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Estudios políticos (México)

versão impressa ISSN 0185-1616

Estud. polít. (Méx.)  no.56 Ciudad de México Mai./Ago. 2022  Epub 14-Jan-2025

https://doi.org/10.22201/fcpys.24484903e.2022.56.82560 

Ensayos

El método de Sherlock Holmes y su coincidencia con la investigación científica

The Sherlock Holmes method and its coincidence with scientific research

Enrique Suárez-Iñiguez* 

* Doctor en Ciencia Política por la UNAM. Realizó una estancia postdoctoral en Cornell University, E.U. Profesor de Tiempo Completo adscrito al Centro de Estudios Políticos, Facultad de Ciencias Políticas, UNAM. Miembro del Sistema Nacional de Investigadores, nivel lII.


Resumen

En este ensayo el autor muestra, con pasajes de las novelas y cuentos de Holmes, las coincidencias entre el método de Holmes y el de la investigación científica: la importancia de la observación, de la recolección de datos, del método inductivo, del raciocinio, de la reflexión metódica y de la relación causa-efecto. Señala también algunos de los principales problemas que surgen en la investigación y que ésta es mucho más que un conjunto de pasos, que una vez aprendidos, se aplican mecánicamente.

Palabras clave: investigación científica; método; observación; raciocinio; reflexión

Abstract

In this essay the author establish the coincidence between Holmes’method and scientific research method. Through paragraphs from Holmes´novels and short-stories, shows the coincidences with the practical way of making research among scientifics. Some of those characteristics are: the importance of observation, inductive method, reason, methodic reflexion, and cause-effect relation. The author points out some of the problems in research and that this is more than mecanical learned steps.

Keywords: scientific research; method; observation; reasoning; reflection

A Humberto Muñoz

En 1886, Sir Arthur Conan Doyle creó el personaje más ilustre de todos los detectives y probablemente el más realista de la literatura universal.

De ahí su imperecedera fama, amén de la extraordinaria capacidad de Conan Doyle para plantear la trama con una clara, sencilla y bella redacción que lo atrapa a uno desde el primer párrafo.

Sherlock Holmes es un personaje tan real, que en 1986, cien años después de haber sido creado, una tercera parte de los londinenses creía que había existido. Es tan real, que todavía se reciben cartas procedentes de todo el mundo dirigidas a él a su conocida dirección de 221B Baker Street.

En un tiempo ahí se encontraba un banco y lo curioso del asunto es que contestaban esas cartas diciendo que el señor Holmes se había retirado y vivía en una pequeña granja dedicado al cultivo de abejas, tal como Watson lo relató. Hoy esas cartas son contestadas por la Abbey National Building Society en un papel con el membrete The Secretary to Sherlock Holmes.

El atractivo de Holmes para lectores de todos los tiempos no sólo radica en sus notables capacidades de observación y raciocinio, las cuales le permiten descubrir a los culpables de cualquier crimen, sino en su personalidad y peculiaridades: es extraordinariamente inteligente, observador y analítico; en ocasiones irónico y mordaz pero siempre bondadoso y compasivo. Guarda sus cigarros en el cubo del carbón, el tabaco en una zapatilla persa y el rapé en una caja de oro viejo con una gran amatista en la tapa. Puede distinguir una enorme variedad de distintos tabacos y ha escrito una monografía sobre ello. Puede también diferenciar cuarenta y dos tipos de neumáticos de bicicleta y diversas huellas de zapatos. Descubrió un reactivo que es precipitado solamente por la hemoglobina, lo que le permite reconocer una mancha de sangre. Posee asombrosos conocimientos de química, botánica y publicaciones sensacionalistas y conoce al dedillo la ciudad de Londres. Es un excelente boxeador, esgrimista y tirador con pistola. Tan patriótico, que dentro de su propio departamento disparó a la pared para formar las iniciales vr (Victoria Regina). Gusta de la música clásica, es un notable violinista y posee un Stradivarius. Es un consumado artista del disfraz, fuma su pipa de arcilla cuando está reflexivo y la de cerezo cuando está de humor polemista. Rechazó el nombramiento de Sir, es misógeno (aunque admirador perenne de Irene Adler) y consumidor, durante un tiempo, de cocaína. Holmes es, ante todo, un razonador implacable: “Yo soy un cerebro, Watson. El resto de mi persona es un mero apéndice” (“La piedra preciosa de Mazarino”, ARCH, p. 53).

Sobre este extraordinario personaje se han formado dos asociaciones dedicadas a su estudio y a preservar su memoria: la Sociedad Sherlock Holmes, en Londres, y Los Irregulares de Baker Street, en Nueva York; se han filmado unas doscientas películas y se ha representado una gran cantidad de obras de teatro; se han escrito miles de páginas, incluyendo una biografía, un glosario y dos enciclopedias. Casi todo ha sido sobre sus asombrosas facultades, su personalidad o sobre las tramas mismas. En este ensayo yo quiero explotar otra veta: establecer la coincidencia del método de Holmes con la investigación científica.

Holmes nos dice continuamente en qué consiste su método: “los hábitos de observación y deducción que yo había convertido ya en un sistema” (Gloria Scott M., p. 515). Todos los que nos deleitamos con el canon holmesiano -los cincuenta y seis cuentos y las cuatro novelas escritas por Conan Doyle, pues existen obras escritas por otros autores incluyendo un hijo de Sir Arthur-, nos admiramos de la maravillosa capacidad de observación del detective. Él observa lo que para los demás pasa desapercibido. “No veo más de lo que ve usted, pero me he habituado a fijarme en lo que veo” (“El soldado pálido”, ARCH, p. 34). Se ha habituado, es decir, es una capacidad que se desarrolla en fijarse en lo que se ve. Todo científico lo sabe y es una enseñanza que todo joven investigador debe aprender si quiere dedicarse a la ciencia. El científico observa para encontrar características, detalles, regularidades, excepciones. Saber observar es una cualidad indispensable para cualquier científico.

Deducción. ¿Qué quiere decir Holmes con esto? Él entiende por ello consecuencias derivadas de los datos, así como descubrir la relación causaefecto. Veámoslo con cierta reiteración para demostrar que no es una idea o frase suelta al azar, sino convicción de Conan Doyle que le atribuye a su investigador privado. “No poseo todavía datos. Constituye un craso error el teorizar sin poseer datos. Uno empieza de manera insensible a retorcer los hechos para acomodarlos a sus hipótesis, en vez de acomodar las hipótesis a los hechos” (“Las aventuras de un escándalo de Bohemia”, A I, p. 13). “¡Datos, datos, datos! Yo no puedo fabricar ladrillos sin arcilla” (“La aventura de la finca Copper Beeches”, A III, p. 129). “Yo había llegado a una conclusión totalmente equivocada... y ello demuestra, mi querido Watson, cuán peligroso es siempre el razonar partiendo de datos insuficientes” (“La aventura de la banda de los lunares” A II, p. 147). “La tentación de formar hipótesis prematuras, partiendo de datos insuficientes, es el veneno de nuestra profesión” (El valle del terror, p. 613). Así pues, no hay duda de lo que piensa Holmes al respecto, sólo que eso no es deducción sino inducción. Partimos de los datos para elaborar la teoría y no al revés; de la pura razón no podemos llegar a conocer. Como lo afirmó Kant: “Todo conocimiento de las cosas que provenga meramente del Entendimiento puro y la Razón, no es más que una simple ilusión, y sólo hay verdad en la experiencia”.1

Es una equivocación el pretender elegir, como ha sostenido alguien, entre una especie de menú de teorías la que se va a utilizar para la investigación que se quiere realizar, pues de esa manera se sesga el trabajo, se pierde la objetividad y se cree encontrar corroboraciones donde no las hay. La investigación requiere estar abierto a lo que uno observa, estudia, analiza. “Es un error garrafal el sentar teorías antes de disponer de todos los elementos de juicio, porque así es como éste se tuerce en un determinado sentido” (Estudio en escarlata, p. 34). En efecto, elegir de antemano la teoría puede fácilmente dar como resultado que se supedite lo que se observa o descubre a esa teoría y no debe ser así.

Alguno podría pensar que esto es una obviedad, pero uno de los más grandes filósofos de la ciencia, Sir Karl Popper, negó que la ciencia proceda inductivamente. Para él, “el hombre de ciencia ya sea teórico o experimental, propone enunciados -o sistemas de enunciados- y los examina poco a poco. En particular, en el campo de las ciencias empíricas construye hipótesis -o sistemas de teorías- y los contrasta con la experiencia por medio de observaciones y experimentos”.2 Según él, observamos ciertos datos en función de nuestra teoría preconcebida. Para él, el problema viene primero y el problema es la teoría tentativa que proponemos o el rechazo a la que criticamos.3

En The Self and its Brain, libro que Popper escribe junto con John Eccles, neurofisiólogo y premio Nobel, éste señala que “actuamos todo el tiempo sobre las bases de la inmensa información que nos entra a través de nuestros órganos de los sentidos -interpretándola, rechazándola, modificándola, relacionándola-”, pero Popper le replica que “no hay datos sensoriales (sic)... Al principio no hay datos; hay, más bien, el reto de hacer algo, a saber, de interpretar”.4 Pero interpretar ¿qué?, pregunto yo. Aun suponiendo, como Popper cree, que cualquier información que recibimos está ya interpretada por nuestro cerebro (y hay informaciones que no sabemos cómo interpretar), la interpretación sería de lo que recibimos y eso es lo que usualmente llamamos observación, información, datos.

El método de Holmes es, entonces, claramente inductivo. Pero esto es sólo la primera parte de su concepción: que la teoría debe desprenderse de los datos. La segunda parte es que una finalidad básica de la investigación es establecer la relación causa-efecto. “El rápido análisis de causa y efecto (...) es lo que da su encanto a las investigaciones” (“La aventura de un caso de identidad”, A I, p. 89). Se trata del “severo razonar de causa a efecto” (“La aventura de la finca Copper Beeches”, A III, p. 118). Como sabemos, ésta es quizá la principal tarea de la investigación científica: mostrar -dice Cassirer al explicar el concepto de causa de Kant- que se obedece “a una ley fija por virtud de la cual b sigue siempre necesariamente a a y no puede precederle. Por tanto, al colocar una determinada relación empírica bajo el concepto de causalidad, establecemos [...] de un modo unívoco el orden de sucesión de sus elementos en el tiempo”.5

Establecer la relación causa-efecto es un objetivo primordial de la ciencia, pero también lo es el conocer o averiguar la secuencia en que se dan determinados acontecimientos. Por ello Holmes le exige a su interlocutor: “expóngame en su debida secuencia los sucesos” (“La aventura del pabellón Wisteria”, sus, p. 371). En la ciencia política -y en general en las ciencias sociales- esto es indispensable. Por ejemplo, al analizar cómo se transita de una hegemonía cerrada a la poliarquía, Robert Dahl analiza las distintas secuencias históricas en que esto se ha dado: la liberalización precede a la capacidad de representación; la representación precede a la liberalización o la vía rápida, cuando se otorgan de forma repentina los derechos al sufragio universal y a la oposición.6 También los llamados “transitólogos”, entre otros, le dan relevancia a la secuencia de hechos.7

El papel de la ciencia es describir y explicar hechos y descubrir y formular leyes generales. Las teorías proporcionan las explicaciones, pero necesitan ser corroboradas para que sean consideradas científicas. Por ello, Bronowski señala que el método de la ciencia moderna, a partir de Galileo, consiste en explicar fehacientemente el objeto de estudio, construir el aparato para realizar el test y publicar los resultados.8 Cuando no existe el aparato o equipo para realizar el test9 habrá que crearlo, pues sin la corroboración (o la refutación de un enunciado universal) la teoría no será considerada científica. Holmes lo sabía. Cuando le preguntaron si tenía alguna pista, él respondió: “Usted me ha proporcionado siete: pero, como es natural, necesito ponerlas a prueba antes que pueda dictaminar sobre su valor” (“El tratado naval”, m, p. 649). Debo “poner a prueba un par de hipótesis que se me han ocurrido” (“La aventura del ciclista solitario”, R,p. 110). Este poner a prueba es el test de la investigación. Teoría y tests son dos partes fundamentales del método científico. Sin teorías no hay ideas ni caminos por recorrer, sin corroboración no hacemos ciencia.

Ahora bien, puede ser que existan varias teorías, “en este caso se hace una prueba tras otra hasta que una de ellas adquiere una convincente base de apoyo” (“El soldado pálido ARCH, p. 48). Y si no logramos resolver el problema, es que nos faltaron datos. “Yo he ideado siete hipótesis distintas, cada una de las cuales explica los hechos hasta donde éstos nos son conocidos. Pero sólo mediante nuevos datos... podré afirmar cuál es la exacta” (“La aventura de la finca Copper Beeches”, A III, p. 132); es decir, cuando no logramos resolver nuestro problema o saber si nuestra hipótesis es correcta o cuál de ellas es la verdadera, entonces lo que necesitamos es seguir investigando para averiguar más cosas. Eso es lo que se suele hacer en la investigación científica.

Un problema distinto es que podamos tener demasiada información, tantos datos que sea fácil perderse en ellos. En ese caso tenemos que aprender a detectar lo esencial y tratar de darle una unidad y relación al cúmulo de información de que dispongamos. También esto lo sabía Holmes, por eso dice: “Una vez reunidos estos hechos, Watson, los rumié [la reflexión metódica, otra característica de la investigación científica]... esforzándome por separar los que eran fundamentales de los que eran simplemente accesorios” (“El jorobado”, M, p. 584).

La principal dificultad que presentaba el caso de usted es que existían demasiados datos... Lo vital se hallaba oscurecido y oculto por lo subalterno. De todos los hechos que se nos presentaban teníamos que quedarnos con los que estimábamos esenciales para luego unirlos en un orden, reconstruyendo así esa notabilísima cadena de acontecimientos (“El tratado naval”, M, p. 668).

Reconstruir la cadena de acontecimientos o de hechos es absolutamente esencial para comprender el problema que investigamos y ayuda a resolverlo. Dice Holmes: “... aquella sucesión extraordinaria de hechos, y cómo me esforcé por unirlos en un todo, buscando un hilo común que pudiera sujetarlos a todos” (“El ritual de Musgrave”, M, p. 545). Ese hilo común es necesario para conectar las partes, es lo que las relaciona. Como lo escribí en otro trabajo, una tesis (o un libro) no es una suma de partes en que cada capítulo trata de algo distinto sin conexión alguna. “La tesis debe ser una relación. Debe tener un hilo conductor que es el que relaciona los distintos capítulos”. Ese hilo conductor es la hipótesis que se quiere corroborar y que cruza los capítulos horizontalmente, por decirlo así.10

Puede suceder que la manera en que enfocamos nuestro problema de investigación no nos lleve lejos o nos atoremos en él. Respecto a esto, Holmes tiene también una clara idea al señalar: “Una vez que cambia el punto de vista, aquello mismo que era tan inculpador se convierte en una pista hacia la verdad” y así se llega a una “fructífera línea de investigación” (“El puente de Thor”, ARCH , p. 130). Esto es muy popperiano: se cambia el punto de vista con el que se enfocó el problema, se siguen las consecuencias y ello lleva a otra hipótesis o quizás a otra línea de investigación, porque, como dice Holmes, “siempre ocurre que una deducción exacta sugiere otras” (“Estrella de plata”, M, p. 469). En realidad, cambiar el punto de vista sobre algo, cuando no nos está funcionando, suele abrirnos puertas o solucionar nuestros problemas y no sólo en la ciencia. Sir Laurence Olivier, en su calidad de director de cine y de teatro, señaló que a menudo ver las cosas de manera distinta ayuda a un actor a resolver la dificultad en una determinada escena.11

Sherlock Holmes enfatiza continuamente la importancia que los detalles tienen en su método de investigación. Señala que no hay que confiar en impresiones generales, sino concentrarse en los detalles (“La aventura de un caso de identidad”, A I, p. 103). Cada caso debe examinarse cuidadosamente y el detalle; “si se le maneja de un modo científico, es el que más probabilidades tiene de aclarar la incógnita” (El sabueso de los Baskerville, p. 432). “Es éste uno de los casos en que el razonador debe ejercitar su destreza en tamizar los hechos conocidos en busca de detalles, más bien que en descubrir hechos nuevos... Lo difícil aquí es desprender el esqueleto de los hechos... de los hechos absolutos e indiscutibles” (“Estrella de plata”, M, p. 446).

Esta última reflexión de Holmes es muy valiosa, pues hace referencia a “ejecutar la destreza”, eso quiere decir que es algo que se aprende y desarrolla con la práctica, como toda habilidad o virtud, y está en relación con la primera capacidad que había apuntado, la de saber observar, la de fijarse en lo que se ve. En la ciencia se ejercita la destreza en la realización de muchas investigaciones, al igual que un actor desarrolla su técnica a través de muchas representaciones, según cuenta, para mencionarlo otra vez, el, para muchos, mejor actor del siglo XX: Laurence Olivier. Es la experiencia la que nos va sugiriendo nuevos caminos, nuevas formas de abordar los problemas, la que nos permite desarrollar nuestras habilidades.

El pasaje último de Holmes que comento es también importante, porque al poner el énfasis en descubrir los detalles de lo que uno ya conoce, nos confirma que la investigación científica es mucho más que un conjunto de pasos que una vez aprendidos los aplicamos mecánicamente. Hay veces que nos falta información, otras que tenemos mucha y hay que aprender a detectar la fundamental, otras que lo que debemos hacer es descubrir los detalles o buscar las secuencias o establecer las relaciones o cambiar el punto de vista. Es un ejercicio de la mente a la que habituamos a pensar, a indagar, a reflexionar en lo que vamos descubriendo.

Es tiempo de terminar. Además de la intriga de la trama, de lo reales que parecen Holmes y Watson, de las bellas descripciones de la naturaleza y del Londres victoriano y de muchas otras razones, habrá que añadir ésta que aquí he tratado para explicarnos por qué estas obras han sido y siguen siendo tan del gusto del público lector.

Obras de Sir Arthur Conan Doyle sobre Holmes: el canon

Novelas

Estudio en escarlata, Barcelona, Pomaire, 1980. [ Links ]

El signo de los cuatro, en Sherlock Holmes, tomo I, México, Aguilar, 1980, pp. 139-261. [ Links ]

El sabueso de los Baskerville, en Sherlock Holmes, tomo I, México, Aguilar , 1980, pp. 265-437. [ Links ]

El valle del terror, en Sherlock Holmes, tomo II, México, Aguilar , 1980, pp. 591-777. [ Links ]

Cuentos

Las aventuras de Sherlock Holmes (A) (12 cuentos). [ Links ]

Tomo I (A I), Barcelona, Pomaire , 1980. [ Links ]

Tomo II (A II), Barcelona, Pomaire , 1980. [ Links ]

Tomo III (A III), Barcelona, Pomaire , 1980. [ Links ]

Memorias de Sherlock Holmes (M) (11 cuentos), en Sherlock Holmes, tomo I, op. cit., pp. 439-690. [ Links ]

La reaparición de Sherlock Holmes (R) (13 cuentos), en Sherlock Holmes, tomo II, op. cit., pp. 9-364. [ Links ]

Su último saludo en el escenario (sus) (8 cuentos), en Sherlock Holmes, tomo II, op. cit., pp. 365-590. [ Links ]

El Archivo de Sherlock Holmes (ARCH) (12 cuentos), Barcelona, Fontamara, 1981. [ Links ]

1Immanuel Kant, Prolegomena, Kant’s Critical Philosophy for English Readers, London, MacMillan, 3a. ed., 1915, citado en Ernst Cassirer, El mito del Estado, México, FCE, 2a. edición 1968, p. 306.

2Karl Popper, La lógica de la investigación científica, Madrid, Tecnos, 1982, p. 27.

3Véase mi libro La fuerza de la razón. Introducción a la filosofía de Karl Popper, México, Nueva Imagen, tercera edición, 2001.

4Karl Popper and John C. Eccles, The Self and its Brain. An Argument for Interactionism, Berlin, London, New York, Springer International, 1977, p. 430.

5Ernst Cassirer, Kant, vida y doctrina, México, Breviarios del FCE, 1968, p. 221.

6Véase Robert A. Dahl, La poliarquía. Participación y oposición, México, Rei, 1993, pp. 41-53.

7Véase Guillermo O’Donnell, Philippe C. Schmitter y Laurence Whitehead (coordinadores), Transiciones desde un gobierno autoritario, cuatro volúmenes, Buenos Aires, Paidós, 1988.

8Jacob Bronowski, El ascenso del hombre, Bogotá, Caracas, México, Panamá, San Juan, Santiago, Sao Paulo, Fondo Educativo Interamericano s.a., 1970, pp. 202-204

9Uso el término en inglés porque en español, examinar, que sería la traducción exacta, da una idea escolar y no es el caso. Rechazo la traducción que utiliza la Editorial Tecnos en las obras de Popper como “contrastar”, porque en español, en sus acepciones más comunes, significa resistir, hacer frente y, sobre todo, mostrar notables diferencias cuando se compara una cosa con otra. También rechazo la traducción que hace Editorial Paidós como “testar”, porque eso significa enteramente otra cosa, en particular, hacer testamento o testificar, en sus sentidos más usuales.

10Véase mi libro Cómo hacer la tesis. La solución a un problema, México, Argentina, España, Colombia, Puerto Rico, Venezuela, Editorial Trillas, 2a. reimpresión de la segunda edición, 2013.

11Laurence Olivier, Una Vida. Documental de la BBC, 1981.

Recibido: 16 de Agosto de 2021; Aprobado: 28 de Febrero de 2022

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