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Historia mexicana

 ISSN 2448-6531 ISSN 0185-0172

        22--2025

https://doi.org/10.24201/hm.v75i2.4815 

Reseñas

Sobre Fernando M. González, Cuando un futuro se disuelve. De identidades trastocadas y radicalizaciones no previstas

Saúl Espino Armendáriz1 

1El Colegio de México

González, Fernando M.. Cuando un futuro se disuelve. De identidades trastocadas y radicalizaciones no previstas. México: Universidad Nacional Autónoma de México, 2023. 360p. ISBN: 978-607-30-8130-6.


Hasta hace poco, la historiografía mexicana sobre catolicismo de la teología de la liberación seguía determinada por narrativas de memoria y reivindicación, establecidas y promovidas por los propios protagonistas convertidos en académicos. Otro tanto sucedía en la historiografía de los movimientos armados de izquierda durante la Guerra Fría.

Una muy reciente historiografía en México ha comenzado a ofrecer un análisis más equilibrado, acercándose más a un balance crítico de manera similar a lo que se ha hecho en otras latitudes.

En el entrecruce de estos dos campos historiográficos, existen recientes investigaciones críticas -por ejemplo, Ariel Rodríguez Kuri y Jaime M. Pensado- que exploran la participación de católicos o exmilitantes católicos en guerrillas. El libro de Fernando M. González, Cuando un futuro se disuelve. De identidades trastocadas y radicalizaciones no previstas, abona en este campo, proporcionando un mapeo sistemático de las redes sociales y grupos, el influjo ideológico y las trayectorias individuales de católicos que participaron o colaboraron con movimientos armados de izquierda en México. Se trata de una obra fundamental para toda persona interesada en comprender las culturas políticas del catolicismo y el socialismo en México, así como sus insospechadas hibridaciones.

El libro es la maduración del trabajo y la reflexión de muchos años. Los testimonios de más de 30 entrevistas realizadas por González a los protagonistas entre 1983 y 2021, así como publicaciones periódicas de las décadas de los sesenta y setenta, son la base de la obra. En un gesto que lo ha distinguido en proyectos previos -piénsese, por ejemplo, en el repositorio de documentos de archivos vaticanos relacionados al caso de Marcial Maciel que puso en consulta pública en https://www.lavoluntaddenosaber.com/-, González es generoso y transparente con el uso de fuentes primarias, virtud que permite pensar en este libro como un archivo con insumos de historia oral para investigaciones en el futuro.

A la manera en que, por ejemplo, para el caso argentino, Luis Miguel Donatello ha analizado las continuidades en la trayectoria de católicos después de su transición a la guerrilla peronista Montoneros, González, con esta publicación, profundiza en las incómodas continuidades y convergencias entre las culturas políticas de grupos católicos de extremos ideológicos, una crítica que había presentado en un artículo de 2007. En Cuando un futuro se disuelve, González ahonda en esta veta al analizar el caso de los jóvenes católicos universitarios que decidieron tomar las armas en la década de los setenta del siglo XX, así como el de los clérigos cuyas predicaciones revolucionarias los inspiraron.

El libro está compuesto por 6 capítulos, además de prólogo, introducción, epílogo y breves anexos documentales glosados. Felizmente, González no es un autor complaciente, ni con los sujetos que analiza ni con sus lectores. Aunque la estructura del libro es en general cronológica, permitiendo seguir las trayectorias individuales y grupales de quienes se radicalizaron, el texto no se limita a narrar secuencialmente los hechos. Intercala constantemente críticas sustanciales, analogías, reflexiones teóricas y análisis que relacionan dichos hechos descritos con otros momentos históricos, como las conexiones entre los guerrilleros cristianomarxistas y sus “ancestros” cristeros. Además, documenta cómo las redes sociales de las élites locales de ciudades como Guadalajara, Monterrey y Chihuahua, incluyendo empresarios, clérigos, líderes estudiantiles y políticos, se entrelazan a través de amistades y matrimonios, configurando una compleja trama de relaciones, solidaridades y complicidades.

El primer capítulo ubica al lector en la delirante atmósfera anticomunista de Guadalajara en los albores de los años sesenta, narrando un curioso episodio de una invasión comunista a una escuela jesuita -de la que el autor era estudiante- que, en el desenlace más godotiano, nunca ocurrió, así como los primeros signos de radicalización en grupos de jóvenes de la democracia cristiana, especialmente en Chihuahua. El segundo capítulo, más breve, analiza las agudas críticas del jesuita Michel de Certeau a sus hermanos por el flirteo con la justificación de la violencia. En el tercer capítulo, se examina cómo los jesuitas en Monterrey influyeron en la organización estudiantil, facilitando la interacción entre jóvenes comunistas y militantes católicos, lo que eventualmente llevó a la percepción de los religiosos como responsables de la radicalización juvenil. Esto culminó con un fascinante happening en el Tec de Monterrey, narrado en sus varias versiones en el libro, que resultó a la postre con la expulsión de estudiantes y jesuitas de la ciudad. El cuarto capítulo, que sigue par ticular men te las trayectorias de Ignacio Salas Obregón, Ignacio Olivares Torres y José Luis Sierra Villarreal, documenta por primera vez con claridad grupos que aparecían de manera borrosa en las historias publicadas por los propios protagonistas -por ejemplo, los jesuitas Martín de la Rosa y Luis del Valle-, como el proyecto de Ciudad Nezahualcóyotl y el Centro Crítico Universitario (CECRUN). Como para otros sectores sociales, el Halconazo de 1971 es demostrado aquí como el parteaguas en el proceso de radicalización juvenil. El quinto capítulo aborda la radicalización de jesuitas y grupos estudiantiles en Guadalajara, profundizando en la situación de quienes se integraron al “dispositivo militar-clandestino de la guerrilla”, término utilizado por el autor. Estos individuos, consumidos por la necesidad de sobrevivir, se obsesionaron con identificar infiltrados e iniciaron operativos desesperados y mal organizados, tales como los múltiples asaltos de bancos en Chihuahua y, sobre todo, los secuestros de Eugenio Garza Sada y Fernando Aranguren, que terminaron en asesinato, así como el de Anthony Duncan Williams.

En el sexto capítulo se explicita la crítica a la historiografía militante que había abordado previamente a estos grupos y sucesos. Aquí González se distancia de los panegíricos que exaltan la “valentía” de los guerrilleros o, en el otro extremo, de las condenas morales, y evita dicotomías simplistas para revelar las contradicciones, el azar y la intrincada realidad subyacente. González muestra su preferencia por explorar las áreas grises e incómodas de la historia, tal como lo hizo anteriormente con un sector del gremio de psicoanalistas en su libro sobre Igor Caruso, y de la misma manera como ha complejizado nuestro entendimiento de los abusos sexuales dentro de la Iglesia católica, mostrando los ciclos de complicidad, culpa y silencio que desmantelan la dicotomía entre víctima y victimario. El autor ahora ofrece un libro que desafía las narrativas historiográficas establecidas sobre los movimientos armados de izquierda y el catolicismo liberacionista. Con ironía y una escucha analítica afinada durante años, Fernando M. González demuestra cómo cierta narrativa no sólo prevalece entre los sujetos estudiados, sino también entre académicos que, a menudo por vínculos familiares, se convierten en celosos custodios de una memoria heredada. El núcleo de esta narrativa, citando al autor, es que “basta la bondad supuesta de la causa para no tener que cuestionar los actos que pretenden llevarla a cabo, lo que instaura una especie de teleología justificado que guiará todos sus actos”.

Al terminar la lectura del libro, la pregunta sobre por qué veinteañeros católicos de posición económica desahogada, muchos pertenecientes de hecho a las élites locales de ciudades como Guadalajara, Monterrey y Chihuahua, terminaron fundando o protagonizando algunas de las guerrillas marxistas más icónicas del México reciente, adquiere toda su complejidad. Aunque los protagonistas y sus hagiógrafos presentaron su elección como inevitable, en realidad, como muestra el autor, optar por las armas fue una decisión deliberada, influenciada significativamente por algunos teólogos e intelectuales del liberacionismo que presentaron la opción violenta como un medio legítimo de cambio social, sembrando las semillas de la radicalización en el México convulso entre los años sesenta y los setenta. La lectura del libro de Fernando M. González deja una reflexión crítica sobre la responsabilidad ética y política de quienes participaron en movimientos armados, pero destaca especialmente a quienes, desde la teoría, influyeron en la práctica: los que llama “inspiradores” o “implicados de clóset”. Las profecías sobre la revolución y su inevitable violencia eran escuchadas por jóvenes ansiosos de cambio y esperanza que, al optar por la subversión armada, remataban la cadena de razonamiento de las prédicas liberacionistas. Los “inspiradores”, en su mayoría religiosos jesuitas, fueron clave para la transición del integrismo anticomunista al integrismo marxista. La obra deja un profundo análisis sobre la responsabilidad ética y política de estos actores en la configuración de un periodo violento en la historia reciente de México. Sin el fervor purista de estas predicaciones, la ascesis revolucionaria y el sectarismo milenarista de personajes como Ignacio Salas Obregón, conocido con el mote clandestino de Oseas -Rodríguez Kuri ha reflexionado sobre las implicaciones proféticas del nombre- serían difíciles de comprender.

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