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Fuentes humanísticas

versión On-line ISSN 2007-5618

Fuentes humanist. vol.35 no.67 Ciudad de México jul./dic. 2023  Epub 07-Nov-2025

https://doi.org/10.24275/fhje2752 

Artículos

Pancho Villa, la construcción de un relato

Pancho Villa, the Construction of a Story

Norma Sánchez Acosta* 

*Facultad de Estudios Superiores, Acatlán, UNAM.


Resumen

Pancho Villa es uno de los personajes más emblemáticos del periodo revolucionario mexicano, la historiografía sobre él es interesante porque permite observar su gradual configuración como uno de los revolucionarios más populares, así como el debate sobre sus lecturas e interpretaciones. El presente artículo es un rastreo sobre dicho proceso.

Palabras clave: Pancho Villa; relatos sobre la Revolución; Revolución mexicana; historiografía; memoria

Abstract

Pancho Villa is one of the most emblematic characters of the Mexican revolutionary period, the historiography about him is interesting because it allows us to observe his gradual configuration as one of the most popular revolutionaries, as well as the debate about the readings and interpretations about him. This article is a search of this process.

Key words: Pancho Villa; stories about the Revolution; Mexican Revolution; historiography; memory

De Doroteo Arango a Pancho Villa

El 20 de noviembre de 2018 el Archivo General de la Nación hizo entrega de la restauración del acta de nacimiento que corresponde a Doroteo Arango al Archivo Histórico del Estado de Durango, en dicho documento se establece como su fecha de nacimiento el día 5 de junio del año de 1878 en San Juan del Río, Durango. Se notifica que sus padres fueron Agustín Arango y Micaela Arámbula, sus abuelos paternos de nombre Antonio Arango y Faustina Vela, y los maternos identificados como Trinidad Arámbula y María de Jesús Álvarez. La restauración del documento se realizó con éxito y fue devuelta a su lugar de origen (Archivo General de la Nación, 2018).

La historia de Doroteo Arango antes del levantamiento armado de 1910 se encuentra un tanto difusa, como lo ha señado Friedrich Katz (Katz, 2000), sin embargo, en el caso de Pancho Villa ocurre un fenómeno a la inversa. Sobre Villa abundan referencias de diversos tipos: escritos, visuales, sonoros y audiovisuales, lo cual presenta una interesante diversidad para atender la configuración su relato que empezó a cobrar notoriedad luego de sus exitosas campañas en el norte. Este fue el caso de la Toma de Ciudad Juárez en mayo de 1911 combatiendo la resistencia porfirista, posteriormente la rebelión orozquista y después enfrentando al ejército de Victoriano Huerta. Junto con Villa, la célebre División del Norte fue decisiva para el triunfo de los revolucionarios sobre este último.

Luego del triunfo de los grupos revolucionarios sobre Victoriano Huerta que derivó en la renuncia de éste a la presidencia y su salida del país el 15 de julio de 1914, las facciones se vieron confrontadas entre sí. Villa desconoció a Venustiano Carranza como jefe de la Nación y con ello fue inevitable la confrontación entre ambos, esto dio paso a la derrota de la División del norte frente a las fuerzas de Álvaro Obregón en Celaya entre el 6 y el 15 de abril de 1915. Una vez diezmado el ejército de Villa y con el proceso de consolidación del gobierno de Carranza, la trayectoria del Centauro del norte fue dando un giro narrativo muy interesante.

El objetivo de este artículo es discutir la función que ha tenido el ejercicio memorístico que hizo Villa al compartir su historia a su secretario Manuel Bauche Alcalde en 1914, y que posteriormente recuperó y publicó Ramón Puente con el título de Villa en pie (1937). Y es que, desde sus primeras campañas, la ruptura con Carranza, su asesinato el 20 de julio de 1923 y la consolidación del Estado revolucionario, lo que se ha escrito sobre Villa tiene una serie de matices que lo colocan como revolucionario, pero también como bandido, en este sentido es interesante preguntarse cuál fue el papel de las Memorias dictadas por Villa en esta discusión.

Reconocer la conformación y la influencia de las Memorias y de Villa en pie en otros relatos implica estudiar no solo su contenido, sino aproximarse desde una perspectiva historiográfica en la cual su contexto de producción, que incluye factores sociales, culturales y políticos, permita reconocer los debates existentes en la articulación de un discurso literario sobre el caudillo. Se trata de una lectura que permita entender la trayectoria narrativa de un personaje que se hizo visible en el conflicto armado y fue adquiriendo matices y variedades de interpretación que se manifestaron en estas obras.

El debate sobre Villa

Es importante señalar que los relatos sobre Pancho Villa durante y después de la Revolución no fueron exclusivos de historiadores, sino que han sido parte de diversas expresiones culturales, entre ellas la literaria. Cuando la guerra entre las distintas facciones culminó con la derrota definitiva de la División del Norte comandada por Villa frente a las fuerzas de Obregón, este último se dio a la tarea de escribir su versión de los acontecimientos.

La obra Ocho mil kilómetros en campaña, escrita por Obregón (1959) y publicada en 1917, pertenece a este grupo de textos basados en la experiencia personal, cabe recordar que la escritura testimonial fue un género discursivo importante de la época. En su reporte militar que se incluye en la obra, se presenta a Villa como un reaccionario, se le juzga así por contar entre sus filas a ex-federales y científicos (Obregón, 1959). Después de ser derrotado definitivamente en el Bajío, Villa fue considerado como bandido, y la campaña de desprestigio estuvo a cargo de sus opositores. Las memorias y reportes escritos a partir de Álvaro Obregón conforman una de las vertientes en su interpretación, cuando menos hasta 1976, fecha en que los restos de Villa fueron trasladados al Monumento a la Revolución. Con este acto, de manera oficial, dejó de ser ese reaccionario que mencionó Obregón para regresar a ser uno de los revolucionarios más destacados del siglo XX.

Lo anterior explica su protagonismo en productos culturales. Precisamente por tratarse de una figura de amplio impacto popular, fue prioritario que el grupo vencedor difundiera una imagen negativa de él. Friedrich Katz explica que:

Los líderes tienen que convencer no sólo a sus propios partidarios, sino a la población del país en su conjunto de que el aliado y héroe revolucionario de ayer se ha convertido en un traidor contrarrevolucionario […] Un elemento de la propaganda carrancista consistía en señalar constantemente que […] debajo del glorioso Francisco Villa, se escondía el bandolero y asesino, que se había cambiado de nombre precisamente para escapar a su horrendo pasado (Katz, 2000, pp. 44-45).

Además de la ya mencionada ruptura con Carranza, esta versión negativa se acentuó después de la invasión de Villa a Columbus, Nuevo México, el 9 de marzo de 1916. El conflicto con el gobierno norteamericano que generó el hecho de que Villa entrara a territorio norteamericano y matara a pobladores de la región, agravó su situación. No sólo tenía como enemigos a los constitucionalistas, sino que el ejército norteamericano bajo el mando del General John J. Pershing ingresó a territorio nacional después del mencionado ataque con la intención de capturarlo, vivo o muerto, como versan los carteles de su búsqueda. En 1917 se empezaba a difundir una propaganda negativa, por esta razón, años después, las noticias de su asesinato causaban escepticismo; no sólo hubo quienes se mostraron incrédulos sobre su muerte sino sobre su estatus en la Revolución: ¿Villa había sido un revolucionario o un bandido?, así lo muestra, por ejemplo, El Universal Gráfico donde se podía leer: “¿A cuántos mató Pancho Villa? Esta es una pregunta que va de boca en boca desde que murió el famoso guerrillero” (El Universal Gráfico, 25 de julio de 1923).

Aunado a lo anterior, se agregó el hecho de que Villa contó con pocos defensores después de 1915. Y es que después de las derrotas definitivas, el exilio en el extranjero fue práctica común para los militantes de las facciones perdedoras, así que la posible defensa de su imagen, hecha por sus partidarios, se dificultó, pues la década de los veinte y principio de los treinta, el país estuvo gobernado por los sonorenses a quienes Villa enfrentó.

“Los intelectuales, dijo alguna vez Villa, son ´desleales´ […] Al parecer, se refería ante todo a los abogados, los periodistas y los burócratas” (Katz, 2000, p. 321). Aunque el villismo no tuvo muchos intelectuales como sí fue el caso de Venustiano Carranza, el Centauro del Norte contó entre sus filas a Martín Luis Guzmán, José Vasconcelos y Ramón Puente; la relación que llegó a tener con ellos fue derivada del conocido respeto que tenían hacía Francisco I. Madero. Después del fracaso del maderismo, estos escritores sintieron más cercanía con Villa que con Carranza o Zapata. Según Pedro Salmerón, para algunos de ellos llegó a ser una prioridad deslindarse del villismo:

[...] decían que habían ido a dar a la División del Norte porque era el único camino para los auténticos maderistas [...] o de plano, porque las circunstancias los obligaron, pero nunca por villistas (Salmerón, 1997, p. 52).

La razón de ello fue porque después de la derrota definitiva el panorama para ser villistas era estar fuera o ajenos al triunfo de la Revolución.

Así lo demuestra el proceso de institucionalización no solo de la lucha armada sino de sus figuras más sobresalientes. El 17 de julio de 1928 fue asesinado Álvaro Obregón quien ya había sido electo presidente del país para un segundo periodo. Meses más tarde, el 1 de septiembre el presidente en función, Plutarco Elías Calles, al dar a conocer su último informe de gobierno, reconoció la urgencia dejar de ser el país de un solo hombre para empezar a ser el país de las instituciones (Benjamín, 2003). Al siguiente año, en 1929, durante la presidencia de Emilio Portes Gil se decreta la creación del Partido Nacional Revolucionario (PNR).

El periódico oficial del PNR dedicó un editorial a recuperar la idea de Plutarco Elías Calles sobre el caudillismo y las instituciones, así como la necesidad de un monumento a la Revolución que no:

[...] satisfaga a una facción, sino que consagre el verdadero triunfo de nuestra integración racial, cultural y económica [...] En dicho monumento no habrá agrarismo, ni zapastismo, ni carrancismo, ni callismo (Benjamín, 2003, p. 173).

Como se puede ver en la cita anterior, 1929 fue el año de plantear la integración de un discurso unificador sobre la revolución, sin embargo ni Villa ni el villismo tenían cabida en este proyecto.

Para la construcción del Monumento a la Revolución, el secretario de Hacienda, Alberto J. Pani, propuso a Plutarco Elías Calles la idea que anteriormente había presentado Carlos Obregón Santacilia, de convertir el andamiaje del Palacio Legislativo Federal, en un Monumento. El proyecto se anunció el 15 de enero de 1933 y el entonces presidente, Abelardo L. Rodríguez, fundó el Comité del Gran Patronato para el Monumento a la Revolución, que fue presidido por el Jefe Máximo.

En su propuesta formal, Calles y Pani se refirieron al proyecto del monumento con la frase ´un Arco de Triunfo´. El origen mismo del monumento significaba el triunfo de la Revolución sobre el régimen porfiriano (Benjamín, 2003, p. 176).

La idea de monumento como elemento celebratorio, pero sobre todo unificador, se concretaba en esta edificación arquitectónica. El proceso unificador se reflejaba en la idea de monumento, sin embargo, el caso específico de Francisco Villa fue especial por su lentitud en su integración

En la etapa de gobierno de Lázaro Cárdenas, la percepción sobre Villa tuvo una modificación. Aunque no se había reconocido en el discurso oficial, era innegable que la presencia del Centauro del Norte desde el comienzo de la Revolución había sido fundamental para terminar con los gobiernos tanto de Porfirio Díaz como de Victoriano Huerta. Al grado de ser de los caudillos que mayor interés despertó no sólo al interior, sino al exterior del país, ejemplo de ello es la investigación de Margarita de Orellana, La mirada circular (1991) donde estudia el impacto de la figura de Villa en el caso concreto de la cinematografía norteamericana, y dentro de la literatura nacional se cuenta con las novelas de la revolución, donde autores como Martín Luis Guzmán, Mariano Azuela, Nellie Campobello o Rafael F.

Muñoz, por mencionar algunos, hicieron de Villa su personaje principal.

Así pues, cuando Lázaro Cárdenas asumió la presidencia, una de sus prioridades fue llevar a cabo el reparto agrario en los estados del norte, por lo que una aproximación a la figura de Pancho Villa facilitaría este proceso. En este periodo convivieron las primeras defensas que se hacía de él y el movimiento, con las otras narrativas. Pedro Salmerón señala que:

Los veteranos villistas que habían permanecido callados hasta entonces y que durante el sexenio de Cárdenas empezaron a publicar memorias y balances en los que gritaban que haber sido villistas no era motivo de vergüenza sino timbre de orgullo, que ellos también eran revolucionarios, fundadores del nuevo México. Como es natural, esta imagen encontró pronta respuesta en los veteranos que habían militado bajo las banderas carrancistas u obregonistas, […] para ellos, Villa seguía siendo un personaje siniestro, un títere sanguinario de la reacción (Salmerón, 2000).

Ante el proceso que se ha delineado hasta el momento, cabe preguntarse si es que otro tipo de relatos, como los literarios, colaboran en la monumentalidad de la Revolución y de ser así de qué forma lo hacen. Esta idea se desarrolla en el siguiente apartado.

Las Memorias de Pancho Villa

Como se menciona al inicio de este artículo, los relatos sobre Pancho Villa han tenido mayor presencia narrativa que en el caso de Doroteo Arango. Uno de los más importantes para colocar la figura de Pancha Villa por sobre la de Doroteo Arango fue un ejercicio de memoria a través del cual dio a conocer su propia historia.

Los estudios sobre la memoria permiten identificar uno de los puntos de partida más importantes: el reconocimiento de que la memoria no es una simple presencia sino una operación, un ejercicio. En términos sociales y en los procesos de rememoración, se ha considerado a Maurice Halbwachs (2004) como pionero para hablar de “memoria colectiva” y “marcos sociales”. El autor plantea que la memoria individual se constituye dentro de los procesos de socialización por los que pasa el individuo. Halbwachs habla de los “marcos” como la condición de rememoración, es decir, las personas con las que el individuo interactúa proporcionan fechas, nombres, hechos, nociones espacio-temporales, mentalidades, patrones de experiencia, etcétera. Estos “marcos sociales” son el punto de partida para todos los actos de memoria dentro de un grupo social, los cuales cambian de acuerdo con las transformaciones de los marcos sociales de cada presente.

Halbwachs establece este enfoque social en la problematización de la memoria y a partir de ahí, este tipo de estudios han abarcado problemas como la política de la memoria (Traverso, 2007), la memoria cultural y la importancia de los medios de comunicación en la transmisión de la memoria (Assmann, 2010), incluso se han problematizado los abusos de la memoria (Todorov, 2000), por mencionar algunos ejemplos sobre la amplia problematización desde los estudios de la memoria. El desarrollo que ha tenido este campo de estudio enriquece la discusión y permiten acercarse, con otra mirada, a los relatos sobre Villa que proceden de este tipo de ejercicios memorísticos.

Como se ha mencionado, existen distintos enfoques para acercarse al tema de la memoria, en este caso la propuesta de Paul Ricoeur (2004) destaca porque se pregunta sobre la relación entre historia y memoria. El autor reconoce que la historia inicia con la memoria reconociendo que los primero problemas que presenta la memoria son los asociados a la fidelidad y la verdad, este punto de partida es conveniente para explicar que el recuerdo atraviesa una fase de búsqueda para llegar a una memoria ya reflexiva, razón por la cual es importante entender que la memoria está filtrada por conocimientos adquiridos, es decir, la memoria es un ejercicio que va del presente en que se pretende recordar, hacia algún momento del pasado.

Por eso Ricoeur señala la importancia de preguntarse ¿qué recuerda?, ¿quién recuerda? y ¿para qué recuerda? En la versión que Villa da de sí mismo proporciona una serie de detalles y argumentos que fueron importantes en la justificación del levantamiento armado, como por ejemplo las injusticias y los abusos cometidos hacia la población. De esta manera, conforme al planteamiento inicial de este texto sobre el proceso de configuración del relato sobre Villa, es posible entender la importancia y la aportación de las Memorias de Villa en la conformación y circulación de una historia sobre él.

En 1914, en el momento más exitoso de Villa al frente de la División del Norte, el caudillo dictó sus Memorias a su secretario Manuel Bauche Alcalde, este registro memorístico fue recuperado por el doctor Ramón Puente. Dicho material fue utilizado por otros escritores como base para novelar el contenido. Se encuentran en los escritos de Ramón Puente, Elías Torres, Nellie Campobello, Martin Luis Guzmán y Rafael F. Muñoz. Según el historiador Pedro Salmerón,

Ramón Puente es el primer biógrafo de Pancho Villa. En 1919 publicó en los Estados Unidos un libro inconseguible,1Vida de Pancho Villa contada por él mismo. Doce años después, también en Los Ángeles, California, dio a luz otro título sobre Villa [Salmerón se refiere a Hombres de la Revolución. Villa (sus memorias)] y luego, ya en México, apareció un tercero [se refiere a Villa en Pie que, según el mismo Salmerón, se trata de una versión corregida de Hombres de la Revolución] (Salmerón, 1997, p. 42).

Ramón Puente era un médico oftalmólogo, que a decir del escritor Jorge Aguilar Mora, permaneció fiel a Villa hasta la muerte del caudillo, cuando ya todos los defensores intelectuales lo habían abandonado (Aguilar Mora, 1990). Este médico publicó en 1937 su obra con el título Villa en pie (Puente, 1937). En el prólogo del libro, desde las primeras líneas se puede leer que:

[...] las Revoluciones al ser un sacudimiento social, son en sí una tragedia, y vuelven trágicos a sus hombres. No se puede intervenir, ocupando en ellas los primeros papeles, sin estar expuesto a ser víctima o un verdugo (Puente, 1937, p. 5).

La defensa de las acusaciones que se hacían a Villa, se hacía bajo el argumento de la naturaleza trágica de las revoluciones. Se destaca de él una doble personalidad:

Vimos en Villa crueldades, arrebatos, torpezas; pero también actos de valentía, de nobleza, de caballerosidad, de desprendimiento, sobre todo, que es lo más admirable en el hombre porque lo equipara a una providencia (Puente, 1937, p. 12).

Líneas más adelante, se puede leer lo siguiente:

El Villa que nosotros vimos, el que requería la Revolución para triunfar, no se puede apartar de nuestra retina: con sus ´mitazas´ que levantan airosamente su estatura, con su enorme pistola, con su chamarra dejando entrever un cuello poderoso y sanguíneo. Lo que los otros vieron, los crímenes, la ferocidad y la infamia, no nos preocupa ni lo discutimos; lo que nos consta es el sentimiento de ingenuo patriotismo y humanidad que resplandecía en sus expresiones; su afán por ver a México rico y poderoso, a su raza sacudiendo la indolencia, a los gobernantes preocupándose más por el interés general que por el propio (Puente, 1937, pp. 12-13).

Esta descripción de Ramón Puente nos da una imagen ya estereotipada del revolucionario. Su aspecto es importante por su impacto visual y su permanencia en la memoria. Sin embargo, esta descripción que hace el autor corresponde a una etapa interesante de Villa. Es importante recordar que el desarrollo de la Revolución coincidió con el desarrollo del cine en nuestro país.

La presencia de las cámaras y los camarógrafos se relacionó con el levantamiento armado y sus protagonistas. La conciencia de la imagen no sólo estuvo presente en Villa, sino que acompañó a Porfirio Díaz, Francisco I. Madero, Venustiano Carranza y Emiliano Zapata. En el caso de Villa, la presencia de camarógrafos influyó en la manera de verse a sí mismo. Margarita de Orellana explica, por ejemplo, que a Victoriano Huerta el camarógrafo le permitía mostrar la fuerza de su ejército, es decir, ante la cámara tiene una actitud de control, y por el contrario para Villa, aunque era consciente de la importancia de la cámara, no le era necesario mantener un control de la imagen sino sacar provecho económico.

De esta manera se explica la firma del contrato de exclusividad con la Mutual Film Corporation por 25 mil dólares, la fecha de este contrato fue el 3 de enero de 1914 en Ciudad Juárez. En él se estipulaba que las batallas se realizarían con luz de día y que de no lograrse alguna Villa escenificaría una para la cámara, además se le diseñó un uniforme militar especial que se usaría únicamente en las escenas filmadas (Orellana, 1991). Regresando a la cita de Ramón Puente sobre Villa, es posible pensar que la descripción que se hace a partir de la memoria es un ejercicio intervenido por la conciencia de la imagen y la construcción de la misma, pues se reconoce la diferencia en la imagen cotidiana y la que se proyecta a través de una cámara y los alcances de la misma.

Como se mencionó con anterioridad, la obra de Ramón Puente recupera y transcribe las memorias que Villa había dictado a Manuel Bauche Alcalde en 1914. Puente narra una situación de bandidaje muy cercana a la que se describió de Villa en esos años, relata el rapto de una mujer perteneciente a una familia acomodada de Parral:

Ante aquellas […] cataduras y aquellas pistolas que relumbran, no hay nadie que se atreva a defender a la víctima, aunque se conmuevan con sus gritos desgarradores, y la noche la ve perderse amordazada y puestas sus piernas dentro de un saco de arpillera, sobre la grupa del caballo del más mocetón y desalmado de los bandidos. Para la infortunada joven, los primeros días son de infierno en aquella existencia tan contraria a sus costumbres y a su temperamento pusilánime; pero su seductor tiene el magnetismo de la bravura y resulta un bandido sentimental (Puente, 1937, p. 46).

Ramón Puente empieza describiendo los actos de Villa en el rapto de una mujer, a ésta la llama víctima y a él bandido. La parte final de su relato justifica a este bandido otorgándole características muy valoradas para la imagen del mexicano o lo mexicano después de la Revolución: la bravura y el sentimentalismo.

El desarrollo cultural fue muy importante para la consolidación del Estado posrevolucionario, la literatura a partir de los años veinte, tenía características específicas. En un mensaje radiofónico dirigido a la nación, el 6 de diciembre de 1924, el secretario de Educación Pública del gobierno de Plutarco Elías Calles, José Manuel Puig Casauranc, dio a conocer el Programa Educativo Oficial del periodo presidencial que estaba dando inicio. El periódico El Universal. (7 de diciembre de 1924) reprodujo este mensaje al día siguiente. En él se expuso una de las preocupaciones más importantes del nuevo gobierno: “La incorporación de la raza indígena a la vida civilizada” (Puig Casauranc, 7 de diciembre de 1924, pp. 1-2). El secretario de Educación Pública comentaba, al inicio de su discurso, que había que:

[...] reconocer y que decir muy alto y claro que esta obra de redención popular está ya firmemente iniciada y que tiene hondas raíces en la conciencia y en el corazón de México gracias al esfuerzo de los gobiernos revolucionarios (Puig Casauranc, 7 de diciembre de 1924, pp. 1-2).

El punto de partida de este proyecto civilizador era hacer un reconocimiento a los que:

Cubiertos de harapos y hundidos en la desolación y en la miseria física y moral, han hecho las glorias de la patria, con- tribuyendo con su sangre y con sus esfuerzos de explotados al desarrollo de nuestro país y al afianzamiento de los principios constitucionales que, como un firme esqueleto, sostienen y dan cuerpo a nuestra convulsa y dolorida nacionalidad (Puig Casauranc, 7 de diciembre de 1924, pp. 1-2).

La política editorial impulsada por Puig Casauranc, promovió:

[...] editar y divulgar y hacer llegar hasta el último rincón del suelo mexicano, toda obra didáctica que tienda a formar el corazón del pueblo, y a fortalecer en los espíritus los conceptos de Deber, de Honor y de Patria (Puig Casauranc, 7 de diciembre de 1924, pp. 1-2).

Ahora, en el discurso de Puig Casauranc, sobresale la enunciación de valores que definen al “pueblo mexicano”.

Junto a estos valores y deberes de la educación, en este Programa Educativo, se dio también una definición de lo que debía ser una obra literaria:

El concepto de lo que debe ser una obra literaria se ha modificado de tal modo, que las nuevas tendencias sociales de los tiempos, que quizás habría necesidad de romper o de prohibir en las escuelas los viejos tratados que, no hace aún tres lustros, parecían encarnar los moldes y las tendencias universales literarias (Puig Casauranc, 7 de diciembre de 1924, pp. 1-2).

Para la Secretaría de Educación Pública, era claro el tipo de escritura que se debía fomentar. No resultaba de interés el dolor de los poetas melancólicos sino el dolor ajeno, no el egoísmo sino los pensamientos colectivos. La propuesta de Puig Casauranc estaba puesta sobre la atención a una base popular que se estaba impulsando de manera oficial. Así entonces es posible comprender el tipo relato que se favorece y las características de los personajes, que como se menciona con anterioridad, se distinguen por reflejar la lucha del pueblo mexicano, el sufrimiento del mismo y su entrega a los ideales, el bandidaje puede entenderse en este contexto.

El historiador Eric Hobsbawm analiza las características del bandolero social para plantear que:

[...] un hombre se vuelve bandolero porque hace algo que la opinión local no considera delictivo, pero que es criminal ante los ojos del Estado o de los grupos rectores de la localidad (Hobsbawm, 1983, p. 30).

Sin embargo, en la misma obra, el historiador menciona que también:

[...] ha pasado el término de “bandido” a ser instrumento habitual con que los gobiernos extranjeros designan las guerrillas revolucionarias (Hobsbawm, 1983 p. 39).,

La utilización del concepto de bandido tiene esta connotación que explica Hobsbawm, se trata de un hombre cuyas representaciones sobre él, estaba desarrollándose en los límites de lo criminal, pero Puente agrega el elemento del sentimentalismo. Esto abona en la complejidad o incluso dualidad para explicar al caudillo.

Ramón Puente utiliza las Memorias para justificar el bandidaje con el que se le definía. Intenta asociar a Villa con los valores de la época. Dice, por ejemplo, que el concepto de familia que tenía era conservador: siendo un bandido por necesidad y teniendo hijos, nunca los abandono, ni tampoco a sus hermanos. De bandido, lo único que le quedó fue el amor a la guerra y el amor a México (Puente, 1937, p. 47). La obra muestra una personalidad dual de Villa.

El libro de Ramón Puente se organiza en dos partes: la primera constituida por tres capítulos: “El Bandido”, “El insurgente”, “El Caudillo”; la segunda parte contiene los capítulos: “El Político”, “El Proscrito”, “En Canutillo”. El autor finaliza su relato señalando que se trata de un hombre para aborrecer o adorar, apunta además que Villa tenía fe en el porvenir. El valor de Villa en pie, es que se trata de un libro que retrata el declive de la División del Norte y el asesinato de Villa, a diferencia de las Memorias que cubre, evidentemente, un periodo más breve.

Hasta este momento se ha trabajado con las Memorias de Villa, por lo que es conveniente recordar que su función puede ser en dos vertientes; como relato y como marcador de la temporalidad pues la memoria, a decir de Enzo Traverso (2007), es una construcción que está siempre filtrada por los conocimientos posteriores. Lo anterior indica que el proceso de rememoración es un ejercicio que se sitúa en coordenadas temporales; en determinados momentos se rememora determinadas cosas. Por eso, como en el caso de Villa, su memoria está configurada por necesidades de la época como lo es la justificación de su participación en la lucha armada que es congruente con el panorama posrevolucionario, o las cualidades con las que, de manera posterior, fue recordado, que también son parte de una temporalidad configurada por la cultura posrevolucionaria.

Las memorias están señalando el momento por el que atraviesa la figura de Villa. En los años treinta ya no se trataba únicamente del personaje que había defendido a su hermana y que se había visto obligado a meterse a la Revolución, para esa década se le descripciones como bandido, pero con sentimientos patriotas, como escribe Puente.

Sobre la circulación de estas Memorias, Víctor Díaz Arciniega (2010) hace un recuento de la forma en que éstas llegaron a las manos de Martín Luis Guzmán procedentes de la escritora Nellie Campobello, dicho material fue publicado entre 1937 y 1940. También Campobello utilizó este texto para sus Apuntes sobre la vida militar de Francisco Villa (1940). El trabajo de la autora en este libro es una mezcla entre las memorias recogidas por Manuel Bauche y documentos del Archivo de Villa.

En 2005 Guadalupe y Rosa Helia Villa (2003) publicaron una compilación de los cuadernos de Manuel Bauche. En la presentación de esta edición señalan que se trata de la versión que más conserva la esencia de lo dictado por Villa a Bauche, a partir del 27 de febrero de 1914. Aunque se reproduce el contenido de los cuadernos de Bauche, se menciona que el paradero físico de los originales se desconoce.

Víctor Díaz Arciniega (2010), señala el contexto y los factores políticos que explican el uso de la Memoria de Pancho Villa durante la segunda mitad de los años treinta, reconoce que había un compromiso intelectual con el cardenismo y la literatura podía tener una función pedagógica y doctrinal. Resultan muy interesantes los múltiples usos que se hicieron en los años treinta, de las Memorias de Pancho Villa. Como se ha visto, cada uno de los autores recurrieron a ellas para insertar ahí reflexiones personales o darles una utilidad política correspondiente a su contexto y sus necesidades.

Incluso en la edición de 2005, realizada por las nietas del caudillo, Guadalupe y Roa Helia Villa, es notorio el propósito de posicionar dichas Memorias con un valor histórico. En la presentación de esa edición, se otorga a Villa conciencia de su posición frente a la historia y su papel en la misma. El contenido de los cuadernos de Bauche se inscribe en el género autobiográfico donde se construye, dicen las autoras, entre verdades y ficciones, su propia historia. Se le justifica así en términos históricos, y la edición tiene el propósito de que las Memorias sean valoradas como una fuente para ampliar el conocimiento sobre el movimiento revolucionario.

Aunque pensar las Memorias como una fuente histórica para conocer el movimiento revolucionario es complicado por las características del contenido memorístico que se asocia con lo ficcional, es importante resaltar que tienen un valor importante en términos historiográficos. Revisar la historia del manuscrito permite ver la selección que se ha hecho de él, y que se generalizó para tratar de explicar al caudillo. La intención de recurrir a las Memorias de Pancho Villa es apuntar que funcionan como una base narrativa para elaborar una construcción de él en la literatura, de lo que Friedrich Katz identifica como la “Leyenda Blanca” (Katz, 2000). Katz emplea el concepto de leyenda para explicar que la figura de Villa está atravesada por rumores, memorias, canciones populares, testimonios de oídas, es decir, por una tradición oral que es más amplia que la documentación sobre el personaje. Esta es una cualidad de la figura de Pancho Villa que da origen a múltiples versiones sobre su vida y sus acciones.

Consideraciones finales

Hemos visto cómo es que, a través de las expresiones literarias, se ha conformado una base popular de representación. Es- te acercamiento a Villa a través de sus Memorias ha tenido la intención de entenderlas como un relato medular en las representaciones sobre él, y que posteriormente circularon en productos culturales que incluso pueden ir más allá de la literatura.

La intención de este texto ha sido preguntarse cómo se ha gestado la representación de Pancho Villa y cuál ha sido la función de los relatos memorísticos y literarios en este desplazamiento de Doroteo Arango a Villa. Como se ha desarrollado a lo largo del texto, es importante recordar que Ricoeur propone que la memoria es un ejercicio que se lleva a cabo por una necesidad de rememorar desde un presente específico. Así pues, cuando Villa dicta sus memorias a Puente lo hace durante la etapa de triunfos de la División del Norte y de colaboración entre las distintas facciones revolucionarias. Luego de la ruptura con Carranza, la invasión a Columbus y el proceso de institucionalización de la revolución, la discusión sobre el papel que Villa había tenido durante el levantamiento armado ya no fue tan sencillo de explicar, por esa razón, el estudio de las Memorias y de Villa en pie, es una oportunidad para observar la discusión sobre cómo debía entenderse a Villa después de sus acciones desde el levantamiento armado y hasta su asesinato en 1923.

Este relato memorístico funciona como base narrativa que posteriormente se amolda a distintos contextos hasta que finalmente en los años setenta, se integró a Villa al panteón revolucionario junto a Venustiano Carranza, Francisco I. Madero, Plutarco Elías Calles y Lázaro Cárdenas, concluyendo así, de manera oficial, el debate sobre el papel del Centauro del Norte en la Revolución Mexicana, debate que pudimos observar a partir de las Memorias de Villa y Villa en pie.

Considero que este ejercicio permite considerar la diversidad de producciones culturales como objetos de estudio que manifiestan formas de entender el pasado y de dar forma a él a través de las representaciones que construyen y que hacen inteligible algún momento de la historia.

Bibliografía

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1 Guadalupe Villa y Rosa Helia Villa hicieron una edición a las Memorias de Pancho Villa en 2005, en esta edición citan el libro que Salmerón menciona como inconseguible. Entre la tesis de Salmerón y el libro de Guadalupe y Rosa Villa hay una distancia de 8 años. Para este trabajo no se consultó la versión de 1919 que citan Guadalupe y Rosa Villa; se consultó el material compilado en 2005 y el libro de Ramón Puente de 1937.

Recibido: 09 de Abril de 2023; Aprobado: 24 de Octubre de 2023

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