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Revista de la educación superior

versión impresa ISSN 0185-2760

Rev. educ. sup vol.53 no.212 Ciudad de México oct./dic. 2024  Epub 01-Jul-2025

https://doi.org/10.36857/resu.2024.212.3031 

Artículos

El uso académico de la biblioteca universitaria, sus recursos digitales e impresos y el cambio de paradigma de consulta. Un estudio con profesores y estudiantes de la Universidad de Guadalajara

The academic use of the university library, its digital and printed resources, and the change in the consultation paradigm. A study with professors and students of the Universidad de Guadalajara

María Alicia Peredo Merlo* 

Luis Alfredo Mayoral* 

*Universidad de Guadalajara. CUSCH. Departamento de Estudios en Educación,México


Resumen

En el contexto de la reducción de suscripciones a bases de datos en las universidades públicas del país; el estudio muestra un análisis comparativo entre alumnos y profesores sobre el uso de los servicios y recursos digitales e impresos de la biblioteca universitaria con fines académicos, además de los motivos, las estrategias y frecuencia de búsqueda. Los datos se obtuvieron mediante formularios en línea. Los resultados indican un comportamiento diferenciado entre profesores y alumnos al momento de consultar información, tanto en la visita presencial a la biblioteca como en la consulta de la plataforma digital de la misma.

Palabras clave: Biblioteca; Recursos informativos; Texto impreso; Texto electrónico; Fines académicos

Abstract

In the context of the reduction of database subscriptions in the country’s public universities, the study shows a comparative análisis between students and teachers on the use of the university library’s digital and printed services and resources for academic purposes, as well as the reasons, strategies, and frequency of search. The data was obtained through online forms. The results indicate a differentiated behavior between teachers and students when consulting information, both in the face-to-face visit to the library and in the consultation of the digital platform.

Keywords: Library; Information resources; Printed text; Electronic text; Academic purposes

Introducción

El estudio de usuarios de las bases de datos y recursos digitales para actividades académicas y escolares es todavía escaso. Las universidades invierten una gran cantidad de recursos financieros en las bibliotecas, las cuales son las que facilitan el uso de diversas fuentes digitales; no obstante, hay una observación generalizada entre los bibliotecarios quienes perciben un uso insuficiente y por tanto una falta de aprovechamiento de este valioso medio para la búsqueda de información académica.

En este estudio nos proponemos analizar el uso institucional de los recursos informativos para usos académicos. Entre otras interrogantes, nos interesaron los motivos de búsqueda: tareas, información para la investigación, trabajo, ocio, y otros. Identificar la frecuencia de esta consulta y si ésta se realiza desde los recursos institucionales o de libre acceso y desde equipos personales o públicos, dado que la subutilización de las bases de datos académicas institucionales fue el motivo por el cual, el CONACyT1 retiró los apoyos financieros para el pago de suscripción a bases de datos en las universidades en todo el país, bajo el supuesto de que se consultan poco y sin orientación. De aquí que otra vertiente de interés fue la actitud de los usuarios ante los diferentes formatos al alcance con fines académicos; impresos, fotocopiados o electrónicos, esto es: libros, artículos en revistas de libre acceso, tesis, manuales y artículos con acceso a través de la biblioteca digital.

En los estudios de actitud importan, desde luego las percepciones, las emociones y las conductas generadas. En síntesis, estamos hablando de un cambio de hábitos en el consumo de la literatura académica. Asunto no menor, si lo enfocamos desde la dimensión de la comunicación del conocimiento y desde los nuevos usos sociales y escolares de las bibliotecas. Es decir, de la penetración del texto digital y sobre todo del libro digital. Esto, en un momento nos conduce a reflexionar en la diferencia entre nativos digitales y las generaciones de inmigrantes o analógicas. Nos obliga a pensar en los efectos de equidad y acceso debido al entorno cultural y económico de los diferentes usuarios. Finalmente nos preguntamos si influyen los hábitos de lectura extraescolar y qué ocurre en el caso de estudiantes, profesores e investigadores de la Universidad de Guadalajara en sus diferentes centros universitarios, lo que abre una posibilidad del papel que tiene la disciplina de estudio en estas prácticas lectoras.

Ahora bien, es necesario reflexionar desde un inicio, a riesgo de no caer en discusiones estériles, el lugar que tiene el texto digital, más allá de un formato y el grado de legitimidad que se le da dentro del mismo espacio institucional. Me refiero concretamente a que, al parecer, los trabajos académicos, hoy en día, son sometidos a software que detecte posibles plagios, pero desde éstos se analiza también, la cantidad de textos consultados en línea y los citados desde fuentes impresas. Esto da a entender que hay un cierto prurito en aras a un equilibrio entre los formatos digitales y analógicos. La pregunta es ¿por qué? Y si acaso todavía, hoy dudamos de la confiabilidad en el texto digital de libre acceso. Lo que se cuestiona no es el valor que adquiere la presencia de la tecnología en la formación de un lector contemporáneo, sino quizá el abandono radical del material impreso que ha pasado por diferentes procesos históricos y culturales que le han dado la legitimidad al conocimiento trasmitido desde la invención de la imprenta y la clasificación del conocimiento, dando entrada a las bibliotecas disciplinares. Es decir, el uso de las herramientas contra el plagio da muestras solo del avance tecnológico, pero no justifica que esta sea la forma de solidez académica o validación científica de un texto académico, como tampoco lo es si éste está escrito en versión digital o impresa.

Vaca Uribe (2009) hace un análisis interesante de las semejanzas y diferencias que existen entre el texto en papel y el electrónico, lo que incluye una gran variedad de funciones comunicativas. Entre las semejanzas destaca: el sistema gráfico en textos formales, la hipertextualidad (se refiere a la posibilidad de ligas de referencias que dependen del lector y no del formato), la multimodalidad, por ejemplo, del texto impreso o electrónico acompañado de un video o audio, la transmutabilidad (textos digitales pueden imprimirse y textos impresos pueden digitalizarse). Entre las principales diferencias que expone Vaca están: la velocidad de transmisión, accesibilidad y distribución, la transportabilidad y la interactividad. Para Eduardo Gutiérrez (2009) lo que se ha modificado es el ecosistema de comunicación obteniendo una condensación de nuevas necesidades, intereses y rutinas asociadas al uso de la tecnología para las prácticas de lectura. Este enfoque es muy pertinente porque nos permite definir algunas variables que forman una especie de ecología de la producción y consumo del conocimiento científico a partir precisamente de un nuevo ecosistema de la comunicación que incluye nuevas formas de hacer en un marco cultural en movimiento. Es necesario tomar una posición donde la lectura académica es un hecho cultural, disciplinar y colectivo que involucra una cadena de producción y consumo compleja en sí misma y que en voz de Richard Olson (1991) es propia de las instituciones educativas que precisamente producen textos para ser leídos por aprendices. Esto implica analizar las nuevas formas, si es que lo son, de producir información para ser apropiada con un determinado sentido de significación. Acaso solamente estamos frente a una rápida evolución de los procesos de distribución y acceso.

Gasca y Díaz Barriga (2018) proponen, citando a Zayas (2012) estas diferencias entre los tipos de textos, que no difieren mucho de Vaca, pero sí de nuestras visiones sobre la lectura.

Tabla 1 Comparación entre texto impreso y electrónico 

Textos impresos Textos electrónicos
Límites definidos. Sin límites definidos: existencia variable y dinámica.
Lectura secuencial (según un orden) Lectura no secuencial: el lector traza su propio itinerario con la ayuda de dispositivos de navegación
Posibilidad de visualizar la estructura del texto. El lector ha de representarse mentalmente la estructura superior del hipertexto
Rasgos de género discursivo reconocibles Rasgos de género difusos
Indicadores de autoría y fiabilidad Dificultad para valorar la autoridad y fiabilidad de las informaciones

Fuente: Zayas, 2012, p.45.

Ahora bien, podría ser discutible y por lo tanto analizable si se están refiriendo a un texto de cualquier tipo en formato electrónico o particularmente, como es nuestro caso, al texto con fines académicos. También podríamos cuestionar si la lectura es secuencial o no, dependiendo del formato; en realidad el lector decide siempre cómo leer cualquier tipo de texto.

Para el mismo Gutiérrez (op. cit.) hay una transformación de la experiencia lectora y la ejemplifica con la actitud investigativa que transita de moverse entre datos impresos a motores de búsqueda y a la necesidad de términos adecuados para esto último. Aunque no necesariamente queramos polemizar, es importante destacar que quizá un estudiante o investigador busca de forma más precisa en una biblioteca impresa que está previamente organizada por temas, disciplinas, autores y quizá la búsqueda es más focalizada que dentro de una base de datos abierta como Google; pero también es probable que esto solamente aplica para los inmigrantes digitales y los nativos tienen una destreza destacada para la localización de sus necesidades de información. No queremos decir que la información en una base de datos académica está desorganizada y caótica, sino quizá solamente potenciada. Acaso estamos frente a nuevos perfiles lectores y las instituciones de educación superior están adecuando sus procesos de acceso a la información, lo interesante será saber si esto ocurre en armonía; es decir, la institución ofrece amplias posibilidades de acceso y formación de usuarios y los lectores son ávidos buscadores de información o bien, como decíamos al inicio hay puntos de tensión que es necesario identificar.

Para poder seguir el hilo de la argumentación, conviene definir de entrada cómo se han entendido los nativos y los inmigrantes digitales. Autores como Jara Gutiérrez (2018) que citando a Prensky (2001) establece la nomenclatura que designa a los profesores como inmigrantes digitales y a los estudiantes como nativos. Esto sin duda da a entender una brecha no solo en la búsqueda de la información y hábitos lectores sino en el paradigma comunicacional. A los nativos los describe como aquéllos que desde la niñez están inmersos en la tecnología, cuando la plasticidad neuronal es alta. Ya en las siguientes etapas del desarrollo y ante la información y el conocimiento prefieren los procesos rápidos y de respuesta instantánea. Las redes sociales son su lugar preferido y la internet es la base de búsqueda del conocimiento y por lo tanto su forma de aprender ya no depende tanto de lo que un profesor explique sino de las múltiples pantallas que son capaces de desplegar en breves minutos. (Hablaremos más delante de la desaparición de los mediadores del conocimiento). Todo esto ocurre como parte de la revolución tecnológica que les ha tocado compartir como una nueva cultura comunicacional. Pero es importante enfatizar que no solo es un asunto de edad cronológica; el gran desafío tiene que ver con las posibilidades de acceso y al menos en México existen grandes grupos de población “nativos digitales no digitales” (Jara Gutiérrez). Ahora bien, esto es un fenómeno similar que vivir en una sociedad con lenguaje escrito como base de la comunicación social y económica y ser un analfabeta radical o funcional. En ambos casos podemos hablar de la necesidad de una habilitación equitativa de ambos sistemas de uso y acceso a la información y al conocimiento. Los nativos digitales, afirma Presky (2010) quieren recibir la información de forma expedita, ágil; son multitareas y generalmente se inclinan por accesos al azar; finalmente son altamente lúdicos para aprender. Por su parte, los inmigrantes, evidentemente han nacido en la era predigital. Para Jara Gutiérrez (op.cit) tienden a hacer análisis inductivo-deductivo y se han tenido que adaptar al mundo digital siendo adultos. Es interesante notar que no solo aprenden una nueva tecnología sino incluso un nuevo léxico. Se enfrentan a estudiantes que dominan, quizá por primera vez, formas más expeditas de acceso a la información y dependen cada vez menos de su “cátedra erudita”; es decir, añoran la clase magistral. Baste poner como ejemplo, de quienes esto escriben, que durante algún tiempo no muy lejano (´70-´80) se acostumbraba a dar a los estudiantes, sobre todo en bachillerato, compilaciones de textos (denominadas antologías) que consistían en capítulos o extractos de textos que correspondían a los contenidos de la asignatura en cuestión. Podíamos encontrar generaciones de licenciatura que nunca habían leído un libro completo de un autor. Pero, sobre todo, dependían de la información que poseía el profesor y proponía a sus estudiantes. En cambio, ahora solicitan a los nativos digitales la búsqueda de los contenidos de la materia y compartirlos con él. He aquí un impacto de esta brecha y un asunto no menor en el uso eficiente de las bases de datos y bibliotecas universitarias. Entonces, ¿por qué se dice que hay una subutilización?

Podría pensarse que el estudiante, nativo digital, navega sin orientación y con fines difusos, pero esto no es tan claro. Hay estudios antecedentes que han sistematizado datos de las prácticas de lectura digital en universitarios colombianos, como el de López Gil (2016) que cuestiona los propósitos de lectura, distinguiendo los textos digitalizados de los textos digitales. Indaga las estrategias de búsqueda y las dificultades. Entre sus hallazgos encuentra que generalmente el profesor selecciona los textos bajo el supuesto de que el estudiante puede encontrar textos no confiables. Surge para nosotros una advertencia para nuestro estudio, ¿cómo se evalúa la confiabilidad? Por ejemplo, el solo hecho de que un texto esté en una base de datos reconocida y dentro de una biblioteca digital, sin duda le da mayor confiabilidad que un texto libre encontrado en buscadores como Google. ¿Qué se hace en las universidades respecto a este punto de tensión: la confiabilidad del texto? Desde luego, no dudamos en que hay universidades que incluyen asignaturas para el uso eficiente de bases de datos, lo que incluye lectura crítica con capacidad de discriminación, pero no es un tema generalizado ni en todas las universidades ni en todas las disciplinas de formación. López Gil, por su parte concluye, entre otras cosas que apuntalan los fines de las búsquedas, que, a pesar de las orientaciones docentes, las lecturas suelen ser superficiales y no se ha resuelto el desafío de la confiabilidad de la fuente. Sin duda, la confiabilidad de la fuente es un asunto de suma importancia. Eco (2010) sugiere que estamos frente a la necesidad de “verificadores” y él mismo ironiza sobre quién verifica al verificador. Con esto, queremos decir que sea cual sea la generación a la que se pertenece, y ante la subutilización de las bases de datos que tienen textos que han pasado por “verificadores” (evaluadores pares) y que han sido validados por editoriales de alto prestigio académico; no obstante, se prefieren las consultas libres de cualquier escrutinio científico. El reto, entonces, dice Cassany (2018) es que habría que enseñar formalmente métodos de búsqueda -en las universidades es indispensable- y métodos de confiabilidad de las fuentes, que favorezca el pensamiento crítico. Añade, la escasa investigación sobre lo que los estudiantes hacen y aprenden con el manejo de fuentes confiables/ dudosas y si son capaces de discriminar. Para nosotros fue igualmente importante estudiar a los profesores e investigadores, y desde luego a los estudiantes.

Según Burbules y Callister (2001, citado por Gasca y Díaz Barriga, 2018) hay tres tipos de lectores: los que denomina simplemente navegadores que no tienen definido un objetivo o criterio de búsqueda. Los usuarios, que utilizan diferentes bases y sitios sin perder el objetivo de la búsqueda. Y, los hiperlectores, que interactúan activamente en diferentes sitios y buscan cada vez más información.

La universidad exige prácticas de búsqueda, evaluación, procesamiento e interpretación de la información en soporte digital e impreso; sin embargo y dado que el estudiante se ha convertido en un experto decodificador de la generación Google, Larrañaga et. al. (2018) hipotetizan que el hábito de lectura define perfiles diferenciados en el empleo de la red. Al estudiar cuatro universidades españolas concluyen que los estudiantes “no” lectores conceden mayor importancia a internet para la comunicación y el entretenimiento. Dado que en su estudio indagan los hábitos de lectura que incluyen estas dos variables, no podemos generalizar sus resultados, pero si tomar en cuenta la relación entre los hábitos lectores y su impacto en las prácticas específicas de lectura académica en soporte digital. Algo muy relacionado estudian Chávez et. al. (2020) con el objetivo de relacionar los hábitos de lectura y la búsqueda de información de tipo académico y no académico. Apoyados en Elche y Yubero (2019) sostienen que la lectura digital mantiene la esencia de la lectura tradicional y por tanto no puede separarse de los hábitos. Si esto es así, podemos incluir en este estudio la indagación de los hábitos de los universitarios respecto del uso de la biblioteca tradicional y la virtual, en comparación por ejemplo de la búsqueda libre de Google Académico u otros buscadores, para fines exclusivamente académicos. ¿Qué perfiles lectores tradicionales se relacionan con los perfiles de lectores digitales, en las prácticas de lectura académica?

En México hay estudios antecedentes como el de Argüelles Guzmán (2012) que a través de un enfoque comunicacional cuestiona la influencia de Google en la cultura escrita y la valoración del libro y del palimpsesto, en donde la lectura se asocia a fragmentos de documentos en una especie de intertextualidad sin referentes de autoría. Asunto no menor, dando pie actualmente a la necesidad de software especializados para detectar prácticas de copiar y pegar muy cercanas al plagio. En este artículo, líneas adelante, analizaremos el efecto Google y la superficialidad del conocimiento frente a la profundidad y valor del conocimiento científico.

El proyecto Gutenberg intentó estudiar las consecuencias en los hábitos lectores y las implicaciones de la lectura multimodal. La Unión Europea llevó a cabo un sondeo de opinión, a través de grupos de discusión, en 27 países y llegó a la conclusión de que la edad es un factor determinante en el uso y percepción de los diferentes soportes de lectura. Las variables estudiadas dan idea del diagnóstico elaborado: preferencias de soporte, razones de preferencia, frecuencia de uso de las bibliotecas, propósitos de uso. (Cordon, et.al. 20029)

En todo caso, lo más importante es dar entrada a cuestionar si hay un cambio en los hilos de significación y la configuración de sentido en la que ocurren estos cambios culturales relacionados con la concepción de lectura y los contextos culturales donde se desarrollan; la cultura va delimitando lo que tiene sentido (Eduardo Gutiérrez, 2009). Estamos frente a un ecosistema comunicacional ya que se interactúa con discursos construidos en procesos de producción diversos (analógicos y digitales o en ambos) lo que da por resultado hechos colectivos en comunidades como las disciplinares que quizá tienen particularidades relacionadas con lógicas discursivas (Peredo, 2016); es decir, con la producción y circulación de textos en disciplinas duras, experimentales, sociales o tecnológicas que tienen diferentes ritmos de evolución y cambio y de estructuración del conocimiento. Quizá estemos frente a diversos perfiles lectores emergentes que no son un conglomerado homogéneo por el solo hecho de ser estudiantes universitarios y nativos digitales. Destacamos entonces el papel que tienen los fines de la búsqueda, los perfiles de formación y las lógicas propias de la validación científica que tiene cada grupo disciplinar. Ahora bien, ¿qué hacen los profesores universitarios ante esta nueva forma de comunicar e instrumentar la difusión y acceso al conocimiento? No tenemos total certeza de la ausencia de resistencias docente, entre otras razones, precisamente por no ser nativos digitales. Sin duda, para la universidad, la biblioteca digital es un proyecto estratégico, pero no hemos estudiado cabalmente su utilización docente, por ejemplo. Entre otros enfoques explicativos, encontramos tanto el paradigma comunicacional como el de las organizaciones que gestionan el cambio.

Si bien no hay duda de la utilidad de contar con las bibliotecas digitales, hay otra cara de la discusión que de forma muy interesante plantean Cordón et.al. (2009) acudiendo a fuentes clásicas como Barthes (1992) y Eco (1990). El meollo de la discusión es si la lectura siempre fue multimodal: visual, táctil, emotiva, como afirma Barthes y que Eco argumenta como que toda obra es inacabada, abierta y condenada a la reelaboración de múltiples lectores. Es decir, hay una hipertextualidad, una intertextualidad y un intrincado proceso de participación activa e invisible del lector sobre el texto (Jauss: 1986, citado por Cordón).

Producción y circulación del conocimiento académico

Por otra parte, y con relación a la producción científica que desde luego necesita de la consulta de información previamente en circulación, vemos que de acuerdo con un informe de CONRICyT2 de 2016 hay un incremento considerable de publicaciones internacionales de investigadores mexicanos que tuvieron acceso a estas bases de datos. Veamos, en resumen, lo que este consorcio reporta.

En México, en las instituciones de educación superior, en 2009, se implementó un programa (CONRICyT) mismo que en el sexenio 2020 se eliminó bajo el supuesto de falta de uso generalizado en las ies. El conricyt tenía como propósito proveer de recursos de información especializada a instituciones públicas de educación superior federales y estatales, así como a instituciones particulares de educación superior, centros públicos de investigación, institutos nacionales de salud y a hospitales de alta especialidad, entre otras Instituciones, con el fin de satisfacer las necesidades de información que presentan las comunidades académicas en sus diversas áreas de conocimiento (conricyt, 2016). El trienio 2012-2014 se caracterizó por una amplia expansión de los recursos ofrecidos. En un informe de uso, consumo y valoración de estos recursos, se informa (2016):

Cuando se compara la producción de material científico en México de 2011 a 2014 el informe observa que crece el acceso al conocimiento científico, sobre todo en algunas áreas del conocimiento como las relacionadas con la salud y tiene un efecto en el aumento de citación; es decir, se incrementó el número de trabajos publicados por investigadores mexicanos, acercándose a estándares internacionales. Particularmente, en el caso de Jalisco, se observa una producción especializada en Medicina, Agricultura, Ciencias Biológicas, Bioquímica, Genética y Biología Molecular. Este recurso aunado al Open Access en 2014 ha dado un impulso sin precedentes a la circulación de la investigación que se produce en México. La pregunta sigue siendo entonces pertinente: ¿hay una subutilización de estas bases de datos y bibliotecas digitales? ¿Se justifica la decisión de cancelar el apoyo a las ies? En un escenario sin Consorcio, en promedio los trabajos publicados por investigadores mexicanos citaron 87,5 documentos por trabajo publicado. Con Consorcio en promedio el consumo aumentó a 119 citas por trabajo publicado. (CONRICyT; 2016). Según entrevista con el Dr. López Ruelas (16-02-2022), director del sistema bibliotecario de la Universidad de Guadalajara, en 2021 se eliminaron 16 bases de datos y se quitaron 500 millones de pesos, precisamente de conricyt. En el informe, ejemplifican que, la consulta de revistas científicas, en versión impresa, quedan limitadas al espacio de un laboratorio, por decir algo; en cambio su distribución digital ha logrado impactar no solo la consulta sino los autores que la eligen para enviar sus propias producciones. En este sentido, el efecto también está en la ampliación de la circulación cada vez más extendida y de fácil acceso al conocimiento. Otro asunto fue el incremento de la visibilidad de la producción científica mexicana y la internacionalización de ésta.

En síntesis, quizá enfrentamos una transformación aún en proceso de análisis más profundos del ecosistema de producción, circulación y consumo del material académico al alcance de una gran mayoría de lectores en contextos múltiples.

Método

Nuestro universo de interés lo conformaron profesores (n=131) y alumnos (n=506) de la Universidad de Guadalajara. Utilizamos una estrategia metodológica de encuesta en línea, un instrumento específico para cada una de las muestras, vía correo electrónico, con la salvedad de asistir a las escuelas preparatorias y algunos centros universitarios para invitar a los alumnos a contestar vía teléfono celular. Ambas muestras, aun cuando no son aleatorias, son amplias y diversificadas.

El perfil de los alumnos. Provienen principalmente de dos escuelas preparatorias del Sistema de Educación Media Superior (SEMS) de la Universidad de Guadalajara y representan casi la mitad del total de alumnos encuestados, la otra mitad proviene de seis distintos centros universitarios, cuatro de ellos metropolitanos y dos foráneos.

Tabla 2 Perfil de los alumnos 

Nivel de Estudios Escuela N %
Bachillerato Preparatoria 10 93 18.4
Preparatoria 7 137 27.1
Otras 7 1.4
subtotal 237 47.1
Centro Universitario Ciencias Económico-Administrativas 24 4.7
Ciencias Exactas e Ingeniería 37 7.3
Ciencias de la Salud 97 19.2
Ciencias Sociales e Humanidades 14 2.8
De los Valles 92 18.2
De los Altos 5 1.0
subtotal 269 52.9
Total 506 100

El perfil de los profesores muestra los siguientes datos. El 82% son profesores de tiempo completo (n=108); los técnicos académicos representan el 5% de la muestra (n=6) y el resto completan el 13 por ciento (n=17). 56 académicos poseen dos distinciones SNI y PRODEP3 (43%), le siguen 44 con una distinción en PRODEP (34%) y 4 con SNI (3%); el resto sin distinción es de 21%. Acerca del nivel de estudios de los docentes; el 5% posee licenciatura y el 95% restante posee posgrado de los cuales, 24% maestría y 71% (n=93) doctorado y/o posdoctorado. Sobre el campo disciplinar; 54% pertenece a las Ciencias Sociales y Humanidades y un 30% a las Ciencias Biológicas y Agropecuarias, un 7% representa el área de la Medicina y Ciencias de la Salud y el mismo porcentaje de 7% los que pertenecen a las Ciencias Exactas e Ingeniería. Lo anterior confirma que la mayoría de los docentes tienen un perfil de profesor investigador, provienen en su mayoría de dos campos disciplinares; ciencias sociales y humanidades y ciencias biológicas y agropecuarias, los cuales poseen, en su mayoría, estudios de posgrado y cuentan con una y dos distinciones (PRODEP y/o SNI).

Los niveles educativos donde los académicos ejercen la docencia se concentran en la licenciatura en combinación con algún posgrado, sea maestría y/o doctorado. Están distribuidos de la siguiente manera, licenciatura 35%; licenciatura y maestría 24 % y, licenciatura, maestría y doctorado cerca del 20 %, en bachillerato apenas se alcanza el 6%.

Tabla 3 Perfil de los docentes 

Disciplina a la que pertenece N % Distinciones N %
Medicina y Ciencias de la Salud 9 7 Ninguna 27 21
Ciencias Exactas e Ingeniería 10 8 PRODEP 44 34
Ciencias Sociales y Humanidades 70 54 SNI 4 3
Ciencias Biológicas y Agropecuarias 38 29 PRODEP/SNI 56 43
Total 127 98 Total 131 100

Algunos elementos de análisis y discusión

En este estudio hemos comprobado algunos de los planteamientos de Eduardo Gutiérrez, (2009) en el sentido de las nuevas formas de consulta académica que, en nuestro caso, declaran hacer los estudiantes, considerados nativos digitales. Para Gutiérrez hay un ecosistema comunicativo cambiante. Coincidimos en que estamos frente a un nuevo entorno multiprocesual en el que los estudiantes lectores configuran nuevas identidades. Por ejemplo: persiste la necesidad de información, pero el mundo contemporáneo les ofrece una cantidad vertiginosa de formas de acceder a ésta. Esto nos lleva a una pregunta que conduzca a las nuevas formas en las que se está produciendo, circulando y apropiando el cúmulo de conocimiento científico y popular, sin límites muy claros entre uno y otro. Para Gutiérrez es importante reflexionar sobre el sentido y si éste sigue siendo impuesto por los grupos dominantes. El estudiante se enfrenta a una libertad absoluta para indagar, ampliar y comparar las fuentes académicas y eso, precisamente, puede ser un conflicto educativo si no cambiamos radicalmente las dinámicas institucionales en las universidades, empezando por el papel del profesor. Hemos podido comprobar que hay dos puntos de tensión en nuestros resultados: por un lado, el profesor/inmigrante digital sigue dando instrucciones y materiales de lectura digitalizada o el sitio donde localizarán la fuente; y, por otro lado, la búsqueda independiente es un tanto caótica o limitada a Google. El punto más álgido es la confiabilidad y validez de la información. Dice Gutiérrez que los nativos digitales ejercen una nueva ciudadanía lectora. En esta nueva dimensión hay mucho por indagar aún.

Alumnos

Si nos referimos en primer término al consumo, entendiendo por éste un asunto de cantidad de material impreso leído con fines académicos, obtuvimos los siguientes resultados: la mayoría (64.6%) declara leer un libro académico al semestre, pero en realidad solo la mitad de éstos lee un libro completo; el resto lee capítulos o fragmentos. Asunto que será interesante analizar líneas adelante como una característica de los tiempos digitales o acaso de la generación de los nativos digitales; sin considerar que esto sea un defecto sino más bien el dato nos orilla a la fragmentación de la información y la necesidad de integración para un conocimiento sólido. Ahora bien, además de un libro, leen revistas científicas y textos fotocopiados como parte de la consulta académica. Más de la mitad (52 y 62% respectivamente) consultas materiales impresos, lo que nos hace suponer que hay una complementación en las fuentes que se consultan. Ahora bien, ¿dónde obtienen este tipo de material?, lo que nos lleva a dos grandes categorías: acceso y circulación del conocimiento. Casi el 62% no acude a una biblioteca presencialmente.

¿Qué ocurre con el material digital? 46% (lo cual es menor que el dato anterior) acostumbra a leer libros digitales; 41% revistas científicas en formato digital. Ambos datos son menores, lo que nos invita a pensar en el acceso. Solo el 19% suele consultar una biblioteca digital, pero el 69% acostumbra consultar bases de datos digitales y lo más sorprendente es que el 92% lo hace desde un lugar público o personal; es decir, no hay una consulta institucional de bases de datos. Hasta cierto punto, éstas serían más académicas y reguladas. Este es un dato sumamente interesante porque nos habla de acceso y circulación. El acceso es gratuito desde la institución universitaria, pero se prefieren otras plataformas tipo Google que es el más consultado (88.5%), y otros sitios como Scielo, Academia.edu, Redalyc, a lo que nos referiremos más adelante. Sobre todo, destaca lo que llamaremos el fenómeno Google.

Profesores

Ahora bien, en este mismo sentido de acceso y circulación, ¿cuál es el comportamiento lector, con fines académicos, de los profesores? En un semestre, en promedio, declaran leer más de 6 libros impresos (10%), entre 1 y 6 (72%) y solamente el 18% afirma que solo lee material digital. Asimismo, el 70% sigue leyendo revistas científicas impresas y material fotocopiado. Este dato nos confirma un consumo significativo de lectura impresa por los profesores que suponemos, la mayoría son de la generación analógica, sin dejar de lado la lectura digital; 64% suele leer libros digitales de forma regular y el 81% lee artículos científicos electrónicos.

Es de llamar la atención que los alumnos que afirman leer libros impresos, sólo la tercera parte dice leerlos completos (31%), el resto, sólo lee capítulos y/o fragmentos y, un 12 % ya no leen libros impresos, que coincide con el mismo porcentaje que afirma no leer material impreso. También, una tercera parte de alumnos consulta revista científica impresa y un 42% lee artículos fotocopiados y quienes afirmar leer ambos materiales llegan hasta el 12 por ciento.

Por su parte, el 30% de los profesores afirma leer artículos en fotocopia junto con revistas científicas impresas, hay quienes sólo leen artículos impresos (28%) y quienes prefieren leer sólo revistas científicas impresas (27%).

La Tabla 4, nos muestra la comparativa, entre alumnos y profesores, de su comportamiento de visita a la biblioteca universitaria en sus dos modalidades: física o presencial y virtual en su portal web. Las visitas presenciales a la biblioteca universitaria en general son escasas de parte de ambas poblaciones, alumnos y, docentes de modo más evidente con más del 80%, de los docentes menos de una quinta parte afirma visitar de modo frecuente este espacio. Los alumnos son los que visitan con mayor asiduidad su biblioteca escolar, cerca al 40%. El comportamiento es muy diferente si observamos las visitas al portal de la biblioteca digital de la universidad; donde más de la mitad de los profesores consultan la página web de la biblioteca, los alumnos que la visitan rondan la quinta parte, el resto poco o nunca van al sitio web.

Tabla 4 Visitas presencial y virtual a la biblioteca universitaria y biblioteca digital 

Biblioteca Universitaria Biblioteca Digital
% Alumnos % Profesores % Alumnos % Profesores
Nunca 14.6 7.6 Nunca 32 6.1
Poco 48.2 74 Poco 44.4 36.6
Varias veces 28.9 15.3 Varias veces 19.7 42
al mes al mes
A diario 8.3 3.1 A diario 3.9 15.3

El hábito de lectura de material digital, en su forma de libro o revista científica, la Tabla 5 nos muestra que es evidente su mayor presencia en los profesores comparados con los alumnos, además, las revistas científicas son las preferidas por los profesores, mientras que los libros digitales son los de mayor consulta de parte de los alumnos al acudir a distintas bases de datos.

Tabla 5 Hábito de lectura de libros digitales y revistas científicas en formato digital 

Libros Digitales Revistas Científicas Digitales
% Alumnos % Profesores % Alumnos % Profesores
Nunca 11.8 4.6 Nunca 15.2 3.8
Poco 41.4 34.4 Poco 43.4 15.3
Varias veces 29.2 36.6 Varias veces 29.6 44.3
al mes al mes
A diario 17.6 24.4 A diario 11.8 36.6

En la Tabla 6 vemos que la afirmación de ambas poblaciones, alumnos y docentes, no se diferencia de manera notable, ambos porcentajes son parecidos, solo llamar la atención que existen alumnos, pocos, que nunca consultan bases de datos.

Tabla 6 Costumbre de consultar bases de datos 

Bases de datos académicas
% Alumnos % Profesores
Nunca 3.7 0
Poco 27.2 24.4
Varias veces al mes 46 49.6
A diario 23.1 26

Tabla 7 Consumo y acceso para fines académicos 

Alumnos Profesores
Texto Impreso (libros, revistas y fotocopias) Texto Digital (libros y revistas) Texto Impreso (libros, revistas y fotocopias) Texto Digital (libros y revistas)
87 - 88% 41 - 47% 82 - 85% 61 - 81%

Como podemos apreciar, es un dato más constante la consulta de los profesores en ambos formatos; la diferencia es mayor entre estudiantes. ¿Es hasta cierto punto, esperado que el consumo de información, como algo inherente al ejercicio de la docencia y la investigación, sea mayor que el de los estudiantes en formación? Eso hablaría todavía de una enseñanza tradicional de trasmisión “oral” del conocimiento, en lugar del fomento de la investigación, o más bien, que el acceso a éste, por parte de los estudiantes “nativos digitales” tiene otras formas de consulta. En cuanto al acceso a material impreso, estos profesores acuden esporádicamente a la biblioteca de forma presencial (16%) pero en cambio hay una alta consulta a la biblioteca digital (78%) y un 75% consulta de forma regular a diferentes bases de datos. Entonces tenemos un dato altamente contrastante: en tanto la mayoría de los profesores consultan la biblioteca digital, una minoría de estudiantes, lo hace y no es un tema de acceso; éste es institucional. Entonces, ¿es generacional?, ¿Es un tema de formación? ¿Estamos, como dice Alessandro Baricco (2019), frente a una transformación mental, de conducta?

Entrenamiento y confiabilidad

El lugar desde donde acceden los alumnos para consultar bases de datos y/o libros digitales es personal (casa) más del 86%, seguido desde un espacio institucional 37% y muy pocos usan un espacio púbico como el ciber 6 %. El principal sitio de búsqueda es “Google académico” 89% seguido de “Scielo” 42 % y “academia.edu” 29 %.

Por su parte, los profesores que piden a sus alumnos de manera regular y frecuente buscar material en internet rondan el 75%. Además, cuando se les preguntó si acostumbran a entregar a sus alumnos material digital, que poseen previamente, más del 90% respondió que sí y un pequeño porcentaje (8) admitió entregar muy poco material.

Para los alumnos; ante la pregunta de si han sido instruidos en el manejo y búsqueda de información en la plataforma de la Biblioteca Virtual de la Universidad de Guadalajara. 346 alumnos respondieron que nunca han sido instruidos en dicha plataforma (69 %). Y de los que sí recibieron entrenamiento, sólo el 20% lo consideran útil para sus búsquedas de información, el 10% restante, de los que recibieron entrenamiento, no lo consideran útil por diversas razones; breve, confuso, falta de práctica, entre otras.

Los docentes por su parte, sólo la mitad afirma haber recibido un curso para aprender a utilizar la plataforma de la biblioteca virtual de la Universidad. Del total que afirmo que, si fue entenado, regularmente en su centro universitario de modo presencial o virtual, prácticamente el 100 % considera útil dicha instrucción para la búsqueda y actualización de información. Además, un 34% considera que no le ha beneficiado conocer nuevas bases de datos frente al 58% que afirma que, si le ha beneficiado con fines de publicar su propia producción científica, por razones de actualización y ampliación de conocimiento de nuevas herramientas, materiales y revistas entre las principales.

Para los alumnos la consulta de textos electrónicos es una constante, más del 75% afirma tener este tipo de material en la mayoría de sus materias, mientras que una cuarta parte (24%) dice que sólo en algunas materias les piden textos electrónicos.

Por último, las redes sociales preferidas por los alumnos para intercambiar información y documentos con una función académica; “WhatsApp” tiene una preferencia del 85%, le sigue “email ” (76%) y en tercer lugar “Facebook” (50%).

Una quinta parte de los estudiantes expresa que no tuvo entrenamiento para el uso de las bases de datos y si lo tuvo no le sirvió porque no aprendió lo suficiente. La mayoría recibe el material que se utilizará en el curso por vía electrónica, pero es el profesor el que ofrece la versión digitalizada o la liga donde el estudiante encontrará el texto en cuestión. Una buena parte afirma entrar a la web y buscar temas académicos de interés personal. Pero ¿cómo lo hace? Destaca sobre manera la búsqueda en Google por palabras clave, por el tema o por la especialidad médica, en este caso. Parece que no es tan importante como pensábamos, la disciplina de formación, sino en todo caso, la liga que el profesor recomienda. Algunos expresan poner atención en la terminal “pdf”, org. ; acaso por citas doi o bases especializadas que han sido señaladas por expertos.

Una pregunta obligada es el asunto de la confiabilidad de la fuente y la consulta, si consideramos que Google, como el principal buscador utilizado, puede contener un universo de datos, información de todo tipo. En palabras de Eco: “¿quién valida, y quién valida a los validadores?” (op.cit). En tanto que Baricco (2019) advierte el fin de los mediadores a los que entre otros alude a los profesores e intelectuales que en otros tiempos eran los poseedores de esta validez y autoría. Sin olvidar la muy conocida tesis de Kuhn sobre las revoluciones científicas. La cuestión de fondo es si esta validez del conocimiento tiene ahora el mismo peso y significado y si esto varía dependiendo del tipo de disciplina. Sin intentar generalizaciones, quizá no es lo mismo la confiabilidad de una fuente relacionada con un estudio médico que el que trata de explicar un movimiento social como las huelgas sindicales o la protesta política. Eco y Jean Claude Carrière (2010) discuten este asunto y se preguntan si acaso es necesario controlar la autenticidad de la información, y esto llevado hasta los profesores universitarios que solicitan a los estudiantes hacer sus trabajos verificando precisamente la validez de la información. Eco afirma que una vía es la comparación de las fuentes- quizá expresa esto de manera muy simple-. Incluso, cuando el profesor enfrenta esta cantidad de información existente, ya no sabe qué hacer, más allá de analizar las citas bibliográficas y de éstas las que conoce. Jean Claude Carrière propone, en caso extremo, una nueva profesión: la de secretario verificador. Cuando el autor se desdibuje en este universo en la internet, no nos quedará más que la inteligencia. Y este es otro tema de suma importancia relacionada con la autoría. Quizá la generación de los tiempos analógicos teníamos la posibilidad de rastrear fuentes y autores primigenios de una explicación teórica y de una escuela de pensamiento. Ahora, dice Baricco, el cambio es que el conocimiento ha dejado de ser lineal y ni la escuela ni el profesor son ya los mediadores legítimos. La cuestión es un asunto de movimiento estructural. Eduardo Gutiérrez (entrevista personal, fecha: 03-03-2023) utiliza una bella metáfora para explicar este fenómeno. Afirma que estamos en una selva y necesitamos una forma de sobrevivir a ese enorme universo donde la lógica aún no está marcada, el ecosistema de la información cambió. La escuela no puede seguir en el camino de la repetición de lo dicho porque ya no responde a la nueva forma de circulación del conocimiento. Es más afín a Baricco, el mediador ha dejado de importar. Dice Gutiérrez, es más importante qué hacer con la información que cómo buscarla y validarla. Los jóvenes de hoy, incluso se sostienen en el número de veces que un autor o texto ha sido consultado. El número de descargas es importante. Esto recuerda la discusión de los best sellers (Peredo, 2012) y si éste es el más vendido, el que más reimpresiones tiene o el más publicitado. Este último juega un papel importante en la mediación de la popularidad. Esto no hace desde luego, una obra candidata a un premio literario o científico; simplemente la hace popular.

Finalmente, dice Baricco estamos frente al ocaso de los “sacerdotes, profesores, mediadores” porque ya no existen los depositarios, sabios poseedores del saber. Y se pregunta: ¿Qué clase de mente ha generado el uso de Google? Hay una nueva arquitectura mental que conlleva una superposición de la superficialidad y acaso ha cambiado la vieja concepción de “verdad” y ha diluido la noción de autoridad. Consideramos también que hay una ductilidad efímera cada vez mayor con relación a lo que actualmente consideramos conocimiento validado científicamente. Es una mutación, dice Baricco donde la opinión de millones de incompetentes, si uno es capaz de leerla, es más fiable que la de un experto (:79). Entonces qué le queda a la educación por hacer. No es una cuestión de adaptación a la tecnología. Es que quizá ha quedado obsoleta y debe transformarse desde la raíz.

Pues bien, hemos encontrado algunas variables por estudiar y nuevas interrogantes: ¿el número de citas que se observan en buscadores como Google Académico, le da popularidad, confiabilidad, validez a un texto científico? ¿Es que esto es equivalente a la producción teórica básica que obliga a leer a un teórico clásico, antes que a sus seguidores? ¿Aplica solo cuando nos referimos a la producción de conocimiento nuevo, a la formación profesional, a la formación para la investigación?

Veamos las respuestas (abiertas) que dieron los estudiantes: La mayoría (58.6%, equivalente a 130 estudiantes) manifestaron ir al origen de la fuente. Pero ¿qué significa esto exactamente? Expresan que prefieren Google académico, ponen atención a la terminación url, si la página pertenece a una institución académica reconocida, si es un artículo o un autor reconocido (38.8%), si el texto tiene una estructura científica, por el sitio web donde se encuentra, si está en portales científicos. Otros acuden a la recomendación de sus profesores y a autores que ya conocen o bien a compañeros que han recibido sugerencias de sitios y bases de datos confiables. Algunos (18.9%) comparan información, atienden comentarios a las reseñas, verifican la coincidencia entre varias fuentes. Los menos (4%) solo leen lo primero que sale en la búsqueda o no saben responder. Es interesante destacar cuando la validez la otorgan por el autor del texto y la ficha editorial; es decir, que prevalece el autor como autoridad, o al menos como criterio para validar que un autor ha buscado un sello editorial reconocido que lo valida como autoridad en alguna materia disciplinar. Muy diferente a otros que expresan que el formato digital de tener “candado” que explican como tener un icono cerrado que brinda cierta confianza y seguridad. Algunos acuden al número de consultas, como un asunto de validez/ popularidad. Quizá esto se deba a las formas instituidas de validar a través del número de citas que tiene un autor. Como podemos ver, hay formas nuevas de consulta y de confiabilidad, pero la ausencia de la acción de leer, analizar, comparar, criticar las formas de validez que da el autor, seguimiento de escuelas de pensamiento teórico, están ausentes en nuestros datos, cuando le hemos preguntado a 568 estudiantes de diferentes disciplinas de formación.

Conclusiones

El supuesto de que los nativos digitales, que por generación corresponde a los estudiantes, no resultó ser como esperábamos, los que más consultan las fuentes académicas en formato digital. Más bien los profesores, que podemos suponer son inmigrantes digitales se han adaptado de forma rápida al uso de bases de datos y libros en acceso digital. Estos resultados puedes ser explicados debido a que la mayor parte de los profesores de licenciatura y posgrado tienen niveles altos de escolaridad y deben hacer tareas de investigación y docencia.

El uso de la plataforma de Google como principal motor de búsqueda y con mayor peso que el uso de la biblioteca institucional física o virtual, se debe a varios factores que deben ser estudiados con mayor profundidad. Por ejemplo, la falta o insuficiente capacitación para el uso de estos recursos institucionales, la añeja costumbre docente de dar las lecturas a los estudiantes que pasaron de ser fotocopias, a ser ligas para descargar el contenido a leer y quizá la ausencia curricular de una asignatura específica sobre el uso y discriminación de la información académica, lo cual incluiría formas de análisis crítico y validez científica.

Los profesores leen artículos científicos específicos a su área disciplinar y actualizados, mientras los alumnos consultas libros y fotocopias impresas. Quizá hay una diferencia importante entre los estudiantes de licenciatura y sus propias disciplinas de formación y el estudiante de posgrado con orientación a la investigación.

Ahora bien, podemos hipotetizar que el uso de la biblioteca física universitaria ha pasado a ser un lugar de encuentro dejando atrás la consulta silenciosa. El bullicio ha entrado a los libros y esto es un cambio muy favorable para la educación colaborativa.

Referencias

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1 Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología, actualmente Consejo Nacional de Humanidades Ciencias y Tecnologías.

2Consorcio Nacional de Recursos de Información Científica y Tecnológica.

3Sistema Nacional de Investigadores (SNI) y Programa para el Desarrollo Profesional Docente (PRODEP).

APÉNDICE 1. ENCUESTA A PROFESORES

  • ¿Cuál es su nombramiento?

    • Profesor Tiempo Completo

    • Profesor Medio Tiempo

    • Técnico Académico TC

    • Técnico Académico MT

    • Otro

  • ¿Posee alguna distinción?

    • SNI (Sistema Nacional de Investigadores)

    • PRODEP (Programa para el Desarrollo Profesional Docente)

  • Su nivel de estudios es:

    • Licenciatura

    • Maestría

    • Doctorado

    • Posdoctorado

  • Disciplina a la que pertenece:

    • Medicina y ciencias de la salud

    • Ciencias exactas e ingeniería

    • Ciencias sociales y humanidades

    • Ciencias agropecuarias y biotecnología

  • ¿En qué nivel educativo ejerce la docencia?

    • Bachillerato

    • Licenciatura

    • Maestría

    • Doctorado

  1. Con fines académicos, ¿cuántos libros impresos acostumbra leer en promedio, en un semestre escolar?

    • ninguno, solo digitales

    • 1 a 3 libros impresos

    • 4 a 6 libros impresos

    • más de 6 libros impresos

  2. ¿Consulta algún otro tipo de material impreso para fines académicos?

    • Revistas científicas (impresas)

    • Artículos fotocopiados / impresos

    • Otro material impreso, ¿cuál (es)?

  3. Acostumbra visitar la Biblioteca Universitaria de manera presencial?

    • Nunca la visito

    • Poco (esporádicamente)

    • Regularmente (varias veces al mes)

    • Muy frecuentemente (a diario)

  4. ¿Suele consultar la Biblioteca Digital de la Universidad de Guadalajara?

    • Nunca la consulto

    • Poco (esporádicamente)

    • Regularmente (varias veces al mes)

    • Muy frecuentemente (a diario)

  5. ¿Tiene la costumbre de leer Libros Digitales?

    • Nunca, solo impresos

    • Poco (esporádicamente)

    • Regularmente (varias veces al mes)

    • Muy frecuentemente (a diario)

  6. ¿Acostumbra consultar Bases de Datos con fines académicos?

    • Nunca

    • Poco (esporádicamente)

    • Regularmente (varias veces al mes)

    • Muy frecuentemente (a diario)

  7. ¿Tiene la costumbre de leer Revistas Científicas en formato digital?

    • Nunca

    • Poco (esporádicamente)

    • Regularmente (varias veces al mes)

    • Muy frecuentemente (a diario)

  8. ¿Acostumbra dejar tarea de Búsqueda Libre de material en Internet a sus Alumnos?

    • Nunca

    • Muy poco

    • Regularmente

    • Muy frecuentemente

  9. ¿Acostumbra entregar material digital, que usted ya posee, a sus Alumnos?

    • Nunca

    • Muy poco

    • Regularmente

    • Muy frecuentemente

  10. ¿De qué manera auxilia a sus alumnos a verificar la confiabilidad de los materiales académicos (digitales) que encuentran por su cuenta?

  11. ¿Ha recibido cursos para aprender a buscar en la Biblioteca Virtual de la Universidad de Guadalajara, de forma ágil y según sus intereses?

    • No

  12. Si respondió “Sí” ¿dónde?

    ¿Le resultó útil el curso?

    • Sí, porque....

    • No, porque....

  13. ¿Le ha beneficiado conocer nuevas bases de datos, con fines de publicación de sus propias producciones escritas?

    • No

  14. Si respondió “Sí”, ¿de qué manera?

APÉNDICE 2. ENCUESTA A ALUMNOS.

  • Nivel de estudios que cursas:

    • Bachillerato

    • Licenciatura

  • Tú licenciatura es:

    • Semestre:

    • Sede donde estudias: Preparatoria o Centro Universitario:

  • 1. Con fines académicos, ¿cuántos libros impresos acostumbras leer, en promedio, un semestre escolar?

    • ninguno

    • 1 a 3

    • 4 a 6

    • más de 6

  • 2. ¿Has terminado de leer estos libros impresos o solo algunos capítulos?

    • completo

    • capítulos

    • fragmentos

  • 3. ¿Consultas algún otro tipo de material impreso para fines académicos?

    • Revistas científicas

    • Artículos fotocopiados

    • Otro material impreso Cuál(es)

  • 4. ¿Acostumbro acudir a la Biblioteca Universitaria presencialmente?

    • Muy frecuentemente (a diario)

    • Regularmente (varias veces al mes)

    • Poco (esporádicamente)

    • Nunca

  • 5. ¿Suelo consultar la Biblioteca Digital de la Universidad?

    • Muy frecuentemente (a diario)

    • Regularmente (varias veces al mes)

    • Poco (esporádicamente)

    • Nunca

  • 6. ¿Tengo el hábito de leer libros digitales con fines académicos?

    • Muy frecuentemente (a diario)

    • Regularmente (varias veces al mes)

    • Poco (esporádicamente)

    • Nunca

  • 7. ¿Acostumbro consultar bases de datos con fines académicos?

    • Muy frecuentemente (a diario)

    • Regularmente (varias veces al mes)

    • Poco (esporádicamente)

    • Nunca

  • 8. ¿Tengo la costumbre de leer revistas científicas en formato digital?

    • Muy frecuentemente (a diario)

    • Regularmente (varias veces al mes)

    • Poco (esporádicamente)

    • Nunca

  • 9. ¿Accedes a bases de datos o libros electrónicos desde un lugar:

    • Público (ciber)

    • Institucional

    • Personal

  • 10. ¿Cuáles son los principales sitios de búsqueda académica que consultas?

    • Google académico

    • Academia.edu

    • ERIC

    • Redalyc

    • Scielo

    • Otro

  • 12.Otros sitios de búsqueda académica, Cuál(es)

  • 13. ¿Cómo es que consigues tu material de lectura académica?

  • 14. ¿Suelo investigar por mi cuenta temas de interés personal con fines académicos?

    • Muy frecuentemente (a diario)

    • Regularmente (varias veces al mes)

    • Poco (esporádicamente al semestre) Nunca

  • 15. ¿Describe cómo haces una búsqueda con fines académicos en internet?

  • 16. ¿Cómo decides si una fuente consultada es confiable?

  • 17. ¿Para qué otras actividades consultas internet?

    • información general

    • entretenimiento/ocio

    • Información de Interés Personal

  • 18. ¿Qué temas de interés personal, con fines no académicos, sueles buscar en internet?

  • 19. ¿Te han entrenado para hacer búsquedas en la Biblioteca Virtual de forma más eficiente, según tus intereses?

    • Nunca

    • Si, ¿dónde?

  • 20. ¿Fue útil el entrenamiento?

    • Si, porque...

    • No, porque...

  • 21. ¿En cuántas materias necesitas consultar textos electrónicamente?

    • Ninguna

    • Pocas Casi todas Todas

  • 22. ¿Qué redes sociales utilizas para la interacción académica? Facebook

    • Instagram

    • TikTok

    • WhatsApp

    • Twitter

    • Email

  • 23. ¿Recibes material de lectura digital a través de estas redes?

    • Si

    • No

    • A veces

  • 24. ¿Recibes material de lectura digitalizada (escaneada) a través de estas redes?

    • Si

    • No

    • A veces

Recibido: 29 de Julio de 2023; Aprobado: 02 de Diciembre de 2024

Autor para correspondencia: maria.peredo@academicos.udg.mx

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