Uno de los temas de mayor interés para especialistas en el periodo virreinal, pero, al mismo tiempo, de los menos estudiados por el gremio, es el tocante a la presencia y vida de los marineros extranjeros e ilegales que surcaron los mares y cometieron fechorías en costas de islas y tierra firme de la región caribeña durante los siglos xvi y xvii; sin embargo, algunos autores se han abocado a rescatar las historias de vida de estos sujetos, así como las dinámicas políticas, económicas, sociales, culturales y geográficas que convergieron durante el Antiguo Régimen, a raíz de la ya citada presencia extranjera a manos de contrabandistas, piratas, corsarios, bucaneros y filibusteros. En este sentido, la vasta y más reciente obra de Rodrigo Alejandro de la O Torres aproxima al lector al estudio de estos navegantes y aventureros, haciendo hincapié en los originarios de los reinos francés e inglés, cuya importancia radica en tratarse de los primeros en irrumpir en aguas y tierras caribeñas.
Así, el objetivo principal de la obra, en palabras del autor, “es incursionar en el estudio del fenómeno de la piratería privilegiando el ámbito espacial” (p. 19). Debido a la amplitud de la temática, el autor la separa en tres rubros: de 1520 a 1620 o 1630, fase marcada por la actividad corsaria en el Golfo-Caribe; de 1620 o 1630 a 1670, con el florecimiento de bucaneros y filibusteros en la región, y la época dorada de la piratería, desde finales de la década de 1670 hasta mediados del siguiente siglo, con un amplio predominio de los piratas en la región caribeña y aguas de Norteamérica. Para su investigación, solamente retoma la primera fase citada, lo cual constituye un gran acierto, dada la amplitud que compete a la temática de la piratería en América. Sobre ello, es importante agradecer al autor la realización de una investigación de larga duración que permite al lector adentrarse y comprender mejor la dinámica que siguió la actividad marítima ilegal a manos de galos y anglos en una época tan temprana de la historia de América, sin descuidar a su principal protagonista, el mar, y sin desatender vínculos sociales, culturales, políticos y económicos ligados a dicho manto acuífero, mismo que fue testigo directo de un gran cúmulo de sucesos históricos que el autor desarrolla en su estudio.
En la introducción de su escrito, Rodrigo de la O presenta el evento histórico que marcó el florecimiento de la piratería en América: el robo de dos naves españolas que transportaban botines obtenidos de la reciente conquista en México-Tenochtitlan, a manos del corsario francés Jean Fleury, acontecimiento que marcó el inicio de una cruzada por el mar en la cual las potencias enemigas de España, excluidas de la repartición territorial derivada del Tratado de Tordesillas, buscaron enriquecerse a costa de la Metrópoli. Asimismo, se destaca la importancia, amplitud y complejidad del fenómeno de la piratería, mismo que el autor enmarca, de manera atinada, en un amplio contexto espacial y temporal que se remonta a la Europa en la Edad Moderna, conformada por una economía capitalista naciente, relaciones mercantiles, conflictos bélico-diplomáticos entre reinos, guerras religiosas (católicos contra protestantes) y corpus jurídicos para regular corsos y castigar piratas. Todos estos elementos influyeron y de alguna manera se vieron reflejados en el vasto territorio caribeño, y a largo plazo edificaron una historia propia e importante para el espacio geográfico tratado por el autor, como se demuestra a lo largo de la obra. Inclusive, De la O Torres demuestra claramente en el texto “que el fenómeno intervino de manera relevante en la configuración histórica del ámbito marítimo del Nuevo Mundo, específicamente el correspondiente a la región Golfo-Caribe durante la centuria decimosexta” (p. 19).
De igual manera, el autor presenta una interesante y compleja dinámica multidimensional donde intervinieron de manera directa los poderes monárquicos europeos, y cuyas interacciones sustentaron la figura del corso como una herramienta político-mercantil en las citadas cruzadas por el océano Atlántico a manos de los reinos español, francés e inglés. Los dos últimos, pioneros en la región caribeña con incursiones notables.1
La investigación se divide en tres partes, las cuales guardan un orden cronológico e histórico que coadyuva al entendimiento de la obra. Así, la primera se compone de dos capítulos que ahondan en el contexto histórico de los reinos implicados en el fenómeno de la piratería caribeña entre 1527 y 1620, de tal manera que en el primer bloque temático, titulado “La monarquía hispana y el mar”, se retoma el contexto histórico en España, resaltando el proyecto hispano para apropiarse y expandirse de manera legal (y por escrito) en el océano Atlántico a raíz de la llegada de Cristóbal Colón al Nuevo Mundo y las consecuencias que dicho hallazgo trajo al naciente Imperio español, tales como la fundación de la Casa de la Contratación y las medidas migratorias para ingresar a las Indias,2 así como la visión sobre el mar a través de los ojos de tratadistas, cosmógrafos y cronistas de la Corona española, aspecto que considero un aporte importante de la obra.
Cabe destacar que el autor no deja de lado, atinadamente, el inevitable ingreso de otras potencias al Nuevo Mundo, aspecto que liga con el segundo capítulo del libro, mismo que se titula “Francia, Inglaterra y el mar” y constituye la contraparte del capítulo primero, al exponer, de manera sustancial, las posturas de ambos reinos con respecto a la repartición producto del Tratado de Tordesillas y las consecuencias del mismo en estas potencias enemigas de España, lo cual derivó en rasgos que definieron el fenómeno de la piratería y los consiguientes pleitos por el dominio del llamado Mar del Norte. Asimismo, De la O Torres estudia la legitimación político-jurídica de empresas y corsarios anglos y galos que, si bien fueron poco usuales en el siglo xvi, se valieron de argumentos jurídicos sustentados para perseguir sus objetivos expansionistas. Por último, muestra un amplio y completo contexto histórico que enmarcó a ambos reinos durante el siglo xvi, cuyos sucesos influyeron, de manera directa, en el surgimiento y desarrollo de la piratería y presencia de los primeros marinos extranjeros ilegales en aguas y costas caribeñas. Es importante señalar que el autor, atinadamente, incluye un epílogo que recoge reflexiones obtenidas en cada una de las tres partes de la obra, lo cual se le agradece mucho, debido a que gracias a ello no se pierde la secuencia de los temas explicados.
El segundo bloque temático, conformado por el grueso del capitulado (del tercero al octavo), constituye el corazón de la obra y se aboca al estudio de la dinámica y presencia pirata francesa (1527-1566) e inglesa (1566-1620) en territorios caribeños. Así, el tercer capítulo, titulado “El Golfo-Caribe como organización espacial”, tiene por objetivo central brindar al lector un detallado panorama geohistórico de la región objeto de estudio, es decir, el Golfo-Caribe, donde es posible encontrar descripciones de cada subregión. El espectro representado por este vasto espacio está geográfica y socialmente articulado de acuerdo con una amplia diversidad de procesos históricos relacionados entre sí, donde convergieron importantes procesos políticos, económicos, sociales y culturales a lo largo de su historia, aunque De la O Torres, sin perder el objetivo central de su estudio, se ciñe al siglo xvi. Sobra decir que el uso de la cartografía es fundamental para un mejor conocimiento de la región y asociarlo con los eventos plasmados en los siguientes capítulos.
Derivado de lo anterior, el capítulo cuarto, “Expansión/recurrencia del corso francés en el Golfo-Caribe, 1527-1528”, nos remonta a una época muy temprana dentro de la historia de la región caribeña donde el reino francés fue pionero en cuanto a la presencia pirata en el Nuevo Mundo, por lo que el autor no deja de lado el proceso expansionista corso y la figura de dicho personaje como pilar fundamental de un proceso histórico generador de espacios en las tierras americanas. Asimismo, realiza una interesante descripción de los espacios donde ocurrieron los embates marítimos orquestados por corsos galos y anglos, donde destaca la importancia de los puertos. Si bien se trata de una fase muy temprana, rescata y reconstruye, de manera resumida, los atracos cometidos por estos marineros ilegales, donde indica: el lugar de procedencia de la expedición, nombre del capitán, número de embarcaciones y hombres que incursionaron, lo cual fue realizado, en la medida de lo posible, de acuerdo con las fuentes primarias y secundarias empleadas para tal fin.
El quinto capítulo, “Expansión/recurrencia del corso francés en el Golfo-Caribe, 1536-1554”, continúa con la misma tendencia que el anterior, por lo que es posible apreciar reconstrucciones y ataques piratas franceses en la región durante la temporalidad arriba registrada. Es importante añadir una constante que se refleja en la segunda parte de la obra, consistente en una breve explicación histórico-geográfica del territorio atacado o visitado por estos intrusos, lo cual no deja de ser importante y coadyuva a entender mejor las circunstancias en las cuales se dieron los embates. Asimismo, es posible apreciar el aumento paulatino de la presencia extranjera en el Caribe, predominantemente francesa, con personajes como Roberval y François Le Clerc, conocido con el apelativo de “Pata de Palo”, debido a la pérdida de una de sus extremidades durante una batalla contra los ingleses. Para este capítulo, es importante resaltar las excelentes reconstrucciones de ataques piratas, pese a la poca información con la que se cuenta sobre el tema, lo cual revela una labor exhaustiva.
Del capítulo quinto se desprende el sexto, “Expansión/recurrencia del corso en el Golfo-Caribe, 1555-1566”, que nos remite a una primera fase de actividad generalizada y se refiere al alcance que tuvieron los corsarios en la región caribeña, donde hubo predominio de franceses, si bien se observa un ascenso de embarcaciones inglesas. Entre los embates galos, encontramos a personajes muy conocidos, como Jacques de Sores en la década de 1550, además de las primeras incursiones en las costas de la península de Yucatán.
Sin embargo, considero que en el capítulo hace falta ahondar un poco más en el interesante viaje realizado por el capitán Martin Cote y la dispersión de su flota, pues hay referencias que brindan información sobre el paradero de dos de las naves, mismas que desembarcaron y asaltaron los puertos de Trujillo y Caballos, bajo el mando de los capitanes Jacques de la Briere y Pierre Bruxel. Recordemos que, a la postre de los asaltos en tierras centroamericanas, ambos líderes se separaron: mientras el primero permaneció en la región y poco después fue procesado, junto con algunos miembros de su tripulación, a manos de la Inquisición Ordinaria por delitos contra la fe católica y piratería, el segundo navegó a las costas yucatecas, desembarcó con once tripulantes en el puerto de Sisal, para trasladarse a Mérida, donde residieron hasta que fueron juzgados por autoridades inquisitoriales ordinarias, por las mismas faltas que las cometidas por sus compañeros en Centroamérica.3 Aunque encontramos aquí presencia de corsos en Yucatán, debemos señalar que también los hubo en la Florida, territorio en ese entonces perteneciente a Nueva España.
De igual manera, en la región caribeña encontramos, para los años de 1562 a 1566, una interesante interacción francesa e inglesa, donde los navegantes compartieron el Caribe a costa de su enemigo común: España. De acuerdo con los gráficos, hubo más presencia inglesa que francesa. Recordemos que el reino galo se hallaba sumido en las Guerras de Religión, que dividieron y diezmaron a la población durante la segunda mitad del siglo XVI, lo cual explica el descenso de flotas que partieron de dicho reino al Nuevo Mundo.
Por otra parte, el capítulo séptimo, “Concurrencia/expansión del corso inglés en el Golfo-Caribe, 1566-1582”, retoma el contraste entre la disminución de la presencia francesa y el incremento de la inglesa en el Golfo-Caribe. El autor resalta la intensa actividad por parte de estos marinos de origen inglés (especialmente entre 1567 y 1572), así como la ocupación de algunos territorios. Además, hay que comentar que la información presentada nuevamente es variada, pues en algunos recuentos es mayor a la de otros que ofrecen algunas lagunas historiográficas, pero no por ello dejan de ser importantes. Así, entre las visitas a costas más conocidas y registradas para las fechas referidas por el autor, está el tercer viaje del almirante inglés John Hawkins, con su posterior desembarco en San Juan de Ulúa, en 1568, y el del corsario francés Pierre Chuetot en la península de Yucatán, en 1571.4 Asi mismo, señala otros nombres conocidos en la historiografía pirata, como Francis Drake y John Oxenham, y a la par refiere, al igual que en el resto del corpus temático que atañe a la segunda parte de la obra, la defensa encabezada por los vecinos de las costas atacadas o “visitadas” por los extranjeros.
El capítulo octavo, intitulado “Recurrencia/expansión del corso inglés en el Golfo-Caribe, 1585-1620”, cierra la segunda parte de la obra. En este bloque temático apreciamos la consolidación del poder naval inglés en la región caribeña, que peleó por el dominio del Mar del Norte con España y, de alguna manera, compartió el mar con Portugal y Holanda, por lo que la presencia del corso inglés, con personajes como Francis Drake, William Parker, el conde de Cumberland o Walter Raleigh, fue determinante en la región y estuvo presente en todo el Caribe, por lo cual podemos hablar de tráfico marítimo intenso.
Nuevamente, es importante señalar que el autor no descuida el contexto histórico de los lugares tocados por estos navegantes, y considero un acierto el haberlos ubicado en el texto después de exponer los ataques o avistamientos, porque de esa manera el lector no pierde de vista el ataque orquestado y es posible contrastarlo con el panorama presentado por De la O Torres, de tal manera que se muestran claramente dinámicas, elementos y relaciones con el actuar de los extranjeros en la región. En el epílogo de la segunda parte, el autor aporta información novedosa y da la importancia que amerita a la conformación de la trayectoria espacial del corso en el Caribe y el impacto del fenómeno de la piratería en la construcción de la región. Asimismo, los puntos donde ocurrieron los avistamientos o ataques y las rutas seguidas por los navegantes extranjeros son las dimensiones empleadas para poner en evidencia la interacción espacial, marítima y costera. Por otra parte, retoma la huella que generaron estos personajes sobre la joven población caribeña y en una historia local que tuvo una dinámica propia. En este sentido, el cruce de información cuantitativa y cualitativa cobra sentido y sustenta muy bien la obra.
Tampoco podemos dejar de lado el contexto geohistórico de los lugares atacados por estos personajes, pues en las regiones se vivieron diversos procesos en desarrollo que evidenciaron las complejas realidades de cada subregión (donde encontramos, como consecuencia, algunas medidas defensivas concernientes a la edificación de baluartes para prever o repeler ataques exteriores).5 Sobre este tenor, el autor concluye muy atinadamente: “Tierra Firme, Panamá, Veragua y Nicaragua formaron un corredor costero que fue conformado a través del corso; por supuesto, fue un medio más de enlace entre subregiones” (pp. 299-300).
En cuanto a la tercera parte de la obra, sin duda, resulta un deleite leerla, porque el autor no descuida a algunos seres humanos (ante la imposibilidad de rastrear y presentar al lector a todos los personajes que protagonizaron aventuras y desventuras en el Golfo-Caribe), ya fueran corsos o víctimas, de quienes hay constancia de sus vivencias en la región objeto de estudio, por lo que De la O Torres, de una manera dinámica y agradable, invita al lector a conocer la experiencia e interacción entre marinos extranjeros y sus cautivos, mismas que ameritan ser estudiadas, pues abren una nueva y muy poco investigada línea de trabajo que se debe explorar.
En el capítulo noveno, titulado “De piratas, corsarios y experiencias marítimas en el Golfo-Caribe”, el autor enfoca su atención en las vivencias de los marinos ingleses y franceses que hicieron acto de presencia en aguas y costas golfo-caribeñas durante el siglo xvi. Asimismo, explora similitudes y diferencias entre piratas y corsos, lo cual permite al lector distinguir entre unos y otros, para una mejor aproximación al objeto de estudio de la tercera parte del texto. Con ello, además, podemos apreciar la imagen ficticia del pirata, reflejada a través de algunas obras clásicas que retoman el tema del ladrón del mar, lo cual permite discernir entre la ficción y la realidad de tan llamativos personajes.
Tampoco descuida los “espacios sociales” donde ocurrieron las experiencias de estos personajes (el mar o el barco), y expone al lector una radiografía bastante completa de las circunstancias que envolvieron las expediciones corsas y piratas, tales como: clima, vientos, corrientes marítimas, búsqueda de insumos para las naves, violencia, negociación para efectuar intercambios comerciales, interacciones con la sociedad que permitieron formar microhistorias, cambios sufridos durante y después de las aventuras o desventuras vividas, así como el mosaico social compuesto por las tripulaciones, donde apreciamos diversidad de orígenes, religiones, sociedades, culturas, oficios, ideales, aspiraciones y emociones. Todo un pequeño mundo al interior de la expedición, y, para ejemplificar, reconstruye de manera muy detallada el interesante caso del navío francés La Serpiente, el cual arribó al Caribe en la década de 1570 y trajo como consecuencia la toma de franceses como prisioneros por parte de los españoles, para posteriormente integrarse a la sociedad de Santiago de León (hoy Caracas, Venezuela). Este evento rememora a un marinero francés (de la expedición de Pierre Bruxel) detenido en Mérida en 1560 y contra quien se levantó una denuncia en 1583, misma que fue desestimada, debido a la adaptación y buena fama de la cristiandad que se tenía del sospechoso.6 Sobre el destino final de los galos pertenecientes a La Serpiente, si bien es incierto, como lo menciona el autor, las fuentes judiciales consultadas para reconstruir la travesía de tales expedicionarios ofrecen la respuesta a tal interrogante, aunque es importante destacar que ello no es el objeto de estudio del autor. Asimismo, rescata algunas historias de vida de marineros que se lanzaron a la aventura, las cuales muestran un aspecto poco conocido de estos sujetos. Considero de gran importancia el haberlos expuesto para apreciar más de cerca la cotidianidad de estos actores y despejar mitos sobre ellos.
Relacionado con el capítulo anterior, el décimo, “De los cautivos del corso y experiencias marítimas”, estudia la perspectiva de los cautivos a manos de corsos, quienes fueron tomados a la fuerza o con engaños. En un primer momento, el centro de atención son algunos extranjeros que fueron víctimas de los navegantes ilegales, por lo que el autor retoma la interacción captores-presos y reconstruye muy bien, con base en la información disponible, algunas vivencias referentes a cautivos extranjeros -por curioso que parezca- a manos de marinos extranjeros e ilegales, cuyas víctimas, por el simple hecho de haber sido capturadas, fueron procesadas por delitos de piratería, estigmatizadas por autoridades civiles, de acuerdo con la información referida por el autor y que merece un estudio más a fondo.
El capítulo undécimo cierra la tercera parte y, como lo indica el título del bloque temático, “Pedro y don Diego Gaitán. Un esclavo y un indio cacique en naves corsarias”, De la O Torres retoma otros sectores de la población indiana que, de alguna manera, interactuaron con los corsos ingleses y franceses, así como el fenómeno de la piratería y los esclavos africanos, lo cual es ejemplificado con el esclavo Pedro y uno de los más importantes traficantes de africanos, John Hawkins. El autor retoma, de manera atinada, a algunas personas apresadas por naves corsarias, que huyeron y se refugiaron en naves inglesas o francesas, y a quienes, por otra parte, defendieron posesiones españolas de los embates enemigos. Asimismo, rescata la interacción entre piratas e indios, en la que destaca el caso del cacique Diego Gaitán. Además, presenta someramente algunas causas judiciales contra corsos y cautivos, tema que considero valioso de ser retomado y estudiado desde distintas perspectivas, lo cual puede derivar en resultados interesantes y valiosos.
Cabe destacar que el autor plasmó, a lo largo de su obra, una serie de tablas, gráficas y mapas distribuidos de manera óptima y que sirven como complemento a su novedosa investigación, pues ofrecen un efecto visual que permite comprender de una mejor manera el florecimiento y desarrollo paulatino de la piratería anglofrancesa en posesiones ultramarinas. Ello representa un importante y exhaustivo análisis cuantitativo por parte del autor, quien, a través de esta valiosa información, brinda interesantes pistas de gran utilidad para los estudiosos en la materia y público en general interesado en conocer la temática relacionada con la piratería.
Diversas fuentes de información dan soporte a la obra, ya sean de archivos españoles o americanos, fuentes manuscritas e impresas de la época, bibliografía tanto general como especializada, hemerografía, cartografía y fuentes electrónicas. Asimismo, cabe agradecer al autor su atinada propuesta metodológica, con el uso de los métodos deductivo, cualitativo y cuantitativo, por lo que el escrito resulta valioso y recomendado para su consulta y análisis. Aunado a lo anterior, es preciso destacar, en los mapas presentados en la obra, la detallada información sistematizada y simbología que facilitan la observación del espacio geográfico y la interacción que tuvieron los ladrones del mar durante su estancia en aguas y tierras golfo-caribeñas.
Hacía falta hacer un estudio de este tipo, que aporta de manera importante al conocimiento de una época tan temprana en cuanto a la piratería en América, fenómeno que formó parte de la historia del continente y de la vida cotidiana de los sectores poblacionales susceptibles de sufrir embates provenientes del exterior, como lo enuncia a lo largo de su obra De la O Torres, misma que cumplió sobradamente con el objetivo planteado. Sin duda, abre líneas y temas posibles de investigar de un fenómeno por demás interesante.









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