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Fuentes humanísticas

versão On-line ISSN 2007-5618

Fuentes humanist. vol.36 no.69 Ciudad de México Jul./Dez. 2024  Epub 07-Nov-2025

https://doi.org/10.24275/xetm1700 

Artículos

Desafíos y oportunidades del uso de la Inteligencia Artificial Generativa (IAG) en la enseñanza universitaria en Literatura Hispánica

Challenges and opportunities of using Generative Artificial Intelligence (GAI) in university teaching of Hispanic Literature

Yakoub Abidi*  

* Universidad de la Manouba (Túnez). yakoub.abidi@outlook.com


Resumen

Este artículo se centra en la integración de la Inteligencia Artificial Generativa (IAG) en la enseñanza de la literatura hispánica en el ámbito universitario, explorando tanto su aplicación académica como su impacto en la interacción entre profesor y estudiante. Se identificarán los desafíos inherentes a este proceso y se examinarán las oportunidades que esta tecnología ofrece en el contexto de la educación universitaria.

Palabras clave: Inteligencia Artificial Generativa; enseñanza; literatura hispánica; dinámica profesor-estudiante; educación universitaria

Abstract

This article focuses on the integration of Generative Artificial Intelligence (GAI) into the teaching of Hispanic literature at the university level. We explore both its academic application and its impact on the interaction between professor and student. We identify the inherent challenges of this process and examine the opportunities that this technology offers in the context of university education.

Key words: Generative Artificial Intelligence; teaching; Hispanic literature; professor-student dynamics; university education

Introducción

La enseñanza de la literatura hispánica en el ámbito universitario constituye un pilar esencial en la formación académica por su capacidad para fomentar el pensamiento crítico y su papel en la comprensión intercultural. Esta disciplina ofrece a los estudiantes recursos para realizar análisis textuales, al tiempo que les proporciona una perspectiva que los prepara para participar en los debates contemporáneos.

A pesar de su relevancia, la enseñanza de la literatura enfrenta desafíos que pueden limitar su efectividad, como la resistencia al cambio metodológico, la percepción de la literatura como una disciplina difícil y distante de los intereses estudiantiles, y la tendencia a centrarse en un canon tradicional que no siempre refleja la diversidad de enfoques actuales.

En consecuencia, para maximizar el impacto de la enseñanza de la literatura hispánica, resulta indispensable la introducción de enfoques pedagógicos innovadores, y en este marco, la integración de tecnologías avanzadas, como la inteligencia artificial (IA). Concebida para realizar tareas que tradicionalmente requieren inteligencia humana, la IA está revolucionando el ámbito educativo al ofrecer equipamientos que personalizan la instrucción y mejoran el acceso a recursos académicos, transformando así la manera en que se enseña esta disciplina en la educación superior.

En este contexto, el origen inmediato del concepto y de los criterios de desarrollo de la IA se remonta a la intuición del matemático británico Alan Turing y el apelativo “Inteligencia Artificial” se debe a John McCarthy quien organizó una conferencia en el Darmouth College (Estados Unidos) para discutir la posibilidad de construir máquinas capaces de realizar tareas que requieren inteligencia humana. (Ponce Gallegos et al., 2014, p. 16)

Desde sus inicios en las décadas de 1950 y 1960, cuando surgieron los primeros sistemas de tutoría inteligente, la inteligencia artificial ha experimentado un notable desarrollo. Este avance, potenciado por la expansión de Internet y el acceso a grandes volúmenes de datos a partir de los años 2000, ha facilitado su implementación en diversos ámbitos, incluido el seguimiento académico.

En la actualidad, la inteligencia artificial se destaca en la educación superior por su capacidad para automatizar tareas académicas y su potencial para crear experiencias de aprendizaje inmersivas mediante herramientas como la realidad aumentada y la realidad virtual. En el ámbito de la enseñanza de la literatura hispánica, estas herramientas permiten realizar análisis textuales más profundos, impulsar la innovación pedagógica, y conectar la tecnología con las humanidades, fomentando así un enfoque interdisciplinario.

Por lo tanto, el presente artículo se centrará en explorar cómo la inteligencia artificial puede integrarse en la enseñanza de la literatura hispánica en el ámbito universitario, con el objetivo principal de identificar tanto los beneficios como los desafíos asociados a esta integración.

La educación y la inteligencia artificial

La incorporación de la inteligencia artificial en la enseñanza de la literatura hispánica en el contexto universitario abre un abanico de posibilidades para la educación, lo que hace esencial explorar la relación entre la educación y la inteligencia artificial dentro de un marco teórico que se sustenta en la convergencia de teorías tanto clásicas como contemporáneas, combinadas con innovaciones tecnológicas y avances en la pedagogía digital.

Teorías de la educación

Las teorías educativas, en diálogo con los avances en inteligencia artificial, proporcionan un marco conceptual que permite entender cómo la tecnología puede transformar los métodos tradicionales de enseñanza y aprendizaje.

En primer lugar, cobra relevancia la teoría progresista, surgida en Estados Unidos en un escenario histórico y social marcado por el experimentalismo. Influida por cambios sociales, políticos y culturales, fue impulsada por John Dewey y, en palabras de González Monteagudo:

Forma parte de una tradición pedagógica renovadora que pretendió una modernización de las instituciones educativas norteamericanas. La pedagogía reformista fue defendida a partir de 1890, aproximadamente, por profesores univesitarios y filántropos sociales, la mayoría de los cuales viajaron a Alemania para conocer las experiencias desarrolladas en la Europa de habla alemana (González Monteagudo, 2001, p. 29).

Al fusionar el pragmatismo con ideas progresistas, Dewey promovió una reforma educativa con el objetivo de democratizar la cultura, abogando por una educación que abarcara aspectos morales, sociales, físicos y cognitivos. En su visión, el estudiante ocupa el centro del proceso educativo, decidiendo cómo y para qué aprender, aunque sin determinar el contenido que se le enseñará. Además, Dewey destaca la importancia de un aprendizaje basado en actividades prácticas, donde el enfoque principal radica en la resolución de problemas en lugar de la mera memorización. En este marco, el docente asume un rol de guía más que de autoridad, mientras que la universidad se concibe como un espacio de cooperación humana.

Frente a las ideas progresistas, surge el perennialismo, una corriente que se configura como respuesta al cambio en la educación fomentado por el progresismo, y que considera primordiales tanto al maestro como al contenido. En esta línea, el profesor Norling Solís de la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua sugiere que “el perennialismo surge, entonces, como un intento por devolverle el lugar al maestro y al contenido como centros de atención del acto educativo. Es decir, la tesis era que hay cosas que no cambian que son perenne de la vida, del mundo, de la sociedad y del ser humano” (Solís Narváez, 2022, p. 82).

Así, los docentes que adhieren a esta teoría tienden a desvalorizar los métodos alternativos de enseñanza, oponiéndose a las ideas centradas en el estudiante y en la interacción social, lo que refleja un deseo de preservar los modelos tradicionales y mantener la educación en un estado de resistencia al cambio.

En 1938, surge la teoría esencialista como una reacción tanto al pragmatismo como al progresismo, creada por William C. Bagley, Michael J. Demiashkevich y George Peabody. Si bien no se adscribe a una filosofía particular, integra ideas de diversas fuentes, con la meta principal de impulsar la competencia y medir la inteligencia mediante premios y castigos. Al igual que el perennialismo, esta teoría enfatiza la memorización sin preocuparse necesariamente por el valor práctico del aprendizaje para los estudiantes, premiando a quienes mejor repiten la información y relegando la creatividad y la innovación a un segundo plano. Este enfoque, aún vigente en algunas universidades, puede generar ansiedad en los estudiantes debido a la presión constante por memorizar, sin que se fomente una comprensión plena de los contenidos.

Luego del esencialismo, sale a la luz la teoría reconstruccionista que aboga por una convergencia entre el progresismo y las tendencias libertarias, proponiendo una combinación de los conocimientos con un método científico para abordar problemas concretos de la realidad. Este enfoque fue desarrollado principalmente por Isaac Berkson quien “buscó un acercamiento entre el progresismo y el reconstruccionismo, al proponer que, aunque la escuela no era la llamada a encabezar la reforma social, sí podía cooperar con los movimientos sociales que abogaban por una realización más completa de los valores estadounidenses” (Kneller, 1967, p. 159).

En este marco, la educación se concibe como un proceso que integra teoría y práctica con el fin de generar una conciencia crítica capaz de ofrecer soluciones a los desafíos contemporáneos, al tiempo que reconoce y valora la diversidad de experiencias que los estudiantes aportan, poniendo énfasis en los aspectos subjetivos que otras corrientes suelen ignorar.

De este modo, se subraya la relevancia de un enfoque que, influido por las ideas de Piaget, promueve una transformación participativa que impacta tanto en la realidad de los estudiantes como en su entorno. Esta perspectiva facilita el desarrollo cognitivo a través de la creación del conocimiento y posicionando al estudiante como el constructor central de su propio aprendizaje. Sostiene que el individuo no es simplemente un reflejo del entorno ni una manifestación exclusiva de sus disposiciones internas, sino que construye su conocimiento a partir de la interacción entre estos elementos, lo cual refuerza la idea de que el aprendizaje es un proceso activo y no un acto pasivo de recepción de información. Así, el docente actúa como facilitador de este proceso, promoviendo la autonomía del alumno a través del diseño de situaciones de aprendizaje que fomentan la reflexión crítica y el descubrimiento autónomo.

Cambios en la enseñanza e integración de la inteligencia artificial

La educación universitaria contemporánea, inmersa en una transformación catalizada por los avances tecnológicos, lleva a las universidades a revisar sus planes de estudio, incorporando competencias digitales y fomentando el desarrollo de habilidades interdisciplinarias que respondan a las demandas del mundo actual. Esta revisión no se limita a la mera actualización de contenidos, sino que implica una reestructuración de los enfoques pedagógicos para adaptarlos a un entorno educativo cada vez más conectado. La expansión de la enseñanza en línea y el uso de medios digitales han facilitado el acceso a una educación remota, permitiendo a los estudiantes acceder a recursos educativos desde cualquier ubicación, lo cual ha ampliado las oportunidades de aprendizaje y ha democratizado el acceso al conocimiento. En tales circunstancias, el papel del estudiante como protagonista de su propio aprendizaje se fortalece, dado que la flexibilidad de los entornos virtuales exige un mayor grado de autogestión.

Paralelamente, se ha intensificado el enfoque en una educación multidisciplinaria que favorece la colaboración entre diversas áreas del conocimiento, con el objetivo de preparar a los estudiantes para enfrentar los desafíos del presente y del futuro. Este enfoque se alinea con las teorías constructivistas que sostienen que el conocimiento se construye a través de la interacción entre múltiples perspectivas. Por tanto, la combinación de competencias digitales con habilidades interdisciplinarias mejora el proceso formativo y fomenta la capacidad del estudiante para integrar conocimientos de distintas disciplinas.

Estos cambios mencionados, que reflejan el compromiso de las instituciones educativas en la formación de profesionales competentes y en la creación de ciudadanos preparados para una sociedad digital, se enmarcan en un contexto global donde varios países han promulgado legislaciones que promueven la incorporación de la inteligencia artificial en el ámbito educativo.

Estas normativas, que persiguen el doble propósito de fomentar una cultura digital que facilite el uso eficaz de las tecnologías e incentivar una reflexión ética sobre la interacción entre la tecnología y las personas, buscan, a través de la adaptación de la educación a los avances tecnológicos, garantizar que los estudiantes se integren en una sociedad digital de manera segura, con un particular énfasis en la protección de los datos personales. Sin embargo, como señala Mónica López, profesora de la Facultad de Ciencias de la Comunicación de la Universidad de la Coruña:

[...] instituciones de la talla del Imperial College de Londres o la Universidad de Cambridge emitieron declaraciones oponiéndose al empleo de esta herramienta por representar una amenaza desde el punto de vista ético (López Golán, 2023, p. 70).

En este panorama, el sistema educativo asume la responsabilidad de asegurar que la competencia digital, entendida como la habilidad fundamental de utilizar de manera responsable las tecnologías digitales en el proceso de aprendizaje y de interactuar eficazmente con dichos dispositivos, se consolide en todos los estudiantes.

Entre las habilidades que conforman la competencia digital, destacan la comunicación y colaboración en entornos digitales, la creación de contenidos digitales, la seguridad en el manejo de datos, la protección de la privacidad y la comprensión de la propiedad intelectual, entre otras, y las metas relacionadas con su desarrollo en la ciudadanía son ambiciosas, ya que no se limitan únicamente a mejorar las competencias tecnológicas, sino que aspiran a completar la digitalización de la educación en su totalidad.

Para alcanzar estos fines, resulta imperativo que el profesorado reciba una formación actualizada en estas áreas, pues la preparación de los docentes en inteligencia artificial generativa y en competencias digitales, en general, no es una demanda reciente, ya que en el pasado se reconocía la necesidad de una alfabetización en datos, y hoy en día, la capacitación en inteligencia artificial se considera fundamental para asegurar una educación que esté a la altura de los desafíos contemporáneos.

IAG en la enseñanza de la literatura hispánica: herramientas y metodologías

La inteligencia artificial generativa está transformando la enseñanza de la literatura hispánica, al ofrecer herramientas y metodologías que están revolucionando tanto la accesibilidad como la profundidad de esta disciplina, optimizando los procesos pedagógicos y abriendo nuevas vías para una comprensión más detallada de las obras literarias.

En el ámbito del análisis textual, la inteligencia artificial sobresale por su capacidad para examinar grandes volúmenes de textos y descomponer obras literarias, resaltando elementos recurrentes como el uso específico del lenguaje y las estructuras narrativas, además de ser capaz de identificar estilos literarios, trazar relaciones entre personajes e interconectar temáticas, lo que permite una lectura más matizada.

El análisis de sentimientos y temáticas representa otra dimensión del impacto de la inteligencia artificial, ya que evalúa los tonos presentes en los textos, proporcionando un análisis de cómo los autores expresan emociones e intenciones, lo cual apoya la interpretación crítica de sus obras. Este tipo de análisis va más allá de una simple clasificación de los textos en categorías positivas o negativas, ya que se adentra en las emociones humanas, proporcionando una comprensión más completa de las obras, abarcando tanto la forma como el contenido.

En cuanto a la adaptación curricular, el aprendizaje automático está redefiniendo la manera en que se personaliza la educación, ya que los sistemas de inteligencia artificial, basados en el rendimiento y las interacciones de los estudiantes, ajustan el contenido educativo y las estrategias de enseñanza, identificando áreas de dificultad y optimizando así el proceso de aprendizaje. En este tenor, investigaciones recientes indican que la inteligencia artificial tiene el potencial de mejorar considerablemente el proceso de aprendizaje al proporcionar contenido personalizado, ofrecer retroalimentación y garantizar una atención más precisa a las necesidades individuales de los estudiantes, adaptándose a ellas (Tapalova y Zhiyenbayeva, 2020).

En el ámbito de la evaluación, la inteligencia artificial generativa va más allá del análisis superficial de trabajos y exámenes, dado que estos sistemas proporcionan retroalimentación detallada sobre aspectos como gramática, coherencia y estilo, con herramientas tales como Grammarly que ejemplifican esta función al ofrecer un apoyo que mejora la calidad de la escritura y facilita el aprendizaje.

Asimismo, la inteligencia artificial mejora la búsqueda y organización de materiales educativos a través de bases de datos y recursos digitales, permitiendo desde la recopilación de artículos académicos y críticas literarias hasta la catalogación de manuscritos y ediciones, lo que facilita el acceso a recursos primordiales para el estudio y la investigación, mientras que aplicaciones como Power bi permiten la visualización de datos de manera clara, mejorando así la interpretación de información compleja.

El Procesamiento de Lenguaje Natural (NLP) es un implemento clave que, mediante tecnologías como BERT y GPT-4, y herramientas como Perplexity, Google Natural Language, SpaCy e IBM Watson, permite una comprensión más profunda de los textos literarios al ofrecer soluciones para el análisis semántico y sintáctico, así como para la generación de resúmenes, la traducción y la comparación de diversas obras. Con respecto a esto, dice Miguel Morales, académico de la Universidad Galileo, que:

[...] los modelos de lenguaje de gran tamaño, como Chat GPT, pueden llevar a cabo diversas tareas, como resumir, ampliar información, traducir textos, hacer predicciones, crear guiones, escribir código y generar discursos con gran precisión (Morales Chan, 2023, p. 1).

El Observatorio fiex (2024) respalda este dato, afirmando que “en la actualidad, el 40% de los alumnos, el 31% de los padres y el 22% de los profesores, utilizan Chatgpt como una fuente de información frecuente” (p. 7).

La integración de la inteligencia artificial con tecnologías de realidad aumentada y virtual también está generando experiencias de aprendizaje inmersivas, permitiendo que herramientas como Google Expeditions y ClassVR ofrezcan a los estudiantes la oportunidad de explorar contextos históricos y culturales de las obras literarias de manera interactiva, enriqueciendo su comprensión a través de la visualización en 3D y la exploración de entornos virtuales en 360 grados.

En cuanto a la generación de contenidos, la inteligencia artificial no solo crea preguntas, ensayos y análisis literarios, sino que también genera recursos didácticos, como guías de estudio y ejercicios, lo que se evidencia en asistentes virtuales como Replika, que facilita debates sobre interpretaciones literarias, y Quill-Bot, que sugiere mejoras en la redacción, demostrando así el potencial de la inteligencia artificial generativa en el apoyo al aprendizaje.

De igual modo, la inteligencia artificial ofrece tutoría personalizada, adaptada al ritmo y estilo de aprendizaje de cada estudiante, y mediante metodologías como el análisis predictivo, estas plataformas pueden anticipar dificultades y ajustar el contenido educativo en consecuencia, lo que se ejemplifica en herramientas como Knewton y Smart Sparrow, que personalizan la experiencia educativa, ofreciendo un aprendizaje centrado en las necesidades individuales de los estudiantes.

Desafíos y oportunidades

Desafíos

La integración de la inteligencia artificial en los sistemas de enseñanza superior plantea desafíos que requieren reflexión, entre los cuales destacan la insuficiente formación tanto de docentes como de estudiantes, la dependencia de dispositivos tecnológicos, el plagio académico, la transformación de las dinámicas entre profesores y alumnos, las implicaciones laborales vinculadas a la posible automatización de funciones docentes y las preocupaciones éticas relacionadas con la protección de la privacidad de los datos de los usuarios, aspectos que procederemos a examinar a continuación.

En primer lugar, la incorporación de la inteligencia artificial en los programas de educación superior sigue siendo limitada, lo cual puede atribuirse a que algunos docentes no cuentan con una formación suficiente en metodologías pedagógicas que incorporen tecnología, evidenciando así la brecha existente entre la educación impartida y las exigencias del mundo actual, lo que, a su vez, pone de manifiesto un modelo educativo que no responde de manera efectiva a los desafíos propios del siglo XXI. Al respecto, la investigadora española María Vera sostiene que:

La formación de docentes se considera un aspecto fundamental. En este sentido, la tecnología educativa puede contribuir a desarrollar las competencias digitales básicas que permitan realizar una buena alfabetización digital para afrontar la llegada de estas tecnologías en las aulas desde una perspectiva que promueva los hábitos saludables y el uso adecuado (Sánchez Vera, 2023, p. 44).

Por ello, es indispensable que los docentes reciban una formación sólida en el uso de tecnologías basadas en inteligencia artificial generativa para aprovechar su potencial, y que las universidades actualicen de manera continua sus planes de estudio, incorporando contenidos relacionados con la inteligencia artificial en los currículos de la formación docente, de modo que se garantice que los profesores adquieran las competencias digitales necesarias para enfrentar los retos que plantea el entorno educativo contemporáneo.

En lo que respecta a los estudiantes, es fundamental evaluar y desarrollar su nivel de conocimiento sobre la inteligencia artificial, ya que una comprensión insuficiente de los conceptos subyacentes a la sociedad digital podría impedirles estar debidamente preparados para enfrentar los desafíos que implica su integración en la educación.

La falta de una formación adecuada en este ámbito puede hacer que los estudiantes sean vulnerables a diversas formas de manipulación, dado que muchas aplicaciones operan mediante algoritmos que procesan grandes volúmenes de información y, aunque estos algoritmos son sofisticados, no están exentos de errores, lo que podría generar datos inexactos y, en consecuencia, impactar negativamente en su formación académica. Además, el potencial de esta tecnología para ser utilizada con fines diversos subraya la necesidad de que los estudiantes comprendan no solo sus beneficios, sino también sus riesgos para promover un uso ético y responsable de la inteligencia artificial generativa en el ámbito educativo.

Por otro lado, la creciente dependeNcia de los estudiantes en las herramientas tecnológicas constituye un riesgo adicional que podría afectar su desarrollo académico, ya que estas herramientas, que en principio deberían actuar como auxiliares, corren el riesgo de ser percibidas como sustitutos de métodos de evaluación tradicionales, especialmente en lo que concierne a la producción escrita y el análisis textual. La capacidad de estos sistemas para generar textos que obtienen altas calificaciones podría llevar a los estudiantes a apoyarse excesivamente en ellos, en detrimento de su propio desarrollo de competencias redaccionales.

Este escenario plantea varios problemas, entre los cuales destaca la tendencia a reproducir información de manera literal, sin un análisis crítico adecuado, una práctica que no solo incrementa el riesgo de plagio, sino que también socava el desarrollo del pensamiento crítico, la originalidad y el proceso de aprendizaje en general. Bajo esta perspectiva, investigadores de la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra (PUCMM) en Santo Domingo afirman que:

[...] el ChatGPT aumenta los riesgos asociados con el fraude académico al poner estos servicios al alcance de más estudiantes, en particular a los que podrían no ver el uso de la IA como una estafa o a quienes antes no acudían a sitios donde podían hacerle un ensayo por no tener el dinero para pagar este servicio (VanderLinde & Mera Cury, 2024, p. 128).

Por consiguiente, es necesario abogar por un enfoque equilibrado, en el que la inteligencia artificial generativa se utilice como un recurso complementario que potencie habilidades como la interpretación contextual y la verificación de datos académicos.

Otro desafío reside en la alteración de las dinámicas humanas, particularmente en la interacción entre docentes y estudiantes, ya que, a pesar de los avances tecnológicos, los dispositivos siguen siendo máquinas programadas para ejecutar instrucciones preestablecidas, lo que limita su capacidad para reemplazar el enfoque pedagógico y la riqueza de la enseñanza presencial que un docente ofrece.

Aunque la tecnología ha progresado notablemente, la inteligencia artificial ca- rece de la habilidad para satisfacer necesidades humanas fundamentales, como la interacción social, la cual es un componente clave del desarrollo académico y un elemento indispensable para un aprendizaje efectivo. Por lo tanto, aunque la inteligencia artificial puede ser una herramienta de apoyo, su implementación en la educación podría resultar contraproducente si se restringe al estudiante a interactuar únicamente con un dispositivo electrónico, razón por la cual la figura del docente debe seguir ocupando un lugar central en el proceso de aprendizaje, puesto que la experiencia educativa proporcionada por un profesor es irreemplazable por sistemas digitales.

El papel de los docentes sigue siendo esencial para la formación de los estudiantes, ya que la interacción activa entre profesores y alumnos, facilitada por el contacto humano en el aula, fomenta un aprendizaje que difícilmente puede ser reproducido por la inteligencia artificial. Sin embargo, un uso excesivo de las tecnologías IA podría reducir la riqueza de esta experiencia, limitando el desarrollo de habilidades interpersonales y comprometiendo la calidad de la enseñanza.

Además, el uso prolongado de pantallas y dispositivos móviles puede tener efectos adversos en las capacidades cognitivas, la estabilidad emocional e incluso la salud física de los estudiantes, considerando que la dependencia excesiva de estos dispositivos, a los cuales se delegan muchas interacciones y procesos sociales, puede llevar a la erosión de habilidades personales esenciales para el desarrollo humano. En esta línea, investigadores de la Universidad Tecnológica del Uruguay sustentan que:

Nicolelis (2023) […] manifiesta su inquietud por las implicaciones cognitivas, éticas y sociales de estas tecnologías emergentes, las cuales pondría en riesgo la autonomía de los seres humanos, pudiendo afectar aspectos relacionados con la propia dignidad humana. De esta manera se corre el riesgo de debilitar capacidades que históricamente los sistemas educativos enseñan y transmiten. Reacciones primarias a tecnologías emergentes cómo los Chatbot -tales como no poner en juego estrategias cognitivas del pensamiento o intentar comprender un concepto determinado-, podrían ser un llamado de alerta. (Ubal Camacho, Tambasco, Martínez y García Correa, 2023, p. 48)

La automatización de los procesos educativos y, en ciertos casos, la sustitución parcial de la labor docente por sistemas de inteligencia artificial genera inquietud, ya que este fenómeno podría conducir a una reducción del personal docente y a una transición de la educación presencial hacia modalidades en línea. Esto plantea importantes interrogantes sobre el futuro de la enseñanza y el papel que desempeñarán los educadores en este nuevo paradigma.

Otro aspecto crítico, en este contexto, es la protección de la privacidad en los sistemas educativos, especialmente con la adopción de algoritmos de aprendizaje automático que requieren información personal de los estudiantes, lo que genera inquietudes en torno a la protección de dichos datos. Bajo esta perspectiva, “la privacidad y seguridad de los datos de los estudiantes deben ser protegidas (Calvo et al., 2020), y los algoritmos utilizados en estos sistemas deben ser transparentes, imparciales y estar libres de sesgos (Piqueras y Carrasco, 2018; Aparicio Gómez, 2023, pp. 222-223).

Es fundamental reconocer que, al interactuar en línea, se divulga información confidencial que, si cae en manos equivocadas, puede ser mal utilizada, especialmente en los entornos de aprendizaje virtual, donde los estudiantes están constantemente vigilados debido a que muchas aplicaciones recopilan y transmiten datos personales a empresas externas. Estas empresas emplean algoritmos para analizar dicha información y extraer conclusiones sobre las características, intereses y comportamientos futuros de los estudiantes, lo cual no solo amenaza su privacidad, sino que también plantea cuestiones éticas sobre la gestión de estos datos al permitir la predicción y manipulación de información personal.

Este desafío trasciende el ámbito educativo, dado que muchas aplicaciones están diseñadas para operar sobre la base del acceso a grandes cantidades de información, como ocurre en muchos hogares donde los asistentes virtuales recopilan y procesan numerosas conversaciones que, en ocasiones, contienen datos sensibles. Por lo tanto, la protección de la privacidad de los datos se presenta como una cuestión de máxima importancia, que debe ser abordada seriamente para evitar la explotación indebida de la información personal y garantizar un uso ético de la tecnología en la educación.

Oportunidades

La inteligencia artificial es capaz de redefinir las prácticas educativas al reimaginar los procesos de enseñanza, proporcionando tanto a docentes como a estudiantes recursos que facilitan la adquisición de conocimientos y expanden los horizontes del aprendizaje más allá de los límites tradicionales del aula.

Los primeros estudios publicados tras la aparición de herramientas como ChatGPT, entre ellos el llevado a cabo por EDUCAUSE con más de 400 participantes, revelan datos significativos. En su análisis preliminar, se destaca que el 65% de los encuestados percibe más beneficios que desventajas en el uso de la inteligencia artificial generativa en el ámbito educativo. Además, el 83% de los participantes coincide en que la IA generativa transformará de manera sustancial la educación superior en un plazo de 3 a 5 años. Estos resultados subrayan el impacto positivo y las expectativas de cambio que estas tecnologías suscitan en el sector académico (McCormack, 2023).

En primer lugar, la inteligencia artificial impulsa la innovación en la planificación curricular, aumentando la eficiencia en los procesos educativos y fomentando la creación de entornos de aprendizaje más personalizados. De este modo, al trascender las barreras convencionales de la educación, abre nuevas vías para el desarrollo de competencias de toda índole y contribuye a beneficios que abordaremos a continuación.

Para los estudiantes, la inteligencia artificial facilita una gestión más eficiente del tiempo, permitiéndoles acceder de manera ágil a tareas, trabajos académicos e incluso obtener respuestas a pruebas o evaluaciones en línea, lo que, además de ofrecer retroalimentación sobre los contenidos abordados en clase, enriquece la asimilación del material estudiado. Según Barrón Estrada, et al. (2018), un aspecto clave de los recursos tecnológicos radica en su capacidad para ofrecer retroalimentación personalizada. Los algoritmos de inteligencia artificial generativa son capaces de analizar el trabajo de los estudiantes y proporcionar observaciones en tiempo real sobre sus respuestas. Esta retroalimentación permite a los estudiantes identificar sus fortalezas y áreas de mejora, lo que facilita la corrección oportuna de errores y promueve un proceso de aprendizaje más personalizado y autónomo.

Investigadores del Colegio ecuatoriano de Profesionales de Recreación, Actividad Física y Deporte respaldan esta teoría sobre el impacto positivo de la inteligencia artificial en la educación y agregan que:

[...] los ambientes tecnológicos, impulsados por la IA, desempeñan un papel clave en los procesos educativos, ya que podrían promover la interacción con los estudiantes y generar mayor retención del conocimiento, por el hecho de que los estudiantes están familiarizados con los dispositivos electrónicos (Granda Dávila et al., 2024, p. 216).

De igual manera, la IA refuerza la inde- pendencia intelectual de los estudian- tes, particularmente en el ámbito de la literatura, al permitirles analizar obras de manera autónoma, promoviendo así una mayor autonomía en su aprendizaje y apoyando la gestión de contenidos transversales que, en muchas ocasiones, no se plantean con la profundidad necesaria en las clases tradicionales de lengua y literatura. Un ejemplo de la utilidad de la IA en este contexto es su aplicación en la elaboración de referencias bibliográficas y en la gestión de sistemas de detección de plagio, herramientas esenciales para mantener el rigor académico.

En el ámbito de la enseñanza de idiomas y sus literaturas, especialmente en el caso del español, que constituye el enfoque de nuestra investigación, la IA facilita el desarrollo de la autonomía mediante chatbots que permiten a los estudiantes practicar la interacción oral en un entorno controlado y a su propio ritmo. Esto les brinda la oportunidad de repetir y practicar los contenidos tantas veces como sea necesario, sin la ansiedad o vergüenza que podría surgir en un entorno de clase tradicional.

Asimismo, el uso de estos agentes conversacionales tiene un impacto positivo en la autoestima y motivación de los estudiantes, al proporcionarles un apoyo emocional que mejora la asimilación de conocimientos y les permite avanzar con mayor seguridad en su educación. En relación con esto, y según una encuesta realizada por dos profesores de la Universidad de Extremadura en España:

[...] el 56.7% de los/as encuestados/as se muestran de acuerdo o bastante de acuerdo con la afirmación ‘Me gustaría utilizar la IA como herramienta para el estudio’ y al 64.5% le gustaría que su profesorado usara la IA en sus clases y esto repercutiese en su formación. Así mismo, el 51,32% considera que el uso de la IA artificial durante las clases les facilitaría la comprensión de ciertos conceptos e incluso el 52.6% cree que podría aumentar su rendimiento académico (Ayuso del Puerto y Gutiérrez Esteban, 2022, p. 355).

En adición, la inteligencia artificial facilita el acceso a recursos educativos adaptados tanto al nivel de comprensión como a las preferencias literarias de cada estudiante, lo que resulta fundamental para el desarrollo de competencias lingüísticas e interculturales, en vista de que esta personalización del aprendizaje no solo fortalece las habilidades críticas y la capacidad de análisis literario, sino que también incrementa su motivación para participar en actividades académicas.

Por otro lado, la inteligencia artificial apoya la labor docente al permitir un seguimiento personalizado de cada estudiante, generando informes detallados, planificaciones académicas, refuerzos educativos y evaluaciones individuales. En relación con eso:

[...] los datos indican que, en el marco de las actividades profesionales, estas herramientas se usan principalmente para preparar las clases y se les pide que nos den ideas o nos ayuden con el diseño curricular (Sánchez Vera, 2023, p. 43).

Lo anterior pone de relieve el papel fundamental que desempeñan las herramientas tecnológicas en el ámbito docente, destacando su capacidad para optimizar tareas prácticas y potenciando la creatividad del profesorado, ofreciéndoles nuevas ideas para mejorar su labor pedagógica. Su integración en la planificación educativa refuerza la innovación y eficiencia en el trabajo docente. Sin embargo, esta implementación exige la intervención activa y constante del docente, quien debe garantizar que su uso sea adecuado con los objetivos pedagógicos.

Además, La IA reduce el tiempo que los docentes dedican a tareas como el diseño y corrección de exámenes, así como a la preparación de retroalimentación para los estudiantes, lo que optimiza y aligera la carga de trabajo manual, permitiendo al docente concentrarse en aspectos más importantes de la enseñanza. Un ejemplo práctico de esta aplicación es la capacidad de los profesores para solicitar a sus estudiantes que revisen sus propias tareas o las de sus compañeros, corrigiendo errores o compartiendo opiniones al analizar fragmentos de obras literarias, lo que, además de mejorar el estilo de escritura de los estudiantes, contribuye a su aprendizaje, siempre bajo la supervisión del docente.

Conclusión

El proceso de enseñanza ha experimentado una evolución a lo largo del tiempo, adoptando enfoques educativos diversos y, en la actualidad, dirigiéndose hacia un modelo más experimental que promueve la participación de los estudiantes y su integración en el proceso formativo. A pesar de que el conductismo aún conserva relevancia en ciertos aspectos, su influencia ha disminuido paulatinamente, lo que exige del profesorado una planificación pedagógica meticulosa para alcanzar los objetivos de los currículos establecidos.

En paralelo, el panorama educativo contemporáneo y futuro, estrechamente ligado a la inteligencia artificial, exige que, aunque se reconozcan los beneficios innegables de esta tecnología en el proceso de enseñanza, no se subestimen los riesgos y desafíos inherentes a su implementación.

La interacción humana en la educación sigue siendo un componente insustituible, y la formación docente continúa siendo un pilar fundamental para maximizar las ventajas que la IA ofrece en el entorno académico. Por ende, la implementación de estas herramientas tecnológicas debe orientarse hacia la construcción de propuestas pedagógicas innovadoras que, a la par, fomenten la creatividad y la autonomía de los estudiantes, integrándose de manera ética en los centros educativos.

Ignorar o prohibir el uso de la IA no constituye una solución viable; por el contrario, las universidades se enfrentan al reto de emprender un proceso de reforma educativa que permita anticipar que, a medida que la IA siga avanzando, sus dispositivos adquieran funcionalidades adicionales que optimicen numerosas tareas actualmente realizadas de manera manual. No obstante, este entusiasmo por el potencial de la IA debe ir acompañado de una reflexión sobre los riesgos que su utilización podría conllevar.

Es imperativo, por tanto, que esta tecnología se integre a los métodos pedagógicos existentes con un enfoque centrado en el diseño y uso responsable de estos dispositivos, a la vez que persiste la necesidad de definir parámetros que configuren un uso prudente de las aplicaciones de inteligencia artificial, lo cual demanda la formulación de principios orientadores que guíen su diseño, garantizando la maximización de sus beneficios mientras se mitigan los riesgos inherentes.

Bibliografía

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Recibido: 01 de Septiembre de 2024; Aprobado: 11 de Noviembre de 2024

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