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Revista mexicana de investigación educativa

versión impresa ISSN 1405-6666

RMIE vol.30 no.107 Ciudad de México oct./dic. 2025  Epub 09-Dic-2025

 

Investigación temática

Representaciones sociales de la problemática ambiental en estudiantes universitarios. Acercamientos y horizontes desde la Universidad Autónoma de la Ciudad de México

Social Representations of Environmental Issues among University Students: Approaches and Perspectives from the Autonomous University of Mexico City

Miguel Ángel Arias Ortega1 
http://orcid.org/0000-0001-7911-6222

1Profesor-investigador de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México, Posgrado en Educación Ambiental, Ciudad de México, México, email: marias69@gmail.com; miguel.arias@uacm.edu.mx


Resumen

Este artículo presenta los resultados de una investigación que indagó, desde la perspectiva teórica-metodológica de las representaciones sociales, la forma en que estudiantes de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México refieren, significan y actúan ante los problemas ambientales. Es un trabajo de corte cualitativo e interpretativo, que se fundamentó en un instrumento de 16 preguntas abiertas, contestado por 125 estudiantes en Google Forms. Los resultados sugieren que existe una representación social simple y con escaso nivel de elaboración y análisis respecto de la complejidad de la problemática y de sus negativas consecuencias; el estudiantado expresa una sensación de tristeza, coraje y enojo cuando hace referencia a ella y un pesimismo sobre las perspectivas de los fenómenos socioambientales; esto es relevante para los objetivos de la institución y para la formación profesional de sus estudiantes.

Palabras clave: representaciones sociales; estudiantes; educación superior; educación ambiental

Abstract

This article presents the results of a study that explored, from the theoretical and methodological perspective of social representations, how students at the Autonomous University of Mexico City refer to, interpret, and act on environmental issues. It is a qualitative and interpretive study based on a 16-question open-ended survey answered by 125 students using Google Forms. The results suggest that there is a simple social representation with a low level of analysis and development regarding the complexity of the problem and its negative consequences. The students expressed feelings of sadness, anger, and rage when referring to it, as well as their pessimism about the outlook for socio-environmental phenomena. This is highly relevant to the institution's objectives and the professional training of its students.

Kewords: social representations; students; higher education; environmental education

Los problemas socioambientales: un contexto histórico adverso

El profundo deterioro de los ecosistemas, que ha tenido una incidencia permanente en el último siglo y en los albores de este nuevo milenio, ha propiciado una crisis ambiental que se hace presente en diferentes escenarios a nivel local, nacional, regional y mundial. Esta situación confirma la imperiosa necesidad de construir respuestas sociales, políticas, económicas, tecnológicas y educativas que contengan un mayor grado de integralidad, ante la complejidad, profundidad y severidad de sus impactos en la salud humana, en los procesos de producción nacional y en los ecosistemas, toda vez que hemos sido testigos de cómo en las últimas décadas muchos de ellos se han recrudecido y se constituyen en grandes desafíos en el corto y mediano plazos (UN Environment, 2019; WWF, 2024; UNEP-WCMC y IUCN, 2024). Esto indica que la amplificación de la emergencia ambiental es una realidad y que sus consecuencias trastocan la calidad de vida y la existencia humana en su conjunto, aunque de forma diferenciada en aquellos sectores sociales menos favorecidos, los cuales comparten, en su mayoría, condiciones de marginalidad, abandono y negación por quienes ostentan el poder político, económico y tecnológico.

Variadas y hasta cierto punto continuas han sido algunas de las estrategias que se han implementado para enfrentar los estragos del deterioro de los ecosistemas y de su expresión más preocupante: el cambio climático. Algunas con ciertos tintes de optimismo que hacen suponer un cambio de dirección y sentido por el hecho de desarrollar y promover acciones sociales, contrahegemónicas y emancipatorias que buscan trastocar el conjunto de relaciones que establecemos entre nosotros con los demás sujetos y con el medio ambiente. Otras con visiones simplistas que no pretenden una modificación de la realidad, lo que acentúa una sensación de desesperanza en el futuro de la humanidad, toda vez que ubican al crecimiento económico -en un modelo capitalista y neoliberal- como el motor y vértice para la transformación de las condiciones ambientales; ello representa un espejismo que lo único que provoca es una proliferación de sus consecuencias negativas en todos los órdenes de la existencia humana y ecosistémica. En otras palabras, se fincan en un capitalismo caníbal, tal como lo designa Fraser (2023), al que, desde su perspectiva, le debemos el conjunto de problemáticas en lo social y natural, porque no solo es una crisis de desigualdad y trabajo precario; no solo es una crisis de producción social; ni solo es una adversidad que se refleja en una migración constante y de violencia radicalizada. Tampoco es una simple crisis ecológica en la que un planeta está en proceso de calentamiento que afecta todos los espacios y procesos; en definitiva, es una crisis general de la totalidad del orden social en la que todas esas adversidades confluyen, se incrementan y amenazan la pervivencia de la vida en el planeta.

En este marco se sitúa a los procesos educativos como mecanismos que posibilitan una conversión de los intercambios que los seres humanos desarrollamos con la naturaleza, en la medida en que se orientan a la reflexión, el análisis y la propuesta sobre las condiciones ambientales en las que nos encontramos, sus causas y algunas posibles alternativas para aminorar sus impactos negativos.

En esta posibilidad, las instituciones de educación superior (IES) desem­peñan un papel destacado y una importancia central, por el hecho de tener bajo su compromiso la formación académica y profesional de las y los estudiantes,1 donde se incorpore la dimensión ambiental en su quehacer y, con ello, generar condiciones para que sus egresados consideren en el desarrollo de sus prácticas profesionales lo ambiental. En estos términos, es un imperativo la puesta en marcha de las estrategias educativas que prioricen la inclusión de la perspectiva ambiental en las diferentes acciones y proyectos universitarios, tanto en la docencia como en la investigación, difusión y extensión comunitaria, gracias a que brinda la oportunidad para que el estudiante cuente con cierto nivel de información, referencias, conocimientos y experiencias sobre los fenómenos socioambientales.

Ahora bien, arribar a una perspectiva de esta naturaleza precisa definir un enfoque teórico-metodológico que posibilite revisar qué conocimiento posee, qué piensa, qué supone y cómo actúa el estudiante universitario ante las múltiples realidades ambientales con las que se articula. En consecuencia, la teoría de las representaciones sociales se vislumbra como el planteamiento adecuado para imprimir una fotografía inicial respecto de su conocimiento, información, ideas y sentir sobre la problemática del medio ambiente. Es además procedente porque ayuda a dejar de suponer lo que el estudiante sitúa y hace en relación con lo ambiental, así como a darle un sentido diferente a lo que ocurre a su alrededor, ya que, en lo cotidiano, hemos dejado de discutir y analizar los hechos y fenómenos de la realidad, entre ellos lo socioambiental, debido a la normalización que les hemos otorgado.

De igual manera, su definición es apropiada porque permite erosionar esa falsa idea de que las cosas van a ocurrir, que aún no están pero que llegarán, especialmente en lo ambiental, de ahí lo sustancial de ser un enfoque teórico-metodológico que confirma la vigencia de la problemática. Por lo anterior, es insoslayable contar con un posicionamiento distinto que nos haga actuar en consecuencia para construir aquellas alternativas que apelen a futuros más alentadores para todos con quienes compartimos el planeta. Stengers (2017) lo expresa en los siguientes términos

Ahora «sabemos», y ciertos efectos en adelante observables ya obligan a los climatólogos a modificar sus modelos y previsiones. Así, el deshielo es mucho más rápido de lo previsto, tanto en el Ártico como en la Antártida, y los glaciólogos deben corregir sus modelos demasiado simples a este respecto. En cuanto a la tasa del CO2 en la atmósfera, progresa de tal modo que las emisiones aparentemente ya no es lo único que se cuestiona. […] Los modelos deben ser corregidos, las previsiones más pesimistas producidas por simulaciones ganan en probabilidad. En suma, en esta nueva época nos enfrentamos no ya solamente con una naturaleza que -hay que proteger- contra los destrozos causados por los humanos, sino también a una naturaleza seriamente capaz de perturbar nuestros saberes y nuestras vidas (Stengers, 2017:15).

Los problemas ambientales continúan y los desafíos que enfrentamos nos obligan a pensar con creatividad y amplitud, principalmente desde los centros educativos y de investigación científica para resituar nuevas posibilidades de acción social y política con la que se recupere la esperanza y posibilidad de un mejor destino para la especie humana y para el medio ambiente en los años por venir. En este trayecto, el involucramiento del estudiante universitario será primordial y el análisis de las representaciones sociales nodal, porque brinda información relevante sobre las formas en que los actores de la educación dan sentido y significado a los fenómenos de la realidad, lo cual permitirá modificar o, en su caso, fortalecer su representación ante los problemas ambientales y sus niveles de involucramiento cotidiano, así como saber cuáles son sus puntos de partida con los que asumen su formación académica y profesional en determinado campo de conocimiento, tanto en lo social y humanístico como en lo científico tecnológico.

La teoría de las representaciones sociales: posibilidad para la comprensión

Las representaciones sociales y el campo educativo han tenido un fructífero encuentro desde hace por lo menos dos décadas, donde los estudios de los sujetos en el contexto pedagógico se han materializado como otro de los caminos para conocer y entender la forma en que piensan, se interesan y se comportan en determinadas situaciones en su vida escolar, así como en el contexto social, comunitario e institucional donde se desenvuelven (González Gaudiano, 2012; Covarrubias Papahiu y Martínez Estrada, 2007). Por consiguiente, para los intereses del presente trabajo, las representaciones sociales se han definido como la estrategia teórica-metodológica a seguir, que tiene su desarrollo inicial con Moscovici (1985) desde la perspectiva de la piscología social y que ha tenido una evolución a través del pensamiento y desarrollo de otros autores como Denis Jodelet, Jean-Claude Abric, Pascal Moliner, Claude Flament y Michel-Louis Rouquette, solo por mencionar algunos.

Uno de los elementos centrales que nos brinda esta teoría es la posibilidad de una mayor y mejor comprensión de los fenómenos de la realidad, donde la implicación del sujeto es constitutiva de la propia acción y del desarrollo de sus ideas. Para los objetivos de la educación superior esta virtud de las representaciones sociales es simplemente imprescindible, toda vez que se busca fortalecer los procesos de formación académica de los individuos, a fin de que puedan participar e involucrase en la sociedad por medio del desarrollo de sus prácticas profesionales y tratar de ofrecer respuestas satisfactorias a los desafíos que, como momento histórico y futuro, se nos plantean.

Las representaciones sociales permiten, además, comprender lo más inmediato del sujeto, en palabras de Mireles Vargas (2012) adoptar esta teoría en la educación superior:

[…] es relevante, porque con ella se logra comprender el sentido común. Además, este enfoque permite acercarse a los procesos de producción de significados y conocer cómo piensan los actores educativos en el mundo de la vida cotidiana. Asimismo, posibilita ver al actor en su escenario, en un contexto social que él mismo construye y en el que a la vez es construido. Así, el estudio de las representaciones sociales hace posible la aprehensión del carácter social e histórico, pero a la vez subjetivo de la realidad social que mira al actor como sujeto activo, cuyo papel es dar forma a lo que proviene del exterior (Mireles Vargas, 2012:15).

En el contexto de nuestro país, las investigaciones sobre las representaciones sociales vinculadas a las cuestiones ambientales han ido en aumento en los últimos años, dada la importancia que ha representado el conocer cómo los estudiantes y profesores significan el medio ambiente, así como las formas en que se documentan sobre la temática y en torno a las prácticas e involucramiento que desarrollan en su día a día. Autores como González Gaudiano (2012), Fernández Crispín y Benayas del Álamo (2012), González Gaudiano y Maldonado (2013), Calixto Flores (2008, 2009), Ortiz Espejel y Velasco Samperio (2012), Terrón Amigón (2010), Bello Benavidez, Meira Cartea y González Gaudiano (2017), Arias Ortega y Limones Muñiz (2019), entre otros, han llevado a cabo trabajos que buscan elevar nuestra comprensión sobre la forma en que distintos actores educativos se articulan con el tema del medio ambiente.

Este marco teórico ha brindado importantes elementos conceptuales que apoyan el trabajo de investigadores y docentes dentro del ámbito educativo, ya que da la posibilidad de analizar y arribar a determinados niveles de comprensión sobre el pensamiento y acción de los sujetos de la educación, en particular de estudiantes, docentes y directivos escolares. La importancia de la teoría de las representaciones sociales se concreta en que con ella “es posible aproximarse a la realidad de los individuos ante temas complejos como el cambio climático y se hacen identificables los significados que dan sentido a sus comportamientos” (González Gaudiano y Maldonado, 2013:3).

Ante el objetivo general de esta investigación, que busca conocer y comprender el sentir, pensamiento y acción de los estudiantes que se encuentran en los espacios educativos de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México, en torno a la problemática ambiental que experimentamos, las representaciones sociales tienen un papel medular, ya que permitirán ofrecer un acercamiento inicial sobre cómo significan dicha problemática, qué sentimientos les despierta y qué acciones desarrollan para tratar de revertir sus efectos negativos (Jodelet, 2011). De ahí que no se haga referencia solo a sus percepciones, sino a una construcción mucho más compleja del sujeto, que ayuda a profundizar sobre los mecanismos de relación e intercambio que establece con el medio ambiente.

No obstante, se parte de reconocer la importancia de los estudios de percepción en el contexto educativo, toda vez que ofrecen determinado nivel de información sobre lo que el individuo subjetiviza en torno a lo ambiental, pero también es necesario reconocer que muchos de los efectos y características de estos fenómenos no son observables ni palpables en primera instancia (la radiación solar, gases de efecto invernadero, las micropartículas en el agua, etc.), es por ello que se coincide con la postura de Ortiz Espejel y Velasco Samperio (2012:6), quienes afirman que “el fenómeno de la percepción como centro de atención [conduce a] levantamientos conceptuales sobre problemas ambientales, que dicen muy poco sobre la real complejidad de la relación del ser humano con sus contextos, sus concreciones, con el mundo vivido”. Asimismo, porque los diferentes actores sociales, en este caso, los estudiantes universitarios, pertenecen y se relacionan con una diversidad de contextos políticos, económicos, sociales, geográficos y espacio-temporales en los que se establecen relaciones de intercambio asimétricas y desiguales, mismas que le dan sentido y significado a su vida cotidiana.

De forma alguna, las representaciones sociales comprenden aspectos como las creencias, que son parte del sentido común de los individuos y son posicionamientos que el sujeto, en su mayoría, les adjudica una categoría de verdad. Involucran también opiniones que se configuran en respuestas verbales que ofrece el sujeto ante determinadas situaciones o fenómenos de la realidad, que lo comprometen de forma superficial y manifiestan alguna interpretación, lectura o análisis sobre un hecho u objeto. Las percepciones que son manifestaciones del individuo, a partir de los sentidos, están sobredeterminadas por la constitución misma del sujeto; es decir, están mediadas por sus procesos de formación escolar, momento histórico, experiencias, patrones culturales, postura religiosa, etcétera, y que comparte de manera más o menos homogénea con el sector o grupo social al que pertenece; asimismo, por las concepciones que son construcciones individuales que el sujeto realiza para tratar de explicarse los fenómenos que conoce o pretende conocer, y que son aspectos con los cuales también se vincula con las múltiples realidades (Calixto Flores, 2009; Terrón Amigón, 2010).

Por tales características se recupera la postura de Moscovici (1985) sobre la definición de los componentes de una representación social, la cual concibe como “universos de opinión” y se integran por las siguientes dimensiones:

Dimensión informativa, que son los recursos (datos, ideas, cifras, referencias, imágenes, etc.) provenientes de fuentes diversas. Como punto de partida, se reconoce que los estudiantes universitarios acceden a una gran cantidad de información con la que crean opiniones sobre temas de su vida cotidiana, entre ellos, los problemas relativos al medio ambiente. La procedencia y naturaleza de la información que reciben es variada: científica, mediática, experiencial, cultural, del contexto social, escolar, comunitario e instruccional, tales como conversaciones con los amigos y familiares; de las redes sociales e internet; de los medios de comunicación (libros, periódicos, revistas y televisión); de los contenidos académicos provenientes de sus procesos de formación; de las imágenes que les impactan en su transitar cotidiano; de la publicidad en las calles y, hoy en día, de la inteligencia artificial. Todos esos elementos de alguna forma participan y determinan la configuración sus representaciones sociales.

Dimensión del campo de representación, que se materializa en la forma en cómo se construye la acción y la subjetividad humana en los discursos y acciones cotidianas que realizan los estudiantes universitarios, esto por medio de un sistema de representaciones que se produce desde los discursos y en los distintos actos de comunicación que llevan a cabo, es el punto desde el cual ellos comprenden e interactúan con los diferentes fenómenos de la realidad.

Dimensión de actitud, es aquella que busca identificar los procesos sociales que conducen a la fijación, o no, de las representaciones que satisfacen los deseos de quienes las detentan y que normalmente influyen, inducen y controlan la vida social de los individuos. Es un hecho que los sujetos emitimos determinadas acciones y reaccionamos a la realidad en función de los sentidos y significados que poseemos de nuestra persona, de las cosas, los hechos y las situaciones, para lo cual, accedemos a información, ideas, conocimiento y recurrimos a diversas fuentes científicas y académicas. Con todo ello, configuramos los significados con los que nos explicamos y damos sentido a todo lo que ocurre a nuestro alrededor.

La UACM y su perspectiva ambiental

La Universidad Autónoma de la Ciudad de México (UACM) abre sus puertas en 2001, con el interés de ampliar y ofrecer una oportunidad para las personas que desean contar con estudios a nivel superior. Obtiene su autonomía en 2005 y desde entonces se fija como una institución educativa con vocación social, cuyo propósito medular es la construcción de una sociedad más justa, equitativa y democrática. Sus principios se orientan a la defensa del derecho a la educación pública universal con valores de equidad, respeto, inclusión e igualdad, los cuales busca plasmar en los procesos de formación de los estudiantes desde la perspectiva de una educación crítica, científica, humanística y con una profunda dimensión social y comunitaria (UACM, 2005).

Con este distintivo, la UACM brinda un conjunto de posibilidades de formación profesional, principalmente a los sectores y capas de la sociedad que han estado marginados de las oportunidades de una educación superior, con lo que trata de ampliar y extender los beneficios de esta formación a la sociedad y atender, al mismo tiempo, los problemas que le aquejan.

El sentido social en la formación de los estudiantes, en el trabajo académico y en el conjunto de las funciones institucionales, [es fundamental] lo cual implica generar contextos donde se promueva la responsabilidad frente a los problemas sociales y se establezcan y mantengan vínculos estrechos con la sociedad (UACM, 2018:20).

Al ser una institución que se interesa por los procesos de formación universitaria que tratan de atender las adversidades de su momento histórico, entre ellas lo ambiental, la UACM ofrece la maestría en Educación Ambiental, a fin de contribuir en la formación de profesionistas con un alto nivel académico y responsabilidad social y comunitaria, a través de un permanente ejercicio de análisis, reflexión y propuesta sobre los desafíos educativo-ambientales que se viven en la Ciudad de México y en distintas regiones del país y del mundo en lo general. Con esta pretensión se busca concretar un perfil profesional en los estudiantes que les facilite conocimientos, experiencias, habilidades y destrezas para el diseño de alternativas de prevención, mitigación y, en algunos casos, solución a los problemas socioambientales.

Asimismo, las diversas licenciaturas e ingenierías que ofrece la institución -al contar como principio rector el componente social, científico y humanístico- consideran dentro de sus objetivos el análisis del devenir histórico, en el que, de forma imprescindible, estudia las condiciones ambientales como un tópico de revisión que debe ser articulado al conjunto de respuestas y alternativas que se desprendan del campo de conocimiento del que se trate. Es en este marco como lo ambiental se configura en un elemento constitutivo de la propuesta pedagógica y de la definición institucional de la UACM, donde los procesos de formación universitaria en la institución mantienen un vínculo con lo ambiental (Arias Ortega, 2024), toda vez que hoy en día no se puede ignorar, mucho menos desconocer, el escenario de colapso o proto-colapso en el que deben operar las respuestas educativas ante la crisis ambiental. Esto es así en la medida en que es primordial sacar a la superficie las verdaderas razones del deterioro socioambiental en el que nos encontramos, como resultado de procesos pedagógicos que cuenten con un alto potencial de transformar por medio de la praxis educativo-ambiental (Meira Cartea y Gutiérrez Bastida, 2025); asimismo, desde la perspectiva de un:

[…] pensamiento crítico [entendido] como práctica de cuestionamiento de lo aparente y actitud fundamental en la búsqueda de conocimiento, mediante el desarrollo de: Capacidades reflexivas que llevan a la construcción de juicios y propuestas sustentados en saberes razonados y hechos analizados desde perspectivas pertinentes [y] Actitudes opuestas a los prejuicios que descalifican lo ajeno, o que se reducen a opiniones sobre lo que no se sabe, con base en percepciones, ideas y sentimientos sin fundamento (UACM, 2018:20)

En este crisol de aspectos, la formación de los estudiantes se devela como un elemento central al interior de la UACM, por el hecho de pretender impulsar nuevos trayectos profesionales ante los desafíos que la sociedad y el momento histórico le confieren. De tal suerte, es impostergable alcanzar determinado nivel de claridad e información en torno a la condición de los estudiantes y sobre las interpretaciones que elaboran sobre los fenómenos de la realidad, de su presente y futuro, así como en relación con el papel que desempeñarán como profesionistas en un corto plazo, con el que deberán contribuir a una transformación de las múltiples realidades a las que se enfrenten. Es entonces que:

[…] alcanzar estos objetivos, parte de considerar a los sujetos de la educación como estudiantes universitarios que necesariamente deben de dejar de [ser] receptores pasivos de la información, contenidos y prácticas, y configurarse en sujetos hacedores de la cultura, productores y reconfiguradores de la misma, con el propósito de enfrentar la complejidad de la vida social y natural (Arias Ortega, 2015:19).

Asimismo, porque cada uno de los estudiantes universitarios construye significados que:

[…] establecen una relación ambigua, polisémica, en definitiva subjetiva, pero no arbitraria. En los significados subjetivos hay elementos comunes y compartidos que permiten el entendimiento y la comunicación, y elementos singulares, matices irrepetibles que connotan la experiencia, los sentimientos, las ideas de cada sujeto en virtud de su peculiar biografía (Covarrubias Papahiu y Martínez Estrada, 2007:53).

En perspectiva, el sujeto de la educación debe ser un elemento toral al interior de los espacios universitarios, a fin de comprender su condición y momento, al vincularse a los procesos de formación profesional que buscan generar en él un pensamiento transformador y reflexivo, donde se articule de manera estrecha lo cognitivo, afectivo y sensorial en el desarrollo de su quehacer profesional. De igual manera, es imperativo que el estudiante universitario establezca nuevas implicaciones en proyectos educativos, culturales, comunitarios y tecnológicos, con el fin de promover estrategias diferentes de relación e intercambio entre los seres humanos y la naturaleza. Con esto se pretende:

[…] rescatar lo cotidiano como valioso y, de alguna manera, superar la experiencia inmediata para que, en un proceso de ruptura, pueda empezarse a trabajar sobre las formas de acercamiento a la realidad natural-social y a propiciar la emergencia de pautas de conducta, representaciones y significaciones que den cuenta de ello” (UACM, 2002:2).

La centralidad del estudiante en los procesos educativos universitarios debe implicar también un contexto institucional que brinde los apoyos académicos necesarios para que fortalezca su identidad y construya nuevos escenarios que le permitan alcanzar los objetivos de la formación académica y profesional que se plantea. De ahí la importancia de conocer sus perspectivas sobre problemas específicos y sus visiones de futuro, toda vez que es un sujeto activo en la construcción de sus aprendizajes y un agente responsable en su propia formación, tal como lo expresó, en su momento, Ferry (1990:43): “Formarse no puede ser más que un trabajo sobre sí mismo, libremente imaginado, deseado, perseguido, realizado a través de los medios que se ofrecen o que uno mismo se procura”. Por tanto, es relevante un acercamiento teórico-metodológico que dé cuenta de las representaciones sociales que posee el estudiante en el contexto social, político, económico, cultural, educativo y tecnológico en la UACM.

La definición metodológica de la investigación

Establecer un primer acercamiento en torno al conocimiento, información, sentimientos y porvenir que los estudiantes universitarios de la UACM manifiestan sobre las condiciones ambientales requirió definir un tipo de estudio específico, fundamentado en las representaciones sociales, con el propósito de generar una perspectiva global y, en algún caso particular, sobre los fenómenos de la realidad socioambiental en la que se encuentran.

Tipo de investigación

El abordaje metodológico es cualitativo de corte interpretativo, por lo que se coincide con Gutiérrez Pérez, Pozo Llorente y Fernández Cano (2002), para quienes los procesos de investigación interpretativa representan una de las tendencias contemporáneas más reveladoras y propicias para el entendimiento y la comprensión del significado de los hechos sociales, culturales, jurídicos, arqueológicos, etnográficos, médicos, psicológicos o educativos. Es un tipo de estudio donde quien investiga puede otorgarle un sentido y significado a lo que piensan los sujetos, a sus emociones y a su actuar al interior del contexto en el que se producen (Kwan Chung y Alegre Brítez, 2023). En contrapartida, es una investigación que se aleja de una perspectiva positivista, dado que no pretende dar cuenta de aspectos verificables ni observables del objeto, toda vez que las representaciones sociales implican un conocimiento subjetivo de la acción humana, de sus múltiples significados, del fin que persiguen y de la función que cumplen en la sociedad, aspectos que no podemos predecir, controlar ni generalizar (Terrón Amigón, 2010).

Muestra de estudio y sistematización de información

El instrumento fue contestado por 125 estudiantes de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México y su aplicación se realizó a través de Google Forms. Las respuestas se concentraron en una base de datos en Excel para su sistematización, análisis y procesamiento, lo que permitió generar las figuras, esquemas y cuadros que a continuación se comparten, en las que se hacen visibles las dimensiones expresadas por los estudiantes, con lo cual se generó una primera aproximación a la representación o representaciones sociales que poseen sobre los problemas ambientales.

Instrumento de recolección de información

El diseño del instrumento de recolección de datos es cualitativo, se materializó en 16 preguntas abiertas que buscaron indagar, en una primera instancia, sobre el perfil académico y la situación de los estudiantes universitarios y, en un segundo momento, exploró sobre el conocimiento, ideas e información que poseen respecto de la problemática ambiental, así como de los sentimientos que les provoca hacer referencia a ella y sobre algunas de las acciones que ponen en marcha para tratar de reducir sus impactos. En su parte conclusiva, el instrumento trató de conocer cuáles eran sus perspectivas sobre la situación ambiental a corto y mediano plazos.

Criterios de aplicación

La aplicación del instrumento no estuvo determinada por algún criterio de inclusión o exclusión de tipo disciplinar, temporal, académico, de género ni de cualquier otra índole. Solo fue necesario ser estudiante activo de la UACM para responderlo.

Discusión: análisis de los resultados

En este apartado se presenta el análisis de los resultados a través de las tres dimensiones: información, de campo de representación, social y de actitud; esto por medio de figuras, cuadros y esquemas, a fin de evidenciar la representación o el conjunto de representaciones sociales que los estudiantes manifiestan sobre las fuentes de información donde se documentan; sobre los temas relativos a la problemática ambiental y sobre el sentimiento que subyace en torno a ellos, así como las acciones que realizan y sus perspectivas respecto de la situación ambiental.

Al final de cada representación se delinea una reflexión-interpretación sobre la información que se ofrece y se trata de vincular con algún trabajo que ofrece resultados similares o que contrasten con la respuesta obtenida de los estudiantes de la UACM.

Dimensión informativa

Como puede observarse en la Figura 1, las fuentes de información por las que los estudiantes universitarios se documentan sobre las cuestiones ambientales son a través de las redes sociales, internet y las noticias de radio y televisión en un menor porcentaje, tal como fue expresado también en los resultados obtenidos en el estudio realizado por Arias Ortega y Limones Muñiz (2019). Esto permite advertir cómo los temas ambientales que se manejan en las redes sociales y en internet expresan, a través de imágenes e información, determinado nivel de desvirtuación de la problemática y sus impactos en los diferentes órdenes de la vida, al tiempo que muchas son poco esperanzadoras y con cierto nivel de distorsión de la realidad, lo que provoca confusión, apatía y, por supuesto, desesperanza, porque mucha de esa información está representada en imágenes donde el mundo se derrite, el oso polar se encuentra en el último tímpano de hielo, el planeta arde debido a los incendios o donde las sequías aniquilan a todas las especies vivientes. Este mecanismo de información y comunicación conduce a que prevalezcan sentimientos de desesperanza y en muchas ocasiones de parálisis intelectual en el individuo, en la medida en que al apreciar estas situaciones y revisar la información que la acompaña no existe posibilidad alguna para tratar de remediar el problema.

Fuente: elaboración propia.

Figura 1 ¿De qué fuente o fuentes te informas para conocer sobre temas ambientales? 

Lo anterior, desde una perspectiva educativa es desmotivante y con escaso potencial para movilizar una acción social que contribuya a enfrentar el problema. El estudio realizado por Meira-Cartea y Arto-Blanco (2014) en estudiantes universitarios españoles obtuvo respuestas similares sobre las consecuencias de obtener información sobre temas ambientales a través de las redes sociales e internet.

No obstante, en el conjunto de respuestas que ofrecen los estudiantes es relevante encontrar que muchos se interesan también por información proveniente de artículos científicos, de conferencias y del salón de clases con sus profesores, así como de discusiones que efectúan con sus propios compañeros en la universidad. Ante este hecho, será imprescindible que en su proceso de formación se promueva un análisis riguroso de las fuentes de información a las que acceden, a las que, con demasiada frecuencia, le otorgan determinado nivel de veracidad. Esto porque se parte de considerar que las redes sociales llegaron para quedarse, pero el gran reto es cómo vinculamos con ellas para contar con la información y referencias que permitan la construcción de una postura apropiada, crítica y constructiva, en función de las dimensiones y complejidad de la problemática ambiental.

Un elemento imprescindible en la construcción de un análisis y reflexión sobre las cuestiones ambientales es lo relativo a la información, experiencias y contenidos que posea el estudiante universitario, por lo que resulta fundamental el desarrollo de su criterio, a fin de discriminar y alejarse de toda esa información “basura” que circula en internet y que se difunde por las redes sociales, la cual no contribuye a una mejor comprensión de los fenómenos socioambientales y de las posibilidades de acción social que pueden emprender desde su espacio como individuos, ciudadanos y profesionistas, en su momento.

Dimensión del campo de representación

En relación con la ubicación de quién o quiénes son los responsables de la problemática ambiental, los estudiantes universitarios identifican a una diversidad de actores e instituciones, que condensa la Tabla 1.

Tabla 1 Responsable(s) de la problemática ambiental 

El ser humano Lo industrial El sistema Sin respuesta
Yo Empresas transnacionales Sistema político-económico No sé
Ser humano Los privados Las políticas
Los individuos La industria El capitalismo
La sociedad Productos de animales El Estado
La población La contaminación Sistema capitalista
Nosotros Las empresas Autoridades
Los estudiantes La industria alimentaria El gobierno
La comunidad Las grandes empresas Gobierno federal
Todos Los empresarios
Las personas
La ciudadanía

Fuente: elaboración propia.

La respuesta de los estudiantes sobre quiénes consideran que son los responsables de los problemas ambientales se encuentra en un alto grado de generalidad, en la medida en que alude a diferentes actores: nosotros, yo, los seres humanos, la sociedad, las personas, la ciudadanía, entre otros. Al hacer una integración de su respuesta y de la reiteración de cada uno, podemos advertir que ubican como responsable a la humanidad en su conjunto, sin tener una consideración de que, en efecto, “todos” somos responsables pero de manera diferenciada.

Un problema e inconsistencia en esta perspectiva de los estudiantes universitarios es que colocan en el mismo grado de responsabilidad a un sujeto, institución, empresa, corporación o sistema político-económico -que, en efecto, ocasionan daños, en algunos casos de forma irreversible, al ambiente- que al ciudadano promedio, que tiene un impacto en la naturaleza por el solo hecho de usar energía para transportarse, consumir sus alimentos y realizar sus actividades cotidianas, lo cual conduce a señalar que “nadie” es responsable de esta problemática, ¿por qué?, porque “todos” lo somos. Asimismo, se pierde de vista que las causas de la problemática ambiental están determinadas por factores de orden social, político, económico, cultural, tecnológico, ético, que es importante considerarlos al momento de abordar la crisis ambiental y sus negativas consecuencias en la sociedad y en la naturaleza. Será primordial que este tipo de representación pueda modificarse y reorientarse, a partir de la inclusión de un enfoque ambiental en los procesos de formación académica y profesional de los estudiantes. Medina Arboleda y Páramo (2014) encontraron en su indagación datos similares, ya que casi un 80% de los entrevistados, señalaban a “las personas” como las responsables de la problemática vigente.

¿Cómo les afectan los problemas ambientales?

Existe una desagregación amplia del tipo de factores y aspectos que consideran los estudiantes universitarios que les afectan como resultado de los problemas ambientales, los cuales van desde la escasez de agua, su economía, su salud mental, la calidad del aire, el calentamiento global, hasta la salud física como enfermedades intestinales o alergias o bien, formas de vivir, solo por citar algunas (Figura 2).

Fuente: elaboración propia.

Figura 2 ¿Cómo les afectan los problemas ambientales? 

En conjunto, estas expresiones guardan una relación directa con las afectaciones provocadas por la problemática ambiental, en función de su espacio geográfico y condición social, por lo que se puede estar en concordancia con lo señalado por los estudiantes; además, es relevante que aprecien aspectos que, con demasiada frecuencia, no se conciben como resultado de los problemas del medio ambiente, tales como la salud mental, las plagas e incluso el narcotráfico. No obstante, se evidencia que algunas respuestas dan cuenta de una no afectación en los estudiantes, toda vez que se encuentran más cercanas a una situación de negación y a una falta de análisis de su momento histórico: los tianguis, ninguna, no lo sé, el hoy no circula, coladeras tapadas, crisis política, etc. El trabajo de Arias Ortega y Limones Muñiz (2019), al realizar una indagación con estudiantes de tres universidades privadas de la Ciudad de México, encontraron que el 60% de los entrevistados, indicaron no afectarles los problemas ambientales, en particular, el cambio climático; resultados similares presentados por Escoz (2020) confirman esta representación que se encuentra cercana a una postura más de negación de la problemática y de sus consecuencias.

El abordaje de las diversas dimensiones y ángulos de la problemática ambiental y sus múltiples afectaciones en la salud de la población, en los procesos de producción nacional y en los propios ecosistemas será una perspectiva de análisis que brinde mayores elementos de integralidad que ayuden a la revisión, comprensión y juicio sobre los problemas derivados de la crisis ambiental, sus causas y sus impactos. Esto sugiere que este tipo de abordaje debe tener un espacio y tiempo dentro de la formación profesional de los estudiantes en la institución.

¿Cuál es el papel que debe jugar el estudiante universitario en la búsqueda de mejores condiciones ambientales?

Respecto de la pregunta sobre su implicación en las cuestiones ambientales y sobre el papel que deben desempeñar como estudiantes universitarios frente a estos problemas y en la construcción de alternativas, los resultados son trascendentes porque contrastan con algunos de los sentimientos expresados en este estudio (Figura 3). Es además indicativo y relevante que se exprese que su involucramiento en las acciones vinculadas a lo ambiental debe ser, entre otros aspectos, de carácter activo, de investigación, con una actitud de búsqueda de respuestas, creativo, consciente, de comunicación, que debe informarse, de mejorar al medio ambiente. Esto permite alertar que se manifiesta una actitud procedente en lo que corresponde a un estudiante que se encuentra en los recintos universitarios y que pretende aportar en la construcción de estrategias de intervención, análisis y propuesta sobre los desafíos que su momento histórico le confiere, en el caso particular en lo ambiental.

Fuente: elaboración propia.

Figura 3 ¿Cuál es el papel que debe jugar el estudiante universitario en la búsqueda de mejores condiciones ambientales? 

Este tipo de representaciones requiere un fortalecimiento en el proceso de formación académica y profesional del estudiante, con el fin de que se desarrollen nuevos trayectos y posibilidades para que emprenda una actuación social y política en relación con el medio ambiente, donde busque materializar mejores condiciones de equidad, justicia y protección ambiental. Es primordial que los responsables de los procesos de formación universitaria tomen como punto de inflexión este aspecto y lo incorporen de forma explícita y amplia en las definiciones curriculares y en las prácticas profesionales que están signadas en los planes y programas de estudio de las diferentes carreras e ingenierías que oferta la UACM.

¿Qué sentimiento te genera hablar sobre los problemas ambientales que identificas?

La tristeza, el enojo, la frustración, la angustia, la indignación, el coraje, la preocupación e impotencia, entre otros, se manifiestan como los sentimientos que experimentan los estudiantes universitarios cuando aluden a las condiciones ambientales (Figura 4).

Fuente: elaboración propia.

Figura 4 ¿Qué sentimiento te genera hablar sobre los problemas ambientales que identificas? 

Lo anterior, sin duda, es una respuesta que deber ser analizada y valorada con mayor profundidad, debido a las consecuencias que puede provocar en el sujeto-educando al momento de estar inmerso en su formación académica y profesional. Su relevancia es incuestionable pero, al mismo tiempo, representa un gran desafío para las instituciones y las personas responsables de este proceso, ya que surge una pregunta obligada: ¿cómo formar profesionalmente a un sujeto, en cualquier área de conocimiento social o científico, que expresa sentimientos con estas características?, ¿qué estrategias pedagógicas debemos utilizar para ofrecer nuevas perspectivas sobre la problemática?, ¿cómo motivar la participación social, decidida, frontal y con convencimiento respecto de los problemas ambientales? Los datos expresados por los estudiantes de la UACM tienen una concordancia con lo encontrado en el estudio realizado por Hickman, Marks, Pihkala, Clayton et al. (2021), quienes identificaron sentimientos de susto, tristeza, ansiedad y enojo, como elementos principales, en jóvenes al ser cuestionados sobre temas ambientales, entre ellos, principalmente, el cambio climático.

Se ha hecho alusión a la necesidad de que las instituciones de educación superior cuenten con mayores elementos de referencia sobre la información, conocimientos y sentimientos que poseen los estudiantes respecto de su momento histórico. Con las respuestas plasmadas en la Figura 4 se comprueba su importancia y necesidad impostergable para ofrecer otro tipo de análisis, construcciones y subjetividades ante los desafíos ambientales y ante la responsabilidad social e histórica de las IES, por el hecho de ser las responsables de la formación de las nuevas generaciones de profesionistas.

¿A quién(es) debemos educar ambientalmente para tratar de revertir los efectos negativos de los problemas ambientales?

El actor principal que juzgan importante educar los estudiantes universitarios es a la población en general, a todo el mundo, a las nuevas generaciones; respuesta que le otorga un grado de generalidad a su representación y que se relaciona de forma directa con la respuesta expresada en este estudio sobre los responsables específicos de los problemas ambientales (ver Tabla 1): la sociedad en su conjunto. Si bien es importante desarrollar procesos educativos dirigidos a todos los sectores para tratar de enfrentar los efectos de la crisis ambiental, también en cierto que existe, dentro de esta representación, un énfasis en la educación a las nuevas generaciones, a los infantes, que resulta primordial para enfrentar el problema (Figura 5).

Fuente: elaboración propia.

Figura 5 ¿A quién(es) debemos educar ambientalmente para tratar de revertir los efectos negativos de los problemas ambientales? 

Aun cuando se puede estar de acuerdo con esta postura, debe hacerse una acotación importante, en la medida en que, dentro del campo de la educación ambiental, un aspecto esencial es no trasladarles únicamente a las nuevas generaciones la responsabilidad de resolver la problemática del medio ambiente, porque simplemente no la pueden adoptar. En otras palabras, pensar que con procesos educativos dirigidos a las nuevas generaciones: niñas, niños y jóvenes se tendrá una mejor posición para resolver el problema, es otorgarles una responsabilidad que ni la educación ni este grupo específico puede resolver. De tal modo, se hace imprescindible pensar y poner en marcha procesos educativos de manera diferenciada, que contribuyan al fortalecimiento de los diferentes actores sociales, que les posibiliten nuevos aprendizajes, experiencias, conocimientos e información con los cuales se relacionen con los otros sujetos y con la naturaleza; toda vez que debemos de partir del principio de una educación para toda la vida, en la que el sujeto tenga experiencias de aprendizaje y se involucre en las necesidades socioambientales de su tiempo, entre ellas, por supuesto, las ambientales dentro y fuera del recinto de la UACM. Uno de los resultados del estudio efectuado por Escoz (2020), sobre la representación social del cambio climático en jóvenes universitarios españoles, se refiere a la importancia de que exista una confluencia de conocimientos adquiridos en las instituciones de educación superior, con aquellos adquiridos en contextos no académicos.

¿Cómo serán las condiciones ambientales en un futuro?

Las perspectivas que ofrecen los estudiantes respecto de las condiciones ambientales señalan otro de los grandes desafíos para los procesos de formación universitaria, ya que en el conjunto de expresiones que indican como parte de su representación social es evidente un pesimismo y desesperanza hacia la problemática, en la medida en que sus respuestas dan cuenta de que las condiciones del medio ambiente serán malas, deplorables, que habrá escasez de recursos, terribles, lamentables, no saludables, pésimas e irreversibles, solo por retomar algunas (Figura 6).

Fuente: elaboración propia.

Figura 6 ¿Cómo serán las condiciones ambientales en un futuro? 

Lecturas en esta dirección deben ser objeto de una revisión profunda que ofrezca nuevas posibilidades para que el estudiante universitario construya otros acercamientos y condiciones de futuro, que le ayuden a participar activamente en la problemática ambiental; esto como parte del desarrollo de sus prácticas profesionales, independientemente del campo de conocimiento al que se encuentre inscrito; de lo contario, caemos en el riesgo de que el sujeto de la educación, al no vislumbrar opciones de un mejor porvenir, se sitúe en una parálisis intelectual y de acción social que anule su participación en los intereses del bien común y en la construcción de respuestas viables a los retos en lo social y natural que le confiera nuestro espacio-tiempo.

Como se ha revelado, las instituciones de educación superior, como lo es la UACM, deben considerar este tipo de aspectos en sus procesos de formación, a fin de reflexionar sobre los mismos y generar posibilidades de trabajo -individual y colectivo- en los estudiantes, que les apoyen en la construcción de perspectivas de destino en las que se vean involucrados de forma clara y definitoria. Lo investigado por Meira-Cartea y Arto-Blanco (2014) tiene correspondencia con los resultados de esta representación, por el hecho de expresarse que resulta cada vez más urgente e inaplazable activar respuestas sociales, políticas, económicas y culturales a la problemática ambiental, dentro de las que han de ocupar un lugar importante las estrategias educativas y de comunicación orientadas a implicar a la sociedad en dichas respuestas y a encontrar posibilidades de futuro para ella.

Dimensión de actitud

La participación decidida, consciente y comprometida de los diversos actores sociales en los problemas ambientales es simplemente una condición imprescindible para construir nuevas respuestas ante nuestros actuales y futuros desafíos en lo socioambiental, de ahí la relevancia de que el actor universitario desempeñe un papel central y determinante en este tipo de procesos.

Las acciones que realizan los estudiantes universitarios para proteger el medio ambiente se caracterizan por estar en el orden de lo difundido por los medios de comunicación en su mayoría, toda vez que refieren acciones simples y acotadas como no tirar basura, reciclar, evitar el auto, usar composta y ahorrar energía, entre otras más (Figura 7). Esto indica que la concepción de participación social se reduce a una acción específica que puede generar un proceso de satisfacción individual, por el hecho de sentir que estás haciendo “algo”, que tu labor cuenta y que, con ello, se puede resolver el problema ambiental.

Fuente: elaboración propia.

Figura 7 Los estudiantes universitarios protegen el medio ambiente cuando realizan acciones como: 

Un primer elemento de revisión de esta representación social nos conduce a señalar que este tipo de iniciativas se han promovido, en gran medida, al interior de los sistemas educativos y que han sido generalizadas hacia los estudios universitarios, dando como resultado que exista una reducción de la participación social a lo meramente inmediato, sin considerar acciones de mayor envergadura que cuestionen el modelo de desarrollo, los patrones de consumo y desperdicio que adoptamos; las inequidades sociales, políticas y económicas, la pobreza y la marginación social, así como lo imprescindible de una transformación socioambiental que esté por encima de solo adoptar el apagar la luz en casa cuando no la utilicemos o cerrar el grifo del agua cuando nos lavamos los dientes.

Asimismo, porque este tipo de medidas le traslada la responsabilidad al sujeto mismo, ya que recae en él la resolución de la problemática, por lo que debe realizar actividades de esta naturaleza en su vida cotidiana, sin cuestionar otras dimensiones, principalmente de las causas que motivan los problemas ambientales y no solo de sus efectos aparentes. Esto se articula además con un debate en el ámbito de lo ambiental en lo general y de la educación ambiental en lo particular, respecto de si el “granito de arena” contribuye de una forma sustantiva a la resolución de la problemática. Sin caer en un simplismo se parte de considerar que toda acción cuenta con respecto a la protección del medio ambiente, pero también es claro que tendrán mayores niveles de impacto aquellas acciones y proyectos que se conecten en iniciativas sociales de ruptura, desvelamiento y reconfiguración, desde posturas políticas y críticas que apunten a modificar el estado de cosas y el resquebrajamiento del orden existente que ha provocado la crisis ambiental vigente. En esta misma dirección se encuentran los resultados del estudio de Méndez-Cadena, Fernández Crispín, Cruz Vargas y Bueno Ruiz (2020), quienes identificaron que los estudiantes universitarios realizan acciones como comprar termos de agua, no consumir alimentos procesados, reciclar, ahorrar energía, entre otros, como acciones encaminadas a tratar de reducir su huella ecológica y, con esto, contribuir al mejoramiento del medio ambiente.

A manera de conclusión

La formación de un nuevo profesionista al interior de las instituciones de educación superior e investigación científica se convierte en una de las dimensiones de mayor importancia en la actualidad. Será primordial definir nuevos escenarios de trabajo, ámbitos y niveles que permitan impulsar procesos académicos y de investigación que apoyen al sujeto de la educación en la construcción de renovados conocimientos, información, experiencias y habilidades que lo habiliten para atender los problemas que la sociedad y el momento histórico le confiera; de lo contrario, se seguirá formando al profesionista que en la actualidad es más parte del problema que de la solución.

Este panorama exige contar con enfoques, orientaciones y puntos de partida distintos sobre lo que el individuo requiere y demanda para afrontar el desafío antes descrito, de ahí la importancia de signar otros atajos para su formación, pero también otra creatividad, amplitud y enseñanzas que le permitan arribar a los perfiles profesionales que se demandan y edificar respuestas diferentes y con mayor nivel de integralidad ante las adversidades socioambientales que encaramos.

Este estudio mostró lo imprescindible de voltear la vista al estudiante universitario nuevamente, a fin de intercambiar, debatir y dialogar sobre sus posibilidades de formación académica, dentro y fuera de los recintos universitarios, con la intención de otorgarle un mayor grado de responsabilidad en su proceso formativo, tal como lo sugiere Ferry (1990), pero donde la institución universitaria ofrezca también las condiciones académicas y profesionales que fortalezcan sus perspectivas sobre lo social, ambiental, científico y humanístico.

Las representaciones sociales como acercamiento teórico-metodológico se visualizan como un enfoque apropiado para trabajar en esta dirección y para obtener información valiosa que facilite el establecimiento de nuevos puentes de diálogo e intercambio con los estudiantes universitarios, que hagan visibles sus conocimientos, sentimientos y acciones que le impulsen a actuar de determinada forma ante situaciones específicas (González Gaudiano y Meira Cartea, 2009); para el interés de este trabajo, sobre las cuestiones ambientales, con el objetivo de contar con una perspectiva general, y en algunos casos particular, que nos lleve a una mejor comprensión sobre lo que debemos complementar y fortalecer en su proceso de formación universitaria.

Lo anterior reviste una importancia central, puesto que -como se ha expresado en algunas de las ideas y debates en este estudio- enfrentar las consecuencias de la problemática ambiental no se reduce a la intervención concreta de alguna ciencia o disciplina, sino que requiere de la confluencia de los diversos saberes, conocimientos y técnicas que la humanidad conserva y que ha organizado, tal vez ya de forma caduca, en ciencias sociales y naturales; sin embargo, su involucramiento, es primordial para brindar otro tipo de rostro a los destinos de la humanidad y de todos los seres con los que cohabitamos en el planeta.

Precisamos de nuevos acercamientos a las múltiples experiencias que posea el estudiante universitario para que configure y reconfigure sus representaciones sociales sobre lo que le acontece en su vida cotidiana y sobre las formas en que actúa ante diferentes hechos o fenómenos de la realidad. Acciones que le apoyen para incrementar su capacidad de análisis crítico y propositivo sobre la información a la que accede en las redes sociales; sobre los responsables de los problemas ambientales y no solo de sus efectos aparentes; sobre los sentimientos que le provoca la situación actual y en torno a las acciones que realiza en su vida cotidiana para tratar de minimizar sus impactos en la sociedad y el medio ambiente, así como para generar una visión más promisoria sobre los destinos de la sociedad y la naturaleza, que acompañe y permee el desarrollo de sus prácticas profesionales en su momento.

La universidad en su conjunto y la UACM como institución que busca ofrecer respuestas integrales a los problemas de hoy, tendrán la responsabilidad de hacer emerger los mecanismos de trabajo y colaboración académico-institucional que le permitan a sus estudiantes definir nuevos niveles de involucramiento en los problemas de la sociedad y del país, por lo que el análisis riguroso y continuo de quiénes son, qué les conduce a su formación académica y cuáles son sus perspectivas profesionales, simplemente se vuelve un imperativo.

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1En adelante, en este trabajo se empleará el masculino con el único objetivo de hacer más fluida la lectura, sin menoscabo de género.

Recibido: 09 de Mayo de 2025; Aprobado: 26 de Junio de 2025

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