Introducción
El 31 de diciembre del 2019, en la ciudad de Wuhan, China, se notificó sobre un brote de neumonía causado por un nuevo tipo de coronavirus. La propagación de este virus a otras regiones del mundo llevó a la Organización Mundial de la Salud (OMS) a declarar el 11 de marzo de 2020 que la enfermedad provocada por este virus, la COVID-19, se considerara como una pandemia1. Esta enfermedad causó alrededor de 15 millones de muertes a nivel mundial en tan solo dos años2 y hasta el 2023, se estimaba que hubo alrededor de 760 millones de casos3.
En México, la información respecto a la pandemia por COVID-19 fue muy diversa, desde las conferencias informativas por parte del gobierno federal, hasta noticias falsas y rumores que provocaron ataques a personal sanitario e instalaciones hospitalarias4. Asimismo, la pandemia tuvo un impacto en la salud mental de la población mexicana; pues hubo un aumento considerable de problemas relacionados con ansiedad, estrés, depresión, suicidio y consumo de sustancias5. Estos eventos se pueden atribuir a la manera en cómo las personas van concibiendo y representando la COVID-19, por lo que se puede considerar que el impacto de la pandemia no se limitó a su propagación y su mortalidad, sino también a su alcance psicosocial4. En este sentido, la COVID-19 no puede considerarse únicamente como un fenómeno biomédico, pues su entendimiento también implica una aproximación social6.
La teoría de las representaciones sociales (RS) se muestra como un marco pertinente para comprender dicho fenómeno4; puesto que al ser éstas un sistema de pensamiento colectivo, permiten comprender la manera en cómo las personas conciben y reaccionan ante un fenómeno que cuestiona las propias nociones de lo real o lo verdadero6,7,8. Así pues, se han realizado estudios sobre las representaciones sociales (RS) de la COVID-19 que tenían las personas al inicio de la pandemia4,9,10,11,12,13, cuyos resultados permitieron comprender cómo estos sistemas de pensamiento se incorporaban al sentido común y al funcionamiento social6.
De la misma forma, otros estudios sobre RS de la COVID-19 se llevaron a cabo en diferentes momentos como la declaración de la emergencia sanitaria internacional14, la segunda ola de contagios15 y dos años después de su inicio16. No obstante, hasta el momento son escasas las investigaciones que comparen la manera en cómo las personas representaban socialmente la COVID-19 en un inicio y cómo lo hacen ahora17; puesto que el 5 de mayo del 2023, la OMS declaró el fin de la emergencia sanitaria internacional por la enfermedad de COVID-19. Hacer esta comparación, permite explorar la forma en cómo este pensamiento social se muestra conforme las condiciones del fenómeno representando van cambiando. Por consiguiente, el presente estudio tuvo como objetivo analizar las representaciones sociales sobre la COVID-19 durante y después de la emergencia sanitaria en personas adultas en 3 entidades federativas de regiones distintas de México.
Materiales y método
El estudio de las Representaciones Sociales (RS) desde la perspectiva estructural, implica explorar los núcleos representacionales y su estructura lo cual, sugiere Abric (2001), requiere un abordaje pluri metodológico18. De este modo, se llevó a cabo una investigación exploratoria utilizando un enfoque de asociación libre para indagar la estructura y los elementos centrales sobre la COVID-1919.
Para la recolección de datos se utilizaron los listados libres, que consisten en una forma de cuestionario o entrevista estructurada20. Estos estaban conformados por tres secciones: (a) en la primera se solicitaba cinco palabras o frases asociadas con el término "COVID-19", (b) en la segunda se pedía la explicación del porqué se mencionaron dichas elecciones, y (c) en la tercera se recababan datos generales como edad, sexo, procedencia, ocupación, etc. Los listados libres se administraron en línea, utilizando los Formularios Google.
A través de un muestreo por oportunidad27, se recolectaron datos en dos momentos. Primeramente, durante los meses de abril y mayo de 2020 participaron 148 personas; posteriormente, durante los meses de enero y marzo de 2024, se contó con 100 participantes. Los criterios de participación fueron solamente que fueran mayores de 18 años y tuvieran nacionalidad mexicana.
Las respuestas obtenidas mediante los listados libres fueron organizadas en una matriz de datos en Excel para, en un primer momento, identificar las evocaciones más frecuentes19. Posteriormente, se realizó un análisis prototípico para explorar los elementos centrales y periféricos a partir de dos indicadores: (a) la frecuencia con la que se había repetido cada palabras o frase, y (b) el rango de mención; es decir, en qué lugar fue mencionada la evocación19,22,23,24,25. Finalmente, las razones de las evocaciones asociadas se pasaron a un archivo de texto para efectuar un análisis de similitudes e identificar la forma en cómo se organizaban temáticamente. Esto mediante la exploración de su relación y su proximidad; es decir, las veces que coocurrieron. Este análisis se apoya de la presentación de árboles máximos, donde puede visualizarse la organización, a partir de su coocurrencia y su forma en cómo se agrupan en nodos representacionales19,22,23,24,25. Todos estos análisis se realizaron utilizando el software Iramuteq versión 0.7.
Resultados
De las 248 personas que participaron en el estudio, la edad mínima fue 18 años y la máxima de 66, con una edad promedio de 32.73 y una desviación estándar de 11.5 años. La mayoría de las personas eran mujeres (69.4%), se encontraban solteras (56.5%) y contaban con licenciatura (48%). Respecto a la procedencia, la mayoría eran de San Luis Potosí (64.1%), le siguieron Jalisco (10.5%) y Yucatán (10.5%) con mismos porcentajes.
La mayor parte de las personas afirmó creer en la existencia de la COVID-19 (98%). Alrededor una de cada cinco personas (22.2%) en algún momento adquirió la enfermedad y la mitad (50%) tuvo alguna persona cercana que también fue diagnosticada. Este último porcentaje fue similar a las personas que refirieron haber experimentado algún problema emocional o de salud mental a razón de la pandemia (50.4%). A su vez, las personas permanecieron en asilamiento un promedio de 112.85 días y de quienes se vacunaron, se aplicaron la vacuna en promedio 3.08 ocasiones.
En la tabla 1 se muestran las evocaciones más frecuentes a partir de los listados libres aplicados durante la pandemia. Se presentan aquellas que se mencionaron al menos cinco ocasiones, lo que dejo un total de 22 palabras que representan el 51.16% de las evocaciones totales. Los términos mayormente reportados fueron virus, enfermedad y pandemia; mientras que aquellos que se asociaron con menos frecuencia fueron precaución, coronavirus, fiebre, riesgo y caos.
Tabla 1 Análisis prototípico de las RS de la COVID - 19 durante la pandemia
| Núcleo central | Primera periferia | ||||
|---|---|---|---|---|---|
| Evocación | Frecuencia (>=16.95) | Rango (<=2.59) | Evocación | Frecuencia (>=16.95) | Rango (>2.59) |
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| Primera periferia | Segunda periferia | ||||
| Evocación | Frecuencia (<16.95) | Rango (<=2.59) | Evocación | Frecuencia (<16.95) | Rango (>2.59) |
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Fuente: Elaboración propia.
Igualmente, en la tabla 2 se muestran las evocaciones con mayor frecuencia a partir del análisis de los listados libres aplicados después de la emergencia internacional. En este caso se muestran aquellas que fueron mencionadas al menos tres ocasiones, de modo que se eligieron 30 palabras, lo que representa el 72.13% de todas las evocaciones asociadas. Los términos que mostraron más menciones fueron enfermedad, pandemia y muerte, a la vez que los que se mencionaron en menos ocasiones fueron tragedia, angustia y mortalidad.
Tabla 2 Análisis prototípico de las RS de la COVID-19 después de la emergencia sanitaria
| Núcleo central | Primera periferia | ||||
|---|---|---|---|---|---|
| Evocación | Frecuencia (>=11.03) | Rango (<=2.78) | Evocación | Frecuencia (>=11.03) | Rango (>2.78) |
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| Primera periferia | Segunda periferia | ||||
| Evocación | Frecuencia (<11.03) | Rango (<=2.78) | Evocación | Frecuencia (<11.03) | Rango (>2.78) |
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Fuente: Elaboración propia.
Asimismo, a partir de la frecuencia con la se repitió la evocación y el orden o el lugar donde fue mencionada se generan tres zonas:
1.. Núcleo central: debido a la alta frecuencia y la aparición de las evocaciones en los primeros lugares, esta zona presenta los elementos centrales de las RS sobre COVID - 19, dado que muestra aquellas palabras que son de gran relevancia y consenso en el pensamiento colectivo de las personas. Durante la pandemia aparecieron las evocaciones virus, enfermedad y pandemia; mientras que después de la pandemia se muestran enfermedad, pandemia y virus.
2.. Primera periferia: esta zona se divide en dos zonas, una superior derecha y otra inferior izquierda que contienen evocaciones que delimitan y contextualizan al núcleo central; en este sentido, es lo más directo de la RS y paulatinamente pueden cambiarse e, inclusive, formar parte de los elementos centrales. Por un lado, durante la pandemia aparecen con mayor frecuencia muerte, miedo y cuarentena; por otro lado, posterior a la emergencia internacional aparecen muerte, asilamiento, cubrebocas y vacuna.
3.. Segunda periferia: las evocaciones mostradas en esta zona tienen una frecuencia baja y se mencionaron en los últimos lugares, por lo que su presencia obedece a representaciones más personales o individuales. Durante la pandemia las evocaciones más repetidas fueron cuidado, asilamiento y contagio; mientras que después de la emergencia sanitaria se observan incertidumbre, confinamiento, hospital, dolor y contingencia.
Por su parte, en la figura 1 se muestra la organización de las razones de las evocaciones asociadas durante la pandemia a partir de su coocurrencia. Las evocaciones que aparecen más grandes y al centro reportaron la frecuencia más alta, mientras que las conexiones más gruesas reflejan una mayor coocurrencia; es decir, las veces que dos evocaciones aparecen juntas en una respuesta, lo cual se indica con el número colocado sobre cada enlace. Con base en estas frecuencias y coocurrencias, las evocaciones se agrupan en cinco nodos representacionales, los cuáles se representan en distinto color. Al centro se destaca enfermedad, la cual se encuentra en el nodo color verde junto a otras palabras como salud, contagio y evitar. Enfermedad muestra la mayor coocurrencia con virus que se muestra en el nodo rojo con evocaciones como mundo, covid y causa. Personas conforma el nodo color amarillo con otras palabras, a la vez que mundial se encuentra en el nodo morado con otros términos y, en la periferia, información se organiza en el nodo azul.

Figura 1 Árbol máximo sobre la estructura y los núcleos representacionales del concepto de COVID-19 durante la pandemia. Nota:Las evocaciones más grandes y al centro reportaron mayores frecuencias; mientras que las conexiones más gruesas reflejan una coocurrencia más alta. Fuente: Elaboración propia.
Finalmente, en la figura 2 se observa cómo se organizan las razones de las palabras asociadas después de la emergencia internacional. De igual forma al gráfico anterior, a partir de las frecuencias y las coocurrencias de las evocaciones se muestran cuatro nodos representacionales, en donde al centro figura enfermedad que se encuentra en el nodo color rojo con otras palabras como virus, mundo y debido. La palabra de enfermedad presenta una coocurrencia mayor con covid que, junto a cuarentena, se presentan en el nodo color azul. Pandemia forma con más y casa el nodo color morado, mientras que personas junto a forma se organizan en un último nodo de color verde.

Figura 2 Árbol máximo sobre la estructura y los núcleos representacionales del concepto de COVID - 19 después de la emergencia sanitaria. Nota: Las evocaciones más grandes y al centro reportaron mayores frecuencias; mientras que las conexiones más gruesas reflejan una coocurrencia más alta. Fuente: Elaboración propia.
Discusión
A partir de los resultados, se puede afirmar que las Representaciones Sociales (RS) de la COVID-19 reflejan un entendimiento colectivo de la enfermedad. Se observó un amplio rango respecto a la edad de los participantes y una colaboración mayoritaria por parte de las mujeres, aunque se presentan hallazgos similares a los obtenidos en una investigación realizada en población adulta mayor de las ciudades mexicanas de Guadalajara, San Luis Potosí y Morelia17. En ambos estudios se observaron evocaciones similares como enfermedad, muerte, miedo, pandemia, entre otras.
En el núcleo central de las RS de COVID-19, tanto durante como después de la emergencia internacional, se presentaron las mismas evocaciones, aunque en distinta magnitud. En particular, las palabras virus y enfermedad mostraron una frecuencia diferente durante la pandemia y después de la emergencia sanitaria. Esto sugiere que, en un primer momento, la COVID-19 se percibía mayoritariamente como un virus y no como una enfermedad, lo que implicaba una comprensión distinta y, en consecuencia, una forma diferente de atenderla y abordarla. Esto también puede observarse en la forma en que se presentan los nodos representacionales después de la emergencia sanitaria; pues se destaca el nodo organizado por enfermedad por su centralidad y su relación con otras palabras.
En este sentido, durante la pandemia se observaron en los núcleos periféricos primarios evocaciones relacionadas con el riesgo de la COVID-19 y la forma de evitarla, tales como: muerte, miedo, cuarentena, y contingencia, entre otras. Después de la emergencia, aparecieron palabras que hacen una mayor referencia a medidas específicas para prevenir la enfermedad como aislamiento, cubrebocas, vacuna y encierro, etc. Dentro de estos núcleos, una evocación presente en ambos momentos es miedo, aunque con una frecuencia mayor durante la pandemia. Esto puede atribuirse a que, al inicio, la falta de información precisa generaba incertidumbre y un mayor grado de miedo en comparación con el presente. Al respecto, se ha encontrado que la desinformación inicial se atribuyó en gran parte al periodismo y a las redes sociales, cuya información contradictoria solo transmitía temor27,28.
Posterior a la emergencia sanitaria, aparecieron evocaciones en estos núcleos que no se habían encontrado durante la pandemia. Una de éstas fue cubrebocas, cuyo uso fue una de las medidas fundamentales para sobrellevar la pandemia; sin embargo, se ha encontrado que las RS sobre este no han destacado por su relevancia preventiva, sino por ser una barrera para la comunicación, la interacción y la respiración adecuada. Igualmente, otro recurso preventivo esencial que apareció en un segundo momento es la vacuna para la COVID-19; no obstante, su RS también han resaltado poco por su utilidad médica, sino por aspectos como la desconfianza, la desinformación y la subestimación de la pandemia29.
En los núcleos periféricos secundarios, tras la emergencia sanitaria, se observa un aumento en el número de palabras asociadas, lo que indica una mayor diversidad en las representaciones individuales sobre la COVID-19 en comparación con el inicio de la pandemia. Esto probablemente se deba a que las personas disponían de información más objetiva y precisa sobre la enfermedad4. Sin embargo, en el análisis de los nodos representacionales, se identifica una organización más definida en torno a la evocación más frecuente, que es enfermedad.
De esta forma, en un primer momento, las RS sobre la COVID-19 se asociaban principalmente con palabras como virus, enfermedad y pandemia, así como muerte, miedo y cuarentena. Esto definía a la COVID-19 como un virus causante de una enfermedad mortal global que generaba un profundo miedo y llevaba a las personas a mantenerse en aislamiento. En un segundo momento, después de la emergencia internacional, las evocaciones enfermedad, pandemia y muerte; además de aislamiento, cubrebocas y vacuna, fueron las más asociadas. Así, la COVID-19 se representó como una enfermedad mundial provocada por un virus y caracterizada por su alta mortalidad, que fue sobrellevada gracias a medidas como el aislamiento, el uso de cubrebocas y la vacunación.
Así pues, la COVID-19 se representa como un fenómeno que ha afectado gravemente la vida y la cotidianidad de las personas, dado los múltiples factores involucrados en su transmisión, prevención y atención. Gran parte de la población desarrolló un miedo ante el potencial mortal de esta enfermedad, lo cual ha sido reportado en estudios anteriores6,12,13,16,27,28. Este miedo se justifica ante el escenario catastrófico vivido durante la pandemia, ya que se reportó la muerte de 14.9 millones de personas solo entre los años 2020 y 2021, lo que ha llevado a considerar un exceso de mortalidad30 y un retroceso en la esperanza de vida a nivel mundial31.
Como se ha mencionado, la pandemia ha tenido un impacto significativo en la salud mental, reflejado en el aumento de los casos de trastornos mentales5. Gran parte de los participantes afirman haber experimentado algún problema emocional a raíz de la pandemia; además del miedo, se ha reportado que las personas han experimentado sentimientos de ira, fatiga, cansancio, culpa, desconfianza y sensaciones de soledad15,16,27. Un factor que pudo haber influido en esto fue la gran cantidad de días que las personas permanecieron en aislamiento. Si bien esta medida fue importante para prevenir la COVID-19, trajo consigo la restricción de la libertad de las personas y, con ello, consecuencias psicológicas importantes15,27.
De igual forma, las dinámicas adaptadas para actividades cotidianas como el trabajo y la escuela se representaron como estresantes, debido al exceso de trabajo y tareas32. En consecuencia, es crucial fortalecer las acciones en materia de salud mental en diversos ámbitos. La promoción de estrategias para prevenir la sobrecarga académica y laboral, junto con el fortalecimiento del apoyo psicológico y social, pueden ayudar a afrontar la crisis de manera más efectiva y a minimizar el impacto negativo en la vida de las personas.
En futuros escenarios similares, es fundamental fortalecer las acciones en materia de salud mental que no limite la atención solamente al momento de la crisis sanitaria, sino que se mantenga de forma sostenida en la postpandemia. Asimismo, las políticas de atención tendrían que reforzar la dimensión psicosocial mediante mensajes cercanos a las representaciones sociales de la población y centrados en el autocuidado. Estos hallazgos también subrayan la importancia de implementar no solo estrategias nacionales, sino también acciones adaptadas a los contextos locales, donde la promoción de información temprana y confiable puede contribuir de manera significativa al apoyo emocional de las personas.
Conclusiones
Las representaciones sociales (RS) de la COVID-19 proporcionan una visión del pensamiento colectivo en torno a esta enfermedad. Destacan su naturaleza infecciosa y grave, así como su profundo impacto psicosocial reflejado en las evocaciones asociadas. Inicialmente, la COVID-19 se percibía más como un virus que como una enfermedad, lo cual influyó en la manera en que se comprendía y se abordaba. Con el tiempo, el concepto de enfermedad adquirió mayor relevancia y resaltó su relación con otros conceptos que cambiaron las RS sobre la COVID-19.
La persistencia de ciertas evocaciones en el núcleo central, tanto durante como después de la pandemia, sugieren una percepción continua de peligro y gravedad en torno a la COVID-19. A su vez, la aparición de nuevos términos en las periferias iniciales muestra la adopción de estrategias de prevención y adaptación, mientras que la variedad de palabras en las periferias secundarias refleja las diversas experiencias e impactos que la pandemia tuvo en las personas.
Así, la COVID-19 se representa como una enfermedad global de alta mortalidad que fue sobrellevada mediante medidas como el aislamiento, el uso de mascarillas y la vacunación. Este cambio en las RS, desde una visión centrada en el virus hacia una comprensión más amplia que incluye medidas preventivas, subraya la evolución del pensamiento social en respuesta a la crisis.
Para comprender mejor cómo la COVID-19 ha sido representada en diferentes contextos, es recomendable explorar las RS en grupos específicos. Estos resultados no solo ayudan a entender la evolución de las RS sobre la COVID-19, sino que también proporcionan información valiosa para diseñar estrategias más efectivas en futuras crisis sanitarias; pues a pesar de la superación de la emergencia internacional, la COVID-19 no ha dejado de existir y seguiría presente33.
Finalmente, es importante considera algunas limitaciones del presente estudio. En primer lugar, se observaron diferencias en los tamaños muestrales entre los dos momentos de recolección (148 participantes en 2020 frente a 100 en 2024), lo que puede afectar la comparabilidad de los hallazgos. Asimismo, el que la mayoría de las participantes fueron mujeres, limita la representatividad de los varones respecto a la COVID-19. En este sentido, se sugiere homogenizar los criterios de selección en futuros estudios. En segundo lugar, la concentración geográfica de la muestra en San Luis Potosí impide la generalización de los resultados a toda la población mexicana. En último lugar, la utilización de un muestreo por oportunidad podría implicar un sesgo de autoselección, dado que quienes aceptaron participar pudieron tener un mayor interés o experiencias específicas relacionadas con la COVID-19.















