Introducción
Antes del año 2000 no se había realizado en las escuelas del estado de Campeche, de forma institucional, algún festival que tuviera como propósito el reforzamiento del sentido identitario de los habitantes de esa región. Fue en 2001 cuando se instauró el Programa Educativo de Fortalecimiento de la Campechanidad, en el que se describía una serie de actividades a realizarse anualmente durante octubre, que consistían en eventos artísticos y culturales (bailables con trajes típicos, difusión de música regional, muestras gastronómicas, concursos de dibujos, exposiciones de juegos, leyendas y tradiciones, entre otros), que organizaban directivos y profesores con los alumnos.
Lejos de desaparecer o ir menguando, hoy en día el Mes de la Campechanidad (así se le conoce popularmente desde entonces) se ha afianzado como una tradición escolar muy vistosa y divulgada que, sin embargo, genera percepciones contrastantes: por un lado, algunos miembros de la comunidad educativa manifiestan cierto orgullo por el imaginario, los símbolos y valores expresados durante esas semanas (un espíritu general de armonía y festividad, acompañado de una exaltación de las torres de catedral, de las murallas, de un pasado colonial heroico por las defensas contra los piratas, de algunos elementos prehispánicos, etcétera); por otro lado, muchos padres y madres de familia se quejan del estrés que acarrea la organización de las variadas actividades que se realizan en las escuelas y, sobre todo, del fuerte gasto monetario para la adquisición de atuendos típicos, disfraces, ingredientes para platillos gastronómicos, entre otros.
Más allá de estas percepciones y consecuencias de tales prácticas, que después de más de 20 años de efectuarse de forma continua ya pueden considerarse como una tradición local, pocas personas saben o se preguntan cuál es el origen de dicha tradición, quién o quiénes la diseñaron y la difundieron y por qué motivo. En un ámbito más general, se debe destacar que durante el sexenio del gobernador José Antonio González Curi (1997-2003) se le dio un impulso sin precedentes a la cultura estatal, ya que, además de la instauración de este programa educativo, se crearon desfiles y festivales, se construyeron y reconstruyeron teatros y bibliotecas y se le dio un fuerte impulso a la comunidad artística y cultural. El principio básico que orientó muchas de las actividades y acciones que se promovieron hacia el interior y el exterior de la entidad fue el concepto de la campechanidad.1
El objetivo de este artículo es analizar la construcción identitaria de este concepto que a finales del siglo XX se diseñó y se divulgó en el estado de Campeche (México), y que, desde la perspectiva ideológica del gobierno, pretendía el logro de la cohesión social durante un conflicto postelectoral que amenazaba agravarse. Con el apoyo del análisis crítico del discurso, se examinará la estructura discursiva de dos documentos oficiales que fueron esenciales para el origen de la campechanidad en el período citado: el Plan Estatal de Desarrollo y el Primer Informe de Gobierno de González Curi.
Semántica del discurso e ideología
De acuerdo con Teun van Dijk, una teoría de la ideología es capaz de explicar qué funciones políticas, sociales y culturales cumplen las ideologías; asimismo, permite comprender cómo influyen éstas en las actitudes grupales (2008, p. 208). Para este autor, las ideologías:
[…] son marcos básicos de cognición social, son compartidas por miembros de grupos sociales, están constituidas por selecciones de valores socioculturales relevantes, y se organizan mediante esquemas ideológicos que representan la autodefinición de un grupo. Además de su función social de sostener los intereses de los grupos, las ideologías tienen la función cognitiva de organizar las representaciones (actitudes, conocimientos) sociales del grupo, y así monitorizar indirectamente las prácticas sociales grupales, y por lo tanto también el texto y el habla de sus miembros (2008, p. 208 [énfasis añadido]).
En una ideología, los valores proporcionan “la base de juicios sobre qué está bien o mal, qué correcto o incorrecto, y facilitan guías básicas para la percepción social y la interacción” (Van Dijk, 2008, p. 209). En consecuencia, la construcción básica de los bloques ideológicos son los valores socioculturales. Sin embargo, aunque algunos valores sean universales (como la igualdad, la justicia o la verdad), “también pueden ser culturalmente específicos y variables” (2008, p. 209). En función de su posición social y de sus objetivos particulares, cada grupo social realiza una selección de estos valores específicos y le asigna una jerarquía de relevancia (2008, p. 209).
Al referirse a las ideologías como sistemas cognitivos organizados (estructuras ideológicas), Van Dijk asevera que las que subrayan las relaciones de conflicto social, dominación y resistencia pueden organizarse mediante la polarización para definir lo que está dentro o fuera del grupo (2008, p. 209).
Esto puede manifestarse […] por el uso de los pronombres nosotros y ellos, pero también por los posesivos y demostrativos tales como nuestra gente y esa gente, respectivamente.
Así presumimos que el discurso ideológico es generalmente organizado por una estrategia general de auto-presentación positiva (alarde) y la presentación negativa del otro (detracción). Esta estrategia puede operar en todos los ámbitos, de tal manera, generalmente que se hace énfasis en nuestras cosas buenas y se desestiman nuestras cosas malas y se hace lo contrario con los Otros, cuyas cosas malas serán destacadas, y de quienes las cosas buenas se empequeñecerán, se esconderán o se olvidarán (Van Dijk, 2005, p. 20).
De acuerdo con este teórico holandés, “hay muchas maneras discursivas de reforzar o mitigar las cosas buenas/malas de nosotros/ellos, y de enmarcar ideológicamente el discurso” (Van Dijk, 2005, p. 21). Entre las estructuras del discurso referidas por Van Dijk, resultan de interés para este estudio: a) la estrategia global: presentación/acción positiva de “Nosotros”, presentación/acción negativa de “Ellos”; b) la elección del tema, y c) el léxico (2005, p. 22).
En el presente análisis, que tiene como base dos documentos oficiales del gobierno de José Antonio González Curi, resulta muy valiosa la teoría de Van Dijk acerca de la ideología política, en razón de que el mandatario campechano dio prioridad en sus políticas públicas al concepto ideológico-identitario de la campechanidad (el tema), para cuya definición se valió de un léxico muy específico (cualidades que denotan cómo debe ser el campechano y cómo no debe ser), y con el cual instituyó una diferencia grupal en la sociedad campechana entre un nosotros y un ellos (estrategia global). Toda esta estrategia discursiva, como se verá más adelante, resultaba conveniente para la legitimación del candidato oficialmente ganador en las elecciones y para intentar apaciguar los ánimos de los inconformes que se resistían a aceptar los resultados electorales.2
Elecciones y conflicto postelectoral en Campeche (1997-1998)
Se considera que las elecciones de 1997 representaron un parteaguas en la historia electoral del estado de Campeche, debido a que fueron las primeras en dirimirse “con un alto grado de competitividad en todos los niveles, definir al ganador de la gubernatura por un mínimo margen de victoria, dar cabida a un congreso plural y propiciar la primera alternancia municipal” (Martiñón, 2020, p. 129). Se podría decir que fue entonces cuando “la democracia arribó a este estado peninsular, prevaleciendo antes de ello un sub-régimen autoritario […] y un subsistema de partido hegemónico, los cuales bloquearon la emergencia de las fuerzas opositoras y mantenían a las elecciones funcionando como meros rituales de legitimación” (2020, p. 129).
El 6 de julio de 1997 se realizaron comicios en Campeche para elegir gobernador de la entidad. Se trató de la primera vez en la historia de este estado en que las elecciones se dirimieron entre seis candidaturas. Sin embargo, sólo dos candidatos tenían verdaderas posibilidades de ganar. Contendían, por un lado, José Antonio González Curi, alcalde de la capital y candidato del Partido Revolucionario Institucional (PRI), partido que siempre había ejercido la gubernatura estatal; por el otro, la hija del exgobernador Carlos Sansores, Layda Sansores Sanromán, senadora priista, quien había emigrado al Partido de la Revolución Democrática (PRD) con la extensa base clientelar de su padre.
Los resultados de estas elecciones, que ratificaron una vez más la hegemonía del PRI en la gubernatura del estado, fueron controversiales no sólo por la ligera ventaja que oficialmente obtuvo José Antonio González Curi sobre Layda Sansores Sanromán,3 sino también por las irregularidades detectadas por la oposición en todo el proceso electoral y, además, por haber dado origen a un movimiento de resistencia civil pacífica, inédito hasta entonces en el estado de Campeche. Sumado a ello, “casi la mitad del congreso estatal quedó en manos de la oposición y en los municipios la votación oficialista se derrumbó” (Martiñón, 2020, pp. 68-69).
Ante los primeros resultados preliminares del Instituto Electoral del Estado (IEE), que daban ventaja al candidato del PRI, cientos de perredistas y simpatizantes de la candidata iniciaron una marcha por las calles del centro histórico. Durante los siguientes meses, esta práctica de resistencia se convertiría en una de las principales estrategias de la oposición para expresar su inconformidad acerca de lo que consideraba un fraude electoral. González Curi, proclamado oficialmente vencedor por el IEE, insistía en la transparencia de las elecciones. El PRD, por su parte, interpuso ante el Tribunal Electoral del Estado (TEE) 15 juicios de inconformidad por 245 casillas (Cab, 2009, pp. 49-50), que este organismo declaró improcedentes el 1° de agosto.
El 11 de septiembre de 1997, luego de que el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación había rechazado las impugnaciones presentadas por el PRD estatal, la senadora Sansores y trescientos de sus seguidores intentaron acceder al Palacio de Gobierno. Como respuesta, los policías y personal antimotines que cercaban el recinto los dispersaron con agua a presión y golpes (Cab, 2009, p. 60).
El 16 de septiembre, un día después de la toma de protesta de González Curi en el Palacio de Gobierno, decenas de perredistas instalaron un campamento en la Plaza de la República, en el que permanecieron día y noche durante casi seis meses. El 19 de octubre, el gobierno logró desalojarlos a la fuerza, con un saldo de varias personas heridas y 36 detenidas (Cab, 2009, pp. 72-74). Sin embargo, días después se reinstalaría el campamento en el mismo espacio y ahí se mantuvo hasta el 3 de marzo de 1998.
La Plaza de la Democracia, comunidad cultural imaginada
No se debe desestimar, en el aspecto sociocultural, el valor simbólico de este campamento de resistencia civil que durante más de cinco meses existió como tal. La mayoría de los habitantes de este plantón pertenecía a estratos humildes y provenía de otros municipios y de comunidades rurales. Incluso se establecieron familias enteras con hijos pequeños. Entre las carpas y casas de campaña, sus integrantes realizaban actividades cotidianas, cocinaban, comían y pernoctaban. Comercializaban entre los peatones comida regional y otros productos que elaboraban (en una ocasión realizaron una feria del pan) para buscar medios alternativos de autofinanciamiento.
Con el paso de las semanas, más allá de la lucha postelectoral, el campamento se convirtió en un espacio público de promoción de arte y cultura no sólo para los propios integrantes de la protesta, sino para la sociedad en general. Se organizaron festivales de música, bailables, verbenas, concursos de belleza (por ejemplo, para elegir a “la reina de la resistencia civil”), se daban clases de canto, se ofrecieron funciones de cine (con filmes mexicanos de contenido social), se elaboró un carro alegórico, entre otras actividades.
Convivían, de modo abierto y sin mayor conflicto, personas de diversas creencias religiosas y de diferentes inclinaciones sexuales. Transformaron ese lugar, del cual se habían apoderado a la fuerza (la Plaza de la República y las inmediaciones del Palacio de Gobierno), en un espacio de libertad de expresión disponible para cualquier campechano; lo rebautizaron como la Plaza de la Democracia. Al cabo de todas las marchas casi diarias con las que se exigía la renuncia de González Curi, que partían del campamento para recorrer las calles 8 y 10 del centro histórico y que terminaban frente al Palacio de Gobierno, se celebraba:
[…] un mitin, que se transformó en una tribuna popular, pues cualquier ciudadano podía hablar de sus inconformidades, transmitir sus demandas y opiniones. Ni siquiera la represión del 19 de octubre frenó esta costumbre, ya que esta parte de la población la adoptó como una tradición y solo cesó cuando se decidió levantar el campamento. […] estos mítines concluían con un baile popular, en el cual se dejaba escuchar, a través de los equipos de sonido, la música de protesta y tropical que convertía el lugar en una auténtica fiesta (Cab, 2009, pp. 82-83).
Fernando Cab, en su libro La insurgencia. Resistencia civil en Campeche, 1997, afirma que la “pequeña comunidad” asentada en el centro de la ciudad capital representó a un “pueblo despierto” que se valió de la plaza como:
[…] un espacio idóneo para desahogar mediante los recursos de la burla y el insulto contra González Curi, los sentimientos de indignación y coraje en lo que fue una suerte de tribuna popular […]. La expresión de compañerismo mutuo se evidenciaba en el campamento en donde desaparecían las clases sociales internas para integrarse en una sola familia, unidos a favor del movimiento, lo que se reflejaba en las verbenas en las que cada miembro del campamento y la resistencia se organizaba hasta formar verdaderos festivales populares (2009, pp. 81-82).
Sin entrar en el examen acerca de si este movimiento de resistencia, único hasta entonces en la ciudad de Campeche, tuvo un origen genuino en el pueblo o si respondió en esencia a un financiamiento por parte de la senadora Layda Sansores y su familia, el interés de este artículo es subrayar la interacción que esta comunidad, establecida en el centro histórico, mantuvo con una sociedad civil que se enteraba de sus protestas y de las actividades artísticas y culturales que organizaba.
De acuerdo con Van Dijk, no sólo los grupos dominantes pueden tener ideologías que sirvan para legitimar su poder o para construir un consenso o el consentimiento a su dominación, sino que también “los grupos dominados y de oposición pueden tener una ideología que organice efectivamente las representaciones sociales que exigen la resistencia y el cambio” (1996, p. 20). En este sentido, aquella colectividad se constituyó, desde la perspectiva del grupo opositor en resistencia, en una espontánea aunque provisional comunidad imaginada (Anderson, 1993).
En contraparte y como reacción, pocos meses después se conformaría otra comunidad imaginada, desde la perspectiva del gobierno de José Antonio González Curi, a partir de una construcción identitaria centrada en una serie de valores que reforzaba el carácter pacífico del campechano.
La gran apuesta política durante el sexenio de González Curi: la campechanidad
Es notable el gran valor que la administración de José Antonio González Curi le atribuyó al ámbito cultural durante todo el sexenio4 y, en específico a partir de sus discursos oficiales, al concepto de campechanidad. Se debe advertir que a partir de 1998 su administración acuñó y difundió un término que, hasta ese entonces, no existía ni en el habla de los campechanos ni en los diccionarios. Se puede considerar, entonces, que el mandatario creó un neologismo, campechanidad.5
A continuación, se analizarán el Plan Estatal de Desarrollo 1997-2003 y el Primer Informe de Gobierno de González Curi para intentar reconstruir una definición de la campechanidad y reflexionar acerca de cómo este neologismo, de espontánea aceptación entre los campechanos, fue concebido como una sutil respuesta al movimiento de insurgencia política en Campeche coordinado por Layda Sansores.
El discurso oficial de la campechanidad durante el comienzo de la administración de José Antonio González Curi
A continuación, se analizarán dos documentos fundamentales del gobierno de González Curi para la comprensión tanto del origen y el significado del concepto de campechanidad como de la trascendencia que el mandatario otorgó a este constructo identitario entre las políticas públicas de su sexenio. Dichos documentos, como ya se mencionó, son el Plan Estatal de Desarrollo y el Primer Informe de Gobierno.
Plan Estatal de Desarrollo
Desde el Plan Estatal de Desarrollo 1997-2003, publicado en el Periódico Oficial del estado el 13 de marzo de 1998,6 ya se perfilaba la apuesta que el gobierno de González Curi haría, en el ámbito sociológico, a partir de la idiosincrasia de los campechanos. El propósito (literal en el discurso) era reforzar ciertos valores identitarios de los habitantes para, de esta manera, coadyuvar al progreso socioeconómico de todos los municipios del estado.
La estructura del Plan Estatal de Desarrollo se vertebra por cuatro grandes vertientes de acción: desarrollo político, desarrollo social, desarrollo económico y fortalecimiento de la campechanidad (Gobierno del Estado de Campeche, 1998, p. 6).
En la “Presentación” de dicho documento, el mandatario afirma que su administración “tendrá el firme empeño de combatir la pobreza extrema y disminuir la desigualdad que existe en la población; nuestro compromiso es conducir un Gobierno con rostro humano” (González Curi, 1998b, p. 8). Además de medidas económicas para acelerar el desarrollo del Estado, “contamos con la fortaleza de nuestra cultura, que nos une fraternalmente con el vínculo de la campechanidad y nos ofrece un destino de grandeza” (González Curi, 1998b, p. 9).7
El mismo apartado concluye con un marcado énfasis en la importancia que la identidad, la cultura y las tradiciones significan para que Campeche obtenga una “nueva grandeza” en el contexto de un “mundo de identidades confusas que emergen de la globalización”.
Es pertinente, con miras a un análisis crítico del discurso de este documento oficial, transcribir a continuación de forma íntegra seis de los últimos párrafos de esta “Presentación”:
En el transcurso de nuestra historia, hemos ido conformando una identidad singular, en la que convergen el temperamento alegre, el carácter franco, el espíritu generoso y la pasión por la vida, cualidades que nos definen como campechanos.
En la asimilación y el reconocimiento de lo que fuimos, somos y seremos, está el sentido de la campechanidad, la identidad, lo nuestro.
El Campeche de hoy es una sociedad cambiante, que se enriquece con las aportaciones de mexicanos venidos de regiones distintas, pero que comparten, sobre todo, un sentido patriótico que nos une y representa un lazo que debemos afianzar.
En la construcción de la nueva grandeza de Campeche, la cultura le da un sentido trascendente a nuestros esfuerzos, al dotarnos de una memoria colectiva que nos recuerda que nuestra fortaleza radica en los valores humanos y en nuestras tradiciones familiares y al proyectar nuestros anhelos hacia un mejor futuro, hacia el provenir que buscamos y merecemos.
Fortalecer nuestra campechanidad, más que un propósito de política cultural, es un imperativo vital que estamos empeñados en impulsar, para asegurarnos viabilidad como pueblo en un mundo de identidades confusas que emergen de la globalización.
El siglo XXI nos espera como una amenaza o como una promesa; vencer los riesgos o aprovechar las oportunidades requiere de una sólida identidad que sea la razón de todas nuestras fortalezas; esta identidad creativa solo puede otorgarla nuestra campechanidad (González Curi, 1998b, pp. 10-11).
La reiteración del tema de la campechanidad a lo largo de la “Presentación” es una muestra del gran valor que la administración de González Curi atribuyó en la planeación de sus políticas públicas a este constructo identitario. En este sentido, en el apartado 7 del Plan Estatal de Desarrollo, dedicado al “Fortalecimiento de la campechanidad”, se mencionan algunas características que pretenden definir este término:
En el transcurso de su historia, la gente de Campeche ha conformado una cultura singular, que es también un estilo de vida: la campechanidad. Esta es la exaltación de las cualidades emblemáticas de nuestro pueblo, como la franqueza, la generosidad, la alegría y la nobleza de espíritu.
La campechanidad es la afirmación orgullosa de lo que somos y la expresión vital de nuestra pasión por la vida (Gobierno del Estado de Campeche, 1998, p. 126).
En el subapartado “7.2. Objetivos” se pondera como primer propósito “Fortalecer la campechanidad como vínculo fraterno que nos une y nos da destino” (Gobierno del Estado de Campeche, 1998, p. 129). Asimismo, la preocupación por la promoción, de manera oficial y estratégica, de este concepto cultural en los ámbitos más trascendentales de la población se patentiza en “7.3. Estrategias y líneas de acción” (en específico en el inciso “7.3.2. Promoción y desarrollo cultural”):
Se implementará el mes de la campechanidad en agosto, en todos los municipios y en la ciudad capital del Estado, con diversas actividades y eventos con el apoyo de los tres órdenes de gobierno, las organizaciones no gubernamentales, las instituciones educativas y la sociedad civil (Gobierno del Estado de Campeche, 1998, p. 131).8
Como se puede notar, en este documento es muy clara la intención de construir una identidad sociocultural que, al menos en apariencia y en el nivel discursivo más superficial, contribuyera a homogeneizar a los campechanos (a pesar de que en el mismo discurso se afirma, de manera contradictoria, que el estado es “un mosaico de culturas”) y a unirlos para alcanzar “un destino de grandeza”.
Pero, más allá de la denotación del vocablo campechanidad en el Plan Estatal de Desarrollo, descrito como un elemento cultural básico para que la entidad alcance su “grandeza”, con base en el Primer Informe de Gobierno de González Curi es posible constatar que este término identitario se había diseñado, al inicio del sexenio, con un objetivo menos evidente y más inmediato: como una estrategia de cohesión, pacificación y reconciliación social en relación con el conflicto postelectoral.
Primer Informe de Gobierno de José Antonio González Curi
En el “Mensaje” inicial de su Primer Informe de Gobierno, González Curi alude a aquellos inconformes que, durante meses, rechazaron los resultados oficiales del Instituto Federal Electoral (IFE), que le daban a él la victoria electoral para la gubernatura de Campeche. Subraya su intención de lograr, pese a tal inconformidad, la unión entre todos los campechanos:
No guardo rencor hacia quienes han intentado, inútilmente, provocar el enfrentamiento y alterar, vanamente, el trabajo de los campechanos.
Los emisarios de la discordia, la corrupción y el cacicazgo, han sido derrotados por la buena fe y la inteligencia de los campechanos.
Cuantas veces pretendan generar divisiones, volverán a ser vencidos por la fuerza de la razón, la verdad y el bien.
Atrás ha quedado la contienda electoral y las pasiones que se derivan en la competencia.
Por mi parte, he olvidado ofensas y he procurado la conciliación.
He convocado y continuaré llamando al reencuentro fraterno, a la unidad constructiva de los campechanos.
He probado mi voluntad de ser un agente de cohesión social y un factor de la unidad política que necesita Campeche para progresar (González Curi, 1998a, p. 11).
Sin embargo, aclara que, en caso de que los adversarios insistan en romper la armonía, aplicará el peso de la ley:
El gobierno y la sociedad no pueden ser rehenes de los rencores y los odios entre adversarios, que no quieren el progreso ni contribuir a la armonía de la sociedad.
El gobierno del Estado tiene muy claro cuáles son sus facultades constitucionales y sus compromisos con el pueblo de Campeche.
Con responsabilidad y determinación haré cumplir las leyes (González Curi, 1998a, p. 17).
El llamado a la unión y a la reconciliación de la sociedad es un motivo recurrente en esta introducción al Informe. Al igual que en el Plan Estatal de Desarrollo, destaca que la educación y la cultura son elementos nodales para el logro de la armonía entre los campechanos y, consecuentemente, el progreso social:
Propuse que la educación sea un factor fundamental en el desarrollo irreversible de la Entidad y que generemos una nueva cultura ciudadana y política, basada en el respeto, la tolerancia, la armonía y el apoyo mutuo, generoso, entre los campechanos (González Curi, 1998a, p. 12).
De la misma manera que en el Plan Estatal de Desarrollo, subraya que su administración pretende alcanzar la “Nueva Grandeza del Estado”, aunque advierte que no será posible en un ambiente de discordia:
Tampoco se puede promover el bienestar en medio de la división entre hermanos. Porque, no hay porvenir donde existe enfrentamiento y odio.
No se avanza hacia una nueva grandeza si prevalecen, sobre la buena fe y la nobleza de espíritu, las mezquindades y la vieja mentalidad del divide y vencerás.
Nada trascendente y perdurable puede construirse donde hay discordia y están ausentes los valores y la esperanza.
No se alcanza la prosperidad si quienes la deben de protagonizar caen en el fatalismo y la apatía.
Tenemos que renovar todos los días nuestro ánimo y reafirmar la fe en nosotros mismos (González Curi, 1998a, p. 18).
Afirma que en esos primeros diez meses de gestión: “hemos alentado el fortalecimiento de la cultura y el deporte, y nuestra campechanidad” (González Curi, 1998a, p. 17). Entonces González Curi apela, de nuevo, a las características que debe poseer todo habitante de Campeche para que se pueda alcanzar la prosperidad colectiva:
Los campechanos, por fortuna, somos un pueblo con capacidad para tomar decisiones y actuar según nuestros valores.
Por tradición, los hombres y mujeres de la Entidad, son gente responsable, amante de sus hogares y de sus hijos, tenemos que vigorizar esas características que nos han dado fortaleza como pueblo.
Siendo optimistas, como debemos ser los campechanos; teniendo seguridad en nosotros mismos, en lo que estamos haciendo y en el resultado del proyecto, podemos hacer realidad la transformación del Estado (González Curi, 1998a, p. 19).
Concluye el “Mensaje” con una reiteración: la necesaria “unión” de los campechanos en un entorno de “paz” (sin “enemigos”) como una condición para lograr la “Nueva Grandeza de Campeche”:
Para alcanzar el bienestar colectivo, los campechanos tenemos que unirnos alrededor de un proyecto común: transformar el Estado.
Para avanzar hacia un Campeche renovado, como el que merecen nuestros hijos, se requiere unidad; que por encima de las aspiraciones personales coloquemos, todos, el interés superior del Estado.
Entremos al nuevo milenio con certidumbre en nuestro proyecto de Estado; con optimismo en la prosperidad que podemos alcanzar unidos; con la esperanza renovada en la Nueva Grandeza de Campeche (González Curi, 1998a, p. 21).
En uno de los apartados del documento, titulado “Educación, cultura y deporte”, el mandatario informa que en febrero de 1998 se instaló el Comité de Planeación para el Desarrollo del Estado de Campeche (COPLADECAM), el cual se integró por catorce subcomités sectoriales y cuatro subcomités especiales, entre ellos el de Cultura y Fortalecimiento de la Campechanidad.
Junto con el esfuerzo para modernizar la educación, hemos dedicado especial atención a rescatar, fomentar y proteger la cultura en sus variadas manifestaciones; nuestra campechanidad expresa su orgullo a través de la música, las fiestas regionales, el arte, las tradiciones, que son valores que nos identifican, nos unen y nos fortalecen. La campechanidad es la exaltación de las cualidades emblemáticas de nuestro pueblo: franqueza, generosidad, alegría y nobleza de espíritu; es la orgullosa afirmación de lo que somos, y la expresión de nuestra pasión por la vida (González Curi, 1998a, p. 187).
A continuación, persiste en la descripción de las cualidades que deben poseer los habitantes de esa región, las cuales enuncia (aglutinadas con un objetivo centrado en la praxis y en el optimismo) como un estilo de vida de larga tradición en la entidad:
En el transcurso de 457 años, la gente de Campeche ha conformado una cultura singular, que es, también, un estilo de vida.
Existe, indudablemente, una visión campechana del mundo, que lo mira como territorio de esperanza.
Hay una manera campechana de encarar los retos de la existencia, afrontándolos con optimismo.
Todas estas actitudes, cualidades y valores que animan a nuestra gente, se articulan para construir la digna identidad de nuestro noble pueblo: la campechanidad (González Curi, 1998a, p. 188 [énfasis añadido]).
En el último párrafo, el gobernador hace referencia de manera literal a la “construcción identitaria” de la campechanidad. Algunas interpretaciones al respecto, que interesan para el tema de estudio, serán analizadas en el siguiente apartado.
Interpretaciones: el discurso oficial de la campechanidad como estrategia ideológica de cohesión social
Al revisar con atención el Plan Estatal de Desarrollo y el Primer Informe de Gobierno de González Curi, se constata que durante 1998 su administración se propuso legitimar y transmitir un concepto identitario que, en esa coyuntura, le convenía a la clase gobernante. Este concepto (la campechanidad) no fue inventado de la nada; deriva de una tradición proveniente desde inicios del siglo XIX.9
De entre los rasgos y valores que a partir de la escisión de Campeche y Yucatán (a inicios del siglo XIX) se empezaron a enarbolar como propios de lo campechano (porteño, laborioso, ilustrado, pacífico, liberal) (cfr. Rodríguez Herrera, 2020; Sarmiento, 2012; Cab, 2017), se retomó y potencializó el carácter pacífico como una característica esencial de los habitantes de esa región.10 Este propósito se observa con claridad en el “Mensaje” inicial del Primer Informe de Gobierno, en el que González Curi inserta y comenta tres estrofas del Himno campechano que aluden a un Campeche pacífico a lo largo de su historia (1998a, pp. 19-20).
En ambos discursos oficiales se enfatiza con persistencia el temperamento fraterno y armonioso del habitante de dicha entidad. Sin ninguna dificultad, es posible reconstruir una definición oficial de la campechanidad a partir de dichos discursos políticos: la campechanidad es una cultura singular, un estilo de vida, que se manifiesta por la exaltación de las cualidades emblemáticas del pueblo campechano: la nobleza de espíritu, el temperamento alegre, el carácter franco, el espíritu generoso, la pasión por la vida, la responsabilidad, el optimismo y el amor por sus hogares e hijos.11
Esta definición identitaria de lo campechano, integrada por cualidades similares que convergen en la construcción imaginaria de un ser humano bueno, optimista y amoroso, contrasta notoriamente con los sujetos que en los documentos oficiales aquí analizados son descritos como enemigos, generadores de discordia y odio. ¿Y quiénes son estos últimos sujetos? Desde la perspectiva del análisis crítico del discurso, se puede determinar que son aquellos que se manifestaron (y actuaron) en contra de los resultados de las elecciones locales de 1997. En el “Mensaje” del Primer Informe de Gobierno, González Curi afirma: “Los emisarios de la discordia, la corrupción y el cacicazgo, han sido derrotados por la buena fe y la inteligencia de los campechanos” (1998a, p. 11).Más adelante, los llama “adversarios” (1998a, p. 17) que mantienen rencores y odios, y “mezquinos” (1998a, p. 18) que dividen a sus hermanos.
Se puede interpretar, en consecuencia, que ante el conflicto postelectoral que se extendió por varios meses y que puso en riesgo la estabilidad social del estado de Campeche, el gobierno optó por echar a andar una estrategia ideológica. Utilizando términos de Teun van Dijk, el gobierno realizó una “selección de valores socioculturales relevantes” (2008, p. 208), que organizó mediante un esquema ideológico que representó “la autodefinición de un grupo” (2008, p. 208), en este caso, el grupo de los que deben considerarse campechanos.
Los valores elegidos (la mayoría de ellos contemplados en la definición de la campechanidad) proporcionaron “la base de juicios” acerca de cuáles actitudes o conductas estaban bien o mal y sirvieron como “guías básicas para la percepción social y la interacción” de dicho grupo (Van Dijk, 2008, p. 209). Como subraya el teórico neerlandés, en ocasiones los valores socioculturales seleccionados por quienes ejercen el poder no son universales (como la igualdad, la justicia, la verdad…), sino que pueden ser culturalmente específicos (2008, p. 209), como es el caso de la campechanidad, ya que para su (re)construcción identitaria se recurrió a uno de los rasgos de larga tradición en los discursos oficiales: el carácter pacífico. Dicho rasgo se complementó y fortaleció con otros valores y actitudes comunes en el desempeño de una persona tranquila: franqueza, optimismo, generosidad, responsabilidad, etcétera.
De acuerdo con Van Dijk, las ideologías que subrayan las relaciones de conflicto social, dominación y resistencia pueden organizarse mediante la polarización para definir lo que está dentro o fuera del grupo (2008, p. 209). “Así, presumimos que el discurso ideológico es generalmente organizado por una estrategia general de auto-presentación positiva (alarde) y la presentación negativa del otro (detracción)” (Van Dijk, 2005, p. 20).
En los Cuadros 1 y 2 se puede apreciar con mayor claridad esta polarización entre las cualidades expresadas en la definición de la campechanidad, que enuncian cómo deben ser los campechanos (los que están dentro del grupo), y las adjetivaciones usadas en el discurso oficial para referirse a los inconformes con los resultados electorales (los que están fuera del grupo).
Cuadro 1 Cualidades de la campechanidad y su connotación contextual
| Cualidades de la campechanidad |
Definición denotativa12 13 | Connotación contextual de lo campechano |
|---|---|---|
| Noble | Que actúa de buena fe, con generosidad y lealtad, que es generoso, fiel o leal, o que es propio de la persona que se comporta así. | El campechano es bueno y leal |
| Alegre | Que siente o provoca alegría. | El campechano es feliz y transmite felicidad. |
| Franco | Que es sincero en su actitud, en su carácter y no oculta o disfraza nada. | El campechano es sincero, no oculta nada. |
| Generoso | Que se comporta con nobleza, buenas intenciones y aprecio por los demás. Que comparte lo que tiene con desprendimiento y compasión. | El campechano es bueno y ayuda a los demás. |
| Apasionado por la vida |
Apasionado: sentir una afición muy profunda y entusiasta por algo o por alguien. Darse por completo a alguna actividad. | El campechano siente intensidad por la vida. |
| Responsable | Responsabilidad: condición de la persona que, en situación de libertad, se hace sujeto de obligación en lo que respecta al valor moral de los actos que realiza y puede dar cuenta de ellos. | El campechano actúa con moralidad y responde por sus actos. |
| Optimista | Que tiende a considerar o a apreciar las cosas por su aspecto más favorable, o supone que son o serán lo mejor posible. Que tiene confianza en el buen resultado de una empresa, en la bondad de alguien. | El campechano sólo aprecia el aspecto más favorable de las cosas y tiene confianza en la bondad de las personas. |
| Amoroso con su hogar e hijos/ hogareño |
Amoroso: que muestra amor y ternura. Hogareño: que es amante de su hogar y de su familia. | El campechano ama a su familia y permanece en su casa. |
Fuente: elaboración propia.
Cuadro 2 Cualidades de los inconformes y su connotación contextual en relación con lo campechano
| Cualidades de los inconformes |
Definición denotativa | Connotación contextual en relación con lo campechano |
|---|---|---|
| Mezquino | Que carece de nobleza, generosidad y dignidad; que resulta miserable por tener sentimientos bajos o buscar en todo momento su provecho. | El campechano no es miserable. |
| Que odia | Odio: sentimiento profundo y violento de rechazo, intolerancia y hostilidad que se experimenta hacia algo o hacia alguien al que se considera enemigo, el causante de graves daños o extremadamente desagradable. | El campechano no es intolerante ni agresivo. |
| Adversario | En relación con algo, con alguien o con algún animal, otro que se le opone, que lucha contra él, que quiere vencerlo o conseguir exclusivamente para sí lo mismo que aquél. | El campechano no es egoísta ni tiene enemigos. |
| Fatalista | Que pertenece al fatalismo, se relaciona con él o es partidario de esa doctrina. Fatalismo: doctrina o actitud que sostiene que el curso de los acontecimientos está determinado por una fuerza independiente de la voluntad y de la acción humana. | El campechano no es derrotista ni piensa de manera negativa. |
| Apático | Que no siente interés o entusiasmo por las cosas. | El campechano no es indiferente ni actúa con desgana. |
| Rencoroso | Que guarda o siente rencor hacia alguien o por algo. Rencor: resentimiento duradero hacia alguien motivado por alguna ofensa o daño recibido. | El campechano no es un resentido. |
| Discordante | Que discuerda, que se encuentra en discordancia con algo o alguien o que carece de acuerdo o armonía. | El campechano no discute ni pelea, no es antidemocrático. |
| Corrupto | Que ha dejado de guiarse por la virtud y la moral. | El campechano no es malo ni inmoral. |
| Cacicazgo/cacique14 | Cacicazgo: forma de dominio político, económico y territorial en que un individuo o una familia, mediante el cultivo de sobornos, cohechos y amenazas va extendiendo su poder sobre otros, fuera de la ley o contra ésta. Cacique: persona que concentra el poder de decisión sobre un grupo o algún asunto. | El campechano no es delincuente ni ejerce dominio sobre los demás. |
Fuente: elaboración propia.
Teun van Dijk afirma que, en virtud de que las ideologías son estructuras basadas en categorías de grupo-esquema, se puede esperar que los significados del discurso bajo la influencia de tales ideologías contendrán información específica que responda a las siguientes preguntas: ¿quiénes somos nosotros?, ¿quiénes no pertenecen a nosotros?, ¿qué hacemos nosotros?, ¿cuáles son nuestras actividades?, ¿qué se espera de nosotros?, ¿cuáles son las metas de estas actividades?, ¿qué normas y valores respetamos en tales actividades?, ¿con qué grupos estamos relacionados: quiénes son nuestros amigos y quiénes nuestros enemigos? (Van Dijk, 1996, p. 28).
A partir del discurso ideológico del gobernador González Curi, dichas preguntas pueden responderse de la siguiente forma: ¿Quiénes somos nosotros? Nosotros somos campechanos. ¿Quiénes no pertenecen a nosotros? Ellos, los no-campechanos. ¿Qué hacemos nosotros? Vivimos en concordancia con los valores de nuestro grupo, que en conjunto constituyen nuestro estilo de vida, el cual posee una larga tradición en Campeche. ¿Cuáles son nuestras actividades? Vivir con optimismo y armonía. ¿Qué se espera de nosotros? Estar unidos, ser hogareños y vivir con optimismo. ¿Cuáles son las metas de estas actividades? Contribuir, unidos, a alcanzar el progreso y la nueva grandeza de Campeche. ¿Qué normas y valores respetamos en tales actividades? La nobleza, la alegría, la franqueza, la generosidad, la pasión por la vida, la responsabilidad, el optimismo y el amor por nuestros hogares e hijos. ¿Con qué grupos estamos relacionados: quiénes son nuestros amigos y quiénes nuestros enemigos? Nuestros amigos son aquellos que respetan los valores de la campechanidad; nuestros enemigos son quienes practican valores opuestos.
Como se mencionó al inicio de este artículo, hay muchas maneras discursivas de reforzar o mitigar las cosas buenas/malas de nosotros/ellos y de enmarcar ideológicamente el discurso. La estrategia que acabamos de describir es designada por Van Dijk como la estrategia global: presentación/acción positiva de nosotros, presentación/acción negativa de ellos.
Otros dos recursos vinculados a esta estrategia global son la elección del léxico y la presentación del tema (Van Dijk, 2005, p. 22). En cuanto a la primera, se localiza de manera evidente en los adjetivos elegidos para componer la definición de la campechanidad, así como en los adjetivos usados por el mandatario para referirse a los adversarios (véanse los Cuadros 1 y 2).
Asimismo, en la selección del léxico destaca sobremanera el uso reiterado del término optimista/optimismo, en oposición a fatalismo. Este último, aunque se menciona pocas veces, cobra un efecto significativo por contraste semántico: “Nada trascendente y perdurable puede construirse donde hay discordia y están ausentes los valores y la esperanza. No se alcanza la prosperidad si quienes la deben de protagonizar caen en el fatalismo y la apatía” (González Curi, 1998a, p. 18).
Desde la perspectiva del análisis crítico del discurso, se infiere que tal contraste semántico (optimistas/pesimistas), reiterado en el discurso oficial, fue diseñado como una reacción a la postura política que un grupo de ciudadanos adoptó ante los resultados electorales de 1997. Por un lado, se encontraban aquellos que confiaban en que se llevaron a cabo unas elecciones limpias y que el candidato triunfador gobernaría de la mejor manera: los optimistas. Por el otro, se hallaban quienes desconfiaban de la honestidad de los resultados electorales, consideraban que ganó otra candidata y exigían, a través de un movimiento de resistencia, la anulación de las elecciones: los pesimistas.
La utilización de este léxico en el discurso ideológico del mandatario, en consecuencia, puede interpretarse como un llamado a que los campechanos aceptaran con alegría y esperanza los resultados de la elección y permanecieran en sus hogares. Por el contrario, se exhortaba a los inconformes (a los no campechanos) a que abandonaran la calle (sus manifestaciones), cesaran en su afán de alterar el orden social, se despojaran de la desgana y confiaran en el nuevo gobierno:
No guardo rencor hacia quienes han intentado, inútilmente, provocar el enfrentamiento y alterar, vanamente, el trabajo de los campechanos […].
Atrás ha quedado la contienda electoral, y las pasiones que se derivan en la competencia.
Por mi parte, he olvidado ofensas y he procurado la conciliación.
He convocado y continuaré llamando al reencuentro fraterno, a la unidad constructiva de los campechanos.
He probado mi voluntad de ser un agente de cohesión social y un factor de la unidad política que necesita Campeche para progresar (González Curi, 1998a, p. 11)
En cuanto a la segunda estrategia, el tema, ya se destacó el hecho de que el fortalecimiento de la campechanidad fue uno de los cuatro ejes esenciales que vertebraron el Plan Estatal de Desarrollo y que se convirtió en parte integral de las políticas públicas del sexenio, en especial en el ámbito cultural-educativo. El tema de la campechanidad gozó de amplia difusión a través los medios de comunicación y se infiltró en las conversaciones cotidianas de los campechanos. Ejemplos de este arduo trabajo de difusión identitaria son los festivales artísticos y desfiles culturales en espacios públicos que se fomentaron, y que todavía se mantienen vigentes.15 De igual manera, cuando se alude al calendario escolar del estado, aún hoy en día se nombra octubre como el Mes de la Campechanidad.
Si bien es cierto que, al comienzo del sexenio de González Curi, la intención de la construcción ideológica de la campechanidad respondió a un contexto político específico y que el trabajo de fortalecimiento de dicho constructo identitario entre la población se realizó con mucho énfasis desde el Plan Estatal de Desarrollo, también es cierto que los gobernantes posteriores ya no consideraron el rescate de valores identitarios como una prioridad en sus políticas públicas al grado en el que lo hizo quien gobernó la entidad entre 1997 y 2003. Sin embargo, el Programa de Fortalecimiento de la Campechanidad continúa vigente en los planteles de educación básica de la entidad. También se siguen llevando a cabo el Festival del Centro Histórico y desfiles como el del día de la campechanía, la vaquería y la algarabía campechana.16
No obstante, se debe subrayar que en los festivales escolares, los desfiles y las actividades artísticas que se siguen realizando no se promueven en específico los valores que integran la definición de la campechanidad que se han analizado en este artículo. Aunque pervive una idea general, entre la propia población y fuera de ella, de que el campechano es pacífico, en estas actividades culturales se difunde y se fortalece un imaginario integrado por leyendas (muchas de ellas vinculadas al pasado de las comunidades mayas) y alusiones al pasado colonial (la catedral, las murallas, los ataques piratas), adicionadas con música tradicional, muestras gastronómicas, bailables con trajes típicos, entre otros.
Más que valores sociales, como en el caso de la campechanidad impulsada por González Curi, en estos eventos y prácticas se divulgan episodios costumbristas de raigambre prehispánica y, sobre todo, novohispana, que, dicho sea de paso, todavía no han sido debidamente estudiados en lo relativo al significado y repercusiones en la idiosincrasia de los habitantes de esta región conformada por un “mosaico de culturas” distintas, como el propio mandatario lo reconoció al inicio de su administración.
Conclusiones
En 1997 se suscitó en Campeche un conflicto postelectoral, inédito en la entidad, que dio lugar a un movimiento de resistencia civil por parte de un grupo de inconformes con los resultados de la antecedente votación para la gubernatura. Una provisional comunidad imaginada, de ciudadanos descontentos, que se apoderó del centro de la capital del estado de Campeche entre julio de 1997 y marzo de 1998, motivó el diseño de una construcción identitaria que fue implantada entre las políticas públicas más importantes de ese sexenio.
Ante el creciente descontento social, la administración de José Antonio González Curi optó por el fortalecimiento de la identidad del campechano, para recordarles a los ciudadanos que a lo largo de su historia el habitante de dicha región ha sido un ser humano pacífico. Con el propósito de ejercer un sutil control cohesivo en la sociedad, esa administración apostó por invertir en un vasto programa cultural regido por una construcción identitaria que se valía de ciertos valores (sociológicos, morales, familiares e históricos), que convenía a los intereses de la clase gobernante, principalmente la legitimación de los resultados electorales y la certidumbre de la estabilidad social a lo largo del sexenio.
Con base en la teoría de la ideología de Teun Van Dijk, a lo largo de este artículo se analizan dos documentos de la administración del gobernador González Curi (1997-2003): el Plan Estatal de Desarrollo 1997-2003 (Gobierno del Estado de Campeche, 1998) y el Primer Informe de Gobierno (González Curi, 1998a). Como resultado, se comprueba que la definición identitaria de lo campechano promovida desde ambos documentos oficiales se encuentra integrada por cualidades similares que convergen en la construcción imaginaria de un ser humano bueno y pacífico. Esta imagen de un “campechano ideal” (re)construida a partir de las cualidades que el gobierno atribuyó a la “campechanidad” (vocablo inventado en el discurso oficial de González Curi) alude a un ciudadano optimista, noble, generoso, alegre, hogareño, responsable, buen padre y apasionado por la vida.
Se concluye, por lo tanto, que ante el conflicto postelectoral que se extendió durante ocho meses y que puso en riesgo la estabilidad social del estado de Campeche, el gobierno optó por echar a andar una estrategia ideológica identitaria que permearía tanto en la esfera sociocultural como en la educativa. En términos del análisis crítico del discurso, el gobierno realizó una “selección de valores socioculturales relevantes”, que organizó mediante un esquema ideológico que representó “la autodefinición de un grupo”, en este caso, el grupo de los que deben considerarse campechanos (es decir, aquellos que ejercen la campechanidad). Los valores elegidos (la mayor parte de ellos contemplados en la propia definición de la campechanidad) proporcionaron “la base de juicios” acerca de cuáles actitudes o conductas estaban bien o mal, y sirvieron como “guías básicas para la percepción social y la interacción” de dicho grupo.
De la autodefinición de grupo de los que ejercen la campechanidad se derivó por oposición al grupo de quienes en el contexto sociopolítico de ese momento asumían y actuaban guiados por valores contrarios (esto es, aquellos que ejercían los valores de lo no-campechano). Estos ciudadanos inconformes con los resultados electorales de 1997, que habían tomado plazas y calles para expresar su resistencia, son descritos en ambos documentos oficiales como adversarios fatalistas, mezquinos y egoístas, promotores del odio, la discordia y la división entre sus hermanos.
El ámbito en el que el concepto de la campechanidad arraigó de forma más clara fue el educativo, debido a la invención e instauración del Mes de la Campechanidad, guiado por un documento oficial programático que aseguró la ejecución anual de éste en todas las escuelas del nivel de educación básica en la entidad. A pesar de que hoy en día, de forma obligatoria, se continúan realizando (con desigual entusiasmo entre los padres de familia) una serie de actividades artísticas y culturales en los planteles educativos alrededor de la idea de la campechanidad, lo cierto es que la esencia de los atributos que originalmente se pretendían fortalecer (la nobleza, la generosidad, la responsabilidad, el optimismo, la pasión por la vida, la actitud amorosa y hogareña) se ha disipado bajo la predominancia de un heterogéneo e indefinido imaginario colectivo relacionado con elementos histórico-simbólicos (la catedral, las murallas, los piratas, el pasado colonial heroico, tradiciones mayas, coloniales y decimonónicas, etcétera).
Este imaginario identitario, hay que recalcarlo, aún no ha sido estudiado apropiadamente por especialistas. Asimismo, el tema de la campechanidad, como construcción identitaria local, está pendiente de ser analizado desde otros campos como el folclore, la literatura, el turismo, las redes sociales, la historia que se imparte en las escuelas de educación básica, entre otros.
No obstante, mediante el análisis crítico del discurso de dos documentos oficiales del gobierno de Campeche, ha sido posible explicar el origen de la construcción identitaria de la campechanidad como una estrategia ideológica de cohesión social, en un contexto de intranquilidad sociopolítica ocasionada por el conflicto postelectoral de 1997.










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