En primera instancia, cuando se propuso que tendríamos que realizar una ecuación personal, me vino a la mente el que se tenía que hacer una especie de “diario de vida”, aunque muy sintetizado. No está de más darme un clavado a mí mismo para hacer un repaso de mi trayectoria personal y la relación que ha tenido con mi trayectoria académica.
Deseo comenzar señalando que mi trayectoria escolar ha sido básicamente en escuelas públicas, desde el jardín de niños hasta el presente, salvo el tercer grado de secundaria que lo terminé en una escuela privada.
Otra cuestión importante sobre mi ecuación personal tiene que ver con que mi trayectoria escolar no ha sido lineal, es decir, no se ha gestado en los tiempos “que deberían ser”. Por ejemplo, la secundaria la terminé a los 16 años; después, las circunstancias de vida me hicieron optar por el abandono escolar, para tiempo después desear ingresar al bachillerato. Por consiguiente, el bachillerato (y después la universidad) lo realicé a la par de tener que estar laborando. Se vuelve algo difícil efectuar ambas actividades, hay que saber administrarse con los tiempos y el esfuerzo.
Para ese tiempo ya era común hacer tareas que implicaban habilidades tecnológicas y, por supuesto, el uso de internet; por lo tanto, uno tenía que averiguárselas, porque en casa no había ni computadora ni internet. Acudir a los cybers era la solución. En el contexto en que me desarrollé teníamos nulo acceso a esos gadgets, pensábamos que las computadoras se habían inventado como en 1996.
Me parece oportuno comentar que yo crecí en Oblatos, una zona precaria y estigmatizada y, como he apuntado, algo atrasada también en algunos aspectos. Con esa formación uno se siente a veces como un primitivo de la nueva era. Las cosas ahora han cambiado un poco, la colonia Balcones de Oblatos, hasta hace doce años, no contaba con una preparatoria para el barrio. Ahora ya se tiene.
Antes, por diversos motivos, muchas trayectorias escolares finalizaban en la secundaria. Un factor importante se debía a que había que migrar a otros espacios de la ciudad para cursar el bachillerato y eso implicaba más gasto económico. Lo anterior tiene mucha relevancia para que eligiera la investigación que estoy realizando en el doctorado. Mi curiosidad intelectual y las investigaciones que he hecho tienen una gran influencia de mi entorno directo, sólo que ahora busco comprender los fenómenos desde una perspectiva más sistematizada.
Regresando a finales del bachillerato, en realidad no sabía muy bien la licenciatura que iba a elegir, tenía tres opciones: filosofía, sociología o historia. A diferencia de la mayoría de los casos, en los que la familia es un factor fundamental en este tipo de decisiones, ya sea de presión o influencia para inclinarse hacia una u otra opción, no fue así conmigo. Mis familiares más directos, como mi padre, madre y hermanos, ninguno sobrepasó la secundaria, así que pude elegir libremente y me decanté por la sociología. Un docente me influenció para poder optar por esta disciplina, “hablaba muy bonito”.
Al ingresar a la licenciatura tuve dificultades para aprender a utilizar las nuevas tecnologías. Aunque sea risible, éstas para mí eran: saber utilizar una laptop, la memoria USB, el Word, entre otras. Cabe mencionar que mi primera computadora la tuve hasta el año 2011. No había forma de ahorrar, así que me tuve que endeudar con “don Slim”.
En la universidad continué estudiando y trabajando. Por fortuna, los últimos dos años de la licenciatura fui becado, recibía mil pesos mensuales. Por otra parte, también quiero señalar las diferencias de índole diversa que encontré en mi grupo. En primera instancia la social, es decir, la mitad pertenecía a la clase media; otros, en menor cantidad, eran media baja rayando en la baja. A veces me sentía mal por tener que trabajar. Un dato importante: de los compañeros y compañeras de salón en la universidad sólo tres trabajábamos y estudiábamos a la vez.
Considero que la trayectoria personal y la escolar están intrínsecamente relacionadas. El concepto de trayectorias educativas conglomera ambas. En la universidad, en los primeros semestres me sentía algo confuso, que no encajaba en la universidad ni en el barrio.
Desde el bachillerato, y después en la universidad, percibía el espacio escolar como una especie de refugio del ambiente callejero. Lo anterior me hace recordar que en una ocasión, un docente señaló que la escuela debe estar diseñada (el espacio físico) para dar la sensación al estudiante de estar en un lugar ameno, tranquilo. En cambio, en la calle, sobre todo en un barrio marginado, las situaciones cotidianas tienen sus códigos y formas de resolver los conflictos, me refiero sobre todo a los que tienen que ver con la juventud. La respuesta es casi siempre la violencia física, el diálogo pasa a segunda instancia, existe una hipermasculinización, es decir, pelea con otro, aunque no ganes eres valiente; si ganas, obtienes más respeto, eres osado, se agrega un valor simbólico al vencedor.
En esas tensiones entre ambos contextos, el universitario y el barrial, considero que tuvo más importancia la universidad que lo barrial, aunque no quiero afirmar que la parte extraescolar no sirva para la vida; también hay conocimientos que se aprenden en la calle que en las aulas no se enseñan.
También tuve la oportunidad de vivir con mi novia y actual pareja en unión libre. Cambié de aires, emprendimos el vuelo hacia Zapopan, a una colonia de clase media; ahora para algunos soy, como solía decir, un privilegiado. Por infortunio, hay personas que no están listas para verte crecer.
En la licenciatura en sociología, desde el primer semestre hasta el octavo, las clases de metodología y algunas otras son entrenamiento de microinvestigaciones. Algunos temas a desarrollar se pueden elegir libremente y otros son asignados. Por consiguiente, eso me hizo valorar y apreciar cuando tuve la oportunidad de investigar cuestiones que me agradaban y motivaban. He tenido la posibilidad de realizar dos tesis hasta el momento, a nivel licenciatura y en la maestría. Siempre queda la sensación de poder hacer algo más con la investigación; en la licenciatura, quizá por novato y en la maestría por falta de tiempo. Además, siempre hay cosas nuevas por aprender y por corregir, se abren nuevos horizontes, como ahora en el doctorado.
En la maestría me aventuré a hacer un largometraje documental a partir de la investigación escrita (la que exige una institución en el posgrado). En la licenciatura tuve la oportunidad de tener clases sobre cine documental y apreciación cinematográfica, y después también cursé un diplomado en cine documental e investigación social.
La realización del documental fue una experiencia muy enriquecedora y, digamos, que de alguna forma comprobé mi hipótesis respecto a que la difusión de los resultados de investigación es mucho mayor con el documental que con la tesis y los artículos de investigación. Aunque también creo que, para CONACyT, los productos audiovisuales no tienen valor para la producción de las y los investigadores.
A modo de cierre, las investigaciones que he realizado están inmersas en los estudios de juventud, pero con distintos subtemas, por ejemplo, juventudes e instituciones totales, identidades juveniles y juventudes en espacios escolares en condiciones de vulnerabilidad. Del grupo con el que crecí y conviví en el barrio durante la infancia y la juventud, de 80 amigos sólo tres pudimos acceder a estudios universitarios. Lamentablemente, unos fallecieron por enfermedad, un par más fueron asesinados por narcotraficantes y el resto son obreros o trabajadores de distinta índole.















