Introducción
La ciencia política en Ecuador es una disciplina de emergencia tardía (Sorj y Schwartzman, 2008; Mejía, Freidenberg y Pachano, 2005). Recién a mediados de la década de 1990 surgieron los primeros programas universitarios y más tarde los de posgrado (Zamora-Avilés y Jervis-Pastor, 2021; Barrientos, 2014); en la misma tónica se debatió la investigación científica, aunque con un pronunciado incremento de la producción académica durante los últimos años. La migración de jóvenes estudiantes ecuatorianos para realizar posgrados en Estados Unidos, Europa y, en menor medida, en América Latina, podría ser una de las razones de este avance (Dabène 2014; Freidenberg, 2014; Pérez-Liñan, 2014; Došek, Kouba, Springerová, 2014). Sin embargo, muchos de esos nuevos investigadores se establecieron fuera del país, principalmente, por condiciones laborales, por lo que dicho éxodo no necesariamente podría verse reflejado a futuro en la consolidación de la ciencia política realizada en Ecuador. Si bien este hecho no implica necesariamente que la comunidad de politólogos en el país se vea diezmada de forma grave, sí da cuenta de que los espacios de crecimiento de la disciplina “hacia adentro” es uno de los principales desafíos que ahora se afronta.
Por su parte, al avance de la investigación científica hay que agregar que la tendencia -aunque en menor medida respecto a otros países latinoamericanos- es hacia la atención superlativa a la metodología, en desmedro de las ideas y planteamientos teóricos (Basabe-Serrano y Hernández-Huertas, 2018). Como consecuencia de ello, los temas que se abordan y estudian son los que se pueden medir de forma más “simple” y no aquellos que se relacionan con los principales problemas que se observan en la realidad. Ahí estaría una posible explicación de por qué temas fundamentales como la corrupción, la inseguridad o las deficiencias estatales de cara a la provisión de bienes y servicios básicos sean prácticamente inexplorados en las agendas de investigación de universidades y escuelas de posgrado. Las circunstancias anotadas darían pávulo además para que la impresión que se genera entre la ciudadanía y la opinión pública respecto a la ciencia política sea que es una disciplina que camina por senderos muy diversos a los que transitan las dinámicas de la vida cotidiana.
Por ello, en la primera parte de esta nota de investigación discutimos brevemente sobre la ciencia política en Ecuador como objeto de estudio. Posteriormente, analizamos el estado de la ciencia política ecuatoriana en el andarivel de la docencia. Allí nos detenemos en la oferta existente y en algunos rasgos constitutivos de la orientación que se da a la disciplina en términos de enfoques teóricos y metodológicos. A continuación, abordamos diferentes aristas de la investigación científica desarrollada durante los últimos diez años. Para ello, recurrimos a una base de datos inédita en la que compilamos la principal producción académica publicada en revistas especializadas (SBS, s.f.). Finalmente, en la cuarta parte proponemos algunos criterios de cara a mejorar tanto las estrategias de enseñanza de la ciencia política como la agenda de investigación que se puede desarrollar dentro de la disciplina.
La ciencia política en Ecuador como objeto de estudio
En esta nota de investigación asumimos como objeto de estudio a la ciencia política desarrollada en Ecuador. Como en cualquier proceso de investigación, dotar de objetividad al fenómeno que se va a observar no es una tarea fácil, ya que implica dejar de lado preconcepciones -prenociones acorde a la propuesta de Bourdieu (2001)- que podrían sesgar el trabajo teórico y empírico. La primera tarea en este sentido es separar la disciplina denominada ciencia política de otras que, aunque son parte de las ciencias fácticas en términos de Bunge (1977), tienen su autonomía teórica. Por ello, dejamos de lado los trabajos generados desde la sociología pues la distinción que presenta frente a la ciencia política es clara en el plano de su mayor alcance comprensivo. Por otro lado, incluimos dentro del objeto de estudio a las relaciones internacionales, ya que suele considerarse como parte constitutiva de la ciencia política. Lo dicho tiene asidero a pesar de que en ciertos espacios universitarios los estudios de las relaciones internacionales han asumido autonomía en el nivel de la docencia e investigación.
El objeto de estudio alrededor del que se circunscribe este documento es al de la ciencia política desarrollada en Ecuador. La razón principal para esta decisión es que nuestro interés es evaluar el avance o retroceso de la disciplina entre quiénes son parte de la comunidad académica que se encuentra más relacionada por estar inmersa en las dinámicas propias del país. En ese aspecto, quienes tienen como unidad de análisis a Ecuador e investigan dentro de los campos más clásicos de la ciencia política, si bien aportan a la discusión de la disciplina, son observadores externos de la realidad en la que se debate la academia nacional. Por esa razón, señalamos claramente que esta nota de investigación estudia la ciencia política en Ecuador y no sobre Ecuador. De esta manera, marcar un objeto de estudio de la forma como lo hemos hecho, nos permite valorar de forma clara cuál es la trayectoria de la disciplina en el país.
Así, la delimitación marcada no excluye a quienes, sin ser ecuatorianos, trabajan dentro de la disciplina en el país. No es, por tanto, una cuestión relacionada con la nacionalidad de las personas sino con el lugar desde el que se sitúan de cara a asumir como objeto de estudio a este país. Alguien que estudia Ecuador u otra nación y nunca lo ha visitado -caso este que no es excepcional- difícilmente puede ser considerado como un actor que está involucrado con los avances o retrocesos de la docencia o la investigación de la disciplina local. Aunque la decisión que discutimos pueda parecer endogámica, para los efectos del diagnóstico de lo que ocurre en la ciencia política en Ecuador, nos parece clave y definitiva. En síntesis, no nos interesa analizar cuánto se ha estudiado a Ecuador desde la ciencia política sino cómo se sitúa la misma dentro de Ecuador y cuál sería su proyección hacia el contexto internacional.
La enseñanza de la ciencia política en Ecuador
En cuanto a la docencia en ciencia política, a lo largo de los años se ha observado un cambio significativo en la oferta de programas tanto a nivel de pregrado como de posgrado. En 2004, por ejemplo, solo ocho universidades ofrecían licenciaturas relacionadas con la disciplina. Tres de ellas (San Francisco de Quito, Casa Grande y Cristiana Latinoamericana) proponían programas unidisciplinarios en Ciencia Política, mientras que cuatro (Central del Ecuador, Pontificia Universidad Católica del Ecuador, Estatal de Guayaquil, Vargas Torres y Técnica de Machala) planteaban ofertas en conjunto con la carrera de Sociología (Mejia, Freidenberg y Pachano, 2005). Sin embargo, entre 2005 y 2019, se observó un aumento en la cantidad de universidades que ofrecen programas en Ciencia Política y Relaciones Internacionales (Casa Grande, de las Américas y de los Hemisferios). Además, tres universidades (del Azuay, Internacional del Ecuador y San Francisco de Quito) se enfocaron específicamente en programas de Relaciones Internacionales (Zamora-Avilés y Jervis-Pastor, 2021: 203). En cuanto a los programas de posgrado, hasta 2004, la oferta era limitada (Mejía, Freidenberg y Pachano, 2005). Sin embargo, se evidencia un crecimiento interesante de los programas de licenciatura, maestría y doctorado, tal cual lo describimos a continuación.
Las licenciaturas en ciencia política
Evaluamos la oferta docente de ciencia política en Ecuador entre 2013 y 2023. En total, identificamos 23 programas de pregrado, 37 de maestría y 5 de doctorado. En lo que respecta a las licenciaturas, los programas con mayor prevalencia son los de Relaciones Internacionales (43.47 %), seguidos de los de Ciencia Política (30.43%) y algunos que conjugan ambos enfoques (26.08 %). En cuanto al origen del financiamiento de las universidades que ofrecen la titulación, 17 son privadas (73.91 %), cuatro son públicas (17.39 %) y 2 se hallan en estatus de cofinanciamiento (8.69 %). Aunque existen programas de becas en las universidades privadas, se observa una notoria desatención desde lo público a fomentar el desarrollo de la disciplina. De otro lado, la mayor parte de programas de pregrado se desarrollan de forma presencial (82.60 %) mientras que los que han optado por la opción híbrida y virtual son residuales (8.69 %). En el Anexo 1 detallamos las universidades que ofrecen programas de licenciatura en Ciencia Política.
En lo que se relaciona con la composición de las mallas curriculares, del análisis realizado y que consta en la Gráfica 1, se desprende que el componente principal es la formación en cursos teóricos (45,85 %). A lo dicho siguen las materias correspondientes a la formación general, entre las que se encuentran algunas relacionadas con principios de economía, sociología, derecho o historia (42.39 %). En cuanto a los cursos de naturaleza metodológica son menos frecuentes y allí se observa un tema que podría afectar al desarrollo de la disciplina (11.76 %). De hecho, al carecer de bases metodológicas, la producción científica se restringe y eso es evidente en los programas de posgrado, ya que allí no es posible desarrollar agenda de investigación más avanzadas sino que es necesario cubrir los vacíos detectados en el nivel de licenciatura.
El posgrado: maestría y doctorado
De una revisión realizada a través de la Secretaría Nacional de Ciencia y Tecnología (SENECyT), encontramos una oferta de 37 maestrías. De ellas, 13 son presenciales (35.13 %), 12 son virtuales (32.43 %), 10 se desarrollan en modalidad híbrida (27.02 %) y solamente 2 tienen el estatus semipresencial (5.40 %). En cuanto a los enfoques, los programas se pueden dividir en cuatro categorías -relaciones internacionales, ciencia política, políticas públicas y comunicación política- aunque dentro de ellas hay algunos híbridos, tal cual consta en el Anexo 2. Los programas en relaciones internacionales son los más ofrecidos (37.83 %), seguidos de los de políticas públicas (24.32 %), comunicación política (24.32 %) y, finalmente, los de ciencia política (13.51 %).1 En el campo del financiamiento, la gran mayoría de los programas los ofrecen universidades públicas (62.16 %), aunque a diferencia de las licenciaturas, los estudiantes deben realizar una inversión económica necesaria para sostener el programa de posgrado. En algunos casos, las universidades ofrecen becas o apoyos financieros.
Como consta en la Gráfica 2, la formación teórica en los programas de maestría suele ser preponderante (57.71 %) seguida de la capacitación metodológica (30.35 %). En el aspecto teórico, los cursos se enfocan en las materias más clásicas de la ciencia política: las instituciones o los partidos políticos, mientras que en el campo metodológico el énfasis está en los cursos sobre la epistemología de las ciencias sociales o los fundamentos del estudio de caso o del análisis comparado de pocos casos. Hay menos atención a los estudios cuantitativos y casi ningún interés en el dictado de materias relacionadas con la historia política del Ecuador y de América Latina. De hecho, solamente 8 de los 37 programas cuentan con al menos un curso relacionado a los contenidos anotados (1.99 %).2 Este dato es llamativo, ya que da cuenta de una formación de posgrado en la que la perspectiva de largo alcance y el contexto de la vida política se tienden a relativizar.

Fuente: elaboración propia a partir de las mallas curriculares de los programas.
Gráfica 2 Composición de cursos en maestría
En cuanto a los estudios de doctorado, Ecuador cuenta con tres programas: uno tiene énfasis en los estudios internacionales, otro en políticas públicas y el tercero en ciencia política. Todos están ofertados por Flacso-Ecuador. No obstante, hay que señalar que existen otros programas interdisciplinarios en los que la política se encuentra como un eje transversal. Ese es el caso del Doctorado en Estudios Latinoamericanos, ofrecido por la Universidad Andina Simón Bolívar. En ambas universidades se ofrecen becas y condiciones óptimas para los doctorandos aunque con una limitante relacionada con la ausencia relativa de vasos comunicantes entre un programa y otro. En ese panorama, hay un tema a tratar y que podría ayudar en gran medida a mejorar el entorno y producción científica de la ciencia política ecuatoriana. La Gráfica 3 resume la evolución a lo largo del tiempo analizado de los programas de pregrado y posgrado en Ciencia Política que se ofrecen en Ecuador.
La producción científica de la ciencia política ecuatoriana
Para valorar la producción académica desarrollada en Ecuador en torno a la ciencia política tomamos el periodo comprendido entre 2013 y 2023. Analizar la última década nos permite no solo conocer el estado de la invetigación en un espacio considerable de tiempo sino también plantear una comparación controlada respecto a lo ocurrido previamente. En efecto, acorde a lo señalado por Mejia Acosta, Freidenberg y Pachano (2005), entre 1978 y 2004 la producción generada tuvo una limitada proyección hacia afuera del país. Una de las razones que podría explicar dicho rasgo es la limitada presencia de trabajos académicos en revistas científicas de alcance internacional. La idea en este sentido sería valorar si a partir de 2013 -año que tomamos como punto de partida del análisis-, ese patrón cambia en alguna medida. Desde luego, al tratarse de una comparación heurística, los criterios metodológicos utilizados en esta nota de investigación difieren de los considerados en trabajos previos. Aunque esto resta precisión a la comparación, al menos desde el punto de vista intuitivo, este ejercicio aporta a una comprensión más amplia de las distintas facetas de la investigación científica desarrollada en Ecuador alrededor de la ciencia política.
Para valorar empíricamente la producción académica mencionada, tomamos algunas decisiones metodológicas que aquí se expresan. En primer lugar, consideramos a politólogos que en sus investigaciones tengan como unidad de análisis ese país. Para identificarlos, primero recurrimos a la base de datos de socios de la Asociación Ecuatoriana de Ciencia Política (AECIP); después procedimos a la búsqueda tanto en “Google Scholar” como en “ResearchGate” y “Academia”. A medida que se agregaba información de los trabajos hallados también iba creciendo el número de investigadores a partir de observar sus nombres en los artículos, sea como coautores o como referentes ubicados en la bibliografía. En total, se consideraron para el análisis a 126 politólogos que cumplían estas condiciones.
En segundo lugar, incluimos en la base de datos que elaboramos solamente artículos publicados en revistas académicas incluidas en la indexación Scimago Journal Ranking (SJR).3 Las revistas consideradas no solo fueron aquellas especializadas en el campo de la ciencia política o en alguno de sus subcampos, como la política comparada, sino también en aquellas de estudios regionales o interdisciplinarios. La búsqueda la realizamos a partir de los tres medios ya anotados: “Google Scholar”, “ResearchGate” y “Academia”. Una vez que una publicación era ubicada revisamos si se hallaba dentro del índice de revistas Scimago. Luego del protocolo descrito, extrajimos una serie de variables de los artículos recopilados y cuyo análisis se detalla en los siguientes párrafos. En total, capturamos 160 artículos que cumplían los criterios ya mencionados. Evidentemente, muchos de los politólogos que fueron considerados inicialmente no tuvieron artículos de las características anotadas aunque sí registran producción de otro tipo (libros, capítulos de libro o artículos en revistas con una indexación diferente a Scimago o carentes de indexación).
Subcampos de la ciencia política en los que se publica
Para identificar los subcampos de la ciencia política en los que se sitúan las publicaciones recurrimos a la división más tradicional dentro de la disciplina (Roskin, 2023; Kaufman-Osborn, 2006; Grant, 2005). De allí consideramos seis espacios medianamente diferenciados: política comparada, relaciones internacionales, política pública, metodología, economía política y teoría política. Conforme se observa en la Gráfica 4, más de dos tercios de las publicaciones se centran en estudios de política comparada (68.12 %), mientras que la porción restante está compuesta por trabajos que se inscriben en los demás subcampos. Aunque se podría creer, en principio, que la comparación está ausente en las investigaciones que no son parte de las incluidas en el subcampo de la política comparada, en realidad esta es una conjetura que no es del todo cierta. Por ejemplo, algunos trabajos desde las relaciones internacionales comparan políticas de seguridad o de comercio de varios países, con lo que la aplicabilidad del método al que Sartori (1994) consideró la mejor forma de acercarse a la realidad desde lo cuasi experimental, está presente.
Temas más atendidos
Aunque no existen temas que sean preponderantes dentro de la agenda de investigación de los politólogos ecuatorianos, la Gráfica 5 da cuenta de que las temáticas que exigen mayor atención tienen que ver con el fenómeno populista, las interacciones entre el actor político y el electorado o el análisis del comportamiento del denominado líder carismático (13.75 %). En segundo lugar, se sitúan los trabajos que analizan el aparato estatal y la burocracia que lo pone en marcha (10.63 %). Aquí se incluyen los procesos de transformación del Estado y los distintos roles que desde la regulación cumplen los órganos de control en la vida política. Los resultados hasta ahora expuestos resultan llamativos, ya que, intuitivamente, se podría pensar que se trata de problemáticas más vinculadas a la sociología en general y a la sociología política en particular. Lo dicho se corrobora si se toma en cuenta que a nivel de América Latina, los trabajos provenientes de la ciencia política se centran en las instituciones políticas más tradicionales, como son los partidos y los sistemas electorales (Basabe-Serrano y Huertas-Hernández, 2018).

Fuente: elaboración propia a partir de la base de datos construida por los autores.
Gráfica 5 Temas más estudiados en la ciencia política ecuatoriana
También resulta llamativo que los estudios sobre temas de justicia, denominados judicial politics en la tradición anglosajona, ocupen un lugar estelar entre los politólogos ecuatorianos (7.5 %). Esta afirmación se basa en el hecho que a nivel de América Latina este tipo de trabajos, en los que se observan desde la perspectiva politológica los desempeños de jueces y cortes de justicia, se encuentra poco desarrollado, salvo casos muy puntuales. En orden descendente, luego se hallan los trabajos sobre presidencialismo (6,88 %), democracia (6,25 %) e instituciones políticas (5,63 %) que constituyen los temas más difundidos en la disciplina a nivel internacional auqnue en menor medida en el contexto de la ciencia política ecuatoriana.
Finalmente, los estudios sobre mujeres y política (5 %) , elecciones (4.38 %), elites (3.75 %), participación ciudadana (3.75 %), mecanismos de rendición de cuentas (3.1 %), sociedad civil, política pública y legislaturas cada uno con 1.88 % cierran los principales temas abordados por los politólogos ecuatorianos.4 Cabe destacar que, al igual que sucede en buena parte de América Latina, algunas de las temáticas que mayor impacto generan entre la ciudadanía no se encuentran discutidas e investigadas por la ciencia política ecuatoriana. Por citar solamente dos ejemplos, mencionamos la corrupción y la seguridad, ambas en sus distintas dimensiones. Más allá de la mera descripción, la ausencia de producción académica en dos temas clave como los citados podrían ser parte de los argumentos que se esbozan desde diferentes sectores sociales en el sentido de la utilidad práctica y el aporte de la disciplina dentro de la realidad del país. Aunque este rasgos distintivo de los temas que aborda y de los que no lo hace la ciencia política ecuatoriana, podrían derivarse a otras disciplinas de las ciencias sociales, nuestra reflexión se sitúa en el campo disciplinario que interesa evaluar críticamente.
Las teorías más recurridas
En cuanto a los enfoques teóricos más utilizados por los politólogos ecuatorianos, los más prevalentes son el neoinstitucionalismo en sus distintas variantes, el estructuralismo marxista y sus derivados, y los enfoques sistémicos, principalmente los que corresponden al legado de la escuela italiana. De igual manera, hay interés en los estudios de acción colectiva, sobre todo para los trabajos sobre movimientos sociales y también en los que se sustentan en la teoría del elector racional, tanto en su versión clásica como en la modificada (bounded rationality). Entre los enfoques menos utilizados se hallan los que provienen de la cultura política en sus variantes cuantitativas vía encuestas o cualitativas a través de análisis de discurso y algunos que se anclan en teorías constructivistas. La Gráfica 6 sitúa al lector en la descripción previamente expuesta.
Las metodologías y estrategias metodológicas en boga
Un rasgo característico de los trabajos analizados, es que las preguntas de investigación suelen ser sobre aspectos configurativos más que orientados a la búsqueda de generalizaciones. Aunque este hallazgo podría llevar a la idea de que las investigaciones son prioritariamente cualitativas, la Gráfica 7a refleja que no hay mayor diferencia entre dicho enfoque (48.75 %) y el cuantitativo (43.75 %). Lo que queda claramente expuesto es que los trabajos en los que se utiliza el método mixto son marginales, a pesar de su profunda utilidad para vincular la precisión de los datos cuantitativos con la densidad de las narrativas cualitativas (7.5 %). Por otro lado, la Gráfica 7b da cuenta que tampoco existen diferencias marcadas entre los estudios de caso (47.5 %) y los de naturaleza comparada (45.6 %).5 Tanto desde la perspectiva de los enfoques metodológicos como en relación al número de observaciones utilizadas para los estudios, los hallazgos expuestos nos hacen pensar que la ciencia política ecuatoriana es diversa y plural. Este elemento de juicio es clave pues no es un rasgo demasiado extendido en los estudios que se desarrollan dentro de la disciplina.

Fuente: elaboración propia a partir de la base de datos construida por los autores.
Gráfica 7a Producción por método

Fuente: elaboración propia a partir de la base de datos construida por los autores.
Gráfica 7b Producción por tipo de estudio
En lo que sí existe una diferencia marcada es en el alcance de las investigaciones realizadas. Como consta en la Gráfica 8a, 61.87 % de los trabajos desarrollados por politólogos ecuatorianos son de naturaleza descriptiva mientras que apenas 38.12 % se orientan hacia las investigaciones causales. Al respecto, hay más de una lectura sobre la evidencia empírica expuesta. De un lado, se podría argumentar que en una disciplina reciente y, por tanto, poco explorada en Ecuador, el conocimiento que se tienen sobre cómo funcionan las instituciones, las interacciones o las dinámicas sociales es muy limitado y, como consecuencia, los trabajos que describen la realidad son el primer paso de cara a la construcción de una posterior agenda de investigación. Por otro lado, el dato expuesto serviría de punto de partida para señalar que la ausencia de trabajos de corte explicativo podría ser atribuible a deficiencias en cuanto al conocimiento de las diferentes técnicas para evidenciar causalidad. Ambas conjeturas deben ser asumidas como tal y podrían servir para futuros trabajos de investigación.

Fuente: elaboración propia a partir de la base de datos construida por los autores.
Gráfica 8a Producción por alcance
En cuanto al ámbito territorial de los trabajos realizados por politólogos ecuatorianos, la Gráfica 8b también se expresa respecto a la marcada tendencia de analizar al país como unidad de análisis, dejando de lado la posibilidad de estudios de orden subnacional. Una razón para esa desatención podría estar en el hecho de que el “retorno” de los estudios en los que se observan los países hacia adentro es relativamente reciente (Pino, 2017; Falleti, 2010; Gibson, 2005; Montero y Samuels, 2004), por lo que los trabajos que asuman dicha estrategia podrían estar por publicarse en los próximos años.6 Tampoco aporta al incremento de estudios subnacionales el hecho que Ecuador sea un país unitario y, por tanto, buena parte de las variables de naturaleza institucional se encuentran controladas. Este último argumento, no obstante, debe ser asumido con precaución pues precisamente en el hecho de que los factores normativos no varíen puede servir como punto de partida para observar cambios en otro tipo de variables, como las que se encuentran ancladas a la tradición de los estudios de la cultura política.

Fuente: elaboración propia a partir de la base de datos construida por los autores.
Gráfica 8b Producción por ámbito territorial
Un apunte adicional tiene que ver con los periodos temporales sometidos a estudio. Al respecto, la Gráfica 9a indica que los politólogos ecuatorianos priorizan los trabajos sincrónicos (45 %) a los diacrónicos (48.12 %).7 Entre otras razones, el desbalance podría ser explicado por las dificultades de diverso orden que existen en Ecuador para acceder a información de calidad y comparable en el tiempo. Como consecuencia de ello, se complica desarrollar investigaciones en las que se exploran amplios espacios temporales. Finalmente, la Gráfica 9b refleja que las publicaciones de los politólogos ecuatorianos se distribuyen de forma muy similar, en términos porcentuales, entre español (49.38 %) e inglés (48.13 %). Al respecto, existe una interesante discusión sobre el impacto que genera un artículo en función del idioma en el que es escrito y del área geográfica que es motivo de análisis. En ese tema, Basabe-Serrano y Huertas-Hernández (2018) han mencionado que, dado el bajo porcentaje de latinoamericanos que dominan el inglés, la lectura de trabajos académicos publicados en ese idioma decrece considerablemente en esa región.

Fuente: elaboración propia a partir de la base de datos construida por los autores.
Gráfica 9a Producción por temporalidad
Lo que está por venir: agenda de docencia e investigación
Como lo hemos evidenciado en esta nota de investigación, la ciencia política ecuatoriana se encuentra en un momento de despegue respecto a lo que fue la herencia de la década anterior. La docencia ha mejorado en términos de oferta aunque hay un notorio desinterés desde la universidad pública por fomentar la disciplina en sus aulas. Este hecho es grave, ya que desde la ciencia política no solo se producen los futuros investigadores y docentes sino que también se alimenta al país de quienes se dedicarán a la administración de la política desde espacios de toma de decisión. En ese sentido, una de las razones por las que los actores políticos presentan niveles tan bajos en cuanto a formación puede estar en las carencias que en esta nota de investigación hemos anotado.
De otro lado, un aspecto a mejorar es la enseñanza de la metodología de la investigación científica en las licenciaturas. Como lo evidenciamos en esta nota de investigación, allí hay un vacío que debe ser llenado de forma inmediata. Las consecuencias de esa omisión se observan ya en la producción científica y en el “insumo” que llega a los programas de posgrado. Un acuerdo entre las universidades que ofertan la carrera de Ciencia Política y afines, en el sentido de establecer contenidos mínimos en términos metodológicos, podría ayudar firmemente al desarrollo de la disciplina. Respecto a las maestrías y doctorados los avances han sido dispares. Hay mucha oferta de maestrías y poca de doctorados. Aunque este desbalance puede ser entendible dada la orientación diversa de uno y otro posgrado, es necesario afianzar la conexión y coherencia entre ambas propuestas. Lo ideal sería desarrollar una agenda en la que una porción de los estudiantes de maestría continúen de forma casi inmediata los estudios doctorales; de esa manera se generaría una comunidad académica más dinámica y los resultados en el plano de la investigación también podrían ir en alza.
En cuanto a la producción científica, resta aún mucho por hacer aunque se nota ya una mejora considerable respecto a lo que reportaban hace casi veinte años Mejía Acosta, Freidenberg y Pachano (2005). Hay más ecuatorianos estudiando ciencia política en el exterior, hay mayor interés por la divulgación y hay más conexión con la comunidad académica internacional. Aunque las publicaciones en revistas indexadas no son la solución, al menos aporta para que el país sea conocido más allá de las fronteras nacionales y para que los investigadores, sobre todo los más jóvenes, no pierdan interés en seguir estudiando Ecuador. En el plano anotado, el mensaje es de esperanza por la consolidación de la ciencia política ecuatoriana.
No obstante, hay que tomar en cuenta que un giro importante a la disciplina no debería estar dado solamente por el aumento cuantitativo de las publicaciones y de la presencia en el foro internacional de los politólogos. Un reto fundamental está en la conformación de un pensamiento crítico que asuma a la disciplina como un espacio de pensamiento, reflexión e investigación de los problemas sociales que atañen al Ecuador y a América Latina. En ese aspecto, urge dedicar mayor atención a los temas que ahora mismo desangran a la región, como la corrupción galopante y el deterioro de la seguridad, en sus distintas dimensiones. Volcar la ciencia política al estudio de las grandes problemáticas del país es, quizás, uno de los mayores desafíos que tiene por delante la disciplina en Ecuador.










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