Me he enterado tardíamente del fallecimiento del Dr. Eugenio Flamand Rodríguez SIBIC. La noticia me ha llegado por casualidad por la reseña publicada en la revista Acta Pediátrica Mexicana 2023;44(2):173 por el Dr. Ernesto Calderón Jaimes, en la que relata la vida profesional del Dr. Flamand, excepto su formación en Cirugía Cardiovascular en el Instituto Nacional de Cardiología Ignacio Chávez. Es importante destacarlo, pues esta especialidad quirúrgica marcó su vida.
Conocí al Dr. Flamand a finales del año 1968, cuando comencé como residente en cirugía cardiovascular en el Instituto Nacional de Cardiología (todavía vivía su fundador, el Dr. Chávez). Él había comenzado a hacer la especialidad dos años antes.
Guardo un recuerdo excelente de Eugenio, como profesional y como persona. Siempre dispuesto a ayudar y a enseñar a los residentes que estábamos en años inferiores de formación. Destacaba por su buen hacer como cirujano formado en la Escuela Médico Militar, por su camaradería y su mesura en los temas médicos y en los humanos. Nunca le vi de mal genio o con malos modos.
Recuerdo su apoyo cuando sufrí la fractura de una pierna en un partido de fútbol entre hospitales por la que estuve a punto de perder la residencia. También en una ocasión en la que fui llamado a Dirección por disentir en una historia clínica de la opinión de un ilustre cardiólogo, dándome la razón el Dr. Flamand.
Me ha venido a la memoria una anécdota quirúrgica que confirma su forma de ser. Estábamos realizando una operación de corazón y de pronto comenzó a oírse un tintineo creciente acompañado de temblor del suelo. Entonces los sueros venían en botellas de vidrio que al chocar entre sí colgadas de los soportes producían aquel ruido inquietante. Él tranquilizó a los que no estábamos familiarizados con estos fenómenos: “¡Es un sismo, normalmente no son importantes y cederá pronto! (era bastante antes del gran terremoto que asoló México), se apagarán las luces y entrará en funcionamiento el grupo electrógeno del hospital». Así sucedió y acabamos la cirugía sin otras incidencias.
Años después en una ocasión acudió a España y vino a la Clínica de la Universidad de Navarra en Pamplona donde trabajaba yo. Participó conmigo en una operación cardiaca y en varias reuniones. Después fuimos perdiendo contacto, «la distancia es el olvido», aunque seguí su trayectoria profesional en los medios.
Siento mucho su pérdida. Según avanzamos en años nos van faltando columnas a nuestro alrededor.
Mi más sentido pésame a su familia y amistades.









nova página do texto(beta)


