Es innegable que las publicaciones académicas han sido un pilar fundamental en la construcción, trasmisión y preservación del conocimiento a lo largo de la historia. No solo han documentado y difundido descubrimientos científicos, sino que también han albergado propuestas y discusiones teóricas y metodológicas que han servido de base para la construcción, análisis e interpretación de nuevos conocimientos. Gracias a ellas, y en particular las revistas, es posible establecer una continuidad histórica en el desarrollo del pensamiento científico y su importancia en las transformaciones de los distintos campos del conocimiento, ya que su impacto trasciende el ámbito académico.
La revista Culturales cumple 20 años y su historia comenzó a escribirse desde antes de la publicación del primer número. Vinculada a un proyecto académico institucional que, desde el noroeste de México, bajo la visión y trabajo de un grupo de personas universitarias, buscaba crear y abrir espacios para la construcción de conocimiento, análisis y discusión de los fenómenos sociales y culturales de la región desde una nueva perspectiva, los estudios culturales. El primer gran paso institucional de la Universidad Autónoma de Baja California fue la creación, en la ciudad de Mexicali, en 2003, del Centro de Estudios Culturales-Museo (CEC-Museo), que entre sus objetivos buscaba intensificar las relaciones del mundo universitario con las dinámicas emergentes del entorno bajacaliforniano.
A partir del nuevo milenio, los estudios académicos latinoamericanos de y sobre la cultura tenían ya cierto grado de posicionamiento en las ciencias sociales y en las humanidades; sin embargo, en muchos informes y reportes de investigación producidos en la región prevalecía una mirada sociodemográfica y economicista. Se trataba, principalmente, de trabajos descriptivos y normativos dedicados a brindar información estadística sobre aquellos tópicos reconocidos por las instituciones como problemas sociales. La cultura estaba con frecuencia asociada a las letras, la producción artística, las tradiciones populares y al patrimonio tangible e intangible. La historia regional, por su parte, hacía énfasis en los acontecimientos del pasado, pero no en los procesos identitarios entendidos como dimensiones sociales. Este panorama permitió que coincidieran en la entidad un grupo de personas con nuevas miradas, formadas en universidades nacionales e internacionales, dedicadas a pensar la centralidad de las identidades colectivas y los imaginarios sociales, así como las formas simbólicas y sus contextos, desde la antropología, la comunicación, la sociología, la historia y otros frentes interdisciplinarios.
En aquel momento, ciertos fenómenos socioculturales de la frontera ya integraban las agendas de investigación de distintos programas y centros académicos: El Colegio de la Frontera Norte (COLEF); la Universidad de Colima; la Universidad Nacional Autónoma de México; la Universidad Autónoma Metropolitana-Iztapalapa; la Universidad de California; la Universidad Estatal de Arizona y otras instituciones emprendieron desde la década de los ochenta y noventa proyectos de investigación en este ámbito, entre los que destacaron algunos trabajos que fueron fundamentales para el desarrollo de los estudios culturales en Baja California: La flor más bella de la maquiladora (1985) de Norma Iglesias; Culturas híbridas. Estrategias para entrar y salir de la modernidad (1989) de Néstor García Canclini; A la brava ése: cholos, punks, chavos banda (1989) de José Manuel Valenzuela Arce, fundador del Departamento de Estudios Culturales del COLEF, en Tijuana; y En donde se mete el sol… Historias y situación actual de los indígenas montañeses de Baja California (1994) de Everardo Garduño, entre otros.
A mediados de 2003, el CEC-Museo inicia sus labores con un proyecto que incluye el desarrollo de líneas de generación de conocimiento; la redefinición temática del museo de la UABC y su agenda cultural; la creación de programas de posgrado (maestría y doctorado) en estudios socioculturales; la publicación de libros, catálogos de exposiciones y cuadernos de investigación y, por supuesto, una revista académica semestral en formato impreso. Para 2005, y dentro de este contexto, nace la revista Culturales bajo la mirada y dirección de Fernando Vizcarra, quien esboza y propone los primeros lineamientos de este proyecto editorial, que será un elemento sustancial de la vida de este centro universitario.
En la presentación del primer número (enero-junio de 2005) se expone más que un objetivo institucional, un compromiso grupal: “Culturales busca constituirse como un espacio académico para la difusión de la investigación interdisciplinaria y el análisis riguroso de los diversos fenómenos socioculturales situados en los ámbitos de lo local y lo global” (Vizcarra, 2005, p. 5). Para lograr este compromiso, se fortalecieron redes académicas que colaboraron y contribuyeron colectivamente al diálogo intercultural o, en otros términos, pensar lo global desde lo local (y viceversa) mediante la discusión colegiada, y con este objetivo se integró el primer consejo editorial conformado por Robert R. Álvarez; Mike Davis; Enrique Florescano; Jorge A. González; Jesús Galindo; Rossana Reguillo; José Manuel Valenzuela y Stefano Varese, entre otras personas.
En la primera etapa de Culturales puede encontrarse una fuerte tendencia comunicológica, un vínculo entre comunicación y cultura que se ha constituido en una pauta de investigación académica en Latinoamérica. Posteriormente, fueron sumándose otros textos que en sus enfoques predominaba la visión antropológica, la histórica y la estética para tratar temas como las etnicidades, el género, las juventudes, las estéticas sociales, el medio ambiente, las ciudades, la migración y la diversidad sexual, temas que fueron definiendo la narrativa de Culturales en su primera etapa. En los primeros cinco años (2005-2010) el trabajo de la revista destacó por su compromiso y consolidación de un espacio académico para la construcción de conocimiento y la reflexión de los estudios culturales y socioculturales. Durante este tiempo se publicaron 12 números, en los que aparecieron 88 trabajos (artículos, ensayos y reseñas) de 81 personas autoras adscritas a diferentes universidades nacionales e internacionales.
Para 2010 el CEC-Museo ya era Centro de Investigaciones Culturales-Museo (CIC-Museo) y comenzó una nueva etapa en su desarrollo institucional que impactaba en todas sus áreas y ámbitos. Hay que recordar que, junto con la creación de la revista a cargo de Fernando Vizcarra, se habían estado publicando paralelamente obras en formato de libro, que fueron parte de la colección editorial Cuadernos del CEC-Museo (luego Cuadernos del CIC-Museo). Los tres primeros números se publicaron en 2004 (Grijalva et al., 2004; Garduño y Phelts, 2004; Crhová, 2004). En 2005, y a la par de la aparición del primer número de Culturales, se publicó una obra fundamental para la comprensión del proyecto institucional de las y los académicos en esta primera etapa: La frontera interpretada: procesos culturales en la frontera noroeste de México (Garduño et al., 2005). Con la publicación de esta colección se buscaba mostrar la tendencia de los estudios socioculturales en la amplia región fronteriza mexicano-estadounidense.
Este proyecto editorial fue un esfuerzo colegiado, que muchas veces giró de persona en persona, según la temática de los números, hasta que en diciembre de 2008 se nombra a Mario Magaña Mancillas, hasta 2010, como responsable de la colección editorial Cuadernos, cuando la dirección del CIC-Museo pasa de Everardo Garduño a Luis Ongay Flores, quien, como parte de su gestión, crea la coordinación editorial que incluye la dirección de Culturales. Mario Magaña asume la coordinación editorial hasta 2012 y la dirección de la revista hasta 2019. En los ocho años de gestión f rente a Culturales, en conjunto con el coordinador editorial, César Jiménez-Yañez, el proyecto editorial tomó un nuevo rumbo con el apoyo institucional del recién nombrado Instituto de Investigaciones Culturales-Museo (IIC-Museo), en 2012.
La idea era consolidar el proyecto que inició Vizcarra, manteniendo la calidad y nivel académico de la revista, adecuándose a los cambios tecnológicos y a las nuevas exigencias editoriales nacionales e internacionales. En primer lugar, en la administración interna se modificó el proceso de recepción, evaluación y publicación, de un sistema manual a uno automatizado, con mayor capacidad de organización y gestión. A partir del número 17 (2013) se rediseñó su formato y estética hasta que migrara, a solicitud del entonces Conacyt, al uso del gestor editorial Open Journal Systems (OJS), que hasta la fecha continúa utilizándose. La revista tuvo publicaciones semestrales desde 2005 hasta 2017 y su versión impresa de 2005 a 2016, a partir de 2017 pasó a ser digital con números semestrales y en 2018 se estableció como publicación continua, avalada por SciELO-México.
Un aspecto que se continuó trabajando con base en lo realizado en la primera etapa fue la consolidación y formalización de la revista, es decir, se siguió impulsando la obtención de acreditaciones e incorporación a bases de datos, catálogos e índices, que de 2005 a 2010 se habían conseguido: Latindex, clase, Redalyc y el denominado Índice de revistas de Conacyt. En 2012 la revista ingresó a las bases de datos de SciELO-México, DOAJ, Dialnet, REDIB, EBSCO, Cengage y otras, con el fin de obtener los indicadores para aspirar a índices como Scopus y Web of Science, que se lograría tiempo después (Jiménez y Magaña, 2012, p. 1477; Jiménez y Magaña, 2016, pp. 103-106).
Durante esta nueva época se buscó también la internacionalización de la revista desde diferentes ámbitos, uno de ellos fue incentivar la publicación de artículos de personas autoras de otras nacionalidades, sobre todo de España y Sudamérica (Jiménez y Magaña, 2016, p. 102). Al mismo tiempo, se inició un estudio de seguimiento del proceso de evaluación con el fin de disminuir los tiempos de dictaminación y de publicación, así como ampliar el padrón de personas evaluadoras. Se establecieron nuevos lineamientos para eficientizar los procesos y, por ejemplo, se pasó de un promedio de 3.01 artículos por persona evaluadora, a 1.55, con lo que se amplió el padrón y la nacionalidad de las mismas (Magaña, Romero y Jiménez, 2020, p. 179).
Entre 2011 y 2018 en Culturales se publicaron 14 números con periodicidad semestral (12 impresos y dos digitales, y un número anual en publicación continua, en los cuales se dieron a conocer 118 artículos arbitrados, que reflejaban los esfuerzos profesionales de un equipo de trabajo que aumentó y se capacitó constantemente. En 2014 se incorpora como asistente de la revista Carlos Romero Ramírez, quien asumiría en enero de 2019 la dirección de la revista hasta enero de 2021, quien mantuvo la calidad de Culturales desde su creación y atendiendo todos sus ámbitos, en especial el relacionado con la transición y fortalecimiento al entorno digital, en un periodo marcado por la pandemia mundial del COVID-19.
Desde la experiencia de Culturales, es posible afirmar que la digitalización ha redefinido los modelos editoriales, impulsando nuevas estrategias de publicación en respuesta a los avances tecnológicos y las exigencias del entorno científico global. En estos años se consolidó el proceso editorial digital de la revista, desde la recepción, la revisión, hasta la publicación de los artículos, todo a través del entorno digital. Estos nuevos recursos y la digitalización de muchas revistas a nivel nacional e internacional comenzaron a hacer visibles prácticas no deseadas en la producción del conocimiento, lo cual trajo varios cambios. A la par las instituciones de educación superior comenzaron a exigir más publicaciones y acreditaciones a su personal docente y de identificación, tal como lo señalan JiménezYañez; Romero y Magaña (2020) “La creciente presión por publicar, asociada con indicadores, bonos y reconocimientos, escala laboral y profesional puede llevar a los autores a realizar malas prácticas, entre ellas el “plagio académico” (p. 108). Conceptos como originalidad, “plagio” y “malas prácticas” hizo que las revistas redefinieran sus procesos, políticas y protocolos. “Ante esta realidad, las revistas académicas deben buscar las formas y las fórmulas adecuadas para garantizar, tanto a los autores, y en especial a los lectores, que los trabajos publicados cumplan con los criterios de calidad, honestidad, ética y buenas prácticas” (Jiménez-Yañez; Romero y Magaña, 2020, p. 104).
Fue así que Culturales reorganizó y replanteó sus políticas y normas, y creó un protocolo de acción académica/administrativa para atender casos de malas prácticas editoriales que integrara obligaciones y responsabilidades a todas las personas parte de los procesos (autoras, editoras, revisoras), y así, a través de lineamientos se pudiera dar seguimiento formal ante la sospecha, denuncia o mala práctica. Para ello se crearon diagramas de flujo [flowcharts] que hoy son parte de Culturales y sirven de consulta para muchas otras revistas. La incorporación de las revistas al mundo digital ha transformado significativamente los procesos editoriales y ha impactado aspectos como la estructuración, extensión, postulación, evaluación y publicación de manuscritos, lo mismo que a los tiempos de difusión y de socialización del conocimiento.
Los cambios y retos en el mundo de las revistas académicas son constantes y Culturales ha logrado adaptarse acorde a sus recursos y fortalezas. Para 2021 asume la dirección de la revista César E. Jiménez-Yañez, quien, desde el área editorial del IIC-Museo, venía apoyando todos los procesos editoriales desde 2012. En esta nueva etapa se ha profesionalizado la actividad editorial, creando y participando de espacios académicos y profesionales para la capacitación y discusión de temas relevantes en el ámbito de las revistas de ciencias sociales y humanidades en México y Latinoamérica, en el que Culturales es un referente para nuevas revistas.
Al mismo tiempo, en este periodo la revista enfrentó uno de sus más grandes desafíos: ingresar a las bases de datos internaciones, es decir, indexarse. Gracias al trabajo de las personas que, durante estos años, estuvieron detrás de la revista, robusteciéndola, dándole una identidad, personalidad y autonomía en sus procesos administrativos y académicos, a partir de 2020 se comenzó a trabajar para integrarla a estas bases de datos. Primero fue el índice emergente de Web of Science (ESCI) y luego fue Scopus, lo que significó que Culturales fuera una de las primeras revistas latinoamericanas en el campo de los estudios culturales y socioculturales en ser indexada en estas dos bases de datos.
Hoy, el camino sigue presentando desafíos y exigencias, sobre todo en los aspectos relacionados a los cambios sociales tal como la inclusión de la perspectiva de género, el lenguaje inclusivo y la forma de escribir la ciencia desde otras miradas y sin sesgos. Los cambios tecnológicos, por otra parte, nos presentan otras formas de construir conocimiento, como lo es la inteligencia artificial (IA), que ha llegado para quedarse y que hoy, el mundo de las revistas científicas, es el centro de una discusión ética en relación con su uso en la escritura académica. Al mismo tiempo debe vigilarse de forma constante a empresas y acciones colectivas fraudulentas que buscan sacar provecho dentro de esta vorágine del publish or perish (paper mills, revistas piratas, depredadoras y autorías falsas) y que afecta el buen andar de una revista.
En estos 20 años Culturales ha representado un espacio de confianza para cientos de personas autoras que han confiado en la revista para publicar los resultados de sus investigaciones y sus reflexiones, creando una comunidad diversa en torno al campo de los estudios culturales y socioculturales que han marcado la pauta de los cambios sociales, culturales y políticos de México y Latinoamérica. Culturales ha sido parte de la formación de distintas generaciones que han visto en la revista el espacio ideal de consulta de trabajos académicos relacionados a la movilidad humana, la cultura popular, los feminismos, el género, la diversidad, los grupos y las redes sociales, por mencionar algunos, ya que los trabajos publicados cumplen con la rigurosidad de un proceso de dictamen (doble ciego) que permite la participación de personas, nacionales e internacionales, expertas en las distintas temáticas que asegura contar con evaluaciones pertinentes que contribuyen a la mejora constante de las propuestas presentadas.
Para Culturales son más de dos décadas de trabajo y compromiso con la difusión del conocimiento científico, lo que demuestra su capacidad de innovación y adaptación en un mundo editorial en constante cambio que, gracias a la permanente capacitación y actualización de las personas que integran el equipo editorial se pudo seguir adelante, lo que ha permitido celebrar estos 20 años de publicación constante. Gracias a todas las personas (administrativas, técnicas, editoras, autoras, revisoras y lectoras) que han sido y son parte de la vida de Culturales, un espacio académico referente en el campo de los estudios culturales y socioculturales.










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