Los estudios arqueológicos en San Lorenzo han sido diversos, fructíferos; sus resultados han generado publicaciones de enorme valor que han ayudado a la comprensión de este asentamiento olmeca. La lítica tallada, no podía ser la excepción, complementa el corpus de publicaciones sobre este asentamiento el libro Percusión y presión. La lítica tallada de los olmecas de San Lorenzo, de Kenneth G. Hirth y Ann Cyphers, cuyo propósito es dar a conocer el resultado del estudio del material recuperado, no sólo en la meseta alta de San Lorenzo, sino también en su llamado hinterland.
Conformado por nueve capítulos y cuatro anexos, el libro aborda una pequeña porción de la economía olmeca, en este caso, la economía lítica. Por lo anterior, el texto se enfoca en aspectos como la obtención, distribución, transformación y utilización en contextos domésticos e institucionales.
En su capítulo introductorio se tratan temas básicos relacionados con la necesidad del uso de la obsidiana y el pedernal, esto es ¿cómo la demanda por usar filos cortantes en actividades domésticas e institucionales resultó en la utilización de una tecnología reductiva para producir estos filos?, cuyo proceso de manufactura, hoy en día, puede ser reconstruido por los arqueólogos. Además establece otros aspectos como lugares de producción, participantes, obtención de materia prima y su transporte a través de las nacientes redes de intercambio, las cuales propiciaron una primera red de interacción regional en épocas tan remotas como el preclásico temprano.
Para entender mejor el desarrollo del libro, el capítulo uno contextualiza el caso de estudio, San Lorenzo, ubicándolo en tiempo, espacio, recursos existentes, desarrollo social y político, entre otros rasgos más. Para ello se destacan los siguientes aspectos: su posición privilegiada en un islote donde se estableció el asentamiento principal San Lorenzo en el centro, y dos centros menores llamados Tenochtitlan al norte y Loma del Zapote al sur, los cuales, al parecer, fueron sus competidores en épocas tempranas. Este islote, el más alto de una región inundable en época de lluvias, permitió solventar precisamente problemas de inundaciones, la explotación de humedales y acceso a una serie de ríos que le posibilitaron el transporte y la obtención de recursos vía marítima. De sus seis fases de ocupación, destaca la fase San Lorenzo "B", entre el 1200 y el 1000 aC, cuyo momento representa el mayor desarrollo del asentamiento. Es en este tiempo cuando se aprecia la más importante ocupación en la isla con alrededor de 20 000 habitantes distribuidos en un área aproximada de 775 hectáreas; se observa en la parte sur de la isla, en Loma del Zapote, la presencia de infraestructura portuaria por donde llegaron mercancías vía marítima y en donde sobresale el llamado Puerto Malpica, importante lugar para lo que se refiere a la lítica tallada, ya que en este espacio se descubrió un taller de navajas de obsidiana. La complejidad e importancia de San Lorenzo en dicha época se reflejó en su escultura monumental en piedra, la cual destacó por ser la más grande (tronos y cabezas colosales), dejando en claro su posición jerárquica en toda la región. En San Lorenzo, la jerarquía social se aprecia claramente en el asentamiento, los gobernantes en la cima y los de menor rango se fueron estableciendo descendentemente en la isla y así sucesivamente hasta los más alejados del centro que representaron a la gente común.
De igual forma, en dicha fase se aprecia claramente una economía de subsistencia mixta donde la recolección, la caza, la pesca, el cultivo de raíces, de maíz (aún en pocas cantidades) y la arboricultura constituyeron la dieta principal de la población olmeca. Entre otros de los recursos destacados se encontraban buenas arcillas para elaborar vasijas y figurillas, pigmentos rojos para diversos usos, fibras naturales para la elaboración de cuerdas, betún para el sellado de canoas y para iluminar con antorchas, además de plumas de aves exóticas y pieles obtenidas de mamíferos, entre otros productos más.
No todos los objetos usados en San Lorenzo se obtuvieron en el área de la isla y su hinterland, varios de ellos tuvieron que ser adquiridos de otras regiones muy alejadas. Un ejemplo de ello fue el basalto con el que se elaboraron las cabezas colosales y los tronos, el cual tuvo que ser traído desde el Cerro Cintepec y el Llano del Jícaro, en la región de los Tuxtlas. Entre otros objetos descubiertos y elaborados en materias primas no existentes en el área destacan la ilmenita, la piedra verde, la mica, los minerales ferrosos, el pedernal y otros más, pero sobre todo la obsidiana.
Descubierto en una de las tres bahías que sirvieron de puertos para San Lorenzo, Puerto Malpica (también llamado herradura o puerto 2), el único taller de obsidiana descubierto en este sitio olmeca es el más antiguo hasta ahora registrado en Mesoamérica, cuya industria lítica de percusión y presión es tema del segundo y tercer capítulo del libro. Aunque no toda la lítica tallada descubierta en el sitio olmeca proviene de ese taller, ya que fue establecido a partir de la fase San Lorenzo "B" (1200 a 1000 aC). Se observó a partir de un análisis denominado "tecnología lítica", en donde se separó y clasificó el material en categorías analíticas, que su producción y uso se podía ligar a los desechos líticos y a los artefactos terminados con comportamientos y secuencias determinadas, los cuales participaron en el proceso de manufactura y utilización de los instrumentos; esto es lo que se conoce como industria lítica. Además, los autores emplearon como apoyo al estudio técnicas analíticas que indican características específicas del material como la corteza o la pátina (análisis diacrítico), reacondicionamiento de artefactos y la replicación experimental (reconstrucción de secuencias de manufactura). Por lo anterior, en San Lorenzo fueron identificadas tres industrias que incluyeron: el tallado de obsidiana por percusión, la producción de navajas de presión y el tallado por percusión de pedernal. En la percusión se observó que se utilizaron dos tipos: la percusión directa y la percusión bipolar. La primera consistió en el uso de un utensilio blando o duro para dar un golpe directo que permitió la obtención de lascas; mientras que en la percusión bipolar, el material a trabajar se colocó sobre una superficie dura que sirvió como yunque, logrando que la fuerza del golpe se dirigiera al interior de la masa de la materia prima.
Aunque se recuperaron fragmentos de pedernal y calcedonia, la obsidiana siempre fue el recurso más utilizado en San Lorenzo, del cual se obtuvieron lascas y navajas de percusión que fueron utilizadas como filos cortantes, además de bifaciales y navajas prismáticas. La obsidiana para elaborar dichos filos cortantes llegó como núcleo en forma de bloques angulares, algunas veces con corteza, de donde también se obtuvieron los núcleos prismáticos.
En las fases más tempranas de San Lorenzo (entre el 1800 y el 1200 aC), el tallado por percusión y la técnica bipolar para la elaboración de lascas o navajas utilizando pequeños nódulos fueron las técnicas más características del asentamiento olmeca, ya que se utilizaron en los contextos domésticos y no domésticos, hasta que gradualmente se cambiaron por la tecnología de navajas por presión y cuyas razones son expuestas ampliamente por los autores en el segundo capítulo, que para el público interesado se recomienda leer con detalle. Ese cambio que se destaca en San Lorenzo y que se plantea en el apartado anterior está precisamente representado en el taller Malpica que se aborda en el capítulo tres del libro. Malpica, explican los autores, se especializó en la producción de navajas prismáticas por presión a partir de la fase San Lorenzo "B" (1200 a 1000 aC). Para ello, la obsidiana que se adquiría con este propósito, llegó en bloques irregulares denominados "pre-núcleos", los cuales fueron transformados en el taller en núcleos de presión parciales utilizando una estrategia de producción progresiva. Esto es, se removieron navajas terminadas antes de que el núcleo de presión estuviera completamente formado, en lugar de una secuencial. Es decir, producir una preforma de núcleo usando percusión y transformarlo al remover las navajas prismáticas utilizando técnicas de presión. La técnica progresiva observada en San Lorenzo produjo núcleos de presión asimétricos de donde se extrajeron navajillas prismáticas de tercera serie por presión y de un sólo lado del núcleo, mientras que la otra parte no se modificaba. Sin embargo, en ocasiones se pudo observar que algunos de los núcleos medio cilíndricos fueron transformados en cilíndricos al extraer navajillas prismáticas en etapas tardías si era necesario.
Ahora, la materia prima que se obtuvo en forma de pre-núcleos de obsidiana fue adquirida a través de las redes de intercambio en San Lorenzo, ya que ésta no existe en la isla ni en su hinterland y es el tema del capítulo cuatro.
Para la determinación de procedencia de la obsidiana, se emplearon básicamente dos técnicas, activación neutrónica (Instrumental Neutron Activation Analysis [INAA] por sus siglas en inglés) y fluorescencia de rayos X (XRF) en una muestra de 1888 artefactos, donde los ejemplares fueron seleccionados de seis periodos de tiempo o fases. Como resultado de este análisis y del contexto donde se obtuvieron las muestras, se observó que la materia prima se obtuvo mediante intercambio indirecto y a través de las unidades domésticas de San Lorenzo, donde varias redes de intercambio operaron a través de relaciones sociocomerciales, moviéndose por intercambio o como regalo. La obsidiana, en general y para todas las fases de ocupación de San Lorenzo, provino de las principales fuentes existentes en México y Guatemala (12 en total, 10 en México y dos en Guatemala), donde en épocas tan tempranas como 1800 aC, no se puso tanta atención a la calidad del material para obtener filos cortantes, como lo fueron las lascas de percusión, sacadas de pequeños nódulos, y navajas prismáticas que para dicho tiempo se observan en muy poca proporción; lo que perduró hasta por lo menos el 1200 aC. No obstante, en esta primera fase de ocupación en San Lorenzo fase Ojochi se tuvo preferencia por tres de los cuatro yacimientos de obsidiana observados para el momento: Pico de Orizaba y Guadalupe Victoria en México (Zaragoza Oyameles es el otro, pero fue el menos usado) y el Chayal en Guatemala. Durante la siguiente fase Bajío (entre 1600 y 1500 aC), se apreció una predilección por la obsidiana de Guadalupe Victoria, del Chayal y de Pico de Orizaba. En la fase Chicharras (1500-1400 aC), se observa un aumento en el número de fuentes ya empleadas en San Lorenzo; ahora se utiliza materia prima de siete fuentes donde se incluyen las antes citadas (Guadalupe Victoria, Chayal, Pico de Orizaba y Zaragoza Oyameles), además de Paredón, Otumba y Ucareo. Se continuaron elaborando lascas de percusión y se observó un aumento significativo en el uso de navajas prismáticas; las cuales llegaron por intercambio, no hechas en San Lorenzo, elaboradas en obsidiana de Paredón, Chayal, Otumba y Zaragoza Oyameles. Para el 1400 y el 1200 aC fase San Lorenzo A, fueron identificadas cuatro fuentes más, dos de Guatemala, Ixtepeque y Jilotepec, y dos de México, Altotonga y Zacualtipan, aunque se mantiene el uso de materia prima procedente de Guadalupe Victoria y el Chayal. También se aprecia un importante aumento del uso de navajas prismáticas procedentes de Paredón, Ucareo, Zaragoza Oyameles, Otumba, Chayal y Guadalupe Victoria, todas obtenidas mediante intercambio o como regalo; las lascas de percusión y esta técnica siguen predominando en San Lorenzo. El siguiente momento significó un parteaguas en la producción de artefactos en el asentamiento olmeca, es en San Lorenzo "B" cuando las navajas de obsidiana comenzaron a elaborarse por presión en el taller de Puerto Malpica y la demanda por la obtención de obsidiana de mejor calidad se incrementó, sobre todo la procedente del Altiplano Central mexicano (Ucareo, Paredón, Otumba y Zaragoza Oyameles). En la última etapa de desarrollo de San Lorenzo fase Nacaste, entre el 1000 y el 800 aC, se observó un decremento en el tamaño del sitio y pérdida de importancia a nivel regional, se continuó incrementando el uso de navajas prismáticas llegando incluso a igualarse en porcentaje con el uso de las lascas de percusión en contextos domésticos y no domésticos. El uso de yacimientos como Guadalupe Victoria, que comenzó a declinar desde la fase anterior, siguió su descenso y se observó un ascenso en uso de la materia prima de Chayal y Paredón para elaborar, sobre todo, lascas de percusión. Las navajillas prismáticas continuaron elaborándose mediante presión en materia prima procedente de Ucareo, Otumba, Paredón y Chayal. Ahora, ¿cuáles fuentes de obsidiana proveyeron al taller de Puerto Malpica y qué se trabajó específicamente en este lugar?, eso es tema del capítulo cinco.
En el taller Malpica, las materias primas más utilizadas fueron traídas de los yacimientos de Ucareo y Chayal, con ellas se elaboraron la mayor parte de las navajas prismáticas con las que San Lorenzo se abasteció, lo que no ocurrió en fases anteriores, ya que éstas fueron sólo producto del intercambio. De igual forma, la obsidiana continuó llegando en pre-núcleos que fueron modificados en el taller a través de la reducción progresiva para la elaboración de núcleos y navajas prismáticas. La materia prima y otros productos más fueron transportados precisamente al puerto Malpica, uno de los tres existentes en el extremo sur de la isla de San Lorenzo. La obtención de la obsidiana, presumen los autores, no fue de manera centralizada ni mancomunada, ya que de haber sido así, esto se hubiera traducido en número restringido de fuentes de obsidiana.
La distribución y consumo de la lítica tallada en San Lorenzo, tema del capítulo seis, mostró que la variabilidad descubierta en los contextos de consumo en la isla exhibió que los nódulos utilizados para la percusión fueron distribuidos en las unidades domésticas a través del intercambio informal y descentralizado. Había una variedad de relaciones de intercambio entre amigos y socios lo cual permitió movilizar, distribuir y obtener recursos que regularmente eran consumidos a nivel doméstico. Por lo ya mencionado, se mostró que en San Lorenzo existió una diversidad de fuentes de obsidiana desde las primeras fases de ocupación Ojochi y Bajío, cuyas distancias al centro olmeca eran amplias y que, de no haber tenido este tipo de relaciones, la obtención de obsidiana hubiera sido restringida y poco variable. Lo anterior, queda demostrado con el aumento gradual de la diversidad de fuentes y la presencia de nódulos para el tallado por percusión y elaboración de navajillas, lo que es evidente, a nivel de los contextos individuales, no sólo de los grupos de elite, sino también en las zonas alejadas del núcleo central de la San Lorenzo. La distribución de las navajas prismáticas producidas por presión en el taller Malpica hacia la población olmeca en general es tema del capítulo siete.
El taller Malpica habilitado para producir, sobre todo, navajillas prismáticas de tercera serie empleando obsidiana de los yacimientos de Ucareo y Chayal, abastecieron a los habitantes de la isla a partir de la fase San Lorenzo "B". Sin embargo, no fue la única fuente. En los contextos arqueológicos se descubrieron navajillas prismáticas procedentes de otros yacimientos a los utilizados por el Taller Malpica, por lo que se siguieron obteniendo también a través del intercambio. Los autores plantean una hipótesis de cómo esta distribución pudo darse en la isla, para ello proponen un modelo de distribución dendrítica donde los productos son dados a individuos que tienen nexos sociales y económicos con los artesanos, además de aquellos personajes que recaudan los bienes para distribuirlos a otros (posiblemente mediante algún tipo de tributo o impuesto, como podría haber sido el caso de la obsidiana presente en el Palacio Rojo). Aunque Hirth y Cyphers reconocen que la hipótesis es una buena propuesta, ésta no puede explicar toda la variabilidad vista en el caso San Lorenzo. La aparición de un taller de navajillas prismáticas con mano de obra especializada y que se presenta en épocas tan remotas como el preclásico temprano es tema del octavo capítulo.
Parece ser, según los autores, que los artesanos que se involucraron en la producción de navajillas prismáticas en el Taller Malpica fueron artesanos que obraron de manera independiente y en su propio beneficio económico. El abastecimiento periódico de obsidiana a San Lorenzo dependía de la transportación suficiente de este material en las redes informales de intercambio, y su escasez comenzó a presentarse cuando la demanda aumentó por el crecimiento poblacional y la incapacidad de las redes de intercambio de cubrir la necesidad de materia prima. Las proporciones observadas para la isla así lo indican, sobre todo, para las fases San Lorenzo "B" y Nacaste. Aunque los nódulos de obsidiana para crear lascas de percusión siguieron llegando, estos no alcanzaron ya para cubrir las necesidades de filos cortantes entre las unidades domésticas. Eso llevó a la producción in situ, fundando un taller en Malpica y permitiendo a los consumidores otra manera de obtener filos cortantes, disparando también la adopción de otras tecnologías como la de núcleo-navaja de presión, que llegaron a reemplazar, casi por completo, la producción de instrumentos por percusión. Lo anterior implicó entonces que los artesanos de Malpica asumieran la responsabilidad de obtener la materia prima de forma regular y más eficiente.
El último de los capítulos, el nueve, hace un balance de lo expuesto en este libro, destacando el comportamiento económico de los contextos domésticos usando como ejemplo un solo producto, la obsidiana. Los autores señalan, además, cómo con un enfoque de distribución se pudo reconstruir la producción, circulación y consumo de herramientas de corte en San Lorenzo, además del poder establecer la obtención de esta materia prima de diversas fuentes a través de Mesoamérica. De igual forma, la creación y producción de un taller de obsidiana tan temprano en Malpica acaparó la atención de la investigación al tratarse del único ejemplo en Mesoamérica, hasta ahora, donde se produjeron navajas de obsidiana.
En suma, el libro Percusión y presión. La lítica tallada de los olmecas de San Lorenzo es un buen ejemplo del uso de diversidad de herramientas metodológicas de análisis y caracterizaciones químicas que pueden emplearse en otros ejemplos arqueológicos a lo largo de Mesoamérica, ya que nos acercan, con mayor certeza, a la comprensión de nuestro pasado.










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