De nostalgias, ausencias y esperanzas. Atisbos sobre el cine mexicano en perspectiva, entre pasado y futuro, coordinado por Francisco Peredo Castro (2023), es un documento enriquecedor sobre la historia sociocultural de nuestro país, cuyo eje articulador es el cine mexicano, a través de la mirada de diez autores que conforman trece capítulos en total. Como bien menciona el coordinador de esta obra en su Introducción, este libro integra, en sus palabras, “reivindicaciones y distorsiones”, sobre la realidad social y cultural a través de géneros, subgéneros, tramas y personajes con los que erigió la historia fílmica de nuestro país, misma que ha sido patrimonio económico, ideológico, político y de élites intelectuales que generaron formas de ver la industria.
El libro arranca con un “Abordaje sociohistórico, cultural y metodológico”, en el que Peredo-Castro reflexiona sobre las visiones de la sociedad en el siglo XX, en diferentes periodos, que van desde los años veinte hasta la década de los setenta. Este apartado resulta ser una especie de Prólogo que hace una revisión minuciosa de los capítulos contenidos en el libro; aquí subraya la idea de que el cine fue una gran industria para México y que generó mercancías en las diversas etapas en su existencia. Asimismo, apuna que el cine sigue siendo un poderoso producto de comunicación que genera producción simbólica que impacta en “imaginarios, mentalidades y cúmulos de ideas” (p. 42); genera ideología que sustenta prejuicios, estereotipos y formas de representar.
Peredo-Castro elige denominar uno de los primeros apartados del libro como “Obertura”. En el cine, la obertura es la introducción instrumental que establece (o establecía, dado que ya no se acostumbra) el estado de ánimo antes del inicio del filme. Este antetítulo (por llamarlo de alguna manera) precede al capítulo denominado “La publicidad en la Novela semanal cinematográfica: una mirada a la vida cotidiana de los años cuarenta y cincuenta”; en éste, Lincoln-Strange hace un análisis de la publicidad en dicha revista en la década de los cuarenta y los cincuenta, a través de la selección de una serie de imágenes recuperadas que incluyen tanto productos farmacéuticos, como bebidas alcohólicas, pieles, perfumes, medias, cigarrillos, maquillaje; se incluyen otros productos culturales como obras de teatro, novelas y otras revistas similares a la estudiada. Este capítulo da cuenta de que en esa época la Cuidad de México se proyectaba cada vez más como una urbe cosmopolita donde la vida cultural estaba estrechamente relacionada con el ambiente cinematográfico y los “parafilmes” (palabra muy bien elegida por Peredo-Castro hace símil con el paratexto de Genette) resultados de la misma. El capítulo nos permite comprender que, tal como ahora, la vida de los receptores dependía de la industria cultural generada por sus historias, actores y actrices favoritos.
Después de este apartado, inicia la Parte I del libro, titulada “Disrupciones y disidencias frente a la moralina del cine nacional” que está compuesta por tres capítulos principales: “Dolores del Río star persona de Hollywood a México: ambigüedades en la configuración cinematográfica de la diva-vamp”, de Peredo-Castro; “Lupe Vélez. Vida, trayectoria preservación de su filmografía”, de Mario Sanabria Acevedo; “Un acercamiento al albur y la grosería en el cine de Gilberto Martínez Solares”, nuevamente de Lincoln-Strange. Al respecto, Peredo-Castro hace una profunda reflexión en torno a un star system mexicano, inspirado en el modelo de Hollywood, con una vertiente femenina similar al mito de la diva-vamp que evolucionó de distintas maneras y que incorporó a figuras como Dolores del Río, quien compitió en Hollywood con actrices de gran reconocimiento, como Joan Crawford, Gloria Swanson y Greta Garbo.
Los primeros apartados de esta parte del libro dan cuenta del paralelismo de estas dos figuras femeninas de la “latinidad”, Vélez y Del Río, cada una con sus respectivas cualidades: Del Río fue vista como una actriz con un origen aristocrático, lo que le valió el respaldo de la industria y de la sociedad hollywoodense; Lupe Vélez fue considerada, de manera general, como una persona de “cascos ligeros”, más allá de sus capacidades histriónicas. Los capítulos de Sanabria y Peredo-Castro observan, además, las implicaciones que tuvo para estas dos mujeres mexicanas incorporarse a la vida del espectáculo, en un contexto en el que se esperaba que toda mujer cumpliera con el rol que la sociedad les había asignado, como hijas, esposas, madres y amas de casa.
Por otro lado, en el último apartado de esta primera parte, Lincoln-Strange analiza el cine de Martínez Solares, partiendo de dos filmes icónicos de la comedia nacional, Calabacitas tiernas (1948) y El rey del barrio (1949); en éstas, el albur es una parte fundamental que provoca la risa. Si bien las primeras cintas del director mencionado, la comedia se sustentaba en un juego del lenguaje más inocente que el que definió sus últimas cintas hacia la década de los setenta y los ochenta, en el cine de barrio, en el que la vulgaridad y la agresión fueron elementos que invitaban al menosprecio de las personas (mujeres, principalmente) por medio de un humor procaz.
En la Parte II del libro, titulado “Entre representaciones, distorsiones…, y tergiversaciones…” se aborda el tema del melodramatismo de la niñez en un cine que ha olvidado los problemas reales de la infancia, en el capítulo de Peredo-Castro “La matriz de la falsificación. Representación, preocupación y distorsión sobre la niñez en el cine mexicano”. El autor menciona que estas cintas mostraban infancias angelicales, “seráficas” y empobrecidas y dejaron fuera de la mirada de una niñez mexicana aquejada por diversos problemas, mejor ejemplificadas en Los olvidados (Buñuel, 1950), o en posteriores como Fe, esperanza y caridad (J. Fons, 1974) o De la calle (Gerardo Tort, 2001), películas en las que se observa una mirada crítica de la niñez en la sociedad del siglo XX y la contemporánea.
En el segundo capítulo de esta segunda parte, “Tres visiones cinematográficas de la conquista de México en el siglo XX”, de Tapia y González-Jiménez, se analizan tres películas que recuperan el tema de la conquista espiritual del México: Tepeyac (Fernando Sáyago, 1917), Nuevo mundo (G. Retes, 1976), La otra conquista (Salvador Carrasco, 1997). Estas cintas, desde la mirada de los autores, “comparten una visión histórica apegada a una visión tradicional” (p. 249), en las que se soldados, españoles e indígenas, son una representación simbólica del papel que jugaron la religión y la corona en la conquista de México.
La Parte III, “Transiciones hacia un nuevo protagonismo femenino en el cine nacional”, está conformada por tres apartados: “Erotismo y sexualidad en el cine mexicano de los años sesenta y setenta del siglo XX” de Cortés-Altamirano; “María llena eres de gracias y Miss bala. Dos miradas de la participación de la mujer en el narcotráfico”, de Sánchez-Arroyo; “El feminicidio de visibiliza: Traspatio, Bajo la sal y Las elegidas de Rendón-García. Estos trabajos observan a la mujer y la feminidad en el cine mexicano, a través de temas que permiten reflexionar sobre el control social, la censura y, como dice Peredo-Castro, “lo teórico feminista-genérico, e histórico de la industria cinematográfica” (p. 23). Asimismo, estos apartados dan cuenta del lugar preponderante que han tenido los personajes femeninos en las narrativas de narcotráfico. A la vez, ponen sobre la mesa temas en torno a la criminalidad y a la representación simbólica de la violencia contra las mujeres, un fenómeno que se ha normalizado en nuestra sociedad contemporánea.
La cuarta y última parte del libro, titulada “Entre animación, cine fantástico y cultura popular. Los pendientes de nuestro cine”, inicia con el capítulo de Zamorano, “¡Arañas al ataque! Dos miradas el cine fantástico mexicano”, en el que se estudian cintas cuyos temas versan sobre animales o mutaciones genéticas que generan angustia, temor o pánico, a través de pesadillas o fobias. En su segundo capítulo, “El miedo en dos largometrajes de animación mexicanos: La leyenda de la Nahuala y La leyenda de la llorona”, se estudia la percepción de las leyendas de miedo que existen desde la época virreinal y que conforman tradiciones populares que se han incorporado a los productos de entretenimiento contemporáneo.
El último capítulo, que lleva por título “Corolario. Claves para comprender la historia del cine mexicano: la odisea del siglo XIX al siglo XX”, de Dávalos-Orozco, “propone fundamental la periodización del desarrollo de la cinematografía en siete etapas… de la industria cinematográfica como parte integral de los procesos de producción propios del sistema de las industrias culturales” (p. 403). De esta manera, los periodos propuestos son: 1) El periodo mudo (1896-1931); 2) Industrialización (1931 a 1940); 3) La “época de oro” (1940-1952); 4) Crisis recurrentes: 1952-1970; 5) Estandarización de la industria cinematográfica y “Nuevo cine mexicano” (1970-1976); 6) Desmantelamiento, agonía y muerte de la industria cinematográfica (1976-1994); 7) De la supervivencia marginal y creativa a la sobreproducción estéril (1994-2023). A través de esta revisión, Dávalos-Orozco expone una mirada aguda sobre una industria cultural que ha tenido un impacto importante en la vida de los espectadores nacionales contemporáneos.
De nostalgias, ausencias y esperanzas. Atisbos sobre el cine mexicano en perspectiva, entre pasado y futuro ofrece una mirada profunda sobre el cine mexicano; esclarece sus complejas interacciones con la sociedad y las dinámicas ideológicas a lo largo del tiempo. A través de los diversos capítulos, los autores logran contextualizar las representaciones cinematográficas en relación con los cambios sociales y las transiciones en la industria cultural y cinematográfica. Este libro representa un valioso ejercicio de reflexión y crítica que también invita a repensar en las narrativas que han definido al cine, tanto en su pasado como en su proyección futura.














