Introducción
El tema del estándar de vida ha sido uno de los ejes centrales en la historia económica reciente en Latinoamérica. Varios autores han intentado adaptar y aplicar la metodología usada para el estudio de Eurasia (Allen, 2001; 2013; Allen et al., 2011; Allen, Bengtsson, y Dribe, 2005; Broadberry y Gupta, 2006) a países como Argentina (Santilli, 2020), Brasil (Djenderedjian y Martirén, 2020; Pereira, 2020), Perú (Arroyo, 2014), Venezuela (Arroyo, 2013), Uruguay (Moraes y Thul, 2018), México (Challú y Gómez-Galvarriato, 2015) y Chile (Casanova y Garrido, 2021; Casanova, 2022; Llorca-Jaña y Navarrete-Montalvo, 2015). Sin embargo, la mayoría de estas investigaciones se centra en el periodo de la gran divergencia (Court, 2020), es decir, entre los siglos xvii y xix. La ausencia de trabajos sobre el siglo xx es evidente. Las estadísticas oficiales sobre la pobreza, en la mayoría de los países latinoamericanos, inician a finales de la década de 1980. Para el periodo intermedio, entre la gran divergencia y finales del siglo xx, no existen patrones metodológicos claros con evidencia historiográfica suficiente.
Importantes avances se han presentado en los últimos años, sobre todo en el estudio de salarios reales durante los siglos xix y xx (Llorca-Jaña et al., 2021; Matus, 2022; Rodríguez, 2018). No obstante, el tema de la pobreza y su magnitud sigue pendiente. Existen aproximaciones indirectas (Prados de la Escosura, 2005), pero que no discuten en profundidad la metodología para la fijación de la pobreza absoluta. En la República en cifras (Díaz, Lüders, y Wagner, 2016), el compendio estadístico más completo y utilizado en la historiografía económica chilena, no existe información sobre la línea de la pobreza o la incidencia de la pobreza. El presente artículo busca llenar este vacío. Consideramos que la metodología debe cumplir tres condiciones: a) no debe ser la misma que la utilizada para el periodo de la gran divergencia; b) debe recoger las propuestas metodológicas de las estadísticas actuales, para poder así formular estimaciones a largo plazo; c) debe ser replicable en el resto de los países latinoamericanos. En el transcurso del siglo xx, una parte importante de las personas comenzó a vivir en ciudades (Astorga, Berges, y Fitzgerald, 2005), con necesidades que no pueden reducirse a una bare-bone basket, como en periodos anteriores (Fogel, 2004; Vries, 2013). No es lo mismo una línea de la subsistencia, frecuente en la historiografía económica (Santilli y Gelman, 2016), que una línea de la pobreza (Ravallion, 2016). Las necesidades no alimenticias en el mundo preindustrial pueden ser múltiples, pero las posibilidades que abre la vida urbana del siglo xx son bastante más extensas. Para este periodo, las canastas normativas pueden ser insuficientes.
En este trabajo desarrollamos una revisión crítica de la metodología utilizada para la fijación de la línea de la pobreza (LP), centrando el análisis en el periodo histórico en el que esta metodología, que se sigue utilizando en la actualidad, fue diseñada. Consideramos que este ejercicio es importante para destacar los elementos que conviene seguir utilizando y aquellos que pueden ser replanteados. ¿Por qué el caso de Chile en la década de 1960 es replicable al resto de los países latinoamericanos? En primer lugar, debido a que una parte importante de la población rural empobrecida comienza en esta época a emigrar a las principales zonas urbanas. Con diferencias locales y en periodos distintos, este fenómeno es experimentado por la mayoría de los países de la región. Los países que en 1960 presentaban mayores tasas de urbanización eran, en orden, Uruguay, Argentina, Chile, Venezuela, México, Perú, Colombia y Brasil (Astorga, Berges, y Fitzgerald, 2005). La metodología propuesta en este artículo está pensada especialmente para estos países, en los que, a inicios de la década de 1960, cerca de la mitad de la población habitaba en ciudades. En segundo lugar, debido a que, en esta época, varias organizaciones públicas y privadas –como los institutos ligados a la iglesia católica, la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (cepal), los departamentos universitarios y los gobiernos– comenzaron a generar mecanismos para medir la pobreza, la desigualdad, la desnutrición, la propiedad de la tierra y la escasez de vivienda. Contamos con un acervo de información estadística que nos permite formular una metodología distinta a la utilizada para el estudio de la gran divergencia. De hecho, la sede de la cepal estuvo inicialmente en Santiago. En tercer lugar, debido a que, en esta década, el mundo académico de la época comenzó a diseñar aproximaciones metodológicas específicas para el estudio de la pobreza en América Latina (Altimir, 1978, 1981), estas propuestas fueron adoptadas en la mayoría de las estadísticas oficiales de la región a fines de la década de 1980 (Bielschowsky, 1998).
Por las razones recién expuestas, utilizamos una aproximación metodológica compatible con la metodología oficial, que en Chile inicia en 1987. Nuestro objetivo es proporcionar un enfoque que en el futuro abra la posibilidad a estimaciones a largo plazo. El método analizado se basa en la propuesta de la cepal. Nos enfocamos en un periodo específico de tiempo para mostrar cómo las particularidades demográficas, económicas y sociales de cada época deben ser tomadas en cuenta al momento de estimar el costo de la línea de la pobreza. Estimaciones para periodos de larga duración debiesen encontrar la forma de armonizar metodológicamente las particularidades de cada contexto histórico.
En la primera parte, se revisa el método para la estimación de la pobreza de ingresos en Chile, replicable al resto de los países latinoamericanos. Luego, nos centramos en cómo fijar la línea de la pobreza en la década de 1960, destacando tanto las particularidades del periodo como la aplicación de parámetros generales. Finalmente, se plantea una reflexión crítica sobre los resultados obtenidos. Las fuentes utilizadas en este estudio son las siguientes: para los ingresos, la actividad económica y los integrantes del grupo familiar, la Encuesta de Ocupación y Desocupación del Gran Santiago del Centro de Micro Datos de la Universidad de Chile (en adelante cmd, 1960), en la que se encuestaron a 2 352 familias, lo que alcanza un universo de 10 197 individuos; para la canasta básica de alimentos (en adelante cba), se ha utilizado la Encuesta Nutricional Nacional publicada por el Interdepartmental Committe on Nutrition for National Defense (1961), en colaboración con los ministerios chilenos de agricultura, defensa y salud. Esta encuesta abarcó 277 familias y 1 640 individuos, distribuidos por todo el territorio nacional. Los precios al por menor provienen del Anuario de Comercio Interior y Comunicaciones del Instituto Nacional de Estadísticas.
La estimación de la pobreza de ingresos en Chile y Latinoamérica
En Chile, desde finales de la década de 1980, la pobreza se mide aplicando "el método de la Canasta de Satisfacción de Necesidades Básicas. Su base es una canasta mínima de alimentación y un factor multiplicador que entrega el costo total de satisfacer las necesidades mínimas alimentarias y no alimentarias" (Larraín, 2008, p. 101). Se considera en situación de pobreza a familias "que no cuentan con los ingresos suficientes que les permitan satisfacer sus necesidades básicas, es decir, se evalúa la capacidad de realizar consumo" (Larraín, 2008, pp. 110-111). Cuando comenzaron las estimaciones oficiales, "se determinó que la línea de la pobreza, cuyo costo es el monto de la cbc [canasta básica de consumo], es igual a dos veces el costo de la cba [canasta básica de alimentos] en zonas urbanas" (French-Davis, 2018, p. 259). Esta aproximación se basó en el enfoque que, desde finales de la década de 1970, venían proponiendo varios investigadores asociados a la cepal (Altimir, 1978, 1981; Comisión Económica para América Latina y el Caribe, 1990). Para estimar el costo de las necesidades no alimentarias, se utilizó un coeficiente "basado en la relación observada entre los gastos en alimentación y los gastos totales en consumo (conocido como el coeficiente de Engel) de los diferentes estratos de hogares; este se multiplica por el valor de la canasta alimentaria básica (cba) para obtener el costo total de la csnb [Canasta de Satisfacción de Necesidades Básicas]" (Larraín, 2008, p. 116). Para las zonas rurales, "la cepal estimó que el costo de la cba era 25 por ciento menor […] Por ello, la línea de la pobreza rural se fijó en 1.75 veces una cba" (French-Davis, 2018, p. 259).
Las mediciones oficiales, que inician a finales de los ochenta, "mantuvieron la composición de esa canasta inalterada hasta la casen [Encuesta de Caracterización Socioeconómica Nacional] 2011, actualizando su valor según la variación experimentada por los precios de los componentes de la cba de 1987" (French-Davis, 2018, p. 260). También se mantuvo el factor multiplicador (coeficiente Engel o coeficiente Orshansky) en dos, lo que generó reiteradas críticas desde el mundo académico y político. Larraín planteó, en los años previos a la reformulación de la metodología oficial, que "la pobreza es mucho mayor que lo indicado por las cifras oficiales, ya que la línea de pobreza con la que ésta se ha calculado está obsoleta" (Larraín, 2008, p. 118). La medición oficial, argumentaba el autor, "arroja un panorama excesivamente optimista de la situación de pobreza en Chile, y, por ende, genera la sensación de que el problema es mucho menor de lo que realmente es" (2008, p. 103). El coeficiente Engel-Orshansky es probablemente el aspecto que más ha despertado críticas. Como mostramos en el próximo apartado, la relación entre el gasto alimenticio y el gasto total en el periodo 1987-2011 es similar a la reportada en 1960 en los archivos históricos. Hasta hace pocos años, se fijaba la línea de la pobreza con parámetros existentes no en 1987, sino en 1960, hace más de medio siglo. Era evidente que la metodología tenía que ser reformulada (Observatorio Social, 2015).
En este estudio, sugerimos usar la metodología tradicional de la cepal para países latinoamericanos desde la segunda mitad del siglo xx. No obstante, es importante mencionar que la aplicación de estos parámetros puede ser discutible en periodos posteriores (Larrañaga y Rodríguez, 2014). Los cambios acaecidos a principios del siglo xxi "han disminuido la proporción del gasto que se destina a alimentación; su contrapartida es un aumento significativo en la proporción que va a otros bienes y servicios básicos (vestuario, vivienda, transporte, salud, entre otras)" (Larraín, 2008, p. 120). La idea de este trabajo es precisamente discutir el origen histórico de esta metodología para poder así contribuir al debate actual.
Las modificaciones aplicadas después del 2011 generaron "un cambio en la composición y valor de las cba y cbna [canasta básica de no-alimentos], que se tradujo en nuevos pesos relativos entre ambas canastas y un nuevo coeficiente y en el compromiso de que la composición de las canastas y el coeficiente serán estimados cada vez que se cuente con los datos de una nueva epf [encuesta de presupuestos familiares]" (French-Davis, 2018, p. 261). La reformulación de la metodología oficial refleja uno de los puntos centrales que queremos mostrar en este artículo: que la estimación de la línea de la pobreza (en adelante lp) debe estar necesariamente ligada a los patrones de cada periodo y lugar. La aplicación de los parámetros de 1960 o 1987 no sólo es cuestionable para las últimas décadas, sino también para periodos anteriores. El elemento más decisivo es sin duda el componente no alimentario del costo de la vida y la fijación del coeficiente de Engel-Orshansky. "Si bien existen criterios claros respecto a la determinación de la canasta básica de alimentos, la estimación de las otras necesidades constituye un elemento de amplio desacuerdo debido a que resulta mucho más arbitrario, y, según cómo se calcule, esconde en mayor o menor medida el verdadero costo de satisfacer estas necesidades" (Larraín, 2008, p. 112). En la historiografía económica se utiliza una canasta normativa que incluye ítems de alimentación, vestuario, energía y alquiler. Los criterios para la selección de estos ítems, sobre todos los no alimenticios, constituyen un problema enorme, pues las necesidades y los gastos pueden variar significativamente dependiendo del periodo y/o lugar investigado. El gasto en fuentes de energía para el calor no es el mismo, evidentemente, en Santiago, Leipzig o Beijing. El método propuesto por la cepal tiene la particularidad de evitar esta dificultad, fijando las necesidades no alimenticias con base en el costo básico de la alimentación.
Pero esta ventaja trae consigo algunas dificultades. Al proyectar la línea de la pobreza utilizando el índice de precios al consumidor (en adelante ipc) para el rubro alimentación, manteniendo un coeficiente Engel-Orshansky constante, la variación de los precios de los productos alimenticios es traspasada a los bienes no alimenticios. Este procedimiento puede oscurecer la emergencia de nuevas necesidades no alimenticias, propias de la vida urbana. "Treating the seminal Orshansky poverty line as absolute and using simple consumer price indexing over an extended period of time (either forward or backward) will eventually produce a poverty line that does not reflect standards of living in the time period of interest" (Barrington, 1997, p. 409). Por este motivo, lo importante es recurrir a un multiplicador que sea representativo de un periodo específico de tiempo y que no sea considerado como un patrón general descontextualizado.
La fijación de la línea de la pobreza para el Chile de la década de 1960
Para fijar una metodología acorde al periodo de estudio, es necesario poner atención a tres elementos. Primero, al costo de la alimentación. En la Encuesta Nutricional Nacional publicada por el Interdepartmental Committe on Nutrition for National Defense (en adelante icnnd) –en colaboración con los ministerios de salud, agricultura y defensa– se registró el consumo promedio de 41 ítems, indicando la cantidad en gramos. Recomendamos el uso de esta encuesta, que se aplicó también en países como Ecuador (1960) y Perú (1959), ya que representa uno de los primeros intentos no solo por fijar parámetros dentro de los países, incluyendo provincias y regiones, sino también por recolectar datos a nivel latinoamericano. Con estos ítems y con las cantidades proporcionadas en la encuesta es posible elaborar una cba de 2 137 calorías y 64 gramos de proteínas, lo que concuerda con las exigencias de la época (véase cuadro 9). La ventaja de esta canasta es que contiene información específica de las cantidades consumidas. En las canastas oficiales usadas en las estadísticas oficiales los ítems están ponderados y sólo se indica la cantidad de gramos que aparecen en las estadísticas. Igualmente hemos elaborado una canasta ponderada con base en los ítems disponibles en el Anuario de Comercio Interior y Comunicaciones y la canasta de 1957 (véase cuadro 10). Esta segunda canasta (con año base en 1957) posee 52 ítems. Hemos elaborado un ipc de alimentación (1960 = 100) con ambas cba y contrastado el resultado con el ipc (alimentación y general) del Banco Central de Chile (2001) y el ipc general de Díaz, Lüders, y Wagner (2016). En el caso de la canasta basada en el icnnd–ipc (41)– las cifras corresponden al incremento absoluto en el valor de la canasta con base en 1960. En el caso de la canasta ponderada en el cuadro 10 –ipc (52)– hemos elaborado un índice de Laspeyres (véase cuadro 1).
Cuadro 1 Comparación ipc alimentación (1960 = 100)
| ipc alimentación (Banco Central, 2001) | ipc (52) alimentación cba 1957 | ipc (41) alimentación cba 1960 | ipc general Díaz, Lüders y Wagner (2016) | ipc general Banco Central (2001) | |
| 1960 | 100 | 100 | 100 | 100 | 100 |
| 1961 | 113 | 106 | 104 | 110 | 108 |
| 1962 | 150 | 118 | 118 | 125 | 123 |
| 1963 | 232 | 173 | 163 | 171 | 177 |
| 1964 | 316 | 268 | 249 | 246 | 258 |
| 1965 | 399 | 352 | 333 | 355 | 333 |
| 1966 | 454 | 408 | 424 | 490 | 409 |
| 1967 | 545 | 471 | 488 | 633 | 483 |
| 1968 | 693 | 611 | 610 | 818 | 612 |
| 1969 | 893 | 814 | 839 | 1 059 | 799 |
| 1970 | 1 254 | 1 089 | 991 | 1 428 | 1 059 |
| s2 | 130 130 | 102 186 | 93 494 | 193 897 | 97 143 |
| s | 344 | 305 | 292 | 420 | 297 |
| Coeficiente de variación | 73 | 74 | 73 | 83 | 73 |
Fuentes: 27, Dirección General de Estadísticas (1960).
Como es posible apreciar, el ipc general del Banco Central de Chile (2001) y el ipc general de Díaz, Lüders, y Wagner (2016) son mayores a los propuestos en este estudio. Ambas canastas –cuadros 9 y 10– son más compatibles con el ipc de alimentación del Banco Central, con excepción de 1970, año en que las fuentes contrastadas muestran una variación mayor. Con el ipc de alimentación propuesto en este artículo, el costo de la cba es menor al que resultaría de fijar un año base y proyectar el costo con el ipc general de Díaz, Lüders, y Wagner (2016). Esta diferencia es importante para evitar sobreestimaciones de la incidencia de la pobreza.
El segundo elemento es el multiplicador. En este punto, consideramos que la propuesta de Altimir (2001) de un coeficiente Engel-Orshansky de 2.0 para la década de 1960 es apropiado. El problema de esta propuesta, como se mencionó en el apartado anterior, es su aplicación para épocas más recientes. "Mientras más antiguo el instrumento, más probable es subestimar la pobreza, lo que equivale a una percepción demasiado optimista de la situación real [en el siglo xxi]" (Larraín, 2008, pp. 122-123). Varias son las fuentes de información que respaldan el uso de un coeficiente de 2.0. La ponderación de los productos alimenticios en la canasta de 1957 es de 47%. En la Encuesta Nacional de Presupuestos Familiares de septiembre de 1968 y agosto de 1969 se indica que las personas encuestadas que vivían con ingresos menores a dos sueldos vitales para empleados destinaban 50.476% del gasto a los ítems alimentos y bebidas (véase cuadro 2).
Cuadro 2 Gasto en alimentación 1968-1969
| Ingreso | Gasto en alimentación y bebidas (porcentaje del gasto total) |
| Menos de 2 sueldos vitales | 50 476 |
| 2 a 4 sueldos vitales | 44 661 |
| 4 a 6 sueldos vitales | 39 190 |
| 6 a 8 sueldos vitales | 34 656 |
| 8 y más sueldos vitales | 25 917 |
Fuente: Dirección de Estadísticas y Censos (1970).
El tercer aspecto es el tamaño de los grupos familiares. En la Encuesta de Ocupación y Desocupación del Gran Santiago la mayor parte de las familias estaba integrada por cinco personas (véase gráfica 1). Los trabajadores de la manufactura, que concentraban casi un tercio de las personas que declararon una actividad económica, tenían un promedio de 4.88 integrantes por grupo familiar. Para estimar el precio familiar estándar de la línea de la pobreza, sugerimos considerar un promedio de cinco integrantes por grupo familiar (véase cuadro 3).
Cuadro 3 Integrantes promedio del grupo familiar por actividad económica
| Actividad económica | Integrantes promedio del grupo familiar |
| Agricultura | 6.53 |
| Minería | 4.67 |
| Industria manufacturera | 4.88 |
| Construcción | 5.22 |
| Comercio | 4.92 |
| Servicios gubernamentales y financieros | 5.10 |
| Servicios personales y financieros | 5.41 |
| Servicios comerciales y sociales | 4.89 |
| Servicios de transporte y almacenamiento | 5.01 |
| No bien especificado | 3.22 |
Fuente: cmd (1960).
La línea de la pobreza familiar (en adelante LPF) es estimada recurriendo a la escala de equivalencia tradicional de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (en adelante ocde) (Mancero, 2001). La mayor parte de los enfoques metodológicos de aquella época utilizaban esta escala, por lo que su utilización facilitaría comparaciones internacionales (véase cuadro 4). Este procedimiento se aplica en Chile desde el 2014, luego de la reformulación de la metodología para la medición de la pobreza. "Se incorporó el uso de escalas de equivalencia (por economías de escala) en la determinación de los costos de la canasta básica según tamaño del hogar, lo que lleva a estimar distintas líneas de la pobreza según el tamaño de cada uno" (French-Davis, 2018, p. 261). El uso de esta escala permitiría comparar las estadísticas oficiales actuales con las propuestas de la historia económica.
Cuadro 4 Escala de equivalencias
| Integrantes del grupo familiar | Escala ocde tradicional | Escala ocde modificada |
| 1 | 1 | 1 |
| 2 | 1.7 | 1.5 |
| 3 | 2.2 | 1.8 |
| 4 | 2.7 | 2.1 |
| 5 | 3.2 | 2.4 |
Fuente: ocde (2013).
Con base en lo anterior, el procedimiento para la estimación de la línea de la pobreza es el siguiente:
LP = MA* cba = MA * PAC * cba (1a)
LP urbano = 2 * 1 * cba (1b)
LP rural = 1.75 * 0.75 * cba (1c)
LP rural = LP urbano * 0.65625 (1d)
donde
LP = línea de la pobreza
cba = canasta básica de alimentos
MA = multiplicador de alimentación (gasto total dividido por el gasto en alimentación)
PAC = Proporción del valor total de la alimentación comprado en el mercado
La línea de la pobreza familiar es fijada entonces como el doble del costo de la cba detallada en el cuadro 9. Para zonas rurales, se utiliza un multiplicador de 1.75 y se reduce el costo de la cba en 25%. En el caso de 1960, el costo de la cba fue de 0.342Eº y el de la LP individual de 0.684Eº (0.342Eº*2). El valor de la LPF asciende a 2.188Eº (0.684Eº*3.2) diario y 65.654Eº (2.188Eº*30) mensual. En aquel entonces, las remuneraciones medias mensuales de la manufactura eran de 55Eº para obreros y 128Eº para empleados. El promedio del sector era de 66Eº (Banco Central de Chile, 2001). Considerando que la manufactura concentraba una parte importante de la mano de obra en zonas urbanas, el costo de la LPF parece ser el indicado. En la Encuesta de Ocupación y Desocupación la moda es de E60º. La frecuencia de los ingresos familiares (véase gráfica 2).
Para analizar nuestros resultados contrastamos el costo de la LP y la LPF con el ingreso mínimo y el sueldo vital. Como el salario mínimo se publicaba en valores diarios, y el sueldo vital en valores mensuales, hemos incluido la LP diaria y la LPF mensual para un grupo de cinco personas (véase cuadro 5). El salario mínimo obrero era levemente superior a la LP hasta 1970, año en que su valor real incrementa significativamente. El sueldo vital, en cambio, se mantuvo por debajo de la LPF en todo el periodo, pero la diferencia es mínima. En general, los indicadores oficiales sobre el costo de la vida y el salario mínimo muestran que las LP estimadas en este estudio concuerdan con los estándares de aquella época. El alto valor que aparenta tener el salario mínimo obrero puede deberse a que corresponden a jornales diarios individuales, que no consideran ni la cantidad de personas con las que un/a trabajador/a podía vivir ni los días trabajados. En realidad, el valor real del salario mínimo obrero, si se consideran estos factores, es bastante menor. En 1960, asumiendo un total de 20 días trabajados por mes, el salario mínimo (20.240Eº) no alcanzaría ni un tercio de la LPF (65.654Eº). Esta situación concuerda además con las dinámicas políticas de la época, caracterizadas por una creciente sindicalización y un reclamo generalizado en el mundo obrero ante el aumento del costo de la vida (Garcés y Milos, 1988). De acuerdo con las cifras, la situación de los/as empleados/as era bastante mejor que la de los/as obreros/as (véase cuadro 5). Aun así, si se observan las remuneraciones medias de obreros de la manufactura, vemos que, desde 1965, se experimenta un crecimiento importante en el valor real del salario. En 1960-1963, la remuneración media mensual no superaba la LPF. En 1970, era equivalente a 1.7 LPF. El costo de la cba en 1970 propuesto en esta investigación (3.388Eº) es similar (3.630Eº) al estimado por Altimir (1978).
Cuadro 5 Comparación línea de la pobreza, sueldo mínimo obrero y sueldo vital empleados de la manufactura-comercio
| cba/línea de la ind igencia (diaria) | LP individual (diaria) | Salario mínimo obrero (diario) | LPF (mensual) | Sueldo vital empleados industria y comercio (mensual) | Remuneración media obreros manufactura (mensual) | |
| 19 60 | 0.342 | 0.684 | 1 012 | 65 654 | 57 550 | 55 |
| 19 61 | 0.356 | 0.712 | 1 272 | 68 382 | 71 680 | 64 |
| 19 62 | 0.404 | 0.807 | 1 464 | 77 490 | 80 910 | 75 |
| 19 63 | 0.556 | 1.112 | 1 624 | 106 712 | 103 320 | 100 |
| 19 64 | 0.850 | 1.700 | 2 360 | 163 173 | 150 230 | 152 |
| 19 65 | 1.139 | 2.277 | 3 264 | 218 619 | 207 920 | 212 |
| 19 66 | 1.448 | 2.897 | 4 104 | 278 111 | 261 770 | 314 |
| 19 67 | 1.670 | 3.341 | 4 800 | 320 709 | 306 270 | 413 |
| 19 68 | 2.087 | 4.173 | 5 851 | 400 621 | 373 270 | 543 |
| 19 69 | 2.868 | 5.736 | 7 483 | 550 614 | 477 500 | 743 |
| 19 70 | 3.388 | 6.776 | 12 000 | 650 536 | 617 410 | 1 071 |
Nota: La línea de la pobreza (lp) individual es igual el costo de dos cba. La línea de la pobreza familiar (LPF) es igual a 3.2 veces la lp. Para obtener la LPF mensual se ha multiplicado la LPF diaria por 30.
Fuente: El salario mínimo obrero y el sueldo vital fue obtenido del boletín mensual del Banco Central de Chile. El salario mínimo obrero se publicaba en valores diarios, mientras que el sueldo vital en valores mensuales.
También es importante observar el ingreso familiar per cápita al momento de estimar la incidencia de la pobreza. Es decir, el ingreso familiar dividido por la cantidad efectiva de integrantes del grupo familiar. Si se considera solo el ingreso familiar de cada grupo, existe el riesgo de subestimar la incidencia de la pobreza. Considerando una LPF de 65.654Eº, una familia con ingreso familiar de 70Eº y seis integrantes se encontraría en peores condiciones que una con ingresos de 60Eº y tres integrantes (véase cuadro 6). El porcentaje de familias (sin considerar su tamaño) viviendo bajo la LPF es de 42.8%. Si se considera el ingreso familiar per cápita, la incidencia aumenta a 50.7%. Estas estimaciones coinciden con las propuestas por Altimir (2001) para comienzos de la década de 1960. En general, en los estudios sobre la pobreza en Latinoamérica se tiende a utilizar el ingreso familiar per cápita.
Cuadro 6 Incidencia de la pobreza en 1960
| a) Porcentaje de familias (ingreso familiar total) | |||||
| Frecuencia | Porcentaje | Porcentaje válido | Porcentaje acumulado | ||
| Válido | Pobre | 951 | 40.4 | 42.8 | 42.8 |
| No Pobre | 1 272 | 54.1 | 57.2 | 100.0 | |
| Total | 2 223 | 94.5 | 100.0 | ||
| Perdidos | Sistema | 130 | 5.5 | ||
| Total | 2 353 | 100 | |||
| b) Porcentaje de familias (ingreso familiar per cápita) | |||||
| Frecuencia | Porcentaje | Porcentaje válido | Porcentaje acumulado | ||
| Válido | Pobre | 1 120 | 47.6 | 50.7 | 50.7 |
| No pobre | 1 087 | 46.2 | 49.3 | 100.0 | |
| Total | 2 207 | 93.8 | 100.0 | ||
| Pe rdidos | Sistema | 146 | 6.2 | ||
| Total | 2 353 | 100 | |||
Fuente: Centro de Micro Datos (1960).
La subrepresentación del mundo agrícola
Un último aspecto que es importante analizar es la subrepresentación del mundo agrícola en la Encuesta de Ocupación y Desocupación. En este periodo, la mayoría de las encuestas de este tipo eran estrictamente urbanas. De los trabajadores que declararon una actividad económica, 32% manifestó dedicarse a la industria manufacturera, 19% a servicios personales y 16% al sector construcción (véase cuadro 7). Menos de 1% (30 personas de un universo de 3 663) declararon trabajar en el sector agrícola.
Cuadro 7 Actividad económica 1960
| Frecuencia | Porcentaje | Porcentaje válido | Porcentaje acumulado | ||
| Válido | Agricultura | 30 | 0.3 | 0.8 | 0.8 |
| Minería | 12 | 0.1 | 0.3 | 1.1 | |
| Industria manufacturera | 1 177 | 11.5 | 32.1 | 33.3 | |
| Construcción | 256 | 2.5 | 7.0 | 40.3 | |
| Comercio | 613 | 6.0 | 16.7 | 57.0 | |
| S. Gobierno y Financiero | 305 | 3.0 | 8.3 | 65.3 | |
| S. Pers. y Hogar | 701 | 6.9 | 19.1 | 84.5 | |
| S. Com. y Soc. | 335 | 3.3 | 9.1 | 93.6 | |
| S. Transporte y Almacenamiento | 225 | 2.2 | 6.1 | 99.8 | |
| No bien especificado | 9 | 0.1 | 0.2 | 100 | |
| Total | 3 663 | 35.9 | 99.7 | ||
| Pe rdidos | Sistema | 6 534 | 64.1 | - | - |
| Total | 10 197 | 100 | - | - |
Fuente: Centro de Micro Datos (1960).
La baja participación del mundo agrícola en las encuestas de ingresos familiares es un problema importante, al menos para el análisis de este periodo. Las personas que estaban arribando a sectores urbanos desde zonas agrícolas empobrecidas no se reflejan apropiadamente en estas encuestas. Si observamos sólo la realidad urbana, podemos quedarnos con una imagen descontextualizada de la realidad. De hecho, (véase gráfica 3) si se utiliza la base de datos de la Encuesta de Ocupación y de Desocupación, el coeficiente Gini en 1960 era medio (0.488733). En otros trabajos se ha llegado a la misma conclusión (Larrañaga, 2001).
Sin embargo, en estos años, todavía un tercio de la población habitaba en zonas rurales, en donde las condiciones de vida eran bastante peores (Robles y Kay, 2018; Rojas, 2016; Tinsman, 2009). La mayor parte de esta población estaba emigrando hacia zonas urbanas, sobre todo a Santiago (Díaz, Lüders, y Wagner, 2016). A continuación, mostramos la línea de la pobreza rural y el ingreso medio nominal de los trabajadores agrícolas (véase cuadro 8) (Rodríguez, 2013). Si bien es posible observar un crecimiento importante en el valor real de los salarios, el jornal se mantuvo por debajo de la LPF durante toda la década. Como el número de integrantes por grupo familiar en el sector agrícola era mayor (véase cuadro 3), hemos agregado una segunda LPF (LPF x6) para un grupo familiar de seis integrantes. Si se contrasta el ingreso con la LPF para cinco integrantes (LPF x5), el jornal diario en 1970 es equivalente a 87% de la LPF. En cambio, si se considera un grupo familiar de seis personas, el jornal no supera el 73%. Además, son jornales diarios para un sector productivo de naturaleza estacional y con grupos familiares de mayor tamaño, por lo que las cifras expuestas pueden subestimar la pobreza de ingresos. Si se incluyese esta parte de la población en los análisis de la desigualdad y la pobreza de ingresos, probablemente el panorama sería peor. Es importante tener en conspiración este aspecto al momento de entender las dinámicas sociales y económicas de la época.
Cuadro 8 COMPARACIÓN ENTRE LÍNEAS DE LA POBREZA RURAL Y SALARIO MÍNIMO AGRÍCOLA (1960-1970)
| cba/línea de la indigencia (diaria) | LP rural indi vidual (diaria) | L~ PF~ rural familiar x5 ( diaria) | LPF rural familiar x6 (diaria) | Jornal diario promedio sector agrícola | Salario mínimo obreros agrícolas (diario) | |
| 19 60 | 0.26 | 0.45 | 1.44 | 1.71 | 0.71 | 0.68 |
| 19 61 | 0.27 | 0.47 | 1.50 | 1.786 | 0.81 | 0.89 |
| 19 62 | 0.3 | 0.53 | 1.70 | 2.014 | 0.95 | 0.95 |
| 19 63 | 0.42 | 0.73 | 2.34 | 2.774 | 1.42 | 1.35 |
| 19 64 | 0.64 | 1.12 | 3.58 | 4.256 | 2.11 | 2.05 |
| 19 65 | 0.85 | 1.49 | 4.77 | 5.662 | 3.42 | 3.26 |
| 19 66 | 1.09 | 1.9 | 6.08 | 7.22 | 4.27 | 4.1 |
| 19 67 | 1.25 | 2.19 | 7.01 | 8.322 | 5.01 | 4.8 |
| 19 68 | 1.57 | 2.74 | 8.77 | 10.412 | 5.87 | 5.85 |
| 19 69 | 2.15 | 3.76 | 1 2.03 | 14.288 | 7.88 | 7.48 |
| 19 70 | 2.54 | 4.45 | 1 4.24 | 16.91 | 12.36 | 12 |
Fuentes: Para el jornal diario del sector agrícola, Rodríguez (2013). Para el salario mínimo agrícola, el boletín mensual del Banco Central de Chile.
Nota: La cba rural es igual a la cba urbana disminuida en 25%. La LP rural es igual a la cba rural multiplicada por 1.75. La LPF rural es igual a la LP rural multiplicada por 3.2 y 3.8, asumiendo un promedio de 5 o 6 integrantes por grupo familiar, respectivamente.
Conclusiones
En este artículo hemos intentado fundamentar tres argumentos. El primero tiene que ver con la posibilidad de estimar la línea de la pobreza recurriendo no a una canasta normativa con ítems alimenticios y no alimenticios, sino a una canasta básica de alimentos y un multiplicador basado en la relación entre gasto alimentario y no alimentario de un grupo de referencia. Este es el procedimiento utilizado en la mayoría de los países latinoamericanos en las últimas décadas. Contamos con información estadística suficiente para proyectar las estimaciones oficiales, que inician en la década de 1980, hacia el pasado. En este artículo demostramos su extensión a la década de los 1960, contexto inicial donde se formuló la metodología. En el futuro esperamos demostrar que el mismo método se puede extender para estimar la incidencia de la pobreza desde los años treinta hasta los noventa. Para esta labor, es necesario generar consensos historiográficos en torno a la línea de la pobreza antes de las estadísticas oficiales. El segundo argumento tiene relación con la necesidad de analizar la pobreza de ingresos con una medida distinta a la canasta de subsistencia, que es la más frecuentada en la historiografía económica. Consideramos que la metodología de la canasta de subsistencia es apropiada para el periodo de la gran divergencia, entre los siglos xvii y xix, pero que, para el siglo xx, es posible elaborar una aproximación metodológica diferente. Si analizamos el estándar de vida con parámetros del mundo preindustrial, lo más probable es que se corra el peligro de subestimar seriamente la incidencia de la pobreza. El tercer argumento es de carácter político. Es necesario prestar la debida atención a la realidad histórica que fundamenta las propuestas metodológicas. La perspectiva metodológica expuesta en este artículo puede ser aplicable a los países latinoamericanos en la segunda mitad del siglo xx, pero su uso en décadas más recientes puede ser materia de discusión.
La aproximación propuesta en este estudio está pensada para países en los que, a inicios de los sesenta, cerca de la mitad de la población habitaba zonas urbanas: Uruguay, Argentina, Chile, Venezuela, México, Perú, Colombia y Brasil. En cada caso se debe pesquisar archivos que permitan estimar el hogar promedio de los grupos familiares, el gasto alimenticio en los sectores de bajos ingresos y los productos/cantidades con los que se puede elaborar una cba. Respecto a este último punto, es importante revisar la disponibilidad, en cada caso, de las estadísticas sobre precios al por menor.
En síntesis, creemos que es posible generar consensos historiográficos para el estudio de la pobreza de ingresos en Latinoamérica durante el siglo xx. Estos consensos deben tener en consideración tanto los patrones generales expuestos en este artículo (tamaño de los grupos familiares, composición de la cba, coeficiente Orshansky-Engel) como las particularidades históricas de cada país.










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