Las elecciones del 2018 presentan un interés particular para el estudioso de la historia política mexicana. Suponen, por un lado, un punto culminante en la consolidación del sistema de partidos competitivo, con la llegada al gobierno de la nación del único partido mayoritario que no había logrado dicho nivel de poder; por otro, marcan el triunfo de un populismo derivado del desencanto de la democracia (o su prolongación, según cómo se vea), el cual es estudiado por los autores del presente libro por medio de la Teoría Mimética. Se trata de un enfoque particularmente adecuado, ya que así como los estudios de psicología de masas de Le Bon o Canetti permitieron avanzar en la comprensión de los populismos de inicios del siglo XX, a la Teoría Mimética cabe adjudicarle, pese al carácter esotérico que puedan transmitir ciertos postulados secundarios, el mérito de afinar y profundizar el conocimiento de los fenómenos de masas de este siglo; ello, por el simple hecho de explicar el mecanismo del contagio del que habla Le Bon a partir de la naturaleza mimética del cerebro humano.
La mímesis permite entender, por ejemplo, que en las “democracias procedimentales” las élites organizadas consiguen el voto de la mayoría desorganizada (la cual se ocupa de cuestiones privadas y de supervivencia antes que de problemas políticos), ya que el mimetismo hace que los miembros de estas mayorías sean “susceptibles a impulsos y emociones ajenas…”. En el caso del tema de este trabajo, no sólo se aborda una época de crisis en la que surgen líderes carismáticos y el pueblo, tratado como masa, llega a mostrar pocas aptitudes de razonamiento, ausencia de espíritu crítico y credulidad, sino que sea cual fuere su nivel de instrucción y la dinámica social involucrada (en marchas o en redes sociales), el comportamiento social tiende a mostrarse moldeado por las reglas de la mímesis.
El presente volumen aparece en un momento interesante del sexenio, cuando la curva de la popularidad del presidente Andrés Manuel López Obrador (AMLO), otrora sorprendentemente alta, parece cambiar de dirección. Sin embargo, la tesis irónica que plantea el documento no supone una descalificación del actual presidente; por el contrario, se trata de un elogio a la comprensión que el entonces candidato tuvo en 2018 sobre la naturaleza real de las masas y su comportamiento mimético. Mientras que Meade se inclinó por utilizar la argumentación tecnocrática, López Obrador se presentó como el candidato surgido del pueblo (pese a llevar décadas en la élite del poder); entendió postulados como “placer de la simpatía recíproca” y el manejo del “chivo expiatorio” (que alivia de la presión de la violencia social latente hacia un elemento externo, en este caso “la mafia del poder”).
Estos dos elementos centraron una narrativa que ya venía construyéndose desde las campañas de 2002 y 2006, tan sólida en sus cimientos populistas que no hacía falta desarrollarla o argumentarla, sino repetirla y matizarla con un nuevo mensaje de “contención sacrificial”, que fue el que sedujo a parte de la clase media que en las anteriores campañas tuvo miedo de votar al PRD. López Obrador supo conformar así, en términos de Canetti, una masa retenida (la que vive con miras a su descarga, pero que privilegia no la acción, sino ir sumando y consolidar su densidad, segura de su poder) y una masa lenta, la que persigue una meta lejana (el más allá, la gloria eterna, el bienestar social robado por las élites que en pocos años tampoco se puede lograr…). Márquez y Palacios explican perfectamente el éxito de la estrategia del “perdón” de AMLO respecto al PRI a partir del fenómeno de la contención sacrificial como rasgo esencial del Estado moderno. morena entendió que si quería presentarse como partido de gobierno, tenía que reconvertir la violencia generada por el resentimiento mimético en violencia simbólica. No sólo se trataba de ganar votos al centro, sino de presentarse como partido moderno, con un uso legítimo de la violencia presentada como justicia, la que encubre el fenómeno del chivo expiatorio. Esta reflexión nos conduce, como lectores, a otra. Si en medio de la crisis, el populismo triunfó sobre todo en países con poca tradición democrática (Rusia, Hungría, Turquía, México…), fue también por un refinamiento de las estrategias electorales, adaptadas a una realidad similar pero no idéntica a la de las masas de los años treinta.
El PAN aparece como el contraejemplo perfecto de estrategia electoral lúcida; no sólo no utilizó el mimetismo a su favor, sino que cayó en todos los posibles mimetismos desfavorables a sus intereses. Anaya empezó estando próximo a Los Pinos, con una mediación positiva e imitación admirativa que se rompió en las elecciones del Estado de México de 2017, donde el PRI no podía apoyar a nadie que no fuera el primo del presidente. Anaya se encaprichó con ganar el Estado de México y Coahuila. Al no triunfar, acusó a los priístas de hacer trampa, buscó la anulación de la elección en Coahuila, desunió a su partido y perdió la oportunidad de ser el relevo del PRI como candidato de las élites (de ser el plan B de Peña Nieto, pasó a ser el antiplan). Cayó en otro mimetismo, hacia morena, incorporando la narrativa de AMLO, como si fuera su fuerza de choque, pero sin obtener beneficios, mismos que iban hacia el candidato autor de dicha narrativa. El análisis es relevante, porque si la actual crisis se agrava, la debacle de Anaya pasará a ser un hecho histórico clave. El libro, en este sentido, revela el talento de los autores para insertar el análisis coyuntural en una visión amplia de la historia política mexicana, aplicando una teoría cuyo amplio rango explicativo, más allá de la teoría de masas, incluye el análisis de estrategias partidistas y, como en el caso de Anaya, estrategias electorales individuales o de cúpulas reducidas. La lucidez al detectar comportamientos a nivel micro que no fueron desdeñables para el desarrollo global de la campaña, se añade a las virtudes propias de un análisis coyuntural realizado con herramientas teóricas, con la ambición de hacer avanzar la ciencia política más allá del estudio de un periodo en particular. En ello radica la diferencia con el texto periodístico, ya que se establece aquí una distancia con el objeto de estudio, se eleva el juego conceptual, se introduce jerarquía en los hechos observados, encontrando y organizando secuencias y patrones interesantes; aunque la verdadera virtud al confrontar una teoría con su aplicación a un caso de estudio radica en poder observar no sólo una teoría en acción (viendo su capacidad de ser falsable y dar explicaciones precisas), sino poder decir verdades que en el lenguaje llano serían excesivamente frontales en este año con aún una alta aprobación popular del gobierno actual.










nova página do texto(beta)


