En torno al año 2010 y durante la década de 2020 se han desarrollado los festejos por los bicentenarios patrios de las naciones latinoamericanas. A través de celebraciones, desfiles, ceremonias, conferencias, eventos y actos variopintos se pone en escena un “nosotros” nacional ante los ojos de la propia sociedad nacional y del mundo. Las características que adopta cada celebración dependen de los repertorios de sentidos, vinculados a los usos de la historia instrumentados en cada país, los propios regímenes festivos y las propuestas de los gobiernos en cuanto a la organización de estos eventos, así como de la participación, mediante sus propias iniciativas, impugnaciones o adecuaciones a los proyectos gubernamentales, de una mirada de actores sociales e institucionales que integran cada comunidad nacional. En consecuencia, los sentidos atribuidos a la “nación en escena” son múltiples y surgen de un terreno de disputa simbólica y política; o para parafrasear a Bourdieu, provienen de posiciones cambiantes dentro de un “campo conmemorativo”. Las ciencias sociales han dirigido la atención, sobre todo a eventos puntuales y desde el marco nacional, hacia las formas de participación y representación en los bicentenarios de grupos históricamente marginados de los relatos canónicos de la identidad nacional, con especial atención a los pueblos originarios. Con el fin de aportar mayor conocimiento sobre el tema de la inclusión-exclusión de la escenificación de la identidad nacional, y desde un marco más amplio -desde una perspectiva comparativa- con respecto a los sectores sociales y países estudiados, he dirigido el Proyecto de Asistencia Técnica (pat) 2022, del Instituto Panamericano de Geografía e Historia (ipgh), “Género, etnicidad, y raza en los festejos Bicentenarios Latinoamericanos (2010-2022)”, integrado por Mariana Caminotti, Aylén Enrique y Sebastián Vargas Álvarez.
El objetivo general del proyecto consistió en producir conocimiento científico novedoso acerca de los modos de participación de colectivos feministas, lgbt+, étnicos y racializados en las conmemoraciones patrias latinoamericanas de los bicentenarios, entre 2010 y 2022, junto con el análisis de las resistencias y tensiones que estas participaciones pudieron haber suscitado. Se asumió un enfoque interdisciplinar: histórico, antropológico y politológico, y se apostó por una metodología comparativa y conectada. Específicamente se identificaron, analizaron y compararon diferentes posicionamientos, iniciativas y acciones de diversos actores gubernamentales y de la sociedad civil, institucionales e individuales, en el diseño y ejecución de los actos e intervenciones en el espacio público que formaron parte de los bicentenarios de 2010 en Argentina, Chile, Colombia y México; los de Paraguay, Uruguay y Venezuela de 2011; el de la Independencia Argentina en 2016; el del Perú, México (“Consumación” de la Independencia) y los países centroamericanos en 2021, así como el de Brasil de 2022. Se efectuaron entrevistas en profundidad (vía Zoom y presenciales), observación participante, relevamiento de notas de prensa de estos países (accesibles on line y en hemerotecas), sitios web institucionales y filmaciones de YouTube, además de la consulta de bibliografía especializada.
Como resultado, el equipo produjo un conocimiento original que puso en relación los estudios sobre festejos patrios con aquellos dedicados a los activismos y políticas de visibilización de colectivos y grupos subalternizados. Las preguntas nodales que orientaron las investigaciones fueron: ¿cómo han sido representados y cómo han participado estos grupos en la celebración estatal?, ¿han disputado -y de qué manera- su lugar en el rostro nacional escenificado en los festejos? El proyecto dio como resultado una serie de artículos y un dossier temático con eje en la comparación,1 un conjunto de ponencias presentadas en congresos y jornadas académicas, además de un repertorio de actividades orientadas a la comunicación pública de la ciencia. Entre estas últimas, el equipo elaboró un mapa interactivo con la geolocalización de 432 eventos conmemorativos de cada país latinoamericano según las siguientes categorías: pueblos originarios, mujeres, disidencias sexuales, afrodescendencias y eventos organizados con explícito criterio interseccional.2
Parte de esta tarea de divulgación fue la publicación de una extensa entrevista que realicé de manera presencial a la ex-senadora (partido Morena, 2020- 2022) y activista afromexicana María Celeste Sánchez Sugía, y a quien fuera su asesor legislativo, también activista, Sergio Ramírez Caloca. La entrevista nos permite conocer los desafíos, logros, obstáculos y sentidos que les otorgan ambos a las batallas conmemorativas, en general, y en particular en relación a la coyuntura del Bicentenario de la “Consumación” de la Independencia mexicana celebrado en 2021. Resulta un valioso testimonio de la relación entre política, identidad y activismo en los últimos años, a partir de la voz directa de actores que participan a la vez de la política formal parlamentaria y de la política del movimiento afromexicano. De hecho, Celeste y Sergio continúan trabajando juntos en la Asociación Afrodescendencias en México, investigación e incidencia, que forma parte del movimiento por los derechos y la visibilización de la población afromexicana. La entrevista recorre los siguientes tópicos: 1) La entrada de Celeste en la vida política: en el activismo y la política formal; 2) Su trabajo legislativo en el Senado; 3) La dimensión internacional; 4) La batalla conmemorativa (a partir de esta parte la entrevista es a ambos) y 5) El movimiento afromexicano: sus grietas y sus aliados.
La ex-senadora me permitió realizar la entrevista en la inauguración de la exposición “Africanas, afrodescendientes y afromexicanas. Decenio internacional de personas afrodescendientes, 2015-2024”, en el Museo Nacional de Antropología en la Ciudad de México, el viernes 9 de agosto de 2024. Al finalizar la inauguración, efectuamos el encuentro en una concurrida cafetería cercana al museo, ubicada en Avenida Paseo de la Reforma, con una gran vista al Lago de Chapultepec. La entrevista duró una hora y cuarenta minutos. En la mesa estuvimos presentes María Celeste Sánchez Sugía, Sergio Ramírez Caloca y Gloria Stephanie Sánchez Sugía, hermana de Celeste -también activista-, y quien suscribe.
Parte 1. Su entrada en la vida política, en el activismo y en la política formal
Pablo (P): Celeste, ¿cómo entraste en la vida política?, ¿cómo nació tu vocación?
Celeste (C): Desde que yo me identifiqué como afromexicana, aproximadamente en el 2014, que comencé a incidir políticamente en el tema, reconociéndome, pero también participando en asociaciones civiles. Primero, sobre el tema migrante y después sobre el tema afro, principalmente en la asociación en la que ahora estamos: Afrodescendencias en México, Investigación e Incidencia.
Ahí en 2016, trabajamos activamente -y continuamos activamente- en el reconocimiento constitucional de la Ciudad de México de la población afromexicana, que se publicó en 2017. A partir de ese momento comenzamos a trabajar un poco más, se hicieron asambleas públicas, se trabajó un decálogo de derechos de la población afro en Ciudad de México y se incidió también con las personas que iban a tomar las decisiones. De ahí, seguí con el activismo, pero de manera un poco más secundaria, porque ese año entré en el doctorado de ciencias biomédicas y me absorbía mucho tiempo. Pero en 2018 se me invita a ser suplente de Citlali Hernández Mora -que ahorita regresó al cargo. Ella entró en 2018, y en 2020 se fue por la Secretaría General del Partido de Morena y tuvo que dejar la senaduría, entonces, yo tomé el espacio en octubre del 2020 y cuando ella regresa en 2022, en abril, dejé otra vez el cargo.
P: ¿Cómo fue ese momento, en 2014, en que te reconociste afrodescendiente?, ¿qué edad tenías?
C: Tenía 24 años. Te puedo decir que fue accidental, a pesar de que mi mamá se reconocía como mujer negra desde su nacimiento, porque ella es de Cuajinicuilapa, Guerrero, un municipio afro casi en su totalidad. Pero como yo nací y crecí aquí, en la Ciudad de México, la verdad es que yo no me identificaba como afromexicana, no conocía el término, ni afrodescendiente, y el término “negra” yo consideraba que mi madre se lo tomaba porque ella nació en la Costa Chica, que es donde normalmente podríamos decir que hay más población.
P: ¿Tu madre empleaba el término “negra” con orgullo?
C: Sí, ella siempre se identificó como una mujer negra y lo decía, y dice, también como orgullo. Sin embargo, cuando migró a la Ciudad de México fue cuando vivió el racismo, la discriminación, y yo creo que con ello también llevó a invisibilizar esa identidad que, a pesar de que ella se nombraba así, no fue que ella nos heredara el nombrarnos mujeres negras. Entonces creo que eso también permeó bastante, y fue cuando entré a estas organizaciones, en la primera, Efecto Valores, en donde uno de los compañeros en ese entonces, el presidente, me dijo que yo llevara la línea de juventudes afro-mexicana.
P: ¿Y qué objetivo tenían?
C: Era población joven en general, en situación de vulnerabilidad. Cuando les pregunté por qué querían que yo llevara la línea de juventudes afromexicanas, me dijeron que, pues porque yo era afromexicana, ¿no? Entonces fue algo que obviamente me trastocó y que incidió en que yo dijera “pues voy a investigar”. O sea, que alguien más me reconozca como tal, pero que yo no conozca del tema… Entonces, nos acercamos a Cristina Masferrer, a Citlali Quecha Reyna, María Elisa Velásquez, y lo que queríamos era información. Nos pasaban información, íbamos a coloquios y todo eso, y desde ahí, desde lo académico, me empecé a formar.
Pero también cabe recalcar que me acerqué a activistas y colectivos afromexicanas de comunidades principalmente de Veracruz, Guerrero y Oaxaca, que han trabajado en conjunto con el Instituto Nacional de Antropología e Historia (inah). Entré también en México Negro, que es la asociación fundadora del movimiento afro. Fue fundada por el ex-diputado Sergio Peñaloza en 1997 y buscó, principalmente, el reconocimiento constitucional y la visibilidad estadística. Estoy ahorita presidiendo la Asociación de Afrodescendencias en México, Investigación e Incidencia.
P: ¿Tu ingreso a la política formal tiene que ver con las acciones afirmativas?
C: No. Las acciones afirmativas comienzan en 2021. En 2018, cuando me inscribí y todo eso, no llegué por acción afirmativa. O sea, sí soy la primera que llega al Senado y que se auto-reconoce como tal, porque no ha habido antes, pero no llegué por acción afirmativa. El primer ingreso por acción afirmativa fue el del diputado Sergio Peñaloza, por Morena, y su cargo será continuado en la próxima legislatura por Rosy Castro (Rosamaría Castro Salinas, diputada desde el 29 de agosto de 2024 a 31 de agosto de 2027).
Parte 2. El trabajo legislativo en el Senado
P: En tu rol como senadora, ¿qué proyectos has impulsado?, ¿cuáles fueron tus prioridades?
C: Principalmente era la armonización, porque el reconocimiento a nivel nacional se dio en 2019, se agrega el inciso C del artículo 2, en donde se nos reconoce a los pueblos y comunidades afro-mexicanas con los mismos derechos colectivos que los pueblos indígenas. Sin embargo, faltaba la armonización de todas las leyes de toda la Constitución, y en eso trabajamos en conjunto con Susana Harp [senadora por Morena desde agosto de 2020], que es aliada del movimiento. Se aprobaron en abril de este año, cuando yo ya no estaba, 46 leyes que se armonizaron, en conjunto con otros legisladores que también metieron otras.
P: De estas 46 leyes, ¿cuál puedes destacar entre las más importantes?
C: Justo ahorita el Instituto Federal de Telecomunicaciones (ift) aprobó por primera vez una concesión a una radio afromexicana, y esto se debe a la armonización que se da en esta ley de telecomunicación, en donde se agrega la palabra “afromexicanos”. Justo ayer estaba platicando con Yolanda Camacho, que es la que va a llevar el liderazgo de esta radio y ella me decía que, desde 2017 se estaba buscando que hubiera una radio comunitaria para la población afro, que solamente se habían dado concesiones a los pueblos indígenas, pero fue hasta ahora que se da esta concesión a los pueblos afromexicanos. Entonces, cuando a mí me dicen, que para qué funciona la armonización y todo eso, considero que este es un gran ejemplo del por qué es necesario armonizar la ley. Y no solamente a nivel nacional, sino que en cada una de las constituciones estatales tendría que armonizarse, y esta es otra de las exigencias.
P: ¿La dinámica parlamentaria exigía separar o priorizar dimensiones de la interseccionalidad?
C: Yo no creo que pueda priorizar, porque no puedo separar una cosa de la otra. Quien lo lleva es una mujer afro y, por eso, es que también, obviamente, una de las cosas que se buscaba es que tuviera este enfoque de interseccionalidad. He buscado que en Diputados, y después en el Senado, haya un enfoque de interseccionalidad, porque vemos un avance en derechos hacia las mujeres, pero tendrían que tener este enfoque de interseccionalidad, porque muchas veces estos grupos, que están en mayor situación de vulnerabilidad, se encuentran desplazados o sin que se cubran sus derechos.
P: ¿Y te parece que por ahora están separadas en la legislación?
C: Sí, porque no se toma este enfoque de interseccionalidad. Justo en el sexenio que viene comienza el Sistema Nacional de Cuidados, y es importante que haya un enfoque interseccional. Porque, ¿cómo vamos a ver un sistema nacional de cuidado sin las comunidades y sin los pueblos afromexicanos e indígenas que, obviamente, tienen otra cosmovisión, otras costumbres, otras tradiciones? Otro de los puntos que también hemos exigido es que las cifras de feminicidio sean desagregadas. Si bien sabemos que principalmente son las mujeres pobres las más vulnerables, sin embargo, las más pobres son afrodescendientes y son indígenas. Entonces, ¿cómo es que podemos atender este problema público, que es tan urgente, si no sabemos a qué mujeres están matando?
P: Estas luchas, entonces, surgen del movimiento asociativo y luego influyen en el ejercicio de la política formal.
C: Sí, yo creo que antes de que yo entrara a la política formal, al Senado, yo no sabía que estaba haciendo política o que estaba incidiendo en la política. Te das cuenta cuando estás ahí, que sabes que sí pudiste hacer algo. Por ejemplo, eso sucedió a la hora que hicimos el decálogo, cuando lo presentamos y estuvimos buscando a los legisladores para que lo hicieran. Entonces, siempre les comento a mis compañeras del movimiento afro que, pues, estamos en un movimiento político, estamos haciendo política y estamos incidiendo. Tendríamos que también tomarlo muy en cuenta, y no decir que nosotros apenas nos estamos iniciando en la política. Si bien, con respecto a la política formal hay un gran reto de profesionalización, de formación política, es importante que se visibilice que la incidencia política la hemos hecho desde siempre. La política, en otros términos, siempre ha estado.
P: ¿La llegada de Andrés Manuel López Obrador a la presidencia generó un cambio en estas luchas?
C: Sí, hubo un cambio en que llegara un gobierno de izquierda, que llegara amlo. Uno de sus compromisos de campaña fue el reconocimiento de los pueblos afromexicanos. Eso es algo importantísimo porque él lo traía en la agenda. Pero además de esto, también es importante mencionar que antes de esta iniciativa, que se realizó con el apoyo de nuestros senadores aliados Susana Harp (partido Morena) y Martí Batres (partido Morena), hubo otras iniciativas en la legislatura que buscaban el reconocimiento constitucional, en las cuales nadie peló, nadie hizo caso, no avanzó en comisiones, en el pleno. O sea, hubo esfuerzos anteriores.
P: ¿Te acuerdas de algunas de ellas?
C: Hubo nueve, desde el 2005, impulsadas por diputados y senadores, luego en el 2012. Hubo varias.
P: Me decías, entonces, que sí hubo una diferencia con la llegada de este gobierno…
C: Sí, también podemos ver que el presidente conoce a las comunidades y los pueblos. O sea, en sus recorridos conoce y sabe que existen las poblaciones afromexicanas, y eso no se veía en los anteriores presidentes. Entonces, sí considero que hubo un cambio, porque había un compromiso y mayor conocimiento del ejecutivo, pero también existía esta voluntad de algunos aliados en la materia y también, en realidad, había compromisos a nivel internacional. En este sentido fue importantísimo el Decenio Internacional de las Personas Afrodescendientes. Y la Encuesta Intercensal 2015, que, si no se hubiera dado, seguirían diciendo que no existíamos. Esta fue una prueba real de que 1.3 millones de personas se reconocían como tal. Eso fue un argumento importantísimo para el reconocimiento. Además, también fue fundamental la investigación histórica y etnohistórica para demostrar la contribución de los pueblos afro en la construcción de la nación.
P: ¿Qué balance haces de tu experiencia de senadora?
C: Agridulce [ríe]. El lado “agrio” tiene que ver con lo que te estaba contando. Al comienzo, yo me dije “voy a cambiar el país”, pero el proceso legislativo es muy lento, se necesita el cabildeo, uno se lleva decepciones, incluso en el propio partido, por más que sea de izquierda: por ejemplo, es una decepción cuando un compañero dice “afroamericanos”, en lugar de “afromexicanos”. Hay una invisibilización, un desconocimiento del tema, y eso no ayuda a avanzar en la agenda. Sin embargo, al menos aquí en México, si tu subes un tema al pleno de pueblos afromexicanos, ni la oposición vota en contra, algo que no ocurre en otros países de América Latina. Por ejemplo, cuando se dio el reconocimiento a nivel nacional, todos votaron por unanimidad a favor, y ahora también se ha votado en favor de la armonización por unanimidad. Entonces, ¿por qué? Creo que la derecha se ha vuelto un poco más hipócrita. Nadie cuestiona estos derechos.
El obstáculo es que no creen que los temas de los pueblos afro sean importantes y los dejan para el final, es lo último en la fila en el tratamiento legislativo. Es decir, no es tanto que vayan en contra, sino que hay desconocimiento, falta de sensibilización en el tema. Otro aspecto “agrio” que viví, como decía, es la soledad; no tienes compañeros o compañeras que de verdad sean sensibles a tu causa. Cuando platico de ello con compañeras y compañeros afros parlamentarios de otros países, coincidimos en que es transitar a solas. El movimiento afro tendría que estar respaldando a estos liderazgos, a estos perfiles que llegan a estos espacios. Está bien que se nos exija, pero también deberían entender que son procesos lentos y que es difícil incidir siendo una persona sola.
P: ¿La agenda feminista en el parlamento está más o menos aceptada que la agenda afro?
C: Mucho menos, temas como el aborto no fue votado por unanimidad. O sea, muchos del pan votaron en contra. En comparación, el tema afro es más aceptado.
P: Comentabas que tu paso por el Senado te dejó un sabor agridulce. ¿Cuáles fueron entonces los aspectos “dulces”?
C: Creo que la armonización, y también un mayor acercamiento con comunidades y pueblos. Me abrió puertas para conocer otras realidades distintas a las de Ciudad de México, y eso, a la vez, me permitió visibilizar más el tema. La población afro está en todo el país. Y creo que el hecho de que una persona afrodescendiente llegue al espacio es importantísimo para las nuevas generaciones. Cuando a mí me decían “Qué piensas de que ahora las niñas afromexicanas van a decir, ‘ah, pues sí había una senadora afromexicana’?” Creo que es mucha responsabilidad, pero también mucha alegría saber que ya estará esta historia, que no existía cuando yo estaba.
Parte 3. La dimensión internacional
P: ¿Cuánto influyó el Decenio establecido por la onu?
C: La verdad es que hasta hace poco se ha estado haciendo un poco más visible, sin embargo, ahorita les preguntas a las instituciones, a otros espacios, y siguen todavía sin visibilizar que estamos en el decenio afro y en el último año. Esto nos habla del gran desconocimiento de este compromiso por parte de las autoridades. Y todo esto, a pesar de que está firmado, a pesar de que estamos acompañando el Foro Permanente sobre Afrodescendientes. La verdad, se vienen haciendo más cosas desde 2019 hasta la fecha, aunque el Decenio había comenzado en 2015. Desde el reconocimiento constitucional hubo una avalancha de más cosas; por ejemplo, el inpi (Instituto Nacional de los Pueblos Indígenas) acaba de sacar la segunda convocatoria para mujeres afromexicanas en la cual se reconocen a 10 mujeres afromexicanas. Por lo tanto, fue importante el Decenio Internacional, al punto que se está buscando un segundo Decenio, porque los Estados no han cumplido con todos los compromisos que asumieron. De hecho, en el último Encuentro de Mujeres Afromexicanas y Afrodescendientes que se dio en Mataclara, Veracruz, el 27-28 de julio, uno de los temas principales fue la evaluación del Decenio internacional.
P: ¿Es importante esta dimensión internacional para el Movimiento?
C: Sí, últimamente es más frecuente. El Encuentro que mencioné se llama así, “nacional” e “internacional” de mujeres afromexicanas y afrodescendientes. Se invita a que se integren más mujeres de otros países que se encuentran en ese momento en nuestro país, o que viven acá y son de otros países. Podemos ver que hay mayor similitud entre una mujer afromexicana y una mujer afrobrasileña, que entre una mujer afromexicana y otra que no tiene nuestra identidad, porque nos cruzan muchas cosas parecidas. Hemos tratado de involucrar a más mujeres, por ejemplo, de las últimas migraciones. También intentamos establecer vínculos con mujeres y hombres de países africanos. Eso fortalecería nuestras redes. Hay una gran similitud en los retos, en las exigencias que todavía tenemos hacia el Estado, resultado de este racismo sistémico que se vive en la mayoría de los países de América Latina. Por ejemplo, estoy en comunicación con un activista argentino que he conocido en los eventos internacionales, nos hemos propuesto seguir en intercambio. Tenemos compañeras en Colombia, Bolivia y Brasil. Justo ahora estamos con un proyecto que convoca a mujeres de otros países. He convivido e intercambiado con compañeras parlamentarias afrodescendientes, con quienes tenemos los mismos retos.
P: ¿Has aprendido algo de ellas, de sus experiencias?
C: Sí, Brasil nos enseña mucho; quisiéramos llegar a eso. Vemos que las acciones afirmativas en las universidades de Brasil han ayudado bastante a que haya mujeres afrodescendientes en el poder, pero con formación académica y política, algo que todavía no vemos en otros países. En México hay acciones afirmativas en el tema electoral, pero todavía no hay acciones afirmativas en universidades. Ver a una mujer negra en los espacios de la política formal es importante, pero no debemos quedarnos en eso. Justo conviví con las seis compañeras de Brasil que se anuncian como “afrobancada”. Ojalá algún día eso se viera en México, porque actualmente llegamos a esos espacios solas y solos. Es uno entre 500 diputados; es una entre 128 senadores. Entonces, a pesar de las buenas intenciones y del trabajo que se haga, tendríamos que convencer a otros 127 de que nuestra gente es importante. Siempre les digo eso a los compañeros del movimiento, porque se ve la gran exigencia que se le pone a la persona que llega a estos espacios. Y aunque tengan razón, porque son espacios que resultaron de la lucha histórica, también tenemos que ser conscientes de que una persona sola en estos espacios de poder, rodeada de otras que han tenido poder durante toda su vida, es difícil que pueda incidir verdaderamente. Y más si le sumamos que no hay una formación política anterior, que no hay formación académica, obviamente es un rezago que ha habido por el racismo.
Parte 4. La batalla conmemorativa (a partir de esta parte, en la entrevista participan conjuntamente Celeste y Sergio)
P: ¿Hay un día dedicado a las poblaciones afromexicanas?
C: Aquí en México nos hemos “adueñado” [ríe] del 25 de julio, Día Internacional de la Mujer Afrolatina, Afrocaribeña y de la Diáspora. Llevamos ocho encuentros de mujeres a nivel nacional e internacional centrados en esta fecha. Sin embargo, te puedo decir que una senadora metió la iniciativa para que el 6 de marzo se conmemorara el Día Nacional de la Mujer Afromexicana, pero el punto es que nunca fue consensuada esa fecha con mujeres afro.3 O sea, no consultó con el movimiento. Las instituciones que conozcan esa fecha, pues van a sacar algún mensaje, pero no es representativa. No consulta con el movimiento.
Sergio (S): 4 Se detuvo en comisiones. O sea, ella pidió que se hiciera una consulta para ver si esa era una fecha adecuada porque hacía referencia a la inauguración de una casa de la mujer afro mexicana en Oaxaca y bajaron el punto a comisión, pero ella salió del senado y volvieron a darle trámite a la iniciativa, pero sin consultar a nadie.
C: Vamos a cambiarla.
P: ¿Se impulsó alguna otra fecha?
C: Habíamos subido el 10 de agosto como iniciativa para que fuera el Día Nacional de los Pueblos y Comunidades y Personas Afromexicanas (el 10 de agosto de 2019 entró en vigor el reconocimiento constitucional de los pueblos afromexicanos).5 Se aprobó en el Senado, pasó a Diputados, pero ahí se quedó. Una de las cosas que decían era que necesitaba más consulta. Lo que se hizo fue informarla a activistas y asociaciones civiles, porque tengo acercamiento y soy del movimiento afromexicano; eso lo hicimos, pero querían que se hiciera una consulta formal.
S: A menos que la próxima legislatura lo quiera rescatar, el proyecto ya no queda en manos de nosotros. Afortunadamente, varias instituciones ya han tomado el día como nacional. Cuando se estaba checando la fecha, había dos, una era el 9 de agosto, el día que se publicó en el Diario Oficial, pero ese día es el Día Internacional de los Pueblos Indígenas, entonces se traslapaba; por eso se consideró el día de entrada en vigor [10 de agosto]. Este tipo de celebraciones también se hacen costumbre, digamos, se vuelve una práctica social y es importante que después tenga esta formalización legal.
P: ¿El movimiento afromexicano ha intentado incidir en las fechas patrias como el 16 de septiembre, el 20 de noviembre o el 5 de mayo?
C: Se suele hacer visible a Vicente Guerrero, como primer presidente afrodescendiente. Cuando vienen estas fiestas patrias, el movimiento ha buscado que Vicente Guerrero y estas figuras se visibilicen.
S: Apenas es reciente este reconocimiento institucional. Pasamos del reconocimiento jurídico a este reconocimiento más simbólico. Hace como dos años, estando Celeste, se mandaron oficios a la Secretaría de Gobernación para que, dentro de las celebraciones de los 200 años de la Independencia de México (en 2021), se pidiera un perdón a la población afromexicana. Pero se hizo de manera directa, vía oficio, y no a través de las vías legislativas. Se creyó que era más conveniente que el propio funcionario tomara esta idea. Porque pedían un perdón a pueblos yaquis, mayas, a los chinos, pero no a los pueblos afro. Lo que sí hubo fue un aniversario luctuoso de Vicente Guerrero el 14 de febrero, en Culiapan, Oaxaca. Pero entran esas cosas raras de cómo tratan el tema; porque se invitaron activistas afromexicanos, pero entre quienes tomaron la palabra, además del presidente, no hubo ninguna persona afromexicana. Sí habló el hijo de Martin Luther King. Es paradójico que siendo tan importante el tema afro, se haya omitido esta participación. En una reunión con instituciones públicas se hizo esta observación.
P: ¿Y por qué piensan que hubo esa omisión?
C: Por la poca importancia que se da.
S: Depende de quién organiza los eventos; eso habla de su desvinculación con la comunidad.
P: ¿Y quién organizó ese evento?
S: Hubo un comité de memoria histórica presidido por la esposa del presidente junto con colaboradores que formulaban estas propuestas. Se ve que están muy desvinculados, es algo muy recurrente. Esas iniciativas suelen estar desconectadas de las comunidades. Eso pasa mucho también en el discurso del presidente. Hablamos de que ha habido un avance en este sexenio, sin embargo, con el Grito del 16 de septiembre hay un “viva” para los pueblos indígenas, pero no para los afromexicanos.6
C: Siempre estamos esperando en el grito que digan también, “¡vivan los pueblos afromexicanos!”, porque gritan “¡vivan los pueblos indígenas, muera el racismo, muera el clasismo!” Y, entonces, decimos, “¿en dónde estamos nosotros?”. Es una exigencia. Entiendo que a veces no es fácil que se modifique el discurso público, que alguien lo mencione, o sea, de forma natural y consciente. O sea, el presidente conoce del tema y no lo menciona. Quizás a él no se le haga tan importante como en el caso de los pueblos indígenas. Ahora viene el último grito y esperamos que alguien le haya dicho. La verdad es que siempre al término del grito tenemos un grupo en el cual siempre dicen, “Y a nosotros no nos volvieron a mencionar”.
P: ¿Han publicado alguna declaración o artículo sobre el tema?
S: No, es que eso es un problema o debilidad del movimiento: es muy activo en comunidades y en redes sociales, pero no escriben tanto. Hay comunicados, sí, pero no sobre esta cuestión. O sea, como que el reclamo queda entre los grupos en redes sociales, o quizás se le reclama a un funcionario en alguna reunión, pero no se hace de manera formal.
P: Regresando al tema del oficio enviado para pedir un perdón, ¿qué respuesta tuvieron?
C: Simplemente no hubo respuesta. Creo que, recientemente sí varias instituciones mencionan la figura de Vicente Guerrero, y eso lo consideramos importante. Porque cuando nos dicen, “Ah, pero ¿ustedes qué hicieron para la construcción de este país?”, pues cuando dices que Vicente Guerrero fue afrodescendiente, sí es importante para visibilizar esta raíz en la población en general.
S: Sí, y es importante que se revalore la figura de Vicente Guerrero, no solo como el insurgente, sino también como la persona que concretó la abolición de la esclavitud en México, porque él fue el que expidió el decreto definitivo mientras era presidente.
P: ¿Y recuperan también a Hidalgo?
S: Sí, por el bando del 19 de octubre de 1810. A partir de 2010, se decretó esa fecha como Día Nacional contra la Discriminación, pero se pierde la parte simbólica de la abolición de la esclavitud, porque se habla en términos generales de la discriminación; puede ser un día para todos los grupos vulnerados. Entonces, consideramos que era más contemporáneo el hablar del 10 de agosto. En la iniciativa se tomó en cuenta cómo habían establecido estos días en otros países. En algunos casos hacen referencia a la abolición de la esclavitud, en otros hacen referencia al nacimiento de un líder afrodescendiente de la época virreinal o de un periodo más contemporáneo. Sin embargo, en nuestro caso, el 15 de septiembre es el Día de la Abolición de la Esclavitud (1829), pero coincide con “el Grito”. El 10 de agosto podría haber sido, por el natalicio de Vicente Guerrero, pero había un gran problema, no hay certeza de que ese día fuera su natalicio. Ese día fue inscripto en la iglesia, pero no hay constancia de que haya nacido ese día.
P: ¿Qué otras fechas posibles estuvieron en la discusión?
S: Se propusieron como diez fechas alusivas al tema afrodescendiente. Por ejemplo, el 14 de marzo, que remite al Primer Encuentro de Pueblos Negros en Oaxaca, en 1997.
C: También el 19 de octubre, que es el Día del Pueblo Negro Afromexicano en el Estado de Oaxaca, desde hace como ocho o diez años, no tanto [la fecha coincide, tal como se aludió anteriormente, con el Día Nacional contra la Discriminación].
S: Quienes promovieron ese día fueron los compañeros de Oaxaca. Se conformaron con que fuera el 10 de agosto, porque ellos querían que fuera el 19 de octubre. Es que había varias fechas; también el fusilamiento de Morelos en diciembre, pero no es buena fecha en diciembre.
C: Retomando lo del Grito, sí es doloroso...
S: Sí, porque es algo que ya está resuelto en la Constitución desde 2019, o sea, que los pueblos indígenas y afromexicanos son la base de la nación pluricultural.
C: Falta pasar del reconocimiento constitucional, a lo público. Ahora hay una asamblea (Consejo Nacional de Pueblos Indígenas) para la reforma que mandó el presidente, de los pueblos indígenas y afromexicanos. Pero todavía el gafete dice: “pueblos indígenas y afromexicano”. Yo les decía, “son pueblos”, ¡así está en la Constitución! Siguen pensando que es uno. Si eso pasa en el inpi (Instituto Nacional de Pueblos Indígenas), que es donde tenemos que ser atendidos, o sea, que no sepan ni siquiera ellos, habla de la lejanía que se tiene del Movimiento. Que haya una persona en el presídium no significa que estemos representados. Pareciera que ponen a una persona para decir “también está el afromexicano”. No puede ser una nada más.
S: Cuando se hizo el reconocimiento constitucional, se aclaró por qué son pueblos. Los de Guerrero difieren de los de Oaxaca, y estos de los de Veracruz, por costumbres y tradiciones. Si bien, podemos decir que también puede haber variedades dentro de un mismo estado, es una manera más fácil de identificarlos por entidad. No es un bloque homogéneo.
P: Con el objetivo de la visibilización, ¿priorizan crear sus propias fechas o intervenir en las fechas patrias consagradas?
C: Para mí son importantes las dos cosas. La intervención en las fiestas patrias es importante, porque también es una de nuestras exigencias el que se nos reconozca como parte de la construcción de nuestro país, o sea, de que luchamos, de que participamos muy activamente. O sea, no llegamos después, no somos alguien al que de repente se le está dando dádivas.
S: Por ejemplo, el hecho de que hace unos días haya ganado una medalla de plata una deportista afromexicana, Prisca (Prisca Awiti Alcaraz), fue importante para la visibilización y afirmación del orgullo.7
C: Sí, ¡el Movimiento celebró!
S: Antes de estos Juegos Olímpicos no se había tenido un referente de ese tamaño. El Instituto Nacional de las Mujeres puso que Prisca “afromexicana” ganó la medalla, y nosotros lo retuiteamos en la Asociación. A veces ponen en los comentarios, “¿qué necesidad de poner afromexicana?”. Entonces les respondemos: “porque es un orgullo ser afromexicano”. O sea, la gente que no lo es, pues a lo mejor no lo entiende.
C: Una señora nos escribió en las redes “mi hija es afrodescendiente y es deportista y no se veía representada hasta que vio a Prisca ganar”. Entonces, vemos la importancia de esto para nuestra identidad, para que más personas se sientan identificadas y se reconozcan como tales. O sea, me han llegado jóvenes que me dicen: “es que todo lo que estás contando a mí también me ha pasado, pero no sabía que me podía identificar como tal”. Entonces, creo en visibilizar no solamente a Vicente Guerrero, sino a otras personas que han llegado a estos espacios. Esto ayuda a que más personas se sientan identificadas y orgullosas de su identidad.
P: ¿En la conmemoración del 20 de noviembre por la Revolución, la población afromexicana intentó ser visibilizada de algún modo?
C: Hemos estado mencionados, pero más que nada de manera genérica en las conmemoraciones de la Revolución y de la Independencia.
S: Hay quienes mencionan a Emiliano Zapata como afrodescendiente, pero no hay consenso ni evidencia histórica. Conforme vayan avanzando los estudios en el tema, y la gente sepa mirar estos registros de otra manera, quizás.
C: María Elisa y todos ellos hacen muestras, exponen pinturas donde hay afros que están luchado, que están trabajando. Pero en realidad no hay nombres.
S: Hasta estos tiempos, la investigación histórica está en su mejor momento en el tema afro, estimulada por el Decenio Internacional.
P: Otro tema enorme que excede el eje que quería desarrollar es cómo impactan estas investigaciones y militancias en la educación escolar. Quizás puedan contarme, brevemente, algo al respecto.
C: Se hicieron unos cambios en los libros de texto y, al menos en los de nivel básico, ya se menciona a la población afromexicana y se reivindica, porque antes solamente eran presentados como africanos y con todos los estereotipos que se puede tener: personas con taparrabos, con cadenas y cosas por el estilo. Es un gran avance que ya no se maneje con prejuicios. El siguiente paso es que también se capacite al profesorado en el tema, para que no sigan repitiendo esas ideas.
P: ¿Como senadora has tenido algún proyecto de legislación sobre educación?
C: No sobre educación.
S: No, pero, otra vez, el reconocimiento constitucional de 2019 fue punta de lanza para alcanzar esa exigencia. Coincidió con que, a nivel federal hicieron la revisión de los libros de texto. Se pidió un espacio con la Secretaría de Educación Pública, donde organizaciones y activistas opinaron, y así hubo una mejora respecto a los libros de texto anteriores.
Parte 5. El Movimiento: grietas y aliados
P: En esta entrevista se han referido todo el tiempo a “el Movimiento”, en singular. ¿Podrían explicar un poco más cómo está constituido?
C: Cuando se dice “Movimiento afro”, nos referimos al conjunto de activistas, asociaciones, hasta la academia y aliados, que forman y están en incidencia política.
P: ¿Hay grietas o diferencias internas?
Ambos: Sí, se puede decir que sí.
C: Yo voy a decir una: la cercanía o no con la academia. Creo que es una de las cosas que han dividido. Quienes estamos más cerca de la academia y quienes dicen que “por qué la academia blanca interviene y que lucran con el tema”. Yo obviamente estoy cercana a la academia, porque aparte, mi identidad también se formó en la academia; ha sido importantísima. Pero hay muchos, y más de comunidades, que están en contra. Las investigadoras con las que nos relacionamos han trabajado en la lucha por el reconocimiento, la autoadscripción. No es que estudian y se van.
P: Sergio, ¿a ti te ha pasado que te hayan cuestionado por no tener ascendencia afromexicana?
S: Sí, me ha pasado que me dijeran “¿por qué estás hablando de nuestros asuntos?”. Yo decía que tenía una posición institucional. Pero eso sucede con algunas personas en algunas comunidades, sucede que hay otra grieta o diferencia, a nivel conceptual. Hay quienes afirman esta cuestión identitaria de lo negro. Entonces, “nosotros somos negros”, y “afromexicano” o “afrodescendiente” es una imposición desde el extranjero. Esta diferencia se materializó en distintos eventos. Entonces, una parte de la academia quiso conciliar y dijo: bueno, son el “pueblo negro afromexicano”. Pero otros sostienen que “negro” es discriminatorio, de origen colonial. Otra división tiene que ver con aquellas personas que critican el reconocimiento constitucional porque sostienen que es únicamente nominativo, restándole valor. O bien, dicen “de qué sirve que haya una senadora afromexicana, si no puede hacer nada”. Estas posiciones derivan de experiencias personales.
C: Hay otra parte de la academia cercana a estas posiciones. Pero yo siempre les digo: “nominativo y todo, pero bien que cuando salen algunos programas dirigidos a afrodescendientes, ahí sí que entran”.
S: También hay quienes están muy vinculados a lo africano, recuperando bailes, trenzas, vestidos y costumbres africanas, pero que a veces genera un choque si no le sigues la onda, digamos. En una reunión puede haber quienes inician el acto con una ofrenda a los ancestros, pero no todos comparten eso, ¿no?
C: A mí no me cuadra de forma personal, porque considero que el tema afro-mexicano pues es una mezcla. Centrarse en esos elementos (trenzas, etc.) creo que suele hacerse desde la superficialidad.
P: ¿Cómo se relacionan las luchas de los pueblos indígenas con las del movimiento?
C: El movimiento afromexicano nació de querer separarnos, queríamos autonomía, legitimidad y este reconocimiento en sí, de que no somos pueblos indígenas. Entonces, se separó muchísimo. Ahora con el Instituto de Pueblos Indígenas ha habido esta controversia de que, bueno, “van a entrar los pueblos afromexicanos y ahora el presupuesto se va a dividir en más”. Eso ha dividido bastante. Sostienen, “tenemos en la lucha más tiempo que ustedes, pero aparte de que tenemos más tiempo que ustedes, nosotros sabemos organizarnos y pedir las cosas”. Pues sí, tienen más organización, obviamente es más grande la población, obviamente han estado en la lucha zapatista, y otras, desde hace mucho más tiempo, pero eso no tiene por qué negar que nuestra lucha también es legítima. Sin embargo, sí creo que esto de que el presupuesto vaya ahora a pueblos indígenas y afromexicanos, y que sea el mismo presupuesto, ha influido en esta separación en los últimos años. Sin embargo, los pueblos afromexicanos no han buscado, o al menos el movimiento, no ha buscado unirse, ¿sabes? O sea, en luchar por las causas que son las mismas.
A mí me llamó mucho la atención la forma como han trabajado en Baja California. Allí está el movimiento de agricultores indígenas. En los eventos indígenas incluyen a los afromexicanos: los nombran, dejan que hablen, se muestra esta hermandad que no se ve a lo largo de todo el territorio nacional. Considero que esto se da porque son personas indígenas migrantes de Oaxaca y de Guerrero en el norte. Y como también son personas afro migrantes en el norte, une y hace que sea más fácil. Pero más allá de este caso, en cada asamblea en donde estamos juntos, se dice “hay que trabajar juntos”, pero la verdad es que ha sido difícil. Sería un gran paso que el inpi subiera a Secretaría de Estado, eso daría más presupuesto y facilidad de acceso a recursos.
P: Celeste y Sergio, muchas gracias por su tiempo y generosidad en concederme esta entrevista.










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