Destierro y memoria, escrito por Liliana López Levi, constituye un aporte al conocimiento de la historia global y trayectoria de las familias judías de la región de Piemonte (Piamonte), norte de Italia, desde su expulsión de Sefarad (España) hasta la actualidad en que se encuentran físicamente separadas en diferentes lugares del mundo y unidas por la memoria colectiva, por un bagaje histórico y cultural comunes. El relato de la cotidianidad y particularidades de las familias sirve para dar cuenta de grandes acontecimientos de la historia ocurridos entre los siglos XVIII y XX.
La autora recupera la memoria colectiva y reconstruye la genealogía de un grupo de familias que, al ser expulsadas de España en 1492, por el Decreto de la Alhambra, se asentaron en la región de Piamonte. La investigación se basó en la recuperación de estudios académicos, la elaboración de mapas mentales con las líneas familiares descritas en el libro y las consultas de archivos familiares y oficiales; en cartas, diarios y documentos, testimonios, entrevistas, anécdotas y fotografías. Las trayectorias de las familias estudiadas, judías, liberales, emancipadas e intelectuales y entrelazadas por su vida en el ghetto (espacio social que limitaba la movilidad de la comunidad judía con fundamentos discriminatorios impuestos por autoridades civiles y religiosas), permiten observar las estrategias y prácticas de sobrevivencia, resistencia, adaptación y transformación de las familias protagonistas a lo largo de los siglos.
La obra consta de seis capítulos en los que se exponen los principales acontecimientos históricos que definieron los siglos XVIII, XIX y XX, aunque también se recuperan algunos acontecimientos de los siglos XVI y XVII. La autora transita por las escalas global, regional y local para dar cuenta de cómo los acontecimientos y procesos que han configurado el mundo, entre ellos las ideas de la Revolución francesa, las reformas napoleónicas, la unificación italiana, las dos guerras mundiales, el destierro derivado de la promulgación de las leyes raciales, el ascenso del fascismo y la Shoah (Holocausto), se manifestaron en Italia y cómo, de manera particular, han transformado a la comunidad judía de Piamonte, a la vez que se puede leer cómo dicha comunidad ha incidido en los procesos históricos.
El destierro y la memoria son los ejes con los que Liliana López Levi estructura la obra. Ambos son un principio fundamental de la identidad judía, siempre con el sello de la pertenencia, la expulsión, la ciudadanía y los derechos sociales. El primer capítulo, “La memoria archivada” (pp. 25-48), a partir de archivos históricos y obras bibliográficas, narra el gherush (la expulsión) de los judíos de España en 1492, proceso que es el referente más antiguo de las familias judías que se asentaron en las ciudades-Estado de la región de Piamonte. Aunque intentaron integrarse a la comunidad local, e incluso dejaron de hablar ladino para hacerlo en piamontés, durante mucho tiempo fueron extranjeros y ajenos, sin tener ningún otro referente territorial. De los siglos XVI al XIX, mientras el poder de la Iglesia se expandía, los judíos fueron confinados a vivir en guetos, separados del resto de la población católica y bajo restricciones económicas, jurídicas y existenciales impuestas a la comunidad, en algunas ocasiones también recibieron presiones para su conversión al catolicismo; sin embargo, el confinamiento les permitió contar con condiciones de seguridad y crear micro universos para su reproducción social: dentro del confinamiento establecieron escuelas y sinagogas que estimularon la actividad cultural y religiosa. Hoy en día el legado de los guetos es relevante como espacios sociales de discriminación y opresión, y a la vez de resistencia y resiliencia de las comunidades judías.
El segundo capítulo, “Los aires de libertad, igualdad y fraternidad” (pp. 49-140), presenta las emancipaciones napoleónica y albertina, de los siglos XVIII y XIX que marcaron un punto de inflexión crucial en la historia de las comunidades judías al proporcionarles derechos y libertades que les permitieron mejorar significativamente su situación y contribuir al desarrollo de la sociedad y nación italiana. Al liberarse de los guetos, los judíos accedieron a la educación en las universidades, a profesiones liberales, a la milicia y a formar parte del sector público, actividades que durante la vida en confinamiento no tenían permitido realizar. Sin embargo, el antijudaísmo de antaño, que los había llevado a los guetos, no desapareció por completo, sobre todo porque dentro de la cultura del positivismo surgió el concepto de raza, y a partir de entonces los judíos ya no fueron diferentes solamente en términos religiosos y culturales, sino que se clasificaron como una raza distinta, la semita, y con ello el antijudaísmo se amplió, se profundizó y se transformó en antisemitismo.
El tercer capítulo, “Entre la civilización y la barbarie” (pp. 141-222), ordena las historias y anécdotas de las familias de Piamonte, en el periodo que va de la segunda emancipación (Risorgimento o nacionalismo italiano) al inicio de la persecución. En este lapso destaca la asimilación a la cultural nacional y local que los judíos habían logrado, al grado de identificarse como italianos. En los planos económico y laboral, los judíos participaban plenamente y se consideraba que sus aportes habían contribuido a la formación de la nación italiana. Los judíos constituían un número desproporcionadamente alto de profesores universitarios, de generales y almirantes, e incluso participaron en la Gran Guerra, lo que habla de su integración. Uno de los temas que propone esta sección es el de las mujeres judías influenciadas por el movimiento feminista de la época, muchas de ellas con intereses académicos y laborales, que lograron graduarse de la universidad, otras no pudieron debido a las restricciones culturales propias de la época; no obstante, la proporción de mujeres con formación universitaria superaba al promedio nacional.
“El fascismo y la pérdida de la ciudadanía” (pp. 223-332) son los temas del cuarto capítulo. En él se expone el ascenso del fascismo en Europa y de las estrategias de las familias para sobrevivir en condiciones de barbarie. Dichas condiciones iniciaron con la promulgación de las leyes raciales (1938). Con su aplicación, la población judía perdió su empleo, y algunos de ellos migraron, a pesar de las complicaciones cada vez mayores para conseguir pasaportes y visas y sacar el dinero del país; otras personas judías vivieron como ciudadanas de segunda clase, escondiéndose en conventos y monasterios, vagando en las afueras de las ciudades y usando nombres falsos, algunos con ayuda de redes de solidaridad nacionales y extranjeras. La “solución final”, iniciada en Italia en 1943, fue un genocidio que tuvo dos dimensiones: el asesinato industrial y la deshumanización de las víctimas; con ella se privó de la vida a más de siete mil judíos italianos de un total de seis millones de víctimas registradas (p. 324). Con el ascenso del fascismo, la exclusión territorial y el terror sustituyeron la inclusión de la que gozaron las comunidades judías desde su salida de los guetos. Los judíos, entre quienes había comunistas, antifascistas e integrantes de la resistencia, fueron despojados de sus identidades, de sus bienes y de su espacio vital; fueron perseguidos, deportados y asesinados bajo la lógica geopolítica del sistema mundo de este periodo histórico.
En el quinto capítulo, “Los senderos se bifurcan” (pp. 333-442), se enfocan las historias de algunas de las personas y familias judías piamontesas que dejaron Italia en busca de nuevos territorios libres de leyes raciales y persecuciones, y migraron principalmente a Estados Unidos, México, Bolivia, Ecuador, Brasil, Colombia y Argentina. Con la expansión de las ideas fascistas, fue cada vez más difícil salir de Italia como entrar a otros países, ya que la mayor parte de ellos endureció sus leyes de inmigración a finales de la década de los años treinta. Si bien la llegada de estas personas a las nuevas tierras les permitió subsistir y les ofreció posibilidades de desarrollo, las condiciones no fueron fáciles para todas las familias, muchas de ellas desmembradas; sin embrago, su preparación en las ciencias, el humanismo y las artes, les facilitó su inserción en el ámbito laboral de los países de acogida. Otros judíos que no migraron vivieron escondidos o huyendo; algunos fueron deportados a Auschwitz u otros campos de la muerte, donde la mayoría fue asesinada y quienes lograron sobrevivir, como el escritor Primo Levi, quedaron profundamente marcados (Angier, 2002).
En el último capítulo, “Nuevos horizontes” (pp. 443-514), se plantea cómo al término de la Segunda Guerra Mundial, los migrantes se preguntaban si se quedaban en las tierras a las que habían llegado, se repatriaban o volvían a migrar. No hubo una sola respuesta. Hubo quienes regresaron a Italia, algunos otros optaron por permanecer en los países de acogida donde nacieron nuevas generaciones, y hubo quienes prefirieron migrar nuevamente a países como Canadá, Estados Unidos, Brasil, Nueva Zelanda, Inglaterra, Israel, Suiza o Bélgica, en busca de mejores oportunidades. Sin importar la decisión tomada, los lazos de parentesco han sido indisolubles y la memoria permanece como integradora de identidades.
“Memoria y destierro” es un referente para conocer la historia global de las comunidades judías italianas, así como para adentrarse a las categorías territoriales como inclusión, exclusión, segregación, asimilación, exilio y destierro, como elementos explicativos en la configuración de una geografía personal e íntima, de la autora, que conecta con geografías sociales y culturales, a la vez que con procesos políticos, económicos, sociales y culturales en las escalas global, regional y local.










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