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Latinoamérica. Revista de estudios Latinoamericanos

versión On-line ISSN 2448-6914versión impresa ISSN 1665-8574

Latinoamérica  no.81 Ciudad de México jul./dic. 2025  Epub 27-Oct-2025

https://doi.org/10.22201/cialc.24486914e.2025.81.57794 

Reseñas

Ruiz Sotelo, Mario. La razón de América Latina: La filosofía política de la Ilustración latinoamericana. Ciudad de México: UNAM/Ediciones del Libro, 2023.

Ruiz Sotelo, Mario. La razón de América Latina: La filosofía política de la Ilustración latinoamericana. Ciudad de México: UNAM, Ediciones del Libro, 2023.


La razón de América Latina. La filosofía política de la Ilustración latinoamericana es el segundo libro de Mario Ruiz Sotelo, en el que ofrece un análisis exhaustivo sobre el nacimiento y el desarrollo del pensamiento filosófico-político de la Ilustración en América Latina. En este sentido, la obra puede considerarse una continuación y profundización de su trabajo anterior, Crítica de la razón imperial. La filosofía política de Bartolomé de las Casas (Ciudad de México: Siglo XXI, 2010). Lejos de ser una mera adaptación de las ideas europeas a otro contexto geográfico, la Ilustración latinoamericana se presenta como un movimiento autónomo, definido principalmente por su postura crítica y contestataria frente a la Ilustración europea. Bajo esta hipótesis de lectura, el autor desgrana una constelación rica en ideas, interrogantes e interpelaciones, a partir de una serie de voces destacadas de los siglos XVI, XVII y XVIII. Estas incluyen, además de españoles residentes en América, a criollos, mestizos, indígenas y afrodescendientes. A través de estas perspectivas, Ruiz Sotelo expone el desarrollo de lo que denomina una «

contra-Ilustración europea

» o, en otras palabras, la “

razón de América Latina

”.

La tesis principal del libro sostiene que América Latina tuvo su propia Ilustración, entendida como el despliegue de una razón alternativa, i. e., una razón distinta a la europea, y que por ello no constituyen su continuidad o imitación, ni su calco o copia, sino que se erige de un modo singular caracterizado por su crítica, resistencia y confrontación con el iluminismo del Viejo Mundo. Según esta tesis, la Ilustración latinoamericana no puede ni debe entenderse como una mera prolongación de la Ilustración europea, sino como un movimiento complejo cuya originalidad reside en su capacidad para cuestionarla. Por ello, el objetivo medular de Ruiz Sotelo no es revisar los rastros que la Ilustración europea haya dejado en el continente, sino evidenciar el carácter latinoamericano de la Ilustración desplegada en el “Nuevo Mundo”. Frente a posiciones comúnmente aceptadas respecto de la universalidad de la Ilustración europea, el autor defiende una tesis sugerente al demostrar que la Ilustración latinoamericana se desarrolló en paralelo como una contra-Ilustración europea. Con sólidos argumentos, Ruiz Sotelo rebate la idea de que la modernidad -y, en particular, la Ilustración- surgió como un fenómeno de autorreferencia exclusivamente europeo. Mediante un riguroso esfuerzo teórico, muestra la relevancia que tuvo la incidencia de América en este proceso, apoyándose en figuras representativas del humanismo americano de los siglos XVI y XVII, así como en la Ilustración latinoamericana del siglo XVIII.

La filosofía de la liberación, formulada por Enrique Dussel, constituye el marco teórico en el que se inscribe el análisis filosófico de Ruiz Sotelo, cuyo libro cuenta con un prólogo del propio Dussel. Esto se hace evidente en el empleo de las categorías y del método propio de esta corriente filosófica, así como por las interpretaciones que el autor elabora a lo largo del libro. El resultado es una lectura que ofrece una nueva perspectiva sobre el tema. En este sentido, el autor concibe la Ilustración americana como aquella formulada desde un locus enuntiationis propio, la alteridad latinoamericana y afrocaribeña frente a Europa, y, en consecuencia, como una trans-ontología, i. e., como la afirmación de América como un “

más allá

” o exterioridad negada por la filosofía ilustrada europea; en definitiva, como una “

analéctica ilustrada

” que posibilita una concepción distinta de lo antropológico, lo histórico y lo político.

El libro se compone de dos partes. La primera, titulada “Genealogía de la Ilustración latinoamericana”, consta de tres capítulos destinados a comprender el origen de una contra-Ilustración americana como reverso de la Ilustración europea. Así, la primera tarea que emprende su autor es reconstruir el proceso necesario para explicarla, principalmente a través de dos elementos clave. Por un lado, se analiza críticamente la razón imperial europea como un proceder argumentativo que legitima la dominación de los pueblos indoamericanos mediante la construcción discursiva de una realidad que perpetúa el orden colonial. Por otro, se plantea que la Ilustración europea fundamentó su concepción de América a partir de la visión desarrollada por el humanismo del siglo XVI, lo que permite comprenderla como la culminación de ese humanismo, articulado desde la conquista y la colonización. De este modo, Renacimiento e Ilustración constituyen un continuum cuyo fundamento radica en la praxis de la razón imperial.

Por ello, Ruiz Sotelo analiza, en primer lugar, el papel de las bulas papales, el Tratado de Tordesillas, el nominalismo escolástico y el absolutismo en la legitimación de esta razón imperial. Sin embargo, se centra especialmente en la fundamentación filosófica de la conquista y el dominio sobre los indígenas y los territorios invadidos desde 1492, mediante las obras de autores como John Mair, Juan Ginés de Sepúlveda y Francisco de Vitoria. Al mismo tiempo, explora cómo, a partir del siglo XVI, comenzó a gestarse una filosofía política americana en respuesta crítica a la razón imperial europea. Esta crítica fue desarrollada magistralmente por Bartolomé de las Casas, figura clave del humanismo americano; pero también por otros autores del movimiento como Alonso de la Vera Cruz. A través de las discusiones del humanismo americano, Ruiz Sotelo rescata el papel central de América en la construcción de la filosofía política moderna y rastrea los fundamentos de la filosofía crítica de América Latina.

Luego, el autor pone en evidencia que América estuvo presente en las fuentes que nutrieron el pensamiento ilustrado europeo del siglo XVIII. Figuras notorias de los siglos XVI y XVII, como William Shakespeare, Thomas Hobbes y Miguel de Cervantes Saavedra, contribuyeron a construir una imagen del continente que la Ilustración empleó para definir su propia visión. En contraposición a la tesis del desarrollo autónomo de la concepción europea de la política, Ruiz Sotelo muestra que esta se configura en relación con lo americano, ontológicamente concebido como inferior a lo europeo. En el ámbito hispanoamericano, resalta el impacto de la filosofía política de Francisco Suárez, quien reflexionó sobre la soberanía popular, el pacto y el derecho a la rebelión. Asimismo, examina el desarrollo de una tradición filosófica de carácter eclesiástico-latinoamericano, en la que destaca a Juan de Torquemada como exponente del pensamiento hispanoamericano del siglo XVII y al humanismo jesuita como manifestación de la modernidad dentro de la Iglesia católica.

El tercer capítulo, el más extenso de la primera parte, desarrolla una tesis central del libro de Ruiz Sotelo sobre la fundamentación filosófica de la Ilustración europea, según la cual esta no puede explicarse exclusivamente a partir de factores internos, sino que requirió de América para su consolidación. El autor destaca la profunda transformación que implicó la reforma borbónica y el desarrollo del absolutismo ilustrado en el contexto de los territorios hispanoamericanos. También se aborda el carácter totalitario de la Ilustración al demostrar que su carácter colonial es un componente constitutivo. Autores como John Locke, Montesquieu, Jean-Jacques Rousseau, Immanuel Kant y Hegel, quienes cimentaron la base teórica de la razón imperial durante la Ilustración europea, sustentan sus tesis incorporando su concepción de lo americano. Según el autor, América está presente en todas estas formulaciones, pues constituye la base sobre la que se articulan sus propias concepciones filosóficas de lo político. En consecuencia, lo americano se erige como el fundamento ontológico de la representación que la Ilustración europea construyó de sí misma. Ruiz Sotelo desbarata así las tesis habituales respecto del pretendido carácter liberador y revolucionario de la Ilustración europea, donde una serie de ideas pseudo-filosóficas son interpretadas como instrumentos de legitimación del ejercicio de la dominación europea sobre Indoamérica. Entre ellos se encuentran, v. gr., la afirmación de que América y sus habitantes poseen una condición inferior en comparación con Europa y sus ciudadanos; la noción del “buen salvaje”, que alude a la supuesta pureza natural del nativo de América; el condicionamiento climático como determinación ineludible de la naturaleza del continente americano y la consecuente inferioridad de sus habitantes; la clasificación racial que distingue “humanos inferiores” de «humanos superiores» a partir de fenotipos como el color de la piel, designando a los blancos o europeos como los portadores del plan civilizador de la historia universal; y finalmente, la supuesta impotencia física y espiritual de los nativos americanos, quienes se ven superados por el devenir del espíritu absoluto.

La segunda parte, titulada Desarrollo y particularidades de la Ilustración latinoamericana, está compuesta por cinco capítulos. Es la parte más extensa del libro y tiene como propósito demostrar la originalidad del pensamiento político crítico de la Ilustración latinoamericana, desarrollado a lo largo del siglo XVIII. En primer lugar, Ruiz Sotelo presenta la discusión articulada en torno a dos cuestiones. Por un lado, el colonialismo como eje vertebrador de su interpretación de la filosofía política moderna; y por otro, las corrientes que se despliegan, según su lectura, dentro de la Ilustración latinoamericana. En efecto, el colonialismo opera como un término medio que permite reconocer la presencia y el desarrollo tanto de una Ilustración europea como de una latinoamericana. Esta última se configura con características propias y se estructura en torno a las siguientes corrientes filosóficas, que el autor identifica y describe con precisión: Ilustración eurocriolla, Ilustración indocriolla, Ilustración indoamericana e Ilustración afrocaribeña. En cada una de ellas, examina la especificidad de la Ilustración latinoamericana a través de aportes en los campos de la antropología filosófica, la filosofía de la historia y la filosofía política. A continuación, se señalan las características centrales de cada una de ellas en una síntesis concisa.

La corriente de la Ilustración eurocriolla es la desarrollada por los criollos de filiación hispanoamericana -i. e., tanto criollos como españoles- quienes se concebían a sí mismos como herederos de los conquistadores. Esta corriente buscaba adaptar los principios de la Ilustración europea a la realidad americana y utilizarlos como instrumento de dominación. Entre sus principales representantes se encuentran Antonio Joaquín de Rivadeneira y Barrientes, Juan Pablo Viscardo y Guzmán y Juan Antonio Ahumada. Una tesis antropológica de la Ilustración europea afirmaba la inferioridad sustancial e irreductible de todos los nacidos en el continente americano. Frente a esta tesis, los criollos reaccionaron revalorizando su estirpe europea mediante la noción de “

limpieza o pureza de sangre

”. Con ello, buscaban ser preferidos sobre los nativos españoles y la reivindicación de su legitimidad histórica para el ejercicio de la política en América. Así, en términos de filosofía política y en consonancia con lo anterior, los criollos buscaron ser reconocidos como ciudadanos españoles plenos y a partir de ello, demandaron al Rey de España el control administrativo del territorio donde nacieron. Apelaron para ello tanto a un pacto originario del gobierno español en América como a la teoría que considera al pueblo como elemento fundamental de la política. Este punto será clave para el surgimiento, con el tiempo, de los procesos independentistas contra la corona española.

El análisis más extenso de esta segunda parte se centra en la corriente de la Ilustración indocriolla, desarrollada por criollos de filiación indoamericana, i. e., de ascendencia indígena y criolla. Esta corriente cuestiona la legitimidad de la conquista y la consiguiente presencia hispánica en las colonias americanas; además, promueve una identificación con el pasado indígena como componente esencial de su identidad y formula una crítica severa a la Ilustración europea, denunciando su carácter limitado, eurocéntrico y dominador. La influencia del humanismo mexicano, especialmente a través de Bartolomé de las Casas, es fundamental en casi todo el espectro de la Ilustración indocriolla, a pesar de que muchos de sus referentes poseían una amplia formación y contacto directo con las fuentes de la Ilustración europea. Aunque esta corriente adopta principios fundamentales del movimiento ilustrado europeo, al mismo tiempo los critica por su concepción ontológica e histórica, que relegaba a lo americano a una condición de inferioridad. Entre sus principales representantes se encuentran Sor Juana Inés de la Cruz, Juan José Eguiara y Eguren, Francisco Xavier Clavijero, José Antonio de Alzate, Servando Teresa de Mier, Francisco de Miranda y Miguel Hidalgo y Costilla, entre otros.

La antropología filosófica de la Ilustración indocriolla cuestionó la tesis de la inferioridad connatural de los americanos, defendiendo un univocismo antropológico que negaba tanto la existencia de una esclavitud natural como la supuesta inferioridad en la racionalidad de los indígenas y de los negros. En esta línea, Ruiz Sotelo sostiene que los representantes de esta corriente emprendieron un proceso de descolonización epistemológica al poner en duda la validez de las afirmaciones de la Ilustración europea, evidenciando la carencia de sustento empírico y racional en sus planteamientos. Así, desafiaron la pretensión de universalidad del saber filosófico y científico propio de tal Ilustración. Por otro lado, desde una perspectiva historiográfica, la Ilustración indocriolla propone una relectura de la historia universal, ofreciendo una visión donde el mundo indoamericano es presentado como modelo clásico. Si bien esta corriente conserva ciertos resabios premodernos, destaca en ella la crítica a la hegemonía de la modernidad, subrayando la necesidad de incorporar la historia de América anterior a la invasión como parte integral de una auténtica civilización universal. En el ámbito de la filosofía política, la Ilustración indocriolla se caracteriza por cuestionar la legitimidad del régimen colonial español y por defender la independencia como principio descolonizador. Esta corriente funda la soberanía en el pueblo, compuesto por indígenas y criollos, y la establece como eje de una ontología política. Así, articula una filosofía que integra el humanismo americano, la tradición hispánica y el pensamiento moderno europeo para reivindicar los derechos de los sectores sometidos.

Por su parte, la Ilustración indoamericana abarca los levantamientos de los pueblos originarios de la Nueva España y del Virreinato del Perú contra la aplicación de las reformas borbónicas, representando una crítica radical al despotismo ilustrado español. Estas rebeliones, con un marcado contenido emancipador, cuestionaron la legitimidad del régimen colonial y exigieron reivindicaciones igualitarias que la Ilustración europea había negado. En la Nueva España, la expulsión de los jesuitas y el descontento generalizado por ciertas decisiones políticas impulsaron protestas que exigían la deposición del rey. Por su parte, figuras como Felipe Guaman Poma de Ayala fusionaron la cultura andina y el cristianismo para construir una crítica decolonial. Un claro ejemplo de ello fue la rebelión de Túpac Amaru II, cuya insurrección contra la mita y otros abusos desafió la estructura del poder colonial, culminó en su ejecución brutal y se convirtió en un símbolo de la lucha por la emancipación. Esta corriente, que manifiesta el carácter alterativo de la Ilustración latinoamericana, sentó las bases de un futuro político autónomo en la región.

Finalmente, la Ilustración afrocaribeña, especialmente en el contexto de la Revolución haitiana, se presenta como una contra-ilustración radical que cuestionó el pensamiento eurocéntrico. Mientras la Ilustración europea justificaba la esclavitud y la inferioridad racial, en Haití surgió un movimiento revolucionario que integró ideales libertarios, anticolonialistas y elementos religiosos como el vudú, que jugó un importante papel en la insurrección de Bois Caïman. Liderada por Toussaint de L’Ouverture, esta revolución abolió la esclavitud y proclamó la independencia de Haití, socavando el orden colonial impuesto por Francia. Posteriormente, Anténor Firmin, en línea con los principios filosóficos que sustentaron la Revolución haitiana, refutó en su fundamental obra Igualdad de las razas humanas (1885) la supuesta superioridad blanca, evidenciando que la discriminación no era científica, sino política. Así, la Ilustración afrocaribeña se erige como una fuerza descolonizadora que cuestiona el carácter colonialista, racista y esclavista europeo.

La hipótesis central de la obra de Ruiz Sotelo articula dos aspectos paralelos: por un lado, la presencia de América desde los inicios de la configuración del ideario ilustrado moderno y, por otro, el carácter autónomo de la Ilustración en América Latina, entendida como un proceso que cuestionó y reinterpretó de manera original las ideas europeas, destacando la crítica profunda de los pensadores latinoamericanos a los principios ilustrados. En este sentido, sobresale tanto la solidez con la que el autor fundamenta sus hipótesis como su capacidad para vincular contextos históricos particulares con conceptos filosóficos complejos. En la primera parte de la obra, demuestra con inquebrantable lucidez que el argumento esgrimido por la razón imperial de los siglos XVI, XVII Y XVIII -según el cual los indígenas de América eran considerados inferiores en naturaleza humana, con una racionalidad disminuida, y se les negaba la capacidad de autogobernarse- no se aceptaba universalmente como verdad. Por el contrario, desde América se formularon sólidos contraargumentos que, al calor de los acontecimientos y con el transcurso del tiempo, refutaban las tesis dominantes. En la segunda parte, el autor muestra que la contra-Ilustración latinoamericana se caracteriza por la denuncia del carácter colonial de la Ilustración europea, así como de su supuesta universalidad y superioridad sobre América. Esta crítica se organiza en torno a tres ideas fundamentales: el pueblo como fundamento de la política, el pasado indoamericano como eje estructurador de la historia y su filosofía, y la refutación de la supuesta inferioridad de los negros e indígenas frente a los europeos. Asimismo, al describir las distintas corrientes de la Ilustración latinoamericana, no se limita a los intelectuales criollos, sino que incorpora las contribuciones de otros actores e intelectuales indígenas y afrodescendientes, quienes participaron activamente en los debates y acontecimientos políticos del período.

No obstante la solidez teórica y argumentativa de la obra, es posible formular algunas observaciones críticas. Una de ellas es la tendencia a concebir la Ilustración europea como una estructura monolítica. Aunque el autor reconoce y distingue diversas corrientes dentro de la Ilustración latinoamericana, no enfatiza suficientemente la posibilidad de diferenciaciones similares en la Ilustración europea. La presenta como un bloque homogéneo cuyo rasgo central es su carácter totalitario y colonial. Otro aspecto a señalar es que las fuentes en las que se centra el análisis provienen, en su mayoría, de pensadores mexicanos. Si bien este enfoque es pertinente, dado que el estudio se plantea en términos de América Latina, una mayor diversidad de referencias podría enriquecer la argumentación y ofrecer una perspectiva más amplia para la fundamentación de sus hipótesis.

Con todo, La razón de América Latina, de Mario Ruiz Sotelo, es una obra que, por su rigor y profundidad, está destinada a convertirse en una lectura imprescindible para el estudio del contradiscurso moderno o, más precisamente, para la comprensión de la razón propia de América. Con una escritura precisa y una estructura argumentativa clara, su autor articula un análisis histórico y filosófico que sustenta en una amplia base de fuentes primarias. A partir de ellas, refuta la exclusión de América de la historia y la filosofía modernas, al tiempo que resalta los esfuerzos de los pensadores latinoamericanos por defender la autonomía de sus voces. Este libro invita a replantear la significación del pensamiento ilustrado europeo y contribuye a una comprensión más profunda de la historia intelectual y filosófica de América Latina.

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