Para apreciar el valor específico de la nueva edición de la Tira de la Peregrinación, o Códice Boturini, de Rafael Tena , sobre el viaje o la migración de los aztecas de Aztlan hacia Tenochtitlan (aunque la Tira se interrumpe antes), conviene apreciarla en el contexto de otras ediciones recientes. Es significativo que todas las versiones a las que me referiré, incluyendo ésta, han sido publicadas por el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), al que orgullosamente pertenezco.
La primera es la edición especial número 26 de la benemérita revista Arqueología Mexicana, publicada en diciembre de 2007 por la Editorial Raíces y el INAH. En 74 páginas se presentan la Tira de la Peregrinación (Códice Boturini), un estudio introductorio y un “análisis de láminas, paleografía y traducción de textos en náhuatl” del historiador y nahuatlato Patrick Johansson, del Instituto de Investigaciones Históricas, de la Universidad Nacional Autónoma de México, y la Academia Mexicana de la Lengua.
Varias ediciones de este documento incluyen comentarios, como la primera de William Bullock, publicada en 1824, y las de José Fernando Ramírez, Vicente Riva Palacio, José Corona Núñez y Joaquín Galarza y Krystyna Libura. Pero el análisis de Johansson establece un parámetro con la inclusión de códices y crónicas que completan su interpretación, además de que imprime su peculiar sello con su conocimiento detallado de las fuentes antiguas, su fluidez en la lengua náhuatl y su participación en una espiritualidad que le permite hacer afirmaciones que van más allá de lo que escuetamente dicen las fuentes. Algunas son interesantes, como la de la primera lámina: en la isla de Aztlan aparecen a uno y otro lado del templo tres casas o calpultin, o sea seis, pero hacia abajo están la señora Chimalma y un señor que, sumados a las seis casas, representan los ocho calpultin. Podría ser, pero es imposible estar seguro.
La siguiente edición importante del Códice Boturini. Tira de la Peregrinación estuvo a cargo de Baltazar Brito Guadarrama, director de la Biblioteca Nacional de Antropología e Historia, que resguarda la Tira de la Peregrinación original. La Secretaría de Educación Pública, el extinto Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta) y el INAH publicaron en 2015 el primer facsimilar en una elegante caja roja que contiene los 5.49 metros de papel amate, manufacturado por artesanos del pueblo de San Pablito Pahuatlán, Puebla, plegados en 21 folios de manera muy semejante al original. Es muy agradable tener esta edición en las manos, la he leído con gusto con mi hijo pequeño. La peculiaridad de esta versión es que se puede recorrer con una aplicación en un teléfono celular, lo que enriquece la lectura y aprovecha los comentarios de Johansson para la edición de Arqueología Mexicana y los avances desde entonces.
También de Brito Guadarrama es El Códice Boturini o Tira de la Peregrinación, una edición de divulgación de 95 páginas, publicada en 2023 por el INAH, la Secretaría de Cultura y el Fondo de Cultura Económica. Esta versión es valiosa por su costo accesible y su formato manejable, que permite ver con claridad cada lámina, aunque se pierde la continuidad entre ellas. La edición presenta algunos descuidos, como el que impide distinguir las dos tradiciones historiográficas oficiales mexicas: la Crónica X, planteada por Robert H. Barlow, y la Crónica Y, propuesta por María Castañeda de la Paz, que aparece como Crónica X dos veces.
Los comentarios de Brito Guadarrama contienen varias percepciones de interés en la descripción de cada lámina y su bibliografía incluye la copia artística de edición limitada elaborada en 1991 por doña Dinorah Lejarazu y don Manuel Hermann. Esto nos ayuda a entender por qué su hijo Manuel Hermann Lejarazu se hizo tan sabio, buen lector y estudioso de los códices.
La cuarta edición reciente de la Tira de la Peregrinación, también editada por Tena y también impresa por el INAH en 2021, incluye un estudio de 36 páginas, una edición facsimilar y cuatro mapas sobre el trayecto de la peregrinación: de Aztlan a Tollan, de Tollan a Ehecatepec, de Ehecatepec a Tecpayocan, y de Tecpayocan a Colhuacan. El códice está impreso en papel acartonado, pero reproduce el dibujo y la trama del papel amate original de ambos lados de la Tira.
De Tena, investigador emérito adscrito a la Dirección de Etnohistoria del INAH, nunca sobra recordar sus eruditas e impecables ediciones y traducciones anotadas del náhuatl, como Las ocho relaciones y el Memorial de Colhuacan; Diario, y Tres crónicas mexicanas, del cronista chalca don Domingo de San Antón Muñón Chimalpahin Cuauhtlehuanitzin, que Tena escribe como Chimalpáhin; Anales de Tlatelolco; Anales de Cuauhtitlan, y Mitos e historias de los antiguos nahuas, todas de la colección Cien de México, por el momento en pausa, del Conaculta y la Secretaría de Cultura. Destacan también las cartas de La nobleza indígena del centro de México después de la conquista y el Códice Aubin, editados por el INAH, y sus traducciones aún inéditas de los Escritos guadalupanos en náhuatl y de la Historia de fray Bernardino de Sahagún. Menciono también su traducción del griego antiguo del Nuevo Testamento, su versión literaria de la Relación de Michoacán, de fray Jerónimo de Alcalá, y la edición de la Crónica mexicana, de don Fernando de Alvarado Tezozómoc. Tena también es autor de varios libros y estudios, breves y muy rigurosos, de tema bíblico y mesoamericano que no han sido recogidos, por ejemplo, El calendario mexica y la cronografía, con implicaciones respecto a la existencia de un equivalente prehispánico de nuestro año bisiesto. Estos estudios le dieron la posibilidad de escribir un análisis sólido e innovador de la Tira de la Peregrinación.
El estudio está impreso en dos columnas y se dividide en cinco capítulos sobre temas generales de la Tira y breves comentarios sobre sus 22 folios, el facsímil, un “Epílogo”, la “Bibliografía” y un útil “Glosario” etimológico e histórico, en el que Tena nos recuerda que “azteca” es “habitante de Aztlan”, que en español significa “entre las garzas blancas”. El primer capítulo del estudio se dedica a la “Descripción del códice”, del que retomo lo poco que se sabe sobre las circunstancias de su elaboración:
Por relatar la historia del pueblo mexica-tenochca, así sea sólo en parte, se supone que este códice fue hecho en la ciudad de México. El estilo de sus pictografías se apega bastante al de la época prehispánica, pero a la vez muestra algunas influencias del arte europeo, como el modo en que se editan los bloques de los glifos de años, a saber, siguiendo una dirección de bustrófedon, ya sea horizontal (folio 6) o verticalmente (folio 7), la representación del follaje del árbol en el folio 3, la presencia de cejas en los rostros, los pliegues de las tilmas y talegas, la disposición de las piedras labradas en el glifo antroponímico de Tetepantzin (folio 15), etcétera. Por lo anterior, se ha propuesto que la elaboración del códice puede datar de los años en torno a 1540, cuando estaba gobernando en Nueva España el virrey Antonio de Mendoza. Es probable que la Tira de la Peregrinación sea copia de algún códice anterior (p. 9).
De particular relevancia es el segundo capítulo relativo a “La cronología de la Tira de la Peregrinación”, en el que se propone reconsiderar los años que abarca. Tena explica brevemente que en el calendario nahua-mexica cuatro “portadores de año” (Tochtli, “Conejo”; Acatl, “Caña”; Tecpatl, “Cuchillo de pedernal”; y Calli, “Casa”) se combinaban con los números del 1 al 13 para nombrar cada año como 1 Tochtli, 2 Acatl, 3 Tecpatl, 4 Calli, 5 Tochtli, y así sucesivamente. El resultado era un ciclo de 52 años, es decir, un xiuhnelpilli o “atado de años”. Al final de cada ciclo, la cuenta empezaba de nuevo en 1 Tochtli. Tena refiere que originalmente el 1 Tochtli se solemnizaba en la ceremonia de Fuego Nuevo, pero tras la fundación de Tenochtitlan, en 1325, la efeméride se trasladó a 2 Acatl porque los años Tochtli tenían fama de funestos. Como consecuencia, las fechas de los anales se ajustaron a la nueva convención calendárica. Después de la victoria de Tenochtitlan sobre Azcapotzalco en 1430, la fiesta se recorrió a la de Panquetzaliztli, “Levantamiento de banderas”, para conmemorar a Huitzilopochtli, también con carácter retroactivo en las crónicas que asentaban los historiadores del régimen.
El sistema calendárico de la Tira de la Peregrinación comienza en 1 Tecpatl y termina en 6 Acatl, y contiene 188 cuadretes de años que fechan los acontecimientos: de la salida de los aztecas de Aztlan a su estancia en Colhuacan tras la derrota en Chapoltepec, en el año 2 Acatl, que las fuentes suelen fechar en 1299. Si se cuentan los años hacia atrás y hacia adelante, resulta que la Tira abarca de 1116 a 1303. Ahora bien, Tena señala que el Memorial de Colhuacan, de Chimalpahin, que el investigador emérito tradujo de manera ejemplar, describe la peregrinación y refiere de manera explícita que no comenzó en 1 Tecpatl, 1116, sino 52 años antes, en “1 Tecpatl, 1064, en este año salieron de su morada de Aztlan los mexitin aztecas chichimecas, que ahora se nombran tenochcas” (“1 Tecpatl xíhuitl, 1064 años. Ypan in yn onpa hualquizque ynchan Aztlan yn mexitin azteca chichimeca yn axcan yc motenehua tenuchca”). La diferencia entre ambas fechas deja entender que la Tira omitió marcar los cuadretes de todo un ciclo. Tena ubica este salto al principio del documento que empieza en 1 Tecpatl y no tiene más cuadretes de año en los siguientes cuatro folios que registran varios acontecimientos en este ciclo. La cuenta de años continúa en el folio 6, con un año 2 Calli, 1117. La concordancia entre la Tira y Chimalpahin para la celebración de Fuego Nuevo se restablece a partir de la ceremonia llevada a cabo en Coatepetl, en 1143.
Tena atiende asimismo el problema cronológico del final de la Tira de la Peregrinación, pues en el último cuadrete, en el folio 20, se asienta el año 6 Acatl, 1303, fecha de la batalla contra Xochimilco y la salida de los mexitin de Colhuacan, pero los acontecimientos continúan en los folios 21 y 22 sin que se indiquen los años. Además, historias en náhuatl como los Anales de Tlatelolco y la Crónica mexicáyotl sitúan estos sucesos en 1322 y 1323. Concluye que “el relato de la Tira de la Peregrinación no abarca sólo los 188 años consignados mediante los cuadretes respectivos, sino al menos en forma implícita 259 años de historia, es decir, los que van de 1064 a 1322” (p. 12).
El tercer capítulo del estudio se concentra en “La geografía en la Tira de la Peregrinación”, que Tena sigue gracias al registro de las ataduras de años de Chimalpahin en el Memorial de Colhuacan. La primera ceremonia es en 2 Acatl, 1091, pero la Tira no da cuenta de ella. El historiador la ubica por medio de una cita de Peter Gerhard, que informa que el pueblo de San Jerónimo Acahualcingo se congregó en 1601 en el pueblo de San José Atlán, Huichapan, en el estado de Hidalgo, de ilustre prosapia, y probablemente “lo encendieron los mexicas en el cercano cerro de la Estancia (3 024 m. s. n. m.)” (p. 13). El investigador localiza los siguientes cuatro Fuegos Nuevos, que sí están en la Tira: el segundo en 1143, cerca de Tula; el tercero en 1195, en el cerro Huitzcol, en Apazco; el cuarto en 1247, en el cerro Tecpayotepetl (Santa Isabel Tola o Zacatenco), y el quinto en 1299, en el cerro Chapoltepetl (Chapultepec). Hubo cuatro más que la Tira omite, pero que están documentados en Chimalpahin y otras fuentes.
En el cuarto capítulo, Tena intenta responder a la pregunta: “¿Dónde quedaba Aztlan?”, y recuerda que Eduard Seler prefirió no contestarla en 1894. Al contrario, en “dos artículos memorables” de 1961 y 1962, Paul Kirchhoff ubicó el Aztlan de la Tira cerca de Yuriria, Yuríriapundaro, en el actual estado de Guanajuato. Tena reflexiona que este Aztlan sería el “último Aztlan”, ya cerca de la cuenca de México, pues sin duda hubo muchos “Aztlan previos”: “Desde que hace unos 30 mil años los primeros pobladores de América vinieron de Asia oriental atravesando el estrecho de Bering, los grupos de migrantes que por allí llegaron emprendían largas travesías en la dirección obligada de NO a SE; se trataba de una marcha lenta, con asentamientos prolongados en algunos sitios” (p. 13). Según Tena, “todos los sitios que, por la abundancia de sus recursos, los convidaban a asentarse por largas temporadas eran ‘Aztlan’ […], se fue forjando la idea mítica de Aztlan, lugar del remoto origen, ‘donde todo era blanco’, que reunía en un solo Aztlan idealizado todos los Aztlan anteriores” (p. 14). Remata así:
Ahora bien, por razones misteriosas, o por lo menos no explicadas, después de llegar a la Cuenca de México, donde tuvieron que asentarse casi en el último espacio disponible, los mexicas ya no volvieron a sentir la necesidad de mudar su asentamiento en busca de mejores lugares, sino que decidieron conquistar pueblos y exigirles tributos. ¿O sería todo por un designio de su dios Huitzilopochtli? (p. 14)
De la mayor relevancia es la reflexión que Tena abre sobre los múltiples Aztlan por los que pasaron y se establecieron los mexicas en su peregrinación, que forma parte del proceso de poblamiento humano del continente americano que comenzó en el estrecho de Bering, de noroeste a sureste, y sobre el proceso de mitologización de la información y la formación del mito de origen de Aztlan. Tengo la impresión de que la hipótesis funciona si se refiere al origen del mito de Aztlan no específicamente mexica, sino general y mucho más antiguo, acerca del conjunto de lugares importantes en las antiguas peregrinaciones pobladoras del continente. En particular, migraciones como las mexicas, las acolhuas, las michoacanas, etcétera, parecen ligadas a desplazamientos humanos del norte motivados por cambios climáticos y políticos propios de lo que Wigberto Jiménez Moreno llamó el Epiclásico (650-850). Eran tiempos, sí, del recuerdo de Aztlan, que sintetiza, condensa o cristaliza varias Aztlan antiguas, pero también del ideal de Tollan, ciudad ejemplar, civilizada, tolteca, que pudo condensar varias Tollan, como propusieron Laurette Séjourné (1969) y Enrique Florescano (1999).
En el quinto capítulo de su estudio, Tena responde otra pregunta: “¿Y quiénes eran los chichimecas representados en la Tira de la Peregrinación?”. En el folio 2 aparecen los ocho pueblos que se unieron a los migrantes mexicas en Teocolhuacan; el sexto de abajo hacia arriba representa a los “chichimecas” con el glifo de un “arco con flecha o fisga”. Sin embargo, Tena nos recuerda que “‘chichimecas’ no es propiamente un gentilicio, porque Chichimecatlalpan o ‘Tierra de los chichimecas’ no designa un sitio específico sino una región amplia y vaga” (p. 14), y que muchos pueblos mesoamericanos se reivindicaban como chichimecas: los mexicas, los tetzcocanos y los chichimecas uacusecha (“águilas” en lengua michoacana) que llegaron o regresaron a Mechuacan. Tena explora ambas posibilidades. La segunda acercaría anales como la Tira de la Peregrinación y el Códice Aubin, pertenecientes a la tradición de la Crónica Y, a las historias basadas en la tradición de la Crónica X, refinada por el propio Tena, entre otros, según las cuales los mexicas abandonaron a los tarascos mientras se bañaban en el lago de Pátzcuaro y los dejaron sin ropa, lo que explicaría su peculiar indumentaria de la falda corta. Nada de esto se ve en la Tira. Por lo demás, parte de la riqueza de Chimalpahin radica en que abreva de ambas tradiciones mexicas tenochcas. La identidad de los chichimecas es uno de los puntos aún inciertos en nuestro conocimiento de la Tira de la Peregrinación.
Por cierto, vale la pena leer la definición de chichimeca en el “Glosario”: “de chichimécatl, etnónimo, aparente gentilicio de Chichiman (‘Lugar de perros’); se le da el sentido de ‘chupador’ (chichini) de sangre de las presas de caza, o de ‘linaje [mecate] de perros’: nómada que vive de la recolección y la caza” (p. 33). Los omnipresentes chichimecas, el otro y uno mismo, son un recordatorio de esta larga migración desde el estrecho de Bering.
Dejo al lector el gusto de recorrer los breves pero precisos y muy informados comentarios de Tena a los 22 folios de la Tira, el “Glosario” y los cuatro mapas para leer, interpretar y disfrutar por su cuenta esta historia fundacional de los mexicas, los mexicanos y todos los americanos.










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