El virus de la influenza es un orthomyxovirus, que se divide en tres tipos dependiendo de la proteína M1 que expresan: Tipo A, B and C. Hasta el momento, sólo los virus de tipo A han sido capaces de producir pandemias. El virus de la influenza tipo A es considerado un agente patógeno con potencial zoonótico con especial importancia en la salud pública; existen diferentes estudios en los que se ha probado la infección en seres humanos con virus de origen porcino1-3. Aunado a lo anterior, la última pandemia de influenza que ocurrió en el 2009 fue reconocida como provocada por un virus de origen porcino4. Los cerdos son conocidos como “vasos mezcladores” ya que poseen la presencia simultánea de las moléculas de ácido N-acetilneuraminico α2,3-galactosa y α2,6-galactosa, las cuales son necesarias para el anclaje a células por parte de los virus de origen aviar y humano respectivamente5. Tanto para los seres humanos como para los cerdos, el virus de la influenza afecta el sistema respiratorio y sus signos clínicos incluyen fiebre, rinorrea, tos, estornudos e incluso puede conducir al desarrollo de neumonía4. Para la industria porcina, este virus es causa de impacto económico debido a sus complicaciones, aunadas a la disminución de ingesta y de peso6.
En México, los sistemas a pequeña escala prevalecen en el área rural o suburbana como una actividad económica secundaria que sirve como apoyo al ingreso familiar7; estas unidades de producción se caracterizan por carencias en las medidas de bioseguridad, así como de atención veterinaria regular para la prevención de enfermedades o tratamiento de las ya existentes, aunado a una dieta inadecuada8,9. Entre las deficiencias en bioseguridad encontradas por diferentes autores están: falta de separación de otras especies animales como perros, gatos, rumiantes, caballos y aves; esto puede maximizar la posibilidad de contagio entre especies10. El hecho de que este agente tenga un potencial zoonótico, así como repercusiones en la producción pecuaria como en la salud pública, aunado a que en Nuevo León no existe información respecto a la exposición en cerdos en sistemas a pequeña escala, lo coloca como un virus de interés. Por lo que este estudio tuvo por objetivo determinar la seroprevalencia contra el virus de la influenza A en cerdos en unidades a pequeña escala, sin historia de vacunación, en el estado de Nuevo León.
La unidad de producción de pequeña escala se definió como aquella en la que se realizaba la cría de cerdos como apoyo a la economía familiar, autoconsumo y venta ocasional, en el domicilio que habita la familia. El tamaño de mínimo de muestras se calculó empleando la plataforma WinEpi con las siguientes consideraciones: Se tomó una prevalencia esperada del 8 %11, un nivel de confianza del 95% y un error aceptado del 5 %, con una población desconocida, dando un total de 114 muestras a incluir. Las muestras se colectaron en el periodo de agosto de 2016 a agosto de 2017. Se incluyeron cerdos de diferentes edades y posibles etapas productivas. Los lechones lactantes y las hembras preñadas no se incluyeron en el estudio debido a la presencia de anticuerpos maternos y el riesgo de aborto, respectivamente.
Para la toma de muestra, cada animal se sujetó físicamente y se obtuvieron aproximadamente de 4 ml de sangre de la vena yugular, empleando un sistema de tubos al vacío. Las muestras se colectaron en tubos rojos sin anticoagulantes para permitir la formación del coágulo. Las muestras se centrifugaron a 1,000 rpm durante 10 min a 4 °C, para posteriormente separar el suero y realizar alícuotas de 500 µl, las cuales se almacenaron a -20 °C hasta su posterior procesamiento. Para la detección de anticuerpos contra influenza A se empleó un kit comercial (IDEXX Swine Influenza Virus Ab test), siguiendo el protocolo del fabricante. El kit empleado detecta anticuerpos que reconocen a la nucleoproteína del virus (NP), específica del virus de origen porcino, por lo que la detección se limita al virus de la influenza tipo A, sin distinguir el subtipo con base en las hemaglutininas que porta. En la literatura se ha reportado que este kit comercial posee una sensibilidad del 95.5 % y una especificidad del 99.6 %12. El resultado fue leído a 650 nm con el uso del espectrofotómetro Epoch BioTek®.
Algunas características presentes en el ambiente de las unidades de producción se anotaron para su posterior análisis como posibles factores de riesgo, estos incluyeron: presencia de aves domésticas, contacto con aves silvestres (falta de infraestructura que evite el contacto) y el material del suelo (tierra, madera o concreto) correspondiente al área destinada a los cerdos. Ninguno de los animales en el presente estudio tenía vacunación contra influenza A. El total de animales positivos se representó como un porcentaje. El análisis estadístico se realizó a través de Ji cuadrada, y aquellas que resultaron significativas se incluyeron en un modelo de regresión logística binomial empleando el software SPSS. Un valor P de < 0.05 se consideró como significativo.
Se encontraron 20 unidades de producción, en las cuáles se logró muestrear a 207 animales de diferentes edades, que no pudieron ser especificadas de forma precisa por los propietarios debido a la falta de registros. Los animales que se incluyeron en este estudio se encontraban en los municipios de General Escobedo, Juárez, Cadereyta, Marín, Doctor González y Linares (Figura 1). Los propietarios reportaron que los animales fueron principalmente cruzas de las razas Landrace, Duroc y Yorkshire, sin llevar un registro. Los únicos animales incluidos de los que se conocía la raza fueron ocho cerdos vietnamitas. Así mismo, los propietarios reportaron que el objetivo de criar cerdos es para obtener un ingreso extra a través de la venta con sus vecinos, así como para el autoconsumo, por lo que de estos animales se carecía de una edad o peso antes de ser sacrificados.
Las unidades de producción positivas representaron el 55 % (11/20). A pesar de no tener historia de vacunación, el 9.2 % de los animales fue positivo a la presencia de anticuerpos contra influenza. Los resultados de ELISA se validaron con el uso de controles negativos y controles positivos incluidos en el kit; una relación de absorbancia muestra/control negativo menor a 0.60 fue considerada positiva a la presencia de anticuerpos. Si bien, cabe la posibilidad de que los animales pueden tener su origen en otras unidades de producción en las que hayan recibido vacunación, este dato no fue obtenido durante el estudio y será considerado en proyectos posteriores.
La seroprevalencia contra el virus de la influenza ha sido estudiada por diferentes grupos de trabajo, teniendo una amplia gama de resultados. Un estudio de revisión y metaanálisis que se enfocó en las unidades de pequeña escala encontró en promedio 18.28 % de seroprevalencia y una presencia del virus 1.32 %13; una constante fue la menor presencia del virus comparada contra la presencia de anticuerpos, en animales que no mostraban signos clínicos. El kit empleado para este estudio detecta anticuerpos específicos contra la NP del virus de la influenza A, por lo que no se distinguió seroprevalencia para diferentes subtipos.
De las tres variables ambientales que fueron evaluadas para determinar asociación a la seropositividad (Cuadro 1), el tipo de suelo resultó significativo; sin embargo, cuando éste se analizó en el modelo de regresión logística no resultó significativo (P= 0.129). El tipo de suelo ha sido objeto de estudio como un factor que favorece la presencia de otros agentes patógenos en cerdos, como parásitos gastrointestinales14; si bien éste no resultó significativo, se presenta una tendencia. Una posible explicación a esta tendencia es que los suelos de tierra tienen una mayor capacidad para retener el agua comparados contra los de concreto, y el virus de la influenza se mantiene viable por un mayor tiempo en ambientes húmedos, por lo que su presencia ha sido descrita en agua de bebida, aguas residuales, aguas superficiales13 y superficies de unidades de producción15. Sin embargo, se requiere de estudios posteriores para comprobarlo.
Cuadro 1 Análisis de frecuencias de las variables ambientales
| Variable | Análisis | Frecuencia (%) | Valor P |
|---|---|---|---|
| Tipo de suelo | Concreto Tierra Madera |
146/207 (70) 52/207 (25) 9/207 (5) |
0.012 |
| Aves domésticas | Presentes Sin presencia |
126/207 (60.87) 81/207 (39.13) |
0.78 |
| Aves silvestres | Presentes Sin presencia |
207/207 (100) 0/207 |
>0.999 |
El contacto con aves domésticas tampoco se encontró como un factor asociado de manera significativa. Además de esto, la presencia de aves silvestres fue una constante en todas las unidades de producción, ya que no se contaba con infraestructura para evitar su contacto con ellas. Las aves son un importante reservorio de los virus de la influenza, y otros estudios han demostrado ser un factor de riesgo para el contacto con el virus para los cerdos16. Entre las aves domésticas encontradas en este estudio se reportan gallinas, guajolotes, gallinas de guinea, palomas, codornices, gansos y patos. Un abordaje interesante sería el análisis con respecto a la presencia de palmípedos o aves acuáticas, ya que éstas son el más importante reservorio del virus17. En este estudio la presencia de aves domésticas sólo se registró como positiva, sin hacer diferencia entre las especies presentes en cada unidad de producción.
En Nuevo León existen unidades de producción de cerdos a pequeña escala en las cuales en contacto con el virus de la influenza puede ocurrir entre los animales criados en esos lugares, ya que, a pesar de carecer de vacunación, el 9.2 % de ellos resultó positivo a la presencia de anticuerpos específicos para la proteína NP del virus de la influenza A. De las tres variables estudiadas no se pudo comprobar una asociación estadística. Si bien, las unidades de producción a pequeña escala son un apoyo a la economía familiar, existen varias oportunidades de mejora en cuanto a la higiene y medidas de bioseguridad.










texto en 





