Proyectos como el rescate ambiental del río Sabinal (ilustración 1) en Tuxtla Gutiérrez, a principios de este siglo, han generado una dinámica de interpretación/representación de lo que el río es para los artistas visuales de la ciudad. Aunque así planteado indica que es un tema reciente en las artes, no lo es, como voy a demostrar a continuación. Sus aguas desembocan en el río Grijalva, que da forma al conocido Cañón del Sumidero, en Chiapas. La cuenca de este brazo que alimenta al Grijalva:
[...] es una pequeña corriente situada en la parte central de Chiapas, nace en las cercanías del poblado de Berriozábal y corre hacia el este atravesando la población de Tuxtla Gutiérrez y continúa su curso hasta confluir con el río Grijalva, por su margen izquierda, aguas arriba del Cañón del Sumidero. (Subdirección General Técnica Gerencia de Aguas Subterráneas, 2024, p. 9)
El río es un motivo para la generación de significados. Posee la ventaja de asociar- se con el agua, elemento que está presente en las religiones y en las creencias populares. Mircea Eliade (1981), al abordar el simbolismo de los mitos relacionados con espacios sagrados, recurre a la imagen del “centro” para referir que, en varias culturas antiguas, el lugar sacro existió y estuvo físicamente ubicado. El área sagrada tenía como característica que ahí confluían todos los niveles de la realidad, los pueblos creían en una especie de puerta donde se comunicaba el cielo con la tierra. Eliade ejemplifica (1994, p. 43):
Pero siempre es en Babilonia donde se realizaba la unión entre la Tierra y las regiones inferiores, porque la ciudad había sido construida sobre Bâb-apsî, la “Puerta de apsû”; “apsû” designaba las aguas del Caos antes de la Creación”, es por ello que las aguas del río y el río mismo han encontrado otra forma de ser parte del espacio sagrado en las culturas actuales.

Después de varios años y acciones municipales, el río Sabinal ha logrado recuperar parte de su equilibrio ecológico. En la imagen se aprecia el regreso de aves que se alimentan de peces.
Imagen 1: Río Sabinal posterior al saneamiento ambiental (2023)
Uno de estos casos es la cuenca de “El Sabinal”, en Tuxtla Gutiérrez. Ha sido utilizada para desarrollar asentamientos humanos desde épocas remotas. A decir del cronista José Luis Castro Aguilar (2017), el asentamiento que hoy es la ciudad se realizó en 1560, en los márgenes de este afluente. Desde este lugar, la recreación de signos a través de las creencias o de la recuperación de la memoria es recurrente. Aunque la tradición oral se ha perdido entre los habitantes de la ciudad, ellos siguen considerando al río como un elemento importante. Ahora domina una especie de fe sobre la protección del medio ambiente y de la fauna, que se complementa con rasgos de identidad en las comunidades: una creencia dominante en la ideología contemporánea local y global, inserta en las políticas públicas, como la señalada en materia de recuperación de la sanidad del afluente. Como dice Antonio Carlos Diegues en “Los mitos bioantropomórficos, los neomitos y el mundo natural”:
Cuando se habla de mito moderno, se refiere a un conjunto moderno de representaciones existentes entre importantes sectores del conservacionismo ambiental de nuestro tiempo, portador de una concepción biocéntrica de las relaciones hombre/naturaleza, por la cual el mundo natural tiene idénticos derechos que el ser humano. Como corolario de esa concepción, el hombre no tendría derecho de dominar la naturaleza. Ese mito tiene profundas raíces en las grandes religiones, sobre todo en la religión cristiana, y está asociado a la idea del paraíso perdido (Diegues, 2000, p. 147).
Esta convicción viene de años atrás. Como en cualquier mito, hay un conjunto de ideas que se han divulgado entre la población y esta las ha hecho propias. Expresiones así son apropiadas a través de distintos mecanismos, entre ellos, el de la creación poética. La poesía también se alimenta de doctrinas ancestrales, surge en la cultura local, desde cualquiera de los elementos que van dando forma a la identidad comunitaria, pues son una pieza de la memoria compartida. En algunos casos existen registros ancestrales, como el que relata Fray Francisco Ximénez, en el siglo XVII, información que el religioso consigue de fuentes documentales y orales de la América Central profunda:
Lo primero que se nos ofrece tratar es que antes de la creación, no había hombres, ni animales, pájaros, pescados, cangrejos, palos, piedras, hoyos, barrancos, paja ni mecate, y ni se manifestaba la haz de la tierra; el mar estaba suspenso, el cielo estaba sin haber cosa alguna que hiciera ruido, no había cosa en orden, cosa que tuviese ser, sino es el mar y el agua que estaba en calma y así todo silencio y obscuridad, como noche […] (Ximénez, 1929, pp. 6 y 7).
La producción literaria, poética, contiene esa información generada desde la memoria colectiva; por eso, en ella está presente la filosofía y la forma de ser y estar en el mundo por parte del grupo social, de una época. Al darse a conocer, mantiene vigente la idiosincrasia, cuyo registro llega a trascender el tiempo al publicarse. El escritor se nutre del conocimiento pro- pio, muchas veces aprendido en el núcleo familiar; otras, a través del relato oral, del intercambio de información con sus mayores, su entorno está presente ahí, lo da a conocer en cualquiera de las expresiones que utilice al comunicarse.
En Chiapas existen piezas poéticas generadas por los escritores locales, quienes utilizan la imagen del río para decir algo distinto a una descripción. Así, encontramos que, desde el siglo XIX, hay publicaciones con este contenido. Don Saturnino Ocampo escribió, en 1864, un poema titulado “Al río de Jonuta”:
Caudaloso y bello río
Que naces de rica fuente,
Que formas con tu corriente Copos de alfójar sutil!
¡Cuántas veces pensativo
Sin proferir un acento, A tu diáfano elemento Miré con ansia febril!
¡Cuántas haciendas y pueblos
Que engalanan tus orillas, Dejando allí mil semillas Recorres sin descansar!
En Ocampo, el río es fuente de vida y sitio privilegiado, cercano al mito del sitio sagrado y al del paraíso original. Influenciado por el espíritu positivista de la época, Don Saturnino deja entrever que el río está vinculado con la vida y con la productividad. Aunque el sentido moderno está en el señalamiento de las haciendas que están cercanas al río, el agua ha sido un elemento recurrente, generador de vida, en mitos antiguos. En la historia recuperada por Fray Francisco Ximénez (1929) menciona que las culturas originarias de Chiapas y Guatemala creían que el agua era el principio de la vida, así lo plasma:
El primero Cacul hahuracán (esto es rayo de una pierna) el segundo se llamaba Chipi caculha (esto es el más pequeño de los rayos) y el tercero se llamaba Raxacasulha (esto es, rayo muy hermoso); y así son tres aquel corazón del cielo; y viniendo con Tepeu y Cucumatz se consultó entre ellos acerca de la vida y creación y consultando entre sí dijeron: ¿quién ha de ser el que los ha de sustentar y alimentar? dad vuestro voto. Y mandaron y dijeron: salga aquesta agua y desembarase para que salga la tierra y de esos modos no será embarazo y se aclarará el cielo y la tierra […] (Ximénez, 1929, p. 7).
El agua es un elemento propio de todo espacio sagrado. Con la representación de un río “caudaloso y bello”, Don Saturnino está ayudando a construir la imagen de un elemento natural que debe ser protegido, es decir, está actualizando el mito del espacio sagrado para empezar a dar forma al mito contemporáneo de la naturaleza que debe ser intocada porque de ella surge la vida, ella es la vida.
Otro autor del siglo XIX, José Emilio Grajales (alrededor de 1891)1 escribía:
De un riachuelo en las ondas de
[cristal
Sumergida una vez te vi jugando; Tus rizos se agitaban y flotando Ocultaban tu espalda angelical.
En tus pechos de nieve y de coral Una gota corrió ¡e iba temblando
La gota cristalina! y resbalando Calló inerte en el límpido raudal.
Como entreabierta flor de la alborada
De un rayo abrasador, que se extasía Al soplo de la brisa perfumada,
De la onda así emergió la amada mía,
Y, el óculo al sentir mi mirada,
Sus pechos palpitantes se cubría
Este escritor se acerca al río para hablar de sensualidad y erotismo de la misma manera en que escribían los autores de la segunda mitad del siglo XIX. El énfasis se encuentra en el erotismo asociado al río, vinculándolo estrechamente con la generación de la vida. El agua ha sido un elemento importante para la humanidad desde épocas antiguas, a orillas de ríos y lagos se han asentado poblaciones y, luego de las aseveraciones de Charles Darwin en La evolución de las especies, el pensamiento científico popularizó la información sobre la importancia del agua en la generación de todo tipo de existencia. También ha sido considerada uno de los cuatro elementos esenciales del mundo. En la historia del pensamiento universal, por ejemplo, Tales de Mileto (S. VII-VI a.C.) mencionó que el agua era el elemento primordial de la existencia. En el Rig Veda (1,400 a.C.), en el “Himno a las aguas y a las energías interiores”, se menciona que en las aguas están todas las medicinas y curan todas las enfermedades. Entre los griegos y romanos precristianos se creía que el mundo estaba rodeado de un “océano” cuyo flujo de agua recuerda al de un río. Muchos siglos antes, los antiguos egipcios dejaron grabado en piedra las ideas cosmogónicas que ellos valoraban. En Egypsians Miths, George Hart menciona el valor dual que el agua posee ya que es generadora de vida y asesina:
Antes del desarrollo de un cosmos estructurado existía en la oscuridad un océano de agua inerte, al que se consideraba el ser primordial, llamado Nu o Nun. Nunca se construyeron templos para honrarlo, pero la naturaleza de Nu está presente en el culto de muchos santuarios bajo la forma de lago sagrado que simboliza la “no existencia” antes de la creación. De hecho, esta vasta extensión de vida inanimada nunca dejó de existir y tras la creación se imaginaba que rodeaba el firmamento celeste guardando al sol, la luna, las estrellas y a la tierra al igual que lo hacía con las fronteras de los infiernos. Por eso siempre hubo temor en la mente de los egipcios a que Un se cayese estrepitosamente a través de los cielos e inundase la tierra (Hart, 1990, p. 11).
En la epopeya acadia de Gilgamesh, escrito cerca de seis mil años antes de nuestra era, la idea de los límites de la vida y del mundo están marcados por el agua:
¡Quien cruza el mar es Shamash el valeroso!
¿Quién si no Shamash podría cruzarlo? La travesía es difícil, Muy arduo el viaje.
Y en medio, las aguas de la muerte Impiden el paso (Silva, 2000, p. 149).
Un aspecto más, presente en los mitos sobre el agua, ahora contemporáneo, versa sobre la naturaleza intocada, este factor, el de generación de vida, se maneja como un bien implícito en el agua, derivado de una ideología cientificista, de una comprensión del mundo sesgada por el conocimiento racional que recupera las ideas planteadas por la mitología antigua, a la que Mircea Eliade refiere, cuando afirma que: “Las aguas simbolizan la suma universal de las virtualidades. Son Fons et origo, depósito de todas las posibilidades de existencia” (1994, 163).
Otro escritor nacido en ese siglo que, además, es considerado el precursor de la poesía moderna en Chiapas, Rodulfo Figueroa, escribe las siguientes estrofas que forman parte del “Canto primero” del poema “Olvidos”. En ellas está presente la misma mentalidad racionalista que se observa en Ocampo, al mismo tiempo que otorga el significado de libertad al agua del río, un principio moderno y urbano, resultado de una sociedad en proceso de industrialización que dejó atrás a las sociedades monárquicas:
Se me ocurre decir que desde el cerro
Bajaba dando tumbos á la aldea,
Pugnando por salirse de su encierro,
Un arroyo rebelde y tumultuoso
Deshecho en gritos y en palabras vanas Como si fuese un chico revoltoso.
Era digno de verse el cuadro hermoso
Que formaban allí las aldeanas
Lavando entre las piedras de la orilla,
Cantando siempre una canción sencilla,
Y á los niños desnudos y enlodados
Sacando á los cangrejos de su nido,
Metiendo al zambullirse tanto ruido
Como pequeños gnomos asustados.
Iba siguiendo el curso retorcido
Una intrincada selva gigantesca
De ceibos, de sabinos y de amates,
Y cada cual en actitud grotesca
Que remedaba humanos disparates […] (Figueroa, 1905; pp. 205 y 206).
La libertad es un ideal cercano a lo que es una creencia, un dogma, que es concebido como algo que existe porque sí sin cuestionar qué es y cómo se ejerce. Es similar a la existencia de cualquier ser sobrenatural cuya realidad es considerada incuestionable por el grupo social.
Con el nuevo siglo, en algunos periódicos locales, aparecen otros textos. Uno de ellos fue publicado en el periódico comiteco El clavel rojo un 16 de septiembre de 1901, Juan B. Delgado agrega un epígrafe de Núñez de Arce, de corte naturalista (“Para que fructifique la simiente abramos con la reja y con la pluma los surcos de la tierra…”):
He aquí dos fuentes: la primera inunda
De gárrulos murmullos la colina,
Y desplegando su honda cristalina Los terruños estériles fecunda.
Estancada en el cielo la segunda, Durmiendo entre reptiles, no camina: Que la pereza siempre reclina En el lecho de vicios en que abunda.
Tal pasa con el hombre: cuando ufano
Con útiles labores se divierte,
Es ninfa que fecunda surco y llano;
Más ¡ay! Si en él la ociosidad se advierte,
Su alma truécase en pantano Que inficiona, envenena y da la muerte (Delgado, 1901, p. 16).
El río como imagen retórica es utilizado para mandar un mensaje sobre lo bueno y lo malo, es comparado con la trayectoria de vida, así es como el autor le otorga al río un doble significado: puede actuar positivamente en su recorrido, en su senda, como lo señala en la primera estrofa, o puede dañar tal como queda dicho en el último verso. El autor se limita a utilizar al río como elemento secundario, pues centra la comparación en el sendero del río, relacionado con el paso de los años en la existencia de las personas. En tanto que los mitos antiguos hacen del agua y del río el elemento purificador con el mismo doble sentido, como se observa en los relatos del diluvio donde el agua destruye todo; pero, con su significado opuesto, es la puerta para acceder al mundo que está más allá de este: por ejemplo, en la religión católico-cristiana, Jesús es bautizado con agua por Juan, convirtiendo al agua en la puerta de acceso al espacio sobrenatural.
La llegada de la estabilidad gubernamental, posterior a la conclusión de la Revolución mexicana de 1910, junto al desarrollo de las políticas educativas nacionales y locales, dio paso a nuevas voces con otras formas de expresión, entre ellas, la poesía de Héctor Eduardo Paniagua, quien escribe “Manantial”, un poema antologado en el libro Fiesta de pájaros, publicado originalmente en 1932. En el texto, Paniagua expresa un gozo especial por estar cerca del río que no es nombrado, pues se limita a dar importancia al nacimiento del afluente: el manantial, no duda en mencionar:
Corre festivo bajo la sombra; del sauz doliente, sobre la alfombra/ verde y mullida del yerbazal/ y mil endechas dulces modula/ esa corriente que leda ondula/ en la espesura del carrizal (2011, pp. 336 y 337).
La emoción expresada remite a una experiencia casi religiosa, el poeta la escribe así en la estrofa final:
Por eso siempre, siempre quisiera/ vivir oyendo la bullangera/ música de oro del manantial/ pues escuchando su dulce canto/ mi ser abrasa divino encanto/ Y mi alma sueña con lo inmortal…” (Paniagua, (2011, pp. 336 y 337) .
es un acercamiento al paraíso perdido, y el río es la puerta de acceso a esa otra realidad. Otra vez, el paraíso y el espacio sagrado presentes.
Años después, siguiendo la insinuación sobre el arraigo y la tierra donde nace el poeta, significados que se desprenden de los mitos también, Enoch Cancino Casahonda usa como metáforas diversos aspectos del río en su célebre “Canto a Chiapas”, dado a conocer públicamente cuando el autor ganó los Juegos Florales de Tuxtla Gutiérrez, en 1949. Él escribe: “…Y fue preciso/ que el caudal de los años se rompiera/ sobre mi triste vida solitaria/ como la espuma en flor, de roca en roca” (1949, p. 10); descripción casi perfecta del cauce de un río, utilizada para describir el avance de los años en la persona que escribe. El agua al avanzar recorre el camino del tiempo y genera la conciencia que da la madurez. Una estrofa después insiste: “(Supe que Chiapas no era solo insomnio de la selva/ Besando la palabra de los vientos/ Y el río de epopeyas/ En el torrente de las horas viejas…)” (Cancino, 1949, p. 10).
El edén perdido que genera esa nostalgia indescriptible que tiene voz en la poesía. La añoranza por el terruño que, en el fondo, todo migrante o viajero lleva en sí. El río como elemento dual como he señalado líneas antes, también el río nos recuerda que es el límite de la vida; ya Caronte con su canoa hace cruzar las almas para que arriben al lugar de donde no se regresa. Tal vez por eso, Daniel Robles Sasso, al trabajar esa añoranza del terruño y de lo que puede significar un río, como el Sabinal, o como cualquier otro que alimenta a una población, en la década de los años cincuenta, describe poéticamente el otro lado de la puerta, el agua del río, que permite atravesar los distintos planos de la existencia y de la muerte:
Con agua duerme un campesino
El agua pasa junto al Grabador Y lo despierta.
Franco Lázaro Gómez
¿Qué va diciendo al río la canoa del ahogado?
Antes de pudrirlo no lo dará el misterio. La arena del fondo le golpea los zapatos Su traje de tablero honrado.
Como una cuerda viene a dar a mi guitarra
Su nombre con un grillo adentro,
Con oscuridad y agua; Su chaqueta de campesino con hierba Que levanto y la vuelvo bandera. El frío en la canoa volcada Con un minuto que se baja solo.
Cuerpo de escuela tiene el nuevo ahogado.
[…] (Robles Sasso, 2018, p. 64).
Del grupo conocido como “La Espiga Amotinada” donde los chiapanecos Juan Bañuelos, Óscar Oliva y Eraclio Zepeda coincidieron con Jaime Labastida y con Jaime Augusto Sheley, existen algunos poemas que juegan con el río, ya sea como imagen poética o como motivo principal para la creación. Imagen poética es la apertura de la posible interpretación que tiene el mensaje, una de las funciones que Roman Jackobson le atribuye a los mensajes en el proceso de comunicación y que es la posibilidad de que su significación sea distinta a la literal. En tanto, motivo de la creación es aprovechar la existencia del río para describirlo, compararlo, soñarlo, etcétera. En La Espiga amotinada, publicado originalmente en 1960, el capítulo de Eraclio es considerado como su primer libro de poesía publicado formalmente, bajo el título Los soles de la noche incluye el poema completo, a continuación, la primera parte en donde aparece una de tantas cualidades inmortales que el agua y el río poseen, especialmente si es una sección del espacio sagrado:
Río de cien piedras
Exactamente igual que un niño, El río nos alcanza y nos observa.
Fuerte y viejo es este río.
Viene de lejos,
De más lejos que la estrella que vimos, Más lejano que la voz de un pastor de
nubes y pinares, Más allá de donde salta el día.
He recorrido todas sus orillas;
Mi padre las recorrió también Y mi abuelo fue por ellas como por las
piernas de
Una muchacha.
Habitado de cien piedras, El río conoce lo que el tiempo lleva.
Camina sobre él mismo, salta, va
enrollándose, Avanza.
[…] (Zepeda en Boergeson, 1994, p. 334).
Como he dejado constancia, el río está presente en la creación poética de Chiapas, es un motivo para la construcción de versos y poemas, incluso de libros completos, como lo hace Roberto López Moreno (1991). El río también es utilizado como elemento de actualización de los mitos antiguos, ya sea porque está vinculado al agua, elemento fundamental para generar la vida; o porque ayuda a construir la imagen del paraíso perdido o al que se encaminan los pueblos antiguos y actuales; o porque se usa como signo de enlace entre el mundo terrenal y el sobrenatural, puerta misteriosa que define a todo lugar sagrado. López Moreno reescribe mitos antiguos para expresarlos de una forma contemporánea y poética. En El río (1991) sin mencionar a las entidades aztecas antiguas, Huitzilopóchtli, representado como una cara humana saliendo del pico de un colibrí (como lo narra Lesur, 1966); y a Chalchuitlicue, deidad primigenia azteca, compañera de Tláloc que reinaba sobre de lagos y ríos (Vaillant, 1988, p.148), este autor recrea en su imaginario poético la relación entre ambas deidades:
Colibrí supremo, erizado de fósforo,
baja a lermar, a beber agua del río,
a medir el paisaje con tu espada,
a agitarlo con el batir hechizado
que te mantiene en vilo.
Baja a alumbrar para nombrar las cosas;
tócalas, hazlas células de tu ala
y retorna al solio a contemplar
la perfección de tu trabajo,
también es río
pero de fuego, y vuela
Walter Krickeberg (1988, p.22) menciona cómo cuatro dioses aztecas crearon el universo. Tecaztlipoca rojo, Tezcatlipoca negro, Quetzalcóatl y Huitzilopóchtli, de ellos, los dos últimos fueron los encargados de la creación, para logarlo, además de dar vida a los primeros seres humanos, también generaron otros dioses, entre éstos a Tláloc y a Chalchiuhtlicue. Como sea, López Moreno juega con los significados y utiliza la palabra para describir imágenes relacionadas con deidades antiguas.
El agua es el elemento mítico y el río es una de sus formas, el sitio por donde fluye. Como entidad sobrenatural el agua es dual, puede generar vida o quitarla. Puede alimentar o hacer sufrir. Está presente en casi todas las historias antiguas de aquellos pueblos que fueron colonizadores, que impusieron una filosofía e ideología sobre otros. El aspecto negativo del agua está también en la poesía escrita por autores chiapanecos, así lo demuestra “Aguas negras” de Chary Gumeta, cuando dice:
En el canal de aguas putrefactas
Rasguño los bordes de la noche
Quiero salir
Decir que soy aire Mi cuerpo se encuentra en esta fosa Donde es devorado por el fango.
No puedo librarme de estos humedales Han destruido toda señal de violencia Mis manos fueron cortadas. Mis pechos cercenados Y mis piernas amputadas.
Aquí esperaré
Hasta que la justicia se compadezca Y venga a buscarme (Gumeta, 2021, p. 96).
Gumeta recrea la imagen deprimente de la muerte violenta de nuestra época, critica a las autoridades encargadas de garantizar la seguridad y nos recuerda que las madres buscadoras son quienes se están responsabilizando por gritar y recordar la incapacidad gubernamental en materia de seguridad pública. Sí, pero recurre a una imagen negativa del agua y del río. Las palabras que usa contienen los significados ocultos de una tradición milenaria que le adjudica al río la vida y la muerte.
La mayoría de los poetas de este milenio han olvidado al río, pero no cejan en usar al agua como imagen que contiene uno y mil significados, muchos de ellos mitológicos. Sin embargo, aún aparecen poemas donde al agua y el río son utilizados para la creación y como complemento de la temática que los autores abordan.














