Introducción
En la actualidad, el mundo avanza rápidamente, y los países que no se adapten a las megatendencias quedarán rezagados. La globalización ha desempeñado un rol crucial al hacer más pequeño e interconectado al mundo, obligando a los países a cambiar sus modelos de desarrollo y patrones de crecimiento económico.
China no solo ha apostado por esta tendencia para su crecimiento, sino que también ha creado un proyecto sofisticado vinculado con la globalización: la Ruta de la Seda (RS). Este proyecto, basado en antiguas rutas, pero actualizado y único, ha generado expectativas en torno al crecimiento y está impulsando la expansión de China por el mundo.
La RS ha permitido a China transformar la geopolítica mundial, cambiar la percepción del sistema socialista y posicionar a la región de Asia Pacífico como el nuevo foco económico global, desplazando a Occidente. La RS, con su historia influyente en el mundo antiguo, ha resurgido en el siglo XXI como la Iniciativa de la Ruta de la Seda (bri, por sus siglas en inglés), con la que China busca consolidar su crecimiento económico y convertirse en una potencia económica.
Este trabajo analiza la evolución y desempeño de la BRI desde su anuncio en 2013 hasta 2023, destacando el incremento de actividades políticas y comerciales en América del Sur. Las preguntas que guían la investigación son: ¿cuál es la importancia de América del Sur para China?, ¿cómo ha participado la región en la BRI en la última década?, ¿cuáles son los sectores de mayor crecimiento comercial entre China y América del Sur?, ¿qué expectativas hay en la relación de China con Sudamérica?, ¿es la BRI el instrumento para consolidar la presencia económica china en la región sudamericana?
El artículo se estructura en cinco apartados. El primero ofrece un contexto del surgimiento de la BRI, haciendo un recorrido histórico-político de China. El segundo apartado se enfoca en el diseño, construcción y evolución de la BRI, destacando algunos de sus proyectos más significativos, como “Made in China 2025” y el Banco Asiático de Inversión en Infraestructura (BAII), entre otros. En el tercer apartado se analiza la relación de China con América del Sur en el siglo XXI. El cuarto apartado estudia la expansión global de la BRI, abordando las características de América del Sur y considerando algunas variables macroeconómicas para el análisis. Finalmente, el quinto apartado se centra en los retos y desafíos de la BRI en la presente década, seguido de las conclusiones, que presentan los hallazgos más relevantes de la investigación.
1. Contexto del surgimiento de la BRI
En la historia de la humanidad, China ocupa un lugar especial, ya que esta civilización ha sido un agente de cambio en el mundo, desde las batallas dinásticas hasta su forma de gobernar, decisiones políticas, la densidad de su población y sus grandes descubrimientos científicos y tecnológicos. Sin embargo, desde el nacimiento de la República Popular China (RPC) en 1949, experimentó una transformación estructural sin precedentes de la mano del socialismo real.
De acuerdo con González (2003), durante la etapa socialista pura o real, bajo el liderazgo de Mao Zedong, el país experimentó un crecimiento económico zigzagueante donde prevaleció el ideal comunista, impulsando estrategias económicas como el Gran Salto Adelante a finales de la década de los años cincuenta, y políticas como el revisionismo expresado en la Revolución Cultural de 1966-1969. Sin embargo, a partir de 1978, con el liderazgo de Deng Xiaoping, China inició la apertura al mundo, profundizándose en la década de los noventa cuando estableció lazos comerciales con numerosos países.
Con la entrada del siglo XXI y la adhesión de China a la Organización Mundial del Comercio (OMC), su potencial como fortaleza del comercio mundial fue plenamente confirmado. Este acontecimiento marcó el inicio de una narrativa transformadora, caracterizada por tasas de crecimiento económico sorprendentes que alcanzaron registros de hasta dos dígitos. Este fenómeno captó la atención a escala global, centrándose en un país que rápidamente se estableció como un actor dinámico, impulsado principalmente por el tamaño de su economía, especialmente en términos de comercio e inversión extranjera directa (IED).
Gracias a su dinamismo económico, China generó excedentes suficientes para convertirse en uno de los principales inversores globales. Sin embargo, fue en 2013, bajo el mandato del presidente Xi Jinping (2013-2023), que se impulsó la estrategia de un “sueño chino”, estableciendo metas a largo plazo para convertirse en una potencia económica global para el año 2049, coincidiendo con el centenario de la RPC (Frankopan, 2019).
En efecto, en 2013, el presidente Xi Jinping rememoró la grandeza china de la antigüedad durante un discurso en la Universidad de Nazarbáyev en Astaná, Kazajistán. En él, anunció el proyecto One Belt One Route (OBOR) con la meta de que, para 2049, China sería la potencia económica mundial (González, 2018).
Desde entonces, OBOR desempeñó un rol crucial para China, convirtiéndose en su proyecto estratégico más importante con una estructura económica y logística basada en estudios de puntos estratégicos para la distribución mundial de productos chinos. En 2015, se lanzó la estrategia “Made in China 2025” con el objetivo de transformar a China de ser la fábrica del mundo al cerebro global, buscando hacer realidad el “Design in China” (World Finance, 2015).
OBOR presentó una variedad de proyectos, desde la creación de infraestructura hasta inversiones en sectores clave del comercio y la logística internacional, así como en la producción y extracción de materias primas y productos básicos. Todo esto para asegurar que todos los caminos conduzcan a Pekín (Lewit, 2015). En ese contexto, en 2014, y con el objetivo puntual de expansión, China tuvo la necesidad de financiar este macroproyecto y para ello anunció la creación de un banco especializado en la inversión en infraestructura con sede en China: el Banco Asiático de Inversión en Infraestructuras (BAII). Su finalidad es financiar proyectos multinacionales chinos, incluyendo gasoductos, oleoductos, vías ferroviarias, carreteras, puentes, puertos, aeropuertos y otras infraestructuras estratégicas de telecomunicaciones (Asian Infraestructure Investment Bank, 2021).
El 16 de enero de 2016, el BAII abrió sus puertas en Pekín con el objetivo de convertirse en una fuente clave de inversión y financiamiento para el proyecto. Según su acta constitutiva, se proyecta realizar inversiones por 26,000 millones de dólares hacia 2030, es decir, $1,700 millones por año, para mantener el crecimiento proyectado en ese año (Asian Infraestructure Investment Bank, 2021, 2024).
En la actualidad, a principios de 2024, el BAII desempeña un rol concluyente en el macroproyecto de China debido a la dualidad que existe entre ambos y con ello ha posicionado los ojos del mundo en el este de Asia. En la Figura 1 se detalla el comportamiento del crecimiento del producto interno bruto (PIB) de China, las Figuras 2 y 3 muestran el comportamiento del comercio total de China y su importancia relativa vis a vis con el crecimiento del PIB (Banco Mundial, 2023a).

Fuente: Elaboración propia con datos del Banco Mundial (2023a).
Figura 1 Evolución del porcentaje de crecimiento del PIB de China y el mundo (1980-2021)

Fuente: Elaboración propia con datos del Banco Mundial (2022b, c).
Nota: Cifras expresadas en miles de millones de dólares estadounidenses.
Figura 2 Evolución de las exportaciones e importaciones de China en el siglo XXI

Fuente: Elaboración propia con datos del Banco Mundial (2024a).
Nota: Cifras expresadas en miles de millones de dólares estadounidenses.
Figura 3 Comercio total de China a precios actuales en el siglo XXI
Desde 2013, la reestructuración de China se ha gestado desde diversas perspectivas. La Figura 1 ilustra una disminución en la tasa de crecimiento económico, aunque esta sigue siendo elevada, manteniendo un ritmo notablemente superior al promedio global.
Esto se ha logrado mediante el aumento del comercio, tanto en importaciones como exportaciones, así como en el comercio total, como se puede apreciar en la Figura 2. En el siglo XXI se observa una tendencia creciente en todo momento, destacando la importancia crucial de este componente para el desarrollo del país. En otras palabras, China ha apostado por la apertura de su comercio, una estrategia que ha demostrado ser efectiva hasta el momento, como se detalla también en la Figura 3, que presenta un gráfico de su comercio total.
Con lo anterior, la RPC ha registrado una transformación sin precedentes desde su fundación en 1949. A lo largo de las décadas, la nación ha pasado por diferentes fases, desde el socialismo real bajo Mao Zedong hasta la apertura económica liderada por Deng Xiaoping. La entrada de China a la OMC en el siglo XXI marcó un hito que confirmó su potencial como una potencia del comercio mundial.
En resumen, China ha forjado un camino impresionante en la escena global, desde su transformación interna hasta su rol destacado en la economía mundial. La visión y las estrategias delineadas han consolidado a China como un actor clave, marcando una nueva era en la historia económica y comercial mundial. A continuación, se detallan más a profundidad las Nuevas Rutas de la Seda (NRS), un proyecto que ha permitido a China mantener su presencia en prácticamente todo el mundo.
2. Diseño, construcción y evolución de la BRI
El desarrollo del proyecto BRI se inició en 2013, y la Figura 4 proporciona detalles sobre cómo los países comenzaron a unirse al proyecto. En el año 2013 se incorporaron ocho países; en 2018, la cifra aumentó a 63, y solo tres países se sumaron en 2023. Es crucial señalar que este estudio se referirá al proyecto de las NRS como la BRI, en lugar de OBOR. Esto destaca la distinción entre ambos, ya que OBOR se refiere específicamente a dos rutas principales, mientras que BRI es un término más amplio que engloba todas las actividades relacionadas con el proyecto. El análisis posterior sobre la presencia de China en América del Sur se centrará específicamente en estas últimas actividades.

Fuente: Elaboración propia, con datos de Green Finance & Development Center (2024).
Figura 4 Evolución de la incorporación del número de países a la BRI
Por lo que respecta a la incorporación de los países al macroproyecto de la BRI, en la Figura 5 se detalla la evolución de cada país desde el año 2013, cuando apenas eran ocho naciones las pertenecientes a ella, y cómo el mapa cada vez se va pintando más y más de color rojo hasta llegar en 2023 a 147 naciones.

Fuente: Elaboración propia, con datos de Green Finance & Development Center (2024).
Figura 5 Evolución de la incorporación de los países a la BRI, 2013-2023
En el análisis por continente, resulta destacable que más del 90 % de los países africanos ya participan en el macroproyecto, mientras que un poco más del 85 % de los países asiáticos también forman parte de él, como se observa en la Figura 6. Estos datos hablan por sí mismos acerca de la significativa importancia que los países otorgan a este proyecto, subrayando la influencia de las inversiones realizadas por el gigante chino en estas regiones.

Fuente: Elaboración propia, con datos de Green Finance & Development Center (2024).
Figura 6 Porcentaje de países por continente pertenecientes a la BRI hasta 20232
En el ámbito global, la Figura 7 revela que aproximadamente tres cuartas partes del mundo mantienen algún tipo de vínculo con China a través del proyecto de la BRI. Esta realidad contribuye significativamente al poderío comercial de China a escala mundial, evidenciando la evolución del comercio y sus notables tasas de crecimiento, como se destaca al inicio de esta sección.

Fuente: Elaboración propia, con datos de Green Finance & Development Center (2024).
Figura 7 Porcentaje de los países incorporados a la BRI en el mundo hasta enero de 2024
En conclusión, el análisis de la evolución de la BRI demuestra un crecimiento sustancial en la incorporación de países desde su inicio en 2013. La Figura 4 muestra claramente este proceso, pasando de ocho países en 2013 a 63 en 2018, y finalmente a 147 en 2023, como se detalla en la Figura 5. Este aumento en la participación refleja la creciente importancia que los países atribuyen al proyecto, subrayada por la notable presencia en África y Asia, con más del 90% de los países africanos y más del 85% de los países asiáticos involucrados (Figura 6). A escala mundial, la Figura 7 destaca que aproximadamente tres cuartas partes de los países mantienen vínculos con China a través de la BRI, lo que contribuye significativamente al poderío comercial chino a escala global. Estos hallazgos sugieren una conexión cada vez más estrecha entre China y el resto del mundo, con implicaciones notables para el comercio y la cooperación internacional.
3. La relación China-América del Sur en el siglo XXI
China, en su constante expansión global, ha implementado estrategias clave, destacándose la BRI desde su anuncio en 2013. A pesar de su enfoque inicial en revitalizar la Ruta de la Seda entre China y Europa, la importancia estratégica de América del Sur llevó a su inclusión, según Malamud (2017). Con 17.8 millones de km², América del Sur supera en extensión territorial a Europa, Estados Unidos de América (en adelante Estados Unidos) y China, con un PIB cercano a 4.08 billones de dólares, representando el 3.85 % del PIB mundial (Banco Mundial, 2024c). Rica en recursos naturales, con el 40 % de la biodiversidad global, la región es clave en la economía mundial.
El análisis detallado de variables entre China y América del Sur, desde el crecimiento poblacional hasta su PIB y PIB per cápita, evidencia una relación esencial. En este estudio se ahonda en la evolución económica suramericana en el siglo XXI, destacando la “década dorada de crecimiento” y su resiliencia tras la crisis de 2009.
En ese orden de ideas, como se destacó en la sección anterior, en su proceso de expansión, China ha buscado alcanzar prácticamente todos los rincones del planeta y la BRI se ha posicionado como una de sus estrategias más significativas desde su mención como la nrs en 2013. Con este anuncio, China comunicó su intención de impulsar el comercio en el ámbito global, abrir su economía y realizar inversiones a gran escala. Aunque inicialmente el proyecto no contemplaba a América del Sur,3 ya que su objetivo principal era revivir la antigua Ruta de la Seda que conectaba China con Europa, posteriormente se reconsideró esta decisión. Se reconoció que no podía omitir a una de las regiones más prósperas y ricas de las economías emergentes, como se argumenta en el trabajo de Malamud (2017).
Esta extensa región está dotada de un inmenso potencial económico y sustenta una de las más vastas reservas de recursos naturales, albergando el 40 % de la biodiversidad del planeta, el 25 % de los bosques y el 28 % de las reservas de agua. Hasta octubre de 2022, poseía el 85 % de las reservas de litio, el 43 % de las de cobre, el 40 % del níquel, el 30 % de la bauxita y el 30 % de la plata, según datos de Gaviria (2022).
Con una población de 418 millones de habitantes, que equivale al 6 % de la población mundial, América del Sur se posiciona como la tercera región más poblada del mundo, según Statista (2022). En este contexto, la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) proyecta que la población de América del Sur continuará creciendo en las próximas décadas, alcanzando una estimación de 779 millones de habitantes para el año 2050 (CEPAL, 2016a).
En relación con lo anterior, se analizan diversas variables de impacto entre China y la región de América del Sur, comenzando por la población, el PIB y el PIB per cápita. Estas variables se describen detalladamente en el Anexo 1. Dichos indicadores revelan inferencias significativas, como el hecho de que el crecimiento poblacional de los países analizados (América del Sur y China) en las últimas dos décadas es de 1.2 veces, destacando solo a Bolivia y Paraguay con un incremento de 1.4 veces.
En lo que respecta al PIB a precios actuales en dólares (consultar Anexo 1), se calcula el promedio de crecimiento de los países analizados, siendo este 3.9 veces mayor en las mismas dos décadas de análisis. Se destaca el crecimiento del PIB de Argentina, que aumentó 1.7 veces, contrastando con el de China, que experimentó un crecimiento de 14.6 veces. Esto refleja nuevamente la importancia económica de China en este contexto.
En cuanto al PIB per cápita, Argentina fue el país que menos creció, aumentando 1.4 veces. Su PIB per cápita en el año 2000 era de 7,708 dólares y en 2021 alcanzó los $10,729. En contraste, China experimentó un crecimiento de 13.1 veces, con un PIB per cápita de apenas 959 dólares en el año 2000 y $12,556 en 2021. En promedio, la zona de análisis experimentó un crecimiento de 3.2 veces en su PIB per cápita durante el periodo estudiado.
En cuanto al crecimiento económico en la región de América del Sur, como se detalla en este estudio, este sector experimentó un periodo dorado con tasas de crecimiento significativas a principios del siglo XXI. No obstante, como se observa claramente en la Figura 8, se destaca una marcada disminución en 2009, año de la crisis internacional. Después de este episodio, la región experimentó una normalización en su ritmo de crecimiento, siendo los años 2010 y 2011 notables con un promedio del 5.7 %, influenciado por el rebote posterior a la crisis. Desde 2012 hasta 2017, la tasa de crecimiento se estabiliza en un 2.43 %. Es importante señalar que esta segmentación se realiza en función del comportamiento de los datos.

Fuente: Elaboración propia con datos de Banco Mundial (2023a).
Figura 8 Evolución del crecimiento económico de América del Sur en el siglo XXI
En 2018, América del Sur inicia su participación en la BRI, marcando un cambio en su trayectoria de crecimiento, como se ilustra en la Figura 8. Además, es importante mencionar que, en los años 2021 y 2022, la región experimentó un efecto similar al de la crisis anterior, con tasas de crecimiento superiores al 8 %. Se destaca la notable participación de Guyana, registrando un crecimiento del 20 % en 2021 y del 57.8 % para el año 2022.
En este contexto, la economía de América del Sur experimentó un crecimiento sin precedentes a principios del siglo, siendo denominada por Gruss (2014) y Yeves (2018) la “década dorada de crecimiento”. Este periodo resultó impresionante en términos de desarrollo económico. Sin embargo, la crisis económica mundial de 2009 marcó un cambio significativo, dando lugar a disminuciones económicas. Fue en este momento que China emergió como un socio estratégico para los países de América del Sur.
Este fenómeno queda evidenciado en la Figura 9, donde se destaca a Brasil como el principal receptor de exportaciones chinas. No obstante, la figura también evidencia un repunte en las exportaciones chinas poscrisis, no solo hacia Brasil sino también hacia Perú y Argentina. Es notable que, hasta la fecha, no se haya establecido un acuerdo de libre comercio entre Brasil y China, a pesar del significativo volumen de su intercambio comercial. Además, la Figura 9 muestra cómo el comercio con Chile y Colombia experimenta un crecimiento a partir de 2013, coincidiendo con el inicio de la BRI.

Fuente: Elaboración propia con datos del Observatorio de Complejidad Económica (2024a).
Nota: Datos en miles de millones de dólares.
Figura 9 Evolución de las exportaciones de China a América del Sur en el siglo XXI
En este marco de ideas, la Figura 10 exhibe la distribución de las exportaciones chinas hacia América del Sur, detallando el porcentaje correspondiente a cada país. Se destaca la participación preeminente de Brasil, seguido de Chile y Argentina. Notablemente, el comercio de Perú ha experimentado un crecimiento constante, especialmente desde la implementación del Acuerdo de Cooperación Económica en 2010 de tipo ALC (SICE, 2022). En el año 2000, Perú representaba el 5 % del total de las exportaciones de China hacia América del Sur; este porcentaje ascendió al 7 % en 2010 y alcanzó el 11 % en 2020, lo que significa que duplicó su volumen de comercio con China en dos décadas.

Fuente: Elaboración propia con datos del Observatorio de Complejidad Económica (2024a).
Figura 10 Distribución de las exportaciones de China con América del Sur, 2000-2020
En lo que respecta a Argentina, en el año 2000 recibía el 22 % del total de las exportaciones chinas, pero dos décadas después esta proporción se redujo significativamente al 9 %. Esto evidencia que no disminuyó el intercambio comercial entre ambas naciones, sino que, por el contrario, el comercio con China ha experimentado un crecimiento sólido en toda la región.
En el ámbito de las importaciones, la dinámica es análoga a la de las exportaciones en términos del principal socio de China. Brasil destaca como el país con el mayor volumen de comercio en la región. Concretamente, China realiza más del 50 % de sus importaciones en la zona con Brasil, alcanzando un monto de 67.93 billones de dólares. La Figura 11 refleja claramente cómo Brasil figura como el socio estratégico más destacado, seguido por Chile y Perú. Vale la pena resaltar el comportamiento comercial de Venezuela hasta antes de enfrentar los problemas geopolíticos recientes. En ese periodo, Venezuela mantenía una participación comercial importante con China. Sin embargo, dejó de reportarse debido a los eventos que afectaron al país.

Fuente: Elaboración propia con datos del Observatorio de Complejidad Económica (2024a).
Nota: Datos en miles de millones de dólares.
Figura 11 Importaciones de China desde América del Sur, 2000-2020
Un punto destacado es la participación que Brasil (31 %), Chile (25 %) y Argentina (24 %) tenían en las importaciones de China a principios del siglo, y cómo esta ha evolucionado. Por un lado, el nivel de comercio con Chile se ha mantenido constante en las dos primeras décadas, pero el comercio con Brasil casi se ha duplicado. En contraste, el comercio con Argentina ha experimentado una disminución (Figura 12). Como resultado, en años recientes, Brasil y Chile representan aproximadamente tres cuartas partes del total de importaciones de China en la región. Argentina, por otro lado, ha experimentado una disminución en su comercio con China, de ahí la incorporación a la BRI en febrero de 2022 (Held, 2022). Esto se alinea con las inversiones registradas por China en territorio argentino, sugiriendo una posible revitalización del comercio bilateral en el futuro.

Fuente: Elaboración propia con datos del Observatorio de Complejidad Económica (2024a).
Figura 12 Distribución de las importaciones de China en América del Sur en el siglo XXI
Un punto que es relevante señalar es que países como Argentina han mostrado altibajos importantes en su crecimiento económico desde la década de los setentas. Estos ciclos económicos, con tendencias de bajas tasas de crecimiento y algunas recuperaciones temporales, subrayan la vulnerabilidad de las economías de la región, lo que ha dificultado el desarrollo de una industrialización sostenida (CEPAL, 2016b). Al mismo tiempo, estos ciclos también afectan la relación de estas naciones con socios comerciales como China, lo que genera preocupaciones sobre una dependencia excesiva de los productos primarios (Gruss, 2014).
Por otra parte, China no limitó su expansión a Asia y América, sino que también extendió su atención a Europa, a través del canal de Suez y los puertos de Grecia. Este enfoque ha llevado a la Unión Europea (UE) a ser un mero espectador de su crecimiento, evidenciado claramente en lugares como el puerto del Pireo y el trayecto del tren Yiwu-Madrid. Este fenómeno se da sin dejar de lado otras rutas cruciales a lo largo de la frontera Asia-Europa.
Este hecho se presenta como un punto de referencia que permite visualizar el impresionante potencial económico y comercial que China ha desarrollado en el siglo presente, potencial que podría fortalecerse aún más con su incursión en América del Sur. La Figura 13 examina el comportamiento del transporte de contenedores tanto en China como en América del Sur, destacando el notable aumento en el movimiento de contenedores. Es importante señalar que este análisis (Figura 13) se centra en el transporte de contenedores de China y la región geográfica en general, abarcando no solo el comercio específico entre estas dos regiones.

Fuente: Elaboración propia con datos de Banco Mundial (2023b).
Figura 13 Transporte de contenedores de China y América del Sur en el siglo XXI
En la Figura 14 se examina el total acumulado de contenedores que han impulsado las economías de América del Sur. Destaca la cifra de más de 162 millones de contenedores transportados por Brasil, seguido por los 62 millones de Chile, 52 millones de Colombia y Perú, un país que ha experimentado un importante crecimiento en el comercio en el último siglo, alcanzando los 33 millones de contenedores.

Fuente: Elaboración propia con datos de UNCTAD (2024a, 2024b, 2024c, 2024d, 2024e, 2024f, 2024g, 2024h, 2024i, 2024j, 2024k, 2024l, 2024m).
Figura 14 Evolución de la cantidad de contenedores de los países de América del Sur en el siglo XXI
Es entonces que la expansión global de China a través de la BRI ha influido de manera significativa en América del Sur, una región estratégica con vastos recursos naturales y potencial económico. La integración de América del Sur en la BRI desde 2018 marcó un nuevo capítulo en su desarrollo, evidenciado por tasas de crecimiento económico superiores al 8 % en 2021 y 2022, destacando el notable desempeño de países como Guyana.
Con ello se hace un análisis puntual de la incorporación de América del Sur a la BRI y en este apartado se analizan algunas variables de impacto, empero, en el siguiente se hace una concatenación de estos elementos y se agregan otros que se consideran importantes para desarrollar el tema de integración productiva, análisis de la IED y esbozar un poco el cambio climático.
4. Incorporación de América del Sur a la BRI
La inserción comercial de América del Sur en la BRI inició en 2017, y hasta enero de 2024, Brasil, a pesar de ser la economía con mayor intercambio comercial con China, no ha firmado un acuerdo de adhesión. La Figura 15 explicada en este apartado ilustra claramente los países que han firmado su adhesión en verde y aquellos que no lo han hecho en rojo. Argentina, Bolivia, Chile, Ecuador, Guayana, Perú, Surinam, Uruguay y Venezuela han firmado, destacándose el aumento de actividades mineras en Argentina en 2022. La incorporación de Brasil, Colombia y Paraguay se ve desafiada por la postura de este último país de no reconocer a Taiwán como parte de China Continental.

Fuente: Elaboración propia, con datos de Green Finance & Development Center (2024).
Nota: Países en verde están en la BRI, países en rojo no están en la BRI, pero sí tienen inversiones por parte de China.
Figura 15 Países de América Latina en la BRI
En este contexto, la participación en la BRI brinda a los países beneficios tales como inversiones en infraestructura, facilitación del comercio, transferencia de tecnología, cooperación económica y diplomática, desarrollo regional y generación de empleo. No obstante, es importante gestionar aspectos vinculados con la deuda y las implicaciones geopolíticas para asegurar un desarrollo sostenible. Se analiza el índice de conectividad de carga marítima, donde China lidera y América del Sur enfrenta desafíos. También se examina la IED de entrada y salida, enfocándose en la integración productiva entre América del Sur y China, clave para valor agregado, diversificación y competitividad.
La BRI ofrece oportunidades para complementariedad, diversificación, transferencia de conocimiento, innovación y sostenibilidad. Considerar estos factores es esencial para garantizar beneficios a largo plazo y un desarrollo equitativo en la dinámica relación entre América del Sur y China. En septiembre de 2013, la propuesta inicial de la “Franja Económica de la Ruta de la Seda” se presentó en Kazajistán. Sin embargo, un mes después se ajustó, agregando un componente marítimo denominado “Ruta Marítima de la Seda del Siglo XXI”, anunciado en el Congreso de Indonesia en octubre (Yidai, 2022).
Ante la expansión a escala mundial de la BRI, surgieron diversas perspectivas sobre este macroproyecto. Algunos autores consideran que es el proyecto de expansión más grande del mundo y expresan su apoyo, mientras que otros lo comparan con el Plan Marshall implementado por Estados Unidos a mediados del siglo pasado (Shen & Chan, 2018). Lo cierto es que la BRI ha dado lugar al surgimiento de endeudamientos en varios países que han firmado acuerdos con China para la construcción de infraestructuras en las áreas por donde se llevará a cabo esta iniciativa. Países como Mongolia, Laos, Maldivas, Montenegro, Yibuti, Tayikistán y Kirguistán se consideran en riesgo de endeudamiento (Hurley et al., 2018) y temen enfrentar situaciones similares a las de sus homólogos en Bangladesh, Tanzania o Nigeria, quienes están solicitando refinanciar su deuda (Kynge, 2020).
En ese sentido y siguiendo con la incorporación de los países de América del Sur a la BRI, es notable que, a pesar de su creación en 2013, la inserción comercial de los países sudamericanos comenzó en 2017. Es significativo destacar que, hasta enero de 2024, Brasil, siendo la economía con mayor intercambio comercial con China, aún no ha firmado un acuerdo de adhesión a este macroproyecto chino. La Figura 15 ilustra claramente en color verde los países que han firmado su adhesión a la BRI y en color rojo aquellos que aún no lo han hecho.
La incorporación de los países se realizó de la siguiente manera: Argentina (2022), Bolivia (2018), Chile (2018), Ecuador (2018), Guayana (2018), Perú (2019), Surinam (2019), Uruguay (2022) y Venezuela (2022).4 Es relevante destacar la firma de Argentina, ya que en este año aumentó sus actividades en el sector minero (World Energy Trade, 2023). Cabe resaltar que, en caso de que Brasil firme, solo faltaría la adhesión de Colombia y Paraguay. Sin embargo, la situación de este último país se ve complicada debido a su postura de no reconocer a Taiwán como parte de China Continental (Smink, 2021).
Es fundamental tener en cuenta que la participación en la BRI también puede plantear desafíos y consideraciones, incluidos aspectos como la gestión de deudas, la supervisión de proyectos y las implicaciones geopolíticas. Cada país evalúa estos aspectos en función de sus intereses nacionales y su situación económica. Como se habló al inicio del apartado, por la experiencia que se tiene de países de América de Sur al firmar con la BRI, estos pueden obtener varios beneficios adicionales en comparación con su situación de solo la relación bilateral, pues, como se sabe, este proyecto contempla ejes rectores, los cuales van en sentido todos ellos de crecimiento y desarrollo. Estos ejes son:
Inversiones en infraestructura. La BRI implica una mayor inversión china en proyectos de infraestructura a gran escala.
Facilitación del comercio. La BRI busca fortalecer las conexiones comerciales y facilitar el comercio entre los países participantes. Esto puede abrir nuevas oportunidades de mercado y mejorar la eficiencia logística, lo que beneficia a los exportadores e importadores.
Transferencia de tecnología y conocimientos. Al unirse a la BRI, los países pueden acceder a la transferencia de tecnología y conocimientos en sectores clave como energía, telecomunicaciones, manufactura y agricultura.
Cooperación económica y diplomática. Esto puede conducir a acuerdos comerciales más favorables, colaboración en investigación y desarrollo (I+D), intercambio cultural y programas de capacitación.
Desarrollo regional y generación de empleo. Los proyectos de infraestructura financiados por la BRI en su mayoría impulsan el desarrollo regional y la generación de empleo en áreas específicas. Esto puede reducir las disparidades económicas y mejorar la calidad de vida de las comunidades locales.
Es importante destacar que cada país evalúa los beneficios y consideraciones de unirse a la iniciativa en función de sus necesidades y circunstancias específicas. Además, es fundamental gestionar adecuadamente los aspectos relacionados con la deuda, la supervisión de proyectos y las implicaciones geopolíticas para garantizar un desarrollo sostenible y beneficios a largo plazo.
En este contexto también se analiza el índice de conectividad de carga marítima. La Tabla 1 presenta el ranking mundial de este índice para el año 2020, subrayando que China ocupa el primer lugar, seguida de Singapur y Corea. En la cuarta posición se encuentra Estados Unidos. Es relevante señalar que no es sino hasta la posición 29 que aparece un país del continente americano, en este caso, Colombia, destacándose como el mejor posicionado de América del Sur con un índice de 49.37. Resulta llamativo observar el rendimiento de Brasil en la posición 44, con un índice de 36.81, lo que representa aproximadamente 4.5 veces menos puntos que China.
Tabla 1 Ranking mundial del índice de conectividad de carga marítima (2020)
| Ranking | País | Índice |
| 1 | China | 162.366473 |
| 2 | Singapur | 113.77498 |
| 3 | Corea | 108.546935 |
| 4 | Estados Unidos | 103.852253 |
| 5 | Malasia | 99.5042951 |
| 6 | Hong Kong | 93.5912874 |
| 7 | Reino Unido | 90.9508407 |
| 8 | Países Bajos | 90.7878927 |
| 9 | España | 89.3875162 |
| 10 | Bélgica | 87.7538919 |
| 11 | Japón | 87.4639454 |
| 29 | Colombia | 49.37 |
| 39 | Perú | 39.20 |
| 41 | Ecuador | 38.00 |
| 44 | Brasil | 36.81 |
Fuente: Elaboración propia con datos de Banco Mundial (2023c).
Nota: El cálculo lo realiza sobre la base de cinco componentes del sector del transporte marítimo: el número de buques, su capacidad para transportar contenedores, el tamaño máximo de los buques, el número de servicios y el número de empresas que implementan buques portacontenedores en los puertos de un país.
Otra variable de impacto que también es importante desarrollar es la IED tanto de entrada como de salida, comenzando con el análisis en ese orden, en general, todos los países de América del Sur experimentaron un aumento en la recepción de IED, destacando especialmente el caso de Perú (Correa & González, 2006). Este país pasó de captar el 1.56 % del PIB en el año 2000 al 32.76 % en el año 2019 (Anexo 1). Es relevante señalar que este último año se considera el último fiable para el análisis, ya que, en los años 2020 y 2021, la variable se vio afectada por los efectos de la COVID-19. En el caso de China, la IED de entrada disminuyó, pasando del 3.48 % a principios del siglo XXI al 1.72 % dos décadas después. Esta disminución se explica, en parte, porque, aunque en un momento implementó estrategias como las Zonas Económicas Especiales (ZEE) para atraer más IED, en la actualidad es menor debido al crecimiento del PIB de China en la Formación Bruta de Capital (Shixue & Mallimaci, 2018).
En relación con la IED de salida, en América del Sur, en general, su crecimiento es nulo, ya que es muy similar al registrado 20 años antes, excepto en el caso de Uruguay, que ha experimentado un incremento en su IED de salida. Por otro lado, China ha ido incrementando su IED de salida, reflejando así el comportamiento del país en los últimos años. A partir del año 2017, el gigante rojo invitó a América del Sur a unirse a la BRI, generando expectativas en cinco temas fundamentales: 1. comunicación de políticas, 2. conexión de infraestructura, 3. flujos comerciales, 4. circulación de fondos, y 5. unión de voluntades de los pueblos. Hasta enero de 2024, existían 179 ciudades hermanas entre América del Sur y China, representando a doce países.
Con lo anterior, hablar de la integración productiva entre esta región de América y China resulta relevante, pues el complemento que visualiza China con América del Sur es un hecho, por proceso de articulación de las estructuras productivas de estas dos regiones, con el fin de generar mayor valor agregado, diversificación y competitividad. Pues, como se sabe, la BRI es la iniciativa de China para impulsar la cooperación económica y la conectividad entre Asia, Europa, África y ahora América del Sur, mediante la construcción de infraestructura, el financiamiento de proyectos y el fomento del comercio, como se destacó en renglones atrás, sin embargo, para que esto suceda es importante destacar que se deberían tomar en cuenta los siguientes factores:
La complementariedad y la diversificación. Esta región y país tienen potencial para complementar sus ventajas comparativas y diversificar sus exportaciones e importaciones, más allá de los productos primarios y manufacturados (Slipak, 2014). Por ejemplo, se podría promover la cooperación en sectores como la agroindustria, la biotecnología, las energías renovables y la economía digital (Corbella & Sarmento, 2017).
La transferencia de conocimiento y la innovación. Mediante la cooperación científica y tecnológica, la capacitación de recursos humanos, el intercambio de experiencias y buenas prácticas, y el desarrollo de plataformas digitales (CEPAL, 2020; Herreros, 2018).
La sostenibilidad ambiental y social. Al hablar de integración productiva se podría incorporar la sostenibilidad ambiental y social como un criterio fundamental para la integración productiva y la BRI, respetando los estándares internacionales, los derechos humanos, la participación de las comunidades locales y la protección de la biodiversidad (CEPAL, 2016b).
En resumen, la inserción de América del Sur en la BRI desde 2017 presenta desafíos significativos, destacando la reticencia de Brasil, Colombia y Paraguay debido a discrepancias políticas. A pesar de los beneficios potenciales, como inversiones, facilitación del comercio y transferencia de tecnología, la gestión de la deuda y las consideraciones geopolíticas son cruciales para un desarrollo sostenible. La evaluación del índice de conectividad marítima y la IED muestran desafíos para la región. La integración productiva ofrece oportunidades, pero se requiere atención a la diversificación y la sostenibilidad. La dinámica relación entre América del Sur y China sigue evolucionando, requiriendo una evaluación continua de impactos y desafíos.
5. Futuro de la BRI
La BRI ha suscitado notables expectativas en América del Sur en cuanto a su impacto en el desarrollo económico y la cooperación regional. No obstante, enfrenta diversos retos y desafíos durante la presente década. En los próximos años, es evidente la presencia de desafíos concretos relacionados con un aumento en las relaciones comerciales con diversas regiones del mundo y las inversiones estratégicas en sectores importantes para China. En respuesta, la BRI debe articular una estrategia integral fundamentada en cuatro pilares esenciales: a) la construcción integral de una sociedad moderadamente próspera, b) la profundización de las reformas, c) un gobierno nacional conforme a la ley, y d) un estricto gobierno del partido.
Uno de los principales desafíos radica en asegurar la transparencia y equidad en los proyectos de la BRI. Es importante establecer mecanismos claros de licitación y contratación para prevenir prácticas corruptas y garantizar un desarrollo justo y mutuamente beneficioso de los proyectos. Además, se destaca la importancia de la participación activa de los países sudamericanos en la toma de decisiones y la planificación de proyectos, asegurando su alineación con las necesidades y prioridades locales.
Otro desafío decisivo es garantizar la sostenibilidad ambiental de las iniciativas de la BRI. La construcción de infraestructuras a gran escala puede tener impactos significativos en los ecosistemas y la biodiversidad de la región. Es imperativo realizar evaluaciones ambientales exhaustivas e implementar medidas de mitigación para minimizar los efectos negativos en el medio ambiente. Se aboga por la promoción de prácticas sostenibles, como el uso de energías renovables y la preservación de los recursos naturales, alineándose con la Ruta de la Seda Verde, de especial importancia frente al aumento de emisiones de carbono y el mal uso de los residuos.
Además, la BRI se enfrenta al desafío de fomentar una cooperación equitativa y justa entre los países de América del Sur. Es esencial evitar una dependencia excesiva de China en términos económicos o políticos, asegurando la autonomía en la toma de decisiones y la distribución equitativa de los beneficios de la cooperación.
Con respecto a las relaciones comerciales entre América del Sur y China, son los productos extraídos de la naturaleza los que ponderan en el intercambio comercial. En los Anexos 2 al 4 se detallan las importaciones más destacadas por parte de China desde los países sudamericanos, resaltando principalmente productos del sector primario, como soja, minerales, cobre, petróleo crudo, pieles, madera y carne. En contraste, las exportaciones de China a estos países consisten en productos de alto contenido tecnológico y, por tanto, de mayor costo, evidenciando la brecha existente entre ambas partes (Anexos 2-4).
Asimismo, es importante abordar los desafíos logísticos y de conectividad en América del Sur. La región presenta una gran diversidad geográfica y desafíos en la infraestructura de transporte, lo que puede dificultar la implementación de proyectos de la BRI. Es necesario mejorar la conectividad regional y desarrollar infraestructuras que faciliten el comercio y la integración económica en la región y, al mismo tiempo, esto resulta un área de oportunidad para China, pues sus proyectos de inversión en infraestructura van en ese sentido (Dussel, 2021; UNCTAD, 2021; Gálvez et al., 2022).
Destacan los Acuerdos de Libre Comercio (ALC) que China ha establecido con Chile (2006), Perú (2010) y Ecuador (2023), así como sus relaciones comerciales con Argentina y su industria del litio. Estos acuerdos han impulsado el comercio entre China y los países sudamericanos, fomentando la exportación de productos primarios y productos manufacturados, productos electrónicos y maquinaria de América del Sur. Entre estos acuerdos se destacan los siguientes:
China-Chile: Entró en vigor el 1 de octubre de 2006 y con ello se incrementó el comercio bilateral en tal sentido que hoy en día China es el principal socio comercial de Chile y el país ha tenido una evolución significativa (World Trade Organization, 2023).
China-Perú: Este Acuerdo Comercial Regional (ACR) entró en vigor en marzo de 2010 y se destaca el aumento de 443 millones de dólares en el año 2000 a $19,432 millones en 2021, lo que significó un aumento de 43 veces en relación con 20 años atrás, y sus principales productos son mineral de cobre, cobre refinado, mineral de hierro, harina de animales y más productos del sector primario (Anexo 2).
China-Ecuador: Con lo que respecta a este ALC, es el más reciente que tiene China con la región, y este fue firmado en mayo de 2023. Este acuerdo se encuentra categorizado como de los nuevos ACR, ya que contempla un total de 17 disciplinas, incluido un capítulo de comercio electrónico que tiene un enfoque en los bienes, lo que permite igualar la competencia con Perú y Centroamérica, zona que también se encuentra muy relacionada comercialmente con China (Ministerio de Producción Comercio Exterior Inversiones y Pesca, 2024).
Se destaca especialmente el acuerdo con Ecuador, que se espera que beneficie a 1.4 millones de personas, al aumentar los mercados y las tiendas en línea. Según el Ministerio de Relaciones Exteriores de la RPC (2022), este acuerdo incrementará el comercio entre Ecuador y China entre un 30 % y un 35 %, enfocándose en sectores como telecomunicaciones, infraestructura, hidrocarburos, sistema financiero, energía y turismo. Esto subraya la importancia de China para Ecuador, en el sistema de salud.
En el caso de Argentina, China ha considerado estratégica a esta nación a partir de 2017, debido a sus recursos naturales y su posición geoestratégica. En 2022, Argentina se convirtió en la 21.ª economía en formalizar su participación en la BRI, suscribiendo trece documentos sobre temas que abarcan desarrollo verde, economía digital, desarrollo espacial, tecnología e innovación, educación, cooperación universal, agricultura, ciencias de la tierra, medios públicos de comunicación y energía nuclear. Esto incluye el desarrollo del sector minero, que ha cobrado relevancia con el descubrimiento de litio en su territorio, un mineral clave para la fabricación de baterías eléctricas. China, como uno de los principales productores de vehículos eléctricos, ha mostrado interés en asegurar el suministro de litio argentino para su industria.
Destaca la implementación de las cuatro Rutas de la Seda: Verde; Salud; Inteligente y para la Paz, como fundamentales para los objetivos iniciales. La Ruta de la Seda Verde se centra en la cooperación para el desarrollo sostenible y la protección del medio ambiente (Limón-Villegas & González, 2022). En el ámbito de la salud, la RS de la Salud busca fortalecer la infraestructura sanitaria y la investigación médica, cobrando mayor relevancia con la pandemia de COVID-19. La Ruta Inteligente promueve la colaboración en tecnología e innovación, destacando la importancia de la digitalización en la región sudamericana, contrasta con lo recién firmado con Ecuador y parece ser uno de los próximos ejes rectores que prevalecerán en la firma de acuerdos y tratados, considerando la creciente importancia de la digitalización, un sector clave en el cual América del Sur no se ha quedado rezagada. La Ruta de la Paz busca fomentar la estabilidad y la cooperación en seguridad, siendo crucial para las nuevas relaciones entre América del Sur y China.
Sin embargo, a pesar de los beneficios aparentes de la BRI, tanto para China como para América del Sur, es importante reconocer que este macroproyecto no está exento de críticas. En primer lugar, varios expertos han señalado que la creciente relación comercial entre China y los países sudamericanos ha contribuido a un proceso de primarización de las exportaciones en la región. Esto se refiere a la dependencia excesiva de los productos primarios, como minerales y productos agrícolas, en detrimento de una industrialización más profunda y diversificada. Países como Argentina y Brasil, que históricamente han intentado desarrollar una base industrial, enfrentan ahora el reto de competir con productos chinos de mayor valor agregado, lo que limita sus posibilidades de expandir su industria manufacturera (Slipak, 2014).
Otro punto crítico es el superávit comercial de China, un factor fundamental en la acumulación de reservas internacionales que ha permitido a Pekín financiar sus ambiciosos proyectos de infraestructura y ayuda externa, incluyendo la BRI (Banco Mundial, 2024a). Sin embargo, este superávit plantea también preguntas sobre la sostenibilidad del modelo de crecimiento chino y la creciente dependencia de América del Sur en sus exportaciones de productos primarios hacia China. Además, las fluctuaciones económicas en países como Argentina, con su historial de altibajos en el PIB, subrayan la fragilidad de muchas economías sudamericanas, lo que podría generar desequilibrios en su relación comercial con China (CEPAL, 2016a).
Por otro lado, la falta de una verdadera integración regional en América del Sur ha permitido que China negocie acuerdos bilaterales con distintos países, como los tratados de libre comercio con Chile y Perú. Esto ha generado una influencia asimétrica que, en lugar de promover una estrategia regional de desarrollo, ha fragmentado los esfuerzos sudamericanos para fortalecer su posición en el sistema internacional (Dussel, 2021). Además, el uso de China de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) como una plataforma para sus intereses en la región ha sido cuestionado por algunos analistas, quienes ven en ello un intento de consolidar su poder blando en detrimento de los proyectos de integración propios de la región (Hurley et al., 2018).
En resumen, los retos y desafíos que China enfrenta en relación con América del Sur y la BRI son significativos, especialmente dada la complejidad geopolítica de establecer relaciones con tres cuartas partes del mundo. En este sentido, aspectos como la cooperación cultural y educativa, la gestión eficiente de los recursos naturales y la adaptación al cambio climático son altamente relevantes y deben ser observados de cerca. Aunque la expansión china se ha caracterizado por traer crecimiento y desarrollo a las regiones, no se deben descuidar estos temas que serán significativos en los próximos años.
Conclusiones
En este trabajo se buscó analizar la evolución y desempeño de la BRI desde su concepción en 2013 hasta 2023, destacando el incremento de las actividades políticas y comerciales con la región de América del Sur. Con respecto a las preguntas de investigación, a todas se les dio respuesta, destacando que la BRI es una de las estrategias más significativas para que China se consolide como socio comercial principal de las economías sudamericanas, y con respecto a los escenarios que se visualizan entre estas dos zonas del mundo, la respuesta es que ambas serán favorecidas. Ello debido a, por un lado, la necesidad de China de materias primas y, por otro lado, Sudamérica con las inversiones chinas. Lo anterior permite avizorar escenarios favorables.
Hasta aquí se hizo un recorrido puntual de la importancia de la BRI y de la inserción de China en América del Sur. Aún quedan temas por desarrollar, como la inversión en I+D en la zona, el crecimiento de la RS Digital, el comportamiento del comercio industrial, y detallar temas de China, Centro América, o temas más puntuales como Panamá-China-Brasil, que sin duda en el corto plazo será un trinomio que mueva a esta zona del mundo; sin embargo, para este análisis quedan aún vigentes las preguntas que dieron origen a este trabajo.
Finalmente, es el proyecto de la BRI uno de los pasos más sólidos de China para lograr la meta que se planteó en su discurso de gobernanza para con el país en 2013, donde se propuso la idea de “Un Sueño Chino”, el cual básicamente pretende lograr la gran revitalización de la civilización china, es decir, la reconquista del lugar central que el país tuvo en la civilización y economía mundial previo a los siglos XVIII y XIX (González & Liu, 2019).










nova página do texto(beta)



