiones se presenten. Con el paso del tiempo, debido a la sofisticación del ejercicio y a la creciente diversificación normativa e institucional relacionada con la creación de instancias especializadas de búsqueda (De Pina, 2024), la BNB ha tenido que llevar a cabo mayores gestiones, pues como se mencionó, la búsqueda ya no se limita a las salidas a campo, sino que incluye actividades artísticas y recreativas, ejercicios de sensibilización con autoridades, ceremonias religiosas y ecuménicas, entre muchas otras, como explicó un entrevistado:
“Esto llega a ser desgastante porque ahora hay que hacer muchas más gestiones, aunque eso nos ha llevado a aprender a tocar distintas puertas… no siempre es fácil porque es bien sabido que la coordinación entre autoridades a nivel municipal, estatal o federal es un caos. Luego casi siempre a nivel local te encuentras que hay una alta rotación de personal en las instituciones y eso nos obliga a volver a dialogar, sensibilizar y generar empatía, todo eso es como volver a comenzar” (P5, comunicación personal, 23 de febrero de 2024).
Los testimonios evidencian que la BNB articula su acción colectiva mediante la combinación de un posicionamiento político basado en la resistencia civil no violenta con un enfoque práctico adaptable a necesidades concretas. Así, su estrategia trasciende posturas rígidas de no cooperación, integrando diversos modos de acción según cada contexto: desde la negociación con autoridades para agilizar búsquedas, hasta la movilización pública para visibilizar su causa, pasando por el rechazo activo a ordenamientos legales considerados injustos. Esta adaptabilidad surge de un marco operativo que considera indispensables tres factores clave: 1) las necesidades específicas de las familias; 2) las particularidades de cada comunidad y territorio intervenido, y; 3) la naturaleza de las respuestas institucionales recibidas.
Otro desafío de gran envergadura corresponde a los riesgos de seguridad inherentes a los procesos de búsqueda. De acuerdo con un comunicado de la BNB difundido en redes sociales,5 en el marco de la Séptima Brigada en Morelos, durante los trabajos correspondientes al Eje de Búsqueda en Campo y el Eje de Identificación, las familias fueron intimidadas por personas no identificadas que dispararon en repetidas ocasiones en el sitio de prospección. Luego del ataque, se activó el protocolo interno de seguridad y las actividades de búsqueda en campo fueron suspendidas para salvaguardar la integridad física de las participantes. En ese momento, se denunció la falta de compromiso de las autoridades con la vida, integridad y seguridad de las más de 150 familias que se sumaron al ejercicio, así como la ruptura de los acuerdos de seguridad que fueron generados antes de llevar a cabo las intervenciones. Frente a estos incidentes se ha confirmado que:
“Las familias siempre se encuentran expuestas a amenazas e intimidaciones y hay condiciones que son más complicadas que otras. Pero en cuanto a la seguridad, hay cosas que no se pueden predecir y que salen de nuestro alcance. Por eso, lo que queremos es transmitir que no buscamos culpables, sino reconstruir el tejido social por medio de la confianza, el acercamiento y la paz” (P3, comunicación personal, 15 de noviembre de 2023).
En conjunto, estas situaciones ponen en evidencia los riesgos a los que se encuentran expuestas las personas buscadoras y la falta de capacidades estatales para garantizar seguridad e integridad a quiénes, en el ejercicio de su autonomía, deciden salir a buscar a sus seres queridos. Pese a estas circunstancias, la BNB ha destacado la importancia de seguir por la ruta de la no violencia como estrategia para avanzar en la construcción de paz, reforzando con ello el compromiso ético y moral de su lucha.
Adicionalmente, se ha observado que, dados estos desafíos, las familias y colectivos de búsqueda tienden a enfrentar cada vez más, altos niveles de desgaste emocional y físico que, según las informantes, repercuten en la potencia y capacidad de ruptura que la BNB tenía en sus inicios. Esto no sólo afecta la capacidad para mantener una participación activa, sino que también pone en juego la sostenibilidad del ejercicio en el largo plazo. Un participante comentó que:
“Del lado de las víctimas el desgaste ya ha estado cobrando factura en la movilización porque presionar al Estado para que haga su trabajo es sumamente cansado. Afortunadamente han surgido más redes y ya hay movilización en otros lados, pero creo que es un buen momento para evaluar cómo el modelo está funcionando y por dónde tiene que seguir” (P5, comunicación personal, 23 de febrero de 2024).
Como puede notarse, para las brigadistas no ha sido sencillo mantener los mismos niveles de disruptividad que caracterizaron las primeras intervenciones -entendido como la capacidad para fracturar el silencio y el olvido frente a la violencia y las desaparicionesy el compromiso de seguir innovando y adaptándose a los desafíos que surgen con el paso del tiempo, como sucede con la “rutinización, apropiación del lenguaje de la Brigada e incluso con la normalización a nivel social del ejercicio” (P1, comunicación personal, 28 de agosto de 2023).
El desgaste, por tanto, no solo se manifiesta a nivel individual sino también colectivo. Ante esta situación, las familias y personas solidarias que integran la BNB buscan constantemente reinventarse, explorando nuevas formas de mantener la presión institucional y visibilizar públicamente las desapariciones. No obstante, estos esfuerzos adicionales -sumados a los factores antes mencionadosplantean una reflexión crítica sobre la sostenibilidad del modelo y la necesidad de fortalecer los apoyos mutuos para garantizar la continuidad del trabajo sin que disminuya su capacidad transformadora.
Reflexiones finales
Este artículo ha mostrado cómo los ejercicios autónomos de búsqueda articulan dos enfoques complementarios: la intervención humanitaria, como respuesta a la inacción estatal, y la sensibilización ante la deshumanización de las víctimas, que desafía narrativas que jerarquizan el valor de las vidas (Butler, 2021). En este marco, la BNB ejemplifica cómo la resistencia civil no violenta se convierte en una herramienta política para interpelar al Estado y a la sociedad, construyendo alternativas éticas frente a condiciones estructurales que durante décadas han invisibilizado o minimizado las dimensiones de esta problemática.
En este escenario donde estructuras criminales -incluso en complicidad con autoridadescontrolan los mecanismos de la violencia, la resistencia civil trasciende la dimensión reactiva. Su verdadero valor no se limita a la potencia discursiva, sino que reside en la capacidad para crear espacios permanentes de acción colectiva donde se disputan y reinterpretan activamente la verdad, la memoria y la justicia. Así, este modelo de búsqueda, de esencia humanitaria y profundamente política, reconfigura los márgenes de acción posibles al demostrar que la agencia de las familias persiste y se fortalece precisamente frente a contextos adversos.
Como se señaló, la BNB opera también como escuela de saberes (Falleti & Chávez, 2022), donde los actores desarrollan habilidades técnicas y políticas que les permiten trascender la condición de pasividad que se les ha asignado en su condición de víctimas. Al fortalecer las capacidades de agencia, no solo exigen derechos adquiridos (Gallagher, 2023), sino que redefinen su papel en la lucha contra la impunidad. Este proceso evidencia que la búsqueda de personas desaparecidas es, simultáneamente, un acto de reparación simbólica y un mecanismo de transformación social.
No obstante, uno de los principales desafíos a los que se enfrenta la BNB radica en mantener la capacidad disruptiva del ejercicio al tiempo en el que hay un mayor acercamiento y coordinación con las autoridades estatales. Esta tensión se ha visto agudizada por el creciente desarrollo del aparato burocrático en torno a la búsqueda, lo cual ha dificultado encontrar un equilibrio entre la autonomía del grupo y la necesidad de cooperar de forma conjunta con las autoridades para avanzar en estos procesos.
Empero, si bien el desarrollo de este ejercicio dista de ser lineal, es importante destacar la capacidad de sus integrantes para innovar y adaptarse a contextos desafiantes. La creatividad y resiliencia han sido fundamentales en la evolución de este modelo, lo cual se hace evidente en la trayectoria de las brigadistas y en el desarrollo de los ejes de trabajo que lo componen. Además, detrás de cada uno de estos ejes, ha existido un esfuerzo exhaustivo por identificar las oportunidades, los desafíos y las necesidades específicas de las comunidades en las que se interviene. Por lo tanto, más allá de impulsar acciones concretas de búsqueda, esta iniciativa refleja un interés colectivo por promover herramientas de transformación focalizadas y a largo plazo. Con ello se demuestra que, tras la necesidad humanitaria de localizar a las personas desaparecidas, se suma el propósito de integrar una diversidad de perspectivas que contribuyan a la construcción de paz y a la consolidación de un tejido social más justo y solidario.
En conjunto, estos hallazgos plantean la necesidad de que futuras investigaciones evalúen la sostenibilidad del ejercicio y realicen un balance crítico del impacto cuantitativo y cualitativo de cada una de las intervenciones. En ese sentido, será crucial continuar profundizando en los contrastes entre la autonomía y la resistencia civil frente a un mayor acercamiento y diálogo con las autoridades, así como los efectos del desgaste físico y emocional no sólo en el impulso de las acciones colectivas sino también en la propia trayectoria del grupo y de cada una de sus integrantes.
Finalmente, resulta fundamental analizar los alcances y limitaciones de la resistencia civil frente a las desapariciones, no solo para plantear preguntas críticas sobre la agencia social y política de los familiares y personas solidarias que les acompañan, sino también para abonar a los esfuerzos de documentación y construcción de memoria histórica en torno a estos procesos desde la academia. Bajo esta perspectiva, la BNB nos recuerda que para construir respuestas colectivas en contextos de adversidad es indispensable fijar objetivos éticos y políticos que sitúen valores como la dignidad humana y la construcción de paz en el núcleo de cualquier iniciativa que tenga por objeto resarcir los efectos de las graves violaciones a derechos humanos en México y en distintas latitudes.










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