Introducción
Los trabajos de investigación dedicados a estudiar a los migrantes y su relación con las tecnologías de la información y la comunicación (TIC) plantean formas diferentes de concebir los procesos migratorios. El término “migrante conectado”, acuñado por Dana Diminescu (2011), es una de las aportaciones más significativas de la academia en cuanto al estudio de la relación entre migrantes y tecnología, porque destaca cómo ésta ha contribuido a transformar los modos de emigrar tradicionales, que se caracterizaban porque la persona perdía el vínculo con el país de origen, así como sus redes sociales y familiares. Las TIC permiten que “el desarraigo se vuelva conexión” y fomentan un contacto diario, lo que contribuye a mantener los lazos; además, posibilita la construcción de redes transnacionales. Para Cecilia Melella (2016), las TIC son herramientas pero también “espacios de despliegue de narrativas migratorias”, porque “los migrantes construyen su biografía y conforman su subjetividad atravesados por estas tecnologías de la presencia”; por medio de internet, afirma, son factibles la conexión, la exhibición, y sobre todo, “la puesta en común de historias compartidas”.
El presente trabajo surge por la inquietud de conocer la manera en la que los migrantes mexicanos que se encuentran en Italia emplean la tecnología para mantener contacto tanto con su país de origen como con sus connacionales en el país de destino, considerando que “las experiencias tecnológicas proveen [...] escenarios [en los que] desaparece o disminuye la sensación de lejanía y se reconfigura la subjetividad individual a partir de la presencia virtual y del contacto diario […]; lejanía que se diluye con cada mensaje en un blog, la conversación en un chat y la interacción en Facebook o Twitter” (Tuñón y Mena, 2018: 48).
Se trata de una investigación de corte cualitativo que tiene como objetivo identificar el papel de las TIC en las posibilidades y limitaciones de convivencia de las personas migrantes en la sociedad de destino.
La base metodológica es una investigación realizada a partir de un contacto inicial con el administrador de una página de la red social Facebook, dedicada a migrantes mexicanos en Italia. Una vez establecida la comunicación, el administrador concedió una entrevista en línea y luego recomendó a otra persona migrante que accedería a ser entrevistada. A su vez, la segunda persona proporcionó los datos de una tercera, y así sucesivamente. De esta manera, se concretó un muestreo no probabilístico -bola de nieve- virtual, que permitió la realización de diez entrevistas en profundidad no estructuradas, de las cuales fueron seleccionadas cuatro, por ser las más significativas y las que más reflejan el modo en el que los migrantes mexicanos en Italia usan la tecnología, no sólo para mantener un contacto directo con su país de origen, sino sobre todo para crear y hacer comunidad con otras personas que están en sus mismas condiciones en el país de destino.
El uso de las TIC como instrumentos que favorecen la producción del dato es una experiencia particularmente provechosa cuando, por ejemplo, los participantes en la investigación están lejanos o muy dispersos y es difícil el acercamiento cara a cara con las personas que serán investigadas (Kaufer y Evangelista, 2008). En este caso, las entrevistas se hicieron en profundidad, no estructuradas y sincrónicas, es decir, en línea y con respuestas inmediatas en tiempo real. El internet facilitó el contacto a pesar de la distancia y los entrevistados se ofrecieron voluntariamente a responder las preguntas.
El único vínculo entre las personas entrevistadas y las investigadoras fue el diálogo a través de la red, lo que permitió que hubiera una mayor apertura al expresarse, sobre todo si se considera que la entrevista se realizó con fines académicos y permanecerá en el anonimato.
Otra etapa de la investigación fue el análisis de algunos de los contenidos publicados por las personas inscritas en la página de Facebook. Esa parte del trabajo corresponde a la aplicación de la técnica denominada netnografía, que “se ha revelado como una herramienta que permite comprender la realidad social que se desarrolla en el ciberespacio” (Casas et al., 2014: 89).
La netnografía es una metodología de investigación cualitativa que adapta técnicas de investigación etnográficas al estudio de culturas y comunidades emergentes por medio de la comunicación mediada por ordenador (Belz y Baumbach, 2010; Jupp, 2006). Al analizar las publicaciones de algunos migrantes que participan de manera activa en la página de Facebook, los datos que se obtuvieron no son resultado de respuestas inducidas por las investigadoras. La información, entonces, proviene de un sistema de captación mediante observación no estructurada, lo que permite solamente una investigación exploratoria (Churchill, 2003).
Migración mexicana en Italia
Italia es un país con una alta tradición migratoria; con un pasado que marcó a esa nación como una gran expulsora, que en el siglo XX alcanzó su cúspide. De acuerdo con cifras dadas a conocer por la Organización Internacional para las Migraciones (OIM, 2012), en 60 años, de 1951 a 2011, la península, de ser una nación empobrecida cuyos habitantes emigraban, se transformó en un país de destino para los migrantes, y ya no de tránsito hacia Europa.
Según el Instituto de Estadística Italiano (citado en TuttiItalia.it, 2019), hasta el 1 de enero de 2018 había en el territorio italiano 4 354 mexicanos registrados, que representaban 0.08% del total de inmigrantes presentes en la península. De acuerdo con el Instituto de los Mexicanos en el Exterior (IME, 2017), de los mexicanos que radican en Italia, 73% son mujeres y 27% hombres, y provienen principalmente de la Ciudad de México, Nuevo León, Jalisco, Veracruz y el Estado de México, en ese orden. Según la misma fuente, la migración mexicana en Italia está integrada por 24% de amas de casa; 22% reporta otra actividad que no se especifica; 20% es de emplea- dos que se dedican a algún oficio; 18% es profesionista, 15% estudiante y 1% misionero. Hay sólo 14 empresarios que han empezado alguna actividad en territorio italiano.
El caso de estudio se refiere a un grupo cerrado de Facebook, registrado en la categoría “clubes” de dicha red social desde 2011. El grupo cuenta con 2 487 miembros, de los cuales alrededor de 2 100 son efectivamente migrantes mexicanos que radican en Italia, lo que quiere decir que, del total de los migrantes reportados por el IME, alrededor de 55% pertenece al grupo objeto de estudio de esta investigación.
El nombre del grupo de Facebook considerado en esta investigación, de los integrantes entrevistados y los participantes en algunos contenidos que aquí se exponen se mantendrá en el anonimato. Las entrevistas en profundidad no estructuradas se efectuaron por medio del chat de Facebook entre el 1 y el 25 de agosto de 2018. Los contenidos analizados se capturaron en las mismas fechas.
Internet: el cordón que los ata a “mamá México”
La intención de elegir entre los testimonios recogidos aquellos de las personas migrantes de distintas edades, con un periodo diferente de permanencia en el país receptor, es mostrar la evolución del uso de internet, el cual ha propiciado un cambio en la manera de interactuar con los parientes y amigos que se quedaron en el país expulsor, y además ha permitido extender las relaciones con la propia comunidad de connacionales, porque el uso de la red de redes da la posibilidad de mantener contacto continuo con el lugar de origen y ampliar la red de personas originarias de la misma nación.
El primer entrevistado, que desde ahora será llamado Juan, es un hombre de 39 años de edad que vive en Italia, en la región del Piamonte, desde 1991, adonde llegó a los 13 años junto con sus padres y sus dos hermanos. Su testimonio, como se verá, muestra la evolución de un proceso migratorio involuntario que comenzó en la adolescencia, en una época en la que el uso de las TIC era complicado e incluso inexistente:
Sin tecnología, tuve que adaptarme más rápido y buscar nuevos afectos aquí. Ahora es más difícil despegarse del cordón con mamá México. Yo pienso que es ya difícil para los mismos itálicos buscar nuevos contactos físicos. Imagínate para los mexicanos en otro país (entrevista con Juan, en línea, 7 de agosto de 2017).
Juan, dentro del grupo de Facebook, es uno de los integrantes que tiene más tiempo de radicar en Italia. En relación con su pasada experiencia como joven migrante, al ser cuestionado sobre si la carencia de una comunicación ágil con México le permitió un proceso de adaptación más veloz, explica:
Las cartas tardaban en llegar y las llamadas eran breves, se resumían en un: “¿cómo están?”. Fue hasta la llegada de internet que se creó de nuevo un enlace. El acceso a internet fue más o menos allá por el ’96, con Yahoo [e] ICQ. Esperaba las noches para poder dialogar con mi familia. Todavía no había llamadas pero nos escribíamos por chat. Quien no vivió en aquellos años aquí, no sabe lo que es estar aislado (entrevista con Juan, en línea, 7 de agosto de 2017).
Ese aislamiento del que habla Juan se refiere a la falta de contactos con el país de origen, lo que muy probablemente agudiza el trauma de la migración, el cual, según Cecilia López Pozos (2009), puede percibirse “como una herida, una fisura, que en el plano psicológico trae consigo el sufrimiento, experimentado como un choque violento” (2009: 87).
De acuerdo con las cifras que ya se mencionaron, es significativo que 24% de los mexicanos residentes en Italia, es decir, casi uno de cada cuatro, sea una mujer dedicada al hogar, lo que implica que el motivo de su migración pudo haber sido el matrimonio con un ciudadano italiano, lo que representa un cambio de vida inesperado que modificó sus objetivos profesionales y personales.
Esto le ocurrió a Ruth, de 31 años de edad, una diseñadora gráfica que habita en la región norteña de Lombardía desde noviembre de 2015 y vive su segunda experiencia migratoria voluntaria. Estudió la licenciatura y la maestría en universidades mexicanas privadas. Emigró por primera vez en 2012, cuando tenía 26 años. Entonces fue a radicar a Estados Unidos, donde trabajó en la empresa Disney como animadora. Ruth mantuvo contacto con su familia por medio de las TIC:
Se usaba mucho el Nextel en ese entonces y me llevé el mío para estar con el radio [sic], y ya después me compré mi smartphone allá, e igual con el WhatsApp y el Facebook, pero para mí el celular se convirtió en mi único medio de estar en comunicación con ellos, y emocionalmente hablando, significaba mi estabilidad (entrevista con Ruth, en línea, 8 de agosto de 2017).
En Estados Unidos conoció a un siciliano con quien decidió casarse poco después. En lugar de volver a México, emigró a Italia y desde allá mantiene la comunicación con su familia en el lugar de origen mediante la tecnología:
Soy de decirles buenos días, qué estoy haciendo, adónde voy, a qué hora llego y buenas noches […]; cuando no tengo nada que hacer, hacemos videollamadas, pero es una vez al mes. Estoy en contacto con ellos digamos que la mitad del día (entrevista con Ruth, en línea, 8 de agosto de 2017).
Fanny, una joven de 24 años de edad que vive en la región de Lazio desde hace dos años y medio, estudia la licenciatura en lengua y cultura. Además de acompañar a su novio italiano, se comunica todos los días con su familia en México:
Via Skype y WhatsApp, algunas veces me mandan cartas por correo, aunque suena paradójico, siempre me dan más sentimientos. Uso más Skype para hacer videollamadas. Con mi mami hablo diario más de 30 minutos, y con el resto de la familia algunas veces sólo intercambio uno o dos mensajes (entrevista con Fanny, en línea, 10 y 11 de agosto de 2017).
Sin embargo, ella tiene claro lo que ocurriría si no tuviera a su disposición las TIC para comunicarse con su país: “creo que trataría de adaptarme a la situación. Si estoy aquí, y así lo decidí, es por mi propia voluntad [...]; para comunicarme con mi familia seguiría utilizando cartas y teléfono” (entrevista con Fanny, en línea, 10 y 11 de agosto de 2017).
La cuarta entrevistada, a quien llamaremos Dora, tiene 27 años de edad, es licenciada en administración de empresas, habita en la región de Lombardía y al momento de la entrevista tenía diez meses de emigrada, porque en los últimos dos años se le dificultó encontrar trabajo en México. Ella es una migrante indocumentada y trabaja como cuidadora de una anciana. Dora establece su relación con México de la siguiente manera:
Por WhatsApp y Facebook, utilizando un smartphone. Lo hago diario, les escribo o les llamo, pero por “Whats” casi todo el día platico con mi mamá, y hago llamadas sólo una vez. Tengo comunicación casi todo el día con ellos... Pero si lo vemos por horas, de todo mi día, seis horas estoy en contacto con México, y tres horas por la noche (entrevista con Dora, en línea, 13 de agosto de 2017).
El proceso de migración de Dora se ha suavizado gracias a su interacción con el país de origen por medio de las redes sociales. Ella misma reconoce que sin ellas sería más difícil su estancia.
Los cuatro entrevistados coinciden en que esa cercanía virtual con su país de origen representa una cierta dificultad para asimilar mejor la vida real en el país receptor. Juan, por ejemplo, afirma lo siguiente: “yo, que conocí el antes de internet, puedo decir que, con el uso de éste, vives en un limbo donde no aceptas tu realidad, y no aceptas decir que ya no vives allá, te creas un sistema todo tuyo. Y muchos hacen así” (entrevista con Juan, en línea, 7 de agosto de 2017). En su caso, dice, las redes sociales le han servido para volver a acercarse a su familia, para mantener un lazo con sus raíces y conservar su mexicanidad.
Por su parte, Ruth también reconoce que sin la presencia de las TIC en su vida de migrante, sin ese contacto constante con su familia, no podría permanecer en el lugar de destino:
Ya me habría regresado a México, porque soy demasiado apegada a mi familia […]. Si yo no tuviera esta comunicación ahora con ellos, lo digo abiertamente, estaría en la depresión total, o pondría como condición a mi esposo regresarnos a México (entrevista con Ruth, en línea, 8 de agosto de 2017).
Además, considera preferible hablar con su familia en México que socializar con su entorno:
He tratado de integrarme, pero simplemente ir al súper… Se te quedan viendo. Acá los hombres mexicanos, que son menos, sí se han logrado integrar. Todos los hombres mexicanos que yo conozco ya trabajan, pero las mujeres son pocas, acá, al menos en el norte. Los hombres italianos simplemente porque les sonrías o los saludes, ya piensan otra cosa (entrevista con Ruth, en línea, 8 de agosto de 2017).
Un caso similar es el de Fanny, quien, a pesar de estudiar en una universidad italiana, debido al contacto continuo con su país por medio de internet, afirma:
Mi vida sigue en México. Muchas veces ni me preocupo por hacer amistades, desde que llegué aquí me he sentido un poco tímida para interactuar con italianas o italianos. Algunos italianos son muy buenos, otros son muy idiotas […], gritan mucho, y por lo que veo, son un poco cerrados, muy sobreprotectores y las nuevas generaciones no tienen nada de patriotismo. Creo que no tengo mucha necesidad por ahora de interactuar con ellos; amigos ya tengo, no aquí, pero ya tengo (entrevista con Fanny, en línea, 10 y 11 de agosto de 2017).
Dora coincide en que para ella es mejor mantener contacto con México que socializar en Italia:
Prefiero saber de mi familia que hablar con otras personas que no conozco muy bien. Por eso dedico mi tiempo a hablar y no salgo tanto de día. Hay muchas cosas que no me gustan. Al italiano le gusta gritar y pelear para todo. El mexicano es más alegre. Me cuesta trabajo relacionarme con los italianos, creo que por el miedo a que inicien a pelear. Ellos piensan que el extranjero viene a su país a hacer desmanes, están un poco a la defensiva (entrevista con Dora, en línea, 13 de agosto de 2017).
Los testimonios confirman que el contacto con la familia en el país de origen los ayuda a mantener un lazo que, aunque virtual, les da una estabilidad emocional. En este sentido, es claro que la comunicación permanente a través de los dispositivos electrónicos contribuye a aminorar los agentes de estrés que implica la experiencia migratoria, que incluyen factores como las barreras del lenguaje y los problemas de comunicación, los estresores del ambiente relacionados con cambios socioculturales o la pérdida del apoyo social y familiar (Zarza y Sobrino, 2007).
Facebook como instrumento de enlace entre pares
Para aminorar el choque emocional que representa el alejamiento del país de origen, en nuestro estudio fue posible observar cómo los dispositivos electrónicos se convierten en “prótesis emocionales”, es decir, instrumentos que ayudan a establecer vínculos y socializar, porque representan “una esperanza de resurrección, siempre tecnológica, de esa parte orgánica de la cual la naturaleza nos ha privado repentinamente, o que ha dejado de ser funcional para nuestra sobrevivencia” (Moriggi y Nicolleti, 2009: 69).
Esa necesidad de comunicación se extiende y hace que las personas busquen a sus similares en el territorio en el que habitan, y lo que en otra época resultaba mucho más complicado, por medio de las redes sociales se vuelve posible: el contacto directo y permanente, aunque virtual, con quienes viven una realidad similar. Así, los migrantes crean nuevos vínculos y se unen en una especie de salón virtual que les permite interactuar y expresarse con quienes consideran que pueden comprenderles y orientarles, dado que viven su misma experiencia.
Al realizar el análisis netnográfico en el grupo de Facebook, se observó que los mexicanos que habitan en Italia se integran y comparten contenidos que consideran de interés para sus paisanos. Abundan los reportajes que hablan de México o de los logros de sus connacionales en el extranjero, las recetas de cocina o las curiosidades que tienen que ver con aspectos culturales que refuerzan un sentido de identidad nacional.
Asimismo, algunos contenidos que los miembros del grupo comparten se refieren a información que va desde dónde conseguir ingredientes para elaborar platillos mexicanos hasta sugerencias de alojamiento, así como la autopromoción de pequeñas actividades comerciales y orientación sobre trámites burocráticos, como la obtención de la ciudadanía, la renovación del permiso de residencia o las autorizaciones para transportar mercancía.
Estos migrantes mexicanos, al retomar y revivir situaciones que les recuerdan la sociedad que dejaron, podrían estar manifestando que sus principales estresores se refieren al ambiente -en particular, los cambios socioculturales y la pérdida de apoyo social y familiar-, que se expresan como una continua nostalgia por lo que dejaron en su país de origen, sobre todo la comida y el folclore. Además, no es frecuente que mencionen alguna situación que aluda a algún defecto, una crítica o un conflicto que involucre a México.
Una búsqueda de la palabra “violencia” en los contenidos de la página arrojó 28 resultados, todos ellos publicaciones -posts- en las que algún miembro del grupo compartió información relacionada con la situación que se vive en el país de origen. Los comentarios a estos posts son escasos, lo que podría ser un indicador de que no despiertan gran interés, porque pertenecen a una realidad que los migrantes ven lejana, o bien podría estar mostrando que prefieren ignorar los aspectos negativos de un país al que consideran que pertenecen, aun en la distancia, y que, probablemente a causa de esa lejanía, han idealizado.
El grupo de Facebook como ghetto virtual
De acuerdo con nuestro análisis netnográfico, la interacción en Facebook tiene un hilo conductor: compartir valores comunes; una intención de fomentar el orgullo nacional; y sobre todo, la necesidad de crear una comunidad que, si bien virtual, reúna exclusivamente a los ciudadanos mexicanos en un grupo cerrado, una especie de ghetto.
Es preciso señalar que la concepción tradicional de ghetto, que refiere a sufrir una exclusión, ha evolucionado hasta abarcar también la acción de autoexcluirse en forma premeditada, al prohibir la entrada y negar el permiso al otro para acceder al espacio que se considera propio. De acuerdo con el sociólogo Zygmunt Bauman (2005), a lo largo de la historia han existido dos estrategias diferentes de enfrentar al extraño y los peligros que podría representar para la propia estabilidad: una fágica, que tiene que ver con incluirlo, y una émica, que implica excluirlo. Según Bauman, para excluir al otro ahora existen “formas superiores y ‘refinadas’, [como] la separación espacial, los guetos urbanos, el acceso selectivo a espacios y la prohibición selectiva de ocuparlos” (2005: 109).
Los barrios privados son ejemplo de ghettos voluntarios. En ellos se conforman “seudocomunidades” en las que guardias, cámaras de video y cercas crean los perímetros privados que aíslan a las personas del contacto con el resto, para impedir el acceso del otro (Bauman, 2004). Algo análogo ocurre en la vida virtual, en la que también hay suficientes filtros para impedir la entrada a quien no forme parte de la comunidad virtual de mexicanos que viven en Italia, lo que muestra, a todas luces, la repetición en Facebook de ese modelo de ghetto voluntario.
Los migrantes, en este caso, en la vida real son los extranjeros, los otros, pero en la vida virtual logran aislarse de las personas a quienes consideran lejanas a su cultura mediante la autosegregación. La vida virtual, contrariamente a lo que ocurre en su vida real, les permite tratar como forasteros e incluso rechazar a los habitantes del país que los acoge. Es probable que esto les haga sentirse un poco menos extranjeros en la virtualidad de lo que en efecto son en la vida cotidiana.
El concepto de ghetto, en este análisis, se emplea con la intención de definir a un grupo de personas que dedican de manera voluntaria una parte de su tiempo a convivir en un espacio virtual, en el que han decidido conceder el ingreso a quienes consideran sus pares y vetar el acceso a los italianos, a quienes no creen capaces de comprender el modo de pensar y comportarse de los mexicanos, porque tienen de ellos una imagen estereotipada, formada a partir de lugares comunes. En este sentido, el uso del concepto en este trabajo tiene que ver con la existencia de procesos de distanciamiento de ciertos grupos sociales, distanciamiento que consiste en crear fortalezas exclusivas y protegidas que transforman la lógica tradicional de la segregación que por lo general se impone a las categorías sociales más débiles contra su voluntad (Tacchi, 2010).
Los mexicanos en Italia viven la migración de una forma diferente a la de sus paisanos que emigran, por ejemplo, a Estados Unidos, porque no sufren una marginalidad social ni mucho menos una estigmatización de los habitantes del país receptor, porque en la mayoría de los casos no emigraron como resultado de condiciones de vida difíciles en el país de origen.
Sin embargo, como ya se mencionó, están en una situación de estrés que más bien tiene que ver con el cambio sociocultural y la necesidad de mantener un lazo afectivo con la familia, circunstancia que compensan al utilizar Facebook para marcar un límite simbólico, al que algunos de ellos llaman ghetto virtual, y que representa, para su grupo, la posibilidad de tener una “isla feliz” -como se dice en alguno de los testimonios-, expresión muy común en la lengua italiana que alude a un lugar ideal, opuesto totalmente al mundo real.
Es muy importante explicar, además, que el uso de la palabra ghetto es frecuente en la lengua italiana, y no necesariamente en sentido negativo, pues puede hacer referencia a lugares en los que se reúnen de manera voluntaria personas que pertenecen a un mismo grupo. Es muy probable que el empleo cotidiano de la palabra obedezca a que, justamente, el primer ghetto de la historia se creó en Venecia, en 1516, si bien en realidad la tendencia a integrar barrios formados por personas de una misma etnia tiene su origen en el Medioevo, cuando, por un lado, era el modo en el que las personas que pertenecían a grupos minoritarios expresaban su voluntad de vivir juntas por diferentes motivos, como la cercanía a los lugares de culto, los negocios de alimentos o las escuelas, mientras que, por el otro, las sociedades mayoritarias tendían a concentrar a las minorías étnicas o religiosas en un mismo lugar para tener un mayor control sobre ellas (Arnold, 2006).
Probablemente, el uso constante de la palabra, que se repite en la vida cotidiana como un modo di dire -una expresión coloquial, un modismo-, sea el motivo por el cual las personas entrevistadas, que viven en Italia y adoptan el idioma local por necesidad, relacionaron en forma natural la palabra ghetto con la página de Facebook que frecuentan, en la cual deciden tener una convivencia virtual con sus connacionales y cuyo uso podría significar una especie de autosegregación. En este sentido, coincidieron al mencionar espontáneamente, en algún momento de la conversación, el término ghetto o la “autoghettización”; y no se trató de una propuesta de las entrevistadoras, pues no hubo una pregunta expresa, sino que fue una coincidencia que podría relacionarse con el ya mencionado uso común de ambos términos en el idioma local del país receptor.
En los testimonios recogidos en las entrevistas se puede entender cómo los migrantes hacen de la red un espacio que les permite una segregación virtual y voluntaria, que aprovechan para convivir con sus pares. Descrito por las personas entrevistadas en esta investigación, integrarse a la sociedad receptora parece un tema secundario, o por lo menos pasa a un segundo plano, porque el uso de los dispositivos tecnológicos les da la seguridad de seguir conectados con su país de origen:
Puede ser que de pronto nosotros hagamos una especie de ghetto virtual. Muchos no aceptan que somos nosotros, a tenernos que adaptar al país que nos da hospedaje. Puede ser... Ésa es la palabra: ghetto virtual, que funciona sólo en la virtualidad. Nos sentimos protegidos por nosotros. Nos reímos de los italianos. Hay poca integración a la sociedad de acá. La página es como abrir la ventana y respirar un poco de aire (entrevista con Juan, en línea, 7 de agosto de 2017). El acceso y uso de la tecnología sí está fomentando una “autoghettización” virtual, y de hecho, en mi tanto uso de redes sociales lo he visto. Y bueno, en mi caso trato de relacionarme, de integrarme, pero no es tan fácil socializar en donde vivo (entrevista con Ruth, en línea, 8 de agosto de 2017). Al menos en la página de Facebook sí hemos hecho un ghetto virtual, así es. ¡Híjoles...!, y más que un apoyo, en cierta parte se vuelve un impedimento para la integración […]. No creo que dejaría internet para intentar una integración a la sociedad italiana. Por lo menos ahora no, quizá si es que hago una familia con mi novio y vivimos aquí, entonces yo creo que sí podría (entrevista con Fanny, en línea, 10 y 11 de agosto de 2017). Hablar con mexicanos en la red me ha hecho un poco vivir en un ghetto virtual. Cuando siento que me cuesta trabajo relacionarme con los italianos, busco a los mexicanos o latinos de acá, pido consejos a través de Facebook y trato de informarme. Pienso que tal vez no hago algo bien, y sí me hace sentirme no tan sola, y pienso que no me adapto tan fácil porque tengo otra cultura (entrevista con Dora, en línea, 13 de agosto de 2017).
En efecto, la página de los mexicanos tiene la particularidad de fomentar una convivencia y crear nuevos vínculos entre los paisanos que habitan en Italia, y de excluir de manera tajante a los italianos que pretenden entrar en ese espacio. Las reglas del grupo cerrado están establecidas con toda claridad, como puede verse en uno de los posts que han compartido, en el cual una de las integrantes propone la aceptación de un nuevo miembro bajo el argumento de que es un italiano que vivió 20 años en México y lleva un tatuaje con el nombre del país. La discusión sobre la admisión o rechazo del italiano no se hace esperar. Se puede observar la manera en la que uno de los administradores define la página de mexicanos en Italia y cómo, apoyado por otros miembros, rechaza la presencia de italianos en el grupo.
Se trata, según las palabras del administrador, “no de racismo”, sino de “querer tener una isla feliz donde podamos andar en calzones sin que nadie nos juzgue y por qué no, desahogar nuestras penas y pedos familiares con los italianos”. Esta idea es reforzada por otra persona, quien directamente dice que “por muy mexicanos que se sientan siempre conservan su mentalidad italiana”.
El rechazo hacia dejar entrar a un italiano es apoyado por otros miembros del grupo y en la discusión se aprecia con claridad la postura de los integrantes del grupo virtual: “no queremos italianos en la página”, y frente al argumento de que es un italomexicano y los propios hijos de los inscritos están en las mismas circunstancias, se confirma el rechazo, e incluso se sugiere que se abra otra página para abarcar esa categoría.
La discusión sobre la pertenencia a un determinado grupo denota que ese lugar virtual, esa página de la red social, está concebido y es percibido como un sitio en el cual se reúnen los iguales, los semejantes, los que tienen la misma mentalidad, y por lo tanto, son capaces de comprenderse entre sí: “ningún italiano va a aguantar carro en el grupo… como ningún mexicano se deja ofender”, comenta una usuaria.
Como puede observarse, ese lugar virtual se ha convertido en una especie de ghetto, un espacio reservado en el que no tienen cabida quienes no son mexicanos, y por ende, no resistirían la forma de ser de los miembros del grupo, quienes, ávidos de preservar su identidad, mantienen su propia cultura y evaden el contacto con la sociedad que los recibe. Esto resulta por demás peculiar, porque en una buena parte de los casos, los mexicanos que viven en Italia tienen un lazo afectivo y familiar con los nativos del lugar, de ahí que se pondere que esta separación pueda ser solamente una expresión virtual y no corresponda a la realidad en la que viven.
Todo en México es mejor, o de cómo hacer catarsis virtual
Como se vio, el ingreso a esa “isla feliz”, como uno de los usuarios la llama, está sujeto a una condición: ser mexicano por nacimiento. Los integrantes, además, deciden utilizar el espacio virtual para mostrar sus inconformidades y externar sus críticas hacia los comportamientos de los italianos, aunque, como ya se dijo, en muchos casos tienen vínculos familiares con los migrantes e incluso fueron el motivo del cambio de residencia.
Se trata de desahogos virtuales que se pueden observar en algunas publicaciones. Aparece, por ejemplo, el tema de la limpieza y el concepto que prevalece al respecto en la cultura dominante, cuyos hábitos sanitarios despiertan inquietudes, como el hecho de que las mujeres italianas, que son tan estrictas en cuanto a la limpieza del hogar, “no enseñan a sus hijos, sus maridos y ellas mismas a bañarse más seguido”; o bien, como afirma una usuaria: “yo trabajaba en una lavandería y les puedo confirmar que las y los italianos son bien puercos”. A estos comentarios suceden otros, con una característica discursiva que se repite constantemente: lo que aprendieron o dejaron en México es mejor. Así, los mexicanos que integran esta página expresan su orgullo frente a sus parientes italianos, porque éstos les señalan que consideran indebido que se bañen o cambien de ropa a diario: “hay que acordarnos que nuestros aztecas eran súper limpios y cuando llegaron los gachupines nos trajeron las enfermedades y lo sucio”, manifiesta una usuaria.
El mismo tono se observa en otro post, en el que una usuaria, como otras personas del grupo, utiliza el espacio virtual para desahogarse y expresar lo que considera no sólo una necesidad, sino un deber, compartir con los compatriotas. Tras una larga explicación acerca de un altercado con uno de los miembros de su familia, su cuñado italiano, a quien define como “un berlusconiano [...] capaz de besarle el trasero a Berlusconi […], un machista de mierda”, afirma que el problema de la violencia hacia las mujeres radica en que éstas “no saben estar calladas” y “no tienen cerebro”. Uno de los puntos que más enfatiza es el siguiente: “seguramente mi cuñado no es el único a pensar de esa manera en este país tan civilizado y de primer mundo que ustedes me perdonarán, pero jamás, jamás en toda mi vida había escuchado a un hombre en México decir cosas como estas”.
Así, de nueva cuenta, queda de manifiesto esa característica recurrente en los contenidos que redactan los miembros de este grupo de mexicanos en Italia: desde su punto de vista, en México la situación es mejor. En los comentarios, todos a favor de la postura contra las actitudes machistas, se observa además el consenso con la aseveración de que el machismo es un problema italiano: “aquí no les enseñan a respetar a las mujeres”, “la neta aquí sí son bien zorras”, o bien, “lo que pasa es que aquí las mamás sí se proyectan […] los súper maleducan”, son evidencias de que en muchos casos hay una percepción de un problema que, de acuerdo con los comentarios, existiría solamente en ese “aquí”, e incluso se considera un asunto decepcionante en relación con lo que esperaban del país al que decidieron emigrar, como lo expresa otra usuaria: “qué decir, yo tampoco me había topado con tantas cosas como esta y sí a mí tampoco en nuestro país había visto tantas barbaridades […], qué grandes desilusiones me he llevado en este país, y las que faltan”.
Lo que se puede percibir en una buena parte de los contenidos de la página es que ésta les sirve como una forma de catarsis virtual, en la que expresan sus choques culturales en la vida real. Por medio de esta página de acceso reservado, que consideran un espacio exclusivo porque determinan quiénes pueden acceder y quiénes no, emiten mensajes que notoriamente les ayudan, no sólo a expresar, sino a confirmar sus percepciones acerca de la sociedad que los acoge. En este sentido, el medio les sirve también para identificarse entre sí, para encontrar en una realidad virtual a otras personas que comparten sus valores, sus ideas, su cultura, y sobre todo, su modo de ver el mundo en el que ahora viven.
Los integrantes del grupo virtual, además de expresar su rechazo a algunos aspectos culturales de la sociedad en la que viven, también comparten su inconformidad con el modo en el que son vistos por los italianos, porque dicen que tienen una imagen estereotipada de ellos y esta situación los incomoda.
Un ejemplo es un post en el que una mujer explica que desea desahogarse porque un compañero de trabajo, al ver una fotografía suya que data de ocho años atrás, le dijo que en esa imagen parece “más mexicana”. La usuaria de la página solicitó la opinión de sus paisanos porque desde su punto de vista el comentario de su compañero habría sido “en plan feo”. Las reacciones al relato van desde el siguiente consejo: “diles: es que me quité el penacho y el taparrabo”, hasta: “el problema está en nuestra mente, no en la de ellos” y “nuestra cultura nos hace ser muy sentidos”.
En este punto, algunos participantes en el diálogo virtual reconocieron que existe un estigma que hace que un mexicano se ofenda porque le insinúan que parece un indio, mientras que otros se sienten realmente agraviados porque consideran que la percepción de los italianos tiene que ver con que los mexicanos son “étnicos” o “exóticos”, conceptos a los que es evidente que dan una connotación negativa. Mientras alguien cuestiona cómo debe lucir un mexicano para ser realmente mexicano, otra persona dice que al mencionar que se veía “más mexicana”, el compañero de la usuaria que narra la anécdota le quiso decir que lucía “más fea”. De esta forma, el espacio virtual sirve también para mostrar inconformidad por el modo en que los mexicanos son percibidos por el imaginario italiano.
Otro ejemplo es el de la publicidad de un programa de televisión, en el que la conductora viste como Frida Khalo. Esto genera comentarios que van desde “qué afán tienen los italianos en utilizar así nuestra cultura”, pasando por la observación de que, al utilizar los motivos nacionales en el set de grabación, los italianos aprenderán “el sentido del color”, hasta la mención del sombrero y la siesta como elementos obligados para transmitir una imagen estereotipada del mexicano. Otros comentarios, en cambio, exacerban la presencia mexicana en muchos países, en los que incluso “somos la envidia por nuestra manera de pensar”, esto “le guste o no al italiano”. Desde el punto de vista de algunos de los comentaristas del post, el uso de imágenes de México puede servir para “enderezar” el concepto del mexicano que tienen en Italia, el cual obedece a “lugares comunes”, cuyo origen, sin embargo, ninguno de los miembros del grupo que participan en la discusión intenta explicar.
A manera de conclusión
Como se ha podido apreciar a lo largo de esta exposición, el grupo de migrantes estudiado utiliza las TIC en dos vertientes principales. Por un lado, para mantener el contacto directo con la sociedad expulsora, sin perder los nexos familiares y para mantener una relación permanente que, además de aminorar el estrés provocado por la migración, les da la sensación de que no necesitan socializar con los habitantes del país que los recibe, dado que mantienen aquello que consideran verdaderamente importante: sus lazos afectivos en el lugar de origen. Por el otro, los mexicanos en Italia que se incluyen en esta investigación socializan de manera virtual con sus compatriotas que emigraron como ellos, y aun sin conocerse con anterioridad, generan vínculos por medio de una página de Facebook en la que, una vez admitidos, pueden convivir virtualmente con quienes consideran semejantes a ellos y a quienes confían sus impresiones, muchas veces negativas, acerca del modo de vivir de la sociedad receptora.
En la página de esa red social, los migrantes explotan, se expresan, hacen catarsis y exacerban, sin miedo al juicio exterior -en concreto, al juicio de los nativos del lugar en el que viven-, aquello que consideran propio de los mexicanos: sus costumbres, su orgullo, sus valores, su idiosincrasia. Para citar a Octavio Paz, podría decirse que en ese espacio virtual que se conceden, muestran un “obstinado querer ser distinto, en esta angustiosa tensión con que el mexicano desvalido -huérfano de valedores y de valores- afirma sus diferencias frente al mundo” (1992: 3), pero en lugar de que esa forma de ser distinta se muestre abiertamente frente a la sociedad receptora, todo queda en un acto casi privado, que conocen solamente quienes se consideran semejantes entre sí, los que, desde su punto de vista, sí pueden comprender y por eso son admitidos dentro de este ghetto virtual.
Sería interesante ampliar la investigación para explorar otras páginas de Facebook abiertas por mexicanos o por migrantes de otras nacionalidades en Italia o en distintos países, y así, además de ver las coincidencias o diferencias en los comportamientos virtuales, comprobar si Facebook es una posibilidad para crear nuevos vínculos y espacios, es decir, para establecer una red social en toda forma, o bien, si en otros contextos migratorios sirve exclusivamente como un medio de comunicación que sólo permite reforzar vínculos personales ya existentes.










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