Introducción
La salud no puede entenderse exclusivamente como una decisión individual, sino como un fenómeno intrínsecamente ligado a factores sociales, políticos, económicos y ambientales(Sallis & Glanz, 2009). En este contexto, la producción científica ha evolucionado de una perspectiva centrada en el individuo a una hipótesis que considera factores más amplios, para explicar la variabilidad de los resultados en salud (Burgoine et al., 2021) . Este cambio de enfoque sugiere, por tanto, que la nutrición y alimentación no deben abordarse únicamente como responsabilidad individual, sino que requieren una comprensión más amplia que considere las influencias ambientales y socio-culturales que impactan directamente en las elecciones y comportamientos alimentarios.
Se ha demostrado que los ambientes alimentarios son un predictor del patrón alimentario independiente de la elección de alimentos y la calidad de la dieta de los individuos (Barrett et al., 2023). De esta manera, el ambiente alimentario se refiere a los factores que rodean la vida diaria e influyen en el consumo, incluidos factores sociales, políticos, económicos y socio-culturales (Swinburn et al., 2013). El concepto abarca condiciones tales como la disponibilidad y el acceso a los alimentos, la comercialización y publicidad de los alimentos y la información nutricional de los productos (Turner et al., 2018).
La creación de entornos que promuevan la salud es un objetivo clave del Plan de Acción Mundial para las Enfermedades No Transmisibles de las Naciones Unidas (ONU) y la OMS (2013). Los ambientes alimentarios cotidianos, incluidos aquellos en las instituciones educativas universitarias, desempeñan un papel importante en la configuración de las conductas alimentarias de la comunidad educativa. Por lo tanto, las instituciones de educación superior tienen la responsabilidad de proporcionar un entorno que facilite el acceso a alimentos más saludables. Esto teniendo en cuenta que millones de jóvenes y adultos en todo el mundo, tanto estudiantes como empleados, pueden pasar entre cinco y 30 horas por semana, durante varios años en el campus universitario (Organización Internacional del Trabajo [OIT], 2005).
Sin embargo, investigaciones previas indican que las comunidades universitarias tienen una mayor prevalencia de sobrepeso y obesidad que la población general debido a jornadas laborales más largas y factores psicosociales específicos (Cheong et al., 2010). Además, algunos ambientes alimentarios universitarios proporcionan alimentos con una oferta inadecuada, costosa y poco saludable (Martinez-Perez et al., 2022).
Dentro de los principales determinantes que influyen en las decisiones de consumo de alimentos en comunidades universitarias están el sabor, la conveniencia y el costo (Barrett et al., 2023; Hobbs et al., 2023; Tam et al., 2017). Además, factores como la publicidad, la disponibilidad de espacios y las políticas desempeñan un papel crucial en la formación de hábitos nutricionales (Varela-Árevalo & Méndez-Paz, 2021).
Esto mismo ocurre en estudios en contextos universitarios, donde los abordajes cualitativos son la minoría, pero han mostrado cómo los entornos alimentarios influyen en las prácticas de adquisición y consumo de alimentos entre consumidores adultos y adolescentes. Ahora bien, la mayoría de los estudios realizados sobre ambientes alimentarios en países de bajos y medianos ingresos son pocos y la mayoría tienen metodologías cuantitativas (Downs & Demmler, 2020). Esto mismo ocurre en estudios en contextos universitarios, donde los abordajes cualitativos son la minoría, pero han mostrado que cómo los entornos alimentarios influyen en las prácticas de adquisición y consumo de alimentos entre consumidores adultos y adolescentes. Además, las metodologías cualitativas han sido usadas como una estrategia para involucrar a los participantes como agentes de cambio en su alimentación (Turner et al., 2023).
De esta manera, realizar estudios con metodologías mixtas en contextos universitarios en países Latinoamericanos como Colombia, podrían permitir no solo cuantificar aspectos de los hábitos de alimentación de las personas, sino también dar cuenta de sus percepciones sobre la complejidad de los ambientes alimentarios y su relación con la alimentación en las comunidades universitarias (Moscoso, 2017). Considerar las influencias ambientales y socio-culturales en la alimentación podría aportar a una comprensión más holística y contextualizada que permita diseñar intervenciones efectivas para mejorar el ambiente alimentario en instituciones universitarias.
A partir de lo anterior, se realizó este estudio con método mixto con el propósito de caracterizar los hábitos de alimentación de estudiantes y trabajadores de una universidad privada de la ciudad de Cali, Colombia, y comprender su percepción sobre los ambientes alimentarios de la institución. El estudio hace parte del diagnóstico de una estrategia institucional de salud y bienestar en la universidad.
Método
El método del estudio fue mixto con diseño convergente paralelo, en el cual se realizó la recolección de datos tanto cuantitativos como cualitativos de manera independiente, con igual importancia y con fines de complementariedad (Creswell, 2013). El objetivo del componente cuantitativo fue describir los hábitos de alimentación de los estudiantes y trabajadores de la universidad mediante un cuestionario; mientras que el objetivo del componente cualitativo fue comprender su percepción sobre los ambientes alimentarios en el contexto universitario, a partir de la participación en entrevistas grupales en el marco de una actividad participativa relacionada con alimentación.
Participantes
La muestra del componente cuantitativo estuvo compuesta por 4240 personas de la comunidad educativa universitaria ubicada de la ciudad de Cali, Colombia. De ellos, 3252 fueron estudiantes (86% de programas de pregrado y 14% de posgrado) y 988 fueron trabajadores (49% administrativos, 41% profesores y 10% directivos), con edades entre los 18 y 71 años; el 59% fueron de género femenino, el 39% masculino y el 2% de otros géneros. La muestra del componente cualitativo estuvo conformada por 96 estudiantes y 36 trabajadores, el 69% de género femenino, 30% masculino y 1% de otros géneros, organizados en 30 grupos de aproximadamente 4 a 5 personas. Los criterios de inclusión fueron tener más de 18 años, ser estudiante con matrícula activo o trabajador vinculado laboralmente al momento del estudio y aceptar participar voluntariamente en el estudio. No se tuvieron criterios de exclusión.
Instrumentos
En el componente cuantitativo se utilizó la subescala de hábitos de alimentación de la Encuesta de Salud y Bienestar, que evaluaba diversos aspectos relacionados con los hábitos de salud de la comunidad educativa. La subescala estaba compuesta por 26 preguntas con opciones de respuesta tipo Likert sobre la frecuencia de consumo de grupos de algunos alimentos (frutas, verduras, embutidos, comidas rápidas, alimentos y bebidas ultraprocesadas), prácticas de alimentación relacionadas con los lugares en los que se compran los alimentos, tiempo y horarios de alimentación, entre otros), así como sobre la percepción de aspectos de los ambientes alimentarios, entre ellos la disponibilidad, variedad, calidad, precio de los alimentos y la suficiencia de los espacios para comer en la universidad.
En el componente cualitativo se realizaron entrevistas grupales en el marco de una actividad participativa, en las que se indagó en profundidad sobre la percepción de aspectos de la oferta alimentaria, como la variedad de alimentos, los precios, la calidad, cantidad, ubicación de los sitios de comida, las máquinas vending, la oferta alrededor de la universidad y el papel de estos en las elecciones y el consumo de alimentos.
Procedimiento
El proyecto contó con la aprobación institucional y la presentación en las diferentes instancias de la universidad. Para la recolección de información cuantitativa se realizaron visitas a salones de clase para dar el tiempo de contestar a los estudiantes, así como visitas a reuniones de los trabajadores dentro de su jornada laboral. Los participantes conocieron los objetivos del estudio y firmaron el consentimiento informado. Los datos fueron analizados a través del software IBM SPSS versión 28, utilizando estadística descriptiva e inferencial.
Para el componente cualitativo se realizó una actividad participativa en la que se invitó a toda la comunidad educativa a un picnic, alrededor del cual se compartieron diferentes tipos de alimentos y se facilitó un proceso interactivo y de intercambio para reflexionar sobre la alimentación y los ambientes alimentarios de la institución. El picnic se acondicionó en una zona verde de la universidad, ubicando manteles y cojines en el piso para favorecer la conversación grupal y el consumo de los alimentos. Las entrevistas fueron grabadas y audio y transcritas, para posteriormente codificarlas utilizando el software Atlas.Ti a partir de las categorías establecidas previamente, permitiendo la emergencia de nuevas categorías y subcategorías. Los resultados fueron socializados con los directivos de la universidad, así como con la comunidad educativa en general.
El estudio fue avalado por el comité de ética de la universidad y cumplió con las normas éticas internacionales y las que regulan la investigación con seres humanos en Colombia.
Resultados
Hábitos y prácticas de alimentación
La Tabla 1 muestra los hábitos de alimentación de los estudiantes y trabajadores relacionados con la frecuencia de consumo de diversos tipos de alimentos durante la última semana, así como sobre prácticas de alimentación y percepción de los ambientes alimentarios.
Tabla 1 Hábitos de alimentación, prácticas de alimentación y percepción del ambiente alimentario
| Frecuencia de consumo en la última semana |
Estudiantes | Trabajadores | Valor p | ||||||
|---|---|---|---|---|---|---|---|---|---|
| Consumo frecuente % |
Consumo algo frecuente % |
No consumo % |
Consumo frecuente % |
Consumo algo frecuente % |
No consumo % |
||||
| Frutas enteras
o jugos |
45.5 | 49.3 | 5.2 | 47.9 | 49.1 | 3.1 | 0.016 | ||
| Comer
verduras o ensaladas |
42.8 | 50.2 | 7.0 | 46.3 | 51.5 | 2.2 | 0.001 | ||
| Comer embutidos |
14.0 | 69.6 | 16.3 | 4.2 | 71.5 | 24.3 | 0.001 | ||
| Comer snacks
en paquete |
10.5 | 69.1 | 20.3 | 2.8 | 67.9 | 29.3 | 0.001 | ||
| Comer
comidas rápidas |
6.2 | 84.4 | 9.4 | 1.4 | 75.2 | 23.3 | 0.001 | ||
| Tomar
gaseosas o bebidas azucaradas |
15.8 | 57.5 | 26.8 | 5.7 | 53.0 | 41.3 | 0.001 | ||
| Comer dulces
y postres |
13.0 | 75.4 | 11.6 | 5.0 | 82.1 | 12.9 | 0.001 | ||
|
Prácticas
de alimentación |
Frecuentemente % |
Algunas veces % |
Nunca % |
Frecuentemente % |
Algunas veces % |
Nunca % |
Valor p | ||
| Lleva comida preparada en la casa a la Universidad |
17.5 | 38.6 | 43.9 | 32.0 | 37.4 | 30.7 | 0.001 | ||
| Come en las cafeterías de la Universidad |
16.1 | 65.4 | 18.5 | 6.6 | 58.8 | 34.5 | 0.001 | ||
| Consume alimentos de las máquinas expendedoras de la Universidad |
2.1 | 49.1 | 48.7 | 0.2 | 26.2 | 73.6 | 0.001 | ||
| Come
mientras ve TV o trabaja en el computador |
29.0 | 58.1 | 13.0 | 9.4 | 59.4 | 31.2 | 0.001 | ||
| Destina
tiempo suficiente para comer |
42.6 | 50.4 | 7.1 | 48.3 | 47.0 | 4.8 | 0.001 | ||
| Come sus comidas en horas fijas |
28.1 | 53.5 | 18.4 | 47.6 | 46.3 | 6.1 | 0.001 | ||
| Come junto
con otras personas en la Universidad |
33.5 | 54.3 | 12.2 | 26.7 | 47.5 | 25.8 | 0.001 | ||
|
Ambiente alimentario en la Universidad… |
Totalmente de acuerdo % |
De acuerdo % |
Desacuerdo % |
Totalmente en desacuerdo % |
Totalmente de acuerdo % |
De acuerdo % |
Desacuerdo % |
Totalmente en desacuerdo % |
Valor p |
| Encuentro suficiente variedad de alimentos |
22.1 | 45.7 | 22.9 | 9.3 | 12.4 | 40.6 | 34.0 | 12.9 | 0.001 |
| Puedo comprar los alimentos que quiero comer porque los precios son razonables |
12.7 | 36.8 | 31.7 | 18.8 | 10.9 | 33.3 | 36.0 | 19.8 | 0.026 |
| Puedo comprar alimentos saludables |
18.5 | 54.9 | 18.4 | 8.2 | 14.2 | 53.1 | 24.8 | 7.8 | 0.001 |
| Los espacios para comer son agradables |
30.3 | 56.0 | 9.3 | 4.4 | 31.8 | 54.5 | 10.2 | 3.5 | 0.409 |
| Los espacios para comer son suficientes |
20.9 | 39.8 | 27.3 | 12.0 | 19.9 | 41.8 | 29.8 | 8.5 | 0.011 |
Los datos reportados en torno a la frecuencia de consumo de alimentos en la última semana se clasificaron en niveles: consumo frecuente, algo frecuente y no consumo. En general, se observó un consumo frecuente de frutas y verduras en menos de la mitad de los estudiantes y trabajadores (45,5% 47,9% respectivamente para el consumo de frutas y 42,8% y 46,3% para el consumo de verduras). Al comparar el consumo de frutas y verduras en estudiantes y trabajadores, se observó una mayor proporción de estudiantes con poco consumo (p=0,016 y 0,001). Con respecto al consumo de alimentos y bebidas ultra procesadas se observó algún nivel de consumo (frecuente o algo frecuente) en ambos grupos, siendo menor en trabajadores (p<0,001).
Con respecto a las prácticas de alimentación evaluadas, se encontró que es más frecuente que los trabajadores lleven comida preparada desde casa a la universidad, mientras que los estudiantes la compran con mayor frecuencia en las cafeterías de la misma; además, los trabajadores destinan en mayor proporción tiempo suficiente para la alimentación y en horarios fijos, en comparación con los estudiantes. Sin embargo, una mayor proporción estudiantes comparten los momentos de alimentación con otras personas y tienen un mayor consumo de productos de máquinas vending (p<0,001).
Percepción sobre el ambiente alimentario
Respecto a los resultados cuantitativos sobre la percepción del ambiente alimentario, se observó que los estudiantes encuentran más variedad de alimentos dentro de la institución, mientras que los trabajadores están menos de acuerdo en torno a encontrar precios razonables y disponibilidad de alimentos saludables; sin embargo, están más de acuerdo que los estudiantes en encontrar espacios suficientes para comer (Tabla 1).
Ahora bien, en el componente cualitativo, se profundizó sobre la percepción de la comunidad educativa del ambiente alimentario universitario, así como sobre su influencia en las elecciones y el consumo de alimentos.
Al respecto, la comunidad educativa en la universidad menciona una diversidad de opiniones y preocupaciones en relación con la oferta alimentaria dentro del campus. La mayoría de los participantes destaca la falta de variedad en la oferta de alimentos, especialmente señalando la escasez de opciones saludables y la monotonía en la preparación de proteínas y ensaladas. Se evidencian críticas hacia la prevalencia de alimentos grasos y procesados, sugiriendo que la universidad carece de opciones que se ajusten a diferentes patrones alimentarios, como el vegetarianismo. Un participante expresó: “En la universidad no hay mucha oferta como de comida saludable, siento que hay muchos snacks de paquete, mucha comida grasa o que contiene muchos carbohidratos.”
Por otra parte, los precios de los alimentos son una fuente constante de preocupación, con la mayoría de los participantes expresando insatisfacción por los costos elevados que no se ajustan a todos los presupuestos de los miembros de la comunidad universitaria, como lo manifiesta un participante al señalar que “comer bien es costoso, es más barato comer mal”. Además, comparan económicamente las opciones de alimentos saludables y de alimentos procesados y ultraprocesados, señalando que los saludables son mucho más costosos: “¿cómo unas papas con salchichas fritas pueden ser más baratas que una porción de fruta?”.
Los resultados cualitativos también señalan una percepción crítica entre los participantes en relación con los precios y la calidad nutricional. En este sentido, los participantes evidenciaron conciencia sobre la importancia de una alimentación saludable y sus efectos directos en el bienestar y la prevención de enfermedades, pero manifestaron que los costos de este tipo de alimentos son elevados para su presupuesto. Además, la comunidad universitaria busca alimentos que sean no solo sean agradables, sino que también proporcionen nutrientes esenciales y contribuyan a una dieta saludable. Así, señalan que: “pagaba por algo que tenía la expectativa de que fuera realmente bueno y saludable, pero cuando lo probé sabía a procesado, poco natural”.
Es crucial subrayar que esta perspectiva crítica se manifestó con mayor intensidad entre los participantes que percibían una falta de respuesta a sus necesidades alimentarias, especialmente entre aquellos que enfrentaban desafíos relacionados con la salud, como cirugías agudas o patologías crónicas como diabetes e hipertensión: “cuando ya empiezas a pedir cosas con todas las características de cuidado, no te las ofrecen aquí, por ejemplo, todo viene con azúcar, no hay opción sin azúcar…y yo decía: ¡que duro ser saludable cuando el contexto te muestra que eso es muy restrictivo!”.
Ahora bien, sobre el consumo de alimentos dentro del campus la comunidad educativa refirió dos posibilidades: traer alimentos desde el hogar y comprarlos en el campus. En el primer caso, la opción de traer alimentos del hogar les permite tener una alternativa más saludable y económica de alimentarse, a pesar de la inversión de tiempo dedicada a la preparación. No obstante, esta no es la opción más frecuente en la comunidad. Mientras que la decisión de comprar alimentos en el campus se escoge principalmente por la conveniencia en tiempo, a pesar del mayor precio y menor disponibilidad de alimentos saludables, tal como lo menciona una participante: “hay mucho afán en el día a día, estoy siempre muy ocupada, no tengo tiempo, entonces siempre opto por lo más rápido y por lo que esté más cerca …aunque lo más rápido y más barato sea un sándwich, una hamburguesa, unas papas fritas o lo que sea”.
Una barrera identificada para la compra de alimentos se centra en la ubicación de las cafeterías, en la cual las opciones saludables no están distribuidas en todo el campus. Esta disparidad en la disponibilidad de opciones saludables se convierte en un obstáculo significativo para el acceso, especialmente considerando el limitado tiempo que las personas pueden dedicar a comer durante la jornada académica o laboral. Así algunos participantes señalaron la importancia de considerar una ubicación estratégica de las opciones de alimentos saludables.
Además de la percepción sobre la alimentación dentro del campus, otro tema relevante mencionado es la importancia que tiene la universidad como agente de cambio en la transformación del ambiente alimentario. Los participantes del estudio identificaron la educación nutricional como un pilar fundamental, señalando la necesidad de espacios de concientización para promover la comprensión de una alimentación balanceada. En este sentido, la universidad emerge como un vehículo principal para la implementación de programas educativos que no solo informen, sino que también fomenten hábitos alimentarios saludables. La institución tiene el potencial de promover una cultura alimentaria consciente a través de la integración de programas educativos en la experiencia académica. Así un trabajador expresó: “Creemos que la gente llega aquí con una educación nutricional, pero no es así. Entonces, la educación nutricional es parte de la formación integral a la que estamos comprometidos”.
Además, las percepciones de los participantes subrayan el papel político de la universidad en la transformación del ambiente alimentario. La mayoría de los participantes concluyeron que la institución está en la capacidad de la influir directamente en la oferta y calidad nutricional de los alimentos en el campus. Los participantes sugirieron estrategias como establecer criterios específicos para proveedores, regular precios y restricciones en alimentos ultraprocesados. En relación con este aspecto, enfatizaron que, al reconocer la salud como un componente integral de la formación académica, la universidad puede liderar cambios significativos, marcando el camino hacia un ambiente alimentario más saludable y sostenible. “la Universidad debe estar comprometida con eso, la salud no es para los hospitales o clínicas y la alimentación no es para el Instituto Nacional de Nutrición, todos debemos pensar en la formación integral”.
Discusión
El estudio se propuso caracterizar los hábitos de alimentación de estudiantes y trabajadores de una universidad privada de la ciudad de Cali, Colombia, y comprender su percepción sobre los ambientes alimentarios de la institución, por medio de un método mixto.
Respecto a los hábitos alimentación se encontró un consumo moderado pero insuficiente de frutas y verduras, y un consumo mayor al esperado de alimentos y bebidas ultra procesadas, siendo menos saludables los hábitos en los estudiantes. Estos resultados son similares a los obtenidos en investigaciones previas (Bernardo et al., 2017; Mancilla et al., 2020; Vera et al., 2019), en las cuales se mostró que los estudiantes universitarios tienen un alto consumo de comidas rápidas, productos de paquete, dulces, bebidas azucaradas y alcohólicas, así como un bajo consumo de frutas y verduras (Bernardo et al., 2017). El consumo regular y suficiente de frutas y verduras actúa como un factor protector para enfermedades no trasmisibles (ENT), dado que sus nutrientes apoyan las funciones corporales, el bienestar físico, mental y social en todas las edades (Afshin et al., 2019; Organización de la Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, 2021). Por lo que, los resultados obtenidos en este estudio resultan alarmantes, dado que el nivel de consumo encontrado no cubre lo recomendado por la OMS (2018).
Ahora bien, las diferencias entre estudiantes y trabajadores podrían darse por la edad, en tanto indicador del momento del curso de vida y de la pertenencia generacional, lo que podría condicionar las elecciones y prácticas alimentarias. Al respecto, se ha planteado que las personas de mayor edad, mejores ingresos y mayor nivel educativo suelen tener un mayor consumo de frutas y verduras(Menezes et al., 2018).
Así mismo se encontraron diferencias entre estudiantes y trabajadores en algunas prácticas alimentarias relacionadas con el consumo de productos en máquinas vending que fue el doble en estudiantes en comparación con trabajadores, el consumo de alimentos preparados en casa o adquiridos en la universidad, el tiempo destinado para comer, los horarios de alimentación y la compañía a la hora de comer. Esto podría deberse a aspectos relacionados con el tiempo necesario para la compra y preparación de alimentos, el atractivo sensorial, el carácter perecedero, las demandas académicas y/o laborales, los conocimientos nutricionales y las habilidades culinarias, que pueden ser diferentes entre jóvenes y adultos (Bernardo et al., 2021; Rompotis et al., 2014).
Además de lo anterior, un estudio de revisión del tema ha relacionado el bajo consumo de frutas y verduras a la luz de factores individuales, como características sociodemográficas, de salud y psicológicas. Por ejemplo, personas con el género femenino, vivir con los padres, nivel socioeconómico alto, índice de masa corporal bajo, creencias en salud y diagnóstico de alguna condición en salud (Mello Rodrigues et al., 2019). Sin embargo, las aproximaciones actuales señalan la importancia de considerar múltiples y complejas influencias en la determinación de los hábitos de consumo de alimentos. En este sentido los ambientes alimentarios cobran relevancia en la explicación del consumo de frutas y verduras (Roy et al., 2019).
En torno a la percepción del ambiente alimentario, los participantes manifestaron inconformidad en aspectos como precios de los alimentos que se venden en la universidad, variedad, distribución de los expendios de alimentos y posibilidad de comprar de alimentos saludables. Esto coincide con hallazgos previos en los cuales la elección de alimentos está impulsada por la disponibilidad de alimentos cercanos, la diversidad y calidad de los alimentos disponibles, la publicidad de alimentos saludables, el costo y las opciones de alimentos que requieren menos tiempo para la preparación (Gupta et al., 2023).
En este sentido, el rol que desempeñan las instituciones educativas es clave, en concordancia con la evidencia que ha mostrado el impacto positivo de intervenciones dirigidas hacia espacios universitarios en los patrones de alimentación, cambio social e institucional de estudiantes y personal (Mann et al., 2021). El reconocimiento y abordaje de interacciones más complejas en los ambientes alimentarios permite a los actores institucionales comprender y aportar a mejorar la salud nutricional de la comunidad universitaria. Además, es importante reconocer que estas interacciones no se limitan únicamente a la disponibilidad y accesibilidad de los alimentos, sino que también involucran aspectos económicos, políticos, físicos y socio-culturales (Swinburn et al., 2013).
Como parte de los aspectos económicos, que incluyen los costos de los alimentos, el mercadeo y publicidad de productos, los impuestos a los alimentos y los subsidios, entre otros, los resultados de este estudio muestral que es esencial buscar opciones accesibles y financieramente sostenibles para garantizar la equidad en el acceso y que esto sea viable para compradores y proveedores. En esencia, la reducción de precios de las frutas y las verduras son una herramienta efectiva para fomentar su consumo, tal como lo han señalado algunos estudios (Kirk et al., 2019).
En cuanto a los aspectos políticos, enmarcados en las reglas y políticas respecto a la alimentación de cada institución, así como a las leyes y regulaciones a la industria alimentaria, los resultados señalan que son importantes las políticas institucionales para apoyar el cambio en la oferta alimentaria y la regulación de los precios. Al respecto, un metanálisis ha revelado que las intervenciones que abarcan desde el suministro directo de frutas y verduras hasta la acción regulatoria sobre los estándares de calidad de alimentos y bebidas en las cafeterías, mejoran los comportamientos alimentarios (Micha et al., 2018). En este sentido, las decisiones que se tomen al respecto en las instituciones universitarias deben alinearse con regulaciones políticas, asegurando coherencia y efectividad en las acciones implementadas.
En torno a los aspectos físicos, se han señalado como influyentes en las conductas alimentarias, el fácil acceso a comida chatarra, la disponibilidad de alimentos saludables, la suficiencia y adecuación de los lugares para comer, la presencia de máquinas dispensadoras de alimentos y bebidas ultraprocesadas y la información nutricional disponible (Sogari et al., 2018). En este sentido, resultaría positivo mejorar la distribución de los lugares que ofrecen alimentos saludables en el campus universitario y aprovechar la presencia de máquinas dispensadoras con una oferta regulada para ofrecer opciones saludables.
Por último, en cuanto a los aspectos socio-culturales de los ambientes alimentarios, se han señalado como relevantes las actitudes y valores de una comunidad frente a la alimentación, las tradiciones culturales y las interacciones sociales en momentos de alimentación, entre otros (Enriquez & Archila-Godinez, 2022). En el estudio, se logra identificar una valoración positiva de la alimentación saludable; en este sentido, la transformación de los aspectos socio-culturales permitirá a la comunidad universitaria, valorar la alimentación saludable como deseable, formación de la alimentación saludable como un hábito en el tiempo, además del fortalecimiento de una cultura de alimentación consciente que se promueva desde la formación integral de los estudiantes y que haga parte de las condiciones laborales de los trabajadores en los contextos educativos.
En conclusión, los resultados del estudio muestran un patrón de alimentación alejado de los estándares recomendados, caracterizado por un consumo moderado pero insuficiente de alimentos saludables como frutas y verduras, junto con un consumo mayor al esperado de alimentos y bebidas ultra procesadas. Esto ocurre tanto en estudiantes como en trabajadores, pero es aún más crítico en el caso de los estudiantes. Las elecciones alimentarias se perciben como relacionadas con los aspectos físicos, políticos, económicos y socio-culturales del ambiente alimentario de la universidad, reconociendo que para lograr hábitos más saludables requieren respaldo en la oferta alimentaria, las políticas y las decisiones sobre los proveedores de alimentación que pueda tomar la universidad y la cultura universitaria. En ese sentido, la transformación del ambiente alimentario en la universidad requiere de la conciencia individual, pero también de un papel activo y comprometido por parte de la institución para implementar cambios significativos y sostenibles.
Los resultados del estudio y su abordaje constituyen un avance en la compresión del ambiente alimentario universitario, reconociendo la influencia que este tiene en las elecciones alimentarias de los estudiantes y trabajadores (Coyle et al., 2023), resaltando la necesidad de mejorar la disponibilidad, accesibilidad, ubicación, promoción, políticas, factores socioeconómicos y físicos de alimentos y bebidas disponibles en el campus.
Ahora bien, para futuros estudios se recomienda superar las limitaciones metodológicas de este estudio, en concreto, se propone que además de indagar la percepción de las personas sobre el ambiente alimentario, se evalúen objetivamente aspectos estructurales del mismo, como la oferta alimentaria, los precios y la distribución de los lugares para comer. El abordaje cualitativo se resalta como necesario para conocer las voces de la comunidad educativa que reflejan su vivencia cotidiana y que muestran aspectos que usualmente no son considerados en los estudios cuantitativos.










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