Siempre es interesante echar una mirada al pasado. El recuerdo decía José Ortega y Gasset es un impulso que requiere el hombre para lanzarse al futuro.
Al hacer una crónica del pasado, presente y futuro de la Neurología Clínica en México y en el Instituto Nacional de Neurología y Neurocirugía Manuel Velasco Suárez, recuerdo que en 1964 fue inaugurado el entonces Hospital Nacional de Neurología y Neurocirugía, sin que se hubiese organizado un servicio de neurología clínica. No fue hasta 4 años después en que se decidió crear el servicio de neurología.
Habiendo cumplido tres años en el extranjero donde realicé la especialización en Neurología posterior a terminar Medicina Interna en Nutrición, regresé a México en 1961; en aquel momento una entrevista con el Dr. Manuel Velasco Suárez resultó infructífera por los diferentes criterios para iniciar un servicio de neurología clínica. Mi visión siempre fue crear un lugar donde además de la atención de los enfermos neurológicos, se logrará la formación de neurólogos mexicanos, con reconocimiento académico de la UNAM, después de al menos 3 años de residencia, en que se combinara la asistencia clínica e investigación en neurociencias y ciencias básicas.
El primer reconocimiento de la Neurología Clínica Institucional se llevó a cabo en el año 1961, cuando con el apoyo del Dr. Bernardo Sepúlveda quien era el Director Médico del Instituto Mexicano del Seguro Social y creó el primer servicio de neurología clínica que estuvo a cargo del Dr. Julio Hernández Peniche con la colaboración del Dr. Juvencio Robles, Dr. Hernández Vera y un servidor. Recuerdo que, cuando se inició el servicio de neurología en el Hospital de la Raza el Dr. Juan Martínez Mata fue el primer neurólogo hecho en México. Para el año de 1964 el Hospital Universitario José Eleuterio González, en Monterrey, organizó el servicio de neurología clínica de manera independiente al del servicio de neurocirugía, gracias a las gestiones del Dr. Ricardo Rangel; poco después en el Centro Médico del IMSS por iniciativa del Maestro Bernardo Sepúlveda Gutiérrez, creó otro servicio de Neurología a cargo del Dr. Luis Lombardo. Y en 1968 en que el Dr. Manuel Velasco Suárez me invitó a organizar el nuevo servicio de neurología, de lo que sería el nuevo Instituto Nacional de Neurología y Neurocirugía.
El plan de trabajo, tanto en el Servicio de Neurología del Hospital de la Raza, como en el entonces Hospital de Neurología lo llevamos a cabo Julio Hernández Peniche y un servidor, considerando tres áreas básicas: la académica, la de investigación clínica y la asistencia médica, de acuerdo con los principios de conducta, de la llamada Autoridad Esculapia1, que tiene 3 características que le dan fortaleza: “la Sapiencia, Moral y Carisma”.
La primera, la sapiencia, deriva de la experiencia y el conocimiento, que confieren autoridad; tiene carácter personal, este tipo de personaje, asesora, aconseja, pero no ordena. La segunda, la característica moral de la Autoridad Esculapia1, tiene fundamento en la ética del ejercicio médico, lo bueno y lo correcto de su acción que le permite dirigir. Su acción, desde el punto de vista social debe ser correcta y, debe ser buena desde el punto de vista individual. Esta es la característica principal de la medicina, ninguna otra profesión la iguala. La tercera característica es la carismática, que tiene su base en las creencias religiosas y la medicina. Ante la amenaza de muerte y la imposibilidad de evaluar, por parte del enfermo, la sapiencia del médico, tiene que dejarse influenciar por el carisma médico, lo que confiere su rol sacerdotal, frecuentemente arbitrario, como son: la vida y la muerte.
El Dios Asclepios, como todos los padres, deseaba que sus hijas (Panacea: Diosa de todas las curaciones, e Hygieia: Diosa de la prevención), trabajaran armónicamente, pero le sucedió lo que gran parte de las familias les sucede, los hijos compiten más que colaboran. Si Hygieia hubiese tenido éxito, Panacea no hubiera tenido nada qué hacer. Hygieia decía: “Si comes mucho, bebes mucho, fumas, fornicas mucho, caerás en manos de mi hermana Panacea y sus cómplices los médicos”.
Durante el periodo 1955 a 1961, solo un puñado de neurólogos nos encontrabamos activos en México -todos entrenados en el extranjero- decidimos establecer el Consejo Mexicano de Neurología: Julio Hernández Peniche, Luis Lombardo, Ladislao Olivares, Felipe Valle, José Eduardo San Esteban, Ricardo Rangel, Recaredo Rodríguez, Federico de la Peña y Francisco Rubio Donnadieu. Al termino de un año de juntas amistosas y cordiales para sorpresa de todos, en 1972 acudimos ante el Notario público para formalizar la creación del Consejo Mexicano de Neurología. El Consejo fue la base para la organización de la Academia Mexicana de Neurología en 1977. Por razones que nunca he entendido, el primer Presidente del Consejo fue un servidor. Debo agregar que la primera decisión del Consejo fue la certificación de nuestros maestros quienes en su mayoría enseñaban por razones históricas, la Neuropsiquiatría.
Otro evento de gran importancia para el desarrollo de la neurología en México fue la organización en 1975 del IV Congreso Panamericano de Neurología, al cual asistieron más de 1000 participantes de America y Europa.
En enero de 1983, se creó el subsector de los Institutos Nacionales de Salud, dentro del cual quedó integrado nuestro Instituto Nacional de Neurología y Neurocirugía. A partir de esa fecha el Instituto ha colaborado de manera estrecha con los Institutos Nacionales de Cardiología, Nutrición, Cancerología, Psiquiatría, Enfermedades Respiratorias, Pediatría, Perinatología, Salud Pública y el Hospital de México. Dentro del programa de sectorización establecido por la Secretaría de Salud, el Instituto participó en actividades con diversas entidades como el IMSS, ISSSTE, DIF, UNAM, IPN y los servicios médicos del Departamento del Distrito Federal, destacando entre éstas los Programas Prioritarios de Cisticercosis y Epilepsia, éste último coordinado por nuestra institución.
Además gracias al apoyo del Dr. Rafael Méndez, Coordinador de los Institutos Nacionales de Salud, mi maestro, gran farmacólogo y amigo, fue posible la restructuración de nuestro Instituto, durante mi periodo como Director General; así después de 3 años y con la supervisión de la Junta de Gobierno, se conformaron 4 Subdirecciones generales, 7 Divisiones, 39 Departamentos y la Escuela de Enfermería Neurológica y Neuroquirúrgica, con el reconocimiento del Postgrado de la UNAM.
Quiero destactar además el reconocimiento nacional e internacional de las actividades del servicio de Neurología Clínica de nuestro Instituto: en México las neurociencias, clínicas y básicas se conformaron, gracias a la organización en 1937, por los doctores Dionisio Nieto, Isaac Costero y otros grandes maestros de la Sociedad Mexicana de Neurología y Psiquiatría, que precedió por varios años a las sociedades neurocientíficas, que hoy conocemos.
A manera de anéctdota debo confesar que, queriendo conocer esos tan importantes antecedentes históricos, aproveche para invitar a mis maestros y amigos, los doctores Dionisio Nieto, Isaac Costero y Rafael Méndez a una cena donde compartimos algunas botellas de la Ribera del Duero. Platicaron de las circunstancias de la “residencia”, de la Universidad de Madrid, donde conocieron a Dalí, a García Lorca, Buñuel y a varios más; platicaron de como la Guerra Civil los obligó a refugiarse en México; y apoyado en la influencia de los productos de la Ribera del Duero decidimos comparar el desarrollo de la neurología mexicana en los 80 años previos a la cena, y la influencia que el servicio de Neurología Clínica del INNN mantuvo en esa historia.
Finalmente quisiera agradecer y mencionar que he tenido el honor de colaborar en la historia de la Neurología en México: en el centenario de la revista Epilepsia en Budapest, obtuvimos el reconocimiento de la Liga Internacional de la Epilepsia (ILAE) con la medalla de oro al articulo más citado en sus primeros 100 años por el manuscrito titulado “Comission on Classification and Terminology of Epileptic Seizures” 2. Este trabajo que se elaboró durante 3 años, requirió la revisión continua de vídeos de eventos epilépticos, registrados en seis paises, donde el INNN y su servidor fuimos participes.















