Introducción
El modelo de desarrollo neoliberal impulsado globalmente durante el siglo XX buscó mejorar las condiciones de vida de las personas desde una perspectiva a corto plazo en un contexto de constante incremento poblacional y una mayor presión hacia los recursos naturales (Gudynas, 2017; Unceta, 2018). Durante la modernización se utilizaron instrumentos de financiamiento y se aprovecharon los avances tecnológicos que surgieron después de la Segunda Guerra Mundial como herramientas para acelerar procesos productivos con el fin de aumentar las fuentes de alimentación y empleo (Lackey, 2005). A través de políticas públicas diseñadas por organismos internacionales, la pesca experimentó un rápido crecimiento, en especial en países que apostaron por esta actividad como motor de su desarrollo y reconocimiento de su soberanía sobre los espacios marinos (Aguilar-Ibarra et al., 2000; Thorpe et al., 2000).
Las pesquerías tienen un papel fundamental en la vida y el sustento de millones de personas en todo el mundo. Estas actividades constituyen una amplia fuente de recursos y servicios para la humanidad, que van desde el suministro de alimentos hasta la generación de empleo, además de la preservación de elementos culturales de vital importancia para el desarrollo y el bienestar de diversas comunidades costeras (FAO, 2022; Constanza et al., 2017).
En México, la actividad pesquera se puede clasificar en dos categorías principales: la pesca industrial (o en gran escala) y la de pequeña escala (artesanal o ribereña). La pesca industrial se lleva a cabo con embarcaciones que superan los 13 metros de eslora, equipadas con bodegas refrigeradas y una infraestructura para que la tripulación pueda vivir en ellas durante varios días o incluso meses. Esta flota pesquera se centra principalmente en la captura de camarón, pelágicos menores, atún y algunas especies de escama cerca de la costa o en altamar. La mayoría de la captura se realiza con redes de encierro o arrastre. Los productos son procesados para consumo humano (enlatados o congelados en marquetas) y para la obtención de harinas y aceites que se utilizan principalmente para alimentos de animales (domésticos o acuicultura). Estos son productos que se distribuyen en los mercados domésticos, pero también de exportación (SAGARPA e IICA, 2018; CONAPESCA, 2021; DOF, 2023).
Por otro lado, la pesca en pequeña escala (PPE) se realiza colectando a mano algunas especies en la orilla durante la bajamar, o en embarcaciones de hasta 12 metros de eslora como canoas, lanchas y pangas, que pueden ser de fabricación artesanal (de madera) o industrial (de fibra de vidrio o aluminio), con o sin motores fuera de borda para su propulsión. Se utiliza una gran variedad de artes de pesca como línea y anzuelo, redes, trampas, poteras, entre otras, con las que se capturan más de 300 especies (entre invertebrados, tiburones, rayas y peces) (CONAPESCA, 2021; DOF, 2023). Se lleva a cabo principalmente en aguas cercanas a la costa, marismas, esteros y aguas interiores. Su objetivo principal es el suministro de pescado y productos pesqueros a los mercados locales y domésticos, así como para el consumo de subsistencia (SAGARPA e IICA, 2018).
Durante las últimas décadas, las constantes crisis y la depreciación de las economías nacionales inherentes al modelo económico han dejado a las comunidades pesqueras en una situación de insolvencia para abastecerse de los instrumentos de trabajo, en donde las políticas públicas han privilegiado el asistencialismo estatal (Contreras-Jaimes et al., 2022). Además, el desinterés del gobierno por los asuntos pesqueros del país resultó en el abandono de las cooperativas pesqueras, lo que ocasionó un estancamiento del sector cooperativo y la proliferación de pescadores libres (Ramos et al., 2021).
La transición, en muchos casos abrupta, de modelos cooperativistas hacia modelos empresariales o de libre mercado generó apatía hacia formas asociativas que buscaban la mejora de las condiciones laborales, con lo que se dio paso a la creación de pequeñas empresas (formales e informales) entre conocidos o familiares. “Lo que en tiempos anteriores se manifestó como una organización social con fuerte vínculo entre los socios, hoy en día y gracias al exacerbado incremento de la competencia se muestra como un proceso individualista” (Magadán-Revelo et al., 2015, p. 244). Estos hechos, en combinación con las crisis ambientales, la disminución de los recursos pesqueros y la presión del mercado, originaron hace varias décadas un modelo de desarrollo incapaz no solo de resolver el persistente desafío de alimentar a gran parte de la población humana, sino también de abordar las problemáticas y contradicciones inherentes a la modernidad.
La pesca en pequeña escala es una de las actividades reveladoras de esta crisis, pues provee alimento, cultura, trabajo y bienestar a más de 75 millones de personas en el mundo (FAO, 2020). Se calcula que esta pesquería proporciona el 90 por ciento del empleo en el sector de la pesca marina (FAO, 2012) y que el 50 por ciento de la fuerza laboral lo conforman mujeres (Kleiber et al., 2015).
A pesar de su importancia, el sector se caracteriza por condiciones laborales precarias, inseguridad, insuficientes conocimientos normativos y técnicos, procesos productivos irregulares y, de manera más reciente, afectaciones importantes en sus recursos marinos (Béné et al., 2015). Además, la vida de gran parte de las familias dependientes de la pesca en pequeña escala se desenvuelve en zonas rurales con pocos habitantes, donde la marginación y la pobreza son altas, con deficiencias en infraestructura educativa, salud, comunicaciones, electricidad y abastecimiento de agua (Doyon, 2002).
En México, la pesca en pequeña escala involucra a más de 300 mil personas, lo que la convierte en una de las principales actividades productivas en los más de 11 000 kilómetros de costa de este país. A pesar de esta principalidad, en el camino hacia la sostenibilidad esta actividad ha afrontado desafíos causados por políticas públicas cambiantes y, en ocasiones, contradictorias (Espinosa-Romero, 2021; Espinoza-Tenorio et al., 2011; Espinoza-Tenorio et al., 2015; Villegas-Núñez, 2020). A lo largo de la historia, la tenencia de la pesca en este país ha pasado por diferentes etapas, desde el acceso abierto a los recursos pesqueros, la creación del cooperativismo en los años treinta, la lucha por mejoras laborales y la defensa de derechos en los sesenta y setenta, hasta la adopción del modelo de cooperativa-empresa familiar en los noventa (Ramos et al., 2021).
Aun así, la pesca ha sido infravalorada en México y ha recibido poca atención por parte de la sociedad y el gobierno, lo que ha llevado al abandono de la actividad pesquera, principalmente por la migración de las y los jóvenes hacia otras regiones (Muñoz-Sánchez y Cruz-Burguete, 2013). Este hecho, junto con los riesgos ambientales y socioeconómicos afrontados por la pesca, ha generado un futuro poco alentador para el sector y sus juventudes (Ehuan-Noh et al., 2020). En consecuencia, para asegurar un futuro sostenible para la pesca es crucial mirar hacia el relevo generacional en el sector y propiciar procesos inclusivos basados en relaciones de confianza y empatía (Quintana et al., 2021; Turner et al., 2016).
Por ello, con el objetivo de analizar cómo las juventudes viven en colectivo las problemáticas de la pesca en pequeña escala en México, se realizaron encuentros regionales de jóvenes (hombres y mujeres) que participan en diversas actividades pesqueras, a través de un equipo interdisciplinario e intergeneracional, utilizando un enfoque transdisciplinario y la metodología de comunidades de aprendizaje-comunidades de vida. Esta investigación y proyecto colaborativo reconoce la importancia de la participación de las y los jóvenes como sujetos clave en las diferentes etapas de la actividad pesquera, así como en las decisiones que afectan de manera directa su realidad, reconociendo su potencia como agentes de cambio en su presente.
Juventudes en la pesca en pequeña escala
La juventud es una construcción sociocultural situada en un espacio-tiempo, acotada en un rango etario que define el rol correspondiente y las oportunidades que a los jóvenes se les ofrecen como sujetos sociales (Filardo, 2019). A menudo, a la juventud se la prepara para el futuro y no para el presente; históricamente considerada en una condición de subordinación en las esferas familiar e institucional, en una etapa de preparación para la vida adulta y sin la conciencia social válida para poder participar en la toma de decisiones. En ocasiones, se la idealiza como el futuro que traerá cambios para la resolución de las problemáticas actuales (Reguillo, 2000).
Entender la juventud más allá de una etapa de transición permite ver a las y los jóvenes como sujetos constructores de su realidad y protagonistas en los diferentes ámbitos sociales en que participan en su cotidianidad (Araujo y Alves, 2013), ya que las juventudes comparten ciertas características etarias, pero se diferencian con claridad de acuerdo con los contextos donde habitan. En un ambiente rural, las responsabilidades familiares de las juventudes aumentan y se ven obligadas a asumir roles adultos con mayor rapidez debido a la necesidad de integrarse a las actividades productivas familiares o de formar una familia a temprana edad, dejando atrás actividades propias de la niñez para ayudar en las labores familiares y comunitarias.
En los hogares que dependen de la pesca, las niñas y los niños comienzan a ayudar desde temprana edad con labores de apoyo, preparando carnada, arreglando las redes de pesca y desembarcando la pesca del día. Conforme crecen se van incorporando en diferentes etapas de la red de valor pesquera. Tanto a las mujeres como a los hombres jóvenes se les encuentra administrando, vendiendo, transportando, arreglando motores, buceando y, por supuesto, pescando en mares, ríos y lagunas de México.
Estas juventudes disfrutan de la vida en el mar por las experiencias, los aprendizajes, las conexiones y afectos que desarrollan, así como por los desafíos que les permiten desarrollar un sentido propio de autonomía e independencia (Fernández-Reyes, 2018). Una de las motivaciones incuestionables para las juventudes pescadoras es el deseo de prevalecer en las actividades pesqueras para mantener y fortalecer sus relaciones con abuelos, padres y madres, como un espacio donde se reproduce la vida y se posibilita la unión de los grupos familiares y comunitarios (Oliveto-Andrade et al., s/f).
Las hijas e hijos buscan imitar el trabajo de sus ascendientes en la pesca y, entre sus deseos, anhelan ser capitanes y formar parte activa de una cooperativa o de las decisiones de la pesca en sus comunidades. Su disposición para la búsqueda de alternativas, su mayor sensibilidad acerca de las problemáticas ambientales y sus habilidades con las tecnologías de la información los posicionan en un papel estratégico en el contexto global, lo que les permite abordar de manera más efectiva las diversas problemáticas actuales y les facilita innovar en la práctica (Yup de León y Álvarez-Arzate, 2021).
Por otra parte, las juventudes contemporáneas afrontan una modernidad poco esperanzadora, con desafíos sociales, económicos y ambientales que afectan la vida cotidiana propia y que representan obstáculos para su inserción en las pesquerías y el relevo generacional. Aunque los y las jóvenes tienen vínculos afectivos, culturales y productivos con la pesca, son un grupo etario que se encuentra confrontado entre permanecer en la pesca aceptando la herencia pesquera de sus antecesores, consciente de los retos actuales y futuros del sector, y abandonarla, entre otras cosas, por la estigmatización y la marginación sistemática a este modo de vida y el mensaje de sus predecesores de buscar otra actividad para “vivir mejor” (Espinoza-Tenorio et al., 2022).
En la actualidad, las y los jóvenes están poco motivados para continuar en la pesca, ya que no la consideran una actividad que permanecerá a largo plazo en sus localidades (Oliveto-Andrade et al., s/f). “Ser pobre” va más allá de las carencias materiales; tiene que ver con sentirse y ser visto como “inferior”, lo que se convierte en un poderoso motor expulsor de la actividad y las comunidades, a pesar de que pueda haber condiciones para mantener la pesca.
Comunidades de aprendizaje-comunidades de vida
La propuesta metodológica de esta investigación es la de comunidades de aprendizaje-comunidades de vida, que se basa en principios y acciones colaborativos para construir espacios de intercambio creativos y reflexivos que privilegian el respeto y la valoración de las personas en sus mundos de vida (Berlanga, 2007; Saldívar-Moreno, 2018). Desde esta perspectiva, lo que se busca es construir nuevas formas de estar en la vida en un mundo cada vez más individualizado, de competencia y de conflictos, para potenciar las fortalezas y capacidades de las juventudes. Este enfoque de espacio horizontal de convivencia y aprendizaje transdiciplinario permite la construcción de conocimientos colectivos, de intercambio solidario, de escucha y aceptación, donde se crean narrativas a partir de la cotidianidad y de las experiencias de quienes participan en la búsqueda de una reivindicación identitaria y empoderamiento colectivo.
Un elemento central de la apuesta metodológica es que las personas (las juventudes pesqueras, en este caso) puedan reconocer la diversidad de conocimientos y experiencias que tienen para el desarrollo de la actividad y pasar de una condición de negación y desvaloración identitaria a una de aceptación y reivindicación de la pesca como una forma digna de vivir que aporta elementos sustantivos a su existencia (alimentos, recursos, identidad, convivencia, cuidado de sí, de los demás y de la naturaleza, entre otros). Las comunidades de aprendizaje transitan, de esta forma, de encuentros para conocerse y compartir conocimientos hacia la construcción de espacios de colaboración y aprendizaje que trascienden en proyectos de felicidad y apuestas de vida digna de las personas al valorar la existencia de estos como formas que merecen ser vividas, desde lo que son y aportan para sus familias y comunidades.
Los principios ético-metodológicos de las comunidades de aprendizaje-comunidades de vida son: recuperación del tejido social, colaboración/intercambio de experiencias, convivencia/alegría, creatividad, compromiso y responsabilidades, cuidado de la otra persona, respeto y cuidado de la naturaleza, esperanza, autonomía y proyecto de felicidad/vida digna.
En este sentido, el acercamiento metodológico a través de las comunidades de aprendizaje-comunidades de vida no es una apuesta técnica productiva discursiva que se construye desde la idea de transformar sus realidades a partir de una intervención desarrollista que pretende mejorar las estructuras de organización y modernizar la actividad o hacerla sostenible, sino una forma de establecer un acercamiento que respeta los mundos de vida y que busca reconocer su valor en sí mismo. Se trabaja desde el reconocimiento de la “potencia de las personas” (Robert y Rahnema, 2011); es decir, no desde lo que les hace falta o de sus carencias o necesidades, sino desde las formas en que se organizan, el reconocimiento de su capacidad para afrontar los diferentes problemas y las fortalezas que tienen para desarrollar sus actividades a partir de sus conocimientos construidos de manera histórica con el apoyo de sus familias y en su interacción con la naturaleza (Saldívar-Moreno, 2012). Se desmarca de la idea de la intervención para colocarse en una relación de trato (Berlanga, 2004; Orbe et al., 2006) en la que se privilegia el diálogo, la convivencia y la valoración de las experiencias de vida cotidiana de las juventudes.
Método
Este artículo da cuenta de una experiencia práctica y concreta construida a partir de cuatro encuentros efectuados en diferentes regiones costeras del país (Golfo de México, Pacífico Sur, Pacífico Norte y Caribe) con jóvenes hombres y mujeres de entre 12 y 29 años de edad que se dedican a la actividad pesquera. Estos encuentros se celebraron entre agosto y diciembre de 2022, con una duración de tres días cada uno (véase en el Mapa 1 la ubicación y participantes por encuentro).
A fin de comprender mejor el contexto de las y los jóvenes y difundir la convocatoria de participación a los encuentros, se realizó trabajo de campo (mayo-diciembre de 2022) utilizando herramientas etnográficas cualitativas de observación y entrevistas semiestructuradas. Las narrativas que se presentan en la sección de resultados y discusión se extrajeron de las entrevistas hechas en campo. Dado el tiempo limitado y la extensión del territorio pesquero en México, la observación se concentró en conocer las organizaciones pesqueras de las regiones participantes, los espacios de procesamiento, los hogares y familias, así como en acompañar a las juventudes en sus actividades pesqueras y conversar con ellas.
Para las entrevistas se buscaron personas jóvenes con conocimientos de su entorno, capacidad de diálogo y disposición de compartir. Una vez seleccionadas, se les informó el motivo de las entrevistas, el uso que se le daría a los datos y se les pidió su consentimiento para grabar las conversaciones.
Se realizaron 10 entrevistas grupales en siete de los 13 estados participantes. Se transcribieron textualmente, para después sistematizarlas en categorías que sirvieron de insumo para el apartado de resultados.
Además del trabajo de campo, donde se hizo la invitación en persona, se utilizaron varios medios para difundir la convocatoria y promover la participación en los encuentros, tales como carteles impresos que se colocaron en espacios públicos de las comunidades, redes sociales como Facebook y WhatsApp y llamadas telefónicas a contactos clave. Asimismo, se contó con el apoyo de instituciones académicas, gubernamentales y de organizaciones de la sociedad civil (OSC) para difundir la convocatoria de manera más amplia.
Los requisitos para participar en los encuentros fueron tener entre 15 y 30 años, estar involucrado/a en la actividad pesquera y enviar un video o audio en el que mencionara algún reto existente en su comunidad y la manera en que se estaba trabajando para solucionarlo. La convocatoria fue abierta a nivel nacional, organizada por regiones con el objetivo de lograr una representación equilibrada de hombres y mujeres, así como de personas de diferentes estados para obtener una visión más completa de la situación en cada región.
En total, participaron 67 jóvenes en los encuentros, 44 hombres y 23 mujeres, con un promedio de edad de 24 años, provenientes de 13 de los 17 estados costeros del país (véase el Mapa 1). Estas juventudes están vinculadas de diferentes modos a la actividad pesquera en pequeña escala en sus comunidades. Participan en diferentes actividades de las redes de valor pesquera (precaptura, captura, poscaptura y actividades complementarias).

Fuente: elaboración propia con archivos SHP, Portal de Geoinformación, 2023, del Sistema Nacional de Información sobre Biodiversidad de la Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad (CONABIO).
Mapa 1 Encuentros por estado de procedencia y número de participantes por región.
Además de pescadores y pescadoras, participaron estudiantes universitarios de biología, acuacultura y otras disciplinas relacionadas con la conservación de los océanos y la actividad pesquera. Entre las personas asistentes había jóvenes provenientes de familias con generaciones involucradas en la pesca, miembros de alguna cooperativa, pescadores y pescadoras libres, ayudantes, capitanes y dueños de embarcaciones, líderes juveniles de sus comunidades e influencers en las redes sociales con enfoque en temas de pesca, entre otros.
Caracterización de problemáticas
Se formaron pequeños grupos de trabajo con las juventudes por regiones y estados para facilitar una reflexión colectiva y enriquecedora. Las personas participantes hicieron una caracterización detallada de sus comunidades pesqueras y analizaron los aspectos que, desde sus puntos de vista, han tenido un efecto importante en términos positivos y negativos.
Apoyados con dibujos, representaron y analizaron diversos acontecimientos históricos que, a pesar de su juventud, conocían a través de sus recuerdos y de las historias transmitidas por sus familiares. Al comunicar los conocimientos y la información que cada uno tenía, identificaron una serie de desafíos que afectan a su territorio y actividad, y los convirtieron en narrativas entretejidas de recuerdos, compartidas desde distintas voces de hombres y mujeres.
Para analizar las políticas, los programas y las normativas principales, así como las instituciones gubernamentales involucradas en la ejecución de estos, los beneficios que reciben y, también, las afectaciones que les producen, se tomó la decisión metodológica de agruparlos siguiendo los criterios de causalidad referidos por las juventudes. Así, las problemáticas se categorizaron de acuerdo con el estado de los ecosistemas y las especies sujetas a pesca (aspectos ambientales), aspectos sociales y económicos adversos (desafíos socioeconómicos) y las consecuencias de procesos políticos descontextualizados (política).
Una crisis preocupante
El conjunto de las problemáticas planteadas por las y los jóvenes en los cuatro encuentros regionales revela preocupantes y profundas crisis, ambiental, económica, política y cultural, que han impactado en la vida cotidiana de amplios sectores de la población vinculados a la actividad pesquera. Los desafíos mencionados por las juventudes (véase la Gráfica 1) versan sobre temas ambientales (4), seguidos por los vinculados a políticas públicas (6) y, por último, los concernientes a procesos socioeconómicos (5).

Fuente: elaboración propia.
Gráfica 1 Problemáticas de las pesquerías de pequeña escala en México identificadas por las y los jóvenes.
Cada región afronta desafíos específicos marcados, en muchos casos, por su historia, lo que explica la agudización de ciertas problemáticas en diferentes áreas geográficas. Por ejemplo, en el Golfo de México destaca el problema de contaminación por derrame de hidrocarburos, mientras en el Pacífico Sur y el Caribe son más predominantes los huracanes y los desastres que estos ocasionan. En el Pacífico Norte preocupa por igual tanto la contaminación por residuos tóxicos de la actividad minera como la sobreexplotación de recursos pesqueros derivada de la presión que ejerce un mercado cada vez más demandante. Sin embargo, de acuerdo con las y los jóvenes, la articulación de todas estas problemáticas termina por acentuar las tensiones entre los diversos actores sociales e institucionales involucrados generando inconformidad, desconfianza, desinterés, incertidumbre, abandono de la actividad, etcétera.
Frente a este contexto complejo marcado por el entrecruce de factores ambientales, políticos y sociales, las juventudes pesqueras orientan sus esfuerzos innovadores hacia una iniciativa social potenciadora mediante acciones colectivas concretas para la transformación de su espacio de vida y trabajo asumiendo tareas de agentes de cambio.
Panorama ambientalmente desolador
En los encuentros, una constante percepción desoladora del grave deterioro del medio ambiente emergió de la visión de las juventudes, lo que, en la mayoría de los casos, desmoviliza, ocasiona desinterés y las lleva a naturalizar la situación. Se identificaron riesgos causados por el cambio climático como el aumento de eventos hidrometeorológicos extremos, los cambios en los patrones de las especies, la disminución de los corales; también la creciente contaminación y la presencia de especies invasoras. Estas son situaciones concretas que afrontan cotidianamente en el desarrollo de sus actividades. Para la juventud, el colapso de la actividad en algunas zonas es inminente.
Las juventudes reconocen que todas estas problemáticas se conjuntan, lo que ocasiona la disminución de las capturas. Tal disminución provoca una situación crítica, pues obliga a más de la mitad de ellos y ellas a migrar, dado que en muchas de las localidades rurales y costeras la pesca es el mejor empleo y en algunos casos es el único.
Si bien las y los jóvenes reconocen que hay temporadas “buenas”, consideran que no se comparan con las que sus padres y abuelos les platican que vivieron cuando realizaban sus actividades hace algunos años, fenómeno común en las comunidades pesqueras modernas (Sáenz-Arroyo et al., 2005). En las palabras de un joven pescador se hacen evidentes esos recuerdos:
La cantidad de producto ha disminuido demasiado. Lo que es el pulpo, la langosta, lo que tú quieras mencionar, casi todo ha disminuido. Te puedo contar que mi abuelo me decía que se iba a bucear a la orilla de la playa y sacaba hasta treinta kilos de producto. Mi papá me dice: “oye, yo me iba a la orilla y sacaba veinte kilos”. Y yo me he ido a la orilla y saco una llanta de carro, una botella de vidrio […] (entrevista, agosto 2022, pescador del Pacífico Sur).
Desafíos socioeconómicos estructurales
La disparidad de oportunidades sociales constituye retos constantes para el desarrollo justo de las juventudes. En este sentido, identificaron aspectos económicos referidos a bajos precios, debido a mercados mal pagados, intermediarismo, falta de acceso a mercados, escasez del recurso, entre otros, que hacen más complejos los escenarios para el desarrollo de la actividad. Además, la ausencia de procesos organizativos da lugar a conflictos con otras actividades productivas crecientes como la acuicultura, la extracción de petróleo y el turismo, que compiten por el espacio o los recursos naturales de la costa.
En el análisis colectivo, el tema de salud cobró importancia a partir de las circunstancias ocasionadas por la pandemia de covid-19, tanto por los efectos de enfermedad y muerte en las comunidades pesqueras como por la incidencia negativa en la economía de los hogares por la falta de comercialización y actividades generales en la pesca.
Las y los jóvenes están preocupados por los altos índices de alcoholismo y drogadicción en los que tienen que crecer. Tristemente, son un factor frecuente en las comunidades pesqueras en el mundo (Coulthard et al., 2020; Salguero-Velázquez y Alvarado, 2017). Un joven pescador de la región Caribe señala que el alcohol y las drogas forman parte de su mundo de vida:
En mi caso hay una temática que no he tocado, pero que tiene que ver con las juventudes. En mi cooperativa hay un problema social que son las drogas. Entonces, ahora sí que casi casi aplica la frase de “es pescador, debe de ser un drogadicto o un borracho”. Somos pocos los que no hemos caído en ese problema social. Hay muchos jóvenes actualmente en mi cooperativa y muy pocos no están en eso (entrevista, junio 2022, pescador del Caribe).
La inseguridad y la violencia se presentan como realidades compartidas en todas las regiones, ocasionadas por asaltos en alta mar y robo de motores, producto de la delincuencia organizada. Al igual que en otras localidades pesqueras del mundo (De Coning y Witbooi, 2015; Witbooi et al., 2020) y del país (Felbab-Brown, 2022), la inseguridad y la violencia complementan un panorama desesperanzador que claramente contribuye al abandono de la actividad por las juventudes ante cualquier alternativa u oportunidad que se les presente fuera de la pesca. La prensa e investigaciones han reportado un aumento creciente de actos de violencia contra pescadores de diversas partes del país, donde, además de los motores, les roban equipo de navegación, los productos de la pesca, combustible, teléfonos celulares, dinero, etcétera (García-Peña, 2022; Graniel, 2022; Rodríguez, 2022; Suárez, 2022). El relato de un joven permite tener una idea clara del modo en que la inseguridad afecta la vida en las comunidades pesqueras:
[…] las cuotas que les hacen a los pescadores. Por ejemplo, cada vez que es temporada, al menos en mi playa así sucede, piden cuota, cuando son vacaciones de Semana Santa, de diciembre, a pescadores y demás prestadores de servicio, quien vende mangos, los salvavidas, el que vende donas, todos, porque también ellos tienen cooperativa para vender y necesitan dar una cuota para trabajar, y si no pagan, pues hay problemas. Recuerdo un tiempo en el que inclusive les pidieron que llevaran uniforme cada uno de ellos, los del narcotráfico a los trabajadores de la playa (entrevista, agosto 2022, pescador del Pacífico Sur).
Una política sectorial sin la juventud
A menudo, las políticas, los programas y las normativas que impactan en la actividad pesquera terminan perjudicando el trabajo de las personas dedicadas a este oficio. Por un lado, la aplicación indiscriminada de políticas de desarrollo puede acarrear consecuencias de diversos órdenes como la destrucción y alteración de los hábitats de cuya salud depende la pesca (por ejemplo, ríos, lagunas, playas, bocabarras) e incluso propiciar catástrofes al crear las condiciones para que fenómenos naturales como huracanes y sismos causen desastres en la zona costera (Montejo-Damián et al., 2022). Por otro lado, la falta de voluntad política para el desarrollo de las zonas rurales costeras (Espinoza-Tenorio et al., 2019) perpetúa las necesidades del sector pesquero, pues no hay infraestructura que permita la movilidad y seguridad de los productos e insumos, lo que encarece los procesos de conservación, procesamiento y transporte.
Las y los jóvenes enfatizan el nulo reconocimiento/valoración de la pesca como una actividad esencial, aspecto relevante que los desalienta a continuar en una actividad percibida como incierta, sin futuro viable. Desde su perspectiva, hay aspectos negativos que tienen que ver con procesos político-institucionales en la gestión del sector pesquero mexicano, relacionados con falta de apoyo, desatención a demandas, corrupción, burocracia, favoritismos, falta de transparencia y escasa vinculación con centros académicos (Fernández-Rivera Melo et al., s/f; Inteligencia Pública y EDF de México, 2019). Además, desconfían de las autoridades del sector, ya que estas no les proveen el servicio de manera adecuada, lo que afecta aún más el trabajo de pesca al dificultar el acceso a información normativa y de trámites para la obtención o renovación de licencias y permisos de pesca (Villegas-Núñez, 2020).
Las decisiones e iniciativas aplicadas por diversas instituciones gubernamentales condicionan tanto la existencia de las organizaciones pesqueras como la de las y los pescadores libres, sin atender adecuadamente sus intereses y perspectivas. Al final, esto favorece la sobreexplotación de los recursos pesqueros y la pesca ilegal.
Otros aspectos son más de tipo organizativo y de gobernanza. Se reconoce falta de comunicación entre y dentro de las organizaciones pesqueras; falta de participación y toma de decisiones por parte de las juventudes; discriminación de las mujeres; desaliento para continuar en la actividad pesquera, y desorganización y monopolios familiares en la obtención de permisos pesqueros.
Superación de los desafíos presentes y venideros
El complejo contexto en que vive la juventud asociada al sector pesquero se caracteriza por inercias que tienen un trasfondo histórico. Uno de los desafíos en ese contexto es la pérdida de una visión de bien común a través del cooperativismo, pues el modelo fue abandonado por el Estado mexicano (Magadán-Revelo et al., 2016). La transición hacia la conformación de empresas, impulsada por los gobiernos neoliberales en la década de los noventa, generó la concentración del poder y los recursos en algunas familias e inversores privados que no viven en la comunidad. Estos hechos llevaron a la aparición de pescadores libres (jóvenes, muchos de ellos), que operan en condiciones de mayor precariedad vendiendo a intermediarios, legales o ilegales, o arrendando permisos. La incertidumbre reina en cuanto a qué beneficia más al sector, si regresar al cooperativismo o continuar arrendando permisos a algunas familias o inversores.
La falta de mercados justos, las políticas ambiguas y contradictorias y el modelo desarrollista han creado un ambiente de extrema incertidumbre que dificulta las posibilidades de una transición generacional estructurada y organizada para favorecer la inserción de las juventudes en la actividad pesquera. Esta situación parece ser un contrasentido en el contexto de la juventud en la pesca en México. Por un lado, se acepta que las juventudes son el futuro y la esperanza de las pesquerías, pero, por el otro, no existen condiciones que favorezcan el papel de estas como agentes transformadores.
En diversas comunidades pesqueras se evidencia la falta de reconocimiento de las juventudes en los espacios de toma de decisiones debido a actitudes machistas, exclusiones, inferiorización e infantilización. Esta falta de reconocimiento se manifiesta mediante un desprecio verbal, simbólico y conductual. Además, se subvaloran las capacidades intelectuales de las y los jóvenes en el sector asumiendo que, por su edad, carecen de los conocimientos necesarios para participar en dichos espacios de decisión (Revuelta y Hernández-Arencibia, 2019).
Las y los jóvenes pescadores provenientes de modelos cooperativistas que lograron sobrevivir a las políticas neoliberales cuentan con mejores condiciones para insertarse de modo gradual en la actividad pesquera. Sin embargo, la mayoría afronta un panorama complejo, marcado por políticas asistencialistas, corrupción, invisibilidad de las juventudes y falta de apoyo por parte del sistema y del mercado.
Aun en el presente, en la llamada 4ta Transformación del gobierno de López Obrador, que busca desmarcarse del modelo neoliberal, persiste un enfoque asistencialista. Si bien se han planteado iniciativas educativas y de inserción laboral como la creación de la Universidad Benito Juárez, becas y el Programa de Jóvenes Construyendo el Futuro para ofrecer oportunidades de inserción desde la formación y así evitar la captación por parte de grupos delictivos, estas iniciativas hacen frente a desafíos relativos a su efectividad para convertirse en beneficios reales entre las juventudes pesqueras.
No hay políticas públicas orientadas a la construcción de gobernanza en el sector pesquero. Existe la necesidad de desarrollar actividades de formación y capacitación desde la educación no formal para crear promotores y líderes juveniles comunitarios, así como de impulsar acciones de innovación social planteadas desde las problemáticas ambientales y de adaptación al cambio climático. También es importante la vinculación interdisciplinaria de diversos sectores gubernamentales, académicos y OSC que apoyen en la dignificación de la pesca como una forma de vida y con futuro para las juventudes (Fernández-Rivera Melo et al., s/f).
Bajo esta adversidad prevalecen sensaciones de efimeridad, donde los valores modernos de individualización y búsqueda del mérito propio se transforman en una competencia desmedida y egoísta, sin importar los principios éticos colectivos. En este contexto, parece que poco importa el sufrimiento de los demás, siempre y cuando no afecte de manera directa a cada individuo y se aprende que la felicidad consiste en la acumulación material.
Sin embargo, es precisamente en estas aguas turbias donde las juventudes tejen sus atarrayas, nadan a contracorriente y sacan a flote su resiliencia, la cual implica su capacidad transformadora y de empoderamiento. En lugar de dejarse llevar por las corrientes negativas, se aferran a sus valores, tradiciones y sueños, buscando un futuro mejor para sí mismos y sus comunidades. A través de su fuerza y compromiso, demuestran que la esperanza y la posibilidad de cambio persisten aun en medio de la incertidumbre y los desafíos.
El proceso de reconfiguración identitaria de las juventudes pesqueras se construye desde su cotidianidad en un ambiente hostil y de exclusión, de escaso reconocimiento de su potencial transformador, o bien desde la franca negación de continuidad en la pesca, ya sea en el ámbito familiar, en el institucional o en ambos. Diversas fuerzas políticas, económicas e ideológicas inciden de forma permanente en la decisión de qué hacer con su vida: emigrar, dedicarse a otra actividad con “mayor futuro” o engancharse a la delincuencia organizada.
No obstante, la apuesta de aquellos que deciden permanecer y continuar en la pesca es hecha desde el sentido de pertenecer al mar; no es solo una retórica. Son demasiados los factores que incitan al desaliento, pero quienes se quedan por convicción o porque no les queda otra opción han adquirido una mayor conciencia ecológica. Son quienes impulsan los consejos juveniles, organizan torneos de pesca con un propósito de conservación, sacan el mayor provecho al uso de las tecnologías (navegar y orientarse, conocer los precios de mercado, registrar y monitorear especies, realizar registros contables y financieros), y lideran procesos organizativos desde su fuerza transformadora de jóvenes.
Existe un arraigo que fortalece la identidad del joven pescador/a y que se convierte en un capital simbólico muy valioso porque permite establecer vínculos fuertes y duraderos con su familia y con su entorno social, cultural y ambiental. Por ello, algunas OSC han incorporado la preocupación por el manejo responsable de los recursos pesqueros cada vez más escasos y lejanos favoreciendo la inclusión de actividades de monitoreo, protección y manejo de las zonas costeras.
Claramente, las juventudes han sido el sector más considerado y con mayores posibilidades de integración en estas nuevas perspectivas hacia la sustentabilidad. Sin embargo, solo aquellas con familiares en cooperativas o con permisos pueden insertarse de manera legal y tener mejores condiciones para integrarse a la actividad y desarrollarla como una apuesta de trabajo y vida.
La crisis económica relacionada con el estado de los recursos pesqueros obliga a la juventud a reconocer que ahora el desafío radica en la obtención de mayores recursos, mercados y ganancias. Aunque los procesos organizativos quedan en segundo plano en este tren de pensamientos, las juventudes identifican con nitidez los riesgos que la actividad pesquera afronta y la necesidad de buscar alternativas de organización, manejo y gestión de las pesquerías que posibiliten la continuidad de esta actividad como forma de vida legítima, valorada y reconocida por ellas y el conjunto de la sociedad.
Destaca la claridad que muchas de estas juventudes tienen respecto a las limitaciones que afrontan y las posibilidades de mejora resaltando su papel crítico y propositivo frente a la burocracia contradictoria y asistencialista con la que deben lidiar cotidianamente.
Papel de las mujeres y la transición generacional
Dentro de las organizaciones y comunidades pesqueras prevalece un entorno manifiestamente patriarcal, que se hace visible en la predominancia de hombres en las actividades específicas de pesca, con un peso determinante en la toma de decisiones al interior de las organizaciones (Solano et al., 2021). En virtud de que la pesca (extracción) es una actividad casi exclusiva del género masculino, se reproducen valores y prácticas sociales cotidianas relacionados con machismo, alcoholismo y violencias de género, lo que dificulta la participación de las mujeres en esta actividad (Salguero-Velázquez et al., 2022).
Sin embargo, las mujeres y los hombres jóvenes han ido ganando terreno en espacios administrativos, en la extracción y en el uso de nuevas tecnologías. Estar más preparados (con estudios) ha favorecido su participación en el sector, como cuando se incorporan como administradores o responsables de la venta a través de los mercados electrónicos.
El panorama desigual para las mujeres se expresa como secuela de la poca visibilidad de su rol en la pesca, pues la falta de remuneración económica por su trabajo productivo y reproductivo en el sector las posiciona en un estado de alta vulnerabilidad. Aunque poco a poco -sobre todo las jóvenes- han demostrado sus habilidades en el buceo y la pesca comercial, como tripulación y, en menor medida, como capitanas de embarcaciones, existe un actuar social sistémico que infravalora el trabajo de la mujer, más el de la joven, y lo traduce como “apoyo para la familia”, con lo que se limita su independencia y autonomía.
Las mujeres suelen participar en procesos de posproducción -como el fileteo-, en los que su paga depende de diversos factores (la cantidad, la voluntad del pescador o la producción), lo que aumenta el nivel de inestabilidad aun para quienes reciben algún tipo de remuneración. Al respecto, y siguiendo el trabajo de Delgado (2021) con mujeres que se dedican a actividades pesqueras en comunidades del noroeste de México, estas se involucran en la precaptura, captura y poscaptura, es decir, en casi toda la red de valor en la pesca; preparando los alimentos del esposo, familiares o trabajadores; limpiando la embarcación, sea de ida o de vuelta; manteniendo limpia la ropa y el traje de buceo (en su caso); en la selección, peso y registro de la captura; en la preparación y venta del producto. No obstante, el problema es que, a pesar de su relevancia, este no es considerado como un trabajo y, por lo mismo, en la mayoría de las veces, no se paga; se realiza como una actividad complementaria al ámbito doméstico y se naturaliza como una actividad propia de la mujer.
Este trabajo incluye, además, las dimensiones de cuidado y atenciones en un mundo de riesgos e incertidumbre, como es el de la pesca, donde el papel de las mujeres se vuelve central para garantizar la reproducción biológica y social. Pareciera que se vuelven intangibles las fronteras entre el trabajo productivo de la pesca y el trabajo doméstico, de la casa al mar y a la inversa, en los que participan las mujeres en su calidad de esposas, hijas o abuelas, y por esto mismo no son reconocidos. O bien, en algunos casos en los que sí es remunerado, la paga es por destajo, sin reconocerles ningún derecho laboral y siempre infravalorado con respecto del que realizan los hombres (Delgado, 2021).
El férreo control masculino que prevalece en el sector pesquero se refleja en el siguiente testimonio de una mujer que participó en uno de los encuentros regionales:
En la toma de decisiones es muy difícil que nosotras tengamos esa oportunidad, que se escuche nuestra voz. Ya lo hacen hasta por ley, por costumbre de que solo hombres. Entonces, nosotras allí no podemos tomar una decisión o compartir alguna idea que incida en algo innovador. Las dificultades son sobrepasar los roles ya establecidos que nos imponen (diálogo, agosto 2022, Encuentro Regional del Golfo de México).
Las mujeres que asistieron a los encuentros regionales afirman que se sienten limitadas porque sus opiniones no son tomadas en cuenta en virtud de los roles establecidos socialmente desde el género. Sin embargo, a pesar de este ambiente de exclusión, reconocen que en los últimos años han ganado importantes espacios de involucramiento y cada vez ocupan más posiciones que históricamente eran asignadas a los hombres.
Un dato etnográfico de contraste se hizo presente en el hecho de que en las regiones Noroeste, Golfo de México y Caribe es mayor la participación y empoderamiento de las mujeres, mientras que en el Pacífico Sur hay una menor participación porque muchas de ellas tienen que cuidar a sus hijos, o simplemente porque no existía siquiera la posibilidad de considerar su asistencia a un encuentro con otras personas fuera de su comunidad.
En paradoja, la experiencia de las juventudes en los encuentros y entrevistas muestra que esta estructura patriarcal se está reconfigurando de modo paulatino (no sin sus resistencias) hacia nuevas maneras que, al considerar la actividad pesquera como un conjunto de actividades articuladas (precaptura, captura, poscaptura y complementarios), rompe con la idea de la exclusividad masculina. Si bien mantiene la doble o triple carga laboral de género (procesamiento del pescado, comercialización y preparación de alimentos, por ejemplo), al menos ya muestra que se visibiliza la participación de las mujeres en el conjunto de la actividad.
Reconociendo que la pesca no solo es la captura, resulta relevante la visibilización de la participación de las mujeres en las diversas fases del proceso productivo pesquero, lo cual implica romper, por un lado, con el esquema de la división sexual del trabajo en razón de género, donde el hombre se va al mar, la laguna o río y realiza la captura por ser fuerte, mientras la mujer se queda en casa, ya que es considerada débil; o su trabajo se reduce al hogar, limpieza, preparación de alimentos y cuidados. Por otro lado, se da la ruptura con la “pared de cristal”, como bien nombra Delgado (2021, p. 18) a la segregación de las mujeres del ámbito laboral en términos de acceso a la embarcación, al mar, al río, considerado exclusivo de los hombres.
En este sentido se abrió el diálogo en el Encuentro del Golfo de México. En este, algunas compañeras de esa área expresaron, desde sus experiencias, cómo se ha vivido esta transición del reconocimiento del papel de la mujer en las actividades pesqueras y en los proyectos del rubro.
En la región donde yo estoy sí hay dificultades de género, pero se han implementado también programas que buscan equilibrar los oficios a modo de que nosotras, mujeres, sintamos que también tenemos la capacidad de dirigir y conocer el oficio del varón. Entonces, ahí se crea el trabajo en equipo para poder mejorar diferentes actividades. Donde yo vivo se implementan talleres para mujeres en diferentes áreas. Eso nos motiva al género femenino, buscando que haya un crecimiento dentro del área pesquera de manera equitativa (diálogo, agosto 2022, pescadora, Encuentro del Golfo de México).
[…] pues ha habido un cambio y se toma más en cuenta la voz de las mujeres y la valoran porque tiene más sensibilidad a los cambios, y en los proyectos está enmarcado un recurso destinado para los roles de ellas. Por ejemplo, si la mujer va a filetear, pero tiene sus hijos, hay un recurso destinado para una niñera mientras ella desempeña sus actividades y eso es equidad de género (diálogo, agosto 2022, pescadora, Encuentro del Golfo de México).
Ambas jóvenes reconocen que este proceso de empoderamiento de las mujeres en un sector machista ha sido posible gracias a un esfuerzo de instituciones y organizaciones externas a las comunidades que han impulsado la igualdad de género desde la política pública y al desarrollo de proyectos que permiten una mayor presencia y reconocimiento de las mujeres en diversos espacios del ámbito pesquero. Entre estos se encuentran la agenda internacional fundamentada en los Objetivos de Desarrollo Sostenible (UN, 2015), las Directrices voluntarias para lograr la sostenibilidad de la pesca en pequeña escala (FAO, 2015) y los programas nacionales de proigualdad que han influido en el cambio de las expresiones de las masculinidades en la sociedad y el sector (DOF, 2013; Salguero-Velázquez et al., 2022). Asimismo, ellas puntualizan la importancia de estos procesos de reconocimiento para inspirar a otras mujeres a posicionarse y desempeñarse dentro de la actividad.
El papel de la educación como expulsor y su potencial integrador
Durante los encuentros se identificó un aspecto poco explorado en los estudios de juventudes y pesca: el carácter contradictorio de los procesos educativos. Estos pueden desempeñar un papel al mismo tiempo expulsor e integrador en la actividad pesquera. Expulsor, en el sentido de que puede alejar a las juventudes cuando se sitúa como estrategia de las familias y las juventudes para buscar nuevas oportunidades de vida, que están claramente influidas por las ideas de modernidad y basadas en la negación de identidades porque no responden a las lógicas de crecimiento y éxito capitalista. Muchas personas manifestaron que las experiencias educativas carecen de sentido para ellas, ya que no pueden compararse con las lecciones de vida que han aprendido en sus hogares y durante la participación diaria en las actividades pesqueras.
Pues el promedio de edad de la cooperativa es alto, hay mucha persona adulta. Entonces, como solo pueden entrar los hijos de los pescadores, pues muchos estudiaron y se quedaron en la ciudad a trabajar. Otros pocos, como yo, que salí a estudiar para maestro en educación primaria, pero que siempre me encantó la pesca, pues dejé mi profesión a lado (entrevista, junio 2022, pescador del Caribe).
La desconexión de las juventudes con la actividad pesquera, la mayoría de las veces, es resultado de la carencia de espacios propios para su desarrollo en la pesca. Asimismo, la fuerte influencia familiar para tener una profesión que les garantice un mejor futuro las hace emigrar de sus comunidades, con lo que se rompe un vínculo tradicional familiar.
Durante el recorrido de campo por la zona costera del norte de Veracruz, el presidente de una cooperativa, al referirse a las expectativas respecto a su hijo dentro de la pesca, dijo: “él está estudiando una carrera de ingeniería industrial, yo quiero que él sea alguien en la vida y que se aleje de la pesca” (conversación, agosto 2022, pescador del Golfo de México). No obstante, al preguntarle dónde se encontraba su hijo en ese momento, sorpresivamente dijo “¡pescando!”.
Las y los jóvenes que lograron completar sus estudios y encontraron formas de trabajo distintas a la pesca se fueron alejando poco a poco de la actividad y de sus comunidades. La migración hacia otras regiones para buscar trabajo en las temporadas de inactividad también contribuyó al abandono. Un joven pescador cuenta la presión que ejerce el fenómeno migratorio en los jóvenes:
He conocido casos de muchos jóvenes que se han ido porque es mejor la paga, hay más empleo y es seguro, no hay narcotráfico como acá. Aparte, también creo que tiene que ver la moda, pues veo que todos se están yendo y me voy (entrevista, agosto 2022, pescador del Pacífico Sur).
Sin embargo, en la reflexión entre las y los jóvenes acerca del sentido contrario de la educación, es decir, del papel transformador que también está presente en la vida de las juventudes pesqueras, se identificaron experiencias virtuosas en las que la educación potenció los saberes y las habilidades de las juventudes pescadoras y las dotó de nuevas herramientas y conocimientos para apoyar a sus familias y comunidades. Se reconoció un número importante de jóvenes profesionistas que regresaron a sus comunidades y propusieron e impulsaron innovaciones necesarias desde la formación e investigación. Por ejemplo:
Yo estudié y desde que empecé la carrera dije quiero hacer un proyecto para la cooperativa, mi proyecto de titulación va a ser para la cooperativa, y todo se alineó para que el último año de mi carrera esté produciendo, en clases en línea y además recopilando toda la información para mi proyecto (entrevista, junio 2022, pescador del Caribe).
Ante la incertidumbre y la crisis sistémica, muchas familias empujan a sus hijos e hijas a buscar alternativas fuera de la actividad pesquera y de las comunidades, principalmente en los centros urbanos. En las experiencias narradas por las y los jóvenes se manifestaba el gusto por la actividad y una profunda relación afectiva hacia esta, legada por sus abuelos y padres, que, desde la primera vez que los llevaban a pescar, generaba un impacto fuerte en el sentido de sus vidas. Al respecto, en una entrevista colectiva con pescadores del Caribe, uno de ellos mencionó:
Pues para mí pescar es un orgullo porque a mí me encanta. Desde muy chiquito a mí me llevaban a pescar; de hecho, cuando yo tenía cuatro o cinco años me llevaban. Yo recuerdo que llevaba mi biberón a pescar, imagínese. Siempre me gustó la pesca. Cuando terminé de estudiar trabajé dos años y no me gustó, y me vine a la pesca porque no me fastidia. No lo agarro como si fuera un trabajo, yo lo agarro como diversión; me gusta, me gusta (entrevista, junio 2022, pescador del Caribe).
Reflexiones finales
Las juventudes que participaron en los encuentros mostraron una gran disposición para continuar en las actividades de la pesca en pequeña escala. Esta disposición nació como un genuino interés, que se fortaleció al convivir con pares y conocer las diversas situaciones y opciones que afrontan. Este vínculo profundo se intensificó al darse cuenta de que no estaban solas y de que al construirse como comunidades potenciaban claramente sus posibilidades de mantenerse en la actividad y de reivindicar su condición de vida.
Este contexto sirve de aliento para emprender iniciativas personales y colectivas de quienes deciden aferrarse a la continuidad de la pesca buscando alternativas innovadoras. Es necesario reconocer que las y los jóvenes han empezado a construir iniciativas para atender estas problemáticas y que, además, requieren una educación para reforzar la identidad, no necesariamente escolarizada.
Las decisiones políticas y las políticas públicas tienen un impacto determinante en el entorno en que opera el sector pesquero. Sin embargo, a menudo estas carecen de una perspectiva de largo plazo y de enfoques holísticos que consideren las necesidades y las aspiraciones de las juventudes involucradas en la pesca.
La falta de planes de desarrollo sostenible y la ausencia de políticas adecuadas para incentivar la participación juvenil pueden resultar desmotivadoras para los jóvenes que contemplan ingresar a esta actividad vital. En este sentido, la inseguridad en muchas comunidades costeras es un desafío constante que crea un entorno peligroso para los y las jóvenes que desean unirse al sector pesquero.
La perspectiva de género es otro aspecto crucial. Históricamente dominado por hombres, el sector pesquero ha excluido a las mujeres, aun las jóvenes. Las barreras sociales y la discriminación pueden dificultar la participación de estas en la actividad. La promoción de la igualdad de género en este ámbito es fundamental para crear oportunidades equitativas para todas las personas jóvenes interesadas en la pesca.
Las juventudes en el sector pesquero afrontan una gama diversa de desafíos que influyen en su participación, seguridad y desarrollo. Abordar estos problemas requiere un enfoque comprensivo, que incluya políticas públicas sensibles a sus necesidades, medidas para la mejora de las condiciones laborales y de seguridad, la promoción de la sostenibilidad tanto ambiental como económica y la promoción activa de la igualdad de género. Solo a través de una colaboración holística será posible establecer las condiciones adecuadas para que las juventudes prosperen en el sector pesquero disminuyendo su vulnerabilidad para ser reclutadas por el crimen organizado y contribuyendo a la mejora de sus comunidades costeras y a la salud sostenible de los océanos.
Es fundamental desafiar el estigma asociado al oficio de pescador/a y, a la vez, replantear el enfoque de desarrollo gubernamental hacia el sector pesquero. Es crucial reconocer las contribuciones de las personas dedicadas a la pesca y reafirmar la identidad de estas.
La revitalización de las políticas públicas enmarcadas en un enfoque participativo que incluya a adultos, juventudes y diversos actores (sectores) será esencial para el logro de la sostenibilidad en la pesca y el empoderamiento de las juventudes. Las y los jóvenes, con su visión sistémica de los desafíos y su energía, deben ser considerados en las transformaciones del sector. Afrontar los desafíos futuros del sector pesquero requiere generaciones resilientes, con conocimientos y habilidades para preservar la pesca ante escenarios cambiantes, así como para construir un futuro sostenible y equitativo para las comunidades costeras.










nueva página del texto (beta)



