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 ISSN 2007-5618

        07--2025

https://doi.org/10.24275/cdoi2595 

Artículos

Opinión pública sociodigital en los primeros meses de la Covid-19. Un des-pensar de la democracia

Sociodigital public opinion in the first months of Covid-19. A thoughtless democracy

Jairo de Jesús López Flores* 

* Universidad Nacional Autónoma de México (México). jairolf7359@gmail.com


Resumen

En el presente artículo analizaré qué implicó que las redes sociodigitales se convirtieran en el principal espacio de opinión pública durante los primeros meses de la Covid-19. Si bien las prácticas democráticas ya han sido cuestionadas dentro de la web, la novedad de este trabajo radica en la interpretación de este fenómeno a través de la categoría denominada Sattelzeit a la inversa.

Palabras clave: Historia conceptual; Historia del tiempo presente; Covid-19; redes sociodigitales

Abstract

This article analyzed what implied that sociodigital networks for- med the main space of public opinion during the first months of Covid-19. Although democratic practices have already been questioned within the web, the novelty of this work lies in the interpretation of this phenomenon through the category called “Sattelzeit in reverse”.

Key words: Conceptual history; History of the present time; Covid-19; sociodigital networks

Introducción

Este trabajo busca analizar los cambios en la dinámica de la información durante los primeros meses de la pandemia de Covid-19. A partir del incremento de actividades en línea y debido a las políticas públicas de confinamiento, el uso de redes sociales asumió una amplia función como espacio de opinión pública.

En este sentido, problematizo la des- confianza generada por la desinformación, las noticias falsas y los discursos de posverdad sobre el Covid-19 en Facebook. La elección de esta red social se debe a que fue el principal medio por el cual los mexicanos accedieron a noticias en 2020 (Gutiérrez Rentería, 2021Z). Para ello, tomo como fuentes a los discursos de las principales instancias a cargo de la información sobre el manejo de la pandemia: el gobierno, la prensa y la academia. También recurro a trabajos que analizan la dinámica de esta red social bajo dicho parámetro.

El objetivo principal es cuestionar si el fácil acceso a la información que proporcionan los medios digitales implica una democratización o si, por el contrario, las problemáticas señaladas suponen un despensar de la democracia. Para ello, se priorizan las herramientas metodológicas de la historia conceptual y de la historia del tiempo presente, particularmente la categoría de Sattelzeit y su plausible aplicación para el tiempo contemporáneo.

Temporalidad del coronavirus

A cuatro años de la declaración de la pandemia de Covid-19, es posible proponer cortes cronológicos que ayuden a delimitar diversos enfoques temáticos (con toda la arbitrariedad que ello implica). Mi propuesta, para el caso de México, incluye las siguientes fases: prevención (enero-febrero de 2020); la Jornada Nacional de Sana Distancia, caracterizada por el confinamiento (23 de marzo-30 de mayo de 2020); la Nueva Normalidad, cuando comenzaron a reincorporarse ciertas actividades bajo protocolos sanitarios (1 de junio-noviembre de 2020); el periodo de vacunación (diciembre de 2020-marzo de 2022) y una fase de postpandemia, que inició el 4 de mayo de 2023, cuando la Organización Mundial de la Salud (OMS) declaró que el coronavirus ya no representaba una “emergencia de salud pública de interés internacional” (OMS, 2021; Comisión Universitaria para la Atención de la Emergencia del Coronavirus, 2020; Secretaría de Salud, 2022; OPS/OMS México - PAHO/WHO México, 2023).

Este artículo se centrará en los cambios ocurridos entre la primera etapa y la Nueva Normalidad, dado que el confinamiento en el mes de marzo obligó a una digitalización de actividades públicas y privadas que, entre otras cuestiones, afectó la dinámica de los medios de comunicación. Con esto, pretendo vislumbrar retos para nuestro contexto actual y, específicamente, opciones para su estudio desde la historiografía.

Posverdad y fake news desde un enfoque histórico

Para abordar la desconfianza o confusión que surgió a partir de los discursos presentes en las redes sociales, es importante aclarar que no me refiero a la existencia de una supuesta verdad absoluta, ya sea dentro o fuera de la web. De esta manera busco tomar distancia de la racionalidad científica moderna y optar por una historiografía contingente (Pérez Morales, 2022, pp. 59-98).

Es importante señalar que ninguna instancia estaba preparada para los desafíos que traería la pandemia. Aun así, se popularizaron términos como infodemia debido a la gran cantidad de noticias falsas, hiperinformación y discursos de posverdad generados por el desconocimiento sobre la enfermedad (OMS, 2021). Por tal motivo, es importante precisar a qué me refiero con estas categorías.

La hiperinformación o big data, se refiere a la gran cantidad de datos generados en internet y a la relativa facilidad con la que determinados sectores sociales pueden acceder a ellos. Sin embargo, esto no implica que los usuarios digitales estén mejor informados, debido a que en estos espacios se difunden noticias conocidas como fake news, caracterizadas por publicaciones con fundamentos dudosos o datos erróneos. Dichas notas suelen estar ligadas a discursos de posverdad, cuyo objetivo es manipular o tergiversar la información para un determinado fin (Morales, et. al., 2018).

La desconfianza en las noticias de Facebook

Un aspecto relevante por considerar para el caso de la democratización de la información en el contexto pandémico es la preexistente estrategia gubernamental que el presidente Andrés Manuel López Obrador (AMLO) había implementado en los medios de comunicación; la cual consistió en conferencias de prensa diarias -también llamadas las mañaneras- en donde se integraban diversos actores de gobierno según la temática a discutir. Ello generó una mayor difusión del mensaje gubernamental al grado de “dictar la agenda” sobre las tendencias en redes sociales, así como de otros medios de comunicación (Urbina Martínez, 2022).

Por su parte, en lo referente específicamente a las publicaciones en Facebook, el sector salud ofreció un informe de la situación a través de infografías y principalmente conferencias de prensa. La información más sobresaliente en enero y febrero aborda noticias que predominantemente versaron sobre una fase de prevención en la que la población no necesitó tomar medidas extraordinarias y debía mantener medidas sanitarias asociadas con la temporada invernal, como el lavado constante de manos. No obstante, se aplicaron pruebas para casos sospechosos de Covid-19, principalmente para quienes realizaron viajes al extranjero (Secretaría de Salud, 22 de enero de 2020). El contenido de esta clase de noticias se debió a que el foco de infección inició en el continente asiático, por lo que no se justificaba implementar medidas drásticas hasta que la situación lo ameritara (Secretaría de Salud, 29 de febrero de 2020). Sin embargo, en marzo el ascenso del número de contagios en México y el mundo obligó al gobierno a tomar medidas más notorias, lo cual se visibilizó en un periodo de confinamiento bajo el lema “Quédate en casa”, así como la difusión de protocolos sanitarios como el distanciamiento físico, lavado constante de manos o el uso de cubrebocas (Secretaría de Gobernación, 16 de marzo de 2020).

En cuanto a la dinámica de las conferencias, si bien López Obrador ya había incorporado en las mañaneras de los primeros dos meses de 2020 al vocero oficial de la pandemia, el subsecretario de Prevención y Promoción de la Salud Hugo López Gatell, es a partir de marzo que se observa una mayor coincidencia de actores gubernamentales y de salud en los mismos espacios mediáticos. Esto resultaría importante debido a que el presidente había estipulado que la información concerniente al coronavirus estaría a cargo de la Secretaría de Salud y no de la prensa o politiqueros que buscaran atacar su imagen o dinámica política. (Secretaría de Salud, 29 de febrero 2020).

En este contexto, las contradicciones entre ambos actores se hicieron evidentes principalmente a partir de la negativa de AMLO a hacer uso del cubrebocas y a suspender eventos presenciales (como las propias mañaneras). Alegaba el presidente que la situación sanitaria no implicaba riesgos que lo ameritaran y que era más importante la lucha contra la corrupción del régimen anterior; porque el pánico generado surgía, entre otras cuestiones, por ataques de sus opositores contra su gobierno. Mientas que el sector salud difundía un mensaje opuesto, priorizando el confinamiento, así como el lavado constante de manos, el uso de cubrebocas en casos sospechosos y confirmados, por mencionar algunos ejemplos (Secretaría de Gobernación, 16 de marzo de 2020). Incluso el debate entre ambos puntos de vista sucedía durante las mismas mañaneras, como lo ejemplifica la señalada conferencia de prensa del 16 de marzo en donde se cuestionó si el presidente debía suspender actividades de su agenda presidencial, ya que además de las mañaneras, su itinerario también lo llevaba a diversos eventos presenciales en distintos estados de la república; a lo que López Gatell contestó:

La fuerza del presidente es moral, no es una fuerza de contagio. En términos de una persona, un individuo que pudiera contagiar a otros; el presidente tiene la misma probabilidad de contagiar que tiene usted o que tengo yo, y usted también hace recorridos, giras y está en la sociedad (Secretaría de Gobernación, 16 de marzo de 2020).

Esta situación apunta a que el sector salud parecía contradecirse para no afectar los planes del presidente u otros puestos de gobierno. Tal panorama generó polaridad política que se vio reflejada en la prensa. Como es posible apreciar en el periódico El Universal Online, el cual fue el más consultado durante 2020 (Gutiérrez Rentería, 2021) y cuyas publicaciones en Facebook prestaron una mayor atención mediática a los ataques al presidente en comparación a los protocolos sanitarios (López, 2024, pp. 93-134). Al respecto se debe sumar que, si bien hubo una tendencia a señalar a otros actores políticos con mensajes contradictorios o carentes de fundamentos sobre la pandemia, la concentración mediática se centró en el presidente, pues él gozaba de una notoria popularidad -alrededor de 57% (Oraculus, 2024). Por lo que las críticas de la prensa -en este caso El Universal - resaltaron el doble mensaje de las conferencias del sector salud que provocaron un escenario de confusión e incertidumbre en las audiencias en ese momento, porque a fin de cuentas se difundió un discurso gubernamental discordante.

Por los debates médicos a nivel inter- nacional disponibles (OMS, 2020) se abre la interrogante respecto a si el personal de salud desconocía la gravedad de las afectaciones que estaba provocando el Covid-19 o si modificaron intencionalmente su discurso en determinados espacios para no contradecir al presidente. Por ello se debe cuestionar la responsabilidad del sector salud y del gobierno al momento de difundir la información;.

Finalmente, un último actor relevante es el académico, aunque se debe especificar que tuvo mucho menos alcance respecto a los dos ya mencionados, debido a que los principales usuarios digitales que componen su audiencia son investigadores, profesores y estudiantes. No obstante, fue sobresaliente el papel de la página de Facebook de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), que colaboró extensamente con el sector salud y difundió para el público general un amplio contenido informativo sobre los protocolos sanitarios. Además, mostró una postura neutral y tomó como referencia investigaciones nacionales e internacionales para sus publicaciones (UNAM, 17 de abril de 2020).

Al centrarse únicamente en los protocolos médicos, la UNAM evitó polarizar la información y permitió que los ciudadanos la percibieran como confiable y objetiva. Además, es destacable su trabajo de difusión apoyado en imágenes o videos de corta duración (respaldados por el rigor científico que ello ameritaba), en comparación con conferencias de más de una hora ofrecidas por otras instancias. Con ello debe resaltarse la importancia de comunicar el contenido académico de manera clara y accesible, ya que en Facebook se trató de la información más acertada durante los primeros meses de la pandemia. (López, 2024, pp. 135-150).

Alcance de los discursos sociodigitales

Si bien este artículo busca analizar principalmente las representaciones de la información, es importante resaltar el alcance de los discursos mencionados dentro de la red social seleccionada, lo que implica un acercamiento a los usuarios digitales. Así pues, se busca visualizar los sectores sociales inmersos en la opinión pública sociodigital.

En este sentido, considero importante resaltar el estudio realizado por María Elena Gutiérrez Rentería respecto a la disminución de la confianza en las noticias de 2020, con un 37% de nivel de confianza en los medios en general y 35% en las noticias en línea. La autora señala que, entre las implicaciones relacionadas con estos números bajos, se encuentran los ataques mediáticos al presidente, su negativa a seguir determinados protocolos sanitarios y la proliferación de noticias falsas sobre el coronavirus. Asimismo, la prensa enfrentó una disminución en el nivel de ingresos publicitarios y el cambio de una audiencia que migró principalmente al uso de redes sociales para informarse (Gutiérrez Rentería, 2021).

Los datos ofrecidos invitan a cuestionar cuál es la dinámica de la opinión pública en las redes sociales. Para ello, resulta útil la investigación realizada por Hiram de la Peña Celaya (2021) en donde se analizan los comentarios de los usuarios en publicaciones de la prensa (El Universal Online, Aristegui Noticias y SDP Noticias) respecto a información gubernamental en Facebook. El autor expone que, después de la invitación de López Obrador de salir a las calles en la mañanera del 23 de marzo, los usuarios cuyos comentarios eran favorables al gobierno acusaron a la prensa de ofrecer información falsa. Mientras que las críticas variaron entre insultos por su falta de criterio o la arbitrariedad desde la que se posicionó respecto a la ciudadanía. Esta situación ejemplifica cómo la polarización política afectó la confianza en las noticias y desvió la atención mediática de los protocolos sanitarios (Peña Celaya, 2021, pp. 60-80).

Lo anterior resulta importante debido a que las redes sociales, mediante sus algoritmos, proporcionan contenido personalizado que con frecuencia incluye información poco sustentada o falsa, lo que limita significativamente el debate público. Asimismo, como la Covid-19 representaba una situación crítica a nivel mundial, las tendencias en las redes sociales pudieron amplificar noticias sesgadas por el debate político o noticias falsas a través de perfiles o páginas, sin que un determinado usuario necesariamente buscara información sobre la pandemia.

Por otra parte, con el confinamiento implementado en marzo, la digitalización de actividades públicas y privadas tuvo un notable predominio en la vida cotidiana. Si bien las redes sociales constan principalmente de usuarios que podrían situarse entre 18 y 25 años y que en su mayoría se encuentran en áreas urbanas del país (Instituto Nacional de Estadística y Geografía [INEGI], 2021), no es arriesgado inferir la posibilidad de que las noticias en línea fueron tomadas como fuentes por otros grupos demográficos.

Dicha premisa parte de que Facebook fue el principal medio por el cual se informaron los mexicanos en 2020; y si bien medios tradicionales de televisión como tv Azteca y Televisa se mantuvieron en la cabeza como los principales medios offline para los millones que no tenían acceso a internet, dichos medios cuentan con sus propias plataformas en redes sociales (Gutiérrez Rentería, 2021). Asimismo, resulta útil el artículo realizado por Rocío Galarza Molina en donde la autora analiza las narrativas de la desinformación y fake news en los periódicos Milenio, Reforma, El Universal y Excelsior, así como las cadenas televisivas Televisa, tv Azteca e Imagen tv (Galarza Molina, 2022).

Para lo planteado, destaca que los medios tradicionales también fueron parte del problema de la desinformación durante la pandemia. Así, prestaron una peculiar crítica a lo debatido en redes sociales donde manifestaron que dichas plataformas eran responsables de difundir noticias falsas que involucraban el origen del virus, remedios o medicinas y la veracidad de la enfermedad; situación que provocó una normalización de la desinformación, no seguir los protocolos establecidos e incluso provocar acciones violentas como ataques a hospitales y personal de salud, así como otras protestas, saqueos y bloqueos de calles (Galarza Molina, 2022, pp. 127-130).

Por otra parte, abundaron los discursos encaminados a cuestionar las cifras y recomendaciones realizadas por dependencias oficiales. En donde se aludía que se caía en prácticas de corrupción al no reportar los datos reales concernientes a: “el número de contagios registrados, brotes reportados, el número de pruebas realizadas, el nivel de letalidad y mortalidad en el país (y el significado de estos conceptos)” (Galarza Molina, 2022, p. 130). Por lo tanto, a fin de cuentas, se otorgó difusión al mensaje gubernamental presente en la web, además de que las críticas en medios tradicionales se sumaron a los ataques mediáticos contra la información gubernamental, generando desconfianza.

De esta manera, es factible proponer que la información presente en las redes sociales afectó a los medios de opinión publica de modo general y, por ende, a todos los estratos sociales.

AMLO y las redes sociales como estrategia política

El escenario descrito hasta este momento debe complementarse con la popularidad del presidente, sus constantes ataques a la prensa y la libertad que tuvo para ello en redes sociales. Para ejemplificarlo, Galarza Molina (2022) apunta que, en la mañanera del cinco de mayo, AMLO afirmó que había una campaña de desprestigio en contra de las medidas del sector salud en Facebook y Twitter, además de criticar directamente al periódico Reforma por el mismo motivo (p. 132).

Por ende, se debe hacer énfasis en la estrategia comunicativa de López Obrador. Como se mencionó anteriormente, el esfuerzo de dar una conferencia de prensa diaria, sumada a la popularidad y populismo del mandatario, permitió como resultado cierto control o aprobación general de la opinión pública (Urbina Martínez, 2022).

Para apreciar la efectividad de dicha estrategia política, es útil analizar un ejemplo de una mañanera que, aunque posterior a la temporalidad seleccionada, ilustra claramente su funcionamiento. El 14 de diciembre de 2022 la mañanera consistió en desmentir las noticias falsas sobre el gobierno tanto en medios tradicionales como digitales. Entre los principales temas abordados se destacaron el supuesto daño ecológico y arqueológico causado por el proyecto del Tren Maya, las implicaciones antidemocráticas de la propuesta de una Reforma Electoral, la inseguridad en el país y afectaciones económicas, entre otros (Gobierno de México, 14 de diciembre de 2022). Sin embargo, no fueron las respuestas del presidente y su equipo las que se viralizaron en la prensa, sino un momento en el que AMLO invitó a Bad Bunny a ofrecer un concierto gratuito en el zócalo de la Ciudad de México, tras los problemas con las entradas en su presentación en el Estadio Azteca. Este gesto lo convirtió en tendencia en redes sociales y generó una alta aprobación en los comentarios (El Universal, 14 de diciembre 2022), a pesar de la ambigüedad de sus respuestas sobre los temas sociopolíticos más relevantes.

Por otro lado, retomando la temporalidad del presente trabajo, destaca la conferencia del 27 de febrero de 2020, donde AMLO descalificó las críticas de El Universal y lo asoció con una supuesta añoranza de la corrupción del régimen anterior. Lo curioso es que El Universal difundió la conferencia sin agregar ningún comentario editorial, quizá no se percataron del comentario particular contra ellos en un video de más de una hora de duración (El Universal Online, 27 de febrero de 2020). De esta manera, prevaleció un discurso populista que priorizó eventos presenciales o críticas hacia el régimen anterior.

Así pues, la estrategia gubernamental en medios representa un riesgo significativo para la democracia, al limitar la oposición y el debate público. Sería pertinente indagar las acciones que han realizado la prensa, la oposición y la ciudadanía para manifestarse en un debate más amplio, pero ello excede los límites de la presente investigación. Para el caso que nos compete, el protagonismo mediático del gobierno y la difusión de momentos contradictorios resultaron contraproducentes para el manejo y la respuesta ante la crisis sanitaria. Además, este enfoque afectó a todos los sectores sociales: mientras la generación joven consumía las noticias en internet, los medios tradicionales también difundieron el discurso del presidente y del sector salud, así como los debates polémicos en redes sociales.

La pandemia de Covid-19 como la aceleración de un Sattelzeit a la inversa

Lo analizado hasta este punto ofrece diversas líneas de investigación para disciplinas como politología, comunicación, antropología, bibliotecología, por mencionar algunas. No obstante, en este artículo mi interés se concentra en el ámbito historiográfico. La rama metodológica por la que he optado para este propósito se centra en la historia conceptual (HC).

De manera general, Reinhart Koselleck, considerado su principal exponente, ofrece una definición bastante concisa que permite darse una idea general de su alcance metodológico. la HC es:

[…] un método especializado para la crítica de fuentes que atiende al uso de los términos relevantes social o políticamente y que analiza las expresiones centrales que tiene un contenido social y político (Koselleck, 1993, p. 112).

En este sentido, aunque es posible reflexionar sobre los alcances y límites de dicha definición o analizar algunos de sus elementos esenciales -como la distinción entre palabra y concepto, análisis semántico y onomástico, histórica (historik), espacio de experiencia, horizonte de expectativa y Sattelzeit -, para los propósitos de este texto resultan particularmente útiles las últimas tres categorías señaladas concibiéndolas como herramientas metodológicas y tomando distancia de la aplicación de la HC como teoría de la historia (Pimenta, 2024).

Koselleck define al espacio de experiencia como los conceptos o ideas referentes al pasado y como éstos se manifiestan en el presente. Por su parte, el horizonte de expectativas se refiere a cómo los conceptos asociados a acciones futuras se manifiestan en el presente. El desgarre entre ambas categorías da pie al Sattelzeit, término que Koselleck utiliza para definir la modernidad en un contexto germánico, delimitado entre 1750-1850 (Koselleck, 1993, pp. 338-356).

Este concepto carece de una traducción precisa, por lo que suele conservarse en su forma original en textos en español, aunque ocasionalmente se traduce como “periodo bisagra” o “momento de acuñación conceptual”. En términos generales es parecido a un periodo coyuntural de larga duración, caracterizado por la democratización de ideas en diversos sectores sociales a través de conceptos. Estos conceptos poseen una carga ideológica que refleja los acontecimientos sociopolíticos de un periodo determinado y suelen articular el tiempo y acciones de la sociedad (Koselleck, 1972, pp. 6-10 y 92-105).

Elias José Palti propone una de las principales críticas a esta perspectiva, al sugerir que estas categorías pueden aplicarse en otro contexto (Palti, 2004). Su texto Pensar históricamente en una era postsecular. O el fin de los historiadores después del fin de la historia ejemplifica cómo superar lo propuesto por Koselleck. Palti analiza el cambio de paradigma que implicó el desplazamiento de los ideales religiosos por la objetividad del Estado laico decimonónico y la consiguiente acuñación de conceptos como democracia, progreso, justicia y nación. Este proceso implicó un des-pensar conceptual que provocó que el sistema de referencia caracterizado por la racionalidad científica moderna se abriera camino desde finales del siglo XIX y a lo largo del siglo XX. Debe aclarase que esto no implicó la desaparición de Dios en las creencias subjetivas de la población, más bien este pasó a ser prescindible en un contexto sociopolítico. Asimismo, Palti propone que, ante los cambios y crisis de un mundo globalizado e interconectado, podríamos estar viviendo un segundo des-encanto del mundo o, en términos koselleckianos, un Sattelzeit a la inversa. En ese contexto, la racionalidad de los conceptos decimonónicos comienza a percibirse como arbitraria y, por ende, podría comenzar a des-pensarse (Palti, 2008, pp. 27-40).

Los problemas mencionados en este trabajo sobre la pandemia de Covid-19 aceleraron algunos de los fenómenos sociales de la propuesta de Palti. La democratización de la información se visualizó como una ilusión política en donde la opinión pública se vio sumamente limitada a partir de las dinámicas que implicaron la posverdad y las noticias falsas en espacios sociodigitales. Dicho de otra manera, los discursos de posverdad, fake news y algoritmos informáticos representaron un des-encanto con el concepto de democracia o le otorgan un carácter ilusorio. De este modo, son un reflejo de un segundo desencantamiento del mundo en un contexto histórico más amplio.

Esta propuesta se fundamenta en que el Satellzeit a la inversa puede concebirse a partir de las limitantes en el debate público. Bajo este criterio, no existe un concepto con la carga semántica capaz de unificar opiniones y acciones de diversos sectores sociales, pues éstos encuentran comentarios que únicamente reflejan sus propios intereses en los medios digitales. Además, las prácticas populistas, como formas de hacer política que han aprovechado este sistema, representan un riesgo para la democracia. Cabe aclarar que esto no implica que exista un concepto u alternativa al sistema democrático u otros conceptos similares, más bien el cuestionamiento de dicho sistema forma parte del inicio de su despensar conceptual.

Transversalidad con la historia del tiempo presente, dos problemas fundamentales

El estudio de la pandemia de Covid-19 obliga a una aproximación desde la historia del tiempo presente (HTP) debido a la cercanía con los acontecimientos. Si bien un análisis detallado de la transversalidad entre la HTP y otras metodologías excede los límites de esta investigación -y remito a un trabajo de Rodríguez Rial (2020) que profundiza en este aspecto-, es importante precisar la pertinencia del término HTP frente a otras denominaciones como historia de lo inmediato o historia reciente. Esto se debe a que la HTP permite analizar un proceso en lugar de limitarse a un periodo de tiempo o temática específica; es decir, se trata de una forma de hacer historia (Vicente et al., 2020, p. 22). De esta manera, es posible estudiar periodos inacabados al identificar microprocesos coetáneos y rastrear su explicación en la larga duración (Aróstegui, 2004, pp. 51-56).

La transversalidad entre la HTP y otras metodologías refleja dos problemas fundamentales planteados por Gabriela Rodríguez Rial. En primer lugar, la ausencia de un concepto que explique adecuadamente la realidad de América Latina desde la década de 1970, marcada por los cambios generados por la globalización neoliberal. En segundo lugar, las transformaciones sociopolíticas que han ocurrido desde entonces han implicado que los conceptos modernos no abarquen de manera suficiente las implicaciones sociohistóricas del fenómeno. Es decir, conceptos como capitalismo pueden resultar ambiguos al no especificar claramente el momento histórico al que se refieren, dada la amplitud y diversidad de la realidad social actual. Esto ha generado el uso de prefijos como neo, post o retro para indicar cambios temporales asociados al presente, como ocurre con el término neoliberalismo (Rodríguez Rial, 2020, pp. 170-173).

En este contexto, resulta útil considerar la propuesta de Javier Fernández Sebastián sobre un Sattelzeit iberoamericano (1750-1870) (Fernández Sebastián et al., 2009; 2014), ya que los conceptos modernos analizados en estos trabajos podrían haber comenzado a des-pensarse a partir de la década de 1970, coincidiendo con la implementación de políticas neoliberales. Mi propuesta es que el Sattelzeit a la inversa comenzó durante este periodo, impulsado por el desencanto asociado con el sistema neoliberal.

Además, este análisis invita a considerar la posibilidad de un Sattelzeit transnacional, no limitado exclusivamente al ámbito iberoamericano. La pandemia, entre otros factores, evidenció la interconexión global derivada de la globalización. Además de la extensión del contagio, se manifestaron problemáticas similares en diversos territorios. Es relevante precisar que el propio Fernández Sebastián reconoce que, incluso en Iberoamérica, existen diferencias significativas sobre cómo se conciben los conceptos en distintas regiones, a pesar de compartir elementos lingüísticos. Sin embargo, la homogeneización de conceptos puede analizarse desde una perspectiva semántica, como propone la HC (Burke, 2024).

En cuanto a la democratización de la información en el contexto pandémico, además del caso de López Obrador analizado en este trabajo, destaca el papel de Donald Trump, presidente de Estados Unidos durante este periodo. Parte de su estrategia se centró en discursos de posverdad y noticias falsas difundidas a través de redes sociales. Por ejemplo, Trump afirmó que la mayoría de los contagios provenían de la frontera con México, lo que justificaba la construcción de un muro fronterizo (Galarza Molina, 2022, p. 127). Asimismo, presidentes como Jair Bolsonaro en Brasil y Nayib Bukele en El Salvador generaron desinformación al asegurar que ingerir hidroxicloroquina podía prevenir la enfermedad (Galarza Molina, 2022, p. 133).

El escenario descrito sugiere que las amenazas en el ámbito sociopolítico pueden analizarse con conceptos similares. Por ejemplo, Roger Bartra (2021) propuso el término retropopulismo para describir al gobierno de López Obrador, caracterizado por políticas como la legalización de funciones policiales del ejército, una austeridad económica prolongada disfrazada de crítica al capitalismo tardío (aunque funcional dentro de él), proyectos de alto impacto ecológico y una política populista de subsidios similar a la del Partido Revolucionario Institucional (PRI) en el pasado (pp. 60-62). A estas críticas puede sumarse el análisis desarrollado en este trabajo sobre la influencia del discurso gubernamental en la opinión pública mediante medios digitales. Guardando las debidas proporciones, es posible que el concepto de retropopulismo sea aplicable en otros contextos, considerando la preeminencia de las redes sociales como medio de información y su uso estratégico por diversos actores políticos. Final- mente, lo discutido en este texto ejemplifica cómo convergen las aplicaciones de la HTP y la HC señaladas por Rodríguez Rial, abriendo nuevas vías para reflexionar sobre los procesos sociopolíticos contemporáneos.

Consideraciones finales

Pensar históricamente nuestro propio contexto no solo puede solventar un vacío historiográfico, sino que también invita a un debate metodológico que resalta el papel del historiador en el análisis de problemáticas contemporáneas. En este caso, la metodología transversal entre la HC y la HTP es el camino por el cual opté para analizar fuentes digitales que responden a un primer momento de la pandemia de Covid-19.

Si bien esta no es la única manera de aproximarse a esta clase de documentos digitales desde la historiografía, lo analizado permitió cuestionar el papel del presidente Andrés Manuel López Obrador en el uso de redes sociales como parte de su estrategia política. Su popularidad mediática, sumada a su negativa a seguir determinados protocolos sanitarios, contribuyó a la desinformación y polaridad política que afectó principalmente a los usuarios digitales. Sin embargo, dado que la prensa digital influye en los medios tradicionales, es plausible que todos los sectores sociales hayan formado parte de esta dinámica en mayor o menor medida.

En este contexto, urge como núcleo central de los acontecimientos el concepto de Sattelzeit a la inversa. Esto se debe a que la aparente facilidad que ofrece el acceso a las noticias en línea no garantiza una toma de conciencia política y más bien facilita la propagación de discursos de posverdad o noticias falsas. Además, esta situación no se limita al caso de México, por lo que las interconexiones del mundo

globalizado invitan a reflexionar en el alcance del Sattelzeit como un concepto para interpretar las transformaciones experimentadas en diversas latitudes a partir de la globalización neoliberal.

Finalmente, el análisis del uso de redes sociales, las dinámicas gubernamentales en los ciberespacios y la participación ciudadana en este debate constituye uno de los desafíos exacerbados por la pandemia de Covid-19. Aunque estas problemáticas ya existían antes del coronavirus, la digitalización masiva de actividades públicas y privadas derivada de las políticas de confinamiento incrementó la centralidad de los medios electrónicos en la configuración de la opinión pública. Así, se vuelve fundamental el papel del historiador y, en general, de las ciencias sociales para analizar la vastedad de datos y problemáticas asociadas a la web, así como sus repercusiones en la esfera extravirtual.

Bibliografía

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Recibido: 15 de Agosto de 2024; Aprobado: 18 de Noviembre de 2024

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