La entropía y la neguentropía (nociones fundamentales en la termodinámica y en la teoría de la información( establecen una especie de dialéctica, en tanto ofrecen lecturas contrapuestas sobre la materia y los datos: mientras la primera se refiere a la inclinación natural de los sistemas hacia el caos y la desorganización, la segunda mide la cantidad de estructura o equilibrio presente en ellos, funcionando como una suerte de entropía negativa. Esto lleva a preguntarse: ¿qué hay entre ambos extremos? Más aún, ¿ocupa la literatura nacional ese espacio intermedio, como sugieren el título y subtítulo de esta antología de crítica literaria? En este sentido, llama la atención que la portada de Narradores mexicanos del siglo XXI. (Entre la entropía y la neguentropía) (2024), la primera en la historia editorial de la Universidad Veracruzana generada mediante Inteligencia Artificial, se haya producido de esta manera. Cabe indagar qué instrucciones se usaron para generar dicha carátula, en función del universo que las investigaciones buscan vislumbrar en la literatura contemporánea: “Una imagen donde la anarquía es aparente porque los elementos naturales, tecnológicos y culturales, conviven, dialogan, se imponen unos sobre otros, pero no dejan de surgir, ahí en el rincón más alejado de la palabra, donde adquieren cuerpo y sombra”, o tal vez “Una representación ni utópica ni distópica, sino de mutaciones prolongadas, como si se tratara de un lenguaje fracturado y en transformación constante”.
En su “Presentación”, Norma Angélica Cuevas Velasco y Alfredo Pavón señalan que los estudios recopilados trazan la cartografía de una literatura diversa, desarrollada durante los últimos veinte años en México. Esta producción, caracterizada por un notable dinamismo estético, abarca tópicos que van desde lo fantástico hasta los ritos de iniciación, los entornos familiares, la migración, el humor, la paranoia y la cárcel. Dichas preocupaciones son la herencia no sólo de una tradición literaria hispanoamericana, sino también de un contexto sociocultural marcado por crisis continuas. Desde esta realidad, los críticos reunidos (Emiliano Martín del Campo, Víctor Saúl Villegas Martínez, Shanik Sánchez, Alfredo Loera, Elsa López Arriaga, Ruby Araiza Ocaño y los coordinadores( intentan develar la mirada de los escritores, quienes, como testigos privilegiados del siglo XXI, reflejan en sus obras la heterogeneidad y fecundidad de este. La propuesta general es entonces explorar cómo las narrativas (entre ellas el cuento, la novela, la crónica y el testimonio(, desde enfoques metodológicos diversos y con intereses que abarcan un amplio espectro, muestran tanto las tensiones entre la búsqueda de estabilidad y el desorden inherente del momento, como la diversidad y riqueza de la creación y su posicionamiento frente a ambas tendencias. En este sentido, los trabajos de investigación que conforman este libro abren una reflexión en torno a cómo la literatura mexicana actual se mueve entre estas fuerzas aparentemente incompatibles, revelando un espacio ético, estético e ideológico en pugna.
En el primer ensayo, “La trama secreta de Mauricio Molina”, Emiliano Martín del Campo se adentra en la poética de un narrador que ha sido relativamente ignorado por la crítica literaria. Basándose en un universo narrativo estructurado bajo leyes ontológicas incompatibles, propias de lo fantástico (tal como lo han sugerido teóricos como Tzvetan Todorov, Ana María Barrenechea y José Miguel Sardiñas(, el autor examina una selección de cuentos del volumen La trama secreta. Ficciones, 1991-2011 (2012): “Teoría del fantasma”, “Primer amor”, “La noche de la Coatlicue” y “La Máscara”. En estos relatos, lo imposible, lo sobrenatural y lo anormal se entrelazan, de manera que alteran los principios convencionales del espacio-tiempo. Este quiebre ontológico revela una modernidad continuamente acosada por el pasado, lo que el autor define como una poética de lo poroso, donde lo histórico y lo mítico permea la realidad constantemente. Así, en dichas obras, los personajes y las historias representan el eterno retorno a la semilla, enfocado en el otro y en la colectividad, lo cual desdibuja las fronteras entre lo individual y lo común, entre la ficción y la mímesis. El enfoque no sólo permite una lectura del legado literario de Mauricio Molina, sino que también lo inscribe en una tradición literaria que explora la identidad desde su alteridad misma, destacándolo como elemento constitutivo de la colectividad en Latinoamérica.
En el capítulo “Procesos de iniciación homoerótica masculina en tres novelas mexicanas del siglo XXI”, Víctor Saúl Villegas Martínez estudia, además del tema de la iniciación en la narrativa mexicana, cómo las obras con contenido homoerótico, desde el siglo XIX, exhiben características que las distancian completamente del discurso hegemónico sobre la masculinidad y sus procesos formativos. A partir del análisis de novelas como Fruta verde (2006) de Enrique Serna, Falsa liebre (2013) de Fernanda Melchor y Hacia las luces del norte (2018) de Ángel Valenzuela, el investigador argumenta que la literatura homoerótica mexicana del siglo XXI tiene como objetivo no solo representar dichas experiencias, sino también desmantelar la dicotomía tradicional de la heterosexualidad y la homosexualidad, para reflexionar las bases de la identidad sexual en los sujetos. El autor analiza las particularidades estilísticas y temáticas constantes en su corpus y, asimismo, indaga en los discursos que sostienen la literatura con contenido LGBTTTIQ+. Villegas Martínez subraya que, en el nuevo contexto literario, las disidencias sexuales planteadas se sitúan en geografías alejadas de la capital del país, con lo cual se abandona la centralidad metropolitana como eje organizador del relato. En su lugar, emergen otras formas del deseo, como el modelo mediterráneo, que permiten examinar la singularidad de la sexualidad en espacios culturales periféricos. Este desplazamiento territorial y simbólico contribuye a la expansión del escenario en el que se desarrolla la experiencia homoerótica, lo que trae como consecuencia cambios significativos en la representación de la sexualidad masculina mexicana. En este sentido, las novelas analizadas proponen cronotopos alternos para narrar los procesos de formación de la identidad y la sexualidad, desligándose de los marcos temporales y espaciales predominantes en la literatura de los dos siglos anteriores. Este giro no solo descentraliza la figura del personaje homosexual, sino que también transforma las maneras en que su tránsito hacia el autoconocimiento es narrado, lo que revela una profunda indagación en la representación del homoerotismo.
En su estudio titulado “Tríptico de la familia (Fernanda Melchor, Teresa Muñoz, Alaíde Ventura Medina)”, Alfredo Pavón examina cómo la narrativa mexicana contemporánea ha respondido a un contexto marcado por la entropía social, que incluye crisis, violencia y desigualdades que afectan al individuo, a la familia y a la pareja en el siglo XXI. El autor destaca que el entorno desempeña un rol crucial en la construcción de las familias androcéntricas heterosexuales que se presentan en tres novelas recientes: Temporada de huracanes (2017) de Fernanda Melchor, Días de ceniza (2022) de Teresa Muñoz y Como caracol... (2018) de Alaíde Ventura Medina. El crítico argumenta que el interés de las narradoras por la familia parece surgir de un tejido social deteriorado. A través de las denuncias, las autoras buscan recuperar las funciones protectoras, formadoras y orientadoras que tradicionalmente se asignan a este tipo de instituciones. Por ende, el panorama literario del país sugiere que el relato no se inclinará a favor de una visión idealizada de la familia y, en su lugar, continuará reflejando las tensiones y dificultades inherentes a la realidad social, acercándose así a un realismo de tintes más costumbristas.
En su texto “Mirarnos en el borde (Las mujeres migrantes en la narrativa mexicana contemporánea)”, Norma Angélica Cuevas Velasco pone de manifiesto que, dentro del vasto repertorio de personajes que la literatura de migración presenta, la figura de la mujer migrante ha recibido una limitada atención. No obstante, la atención al tema por parte de escritoras mexicanas demuestra un campo abierto para la calidad artística, así como para su discusión. La investigadora, en este sentido, propone examinar el trabajo de tres novelistas: Fernanda Melchor, Nadia Villafuerte y Sylvia Aguilar Zéleny. Argumenta que la representación literaria de la mujer migrante desafía fronteras, no solo en el sentido geopolítico, físico, simbólico, sino también corporal, a través de discursos distintivos, pero convergentes. La transformación de la identidad de los personajes femeninos debido al tránsito forzado -motivado a veces por la violencia, la falta de oportunidades, el narcotráfico, entre otros- constituye, además de una dimensión esencial para el discurso literario, una respuesta al poco interés por parte de las autoridades y las instituciones, así como a la falta de justicia que el problema encara. El estudio destaca cómo la literatura de migración, a través de dichas voces, se convierte en un medio para cuestionar y difundir la realidad compleja de la migración actual.
En su ensayo “El leitmotiv del letrado (De Fiesta en la madriguera a Peluquería y letras de Juan Pablo Villalobos: un ciclo novelístico)”, Shanik Sánchez identifica -más allá de la parodia, el humor, la irreverencia y la metaficción presentes en la obra del escritor jalisciense- un ciclo novelístico cohesivo. Este inicia con Fiesta en la madriguera (2010) y se extiende a través de Si viviéramos en un lugar normal (2012), Te vendo un perro (2015), No voy a pedirle a nadie que me crea (2016) y La invasión del pueblo del espíritu (2020), hasta culminar con Peluquería y letras (2022). La investigadora argumenta que, en todas estas obras, se genera un nivel de lectura consistente en torno a la conciencia y la reflexión sobre la escritura y la literatura, lo cual, consecuentemente, despierta el interés por la figura del letrado como leitmotiv, que amalgama roles como el escritor, el intelectual, el periodista, el académico y el crítico, y ayuda a identificar tanto patrones estáticos como dinámicos en torno a todos ellos. El regocijo metaliterario que caracteriza a esta serie de textos revela no solo un conflicto entre el mundo de las ideas y la vida práctica, sino también una crisis en torno a la literatura como institución. De esta manera, la autora ilustra cómo la obra de Villalobos explora la intersección entre la teoría y la escritura creativa, ofreciendo una visión crítica del papel del escritor en la sociedad moderna a partir de su propia autorreferencialidad.
En “Pantopía mexicana y la ficción paranoica en A.B.U.R.T.O. de Heriberto Yépez”, Alfredo Loera estudia cómo la obra del escritor originario de Tijuana incorpora, entre otras perspectivas, la teoría psicoanalítica para fundamentar una propuesta estética y filosófica conocida como pantopía. Este enfoque se desarrolla bajo una mirada paranoica y complotista, y se dirige contra los imperialismos de finales del siglo XX y principios del XXI. El investigador identifica en la novela A.B.U.R.T.O., publicada en 2005, una manifestación consolidada de este principio a través de la elaboración literaria de un evento de gran trascendencia en la cultura nacional: el asesinato de Luis Donaldo Colosio en 1994. El estudio pretende evidenciar cómo la ficción pantópica se despliega como trasfondo poético y epistemológico en la narrativa del autor. La búsqueda de la verdad se convierte en un punto de fuga y en un organizador crucial del relato. Al integrar la teoría psicoanalítica y la perspectiva paranoica, la novela no solo desafía las formas convencionales, sino que también ofrece una crítica multifacética de la realidad política y social de México.
Finalmente, en el capítulo “Las crónicas de Sylvia Arvizu: humanización y enunciado ético desde la cárcel”, Elsa López Arriaga y Ruby Araiza Ocaño analizan la obra de dicha autora originaria de Hermosillo, donde se despliega un universo sobre la realidad carcelaria. De la escritura de Arvizu, la investigación destaca tanto el lugar de enunciación, como el entramado sociocultural que pone en primer plano la humanización de los personajes y su discurso político. El estudio se enfoca en cómo la narradora utiliza la crónica para cuestionar y poner en crisis las formas literarias y periodísticas tradicionales, lo que configura una postura dialéctica frente a las condiciones corrosivas del sistema carcelario en México. La narradora revela el andamiaje que sustenta y perpetúa la violencia sistemática sufrida por las mujeres en los centros penitenciarios. El análisis de López Arriaga y Araiza Ocaño propone que la obra no solo manifiesta las injusticias y abusos, sino que también ofrece una reflexión sobre la condición de los internos, lo que destaca la necesidad de una reforma profunda y una mayor difusión de los problemas de género y derechos humanos en dicho entorno.
En resumen, los estudios ofrecen, además de diversas aproximaciones y rutas de lectura a los títulos citados, una reflexión amplia sobre el papel de la literatura en círculos hostiles y complejos, como el mexicano. Es decir, los relatos que nombran y reclaman estas realidades no se limitan a representarlas, también se interrogan a sí mismos: exploran su relación con el vertiginoso movimiento de la vida y las múltiples corrientes que su dinámica impone. Las perspectivas presentadas en esta antología subrayan el complejo vínculo entre la creación literaria y el territorio, desafiando la lectura inmanente para, en su lugar, resaltar la importancia del diálogo interdisciplinario. De este modo, Narradores mexicanos del siglo XXI. (Entre la entropía y la neguentropía) se inscribe en un corpus cada vez mayor de estudios dedicados a los protagonistas del panorama literario actual (las obras y los narradores referidos en más de un capítulo dan cuenta de esto(, por lo que contribuye significativamente a la comprensión de cómo la literatura responde, se adapta y desafía las circunstancias en las que surge y desde las que se lee.









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