INTRODUCCIÓN
El maíz (Zea mays), es el cultivo más importante en México, debido a su trascendencia en los ámbitos alimentario, económico y cultural. En 2023, se sembraron 6.9 millones de hectáreas de maíz en los 32 estados de la República, alcanzando una producción de 27.5 millones de toneladas, equivalente a 88.2% de la producción nacional de granos (SIAP, 2023; SADER, 2023). Entre los principales estados productores, destacan Sinaloa, Jalisco, Estado de México, Guanajuato y Michoacán (SADER, 2023).
Jalisco, destaca en actividades agrícolas y ganaderas gracias a sus condiciones agroclimáticas favorables, posicionándose como uno de los principales productores de maíz a nivel nacional. En 2023, se sembraron 556.5 mil hectáreas de maíz de grano, obteniéndose una producción de 3.49 millones de toneladas. Además, se cultivaron 205.8 mil hectáreas de maíz para forraje en verde, con una producción de 4.58 millones de toneladas (SIAP, 2023).
En 2022, Tepatitlán de Morelos, se ubicó como el segundo municipio del estado de Jalisco en la producción de maíz grano, con una superficie sembrada de 27,360 hectáreas y una producción de 211.3 mil toneladas de grano (SIAP, 2023). Este municipio, forma parte de la región conocida como los Altos de Jalisco Sur, caracterizada por su importante ganadería lechera y el crecimiento de la avicultura para la producción de huevo para plato, lo que sustenta la producción de forrajes y granos (Castañeda et al., 2014; Rea y Medrano, 2020). La importancia del cultivo de maíz en Tepatitlán de Morelos, justifica la constante búsqueda y actualización de información para respaldar la toma de decisiones. Esto es fundamental, para orientar estrategias que mantengan o mejoren la productividad y competitividad del cultivo.
La diversidad en los sistemas de producción agrícola, surge de las variaciones físicas, socioeconómicas y técnicas de los productores y de sus unidades de producción. Estas diferencias, confieren a cada uno características y problemáticas específicas, dificultando la toma de decisiones y la aplicación de políticas agrícolas de manera uniforme (Mahendra, 2012; Sikwela et al., 2016). Por lo tanto, es esencial clasificar y tipificar a los agricultores y sus unidades de producción, según estas diferencias y relaciones, con el fin de agrupar a aquellos con características similares (Borja et al., 2018).
Diversos estudios, han abordado la tipificación de productores de maíz, destacando distintas áreas de interés. Por ejemplo, Campos et al. (2022), se centran en la búsqueda de información sobre las principales prácticas utilizadas en la producción de maíz, mientras que González et al. (2018), analizan los factores productivos que pueden fortalecer las unidades de producción. Por otro lado, Martínez et al. (2020), contextualizan el manejo agroecológico, con el objetivo de definir estrategias de atención a los productores en función de sus prácticas cotidianas. Asimismo, Santos et al. (2014), emplearon este enfoque para identificar las características y necesidades de los diferentes tipos de productores y para proponer elementos de política pública. En este contexto, y considerando la relevancia de Tepatitlán de Morelos en la producción de maíz, se identifica la necesidad de caracterizar a los productores y sus sistemas de producción, además de analizar el manejo agronómico que realizan y los aspectos económicos relacionados con esta actividad.
Derivado de lo anterior, el objetivo fue realizar la tipificación y caracterización de los productores de maíz en el municipio de Tepatitlán de Morelos. Esto se hizo, con el fin de generar información para la toma de decisiones de los actores que participan en la actividad agrícola. La hipótesis planteada, establece que los sistemas de producción de maíz en Tepatitlán de Morelos, Jalisco, se diferencian significativamente, por factores productivos, económicos y sociales. Estos factores, influyen en las prácticas de cultivo y en las dinámicas productivas de la región, lo que genera variabilidad en las necesidades de manejo del cultivo entre los diferentes productores. Por lo tanto, resulta imprescindible, definir dichas necesidades de manera diferenciada y desarrollar esquemas de capacitación y estrategias adaptadas, orientadas a las características específicas de cada tipo de productor.
MARCO TEÓRICO
En México, el maíz, es un cultivo estratégico de gran relevancia nacional dentro del diseño de las políticas públicas sectoriales. Por esta razón, resulta fundamental reconocer la heterogeneidad presente en los sistemas de producción. En este contexto, la tipificación de los productores, se constituye como una herramienta clave para optimizar la asignación de recursos públicos y proponer estrategias que favorezcan el desarrollo agrícola (Tubalov, 2022; Yao y Wu, 2022). Además, esta tipificación, permite una mejor comprensión del proceso productivo y facilita la identificación de áreas de oportunidad, orientadas a mejorar la productividad y sostenibilidad del cultivo. También, contribuye al diseño de estrategias para la transferencia de tecnología, la capacitación, la gestión de proyectos productivos y la asignación de recursos económicos en las zonas rurales.
La construcción de tipologías, se define como el proceso de clasificación de un conjunto de unidades (individuos, instituciones, sociedades, entre otros) en grupos o categorías reducidas y significativas, que comparten similitudes entre sí (López, 1996). En el caso de las tipologías de productores agrícolas, se consideran las características específicas de los agricultores, donde cada tipo, representa un modelo que sintetiza una porción de la población estudiada. Esto, da lugar a conjuntos de elementos que comparten condiciones comunes, ya sean individuales o combinadas (Aguilar, 2016). Según Santos et al. (2014), la construcción de una tipología, requiere abordar de manera sistémica las unidades de producción, considerando la diversidad de características y agrupando a los productores, según sus rasgos predominantes. Por ende, la clasificación debe contemplar variables relacionadas con el manejo, la producción y aspectos económicos y sociales.
El estudio se fundamenta en el Paradigma Positivista, que postula que la realidad es objetiva, medible y susceptible de análisis a través de métodos científicos. En este marco, se aplicaron dos teorías complementarias: la Teoría del Capital Humano y la Teoría de los Sistemas Agrícolas. La Teoría del Capital Humano, sostiene que las habilidades, conocimientos y experiencias adquiridas por los individuos a través de la educación, la capacitación y la práctica, tienen un impacto directo en su productividad y en las decisiones económicas que toman (Gómez y Tacuba, 2017; Herrendorf y Schoellman, 2018). Según Quintero (2020), la idea central de esta teoría, es considerar el proceso de adquisición de habilidades y conocimientos, como una inversión, que no solo incrementa la productividad individual, sino que también sienta las bases técnicas para el crecimiento económico. Este enfoque, permite identificar cómo las capacidades técnicas y las habilidades blandas, como el liderazgo, el trabajo en equipo y la resolución de problemas, influyen en la organización y el desempeño de los productores agrícolas. Sin embargo, en concordancia con lo expuesto por Wuttaphan (2017), la teoría del capital humano, no puede operar de manera aislada, necesita integrarse con otras teorías, como las de sistemas, la psicología y diversas teorías económicas, como las de los recursos escasos y los recursos sostenibles.
Por otro lado, la Teoría de los Sistemas Agrícolas, es un enfoque multidisciplinario, que busca comprender y analizar la interacción entre los diversos componentes que conforman un sistema agrícola. El estudio de los sistemas agrícolas, implica analizar sus componentes e interacciones, considerando la producción agrícola, los recursos naturales y el factor humano (Jones et al., 2017). El enfoque sistémico, considera que cada productor, opera bajo una lógica productiva que depende de factores como la disponibilidad de mano de obra, tierra y capital. Además, subraya la importancia de entender las dinámicas socioeconómicas locales, antes de implementar cambios técnicos o innovaciones.
Un ejemplo de investigaciones realizadas sobre tipologías de productores desarrolladas bajo estas teorías, es el trabajo de Sinha et al. (2022), quienes consideraron características sociales, personales, biofísicas y técnicas, para generar conocimientos sobre la operacionalización de tipologías de hogares agrícolas, con el fin de orientar las intervenciones de extensión entre los pequeños agricultores. Asimismo, en el estudio de Innazent et al. (2022), se caracterizaron los sistemas agrícolas con un enfoque en los hogares agrícolas marginales utilizando tipología, identificaron las limitaciones según los tipos de explotación agrícola y propusieron intervenciones rentables y socialmente aceptables para superar estas limitaciones.
En conclusión, la integración de la Teoría del Capital Humano y la Teoría de los Sistemas Agrícolas en la elaboración de tipologías de agricultores, resulta fundamental para comprender de manera integral, los factores que influyen en la productividad y sostenibilidad de los sistemas agrícolas. La Teoría del Capital Humano, permite identificar cómo las capacidades y habilidades de los productores, afectan sus decisiones y desempeño; mientras que la Teoría de los Sistemas Agrícolas, aporta un enfoque sistémico que considera las interacciones entre los recursos disponibles, las dinámicas socioeconómicas y las prácticas agrícolas. Juntas, estas teorías, ofrecen una base sólida para desarrollar intervenciones más efectivas y contextualizadas, que promuevan el desarrollo agrícola sostenible y mejoren las condiciones de los productores.
METODOLOGÍA
Área de estudio
El estudio, se realizó en el municipio de Tepatitlán de Morelos, Jalisco, ubicado en los paralelos 20°35’ y 21°03’ de latitud norte, los meridianos 102°28’ y 102°57’ de longitud oeste y una altitud entre 1,300 y 2,600 msnm (Figura 1). Este municipio, pertenece a la región conocida como Altos Sur y tiene un clima templado subhúmedo, con un rango de temperatura de 16 a 22°C y precipitación de 700 a 1,100 mm (INEGI, 2010; Castañeda et al., 2014).
Estimación del tamaño de muestra
Para la recopilación de datos, se aplicó una encuesta a productores de maíz, para lo cual se determinó una muestra representativa, utilizando el método de poblaciones finitas, basado en la información del padrón de productores de maíz beneficiarios del programa “Producción para el Bienestar” 2021, de acuerdo a la siguiente fórmula (Borja et al., 2018; Téllez-Delgado et al., 2012):
Donde n es el tamaño de muestra; N la población que corresponde al número de productores registrados en el padrón (714); Z es el valor de la distribución normal estándar para un nivel de confianza de 95% (1.96), p es el valor de la proporción a priori de varianza máxima de una variable de proporción (0.5); y e es el error máximo permisible de la estimación, en este caso 0.11 (11%). El tamaño de muestra estimado, fue de 67 productores.
Diseño y formato de encuesta
El cuestionario, incluyó preguntas cerradas y abiertas, y se validó previamente. Las preguntas se relacionaron con los siguientes temas: a) datos generales de los productores; b) sistema de producción de maíz; c) costos de producción y e) ingresos de los productores. Las encuestas, fueron aplicadas en los meses de mayo a agosto de 2023 y se preguntó sobre las prácticas agrícolas desarrolladas durante 2022. La selección de los productores encuestados, se realizó a partir de su disposición y aceptación para contestar la encuesta.
Análisis de la información
Con la información obtenida, se construyó una base de datos con 40 variables originales. Para seleccionar las más representativas, se realizó lo sugerido por Berdegué et al. (1990): primero, se calculó el coeficiente de variación (CV) de cada una y se eliminaron aquellas que tuvieron poco poder discriminante (CV menor a 50%). Luego, se determinó el grado de asociación entre ellas mediante una matriz de correlación. De esta forma, se identificaron las variables con alto porcentaje de información superflua o altamente correlacionadas. Se seleccionó solo una de las variables muy correlacionadas que resultara representativa. Al final, se consideraron nueve variables originales (Cuadro 1).
Cuadro 1 Variables utilizadas en el análisis multivariado.
| Variable | Nombre | Variable | Nombre |
| X1 | Edad | X6 | Rendimiento de maíz |
| X2 | Años de estudio | X7 | Costo medio |
| X3 | Superficie cultivable | X8 | Rentabilidad |
| X4 | Superficie sembrada con maíz | X9 | Producto final |
| X5 | Años de experiencia | X10 | Índice tecnológico |
Fuente: elaboración propia.
También, se estimó una variable sintética denominada “índice tecnológico” (IT), la cual, cumplió con las características de ser independiente y relevante en la estructura y funcionamiento de los sistemas productivos de maíz. El IT, se calculó considerando factores como: la adopción de tecnologías avanzadas, innovaciones agrícolas, infraestructura, equipamiento, educación y capacitación, entre otros; y se puede utilizar para aumentar la productividad, mejorar la sostenibilidad, reducir costos y fomentar la competitividad (Shi et al., 2023; Zhang y Yang, 2021). El valor máximo del IT fue de 10 y permitió conocer el nivel de empleo de las prácticas en el manejo del cultivo de maíz. Para su estimación, se emplearon las variables mencionadas en el Cuadro 2, con un factor de ponderación arbitrario.
Cuadro 2 Variables consideradas en la estimación del índice tecnológico en la producción de maíz.
| Índice tecnológico | Componente tecnológico |
| Tipo de semilla | Hibrido (2) Criollo (1) |
| Fertilización orgánica | Biofertilizante (0.5); composta (0.5); lixiviados (0.5); abono bovino (0.5) |
| Fertilización química | Sulfato de amonio (0.4); urea (0.4); superfosfato de calcio simple (0.4); microelementos (0.4); dosis recomendada (18-46-00) (0.4) |
| Herbicida | Pre-emergente (0.5); post emergente (0.5) |
| Control de plagas | Trampas para gusano (0.5); atrayentes (0.5); uso de insecticidas (1) |
| Control de enfermedades | Uso de fungicidas (1) |
Fuente: elaboración propia.
Para estratificar a los productores, se utilizó un análisis factorial por componentes principales (ACP), análisis de conglomerados (AC) jerárquicos y de K-medias y análisis discriminante (AD). En el ACP, se empleó la rotación varimax, con lo cual, se redujeron las variables iniciales, a factores que explicaron la mayor varianza en el análisis global. El AC jerárquico, se utilizó para identificar el número de grupos de productores de forma gráfica (dendograma), basado en el algoritmo de Ward. Posteriormente, el análisis se complementó con el de K-medias, para una mejor identificación de los grupos.
Para comprobar y validar los resultados obtenidos en el AC de K-medias, se evaluó la clasificación y asignación de cada individuo al grupo formado con un AD (Díaz de Rada, 1998; Borja et al., 2018). En el AD, se determinaron las variables independientes que más discriminaron a los grupos y se verificó que la conformación de grupos del AC fuera robusta. En el AD, se utilizó el método de selección de variables por pasos (stepwise). Para seleccionar las variables, se utilizó el estadístico lambda de Wilk, considerando que, si su valor es cercano a cero, la variabilidad total será debida a las diferencias entre grupos, y si su valor es próximo a uno, los grupos estarán mezclados y el conjunto de variables independientes, no será adecuado para construir las funciones discriminantes (Ferrán-Aranaz, 2001; Vivanco et al., 2010). El análisis estadístico de los datos, se realizó con el software SPSS 27.0 para Windows (IBM, 2022).
RESULTADOS
Se determinó la factibilidad del análisis de componentes principales, a partir de los siguientes resultados. En la prueba de Kaiser-Meyer-Olkin (KMO), se obtuvo un valor de 0.645 y en la prueba de esfericidad de Bartlett, la F mostró una significancia de 0.000. El análisis de componentes principales, dio como resultado, cuatro factores que explicaron 74.7% del total de la varianza.
El primer componente, estuvo conformado por las variables económicas y se denominó “rentabilidad del cultivo”. El segundo componente, se integró con las variables sociodemográficas de los productores como edad, años de experiencia en la producción de maíz y años de estudios escolares y se le llamó “capacidades y habilidades productivas”. El tercer componente, se relacionó con la superficie que posee el productor y la superficie que siembra con maíz, denominándose “tamaño de la unidad de producción”. Finalmente, el cuarto componente, se integró por el tipo de producto final, pudiendo ser: grano, forraje o rastrojo. El último componente, fue el IT, que representa las prácticas y actividades que realiza el productor en el cultivo, designándose como “manejo agronómico” (Cuadro 3).
Cuadro 3 Correlación entre las variables originales y los componentes principales.
| Variable | Componente Principal | |||
| 1 | 2 | 3 | 4 | |
| Costo medio | -0.905 | |||
| Rendimiento de maíz | 0.843 | |||
| Rentabilidad | 0.815 | |||
| Años de experiencia | 0.915 | |||
| Edad | 0.904 | |||
| Años estudiados | -0.520 | |||
| Superficie cultivable | 0.902 | |||
| Superficie sembrada de maíz | 0.833 | |||
| Índice tecnológico | 0.880 | |||
| Tipo de producto | -0.766 | |||
Fuente: elaboración propia con datos de la encuesta, 2022.
Con el AC, utilizando el método jerárquico, se identificaron tres grupos (Figura 2). Esta información, fue considerada para realizar la tipificación de los productores de maíz mediante el método de K-medias, donde se clasificaron los productores en tres grupos. Con el AD, se comprobó la bondad de la clasificación y se determinó que todos los encuestados, fueron clasificados de forma correcta y válida. La interpretación del valor del estadístico lambda de Wilks de 0.104, valor cercano a cero, indica que los grupos formados, fueron estadísticamente diferentes. De acuerdo con este valor y el estadístico F, los cuatro factores considerados en la clasificación, contribuyeron a la discriminación de grupos por su nivel de p<0.05 y un valor de F mayor a 3.84.

Fuente: elaboración propia con datos de la encuesta, 2022.
Figura 2 Dendograma de los tipos de productores de maíz en Tepatitlán, Jalisco.
Grupo 1: Productores Pequeños
Este grupo de productores, representa 40% de la muestra. Tienen una edad promedio de 76 años, bajo nivel escolar y mayor experiencia en la producción de maíz. Poseen una superficie promedio de siembra de seis hectáreas y destinan 66.6% al cultivo de maíz (Cuadro 4). Los productos finales, son rastrojo y forraje. Este grupo, tiene los costos medios de producción más altos y el menor IT, sin embargo, se consideran rentables. Todo este grupo, recibe apoyos gubernamentales.
Cuadro 4 Factores y variables que caracterizan a los productores de maíz.
| Factor | Variable | Productores de maíz | ||
| Pequeños | Medianos | Grandes | ||
| 1. Rentabilidad del cultivo | Costo medio de producción ($ t-1) | |||
| Grano | 5,006 | 4,716 | 4,129 | |
| Forraje | 1,184 | 532 | 477 | |
| Rastrojo | 3,137 | 2,766 | 3,685 | |
| Rendimiento de maíz (t ha-1) | ||||
| Grano | 8.9 | 9.3 | 9.6 | |
| Forraje | 65 | 73.3 | 66.6 | |
| Rastrojo | 13 | 16 | 10.3 | |
| Rentabilidad | ||||
| Grano | 1.6 | 1.6 | 1.7 | |
| Forraje | 2.3 | 2.1 | 2.8 | |
| Rastrojo | 1.8 | 2.3 | 1.3 | |
| 2. Capacidades y habilidades productivas | Años de experiencia | 60 ± 2.7 | 32 ± 3.0 | 43 ± 3.8 |
| Edad (años) | 76 ± 1.8 | 54 ± 2.0 | 62 ± 3.2 | |
| Años de estudio | 3 ± 0.3 | 5 ± 0.8 | 5 ± 0.37 | |
| 3. Tamaño de la unidad de producción | Superficie cultivable (ha) | 6 ± 0.9 | 9 ± 1.1 | 23 ± 3.6 |
| Superficie sembrada de maíz (ha) | 4 ± 0.6 | 7 ± 0.8 | 13 ± 1.38 | |
| 4. Manejo agronómico | Índice tecnológico | |||
| Grano | 4.1 | 4.7 | 4.8 | |
| Forraje | 3.8 | 4.0 | 4.1 | |
| Rastrojo | 3.5 | 3.7 | 3.6 | |
| Tipo de producto (%) | ||||
| Grano | 22.2 | 58.3 | 43.8 | |
| Forraje | 29.6 | 25 | 37.5 | |
| Rastrojo | 48.2 | 16.7 | 18.8 | |
| Reciben apoyos gubernamentales (%) | 100 | 80 | 94 | |
Fuente: elaboración propia con datos de la encuesta, 2022.
Grupo 2: Productores Medianos
Este grupo, se conformó por 36% de los productores encuestados. La edad promedio, es de 54 años y son el grupo más joven. Tienen experiencia en la producción de maíz, pero una baja escolaridad. En promedio, la superficie de las unidades de producción, es de nueve hectáreas de las cuales, 77.8% se destina al cultivo de maíz para grano. El IT, es similar al de los productores grandes. De los productores de este grupo, 80% reciben apoyos gubernamentales que complementan sus ingresos familiares.
Grupo 3: Productores Grandes
Los productores grandes, representan 24% de los encuestados. Se caracterizan por ser agricultores con alta experiencia en la producción de maíz, una edad promedio de 62 años y bajo nivel escolar. Producen principalmente, maíz para grano y forraje en verde, productos que les permiten ser rentables (Cuadro 4). Poseen la mayor superficie cultivable y sembrada con maíz. Realizan un manejo agronómico bajo, para la producción de forraje; sin embargo, incrementan el número de prácticas para la producción de maíz grano. De los productores de este grupo, 94% reciben apoyos gubernamentales.
DISCUSIÓN
Los resultados muestran que el cultivo de maíz, es rentable para los tres tipos de productores. El porcentaje de ganancia, varía de acuerdo con el producto final y el mercado al que se destine. Según los datos obtenidos, 40.1% de los encuestados, se dedican a la producción de maíz grano, 29.9% a la de forraje verde y el resto a la de rastrojo. En términos de la distribución de productos por tipo de productor, los productores pequeños, se concentran principalmente, en la producción de rastrojo, mientras que los medianos, se enfocan más en la producción de grano, y los grandes productores, diversifican su producción, centrando sus esfuerzos tanto en grano como en forraje (Cuadro 4). Este patrón, está estrechamente relacionado con la capacidad de inversión y la adopción de tecnologías adecuadas, lo cual, resalta la importancia de considerar las características económicas y productivas de cada tipo de productor, como lo subraya la Teoría de los Sistemas Agrícolas.
En la región de estudio, 91% de los productores, utiliza semilla mejorada y el resto, variedades criollas, principalmente de maíz amarillo. Los rendimientos productivos son buenos, en comparación con los de otras zonas productoras. El rendimiento de maíz grano de temporal, osciló entre 6 y 13 t ha-1, mientras que a nivel nacional, se situó en un rango de 0.5 a 6.66 t ha-1 y a nivel estatal, varió de 0.85 a 8.7 t ha-1 (SIAP, 2023). Autores como Castañeda et al. (2014), señalan que los altos rendimientos, se derivan en gran parte, del uso de semillas mejoradas de calidad y adaptadas a condiciones locales. Esto permite a los productores, aumentar hasta 50% el rendimiento potencial; sin embargo, el uso de semillas mejoradas, provoca un incremento en los costos de producción de hasta 20%. Por su parte, Ayvar-Serna et al. (2020), señalan que el éxito del cultivo, depende no solo de la calidad y cantidad de la semilla sembrada, sino también del tipo de suelo, el clima y el manejo del cultivo, desde la siembra hasta la cosecha.
Los productores grandes, mostraron tener los menores costos en medios de producción en maíz grano y forraje. Al respecto Ayala et al. (2014), señalan que un menor costo por tonelada, repercute positivamente en la ganancia unitaria, lo cual se asocia a una mejor productividad, al producir más con menor inversión. En consecuencia, los agricultores grandes, fueron los más productivos en grano y forraje, mientras que los productores pequeños, fueron los menos productivos. Al respecto, González-Pérez y Uriega-Chirino (2021), comentan que, aun cuando las condiciones climáticas de la región pueden favorecer el cultivo del maíz y representar una ventaja, los agricultores, producen con altos costos de insumos y tienen que competir con empresas transnacionales. Este análisis, denota la necesidad de implementar estrategias productivas, que involucren el empleo de nuevas tecnologías, para disminuir los costos de producción e incrementar la productividad y la sostenibilidad de las parcelas de cultivo (Damián, 2023).
Las capacidades y habilidades productivas de los agricultores, están correlacionadas con la edad, la escolaridad y los años de experiencia en la actividad económica. La importancia de analizar estos rasgos de los productores, se relaciona con la introducción y uso de innovaciones tecnológicas en las unidades de producción (De Freitas y Pinheiro, 2013). La educación escolarizada, brinda a los productores, herramientas para buscar mejores oportunidades de negocio, les facilita el acceso a la información y a los instrumentos del estado (programas, apoyos, subsidios, entre otros) y les permite vincularse con redes locales, la agroindustria y diversos mercados (Fawaz, 2007).
Con respecto a la edad, los tres tipos de agricultores, tuvieron en promedio, más de 50 años. Esto concuerda con los hallazgos de Tucuch-Cauich et al. (2007) y Uzcanga et al. (2015) en Campeche, de González et al. (2018) y Arias-Yero et al. (2022) en Chiapas, de Baltazar et al. (2011) en Aguascalientes y de Jaramillo et al. (2018) en Veracruz, quienes mostraron que las edades de los productores de maíz, oscilaban alrededor de los 50 años.
Las investigaciones mencionadas en el párrafo anterior, también reportaron que entre los productores de maíz, predomina un nivel de escolaridad primaria y un alto grado de analfabetismo. De acuerdo con el INEGI (2023), en 2020, el estado de Jalisco, tuvo un nivel de escolaridad promedio de 8.7 años, equivalente al nivel secundaria, mientras que el promedio de los productores encuestados, fue de cuatro años, menor al promedio estatal.
Los productores de maíz de Tepatitlán de Morelos, muestran una amplia experiencia en la producción de este cultivo. En su mayoría, tienen más de 30 años dedicándose a esta actividad económica, lo cual, marca una importante tradición productiva en los campesinos. Sin embargo, dadas las características mencionadas, no ha existido una renovación generacional de productores en la región, lo que es de suma importancia. De acuerdo con Tucuch-Cauich et al. (2007), los procesos de adopción de tecnología, pueden facilitarse en la medida en que los jóvenes, asuman un papel protagónico en la producción de maíz. Ninguno de los tres grupos de productores, mostró diferencias importantes en el IT para maíz forraje y rastrojo. Sin embargo, en la producción de grano, sí se observaron diferencias, principalmente, entre el grupo de medianos y grandes, en comparación con los pequeños. Las principales diferencias en la producción de maíz grano entre los grupos, estuvieron asociadas a la frecuencia de uso de insumos biológicos como estiércoles, al control de malezas y al manejo de plagas y enfermedades en el cultivo. Esto concuerda con lo reportado en el trabajo de Castañeda et al. (2014), quienes mencionaron que, los pequeños y medianos productores de maíz en Jalisco, tienen condiciones de producción similares, como maquinaria, insumos químicos y semilla hibrida. Aun cuando en los medianos y grandes productores se observó el uso de abonos orgánicos, solo 32.8% de los encuestados, utiliza este tipo de insumos en su sistema de producción. La implementación del uso de bioinsumos, puede ser una alternativa para mejorar la productividad y competitividad en la producción del grano. Como se ha demostrado en otros estudios, la combinación de la fertilización química y la biológica, tiende a aumentar el rendimiento tanto de grano, como de forraje verde y seco (Ayvar-Serna et al., 2020); además de contribuir al mejoramiento de suelo y elevar la rentabilidad del cultivo (Mancilla et al., 2020).
La adopción de insumos orgánicos en los sistemas de producción, puede ser una alternativa eficaz y económica para los productores. En Tepatitlán de Morelos, las actividades pecuarias, principalmente la avicultura, la porcicultura y la ganadería bovina (Rea y Medrano, 2020; Unger, 2023), tienen una gran importancia, lo cual permitiría aprovechar los estiércoles, como insumo en las actividades agrícolas.
La clasificación realizada, permite vislumbrar la importancia de definir paquetes tecnológicos, para aumentar la productividad considerando el producto final (grano, forraje y rastrojo). A través de la aplicación de los paquetes tecnológicos, se debe buscar la optimización económica de los insumos, para disminuir los costos de producción, lo que representa uno de los principales retos de los productores (Castañeda et al., 2014).
En resumen, los resultados del estudio, muestran que los factores asociados al capital humano, como la edad, la educación y la experiencia, tienen relación con las decisiones productivas y en la adopción de tecnologías. La Teoría de los Sistemas Agrícolas, también resalta la interacción entre los diversos componentes del sistema de producción, donde los recursos disponibles, las capacidades técnicas y las prácticas de manejo, tienen un impacto directo en la rentabilidad y sostenibilidad de las explotaciones agrícolas. Para mejorar la competitividad y sostenibilidad de los productores, es esencial implementar estrategias diferenciadas, que consideren las características particulares de cada tipo de productor y fomenten la adopción de tecnologías más sostenibles y eficientes, como el uso de insumos orgánicos y la mejora de la capacitación técnica.
CONCLUSIONES
La tipificación de productores de maíz de temporal, según variables económicas, sociodemográficas y productivas, permitió identificar tres grupos diferenciados: productores pequeños, medianos y grandes. El cultivo de maíz, es rentable para los tres tipos de productores identificados. Sin embargo, la rentabilidad, varía según el producto final (grano, forraje, rastrojo) y el mercado al que se destina. Los grandes productores, mostraron los menores costos medios de producción, lo que les permitió ser los más productivos y rentables. La adopción de tecnologías mejoradas, como el uso de semillas de calidad y la combinación de fertilización química y biológica, ha demostrado ser efectiva para aumentar el rendimiento del maíz. No obstante, la incorporación de insumos orgánicos, como los estiércoles derivados de las actividades pecuarias locales, puede ser una alternativa económica y eficaz para mejorar la productividad y sostenibilidad del cultivo de maíz.
Esta clasificación, proporciona información relevante, tanto para la definición de paquetes tecnológicos, como para el desarrollo de políticas y estrategias específicas adaptadas a las necesidades de cada grupo, optimizando así, la asignación de recursos y la efectividad de las intervenciones gubernamentales. Existe una necesidad imperiosa de implementar programas de capacitación diferenciados para cada tipo de productor, para potenciar la productividad y sostenibilidad, a través del uso de nuevas técnicas.
Entre los principales retos de los productores, se encuentra el empleo óptimo de los insumos, para reducir los costos de producción. Además, la falta de una renovación generacional en la producción de maíz y la baja escolaridad de los productores, limitan la adopción de nuevas tecnologías. Fomentar la participación de jóvenes en la producción agrícola y mejorar el nivel educativo de los productores, son estrategias primordiales, para asegurar el futuro de la producción de maíz en la región.










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